Psicopatia Dr.Hugo Marietan

P

Psicopatía, psicópatas y
complementarios


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Carta


El semi despertar de la
complementaria 

Dr.
Marietan:

Su página me parece muy
necesaria y a partir de su lectura  me vi reflejada y
comprendí muchas cosas que no podía entender antes.

Después leí su libro “El
complementario y su psicópata
” y, al hacerlo, no
podía parar de llorar. Era un llanto diferente a cualquier
llanto anterior que tuve en mi vida, sanador o liberador
por así decirlo. Era ver por escrito lo que yo sentía,
como si me estuviera describiendo a mí, a mi pareja, a mi
situación. Y, al mismo tiempo, como si con esa lectura
terminaran de caer las últimas hilachas de las vendas que
tanto me había costado quitar.

Pero fue más que eso.  Fue
descubrir, comprender,  que mis parejas anteriores eran
muy parecidas y me provocaban la misma adicción, aunque
tuviesen otras características.

Yo no sé con certeza si mi
última pareja es un psicópata. Le mando el cuestionario
para que usted lo analice, aunque preferiría  que no lo
publique en forma completa por muchos detalles que
menciono. No quiero provocar nuevamente su ira. Es decir,
me parece bien que lo publique, pero borre los detalles de
identidad.

 Empecé a hacer terapia
psicoanalítica hace tres años, la hice durante poco
tiempo, empecé con la terapia porque quería saber por qué
peleábamos tanto, si era yo la culpable, tal como él decía
o era él como a mí me parecía.  Al poco tiempo la abandoné
diciéndole a mi psicóloga, que había muchas cosas que me
molestaban, pero que yo lo quería.

Cuando empezamos nuestra relación
yo veía cosas que no me gustaban
,
que no encajaban, por ejemplo que él se quedara tomando
vino todas las noches hasta las cuatro o cinco de la
mañana, muchas veces se quedaba dormido en la silla, se
levantaba tardísimo, no se organizaba con su trabajo,
estaba lleno de deudas,
tenía un desorden terrible en el departamento que
alquilaba,
la madre le
lavaba la ropa, los amigos o parientes le prestaban
dinero.

Yo pensaba que estaba
atravesando un mal momento, pero sentía que

era un hombre muy amoroso,
muy inteligente, muy lector, le gustaba el cine, valoraba
mis actividades, se interesaba por ello, era atento,
caballero, y sobre todo, quería tener una pareja en serio,
de tiempo completo, de amor hasta llegar a viejitos
juntos.

No ocultó nada de su pasado,
además yo lo sabía por una amiga.

Él había vivido una situación de
bigamia durante diez años
y había tenido un hijo con su amante y
una hija con su esposa.

Lo contó con dolor, y
me dijo que quería cambiar.
Según él había sufrido mucho en esa situación de mentiras,
y quería otra cosa para su vida, empezar de nuevo,
modificar las cosas, no deber más dinero, ordenarse.

Yo venía de dos separaciones
y pensaba que ya no había hombres dispuestos a formar  una
pareja en serio. Y que encima él reunía ciertas
condiciones que a mí me atraían, era muy afectuoso, muy
atento,  inteligente, culto, lector, romántico, le gustaba
la naturaleza igual que a mí, parecía muy sensible.

Y por si fuera poco, era un
profesional que se dedicaba a la prevención de la
violencia. Para él, la mujer era lo más sublime, lo que
había que preservar.

Supongo que también me atrajo 
el desafío de que él quisiera cambiar, y sobre todo porque
creía que era por mí, por el efecto de mi amor. Mi primer
marido,
el padre de
mis hijos no había cambiado en todos los años que
estuvimos juntos
, y
ahora, era como la posibilidad de revertir aquella
historia:  que
alguien,
con mi ayuda, pudiera modificar conductas destructivas y
autodestructivas.
Y
además él tenía tantas cualidades loables que valía la
pena el intento.

Veía lo bueno de él, pero
también veía lo otro
.
Y en el fondo, también, a la hora de admitir verdades,
era como si al tener una
pareja con defectos, me asegurara que se quedaría a mi
lado eternamente
.
Esto era a nivel inconciente en ese momento. Recién lo
puedo analizar así ahora.

Al poco tiempo de estar juntos,
de novios antes de la convivencia,

él empezó con  enojos sin motivo
aparente
. Se enojaba
en forma desmedida y no podía contenerse.

A mí me parecía estar frente a
otra persona
, y
buscaba infructuosamente al anterior. Entonces

empezaba a calmarlo de cualquier
manera
posible, con
mimos, con explicaciones, con argumentaciones, con
súplicas, con llantos, etc.

A veces
el enojo

se le pasaba a las pocas horas,
a veces después de dos días. No me hablaba o me dirigía la
palabra como si apenas me conociera, tenía cara hosca, se
encerraba en sí mismo.

Cuando a él le pasaba el enojo
y yo le explicaba lo mal que me hacía ese rencor
,
él me aclaraba que conmigo, era con la primera mujer con
la que el enojo se le pasaba tan rápido, que en sus
relaciones anteriores le duraba semanas.

Llegó a enojarse el día de nuestra
boda y a no hablarme en la fiesta, también se enojó y me
insultó el día en que cumplimos seis meses de novios,
porque yo saqué la botella de vino de la mesa, a las seis
de la mañana para que dejara de tomar (era la cuarta
botella).

Él es una persona muy lógica,
muy inteligente. Su lógica es irrebatible, menos cuando se
enoja, que parece otra persona. Defiende argumentos
indefendibles, sostiene ideas contradictorias, se ciega y
se cierra de tal manera que realmente  parece otra
persona. Me provocaba un rechazo enorme en esos momentos.
Pero cuando volvía a ser el “bueno”,
con su carga de ternura, con sus atenciones,

lograba confundirme

y muchas veces pensé que yo lo debía provocar de alguna
manera, sin querer, y que tenía que buscar en mí las
causas de eso. Cuando se enojaba por cosas claramente
tontas, sin sentido, que no tenían nada que ver con algún
comportamiento mío, me daba cuenta que algo no estaba bien
y
comenzaba una lucha
dual dentro de mí, mezcla de amor y de odio
.
De hecho muchas veces le he dicho que en él habitan

dos, el malo y el bueno.
Siempre le dije  “yo no quiero al malo,  estoy solamente
enamorada del bueno”. Él sonríe y  no dice nada.

A medida que pasó el tiempo,
él se aprovechó de mí de
muchas maneras
, en lo
laboral, haciendo que la mayor parte del trabajo recayera
sobre mí, y también, y sobre todo,  en las cuestiones
económicas. Por ejemplo, al poco tiempo de estar juntos
cuando yo cobré  una suma importante, él me dijo que tenía
que cobrar  una cifra cuatro veces superior a la que yo
cobraba, pero que por el momento se demoraba ese cobro,
así que me pedía que yo pusiera ese dinero para los dos  y
que él repondría luego esa cifra.

De hecho nunca cobró

ese dinero. Cuando esto empezó a
repetirse, yo empecé a defenderme y a argumentar que el
dinero que yo cobraba era mío,  entonces  él empezó con un
latiguillo que usó mucho a lo largo de los años,

diciéndome que yo no tenía idea
de lo que era una pareja, que yo era una egoísta
,
que sólo pensaba en mí, que vivir de a dos era apoyarse
mutuamente, etc etc. Yo entonces pensaba que tal vez era
así, que tenía razón, que tenía que aprender a no medir
tanto lo que daba, etc. Y por supuesto, con esta
manipulación, él lograba lo que quería.

Sin embargo,
pese a caer en su trampa, yo veía,
intuía que algo no estaba bien
.
Sentí siempre a lo largo de los siete años que
compartimos, que
él era
un gran simulador, que todo era una gran puesta en escena,
las flores que me regalaba, las atenciones para con mis
hijos o amigos, las consideraciones para conmigo, todo
parecía hermoso, pero en algunos momentos se le corría la
máscara y yo veía.
Yo
sabía. O simplemente intuía. Era un sentimiento ambiguo y
no estaba presente todo el tiempo, sólo a veces.

Y aún viéndolo cada vez más
a lo largo de siete
años, tapaba y tapaba la verdad
,
lo disculpaba o bastaba,  como se menciona en el libro de
El complementario y su psicópata, que él me
abrazara, o me dijera lo que me amaba, o que me pusiera
una cara tierna, para que yo tapara todo y me dijese,
tampoco es tan terrible como me parece.

Durante años viví en un
torbellino, de peleas sin sentido, de discusiones
estériles y prolongadas, de llantos, de perder la alegría,
pero
lo fui
naturalizando
,
sobre todo  porque mis parejas anteriores eran parecidas
en lo malo, pero sin lo bueno, sin lo que me atraía tanto
de él.

Así que además de suponer que
era natural que dos personas discutieran tanto,

estaba contenta por tener a ese
hombre tan inteligente, que me amaba

y me consideraba lo primero en su vida,

discursivamente
.
En los hechos era
otra cosa
.
Pero el discurso era tan
fuerte en ese momento que lograba imponerse
.
Y así fue durante mucho tiempo. Yo no entendía bien lo que
pasaba, pero
era un
cóctel tan fuerte, de alegría y sufrimiento, de ternura y
pasión mezcladas con demandas exageradas y con reproches,
con enojos sin motivo, con ira desmedida, con amor y con
rencores que yo masticaba en silencio.

Él era tan perceptivo que
adivinaba lo que me pasaba. Si yo cuando él se levantaba
le reprochaba que no había hecho tal cosa o tal otra y que
a mí me tocaba la peor parte en el trabajo que
compartíamos, él –de inmediato- me decía, estuviste
masticando rencores,
no
sabés amar, medís todo, no te entregás

a la pareja, no me considerás, etc.

Me manejaba y lograba confundirme
a tal punto que terminaba pidiendo disculpas y nunca sabía
bien por qué
. Era
una cosa totalmente demencial, porque la discusión
empezaba porque él no tenía ganas de trabajar y terminaba
yo pidiendo disculpas por haberle hecho un reproche, y
prometiendo que nunca más lo haría, y peor aún, creyéndome
culpable por ser tan terrenal y querer exigirle que
trabaje si él no tenía ganas, cuando él estaba dispuesto a
amarme, a decirme palabras tiernas, a comprarme rosas
(muchas veces con el dinero que me pedía  y no devolvía,
etc.)

Seguramente mi trabajo para mí
fue un cable a tierra para desconectarme, y los trabajos
de otro tipo que hice en estos años. Eso ayudaba a tapar
lo obvio. Además el enganche era muy fuerte, y me costó
mucho tiempo salir de ese círculo y asumir la realidad de
lo que pasaba.

Unos meses atrás retomé la
terapia, y hace pocos días tuve acceso a su página y a su
libro y se me clarificaron muchas cosas. Ayer le comenté a
mi terapeuta su libro y su página, y le planteé  la
posibilidad de que yo sea la complementaria de un
psicópata. Ella me dice que no es cuestión de rotular, que
es difícil saberlo si no lo ve a él, que lo importante es
trabajar sobre mí.

Ahora bien, yo completé la ficha
para saber, porque necesito saber si él es psicópata o no,
no  para rotular, no por él, sino para entenderme a mí y
al anclaje que tuve y tengo todavía.

Tal vez sus actos no sean tan
graves como los que aparecen en el libro, no hay
perversiones sexuales, ni mentiras tan enmarañadas, ni
actitudes tan terribles,

pero la ira, el enojo, el
destrato, el maltrato psicológico, el parasitismo, todo
eso está ahí
. Y
sobre todo, está lo que me ocurre a mí.

Tal vez él no sea un psicópata
total, no sé si esto es posible, tal vez él tenga
actitudes psicopáticas, o tal vez tenga sólo trastornos en
su personalidad sin llegar ser un psicópata. ¿Es esto
posible? Es decir, si él sólo tuviera trastornos de
personalidad (he leído sobre esto también, y lo
encuadraría en una personalidad histriónica, narcisista y
límite), ¿produciría en mí un anclaje tan parecido al que
produce un psicópata?

Yo siento un síndrome de
abstinencia al no estar con él
,
hace meses que cortamos, pero no confío en mí si vuelvo a
verlo, sentí durante mucho tiempo una adicción a él.

Todas las personas que me
quieren, mis hijos, mi familia, mis amigos, me dicen que
no lo vea, que no vuelva, que va a lograr envolverme otra
vez. Y yo siento que es muy probable.

Me cuesta sacármelo de la mente,
está todo el tiempo
ahí
, aunque más no sea como un mal recuerdo.

Lo que más me duele es sentir
que
él no me extraña
y que no actuó como un ser humano común, analizando la
situación, tratando de arreglar las cosas, buscando el
acuerdo.

 Al leer su libro comprendí lo
inútil que es entender la mente de un psicópata, y esto es
otro elemento que tengo para sospechar que él lo es.

Él decidió alejarse, según sus
propias palabras de este círculo enfermo, porque yo le
propuse algo antinatural. Lo que le propuse fueron cambios
de conducta, y él los había aceptado:  Se fue de casa e
intentamos una pareja de fines de semana. El prometió
tomar menos,  calmar su ansiedad y manejar su ira, iniciar
una terapia, y lo hizo o lo intentó hacer.

Por primera vez me pidió
disculpas por todos lo que había hecho antes y por todas
las veces que no me había pedido disculpas.

Yo creí en su cambio al
principio,
pero a
medida que los meses pasaron no toleró la presión. Por ej,
el insistía en tomar un poco más y yo le ponía límites,
insistía en quedarse solo leyendo y yo no lo aceptaba, si
me presionaba con algo, que hiciera tal cosa o tal otra y
yo no aceptaba y ponía límites, él se enojaba.

Yo había entrado en su correo
electrónico al principio de nuestra relación porque
desconfiaba de él y había comprobado que se mandaba mails
amorosos con su ex mujer, volví a entrar en su correo unos
pocos meses atrás y leí otra vez un mail que le mandaba a
su ex mujer acordando un encuentro.

Esto me dio mucha bronca y se lo
dije. Entonces aprovechó para decirme que yo estaba
enferma porque hurgaba en su intimidad, y que él se iba de
este círculo. Aclaro que nunca sentí celos exagerados ni
desconfianza extrema, pero con él, en esos momentos,
necesitaba pruebas, necesitaba saber y confirmar mis
sospechas.

Ahora que él ya no está en
mi vida lo extraño mucho
,
siento angustia tanto por la soledad como por la falta de
su presencia.
Otros
momentos tengo mucha paz
,
recobro poco a poco la alegría. Siento que he avanzado
algo. Tal vez ayude el hecho que después de siete
años hay velos que caen, máscaras que se
corren, y el anclaje se afloja.

Tal vez también a uno le cuesta
ver porque aparecen todas las cosas lindas, los ardides
que usó el otro, la hipnosis o seducción, el enrosque y
ahora aparece todo eso como los buenos recuerdos. Yo
siempre fui muy independiente, sin embargo, ahora me doy
cuenta en cuantas cosas llegué a depender de él.

Quiero salir de esta situación,
por más que el sentimiento que muchas veces aparece en mí,
se asemeja al amor,

hay una parte racional que grita que me aleje,

que no caiga de nuevo en sus redes.

Practico el contacto cero, en la
medida de lo posible, no nos hablamos ni nos vemos, pero
tenemos que mantener contacto por mail para arreglar las 
cuestiones del divorcio.

Lo que más me angustia es sentir
que todavía, con los años que tengo, 51, no conocí el amor
verdadero. Y
ahora
siento que hay una parte de mí muerta, desierta, llena de
prevenciones, con temores

Quisiera saber si la terapia psicoanalítica me servirá
realmente para cortar con este anclaje y sobre todo para
reparar lo que siento dañado en mí. O cuáles serían las
técnicas y estrategias que debo poner en práctica para
lograrlo y sanarme.

Muchas gracias. A

 

 

Complete datos de la persona que
se presume como psicópata:

Edad: 52

Estado civil: separado, a punto
de concretar el divorcio

Profesión, estudio o trabajo que
realiza: profesional, no ejerce

Lugar de residencia actual,
ciudad y país:   Argentina

Sexo: masculino

Otro dato de interés: se ha
especializado en prevención de la violencia familiar,
sobre todo contra la mujer. Es muy lector.

Todas las noches se queda
levantado
tomando dos
botellas de buen vino

o más y leyendo o mirando películas. También

toma medicamentos de todo tipo
,
entre ellos mio-relajantes o somníferos y más de una vez
se queda dormido en la silla hasta las seis de la mañana.
Al día siguiente se levanta tarde y de mal humor, y le
cuesta mucho organizar su vida.

 

Datos de quien contesta el
cuestionario (imprescindibles):

Edad: 51

Lugar de residencia actual,
ciudad y país:   Argentina

Profesión, estudio o trabajo que
realiza: artes

Sexo: femenino

¿Qué relación tiene o tuvo con
esta persona?: esposa, nos estamos divorciando

¿Cuánto duró/dura la relación?: 
siete años

¿Cómo la conoció?: él había sido
el amante de una amiga con la cual yo estaba distanciada
por otros motivos que no tenían que ver con él. El me
llamó por teléfono usando como una excusa datos a los
cuales tuvo acceso a través de mi amiga y me invitó a
cenar contándome que se acababa de divorciar de su esposa.
De su amante, según lo que yo sabía, se había distanciado
hacía más de dos años. Después me enteré que no era así.

 

¿Qué le atrajo/ atrae de esta
persona?: es un gran seductor, lo que más me atrajo fue
que
me hizo sentir
siempre como “la más amada
”,
me escribía poemas,  me decía lo que toda mujer sueña
escuchar de un hombre,  acompañado esto de algunas
acciones románticas: obsequio de flores, bombones, o
pequeñas cosas que sabía me gustaban y siempre se
anticipaba a traerlas.

Era como si adivinara mis gustos,

lo que siempre me gustó que un hombre hiciera y dijera.
Esto lo siguió haciendo durante todos estos años. Otra de
las cosas que me atrajo, fue su intención de tener una
relación en serio, argumentando estar asqueado según sus
propias palabras, de los “amores líquidos”. Siempre afirmó
que tiene la certeza de que el amor, si uno sabía
cuidarlo, mantenerlo, y sentirlo en profundidad, es para
toda la vida.

¿Qué es lo que más le hacía/hace
sufrir? Su ira, su destrato, sus humillaciones, sus
cambios de humor totalmente impredecibles, su abuso en el
aspecto económico, su explotación en muchos aspectos para
vivir a costillas de los demás, sus padres, sus amigos,
mía, siempre que podía. Sus amenazas de separación durante
los últimos tres años, los días que permanecía sin
hablarme, tratándome con odio, por una simple discusión,
la necesidad imperiosa de que siempre se hiciera lo que él
quería y hasta que se pensara igual que él. Cualquier
diferencia de opinión era tomada como una afrenta
personal, como un ataque hacia su persona.

 

A. Satisfacción de
necesidades distintas

A1. Uso particular de la
libertad

¿Cree que todo es posible? Dé un
ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, él cree que todo es posible,
pero generalmente los proyectos en los que se embarca son
tan utópicos, que después de un tiempo debe abandonarlos.

Impedimentos: ¿Tolera las
frustraciones y los fracasos? Dé un ejemplo o cuente una
anécdota.

 No tolera las frustraciones ni
el fracaso. Es más,  verbaliza continuamente que él no
tiene tolerancia al sufrimiento, al dolor ni a las
dificultades. Si fracasa siempre le echa la culpa a otro.
Ahora, que nuestra pareja fracasó, la responsable absoluta
soy yo. Y lo cuenta a amigos y parientes de esa manera. No
dice para nada que él es alcohólico, que es inestable
emocionalmente, que tiene serias dificultades económicas y
que me destrata o me maltrata.

A2. Creación de códigos propios

¿Respeta la ley y las normas
comunes? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Él dice respetarlas, y se jacta
de ello todo el tiempo.
Siempre decía que las 
normas están para ser respetadas y no para saltárselas.
Pero después, en la
práctica, pasa semáforos en rojo, o él, defensor de las
mujeres contra la violencia, me grita, me insulta, me
agrede verbal y psicológicamente. También en su trabajo
llegó a quedarse con dinero de un cliente.

¿Sigue su propia ley y sus
propios códigos? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Un día en que teníamos una cena
en casa, se enojó con una de mis amigas porque dio una
opinión política diferente a la suya y me dijo que si mi
amiga no se disculpaba no podría venir nunca más a su casa
(que en realidad es mía)

Ley propia, código propio: los
demás no podemos expresar opiniones que difieran con la de
él. Y si esto ocurre, él dictamina el castigo, aunque
todos pensemos distinto de él
.

¿Carece de remordimientos o de
culpa? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Absolutamente. Carece de culpa o
de remordimientos. Nunca, en estos
siente
años, me pidió disculpas por maltrato o acciones injustas.
Y siempre se jactó de eso, él repetía yo no sé lo que es
la culpa.

¿Le echa la culpa a los demás de
sus errores? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Siempre o casi siempre.
Cierta vez nos íbamos de viaje al exterior y yo le pedí
que nos levantáramos temprano, más temprano de lo que él
proponía porque mi padre nos llevaría al aeropuerto a
tomar el avión hasta Buenos Aires para tomar luego el
vuelo internacional. Me dijo que sí, pero se enojó tanto
por tener que levantarse digamos que media hora antes de
lo que él quería, que se olvidó el maletín con los pasajes
y no pudimos tomar el avión de cabotaje. El maletín era su
responsabilidad, porque no permitía que yo me hiciera
cargo aduciendo que yo era muy despistada. Yo confiaba
plenamente en su memoria y en su responsabilidad y no
controlé para saber si estaban o no los pasajes. Tuvimos
que tomar un remise que nos llevó a toda carrera para
llegar a tiempo a Ezeiza. No habló durante todo el viaje.
Cuando finalmente llegamos a destino, le dijo a una amiga
común, que yo era la responsable de lo que había pasado
por “joderlo” para que se levantara más temprano.

¿Repite errores? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Algunas cosas no las repitió,
aprendió a organizarse, por ej, hizo los aportes atrasados
que tenía de su jubilación, volvió a pagar las cuotas de
alimentos a sus hijos.  Pero otras las sigue repitiendo.
Apenas comenzamos a salir, él tenía muchas deudas, y
esperaba con ansias que una prima sacara un préstamo para
dárselo a él y así poder solucionar algunos problemas. Él
estaba inhibido y no podía gestionarlo. Yo le ofrecí que
podía sacar un préstamo pequeño, y me dijo que no, porque
no quería volver a arrastrar a nadie en algo así, que ya
lo había hecho con su mujer. Yo insistí. Entonces,
tímidamente al principio y con ferocidad después, además
del préstamo usó mis tarjetas de crédito para compras.  Me
agradeció y prometió que nunca más le pasaría eso, que se
ordenaría con el dinero y con los gastos, que generaría
mayores ingresos, etc.  Al poco tiempo nos fuimos a vivir
a otro sitio y, el crédito de su prima lo pagó su padre.
El que yo había gestionado, y el monto de las  tarjetas de
crédito, los pagué yo vendiendo mi coche. Siete años
después, sigue igual. A su primera mujer le siguen
embargando el sueldo por las deudas de él, a mí nunca me
devolvió el dinero del préstamo, peor aún, logró
engancharme con un dinero que no pude retirar de la
sociedad comercial que tuvimos y actualmente está lleno de
deudas y con muy pocos ingresos.

A3. Repetición de patrones
conductuales

¿Repite de la misma manera las
acciones negativas? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, el ejemplo anterior del
dinero es claro. Pero hubo otros en relación al trabajo
que emprendimos juntos. Él hacía la parte más liviana y
siempre ponía excusas, y cuando yo le hacía reclamos, él
se enfurecía y me gritaba enloquecido. Lo que a mí siempre
me extrañaba era que un hombre con tanta inteligencia y
tanta lógica, discutiera a muerte algo tan obvio como si
tuviera razón. Y eso me mantuvo muy confusa durante
muchísimo tiempo. Porque si él lo repetía con tanta
convicción, ¿no sería acaso que yo estaba equivocada? Eso
ya lo tengo absolutamente claro, pero me costó años
asumirlo.

¿Tiene algún signo que anticipe
sus conductas negativas? Dé un ejemplo o cuente una
anécdota.

Cuando está demasiado eufórico,
es signo evidente de que al poco rato se va enojar con una
ira desmedida. Esa euforia lo acelera, habla
histriónicamente, a los gritos, está cargado de ansiedad y
de prisa. Quiere todo para antes de ayer. Y generalmente,
cuando se enoja en forma desmedida, durante varios días va
encadenando los enojos, con cualquier otra cosa, por nimia
que sea. Hasta llegar a límites insospechados. Después,
cuando vuelve la calma, durante una semana más o menos, no
vuelve a enojarse. El límite récord que mantuvo sin
enojos, fue un mes. Pero solamente ocurrió una vez en
siete años.

A4. Necesidad de estímulos
intensos

¿Tiene conductas de riesgo? Dé
un ejemplo o cuente una anécdota.

No que recuerde. Solamente tomar
la cantidad que toma.

¿Se aburre con facilidad? Dé un
ejemplo o cuente una anécdota.

Necesita armar proyectos todo el
tiempo. Armar reuniones, cenas, paseos, siempre con cosas
que lo distraigan y que sean amenas. No le gusta hacer
ningún tipo de trabajo,, ni cortar el césped, ni regar las
plantas, ni pintar una pared, ni clavar un clavo. No se
aburre, pero demanda para ello todo el tiempo a las
personas que tenga a su alcance, a mí, a sus hijos o a los
míos, para jugar a las cartas, para mirar una película o
para conversar. Conversar es una manera de decir, en
realidad, le gusta hablar y que lo escuchen, de lo que
sea, hablar y que lo escuchen. Pero hablar inflando la
realidad, para despertar admiración en el otro.

 

¿Tiene proyectos de vida a largo
plazo? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Siempre dice que va a morir
joven, que no durará mucho tiempo y que como la vida es
hoy, hay que vivirla intensamente.

¿Abusa de drogas o alcohol? Dé
un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí. Ya describí lo del alcohol.
Con el tiempo fui descubriendo que si llega la hora
señalada y por algún motivo no puede comenzar a tomar, se
enloquece. Se pone ansioso, furioso. En cuanto a drogas,
ingiere medicamentos de todo tipo.

¿Tiene conductas raras o
perversas en lo sexual? Dé un ejemplo o cuente una
anécdota.

 Al principio era muy raro lo
que hacía. Para estimularse, o para estimularme, nunca lo
entendí bien,
me
decía que me acordara de dos perros haciendo el amor.

Y lo repetía. A mí me sacaba tanto de situación que me
reía, o le decía que no podía hacer eso, entonces dejó de
hacerlo. No hubo cosas perversas. Pero hace como una
puesta en escena todas las veces que tenemos sexo,

una puesta en escena de la
consagración del amor.

Y repite muchas veces, quién va a hacer lo que yo te hago,
quién te va a amar como yo te amo, etc.

Tanto lo dijo que en algún momento
me lo creí.

¿Tolera situaciones de mucha
tensión? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, en momentos críticos, él
siempre está entero. No se viene abajo.

 

B. Cosificación de otras
personas

¿Es egoísta? Dé un ejemplo o
cuente una anécdota.

Es absolutamente egoísta, y lo
manifiesta no solo conmigo, sino también con su padre, con
sus hijos, con sus amigos. Pero él se disfraza de muy
generoso y confunde. Por ejemplo, todas las semanas me
compraba flores y golosinas, o le obsequiaba flores a mi
madre, o golosinas a mi hija, o libros, o lo que fuere,
pero después, si tenía que devolver un dinero que me había
pedido no lo hacía porque no tenía, y no tenía porque se
lo gastaba entre otras cosas en tantos regalos.

¿Se cree superior a los demás?
Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, Siempre. Él es el más
inteligente, el que mejor sabe vivir, el que goza
realmente de la vida, el que más ama, el que más se
consagra en el amor. Etc.

¿Todos deben girar a su
alrededor según sus deseos? Dé un ejemplo o cuente una
anécdota.

Absolutamente. Por ejemplo, los
fines de semana en que venían nuestros hijos (dos de él y
dos míos) a veces con sus parejas, él digitaba todo. Quién
ponía la mesa, qué se comía, si se miraba tele o no, quien
hacía la ensalada, quien lavaba los platos, el programa
completo, sin saber ni preguntar qué quería hacer cada
uno. Entre nosotros lo mismo. Él proponía y decidía,
cuándo salíamos, cuándo recibíamos gente,  a quiénes, etc.
Sin importarle nunca lo que yo decía. Es más, si yo decía
esto no hoy, o aquello, había una gresca descomunal. Así
que después de unos años, aprendí a callar y a decir a
todo que sí, pero aún así, se seguía enojando-

¿Hace lo que quiere sin
importarle las consecuencias? Dé un ejemplo o cuente una
anécdota.

Sí, desde el año 2005 comenzó
con las amenazas de separación y como vio que yo me ponía
muy mal, abusó del recurso. Con gritos, con escenas,
diciendo me voy a casa de mi padre y no me ves nunca más,
etc- Cuando escuchó que yo le dije, bueno, andate, ahí
tenés la puerta, empezó a decir que lo había pensado
mejor, que nos ibamos a separar, pero dentro de la misma
casa porque no tenía adónde ir y que viviríamos en cuartos
separados, y que no nos dirigiríamos la palabra- Eso lo
hacía sobre todo porque a mí me ponía muy mal que no nos
habláramos o que siguiéramos enojados después de una
discusión. Lo que sí no midió las consecuencias. Un día me
cansé y tuvo que irse. Como es tan omnipotente, creyó que
ese día nunca llegaría.

Empatía: ¿Le importa los
sentimientos del otro? Dé un ejemplo o cuente una
anécdota.

No, para nada. Él podía verme
llorando, destruida y le daba igual. Tomaba el auto y
salía o si lo llamaban por teléfono hablaba como si nada,
se reía, estaba todo igual que siempre. Pero hubo cosas
más graves vistas hoy, por ejemplo, el mismo día de
nuestro casamiento, en la fiesta, él no me hablaba, reía
con todos y a mí no me hablaba o me contestaba de muy mala
manera, yo no sabía ni supe nunca por qué se enojó, pero
claro, estábamos en la fiesta de nuestra boda, era
demasiado fuerte para mí. Sobre todo tener que disimular
ante mis hijos, mis amigos, mi familia, que todo estaba
bien.

¿Manipula? Dé un ejemplo o
cuente una anécdota.

De mil manera distintas. En
todas nuestras discusiones, yo terminaba pidiéndole
perdón, después de que él había hecho los agravios. Para
que se le fuera el enojo, yo terminaba diciendo cosas que
no eran, pedía perdón diciendo que la culpa era mía porque
no lo consideraba como él necesitaba, que él tenía razón,
que  yo me enojaba o me fastidiaba fácilmente, etc etc. Y
entonces él se salía con la suya, de lo que fuera, de usar
un dinero de los dos para él bajo promesa de que lo
devolvía en pocos días (a veces devolvió y otras no) o
comprar cosas que no necesitábamos pero que eran su
capricho, etc-

¿Seduce? Dé un ejemplo o cuente
una anécdota.

Sí, muy bien.  Él seduce
actuando, histriónicamente. Adelantándose a lo que uno
desea, diciendo las palabras hermosas que uno espera. Con
galanterías, etc. Pero hay cosas que no se creen, porque
el desplegó conmigo la seducción cuando él tuvo ganas,
después se empezó  a mostrar. Por ejemplo, yo cargaba las
cosas pesadas porque él tenía la espalda destruida, por el
mismo motivo no lavaba un plato en algunas épocas, etc. Y
ahora, en este último tiempo en que se fue de casa pero
todavía tenía esperanzas de que todo volviera a ser lo que
era, no me dejaba levantar nada, se adelantaba a mí, etc.
Es decir, sabía lo que era correcto, lo que era una
atención, pero la ponía en práctica especulativamente,
ahora que tenía miedo de perder lo que tenía.

¿Miente? Dé un ejemplo o cuente
una anécdota.

Yo me decía: no dice mentiras.
Hasta que me puse a pensar y me dije claro que miente.
Todo el tiempo. Miente cuando promete cosas que no cumple,
cuando  me dice que se va a poner las pilas y va a
trabajar mucho y no lo hace, cuando pide dinero
prometiendo devolverlo en tal fecha y no lo hace. Miente
con los actos.

¿Actúa para conseguir lo que
quiere? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Se enoja, no me habla, o me
destrata, o me hace sentir culpable. Hasta que logra su
objetivo.

Coerción: ¿Usa la agresión
física para conseguir sus objetivos? Dé un ejemplo o
cuente una anécdota.

No. Física no.

¿Usa la agresión psíquica para
conseguir sus objetivos? Dé un ejemplo o cuente una
anécdota.

Muchas veces. Generalmente
cuando había otros en la casa, sus hijos y los míos o
amigos, él se sentía desplazado en la atención, y entonces
se enojaba por cualquier cosa y dejaba de hablarme o me
contestaba de mala manera. El sabía lo que provocaba esto
en mí, me sentía muy mal delante de todos, no podíamos
hablar ni aclarar lo que ocurría, y él parecía regodearse
en eso. Disfrutarlo. Hasta ocultaba una sonrisa si me veía
llorar, o ponerme tensa.

Parasitismo: ¿Vive del esfuerzo
de otro? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí. Se recuesta en quien puede.
Usa la obra social de su primera mujer, por ej aunque
están divorciados porque ella no lo dio de baja. Le pidió
mil veces dinero al padre y nunca lo devolvió. A su ex
esposa le embargan el sueldo por préstamos de él que nunca
pagó. Ahora él le está devolviendo el embargo. A mí me
debe mucho dinero que supuestamente me irá pagando cuando
pueda.

¿Usa a las personas? Dé un
ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, las usa sin diplomacia
siquiera. No tiene amigos con quienes comparta cosas en
serio. El arma planes de cenas o encuentros, pero a la
hora de conversar de verdad, de compartir cosas, está
solo. Recurre a la gente cuando quiere algo, la adula,
tiene un estilo, sobre todo para pedir plata, si él está
muy necesitado, no va a decir como diría yo, mirá estoy en
un apuro, o no tengo un peso, no, él dice que tiene que
cobrar un caso (de mucho monto) y que se demoraron en el
cheque y que va a perder un negocio importante. Si le
dicen que no, arremete con otro. Si le dicen que sí no da
ni las gracias.

¿Logra distorsionar los valores
y principios de los demás? Dé un ejemplo o cuente una
anécdota.

Sí, a mí logró convencerme
durante un tiempo que yo era una anormal, porque me
acostaba temprano y no tomaba nada de alcohol.

¿Es insensible? Dé un ejemplo o
cuente una anécdota.

Aparenta ser muy sensible, se
emociona con películas hasta las lágrimas, de hecho hemos
llorado juntos varias veces ante una película buena-

¿Es cruel? Dé un ejemplo o
cuente una anécdota.

A veces sentí su crueldad en una
mirada, en un gesto, en palabras ofensivas. No lo he visto
realizar actos de crueldad de otro tipo.

¿Humilla y desvaloriza? Dé un
ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, llegó a decirme los insultos
más bajos, él, que supuestamente es un defensor de la
mujer frente a la violencia de género. Me humillaba, me
descalificaba. Yo siempre le digo que él es dos personas,
el bueno y el malo. Cuando predomina el •”bueno”
cariñoso,  elogia las cosas que hago, me halaba, cuando se
enoja, desmerece todo y me dice que lo único que me
importa son mis cosas y que no sé amar, que no me entrego,
que soy una egoísta.

¿Extraña, echa de menos? Dé un
ejemplo o cuente una anécdota.

Supongo que no. Llegué a ver
cómo se peleaba con parientes y al otro día los borraba de
su vida como si no hubiesen existido. 

¿Crea tensión y agotamiento en
la relación con otras personas? Dé un ejemplo o cuente una
anécdota.

Sí, es muy verborrágico, siempre
quiere ser centro, llamar la atención y agobia a mucha
gente, hasta a su propia hija.

¿Crea relaciones adictivas,
dependientes? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, conmigo. Yo tuve una
adicción fuerte con él. Lo amé y lo odié, lo necesité.
Sentí muchas veces que no era el hombre adecuado, o que me
quería separar de él que ya no soportaba, y a los pocos
minutos, mientras estaba pensando eso, había un
sentimiento fuerte, fuertísimo, que desbarataba mi
intención y me decía que no podía vivir sin él. Antes de
leer su página y leer su libro, un día –después de
separarnos-. le dije a un amigo, “con él estoy mal, pero
sin él estoy mucho peor. Tiene cosas malas, pero quién no
las tiene, siento que sin él me muero”. Sin embargo, pudo
más una voz interior que me decía que no aflojara, que era
el único camino, separarme de él, no verlo.

¿Desea agregar algo más?


Lo hice al comienzo,

 

 

 

 


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Sobre el autor

Hugo Marietan

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Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

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