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Noticia


Psicópata chilena: La
Quintrala

 

Presentaría rasgos psicópatas y sociópatas al mismo
tiempo.

Criminólogos califican como “caso único” el de María del
Pilar Pérez

Según expertos, la inculpada registra una peligrosa mezcla
de narcisismo, bipolaridad eufórica y psicosis.

Por Catalina Caro, Fuente: El
mercurio.

“Los peritajes psicológicos que pueda
pedir la fiscalía que se le hagan a María del Pilar Pérez,
probablemente a través de un diagnóstico, explicarán este
caso en particular, pero no servirá para otros, porque es
muy difícil que otro caso sea como éste, que es tan sui
géneris, como el del psicópata de Austria, que mantuvo
encerrados a sus hijos por años en el sótano de su casa”,
explicó la criminóloga María Angélica Jiménez, al
referirse al caso de la llamada “La Quintrala”.

María del Pilar Pérez se convirtió en
un caso digno de análisis luego de descubrirse que, tras
la muerte de Diego Schimdt-Hebbel, existía un sicario,
contratado por Pérez para asesinar a su cuñado.
Posteriormente, a “La Quintrala” se le comenzó a
investigar por el asesinato de su ex marido, Francisco
Zamorano, y de su pareja homosexual Héctor Arévalo, además
por los encargos de matar a su nuera, a la madre de ésta,
y a un ex novio.

Para la criminóloga, todos estos
antecedentes permiten descubrir en este caso
“características muy particulares”, que son muy poco
repetibles. “Si tratas de encontrar dos casos iguales a
éste, lo más probable es que no encuentres ninguno”, dijo
Jiménez.

Para el psicólogo criminalista Eric
Marín, pese a lo particular de este caso, María del Pilar
Pérez calza con los rasgos del “psicópata clásico, llevado
a su máxima expresión”, caracterizándose como aquel
individuo que sufre y hace sufrir a otros.

Esto se explica porque Pérez trataría
de “manejar emocionalmente al mundo que la rodea. Ella
espera que este mundo esté ordenado en virtud de sus
propias leyes; entonces, cuando el mundo no funciona como
ella espera, se generan estas crisis de violencia
extrema”, explicó Marín.

Según el experto, María del Pilar no
ve como algo negativo lo que hace, sino que ella
simplemente da cumplimiento a las normas que considera son
las más óptimas. “Ella piensa que está haciendo justicia a
través de sus propias leyes”, dijo el psicólogo.

Marín agregó que una de las
características de los psicópatas es el tener un
“narcisismo maligno”, sintiéndose seres superiores,
creyendo incluso que están por sobre la vida de las
personas que los rodean.

La criminalista Doris Cooper
coincidió en calificar este caso como “muy particular”,
señalando que para ella Pérez presentaría dos tipos de
psicopatías. En primer lugar, una narcisista, en donde
percibe a los actores sociales en torno a sí misma, viendo
al resto de los individuos como objetos que giran en torno
a sus intereses. Y segundo, psicopatía sociópata,
permitiéndose sentir odios profundos, careciendo de un
control social internalizado, lo que la llevaría a dar
rienda suelta a su violencia.

Además, Pérez presentaría una
“bipolaridad eufórica”, en la que lo que predominaría en
su estado psiquiátrico es la euforia, lo que implica que
ella tenga períodos de gran ira, odio y rabia
incontenible, con una violencia que la mayoría de las
veces se desencadena en la comisión de homicidios. “Esto
es psicosis; vale decir, una enfermedad mental profunda;
no es un rasgo de personalidad, sino que tiene una carga
genética que es absolutamente incontrolable y se presenta
por episodios, que si no son tratados por un psiquiatra,
pueden llegar a cometer actos horrendos”.

 

Homicidios

Tres asesinatos se habrían cometido
por encargo de Pérez. El sicario Ruz también sería un
psicópata

Mario Ruz, el hombre a quien María
del Pilar Pérez habría contratado para asesinar a su
cuñado, no sería un verdadero sicario.

Para la criminóloga Doris Cooper, Ruz
sería más bien “otro psicópata, con un problema depresivo
endógeno que lo hace muy vulnerable ante una
psicótica-bipolar eufórica (como Pérez), porque al ser muy
dominable es una persona a la que se le puede convencer
fácilmente”. Por ello, Ruz había aceptado cometer el
delito por dinero debido a que tenía deudas.

Para Cooper, los verdaderos sicarios
son personas que desde la infancia tienen una preparación
especial para desenvolverse en ese ámbito, principalmente
en las redes del crimen organizado, tomando esta labor
como un trabajo profesional. Además, a diferencia de Ruz,
no se trataría de personas vulnerables ni fáciles de
manipular.

 

Los amores y odios de Pilar Pérez

La Quintrala, la mujer acusada del asesinato del joven
ingeniero

Las peleas familiares por la herencia del padre, el
fracaso de su primer matrimonio y las tortuosas relaciones
con sus hijos y hermanas marcan la vida de María del Pilar
Pérez López.

Por Consuelo Argandoña , Claudia Urzúa y Jacmel Cuevas

15/11/2008

Era un rito entre ambas. La
arquitecta María del Pilar Pérez López (56 años) llamaba
por teléfono a su hija mayor, Rocío Zamorano, cuando
corrían los primeros minutos del día de su cumpleaños.
Pero el pasado jueves 6 de noviembre no lo hizo.

La joven se extrañó, pese a que la
celebración de sus 30 años no tendría nada de festiva.
Toda su familia estaba bajo la impresión de la muerte de
Diego Schimidt-Hebbel, el pololo de su prima María Belén
Molina Pérez. El día anterior, un desconocido le había
disparado cuando Diego forcejeó con él para impedirle la
entrada a la casa de los Molina Pérez, supuestamente para
robar.

Pero, al margen de la tragedia
todavía fresca, Rocío sabía que no podía descuidar a su
madre, siempre al borde del colapso depresivo. A primera
hora fue a verla a su casa y la encontró profundamente
dormida, bajo los efectos de tranquilizantes. “Mi mamá ya
está de nuevo con la tontera”, comentó. A esa hora, no
tenía cómo saber que la mujer había ingerido una
sobredosis de calmantes y que sería detenida a las 23.10
horas por su participación en el homicidio de Diego.

Ahora, ella y su familia se están
enterando de indicios y detalles que apenas pueden
soportar.

Además, desde el lunes 10, María del
Pilar Pérez López está siendo investigada por homicidio
frustrado en contra de su cuñado Agustín Molina, casado
con su hermana Gloria, el verdadero objeto de su odio.
“Déjalo inválido, muy mal o hecho bolsa”, le habría
indicado a Mario Ruz, el hombre que aseguró que ella lo
había contratado para eliminar a Molina, y que terminó
asesinando a Diego Schmidt-Hebbel. Por este crimen también
tendrá que responder, en calidad de autora intelectual de
homicidio consumado.

El jueves 13, la mujer fue trasladada
desde el hospital de la Penitenciaría hasta el Centro
Penitenciario Femenino, donde cumple prisión preventiva.

Hasta ahora, era “La Pocha” para sus
familiares. Acelerada, siempre con una bolsa de tejido a
crochet a la mano, divertida y buena para echar garabatos.
Hasta que diversos dolores, quiebres y frustraciones
gatillaron un cambio irreparable en ella.

Dos caras

María del Pilar Pérez es la hija
mayor y predilecta de José Pérez Pérez, un emigrado
oriundo de Galicia que llegó a Chile en los años 40 desde
Argentina. Pérez instaló una panadería en la esquina de
Seminario con Rancagua, la cual funcionó hasta 2001, dos
años después de su muerte.

Desde niña, la arquitecta fue muy
unida con sus hermanas menores: Magdalena (54), médico
obstetra, y Gloria (51), dueña de casa. Las tres
estudiaron en el Colegio Mariano de Schöenstatt. Existía
la sensación de que el padre era muy estricto y que las
niñas le temían.

María del Pilar, líder entre sus
hermanas, llegaba a clases de punta en blanco, con sus
útiles escolares en perfecto orden. Antes que agresiva,
parecía tímida.

La misma impresión dejó entre sus
compañeros de Arquitectura en la Universidad Católica,
donde ingresó en 1971. “Era bonita, seria, muy formal.
Destacaba porque se vestía muy bien, entre todos los demás
que andábamos bien hippientos”, comenta un ex compañero.

No hay recuerdo universitario sobre
María del Pilar Pérez que no la asocie con su eterno
pololo: Francisco Zamorano, quien sería después su marido
por 15 años, padre de sus hijos Rocío (30) y Juan José
(27), y una de las peores sospechas que ronda acerca de la
mujer. Que el tiro en la cabeza que recibió, junto a su
pareja Héctor Arévalo, en abril de 2008, también haya sido
ordenado por ella.

El primer dolor

Son los primeros años de los ’80 y
Pilar siente que su vida está hecha: en 1976 se casó con
Zamorano, en 1978 se tituló de arquitecta y ya tiene a sus
pequeños Rocío y Juan José. Con su marido remodelaron la
casa de Seminario 95, a gusto de arquitecto, con un gran
dormitorio principal que tiene una pared completamente
cubierta de espejos y un baño oculto tras ellos.

Hasta entonces, todo iba bien con
ella, pero su grato aspecto empezaba a mostrar trizaduras.
“Iba de arrogante por la vida y, generalmente, roteaba a
la gente”, señala una hermana de Francisco Zamorano, que
desconoció por años el largo pololeo que sostuvieron.

La arquitecta trabajó desde siempre
en su profesión. “No era de grandes obras o de proyectos
nuevos, sino más bien de remodelaciones”, explica un
ingeniero que colaboró con ella durante siete años. En los
últimos años se dedicó a la refacción de moteles y cafés
con piernas.

Pese a que sus colaboradores pasaban
mucho tiempo con ella, poco sabían de su vida privada. No
se enteraron, por ejemplo, de su separación de Zamorano,
en 1991. Ni menos de las razones. Eso se lo guardó.

El dolor lo hizo visible cuando su
marido -del que no se divorció- fue asesinado este año
junto a Arévalo: al funeral no pudo ir, pues sabía que los
Zamorano no la querían. En su ausencia, su ex marido fue
sepultado en el mausoleo de los Pérez, en el Cementerio
General, diseñado por ambos en los tiempos felices. Días
después sufrió un ataque de llanto frente a la cripta.

Pero María del Pilar ya había hecho
crisis nueve años antes, cuando perdió a uno de los
hombres más importantes de su vida: su padre, quien la
nombró heredera de, al menos, el 60% de sus propiedades.

En 1999, después de un largo
padecimiento del mal de Alzheimer, José Pérez Pérez murió
en casa de los Molina. Su fallecimiento coronó la serie de
disputas por temas financieros que mantenían su esposa,
sus tres hijas y su cuñado, Agustín. El y María del Pilar,
como hermana mayor, rivalizaban hacía un tiempo por la
conducción del pequeño imperio inmobiliario que José Pérez
había formado en calle Seminario, compuesto por una
veintena de propiedades. Entre ellas, la panadería.

Los vecinos comentan que a la
arquitecta no se le permitió visitar a su padre enfermo.
Algo que nunca le perdonó a Agustín y Gloria. Rafael Felip,
la pareja que tuvo después de separarse de Zamorano,
declaró ante la fiscalía de Ñuñoa que “nos dimos cuenta
que (…) los cuidados no eran de enfermeros
profesionales, que lo estaban matando de hambre y por eso
tuvimos fuertes peleas con su madre y con su hermana
(Gloria)”.

Según cercanos a la familia, la
arquitecta despreciaba el origen humilde de su cuñado,
quien se mudó desde su España natal después de conocer y
enamorarse de Gloria durante un viaje de ésta. Se casaron
en 1979. “Don José le dio trabajo y, de a poco, empezó a
tomar un fuerte rol en los negocios. Ahí empezaron los
problemas”, dice un vecino.

La relación familiar entre las
hermanas se quebró el 2000. Pese a todo, María del Pilar y
Gloria siguieron siendo vecinas en el inmueble compuesto
por la panadería y dos casas-departamento: la primera en
Seminario 95 y la segunda, en el número 97 con su familia
y la madre de ambas, Aurelia López, quien hace años que no
sale de la casa.

Los hijos de ambas, que siempre han
sido amigos, no han dejado de verse. Esta semana se
juntaron para ratificar su intención de permanecer unidos
pese a todo. De hecho, Diego Schmidt-Hebbel, pololo de
María Belén Molina, conocía a Juan José.

La debacle

Desde 2002 en adelante, la vida de
María del Pilar Pérez es una sucesión de conflictos,
quiebres y dramas. Ese año se desarrolla la ruptura
amorosa más conflictiva de su expediente personal. Su
pareja de entonces, el arquitecto Rafael Felip, interpuso
una querella ante el 17 Juzgado del Crimen por intento de
asesinato. Alegó que la mujer había contratado a Williams
Martínez, un conocido de ambos, para que lo asesinara por
$ 2 millones y que éste se lo había confesado todo.

Ese mismo día, el 6 de julio de 2002,
Felip abandonó a Pilar. “Alrededor de la 1.45 de la mañana
llegó Carabineros junto a mi ex pareja explicándome que
(éste) había dejado constancia en la unidad para retirar
sus efectos personales y hacer abandono de hogar. (…)
Deseo acreditar que todo esto es un invento y lo
acreditaré con documentación y pruebas”, declaró Pérez en
la causa que el 2005 fue sobreseída.

La espiral de desencuentros continuó.
En 2005, su hija Rocío Zamorano pidió hora en dos oficinas
del Registro Civil para evitar que su madre interrumpiera
su matrimonio con Rodrigo Arroyo, a quien ella no
aprobaba.

En 2007 vendría otro quiebre
doloroso. Su hijo Juan José también se casó sin su
consentimiento, y a comienzos de año rompió relaciones con
ella después de que ésta empujara por las escaleras a su
esposa, Monserrat Hernando. Según los vecinos, ya había
usado el método de las escaleras con su propia madre, para
finalizar una violenta discusión poco antes de que muriera
su padre.

La ruptura con Juan José fue tan
definitiva que el joven no vaciló en declarar contra su
madre al inicio de la investigación por el crimen de Diego
Schmidt-Hebbel, comentando lo que había ocurrido con su
esposa. Por esta causa, la arquitecta será formalizada el
lunes por homicidio frustrado.

Perder a su hijo, después de su
padre, la sumió en una depresión profunda, que combatía
con medicamentos. Nada, sin embargo, atemperaba su mala
relación con Agustín Molina, especialmente después del
acuerdo extrajudicial que redistribuyó la herencia paterna
y lo dejó a él en mejor posición. María del Pilar Pérez
adelgazaba a ojos vista, a puro dolor y odio. Este
invierno, una vecina le recomendó que tomara suplemento
alimenticio, porque “estaba pesando como 30 kilos, flaca,
flaca”.

El desenlance de su historia se
produjo, sin embargo, de la manera más violenta, cuando
Mario Ruz, supuestamente cumpliendo sus órdenes, asesinó
por equivocación a un ingeniero joven y prometedor. El
jueves 6 de noviembre fue detenida en su casa de Seminario
95. Estaba inconsciente y acompañada de Julio Castillo, su
pareja desde 2004. A los pies de la cama, Baltazar y
Cleopatra, sus perros.

Ayer recibió su primera visita en la
cárcel. Por cerca de una hora, la imputada estuvo con un
familiar cercano, quien le llevó ropa y sus lentes para
leer. Vio su cara en televisión y hojeó los diarios. Leyó
su sobrenombre de “Quintrala” en la prensa y se manifestó
“sentida” por los comentarios de algunas personas que la
conocen, como el cantante Luis Dimas, quien le arrienda un
departamento. Su carácter afloró de inmediato y pidió a
sus representantes que le pidan el departamento al
artista.

En estos días de encierro, María del
Pilar ha alegado inocencia, se ha sentido abandonada y ha
dicho que es su familia la que la quiere perjudicar. Para
ella, la batalla continúa.

 

 

 


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Sobre el autor

Hugo Marietan

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Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

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