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Noticia

Bernard L. Madoff


El vendedor de humo

Por Manuel G. Pascual
– Madrid – 14/03/2009

Fuente: http://www.cincodias.com/articulo/empresas/vendedor-humo/20090314cdscdiemp_17/cdsemp/

 

El ex presidente del Nasdaq se
enfrenta a una posible condena de 150 años por perpetrar
la mayor estafa de la historia. El pasado jueves se
declaró culpable de todos los cargos.

Lo tenía todo: prestigio, dinero e
influencias. Era un hombre profundamente respetado en Wall
Street. La compañía que fundó generaba -de forma
presuntamente legal- unos 1.000 millones de dólares
anuales. Su firma, Bernard L. Madoff Investment Securities
LLC, llegó a mover el 10% de las transacciones de activos
de EE UU. Participó en la creación del índice bursátil
Nasdaq, cuya presidencia llegó a ostentar. Su experiencia
le convirtió en una especie de gurú para los hombres de
negocios. El mismísimo símbolo del éxito en una sociedad
que adula a los triunfadores. Todo el mundo quería estar
cerca del faraón de los negocios, del King Kong de Wall
Street. Hasta hace tres meses.

El 11 de diciembre de 2008, Bernard
Leon Madoff (1938, Nueva York) fue detenido por el FBI
como presunto autor de un fraude por valor de, como
mínimo, 50.000 millones de dólares (39.000 millones de
euros). Desde entonces, el nombre del empresario
estadounidense se ha convertido en sinónimo de timo, de
farsa, de fraude multimillonario. Ha logrado revivir el
clima de desconfianza generalizada de los tiempos del caso
Enron.

‘No puedo expresar cuánto lamento lo
que he hecho. Cuando empecé el fraude sabía que lo que
hacía estaba mal, y según pasaron los años me fui dando
cuenta de que este día llegaría’. Así se disculpó Madoff
ante el juez antes de declararse culpable de los 11 cargos
que se le imputan, entre ellos fraude, falsedad en
documento público y lavado de dinero, y de que le enviaran
a prisión. Disculpa insuficiente para las víctimas
presentes en la sala, más interesadas en saber dónde está
su dinero y en si alguien, como su socio y hermano Peter,
le ayudó a robárselo.

Su estafa piramidal, también llamada
engaño Ponzi, afectó a miles de inversores de todo el
mundo (en España se cobró cerca de 3.000 millones de
euros, la mayoría de clientes del Banco Santander). El
método es sencillo. Se trata simplemente de pagar los
beneficios prometidos a los antiguos inversores con el
dinero de los nuevos. El sistema no falla hasta que los
clientes solicitan la devolución de sus fondos, que es
precisamente lo que pasó. Uno de los requisitos
imprescindibles para que el timo funcione es, por tanto,
que se incorporen continuamente nuevos inversores. Algo
que Madoff consiguió sirviéndose de su reputación. Su
éxito fue tal que rechazó a varios millonarios interesados
en invertir. Sólo se podía entrar en el selecto grupo de
los elegidos por invitación expresa.

El prestigio de Madoff fue, pues, la
clave del negocio, el gancho del timo. Y eso le encantaba.
Le gustaba que la gente rica contase con él, que le
adulasen, que le desearan. ‘Era algo que le ennoblecía’,
cuenta un amigo suyo en el New York Magazine.

Pero lo que no se le puede reprochar
a Bernie es que se ganó su reputación a pulso. Madoff se
hizo a sí mismo. Fundó su compañía en 1960 con los ahorros
de su trabajo como vigilante de la playa. En los años 80,
antes de que, según declaró al juez, iniciase su ya
histórica estafa, había hecho de su empresa una de las
mayores operadoras independientes en la industria de las
securities, revolucionando de paso el modo de intercambiar
activos -fue el primero en apostar por los ordenadores-.
Consiguió que la gente le confiase sus ahorros,
especialmente la comunidad judía, que saldría luego
especialmente perjudicada por la trama -el premio Nobel de
la Paz Elie Wiesel, cuya fundación perdió 10 millones de
dólares en la estafa piramidal, considera que ‘psicópata
es un término demasiado amable para calificar a Madoff’-.
Su sello personal: ofrecer una rentabilidad superior al
10%, con independencia del comportamiento de los mercados.
Así se ganó el apodo del bono judío.

Una de las facetas de Madoff que más
sorprendieron cuando se destapó su conjura es la frialdad
con la que mantuvo las apariencias durante tantos años. Su
imagen era la de un respetable hombre del establishment
estadounidense, la de un rico filántropo. Trajes caros,
reloj de oro; actitud sosegada y firme, revestida de la
autoridad de quien se sabe maestro de la profesión. Causa
estupor verle en las conferencias que pronunciaba hasta
poco antes de su detención. No le temblaba el pulso al
hablar sobre los futuros desafíos del mercado de valores,
sabiendo que al mismo tiempo estaba timando miles de
millones de dólares. Aunque al final se desmoronó y se lo
contó a sus hijos, que dieron la alerta al FBI.

Pero a Madoff siempre
se le recordará por la naturaleza de sus víctimas. Fueron
las grandes fortunas en vez de la gente humilde las que
sufrieron la catástrofe. Entre ellas celebridades de la
talla del director de cine Steven Spielberg o del ex
gobernador de Nueva York Eliot Spitzer. La blogosfera se
inundó de comentarios congratulándose de que la codicia
hiciera que los ricos lo fueran menos. Ninguno de ellos se
preguntó dónde estaba su dinero o cómo conseguía su Mesías
tan alta rentabilidad hasta que explotó el caso. Y
entonces ya era demasiado tarde. Creían que estaban
consiguiendo duros a cuatro pesetas, cuando en realidad
estaban comprando humo. Eso sí, humo glamouroso.

 

 

 

 


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Sobre el autor

Hugo Marietan

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Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

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