Semiología Psiquiátrica y Psicopatía

S

Artículo

El sesgo psicopático en el poder
Especial para Newsweek
Por Dr. Hugo Marietan, psiquiatra especializado en psicopatía

20 de octubre de 2009

Archivo completo en PDF (Click aquí)

Hay un néctar especial que liban aquellos que gozan del poder, tan embriagante que nunca la dosis es suficiente para apaciguar su gula. El poder los enseñorea y los sume en una lejanía sobre los demás que se acrecienta cuanto más poderoso se es. Desde la cima no se percibe como desde el llano, los amanuenses se encargan del recorrido entre los que ilusionaron de poder al poderoso y el poderoso ilusionado. A tanto llega la influencia de estos intermediarios que son dueños de la realidad que avizora su amo. El poder, entonces, tiene una cara visible y mil ocultas. Y esto se da en todos los regímenes de gobierno, desde un reino hasta una república, a menos que… el que gobierne sea un psicópata.
El psicópata invierte la relación: él genera la realidad y los secuaces la imponen en el llano, no hay opción a una doble vía, por las buenas o por las malas el orden psicopático se impone. En el caso de una democracia este cambio no es brusco, el político psicópata se vale de todos sus recursos, pero principalmente de dos enérgicos colaboradores: el manejo de los recursos económicos y la bandera del miedo, agitada constantemente y con los más variados contenidos, pero siempre presente.  Exprime a sus contrarios más allá de los límites y es pródigo con los que sustentan la base de su poder. Debilita a sus oponentes y refuerza a sus seguidores.
El psicópata con poder está en su salsa. Su natural narcisismo le devuelve una y otra vez una imagen embellecida que justifica, en todo, su accionar; no hay resquicio, en su mente, para el error propio. Si algo sale mal, los culpables son otros, o las circunstancias. Y sin error no hay arrepentimiento y sin arrepentimiento no hay corrección del rumbo, sino persistencia. Terquedad, dicen los otros; convicción, dice él. Su obrar psicopático se ajusta a sus códigos propios, distintos de los códigos comunes en muchas ocasiones; estos códigos propios le permiten construir una lógica especial que da marco a sus conductas psicopáticas y lo hace impermeable, e intolerante, a las críticas. El que lo critica no es un adversario, sino un enemigo.
La arrogancia, acrecentada por los aciertos y los aduladores profesionales, es un ingrediente permanente en la personalidad del político psicópata, fomentada, además, por un artificio psicológico que lo acompaña desde la infancia: la cosificación de los otros. Los otros no son significados como personas, como iguales, sino como objetos, cosas, a ser usadas para lograr sus objetivos. Digamos que la materia prima que utiliza el psicópata para laborar sus propósitos son las personas. Y esta habilidad de manejar a los demás deviene de un largo aprendizaje: el estudio persistente de la persona común.
Para el niño psicópata, la conducta emocional de niño común es un misterio, en consecuencia lo estudia. El registro emocional del psicópata es limitado y muy emparentado con lo animal. El amor, por ejemplo, es reemplazado por el entusiasmo y por lo instintivo; la ira permanece inalterable; la piedad le es desconocida. Es así que al observar el amplio registro emocional de un niño común ante la variedad de situaciones, no le queda otra alternativa que copiar, simular estados emocionales, ejercer un “como si” emocional que a lo largo de los años lo convierte en un excelso actor de las emociones, y casi indistinguible del común, y en muchas ocasiones lo supera en expresividad. Gran parte de su seducción, encanto y manipulación deviene del ejercicio de este arte. Aprendió la forma, pero carece del contenido emocional.
Esta sumatoria de desfasajes lo hace proclive a las desmesuras, por ejemplo que le parezca un chiste decirle “bronceado” al hombre negro más poderoso del planeta. Y que no entienda porque no les resulta gracioso a los demás. Desconcierta con sus ocurrencias fuera del tono normal y sus secuaces se ven en figurillas para emparchar las extravagancias del jefe.
El psicópata es fiel a sí mismo hasta la idolatría. La infidelidad hacia los otros es un mero efecto colateral y acorde con sus objetivos. Serle infiel a una mujer, por ejemplo, es una nimiedad, simplemente le está siendo fiel al imperativo de sus instintos, y punto. La mujer queda con una alternativa: lo acepta así o se va.
Hay un factor importante que deben saber los adversarios de un político psicópata: no están enfrentados a un igual. Están enfrentados a un ser que hace del poder el único motivo de su vida, que su mente, su voluntad y su tiempo están orientados a ese excluyente objetivo. Que piensa como un militar, con tácticas y estrategias y avances implacables sobre los territorios. Que no le importan los efectos colaterales de sus accionar con tal que se cumpla su objetivo. El psicópata no direcciona personas, maneja soldados, con el valor que pueda tener un soldado en batalla: la cosificación de los seguidores es extrema.
El político adversario, en cambio, es una persona que dirige personas. Que basa su poder en el consenso, en la discusión. Que trata de ganarse voluntades y negocia parte del poder con tal de seducirlas. Es alguien que depende de otros. Además, el ejercicio del poder es una parte de su vida, no toda su vida: múltiples intereses lo distraen. Las decisiones que toma llevan evaluados los costos y consecuencias que ocasionarán. Como su poder depende de los otros, la imagen y la consideración de los otros le es importante. Al no conocer que se opone a un psicópata trata de elaborar sus estrategias basadas en un error: la empatía, “si yo estuviese en su lugar…”. El psicópata no piensa como él, no es empático. Es un depredador voraz e impiadoso.
Como se ve, la desventaja del político común frente al psicópata es clara. El psicópata lo sabe; el político común, no. Ambos comulgan la vieja asimetría, la de la gacela y el tigre.

Si desea dar su opinión o aporte escríbame a consultashm@gmail.com o click Aqui

Sobre el autor

Hugo Marietan

Agregar comentario

Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

Redes Sociales

Puedes seguirme en las redes sociales e interactuar conmigo.