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Semiología Psiquiátrica y Psicopatía

Sitio del Dr. Hugo Marietan

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La añosa búsqueda del perverso

Nota:  Siempre he señalado la importancia de hacer caso de las señales negativas que presenta la persona con la que queremos iniciar un vínculo. Esas son las alarmas que emite nuestro ser ante la presencia de un ser que puede ser dañino para nosotros. No me refiero, desde luego, a la inquietud que implica los primero encuentros con seres extraños a nuestra vida, ya que estas emociones siempre se presentan ante lo nuevo. Lo que sí debe tenerse en cuenta son esas vibraciones, por darle un nombre, displacenteras que despiertan temor profundo ante la presencia o conducta rara del otro. Pocas veces esas señales son erróneas, como lo demuestra la carta que sigue. Si a pesar de ellas se deja que estos seres extravagantes tengan acceso a nuestra vida, ellos encontraran la fisura que les permita apoderarse de la afectividad y la voluntad y convertirnos en cosas de uso para sus perversiones o psicopatías. También es verdad que existen complementarias con una malsana curiosidad por experimentar lo raro y extravagante, o una soberbia morbosa que intenta “cambiarlos”. Estos gruesos errores se pagan a un precio alto: lo que invertimos en ellos es nuestra propia vida, nuestros años, nuestros afectos, nuestros antiguos sueños.
Dr. Marietan, Buenos Aires, febrero de 2011

Estimado Dr. Marietan,
Me dirijo nuevamente a Ud., por si no se acuerda de mi historia se la resumo lo mejor que pueda, agradeciéndole de antemano su atención e inestimable ayuda. Fue gracias a descubrir su portal en Internet por casualidad, buscando respuestas, cuando me dí cuenta de que mi experiencia era igual a la de las complementarias, y que él tenía todos los rasgos de un psicópata. Cuando le escribí hace unos meses, Ud. tuvo la amabilidad de responderme que según el cuestionario que rellené en su página él era psicópata y perverso. Practiqué el contacto cero durante cinco meses, el cual se truncó porque por desgracia volvimos a reconciliarnos, y ahora tras seis meses ha desaparecido del mapa, me ha abandonado sin explicaciones, dejando en el aire además la tramitación de un divorcio de mutuo acuerdo, del que tiene los papeles pues en una pelea reciente los solicitó por Internet. Llevaba meses amenazando con el divorcio ante cualquier pelea. Pero ahora, sabiendo que los quiero, no me los va a dar.
Yo le conocí en España hace casi treinta años, el es estadounidense y estaba en mi país haciendo una misión como mormón. Yo tenía catorce y él veinte, nos conocimos en la calle y fue un flechazo. Nunca hablamos de temas religiosos, de hecho, en la actualidad el reniega de su iglesia, y mantiene una relación amor-odio con su madre, ferviente miembro de esa iglesia, pero fría y distante con él. Dice que es una narcisista, rasgo que sin duda, ha heredado su hijo.
Nuestro conocimiento fue platónico entonces, y nos escribimos durante varios años. A los quince me propuso matrimonio por carta, yo que era una niña le rechacé y a partir de ahí nuestra correspondencia se enfrió bastante. A los dieciocho me dijo que iba a venir un verano a España, a verme, y yo estaba muy ilusionada, transcurridos unos meses me envió una carta diciéndome que me iba a dar una sorpresa, y que nuestro encuentro sería antes de lo que yo pensaba. La siguiente carta que recibí de él fue una invitación a su matrimonio con otra española, así, sin más explicaciones. Imagínese la desilusión que me llevé, aunque nuestro conocimiento era puramente platónico. Su venganza por haberle rechazado una niña de quince años, la revancha de su ego.
Pasaron los años, yo hice mi vida normal, tuve mis novios, estudié mi carrera… a los veintisiete me fui seis meses a París con una beca. El llamó a mi casa, habló con mi madre y le dijo que era un amigo de hacía muchísimo tiempo, que iba a pasar por la ciudad y quería visitarme. No se identificó, pero por las cosas que me contó mi madre, yo sabía que era él. Mi madre ingenuamente le dio mi teléfono de París, y yo empecé a recibir llamadas donde me colgaban. Cuando era mi compañera de piso la que contestaba, entonces sí que hablaba, y le contó que era un antiguo amigo que seguía enamorado de mí, que no era feliz en su matrimonio, y cosas raras, porque le propuso a mi compañera llamarla de forma intermitente para estar enterado de mis movimientos, la pidió que me describiera como estaba yo físicamente, siempre comparando,  la interrogó sobre mi novio de entonces, si acudía a visitarme, si dormíamos juntos, la frecuencia de nuestras relaciones, etc. Ella se negó a darle toda la información privada, pero algo sí le dijo porque hablaron varias veces. Me dijo que se puso como una fiera cuando se enteró que mi novio iba a visitarme a veces y que se quedaba a dormir. Ahora me parece una obsesión insana, pero entonces me sentí halagada. Además, como un cobarde siguió sin identificarse y dar la cara. Sólo muchos años después, conseguí que confesara que era él, algo que yo imaginaba.
Tuve que regresar a España antes de lo previsto pues mi madre enfermó de cáncer, y estuve a su lado hasta el final, año y medio después. Por supuesto, me olvidé del tema, tenía cosas mucho más importantes que hacer. A los dos años de faltar mi madre conocí a mi primer marido, nos casamos, y el matrimonio duró seis años, por problemas de alcoholismo de él que no quiso superar, pues yo me brindé ayudarlo en todo momento. Fue todo muy triste, pero mi primer marido es una buena persona, nada que ver.
A los dos años de divorciarme falleció mi padre, yo estaba muy unida a él y me sentí fatal. Estuve muy mal, pero no podía darme el lujo de deprimirme, estoy sola, tengo una hipoteca y unas obligaciones que no puedo abandonar.
Hacía tiempo que recibía en casa (y le hablo de una casa diferente a la que compartía con mis padres), una serie de llamadas del extranjero, pues tengo un teléfono que registra el número del remitente, pero eran llamadas efectuadas desde el ordenador, del Skype, por lo que no podía saber quién era la persona que llamaba. No eran diarias, pero sí periódicamente frecuentes. Si era él, su seguimiento a lo largo de los años es el de un cazador con una presa.
Empecé a pensar que sí era él, mi perdido amor norteamericano, que no podía olvidarme. Fuí yo la que le localicé por internet, me puse en contacto con él, y se quedó encantado y con ganas de iniciar una relación desde el principio. Me dijo que llevaba once años divorciado, y tres o cuatro sin pareja. Desde antes de verme ya quería casarse, lo cual no me parece para nada normal, pues yo insistía en que debíamos tener un conocimiento previo. El seguía prometiendo amor eterno, escribiendo poesías, acribillándome con correos y llamadas… luego me enteré que en aquella época todavía tenía relaciones con otra mujer con la que estuvo cuatro años, de hecho me dijo que durante una semana no me podría llamar porque se iba de crucero con su madre y sus hermanas, y mucho después me enteré de que la otra mujer estaba en su casa, y por eso no me podía llamar. El crucero había sido unos meses antes, y el muy cínico me envió fotos como si hubiera sido reciente. El es piloto, tiene facilidad para viajar gratis a donde quiera, y empezamos una relación en febrero del 2008, después de veintisiete años sin vernos…imagínese, yo estaba en una nube, pensando que por fin tenía suerte (él con 48, yo con 42)
Las mentiras a lo largo de los tres años de relación, las he ido descubriendo con cuentagotas, y a base de investigar por mi cuenta. Ha sido una auténtica tortura, como si te desgastaran poco a poco. Resulta que cuando le conocí, el caballero perfecto seguía manteniendo relaciones con su primera mujer de vez en cuando, con la que ha tenido una relación tormentosa (ahora sé por qué), y a la que él me ponía verde, que era una controladora, que lo había cazado quedándose embarazada, que lo había maltratado, etc. Ella sigue enganchada a su manera, es increíble!! A la vez, mantenía una relación de cuatro años con una azafata con la que hacía los tríos. Y me imagino, que con cualquiera que se le pusiera a tiro en su camino. Cuando me enteré de tanta promiscuidad,  y que además no ponían protección para las relaciones con desconocidos, yo que he sido muy cuidadosa en ese sentido, me hice pruebas de todo tipo, y gracias a Dios salió todo negativo. No podía entender que alguien jugara con mi salud de esa manera, ni que una persona inteligente y formada tuviera tan poca responsabilidad. Es impulsivo al máximo, hedonista e irresponsable.
A los tres meses de estar juntos, sí que me confesó que tenía un herpes genital desde que era joven, me fui corriendo al médico, que me tranquilizó, porque me dijo que si no tenía el brote podía tener relaciones con tranquilidad. Pero también me sentó mal el que me lo ocultara.
Yo me enteré de su pasado al año de estar juntos. Fue un golpe terrible, porque además en un principio intentó hacerme participar de esas actividades sexuales, porque le excitaba mucho ver a su pareja manteniendo relaciones con otro, y él participando de alguna manera, tener el control (además, tenía relaciones con hombres, aunque según él no de forma total, sexo oral). Fue tal mi reacción, que nunca jamás volvió a insinuarme nada, pero yo sabía en mi fuero interno que él echaba de menos esas cosas, y además le pillé conversaciones con esa mujer en el registro de llamadas del Skype. Extrañaba su antigua vida, llegó a confesarme una vez que era como una droga. Por cierto, esa mujer también ha estado enganchada mucho tiempo, y no sé si lo seguirá estando, me imagino que es otra complementaria. Tienen la capacidad de hipnotizar a la gente.
A pesar de que mi confianza quedó truncada para siempre, logró convencerme, seducirme, y hacerme pensar que conmigo todo sería diferente, porque yo era su destino, hasta el punto que llegamos a casarnos.
Estoy orgullosa, sin embargo, de haber mantenido la suficiente cabeza como para haber permanecido en mi país, pues sus planes eran que yo me fuera a Estados Unidos. Ahora comprendo que ese hubiera sido mi peor error, pues me habría encontrado por completo a su merced, abandonando mi país, lengua y entorno. Dependiendo por completo de él. Una trampa total.
Creo que éste tipo de gente juega con el control, les gusta manejarte y sentir que dependes de ellos por completo. Cuando no cumples ésto, se rompe el juego, pierde el interés. Ha habido más ocultaciones, desapariciones de varios días donde no se le puede localizar por ningún medio, pruebas de que estando conmigo tenía comunicación aunque sea telefónica con la otra, pruebas de cruce de regalos entre ellos, hechos que yo descubrí tarde y que él siempre achacó a que la había abandonado sin darla explicaciones cuando yo aparecí, y que se merecía una compensación, oir palabras bonitas. Es decir, en vez de afrontar los hechos, utilizó la manipulación dejando a su ex pareja con el alimento suficiente como para que siguiera “en primera fila”, y a mí me había dicho que lo suyo fue sólo sexo.
Después de más mentiras, de dejarlo y retomar la relación, últimamente yo tenía las alarmas interiores disparadas. No confiaba en él. Es una contradicción que te ame, y no le importe verte en brazos de otro, que pueda cortar así de frío sin dar señales de vida (ya lo había hecho otras veces), que te ame y le pillara una carta de amor a la otra mujer, que diga que te ame, y le pilles buscando rollo por internet, por ejemplo. Mentiras, verdades a medias y ocultaciones.
Empecé a buscar sobre su conducta en internet, y llevo tiempo en que comprobé que ésta es clavada a la de un psicópata . Ahora comprendo su juego, que no me ha querido nunca, ni a mí ni a nadie, porque en el fondo tiene una autoestima muy baja, aunque es un hombre atractivo siente complejos físicos, está obsesionado con la delgadez, las apariencias, no soporta ver como su cuerpo ya no es el de un joven, sino el de un hombre de 51 años con algo de barriga. Disfrutaba de exhibirme como si fuera su trofeo, quería que todos los hombres me desearan, y sentirse él con el poder, y si fuera necesario, cederlo, prestarlo. Tratarte como si fueras una cosa, un juguete en definitiva. La relación era desgastante, una mezcla de socavamiento sutil y al tiempo de mucho halago y adulación. Quería verme siempre perfecta, uno de sus últimos comentarios, después de que me aclaré  el color del pelo (le gustan las mujeres de pelo oscuro) fue “ si quisiera una rubia me quedaría con una americana o una sueca, que tengo las que quiera”. En una pelea tampoco tuvo reparos en decirme que seguramente yo tendría la culpa del alcoholismo de mi primer marido, como si vivir conmigo fuera espantoso. Ha utilizado información íntima que le he dado como compañero que compartía mi vida, para utilizarla después para hacerme daño. Sabe dar la vuelta a la tortilla, y frecuentemente se presenta como una víctima,
Aunque su discurso era el de una persona profunda y espiritual, yo descubrí que era todo lo contrario. Una manipulación más. Llegó a confesarme que él no tenía principios, y he podido dar fe de ello. Cuando trunqué su juego, me quité la venda, no era nada sumisa y tenía mi genio, le controlaba para confirmar que no volvía a apuntarse a las páginas de contactos que tanto le gustan, entonces se acabó el juego. Ya no le convenía.  Era un estorbo, y una pesada. Tenía demasiado genio. Y corta a su manera, cobarde, sin dar la cara. Sé que quiere castigarme por atreverme a desafiarle, a no ser su esposa sumisa, y utiliza la indiferencia. Como dice él, cuántas querrían la posición que él me ofrecía, sin darse cuenta que las cosas materiales no sustituyen al amor. Además era generoso a su manera, en la medida en que él podía participar, y su situación económica, pese a la fama que puedan tener los pilotos, no era tan boyante (él era primer oficial, no capitán, lo que dada su edad era una frustración). Le gustaba vivir al día, la buena vida, no tenía capacidad de ahorro, y no le interesaba hacer planes constructivos de futuro. Durante varias etapas de su vida en que ha estado en el paro, ha tenido parejas con buena posición económica y algo mayores que él, llegó a decirme que una en particular era muy buena persona, estaba muy enamorada de él, y que con ella hubiera tenido la vida resuelta. A esta mujer la abandonó también “desapareciendo” de la noche a la mañana, para volver con su primera mujer, que debe ser otra complementaria con la que ha mantenido siempre una relación de altos y bajos. Cuando le pregunté si no tenía remordimientos de romper así con sus parejas, que eso no estaba bien y no se puede tratar así a las personas, me contestaba tan tranquilo que esa era su manera de cortar. No sentía ninguna empatía por esas mujeres, por ninguna.
Igual que cuando tenía dieciocho años, que se vengó de la niña que le había rechazado a los quince hiriendo su ego, mandándome la invitación de boda, y desapareciendo. Ahora me abandona cuando no tengo trabajo, cuando sabe que mi situación es vulnerable, en el peor momento. Tienen olfato para saber donde y como dañar. Pero en mi interior siento que no me he doblegado, porque estos seres provocan en sus víctimas una muerte espiritual, obligándolas poco a poco a abandonar sus principios, su autoestima, su carácter, para someterte a sus caprichos, y conmigo no lo ha conseguido. Siento que me ha robado la energía, la ilusión, pero voy a sobrevivir e intentar ser la que era. Ese es el malestar que sentía cuando ignoraba las alarmas que gritaban en mi interior, porque mucha gente me lo decía y yo no quería escuchar, pero en el fondo sabía que algo no cerraba, no andaba bien…por algo dicen que hay que escuchar siempre nuestra voz interior.
Dr. Marietan, sólo quiero agradecerle la atención de leer mi carta, y si pudiera hacerme algún comentario. No voy a volver a caer. Antes conmigo disimulaba, ocultaba y mentía, pero ahora se ha quitado la máscara y veo que quiere hacerme daño conscientemente. Sabe que ahora estoy en el paro, y me ha anulado la tarjeta de crédito (con la que no podía sacar dinero efectivo, pero sí comprar en el supermercado por ejemplo). Y un dato curioso y cruel es que antes de desaparecer me pidió una carta donde hablara de mis sentimientos y una foto ligera de ropa ( nos habíamos enfadado porque le había encontrado hurgando en una página de contactos, y como que me pidió esto haciéndose la víctima, porque si bien había registrado un perfil no había subido foto, con lo que no podía interactuar ni chatear, y me dijo que se había apuntado sólo para leer un mensaje que le enviaban). En fin, que este detalle me parece diabólico, pedirle a alguien que le escriba una carta y una foto, como para exprimir todo el cariño por última vez, para luego deliberadamente dar la puñalada final.La carta la escribí, ahora estoy muy arrepentida, y como para humillarme no he vuelto a saber nada de él. Ya hace un mes.
No solo no voy a volver, es que considero que me ha hecho un favor. Estoy horrorizada ante tanta crueldad, incluso tengo deseos de vengarme, pero he leído en su artículo que eso sería el error número tres,
Le pido disculpas por la longitud de ésta carta, y una vez más le agradezco en el alma la luz que aporta a personas que, como yo, no había oído hablar de estos seres, y me encontraba totalmente confusa respecto a la historia, Durante éste mes de contacto cero leo a menudo sus artículos y las historias de otros complementarios, algo que me reconforta y fortalece para continuar en la recuperación. A veces me sorprendo a mí misma echándole de menos… a pesar de todo. Es una locura!!

Muchas gracias doctor, continúe con ésta labor tan edificante que tanta ayuda aporta a personas que han sufrido una devastación.  Saludos desde España, R.

 

 

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Sobre el autor

Hugo Marietan

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Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

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