Dr. Hugo R. Marietán

D


 Principal ]
Artículos ] Psicopatía ]
Esquizofrenia ]
Docencia ]
Poesías y cuentos ]
Otros Autores ]
Curso de Psicopatía a Distancia ]
Semiología Psiquiátrica ]
Enlaces ]
Cartas
comentadas
 ]

Depresión ]

Sólo para estudiantes y profesionales de la Salud

 

 Curso
sobre psicopatía 1, año 2004

Director Hugo Marietán


marietanweb@gmail.com


www.marietan.com

Derechos internacionales reservados

 

 

 

Entrega 20.
La responsabilidad legal del psicópata ¿Cuál es la
utilidad del psicópata para el grupo? Consideraciones
sobre la psicopatía. Conclusiones

 

 


 


Con esta entrega finalizamos este curso sobre psicopatía,
es más que probable que continuemos con otro curso durante
este año para hablar de los distintos casos de psicopatía,
ya sobre la base de este curso. Quiero agradecer a todos
los que participaron y a aquellos que me enviaron sus
inquietudes y dudas, también a los directivos de Sandoz y
GTV  y  a las autoridades  de las instituciones que me
avalaron. Espero haberles sido de utilidad en este primer
paso de este complejo tema de la psicopatía. Gracias a
todos.


 


 


 



La responsabilidad legal del psicópata


Genovés(3) se plantea el interrogante ¿el psicópata es
responsable de sus actos? Y para ello establece tres
pruebas para estimar el grado de responsabilidad de una
persona en sus acciones criminales:


1. No puede ser declarado a priori insano, si no es con un
peritaje previo. La regla principal es que un imputado
está cuerdo hasta que se demuestre lo contrario. Si nos
basamos estrictamente en lo legal, los psicópatas son
responsables, ya que conocen perfectamente las normas, al
igual que todos los demás. En cambio si nos referimos a lo
estrictamente moral, el prejuicio se vuelve más ambiguo,
porque el psicópata carece de apego emocional y sentido de
culpabilidad.


2. Impulso irresistible. Esta regla afirma que el sujeto
puede conocer la diferencia entre el bien y el mal, pero
tener el impulso irresistible de cometer el acto. Esto no
es compartido por todos, ya que algunos encuentran
ambigüedad en la definición de irresistible al impulso.
Impulso implica espontaneidad (incapacidad para demorar la
gratificación) y en algunos casos el psicópata prepara
cuidadosamente su crimen durante largo tiempo antes de
cometerlo.


3. Se propone que el sujeto no es responsable
criminalmente si su acción delictiva es producto de su
enfermedad o su tara mental. En Estados Unidos, por
ejemplo, en el modelo del Código Penal de 1962, se expone
que una persona no es responsable de una conducta
criminal, si en el momento de realizar tal conducta tiene
disminuidas sus capacidades fundamentales para ejercer la
criminalidad por la conformidad de su conducta con la ley,
como resultado de un trastorno o tara mental.


O sea que hay tres posibilidades en teoría que la ley
ofrece en los tribunales mundiales y son las siguientes:


a) Responsabilidad total: castiga a un individuo anormal
del mismo modo que al normal;


b) Responsabilidad atenuada: no hay solución plausible, ya
que después de una corta estancia en prisión encuentran
mejores condiciones para volver a delinquir.


c) Exención de responsabilidad: equipara al psicópata como
un enajenado debiendo ingresar a un hospital psiquiátrico.
En Estados Unidos, el Tribunal Supremo (sentencia de abril
de 1988) dice que el concepto estadístico de considerar la
psicopatía como una desviación del comportamiento, tiende
en la actualidad a ser sustituido por una anomalía
estructural de la personalidad y por ello como auténtica
enfermedad mental, tal y como la consideraba la
Organización Mundial de la Salud. Y en su virtud reduce la
pena por homicidio en dos grados quedando rebajada a
cuatro años de prisión.


 


 



En Argentina


El hecho de no ser consideradas personas enfermas, abre
una polémica dentro del campo de la medicina legal.


La postura actual es no considerarlos personas enfermas.
En ocasiones ciertas conductas los ponen en contacto con
el sistema judicial (robos, violaciones, homicidios,
etcétera). Pueden discernir y entender la criminalidad de
sus actos y dirigir sus acciones, en consecuencia son
responsables por lo que hacen. No entrando en las
condiciones de inimputabilidad del artículo 34 del C. P.
(no son enfermos) siendo, por lo tanto, punibles.


El doctor Vicente Cabello, médico legista argentino,
sustenta otra postura. Opina que ante toda psicopatía debe
investigarse exhaustivamente la posibilidad de una noxa
cerebral. Considera que son personas enfermas, la conducta
que tienen no es porque sí, sino que es producto de su
enfermedad, en consecuencia, para esta escuela, son
inimputables.(16)


 



¿Cuál es la utilidad del psicópata para el grupo?


Podemos especular el por qué de
la existencia de los psicópatas, cuál es su valor social.
Tal vez estas personas sean un reaseguro de la especie,
del grupo. Ante una emergencia
alguien debe
responder con características no habituales para hacer
frente a la situación totalmente anómala, imprevista o
extraña. Así, en un caso de guerra, aquel que es tildado
de desalmado, cruel e insensible es el héroe. Es aquel que
va al frente, que asume riesgos que el grueso no, se
arriesga, y lleva adelante acciones que la mayoría no se
animaría a realizar, es el comando de un grupo de guerra.
O sea, esa potencialidad que es totalmente desfavorable en
tiempo de paz, y puede llevar a esta persona a desarrollar
conductas muy agresivas a su entorno, (delincuencia,
criminalidad, etcétera), es la misma.
que en situaciones anómalas se ajusta perfectamente
a los requisitos de emergencia que tienen que solucionar.
Los psicópatas serían parte de la reserva del grupo en
caso de emergencia, pero en
estados normales
son absolutamente chocantes para
la sociedad.


Estas personalidades atípicas pueden tener cierta
adaptación a la sociedad, como el caso del psicópata
insensible que puede convertirse en un arrojado policía,
un buen militar, un torturador, un gobernante para tiempos
de crisis, un talentoso deportista, un excelente cirujano.
La anticipación del peligro, el miedo, no los inhibe para
la acción. Y son, en consecuencia, refractarios al
condicionamiento adversivo.


También el psicópata es al que le encargamos hacer el
trabajo “sucio”: es al que llaman para torturar, para
eliminar masas de gente  de un país, para hacerse cargo de
la “represión brutal” contra una fracción revolucionaria o
los delincuentes, o es el revolucionario al que alientan
los que desean un cambio radical en un país; es el militar
al que le hacen quemar una aldea, o lo hacen infiltrar
como espía en el bando contrario, es el policía al que
llaman para que se tirotee con los delincuentes, es el
abogado al que contratamos para que con sus artimañas nos
haga zafar de un delito, o al político que lo dejamos que
modifique todo el sistema económico, es el empresario que
con sus manipulaciones, amenazas, coimas y sobornos
dejamos enriquecer. Y luego, superada la crisis o la
emergencia,  y a veces, los juzgamos por criminales o
estafadores o transgresores
.


 


A modo de conclusión

 



Consideraciones sobre la psicopatía



 
Los
valores tienen su origen en las necesidades sociales. La
suma de experiencias individuales y del grupo van formando
aquellos sedimentos de patrones de conductas deseables que
constituyen los valores.
Estos valores son transmitidos del entorno al individuo a
través de la familia, la escuela. Conceptos externos al
individuo son introyectados, asimilados y luego pasan a
ser parte del propio individuo. Pasan a convertirse en
“sus valores”. Esto le permite tener una conducta ajustada
y no discordante con su entorno. Por supuesto que hay un
rango de ajuste, y también un rango de desajuste tolerado.
Son aquellas pequeñas desviaciones a los “valores bases”.
Es decir que en toda sociedad existe la posibilidad de
tolerancia a pequeñas desviaciones a las normas.


La comunidad, el hecho de pertenecer a un grupo, significa
para el individuo un resguardo, un sistema de seguridad.
En ese grupo, él va a tener un deber, una responsabilidad
y deberá seguir un código. A cambio de eso el grupo, a su
vez, lo protege de circunstancias que pueden ser riesgosas
para un solo individuo. El deber, entonces, es la
responsabilidad del individuo frente el grupo, es un hecho
extrínseco, objetivable; se sabe si tal individuo cumplió
o no con su deber, si ha sido responsable o no.


Luego están los principios personales, los códigos propios
de cada individuo, eso es interno y solamente él tiene en
cuenta, para sí mismo, si ha cumplido o no con sus
principios. El código personal, los propios principios, es
absolutamente subjetivo. No cumplir con esos códigos
individuales genera culpa. Así en ocasiones, se puede
faltar al deber, ser irresponsable desde el punto de vista
objetivo y desde el punto de vista de la mirada del grupo
hacia el individuo. Pero, para él, si ese acto o esa
acción que cometió tiene una justificación personal,
privada, coherente con su código personal, no manifiesta
para sí mismo culpa, no se siente culpable.


Existen, por un lado la ley, las normas, y por otro lado
las ambiciones del individuo. Las ambiciones individuales
deben encajar o seguir las reglas de juego, los códigos de
la sociedad para conseguir un equilibro adaptativo. Hay
límites a la ambición. La sociedad tolera ciertos errores,
pero no la ostentación del error.


La sociedad tiene una limitación y un permiso que es
explícito y corresponde a las normativas, a las leyes.
Luego hay un permiso tácito, implícito, que no está
escrito, que hace que se toleren algunas desviaciones a la
norma.


¿Por qué al psicópata no le importa sortear las normas?
Porque necesita satisfacer sus “necesidades atípicas”.
Porque sobredimensiona sus posibilidades, su
ingenio o su suerte por un optimismo ingenuo o lúdico:
“esta vez no me van a agarrar”, o “esto me va a salir
bien”, o por un costo – beneficio aceptado. Es decir, por
asumir un riesgo que puede tener una consecuencia grave,
pero que el resultado de esa acción vale el llevar
adelante el riesgo. Ser optimista es fantasear en una
proyección virtual hacia el futuro con un resultado
positivo. El optimismo está relacionado con la ensoñación.
Ésta es parte del trabajo psíquico que consiste en
utilizar la imaginación como campo de proyección de
posibles acciones a realizar.


El psicópata no transgrede las normas. Transgredir es
valorar (conocer y sentir) las normas y a pesar de ello
sortearlas. El psicópata ve a las normas como un obstáculo
a sus ambiciones. La norma no le genera el temor
inhibitorio que a la mayoría de las personas. La norma
tiene un enunciado y un significado por sí (explícito) y
por la amenaza (implícita) que implica su no seguimiento.
Es decir, en toda ley hay una amenaza, una apelación a las
consecuencias negativas que pueden ocurrirle al individuo
de no seguirlas. Subyace una prohibición, un daño a futuro
para aquel que no la cumpla.


Toda ley, toda norma, genera temor e implica la
posibilidad de castigo. La ley está hecha para domar, para
doblegar y para condicionar las conductas instintivas de
los individuos y entornarlas con el siguiente lema “Si
quieres pertenecer a este grupo, estas son las reglas. Si
se cumplen las reglas estás dentro, si no las cumples
estás fuera”. El psicópata tiene la particularidad de
estar dentro del grupo y de sortear alguna de sus normas
pero no todas, de lo contrario sería desplazado del grupo.


¿Hasta cuándo sucede esto? Hasta que en algún momento se
extralimita fuertemente y es “descubierto y señalizado”.
Un personaje poderoso, ya fallecido, seguía un concepto
sobre el poder. Él decía “el poder es tener impunidad, es
hacer sin temer las consecuencias”.


El psicópata es siempre otro, no hace un insight,
es decir, no hay un darse cuenta. Él no es consciente de
su propia psicopatía.


¿Es el psicópata un inmaduro que se quedó en la etapa
adolescente de su desarrollo? A veces, algunos psicópatas
dependientes parecen contestar sí a esta pregunta, o algún
tipo de asunción de riesgo “infantiloide” parece confirmar
este punto.


Los psicópatas son refractarios a los estímulos, tanto a
los estímulos negativos (castigos, penas, contra
argumentaciones a la acción en apelación a las normas),
como también, y esto es poco notado, son refractarios a
los estímulos positivos (cariños, recompensas, suavización
de las penas, apelaciones a lo afectivo). El psicópata no
modifica su conducta por ninguno de los dos estímulos, ni
positivos ni negativos.


La mentira, para el psicópata, es una herramienta de
trabajo. La mentira es desvirtuar la verdad ex profeso,
con un objetivo “en mente”, con el objeto de conseguir
algo. La mentira siempre apunta a algo. Se miente para
evitar un castigo, se miente para conseguir una
recompensa, se miente para engañar a otro. Detrás de la
mentira siempre hay un rédito y esto lo diferencia de la
fabulación, que también es una transgresión a la verdad,
pero por el mero hecho de satisfacer el ego. Es lo que
utiliza el fanfarrón.


El psicópata puede sortear todo tipo de normas, pero no el
100% de las normas, sino sería rápidamente detectado y
eliminado del grupo. Puede sortear las normas, la ley
social, y convertirse en un delincuente, estafador o un
revolucionario. Puede no cumplir las leyes éticas, en
general, de la sociedad o puede tener conductas sexuales
como la prostitución, la homosexualidad y cualquier otro
tipo de perversión.


Dentro de las alteraciones de la ética, está su particular
relación con los otros seres humanos, que es la
cosificación del otro, que le permite utilizarlo como una
cosa, como un objeto de intercambio o de utilidad. Esta
cosificación es lo que explica, tal vez, llegar a torturar
o matar al otro. Hay distorsión en la forma de
autoestimulación, por eso el psicópata a veces cae en la
droga y el alcohol.


Algunas conductas psicopáticas pueden parecen ilógicas
(visto desde afuera), pero es perfectamente lógica para el
psicópata. Son lógicas distintas, son sistemas de
razonamientos distintos, códigos distintos y valores
diferentes basados en necesidades distintas.


La conducta psicopática puede, ser a veces, de mucha
inestabilidad frente a estímulos objetivamente pequeños
(para el normal), o al revés, el psicópata puede
permanecer con una conducta de mucha estabilidad, a pesar
de las fluctuaciones del ambiente, es decir, puede
permanecer sereno en situaciones que desestabilizan a la
mayoría.


El fracaso lo derrumba. Los momentos de crisis de los
psicópatas son producidos por frustraciones y fracasos.
Siempre coloca la responsabilidad de su fracaso o su
frustración, en lo otro, en lo externo (defensa
“aloplástica”). El éxito del psicópata en el medio social,
no asegura que se estabilice. En ocasiones después de
mucho esfuerzo, destruyen todo lo que han hecho, por un
acto banal. Esto es desconcertante para el “normal” que
observa esto, que ha seguido toda la trayectoria y el
accionar de la inteligencia de éste hombre exitoso y sin
embargo, por una tontería, destruye todo andamiaje. Los
casos resonantes de personajes internacionalmente
importantes, me eximen de más comentarios.


Dentro de los tipos de psicópatas, en su relación con el
sistema, están:


Los que aprovechan el sistema, para sacar beneficio
(estafadores menores, algunos políticos, especuladores);


Los que confrontan con el sistema dentro del sistema
(delincuentes, estafadores graves, criminales, políticos
extremistas, tanto de derecha como de izquierda);


Aquellos que quieren cambiar el sistema (los que se
marginan, y desde la marginación tratan de romper el
sistema).


Cualesquiera sea la pertenencia del psicópata en estos
tres grupos, siempre están contra el orden establecido.
Hay algo en el psicópata que le impide aceptar el orden
establecido. Así lo vemos al querellante fatigar
tribunales apelando una justicia que nunca termina de
convencerlo. Y si la “justicia” se demora o no es
suficiente ¿por qué no ser él mismo el que la ejecute?


El psicópata pude tener tres tipos de conductas:


a) Accionar normal: es su parte adaptada al patrón
conductal normal. No se le “nota” la psicopatía.


b) Accionar psicopático: es la manifestación de sus
conductas psicopáticas. La ejerce sobre determinadas
personas, complementarios o víctimas.


c) Tormenta psicopática: es la conducta psicopática
desestabilizada. De gran inestabilidad emocional y tensión
interna, que el psicópata trata de equilibrarla a través
del rito psicopático, grupo de conductas repetitivas (el
patrón conductual psicopático). Hay impulsos y
automatismos. Intensa descarga de la tensión interna sobre
lo externo. No puede parar sus acciones hasta lograr
reestabilizarse. La forma que toma esta desestabilización
dependerá del tipo y grado de psicopatía. Aquí es donde se
producen los homicidios seriales o extremadamente crueles,
las violaciones, destrucciones y también los suicidios. Es
donde el psicópata de tipo asocial deja su sello, su marca
personal.


El psicópata en general, se justifica a sí mismo en todas
sus acciones. Suele ser acusador y crítico. A la pregunta
¿por qué el psicópata no sigue las normas? La respuesta es
simple, porque las normas no se ajustan a sus deseos.


Este tipo de personalidades tienen un particular sentido
de la libertad. Ser libre es poder hacer sin impedimentos.
Poder optar. Las trabas a la expansión de la acción,
pueden ser internas o externas. Si estos seres minimizan
sus trabas internas (llámese represión, inhibición o
remordimiento) sólo les quedan las trabas externas. Si los
impedimentos externos no están corroborados por la propia
lógica ni tienen el peso de los sentimientos, a qué
seguirlos. Se convierten en algo artificioso, armado por
otros. Un como sí lúdico. Un juego donde se conocen las
reglas, los obstáculos, pero en el fondo es todo
fantochada. Es así un jugador sin impedimentos que conoce
los impedimentos.


¿No será este uso particular de la libertad lo que lo hace
seductor al apelar a las libertades reprimidas del otro?
Tal vez el psicópata busque detrás de las máscaras, de la
imagen, de la “persona”, al “animalito” deseoso y
encerrado que todos llevamos dentro y lo anime a
participar en un juego ambivalente de satisfacciones y
angustias.


Es campo de estudio del biólogo la variabilidad de la
especie humana (raro – común); del sociólogo el ajuste del
individuo en el grupo (adaptado – inadaptado); del
moralista (religioso, ético) valorar lo bueno y lo malo;
del legista juzgar las responsabilidades; del psicólogo
las motivaciones de la conducta individual. El médico debe
limitarse a su estricto campo que consiste en evaluar si
una persona está sana o enferma. Y, el psicópata, puede
ser raro, inadaptado, malvado, delincuente o tener una
conducta incomprensible, pero no es un enfermo.

 

Hugo Marietan, 1994,
actualizado a marzo de 2006, Buenos Aires, Argentina



 



 



Bibliografía:


1. Bruno, Antonio; “Personalidad perversa post
traumática”, tesis de doctorado, 1958.


2. Garrido Genovés, Vicente; Técnicas de tratamiento para
delincuentes, Ramón Areces, Madrid, 1993.


3. Garrido Genovés, Vicente; Psicópata; Editorial Tirant
Lo Blanch; Valencia; 1993.


4. Otto Kernberg, Diagnóstico Diferencial de la Conducta
Antisocial, Revista de Psiquiatría, 1988,volúmen 5, página
101 a 111, Chile


5. Bruno, A.; Tórtora, G.; ” Las psicopatías”, Psicología
forense, Sexología y praxis, año 3, vol. 2, Nº 4, año
1996.


6. Pinel, Philippe “Tratado médico filosófico de la
enajenación mental o manía”, Ediciones Nieva, Madrid 1988.


7. Schneider, Kurt, “Las personalidades psicopáticas”,
Ediciones Morata, 8º edición, Madrid, 1980


8. Laplanche, J., Pontalis B. “Diccionario de
psicoanálisis”, Editorial Labor, Barcelona, 1981.


9. Berrios, G. “Puntos de vista europeos en los trastornos
de la personalidad”, Comprehensive Psychiatry, Nº 1, 1993.


10. Bercherie, Paul, Los fundamentos de la clínica,
editorial Manantial, Buenos Aires, 1986.


11. Gregory R. L., Diccionario de la Mente, Editorial
Alianza, Madrid, 1955.


12. Marietán, H., Semiología psiquiátrica. Funciones
básicas. Editorial Ananké, Buenos Aires, 1996.


12b) Marietan, Hugo: Personalidades psicopáticas, Alcmeon
27, 1998


13. DSM IV, Editorial Mason, Barcelona, 1995


14. Oates, J., Babilonia, Ediciones Martínez Roca,
Barcelona, 1989.


15. Marietán, H., Semiología psiquiátrica. Grupos
sintomáticos. Editorial Ananké, Buenos Aires, 1998.


16. Cabello, V., Psiquiatría Forense en el Derecho Penal.
T3, Editorial Hammurabi, Buenos Aires, 1984.


 

 


Si desea dar su opinión o
aporte
escríbame a consultashm@gmail.com
o
click AQUI

 

Sobre el autor

Hugo Marietan

Agregar comentario

Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

Redes Sociales

Puedes seguirme en las redes sociales e interactuar conmigo.