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SEMIOLOGÍA PSIQUIÁTRICA Y PSICOPATÍA


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Noticia:

Ted
Bundy

SEMANARIO: Anamorfosis /
Psicópata con club de fans

Fuente:

http://www.vanguardia.com.mx/diario/noticia/semanario/coahuila/semanario:


_anamorfosis_/_psicopata_con_club_de_fans/147676

 

A la cárcel de Florida comenzaron a
llegar bolsas de plástico negro, todas dirigidas a un solo
preso: Ted Bundy. Las autoridades revisaron minuciosamente
aquellos envoltorios y se dieron cuenta de que se trataba
de simples cartas. El día en que éste preso salió de la
cárcel rumbo al juzgado, las autoridades carcelarias y la
opinión pública se dieron cuenta de quiénes eran los que
las enviaron.

Por: Jesús Castro

07-Abril-2008 (00:00 a.m.)

 

Un grupo de jóvenes se habían
apostado con pancartas afuera del juzgado. Se hacían
llamar “fans de Ted”. “Porque es guapo, elegante,
romántico, tierno, encantador…”, añadían las jovencitas
que reclamaban su inocencia. Existía además otro grupo de
jóvenes que decían estar seguros de que Bundy era un
asesino, y que por eso lo admiraban.

Estas manifestaciones de adhesión
contrastaban con las de repudio por parte de los
familiares de más de veinte adolescentes a las que Ted
había asesinado. Para estos últimos, resultaba indignante
que aquel sujeto de pelo crespo y rostro altivo, sonriera,
saludara a sus “fans” e inclusive procurara brindar su
mejor ángulo a los medios de comunicación.

Incluso, cuando durante el juicio la
atención se desvió al aparecer en el país otro asesino
serial, el hombre empezó a conceder entrevistas exclusivas
a televisoras y periódicos, adoptando una pose enigmática,
casi hollywdense, preparando para el momento frases que
parecían dictadas por Alfred Hitchcock. “Nosotros los
asesinos seriales somos hijos, somos esposos, estamos en
todas partes. Y habrá más de sus niños muertos mañana”,
dijo en una ocasión.

Sus ansias de ser admirado lo
condujeron a revelar el modo como asesinaba a sus
víctimas. Aprovechándose de su atractivo físico, se valía
de un cabestrillo para despertar la compasión de las
jovencitas, y una vez que había ganado su confianza, las
secuestraba, las violaba y las estrangulaba en sus propias
casas. Después envolvía el cuerpo en cobijas y lo llevaba
a tirar en despoblado.

 Su narcisismo lo llevó a reconstruir
su historia personal, intentando justificar su ímpetu
homicida. Tras los barrotes de su celda, contó a
diferentes comunicadores que durante la primavera de 1967
estuvo enamorado de una joven californiana: inteligente,
hermosa, sofisticada y de buena familia. Sin embargo,
aquella mujer no lo había amado con la misma fuerza y
decisión, por lo que, dos años después, tras graduarse
ella de la universidad y fijar nuevos objetivos en su
vida, decidió terminar su relación con Ted.

“Nunca me recuperé, le escribía
cartas, le mandaba flores, le componía poemas, le rogué
mucho, mucho, pero no me hizo caso”, expresaba al borde
del llanto aquel asesino. “Por eso las odio, por eso las
odio a todas”, decía al reponerse de las lágrimas, de eso
que él llamaba “su debilidad”.

Era la primera vez que sin recurrir
al psicoanálisis ni a presión judicial, se obtenía el
motivo por el que un hombre se había vuelto asesino
serial. Bundy reveló que jamás volvió a saber de aquella
chica, pero que llevaba tan presente su imagen en la
mente, que sólo asesinaba a las jovencitas que guardaban
parecido físico con ella: blancas, de cabello negro lacio
y peinado por la mitad, características que ciertamente
habían presentado Susan Rancourt, Debby Kent, Brenda Ball,
Laura Aime y otras veinte chicas más, todas ellas de entre
dieciséis y veinte años, salvo una, quien contaba con
apenas doce años de edad, Katherine Devine.

Durante el juicio, salió a relucir
que entre 1974, año en que comenzó a matar, hasta ese
otoño de 1977, había caído preso en dos ocasiones, una en
Washington y otra en Florida, ambas acusado de intento de
secuestro de adolescentes. “Les di la oportunidad de que
me detuvieran, pero no la aprovecharon”, declaró en alguna
ocasión ante el fiscal.

La policía lo persiguió por mucho
tiempo, y fue hasta que se publicó un retrato hablado y el
vehículo en el que viajaba, que una de sus ex novias lo
delató. Fue apresado luego de un fuerte operativo, y tras
comparar su semen con el que se había encontrado en las
víctimas, comprobaron que se trataba de la misma persona.
Tras más de dos años de iniciado el proceso en su contra,
finalmente fue encontrado culpable de 14 asesinatos y
sentenciado a la pena capital.

A finales de enero de 1989, fue
conducido desde el pabellón de la muerte hasta la sala
donde lo esperaba una silla eléctrica. Esta vez ya no hubo
pancartas ni gritos de apoyo, su club de “fans” había
desaparecido. Sólo los familiares de las víctimas fueron
testigos de la última escena en la vida de un tristemente
célebre asesino serial.

 


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Sobre el autor

Hugo Marietan

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Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

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