Dr. Hugo R. Marietán

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Sólo para estudiantes y profesionales de la Salud

 

 Curso
sobre psicopatía 1, año 2004

Director Hugo Marietán


marietanweb@gmail.com


www.marietan.com

Derechos internacionales reservados

 

Entrega 13

 

 

Caso 3: Jeffrey Dhamer, el caníbal de
Milwaukee

 

A raíz del reciente caso del caníbal alemán Armin Meiwes,
quién está siendo procesado en estos días, he decido
entregar dos artículos sobre caníbales modernos, el
primero de Estados Unidos, J. Dahmer, del que se posee una
abundante información sobre forma de operar y sus datos de
vida; y el otro del referido Meiwes que aparecerá la
próxima semana, en la entrega 14. Al final del caso Meiwes
haremos una análisis sobre el tema, adelantamos que aquí
sobresalen los conceptos enunciados en el Descriptor de
psicopatías referidos a necesidades distintas y las
maneras atípicas de satisfacerlas. Todo ello enmarcado en
un uso particular de la libertad. La mentira, la
seducción, la serenidad ante situaciones de riesgo, la
manipulación, la cosificación, el aspecto lúdico, la
perversión, egocentrismo, la falta de empatía, la
coerción, la falta de sensibilidad, la crueldad, los
ritos, el sello psicopático, el sorteo de las normas, la
falta de remordimiento o culpa ante los hechos
psicopáticos, se ven con nitidez en estos dos casos.

La información fue obtenida de los sitios web mencionados
en la bibliografía.

 

Cuando correr no alcanza

Eran las 2 de la mañana cuando Sandra Smith llamó al 911.
Había un muchacho corriendo por la calle, desnudo. Se
trataba de Konerak, de 14 años, corría por su vida. Había
tenido la suerte de volver en sí, y de recobrar las
fuerzas para salir del apartamento del extraño hombre;
estaba drogado, apenas podía caminar. Los oficiales de
policía llegaron y le dieron una toalla para que se
cubriera, se preguntaban qué había pasado. Al lado de
Konerak se encontraban Sandra Smith y su prima Nichole
Childress, y un hombre blanco. El hombre le dijo a la
policía que Konerak era su amante, que tenía 19 años, que
había bebido mucho. Konerak, que estaba bajo el efecto de
drogas no pudo contradecir la historia del hombre rubio.
Los policías le pidieron una identificación al hombre; él
se las dio, decía: “Jeffrey Dahmer”. Esta información no
representaba nada para los oficiales por lo que dejaron ir
a Konerak con Dahmer. Las mujeres trataron de intervenir
ya que habían visto como Konerak se resistía a Dahmer
antes de que la policía llegara. Además estaban seguras
que Konerak era mucho más chico de lo que Dahmer
informaba. Vieron con impotencia y enojo como Dahmer se
llevaba al chico a su departamento. Los policías entraron
al departamento de Dahmer; era limpio y ordenado. El
apartamento olía muy mal pero estaba muy limpio. Dahmer se
disculpaba por el comportamiento de Konerak y prometió que
no iba a pasar otra vez. La policía le creyó; no tenían
razón para no creerle, era bien parecido, hablaba bien, se
veía calmado y muy inteligente, y el chico obviamente
estaba alcoholizado e incoherente. Los policías se
retiraron sin más del lugar, dejando al joven con Dahmer.
No se metían con cosas de homosexuales.

Lo que la policía no vio fue el cuerpo de Tony Hughes que
se estaba descomponiendo en la cama de Dahmer. Ni  a
Dahmer que, ni bien se fueron los oficiales,
inmediatamente estranguló a Konerak y tuvo relaciones con
el cuerpo sin vida del joven asiático. Tampoco vieron las
fotos que estaban tiradas en el sofá que mostraban cuerpos
desmembrados y cráneos. Lo que la policía no hizo fue
investigar el nombre de Jeffrey Dahmer, un hombre que aún
estaba en período de prueba judicial por ser un abusador
infantil. La historia no termina allí, las mujeres le
contaron a Glenda Cleveland que inmediatamente llamó a la
comisaría para informar que Konerak era un menor de edad,
cosa que los policías intervinientes negaron. Días después
Cleveland volvió a llamar cuando vio en el periódico una
foto de Konerak Sinthasomphone,  el muchacho que había
tratado de huir de Dahmer. Los policías nunca enviaron a
nadie para chequear el dato. Nadie le creyó hasta el 22
Julio de 1991, fecha en la que Jeffrey Dahmer fue
capturado y su nombre se hizo sinónimo de asesinato.

El 22 de Julio dos oficiales de Milwaukee recorrían la
Universidad de Marquette, un área peligrosa. Cerca de la
medianoche divisaron a un hombre pequeño (Tracy Edwards de
32 años), delgado y con una esposa colgando de su muñeca.
Les contó con gran excitación que había escapado de un
hombre loco. La policía no creyó la historia, parecía
alguien que se había escapado de otro policía. Fueron a
revisar el apartamento donde habían esposado a Edward
Jeffrey. Dahmer les abrió la puerta, era un hombre blanco,
racional y calmado; se ofreció a buscar la llave para las
esposas de Edwards. Los oficiales decidieron entrar y dar
un vistazo al cuarto, un oficial notó que había
fotografías tiradas de cuerpos desmembrados y calaveras en
el refrigerador; reunió las agallas suficientes y le gritó
a su compañero que apresara a Dahmer. El oficial corrió al
refrigerador mientras su compañero luchaba con Dahmer para
ponerle las esposas. Al abrir el refrigerador se encontró
con una cabeza humana. El pequeño departamento tenía un
olor a descomposición demasiado fuerte, el bicarbonato de
sodio que estaba en el refrigerador poco podía hacer para
absorber los olores de la cabeza descompuesta en el
refrigerador; había otros tres cráneos que estaban en
bolsas de plástico, uno de ellos era el de Konerak.

 

Una infancia especial

Nació el 21 de mayo de 1960 en el hogar de un matrimonio
problemático compuesto por un conocido investigador
químico y una neurótica. Era un niño tímido y solitario.

Pronto se interesó por la anatomía animal. En el sótano de
su casa guardaba un montón de huesos de conejos, pollos y
otros animales, sintiendo gran curiosidad por verlos
dentro de los animales vivos que manipulaba. Su familia
cambió de vivienda seis veces antes de establecerse en
1968 en Ohio. La mayor parte de su infancia la pasó
escondido en un cobertizo de madera en una colina cazando
insectos en frascos y conservándolos en formol. Luego pasó
a las ardillas, mapaches y otras piezas más grandes,
transportando los cuerpos hasta el bosque, donde los
dejaba pudrirse. Luego sumergía los restos en lejía para
limpiar y blanquear sus huesos.

Su madre, tras una temporada en el hospital, tuvo que
guardar cama por el resto de sus días por haber ingerido
enormes cantidades de tranquilizantes y otras drogas.

A los once años ya hablaba de manera monocorde. Se
convirtió en un solitario, balando como una oveja en el
aula de clase o comportándose como un retrasado en las
tiendas para llamar la atención de sus compañeros. También
comenzó a beber y a masturbarse compulsivamente utilizando
revistas para homosexuales o mirando las entrañas de los
animales que cazaba. A los dieciséis años solía ir
borracho a clase, donde tenía un solo amigo que era
proveedor de marihuana. El joven se refería al alcohol
como su medicina para calmar sus momentos de ansiedad.

A los diecisiete años, tras observar un joven que a diario
pasaba haciendo ejercicios delante de su casa, sintió un
deseo desenfrenado de poseerlo. Como no se atrevía a
abordarlo para entablar una conversación, optó por tomar
un bate de béisbol y se dispuso a esperarlo con la idea de
atacarle cuando pasara, pero afortunadamente el joven dejó
de ir a correr por esa zona, salvándose de haber sido la
primera víctima.

 

La primera víctima

El 18 de junio de 1977, recoge en la carretera a un
autoestopista, a quién llevó a su casa y asesinó, luego
metió el cuerpo en un saco de basura y lo arrojó por un
barranco.

Después de esto, trata de ingresar a la Universidad, pero
fue rechazado por su continuo estado de embriaguez, y en
diciembre de 1978 su padre lo obliga a alistarse en el
ejército, fracasando por alcohólico. Al licenciarse va a
vivir con su abuela, en donde muestra una posible
reinserción, pues comienza a ir a la iglesia, a leer la
Biblia e incluso reduce su dosis de alcohol y encuentra
trabajo en una fábrica.

 Al poco tiempo comenzó de nuevo a masturbarse
insistentemente e incluso robó un maniquí de una tienda,
que le hacía las veces de compañero sexual. También empezó
a frecuentar los saunas de Milwaukee, en donde se daban
cita algunos homosexuales para tener relaciones anónimas e
impersonales, pero le resultaba difícil conseguir la
erección mientras sus parejas estaban despiertas, por lo
que optó por drogarlos con somníferos antes de mantener
una relación sexual. Después de esto, ninguno de sus
amantes cuando volvían en sí querían volver a saber más de
él, por lo que creyó oportuno buscar un cadáver para
satisfacer sus instintos sexuales.

Esa misma noche, tras asistir al funeral de un joven de
dieciocho años, fue a desenterrarlo al cementerio, pero no
lo consiguió porque el suelo estaba congelado debido a las
bajas temperaturas.

 

Una seguidilla de actos psicopáticos

En septiembre de 1986 es arrestado por exhibicionismo
indecente y desembocó a su primer análisis psicológico,
siendo diagnosticada una personalidad peligrosa.

Un año después mataba por segunda vez. Esta vez se trataba
de un joven negro al que ofreció una bebida con drogas.
Dahmer se despertó al día siguiente encima de un cuerpo
ensangrentado, pero afirma no recordar nada de lo que pasó
aquella noche. Lo que sí revive es cómo tras levantarse
mete el cadáver en el armario y sale a comprar una gran
maleta para trasladar el cuerpo a casa de su abuela. Allí
cuenta que lo guardó en el sótano y lo desmembró,
envolviendo la cabeza en una manta y guardándola en una
estantería para hervir más tarde el cráneo y blanquearlo.

 

Después de eso, Dahmer comienza a matar siempre que tenía
ocasión. Seguía el mismo modus operandi: primero el
flirteo ofreciendo dinero a cambio de sexo, luego les
ofrecía bebida con somnífero y finalmente los
estrangulaba. Después de matar a su víctima se quedaba
abrazando el cadáver, pensando en cómo conservar las
cabezas y formar una especie de altar en la habitación
adornado con los huesos.

 

Dahmer seguía la predecible pauta de los asesinos en
serie. Empezó matando cautelosamente asustado por sus
crímenes. Luego el ritmo aumenta y se convirtió en una
máquina de matar más efectiva. Está más que demostrado que
estos asesinos con el tiempo se vuelven arrogantes y
despreocupados convencidos de que no pueden ser apresados
por ningún ser mortal, creyendo tener máximo poder y
autoridad sobre los demás.

 

Dahmer mostraba muchas características de asesino
organizado: acechaba a sus víctimas, les engañaba para
llevárselos a su apartamento con la promesa de dinero y
favores y después de la muerte ocultaba las pruebas de los
crímenes, pero también daba muestras de ser un criminal
atípico: realizaba actos sexuales con sus víctimas después
de la muerte, consumía su carne y sangre, las mutilaba y
conservaba algunas partes como recuerdos.

 

En una ocasión, una de sus víctimas logró marcharse antes
de que las drogas surtiesen efecto, y la policía efectuó
un registro de la casa, pero afirmaron no haber hallado
nada…

 

El 30 de enero de 1989 fue declarado culpable de atentado
contra el pudor en segundo grado, por seducir a un menor
de 13 años con propósitos indecentes, y antes de comenzar
a cumplir la condena de un año de cárcel, mató otro joven,
guardó el cuerpo en el cuarto de baño y para su mayor
satisfacción sexual lo mutiló y le pintó el cráneo con
aerosol.

 

En marzo de 1990 se trasladó a vivir a un deteriorado
piso, en dónde adquirió una larga mesa y dos grifos de
plástico para extender los cuerpos de sus víctimas. Allí
tomaba fotos de sus amantes con una cámara Polaroid una
vez muertos. Luego, congelaba los órganos, comía parte de
la carne y hervía el resto en una enorme olla antes de
echarlos en un gran contenedor de basura preparado con
ácido.

 

Normalmente, el caníbal abría los cuerpos desde el cuello
hasta la ingle frotando las vísceras para procurarse un
mayor placer sexual, pero llegó un momento en que este
placer no era suficiente y con sus víctimas pensó en crear
´zombis´ o muertos en vida que pudiera conservar sin que
se deteriorasen, agujereando los cráneos e inyectándoles
un líquido ácido.

 

A veces se bañaba en compañía de los cadáveres. En la
nevera guardaba los corazones, en el congelador las
cabezas, en el fichero los cráneos y en la cama un cuerpo
descompuesto. Así lo contaron los policías que registraron
su casa horrorizados una vez que lograron arrestarlo el 23
de julio tras la denuncia de otra víctima que logró
fugarse de su casa. Edward Jeffrey, atado con unas
esposas, había alertado a la policía diciendo que un
hombre con un cuchillo le había amenazado con arrancarle y
comerle el corazón.

 

La caída

Cuando la última víctima escapó de su apartamento en medio
de la agresión, el asesino aguardó tranquilamente a que
llegara la policía y no hizo ningún esfuerzo por destruir
u ocultar la gran cantidad de pruebas que guardaba en su
domicilio: centenares de fotografías de sus víctimas tanto
muertas como vivas, cráneos y partes del cuerpo en
bidones, cajas y en el congelador.

 

Según su abogado, si no se había resistido es porque
deseaba terminar con todo aquello. Deseaba ofrecer a la
policía una declaración completa de lo que había hecho,
puesto que no podía culpar a nadie salvo a él mismo.

 

Según Park Dietz, psiquiatra forense que actuó como
consultor en el estudio sobre asesinos en serie del FBI,
Dahmer encaja perfectamente en la subcategoría que se
denomina ´marginal´: una persona propensa a la furia
asesina si cree que está siendo abandonada, con una
perversión capaz de realizar actos sexuales con la víctima
una vez muerta. El desorden de esta personalidad marginal
está marcada por el miedo al abandono y la incapacidad de
tolerar el aislamiento o el aburrimiento. Una teoría
habitual es que puede relacionarse con abusos en la
infancia. La gente que teme el abandono puede sentirse
ultrajada cuando alguien que desean que se quede va a
marcharse. En este sentido, el asesino en serie normal
llega a serlo por su carácter antisocial o por tener
fallos de carácter y también a través de desviaciones
sexuales, normalmente sádicas y necrofílicas. Muchos niños
que no reciben la atención que ansían en casa, la buscan
en la escuela. Dahmer lo hizo con sus extravagancias y su
comportamiento muchas veces cómico, pero terminó siendo
marginado. No sólo se sintió fracasado en su casa, también
en la escuela, en la Universidad y en el Ejército. Era
evitado y humillado, puesto de lado. Eso debió dejarle con
una sensación de angustia y desamparo. Por ese motivo
proyectó sus sentimientos sobre sus víctimas. Las
humillaba, las descuartizaba y luego las dejaba de lado
también.

 

El juicio

El juicio comenzó el 27 de enero de 1992. Dahmer se mostró
tan sincero y cooperador como muchos otros asesinos en
serie, sin embargo ni él mismo podía entender cómo había
sido capaz de cometer todas aquellas atrocidades. Todos
los presentes pudieron darse cuenta de hasta qué punto sus
compulsiones y fantasías se habían apoderado de su mente,
empujándole a seguir asesinato tras asesinato.

El jurado deliberó por 5 horas y decidió que Jeff Dahmer,
no merecía consumir el resto de su vida en un hospital,
sino en una prisión por 15 cargos de asesinato. Dahmer fue
declarado culpable y sano. Dahmer presento su ultima
declaración de la siguiente manera. “Su señoría, todo ha
terminado, nunca quise la libertad, francamente quiero la
muerte para mí mismo. Lo que hice no fue por razones de
odio, no odio a nadie, yo no sabía que estaba enfermo o
que era maligno. Ahora sé que estaba enfermo, los doctores
me han hablado acerca de mi enfermedad y ahora tengo algo
de paz. Sé cuanto daño he causado… y le doy gracias a
dios que no podré hacer más daño. Creo que sólo el señor
Jesucristo puede salvarme de mis pecados. No pido ninguna
consideración. Me siento muy mal por lo que hice a esas
pobres familia y comprendo su merecido odio. Asumo toda la
culpa por lo que hice. He hecho daño a mi madre, a mi
padre y a mi madrastra, pero les quiero mucho”.

 

El fin

Fue sentenciado a quince cadenas perpetuas para un total
de 957 años de cárcel. Dahmer se adaptó muy bien a la
penitenciaria de Columbia. El 3 de julio de 1994 fue
atacado por un cubano que nunca había visto antes, pero
salió ileso. Dahmer fue un prisionero modelo y pidió que
lo dejaran tener más contacto con los internos, y así pudo
comer en las áreas comunes.

Pero, por una extraña razón, lo dejaron solo en una celda
con dos internos muy peligrosos: Jesse Anderson un hombre
blanco que había matado a su esposa y que le había echado
la culpa a un negro y Christopher Scarver un negro
esquizofrénico que creía que era el hijo de Dios y que
estaba ahí por asesinato. No es difícil saber cómo Scarver
veía a Dahmer que había matado a tantos hombre negros.  La
mañana del 28 de noviembre de 1994, sería la ultima que
Dahmer vería. El guardia dejó a los tres solos, veinte
minutos después volvieron: encontraron la cabeza de Dahmer
destrozada y a Anderson con graves heridas; Scarver
sostenía una barra ensangrentada. Dahmer fue declarado
muerto a las 9:11 hs. de la mañana.

 

Post morten

Tras la noticia, los padres de Dahmer se pelearon por la
posesión de su cerebro llegando incluso a enfrentarse ante
los tribunales. La madre deseaba vendérselo a un hospital
de investigación mental, mientras que el padre sólo
deseaba enterrarlo lejos de todo el mundo y de su memoria.

También los parientes de sus víctimas, representados por
un abogado, consiguieron hacer negocio con los utensilios
utilizados por el asesino para trocear y desangrar. Su
heladera se subastó públicamente, al igual que todo tipo
de cuchillos, sierras, picadoras y taladros.

Un grupo de ciudadanos de Milwaukee compró el lote
completo con intención de montar un “museo del horror”
para la atracción de los turistas, pero al final no se
atrevieron a llevar a cabo el proyecto y destruyeron el
macabro legado del caníbal.

 

Referencia:

http://comunidades.calle22.com/comunidades/303/com303con1.asp


http://comunidades.calle22.com/comunidades/986/com986con10.asp

 


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Sobre el autor

Hugo Marietan

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Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

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