Dr. Hugo R. Marietán

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Sólo para estudiantes y profesionales de la Salud

 

 Curso
sobre psicopatía 1, año 2004

Director Hugo Marietán


marietanweb@gmail.com


www.marietan.com

Derechos internacionales reservados

 

 

Entrega 19:


 



Mentiras


La mentira, para el psicópata, es una herramienta de
trabajo. La mentira es desvirtuar la verdad ex profeso,
con un objetivo “en mente”, con el objeto de conseguir
algo. La mentira siempre apunta a algo. Se miente para
evitar un castigo, se miente para conseguir una
recompensa, se miente para engañar a otro. Detrás de la
mentira siempre hay un rédito y esto lo diferencia de la
fabulación, que también es una transgresión a la verdad,
pero por el mero hecho de satisfacer el ego. Es lo que
utiliza el fanfarrón.


El psicópata suele mentir, pero hay que distinguir la
mentira banal de la mentira psicopática. El psicópata
utiliza la mentira como una herramienta de trabajo más,
está tan acostumbrado a mentir que es difícil captar
cuando miente; son los que mienten mirando a los ojos y
con una actitud relajada. No es que el psicópata mienta
circunstancialmente y ocasional o esporádicamente para
conseguir desligarse de alguna situación común o estándar.
Sabe que está mintiendo, pero no le importa, no tiene la
resonancia o displacer que uno siente cuando miente. Yo no
lo llamaría mentira patológica. Nosotros le damos mucha
importancia a las palabras y si estamos frente a un
mentiroso ¿cuál es el valor de esas palabras? ¿Cuál es el
grado de verdad de esas palabras? Tiende a cero. Si
utilizamos la sobrevaloración de las palabras, caemos
fácilmente en el circuito psicopático. Por eso no sirven
las escalas de autoevaluación, ni el interrogatorio o la
anamnesis. El psicópata dice lo que conviene decir o lo
que se espera que conteste. El valor de lo que dice el
psicópata debe ser colocado entre paréntesis. Si ustedes
quieren evaluar al psicópata, lo importante es lo que
hace. Evaluamos al psicópata a través de la conducta, de
la acción. El psicópata puede mentir con la palabra o con
el cuerpo cuando actúa o simula, y adapta la actuación a
la persona que quiere captar. Así me contaba una madre que
su hijo de 15 años le pedía las cosas con lágrimas en los
ojos para enternecerla, y al padre, que se desesperaba por
conseguir el afecto del hijo, lo manejaba con enojos y
haciéndose el ofendido.


.


Ejemplo:


“De entrada me mintió. Me dijo que se llamaba “Juan” (que
es el nombre de su hermano) cuando en realidad se llama
Ernesto. Que tenía 28 años cuando en realidad tenía 25.
Que tenía novia y que luego me dijo no ser así,
argumentando haber mentido para que yo no me enamorara de
él (al final, en estos días, me vengo a enterar que era
verdad lo primero, es decir que sí tenía novia). Y luego
niega todo: cuando lo confronté y le dije que era mentira
todo lo que me había dicho me dijo que él nunca había
dicho eso, que yo había escuchado mal. Miente, miente y
miente. Puede tener puesta una camisa blanca y te va a
jurar -mirándote a los ojos y sin siquiera pestañar- que
es color roja. Y sus argumentos son tan creíbles que,
nuevamente, me deja confundida respecto de mi salud
mental”.


 


Otro ejemplo:


“Mi hermana tenía una amiga en una ciudad a cinco minutos
del pueblo donde ella trabajaba, con la que pasaba algún
fin de semana, cuando no quería conducir de noche. Y un
buen fin de semana, para compensar, decidieron pasarlo en
el pueblo. Bueno, ahí acabó la amistad de mi hermana y su
estancia en el pueblo. Mi madre nos llamó a todos y cada
uno de nosotros para decirnos que las había pillado juntas
en la cama, que era lesbiana, y fue un rumor que se oyó
hasta en el pueblo. No solamente fue terrible que fuese
mentira, lo terrible era que mi madre decía que por eso
dejara de ser su hija o mi hermana o la hermana de los
demás. A mi me importaba un bledo que fuese o no lesbiana,
a mi lo que realmente me importaba era lo que podía sufrir
mi hermana, y cuando ésta me dijo que no era cierto, yo sé
que me estaba diciendo la verdad. Para el resto de la
familia aún queda la duda, y ya no digo en el pueblo”.


 


Otro ejemplo:


“Nuestra hija mayor se inscribe para Química y habla con
mucho entusiasmo de los maestros, las materias etc. Al
concluir el año escolar resulta que no iba a clases y no
le ponen ninguna calificación. Dice que quiere cursar otra
carrera y se inscribe en Física, que sueña con ser una
gran científica, hace planes se inscribe, nos continúa
pidiendo dinero para libros, inscripción etc. Y vuelve a
pasar lo mismo. Dice que quiere estudiar otra cosa y se
inscribe en Filosofía y Letras, que es, ahora, realmente
lo que quiere. Finalmente yo pienso que eso es lo que le
conviene ya que le encanta la lectura y escribir y todo
esto. Se inscribe, nos cuenta cómo le va, que sus maestros
son muy buenos, que la quieren mucho, de las tareas, etc.
Y actualmente ya tengo acceso a su boleta de la
universidad por Internet (cosa que ella no sabe) y acabo
de ver que está inscripta pero no va a clases, no tiene
calificaciones finales. He pensado que quizá  tenga algún
trastorno de la personalidad, dado su conducta desde niña.
Que no muestra remordimientos por los daños causados a sus
hermanos, las mentiras sin razón de ser, siempre dice
mentiras, es muy egocéntrica, nunca le ha gustado seguir
normas, no hace proyectos reales, dice que va a hacer algo
de su futuro, hace planes pero todo es mentira y después
dice “es que estaba equivocada y no es eso lo que quiero,
apóyenme a realizar lo que yo quiero”. Y seguimos con ella
y nos sigue mintiendo. No es fácil porque ya es adulta y
no acepta que esté mal. Ni de niña pudimos con ella, dado
su carácter muy firme, convincente, maduro (para su edad),
pero ahora que está grande y haciendo retrospectiva me doy
cuenta, y no sé que hacer”.



Actuación


Actuar es mentir con el cuerpo.


El mitómano es un psicópata que deja que la
fantasía se despliegue en la acción, esto es, el mitómano
realiza o actúa su fantasía o mentira en el terreno de la
realidad, se vale de su fantasía para modificar la
realidad.  Mientras el fantasioso puro se contenta con su
mundo de fantasía el pseudólogo fantástico, o mitómano,
miente con determinada finalidad y la mentira tiene un
carácter marcadamente activo, lleva adelante su mentira y
trata de conseguir con ello algún fin, para lo que se
requiere una enorme imaginación y una gran capacidad
histriónica, son actores natos y de una gran calidad lo
que hace que consigan cierto éxito. Además es muy
importante la forma en que se manejan, en general son
personas muy cuidadosas de los lugares donde se mueven y
ejercen su acción y tienen un manejo de lo verbal y de lo
gestual que las hacen encantadoras
.


Un ejemplo de farsante se descubrió hacia 1995, a raíz de
un juicio de mala praxis. Se trata del caso del falso
médico neurólogo que logró ejercer durante 16 años en un
prestigioso hospital metropolitano de Buenos Aires,
habiendo dado sólo unas pocas materias de medicina. A
pesar de su escasa preparación inicial en medicina, a
través de los años fue ganando un sólido prestigio en el
Hospital, a tal punto de ganar por concurso varios
ascensos, dejando atrás a muchos de los verdaderos
médicos. ‘Era brillante’, reconoció uno de ellos luego de
enterarse y, en el colmo de admiración decía “es como si
mañana nos enteramos que Barnard no estudió cirugía”. Era
fuente de consulta de los otros especialistas y presidió
un Congreso de la especialidad, y hasta escribió un libro
en colaboración. Los que trabajaban con él decían que era
muy seductor, con una labia tremenda; que tenía una
personalidad irresistible y carismática, lo que le
permitió atajos en el desarrollo de su ‘carrera’; que era
feliz cuando violaba las reglas de lo establecido. Cuando
allanaron su casa encontraron dos títulos falsificados el
de médico y el de especialista en neurología, junto a
varios recetarios a su nombre. Cuando la policía le pidió
la matrícula, titubeó y finalmente reconoció que no tenía
título. Admitió con mucha tranquilidad que era un falso
médico, además comentó, como al pasar, que ya había tenido
otros inconvenientes por este tema.


 


Fascinación


 Alteración de la conciencia ligeramente inferior a la
sofrológica, la hipnosis, producida por el psicópata a
determinadas personas. Este punto resultará, sin dudas,
inquietante.


Hemos visto que en la seducción el psicópata necesita que
el otro esté de acuerdo, que cierre el contrato, para ello
usa la persuasión y su “encanto”, pero el otro debe
prestarle su voluntad, debe darle su consentimiento. Por
eso decimos que la seducción es bidireccional. En el caso
de la coerción se ejerce una violencia, física o psíquica
para dominar al otro. Es unidireccional, va del psicópata
a su víctima, y este no tiene un grado de libertad
razonable para no seguir los deseos del psicópata.
Pongamos en caso de que un delincuente, mediante un arma,
obligue a entregar dinero.


En el caso de la fascinación se mueven otros mecanismos,
más profundos, menos explícitos que los anteriores y por
sobre todas las cosas se produce una alteración de la
conciencia del tipo de la hipnosis, pero más leve. La
voluntad de la persona se ve rendida ante la del
psicópata, sin oponer resistencia alguna y sin tener
claridad de su propio accionar. Desde luego que este
estado de fascinación se da en personas sensibles a llegar
a este estado. Y no es necesario un largo contacto con el
psicópata. Para que se comprenda este punto pasaré a
narrar el caso de una de mis pacientes que consulta por
distrés, y que durante el lapso del tratamiento conoce a
un hombre divorciado, como ella, y luego de unos meses,
pasa a convivir con ella y su hijo. En ocasión de un curso
de perfeccionamiento se encuentra con una amiga del
secundario, con quien habían sido muy unidas, de esas
amigas que aunque no se frecuenten, se sabe que cuentan
con ella, que se siguen queriendo. Es así que, café por
medio, descargan los consabidos recuerdos del secundario
y, como hacía más de cinco años que no se veían, la invita
a cenar a su casa.  Mi paciente deja a su hijo con su ex
marido y se prepara a recibir a su amiga. Llega y le
presenta a su nueva pareja. En la cena comienza una charla
informal y luego la conversación se va polarizando entre
la amiga y el concubino sobre el tema del Reiki. “Comencé
a sentirme un poco molesta porque me estaban marginando.
Cuando terminó la cena ellos seguían hablando
animadamente. En un momento dado él me dice: “le voy a
explicar las técnicas de Rike a tu amiga, voy a ocupar el
cuarto de tu hijo y vos te vas a ver televisión al
dormitorio”. ¿Y usted que hizo? , le pregunté. “Y, me fui
al dormitorio” ¿Y ellos? “Se fueron al cuarto de mi hijo”
¿Y luego? “Yo me quedé en el dormitorio viendo televisión,
pasaron unas dos horas y sentí ruido en el living y me
levanté. Mi amiga se estaba preparando para irse, me dijo
que se había hecho tarde y se fue rápido. Él me dijo que
le preparara un café. Tomó el café y nos fuimos a dormir”.
Yo esperé unos momentos y ella no hizo ningún otro
comentario y le pregunté: ¿qué la hizo levantarse de la
mesa e irse al dormitorio siendo que esto no es algo
normal en un encuentro con una amiga? “No sé, sólo me
levanté y me fui”. ¿qué cree que hicieron su amiga y su
concubino en el cuarto de su hijo? “Como él sabe mucho de
Reiki creo que le estaba explicando algunas técnicas, pero
no sé, ahora que lo pienso, por qué me fui”.


Habían pasados dos días de este hecho y ella todavía no
tenía clara conciencia de lo que había pasado en su casa.


Es interesante la triangulación que se da en este caso, y
las inhibiciones que tuvieron que sortearse para que se de
una situación así. Primero la capacidad de seducción del
psicópata (encuadraba perfectamente en esta descripción no
sólo por esta conducta sino por muchos rasgos que no
comentaremos aquí) hacia la amiga. Es una persona que
conoce un par de horas antes y él captó su necesidad de
hembra, y en una situación altamente desfavorable (estaba
cenando con su pareja) decide realizar el coito, (luego,
en una conversación personal, él lo confirmó). Por otro
lado la amiga debe saltear sus represiones para, en la
casa de su amiga, satisfacer sus necesidades sexuales. Él
despliega una de las características marcadas del
psicópata que es el aspecto lúdico, él apuesta a que va a
conseguir lo que quiere y sin riesgos, en esa  situación
especialísima. ¡Y lo hace!


Quince días después, ella cae en la cuenta de lo que ha
sucedido. Debo aclarar que mi paciente es una profesional,
que, amén de ser divorciada, no es inexperta en la
relación con los hombres. Digo esto porque varias lectoras
pensarán que es lela o directamente estúpida; no lo es, ni
mucho menos. En la relación con un psicópata se pueden dar
estas u otras circunstancias atípicas.


 



Coerción


Relación unidireccional entre el psicópata y el otro,
donde intervienen presiones instrumentales, físicas o
psicológicas que le impiden optar a la víctima.


A principios del año 2003 vino a consultarme una mujer de
unos 30 años por presentar ataques de pánico. Cuenta que
la semana anterior al volver de compras nota que la puerta
de entrada no estaba con llave. Como ella es distraída
pensó que se había olvidado de cerrar la puerta al irse.
Así que no le dio importancia y entró. Dejó las compras y
fue a la cocina a lavar unos platos. Estaba en eso cuando
de pronto siente que alguien a sus espaldas la estaba
mirando. Se asustó porque sabía que su marido estaba en el
trabajo, y se dio vuelta y en el marco de la puerta de la
cocina había un hombre que le dijo: “No me mires y decime
donde está la plata”. Ella le dice que la única plata que
hay está en su billetera. “Está bien, ahora desnúdate”. El
hombre no estaba nervioso y no gritaba, tampoco ella vio
arma alguna. Así que procedió a desnudarse. “Ahora vas a
la ducha y te bañás y no salgas hasta que yo te diga”. Así
lo hizo, se colocó debajo de la ducha. Ella sentía ruidos
en el living y el dormitorio. Pasado un buen rato se hizo
silencio y ella salió de la ducha y él apareció en la
puerta del baño la miró y le dijo “Ya te dije que no
salgas de la ducha”. Ella se volvió a meter debajo del
agua. Esperó y esperó y finalmente se animó y salió, no
había nadie, sólo algunas cosas desordenadas. Cuando
terminó de narrar me dijo con un tono muy particular “No
me violó” y, tras una pausa, poco convincente, “Por
suerte”.


Este hombre ejerce una coerción con el acento puesto en lo
psicológico más que en lo físico y sin armas. Crea un
clima de violación, de gran expectación sexual, para
terminar con un desprecio por la hembra, desprecio que es
acusado no por la parte lógica de esta mujer, sino por
esencia femenina.


 



Parasitismo


Utilización del otro como medio de subsistencia, aquí el
psicópata realiza la manipulación necesaria para conseguir
sus fines, pero sin presionar  demasiado, como actúa un
parásito en su relación con el huésped.


Escribe alguien que convivió con un psicópata:


“Cuando hablo de parásito, estoy hablando del depredador,
de aquél que una vez que ha “chupado” toda la energía que
hay disponible, se va relamiéndose el bigote. Creo que una
persona que ha tenido la experiencia de estar cerca de un
ser como éstos puede decir que es una experiencia física,
ya no mental, no, es una experiencia física de agotamiento
y es al cabo de unos días que uno puede sentirse más
libre, mas suelto, se va el agarrotamiento y se puede
andar más ligero (la angustia mental es un fardo muy
pesado).”


 


Yo tenía un compañero en la Facultad, era del interior, y
ya venía con la idea de conquistarse a una “veterana”,
profesional, con buen pasar para que lo mantuviera durante
toda la carrera. Es así que se conquistó a una arquitecta
de 30 años (el no llegaba a los 20) y se mantenía
económicamente gracias de esta mujer. Años después, cuando
se recibió ni siquiera esperó un tiempo prudencial, simuló
una crisis emocional y se fue a su provincia, sin ningún
tipo de contemplación”. Eso es un uso parasitario de una
persona.


 



Relaciones utilitarias


El psicópata establece un tipo de relación para captar al
otro y conseguir un objetivo. Y una vez logrado, se
desprende del otro sin el menor miramiento o
consideración. Como una herramienta que no usamos más.


 



Insensibilidad


Escasa o nula repercusión emocional ante el daño causado
al otro, en los hechos psicopáticos. Permanece indiferente
ante el dolor ajeno. Lo cual no implica que, fuera de las
acciones psicopáticas, no se muestre sensible a otras
personas, mascotas u objetos


 


“No tiene la menor idea de lo que es ponerse en el lugar
del otro y reconocer lo que esa otra persona está
sintiendo. Él trabaja en la Morgue, hace autopsias y dice
no sentir absolutamente nada por la gente allí presente
(ya sean cadáveres o familiares de los fallecidos que
lloran y gritan desconsoladamente ante los reconocimentos).
Inclusive se ha ofrecido a participar de autopsias de
gente conocida suya (como amigos o hijos de amigos) que
han muerto de formas violentas y no se le mueve un pelo.
Es más, lo he acompañado a trabajar y he estado presente
en la sala de autopsias, mirándolo “en vivo y en directo”
y es la persona más fría que he visto en mi vida. No es
sólo profesional, es frío.”


 


Otro ejemplo (desde México)


“Cuando mi hija tenía 7 años nace su hermanito… a ella
no le hace gracia… siempre lo trata muy mal, de
indiferencia al principio y de agresiones no manifiestas.
Por ejemplo le decía yo que le diera de comer y no se lo
daba decía que no quería… a sus juguitos le ponía la
mano para taparles el popote y decía “mira mamá no
quiere”. Ya más grandecito le metía el pie para que se
tropezara etc… Al principio nos parecía normal sus
celos, cuando nació su otro hermanito se mostraba
indiferente con éste aunque no de agresión. Conforme
crecieron la niña decía muchas mentiras y el hijo de en
medio era muy nervioso, llorón, etc. (estuvo en
tratamiento por hiperactividad y baja tolerancia a la
frustración).


Al concluir la escuela primaria, ella tenía muchas amigas
muy queridas que la visitaban y ella las visitaba. De la
fiesta de graduación no nos informó y no nos entregó la
invitación, después que nos enteramos le llamamos la
atención y su respuesta es que no quería ir ni ver a sus
amigas… ya no volvió a visitar a nadie. Nunca lloró, se
enojó ni mostró ningún sentimiento. Esto me pareció muy
extraño. Pensé que iría a la fiesta, lloraría etc., como
todos lo hicimos alguna vez al concluir un período
escolar, pero no fue así”.


 



Crueldad


 Puede ser impiadoso, hacer padecer, dañar severamente a
otros, sin repercusión emocional displacentera. La mayoría
de los torturadores de nuestra última guerra civil,
consideraban que simplemente estaban realizando un
trabajo.



“
Cuando
mi hija ya tenía aproximadamente 15 o 16 años, el de el
medio 9 y el menor 6 años, éste último nos dice que su
hermana trata muy mal a su hermano… (cuando no
estábamos, trabajamos los dos), que lo golpea con la
pared, lo pellizca, lo viste de mujer, lo amenaza, etc.
(cuando presentaba golpes nos decía que se había caído).
El otro niño se atreve a hablar y nos dice que es así, que
siempre lo ha tratado así, pero tiene miedo de su
hermana.”



“
Dr.
Marietán: Hace muchos años que hemos llorado la
insensibilidad de mi hija y sus mentiras, primero pensando
que era apenas una niña, después que eran problemas de
adolescente… pero ya va a cumplir 22 (disculpe, es un
desahogo poder hablar de esto que nos agobia, porque los
familiares cercanos no comprenden y en muchas ocasiones
hemos mentido para “cubrir” su conducta, incluso ante sus
hermanos, actualmente de 12 y 15 años). Hubo una época que
adoraba a Marilyn Manson y a su cuarto lo pintó morado con
muchos cuadros de él, y a sus hermanos les daba miedo
entrar y ella gozaba cuando lloraban. Un  hámster hembra
que tenía con ella como un año y que le trajo pareja y 
tuvieron crías “se le olvidó” darles de comer y se
murieron todos, hasta yo los lloré, y ella no. También un
perrito que teníamos y atropellaron. De hecho nunca la he
visto que llore por situaciones así, las únicas veces que
ha llorado es porque le hemos hablado muy duramente y ha
llorado y dicho que no la queremos (con mucho coraje y
gritando). Hace casi 4 años sufrí un accidente grave,
estuve 4 meses inmovilizada y el médico me dijo que
probablemente quedara parapléjica; fue algo muy duro. Mi
esposo lloraba conmigo, mis hijos también, ella no.
Siempre fue insensible y lo que me dijo en una ocasión fue
que ella también tenía problemas de salud y nadie se
molestaba por ella, que le molestaba que yo quisiera
llamar la atención. De hecho esa fue la gota que derramó
el vaso, y cuando me recuperé decidí que lo más sano es
que estuviéramos separadas y quizá “cambiara”. Pretexté un
cambio de ciudad por mi trabajo y mi esposo me apoyó y él
también buscó ese cambio. Pensé que iba sufrir cuando nos
separáramos, pero lo tomó muy tranquila. He llorado mucho
por estar separadas, pero cuando estamos juntas sufro más
¿Qué le debo decir a mis otros dos hijos? Ellos ya
preguntan por qué su hermana es así. Gracias por su
atención, el poder decir todo esto me alivia un poco, no
es nada fácil”.



 



 



Tolerancia a situaciones de tensión


Permanecer impasible u obrar fríamente ante situaciones de
alta tensión en las que un ‘normal’ se paralizaría,
descontrolaría o accionaría inadecuadamente.


Esta característica posibilita que realice acciones de
alto riesgo y, paradójicamente, arriesguen o pierdan la
vida. A diario vemos ejemplos tanto en policías o
delincuentes de este tipo accionar. También en los
negocios o la política hay muestras de este rasgo.


 



El caso Yiya Murano


Fuente:

Reincidentes Argentinos

http://comunidades.calle22.com/comunidades/1130/com1130con6.asp


 


Su verdadero nombre era María de las Mercedes Bernardina
Bella Aponte. Nacida en la provincia de Corrientes
(Argentina) en el año 1930.


Acusada de haber envenenado a tres mujeres y llevada a
juicio por homicidio, Yiya Murano nunca confesó. Fue
absuelta en primera instancia, el juez alegó que había
dudas insalvables. Tres años después, la Cámara de
Apelaciones evaluó los indicios de manera diametralmente
opuesta y la condenó a cadena perpetua.


Año tras año Yiya presenta pedidos de indulto y de
conmutación de pena porque insiste en su inocencia.


Hace poco, sus reclamos fueron escuchados por el
presidente de Argentina, Carlos Menem y su pena fue
reducida a 25 años de prisión.


Se presenta en los programas de televisión y sigue
alegando su inocencia, aunque su personalidad manipuladora
quedó al descubierto por las declaraciones de su hijo
Martín Murano, y de su actual esposo de apellido Chiodi (Ej:
ella anunció que estaba felizmente casada y que su marido
la aceptaba por considerarla inocente, sin embargo al otro
día su marido pidió presentarse en el mismo programa y
confesar que eso era mentira, que si bien se casaron nunca
jamás habían convivido y ella nunca le había confesado
nada acerca de su pasado y su estancia en la cárcel,
alegando que su marido era golpeador y ella lo había
matado por accidente, mientras se defendía).


Carmen Zulema del Giorgio Venturini, su prima segunda,
tentada por las promesas de jugosos intereses, entregó a
Yiya un montón de dinero no muy significativo, con el
propósito de que lo invirtiera. Luego del éxito de su
primera inversión decidió hacer otra.


Su vecina Nilda, hizo lo mismo y una amiga de ésta,
Leticia Fornisano de Ayala también se sintió atraída y
decidió invertir.


Yiya aumentaba desmedidamente su amistad hacia estas y
sobre todo, las visitaba con mayor frecuencia.


El sábado 10 de febrero de 1979 Nilda Gamba comenzó a
sentir dolores agudos en el estómago y náuseas. El médico
que la atendió le pronosticó intoxicación y ella recordó
(al médico) haber tomado el té con Yiya.


Yiya se ofreció a cuidarla. Por la noche, empeorando,
entró en estado de coma y el domingo fallecía.


Yiya buscó al doctor Tomer, el primero que la atendió, con
el fin de que firmara el certificado de defunción. El
médico se negó alegando que él no había sido el último en
atenderla. Ante tal inconveniente, Yiya se dirigió al
medico de la cochera, quien sí aceptó el trámite a cambio
de una propina. La causa de muerte según el certificado
fue: paro cardíaco no traumático, fórmula que evita la
autopsia.


Un mes y medio antes, durante tres días no se supo nada de
Nilda. Se hizo la denuncia a la policía y cuando forzaron
la puerta encontraron a Nilda tirada en el piso, víctima
de un coma diabético. Aquella vez fue Yiya la persona que
vio a Nilda por última vez antes de que se descompusiera.
Puede que haya sido un intento de envenenamiento que no
resultó, o tal vez lo del coma diabético haya sido verdad.


Días más tarde cuando debía devolver el dinero a Chicha,
Yiya fue a su casa a tomar el té y a tranquilizarla. Según
ella convinieron en encontrarse esa misma noche. Cuando
Yiya y las otras amigas fueron a buscarla, nadie
contestaba.


El 22 de febrero los vecinos del edificio denunciaron a la
policía que del departamento ocupado por Chicha salía un
olor penetrante y que nadie contestaba el timbre. Al
forzar la puerta encontraron el cadáver sentado frente a
la TV, a su lado restos de pescado, una taza con un poco
de té. También en este caso el médico de la funeraria
extendió el certificado de muerte: infarto de miocardio no
traumático.


El 24 de marzo, Mema del Giorgio Venturini sintió náuseas
y un profundo malestar. Desfalleciente, se arrastró hacia
el pasillo del edificio, pero presa del vértigo perdió el
equilibrio y cayó haciendo ruido, el cual escucharon los
vecinos y acudieron a socorrerla. En ese momento llegaba
Yiya quien preguntó a los vecinos si Mema había dicho algo
antes de perder el conocimiento. De camino al hospital en
la ambulancia, al fallecer la víctima le preguntó al
medico si sería necesaria la autopsia.


Cuando Diana Maria Venturini, hija de Mema, intentaba
poner en orden las pertenencias de su madre descubrió que
faltaban unos Pagarés que habían sido extendidos como
garantía de los depósitos de Yiya, ante este hecho, indagó
al portero del edificio quien recordó haberle dado las
llaves del departamento a Yiya, minutos después de
ocurrido el incidente, con el propósito de hacer unas
llamadas a los familiares (las cuales nunca se hicieron).


Ya en su domicilio y con la mente más despejada Diana
comenzó a hacer conjeturas. Puesto que otras 2 personas a
quienes Yiya debía dinero habían muerto en circunstancias
similares a las de su madre, decidió hablar del caso con
la policía. A partir de eso, el juez ordenó la exhumación
de los cadáveres para realizarles las autopsias
pertinentes. En el caso de Nilda y Chicha, inhumadas en
tierra, esa tarea no arrojaría resultados decisivos ya que
en el proceso de descomposición de los cuerpos una de las
sustancias que se forman es el clorhidrato de cianuro.
Esto impide establecer si la sustancia esta allí por
causas naturales o por haber sido injerida en vida. En
cambio, en el cadáver de Mema pudo determinarse con
exactitud que en sus vísceras había restos de cianuro
alcalino y así se consideró que se trataba de muerte por
envenenamiento.


A los tres años de estar detenida, salió en libertad.
¿Cómo explicar la decisión de la justicia cuando nadie
dudaba de su culpabilidad?


Primero: Yiya nunca había confesado, segundo, si bien
todas las pruebas apuntaban en su contra, no hubo testigos
directos de los crímenes, y por último, que la querella se
basaba en que otra persona no podría haber sido, pero
demostraba incapacidad en probar la autoría de la
imputada. Yiya estuvo muy cerca de cometer el crimen
perfecto que tanto admiraba.


Las mujeres habían sido asesinadas con una sustancia que,
una vez muertas, era producida por el cuerpo en estado de
descomposición. Sólo la agonía de Mema le había
dificultado las cosas.


Después de tres años de libertad, la Cámara de Apelaciones
la considera culpable, ante este fallo, Yiya planea
fugarse.


La Cámara calificó que los hechos constituyen homicidio
calificado por ser cometidos con veneno reiterado en tres
oportunidades. También se la condenó por el delito de
estafa al patrimonio de estas mujeres.


Desde el punto de vista médico, de acuerdo con el informe
forense, Yiya presenta ´una personalidad polifacética en
la que se destacan componentes histéricos, paranoides y
perversos, y es precisamente en base al tipo de
personalidad que estiman los médicos que posee
peligrosidad social´.


Se consideró probado en la causa que el cianuro que llevó
a la muerte a Mema Venturini y a Nilda Gamba fue colocado
en vasos de agua, como parte de remedios, que éstas
tomaban sin dudar, en razón de la confianza que tenían con
Yiya. En cuanto al caso de Chicha Ayala, el tribunal
sostuvo que el cianuro tuvo dos vehículos posibles: el té
o las pasas. Se sabe o supone que el cianuro estaba en los
saquitos de té, ésta es una manera de que nadie sospeche
de ella por que las mujeres vivían solas, eran de avanzada
edad y cuando morían no hacía falta que Yiya estuviese
presente.

 

 


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Sobre el autor

Hugo Marietan

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Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

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