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l
caníbal de Rotemburgo


SEMIOLOGIA PSIQUIATRICA Y PSICOPATIA


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 Curso
sobre psicopatía 1, año 2004

Director Hugo Marietán


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Derechos internacionales reservados

 

 

Caso 4


Armin Meiwes
:


El caníbal alemán


Con este segundo caso de canibalismo dejamos planteado el
tema. Utilizamos como fuente principal los artículos
aparecidos en el diario La Nación por considerar que, a
pesar de que son innumerables las fuentes internacionales,
en casi todas se repite más o menos lo mismo, y, además es
un material de fácil acceso a cualquier lector interesado.
Agregamos otras fuentes cuando aportan detalles nuevos. Al
principio del artículo trascribimos textual la información
periodística y luego realizamos un análisis especulativo
basado exclusivamente en estas noticias.



 


Fuente: http://www.lanacion.com.ar


3 de diciembre de 2003

 



Comienza el juicio contra el hombre que confesó ser
caníbal


El alemán Armin Meiwes, de 42 años, declaró haberse comido
en parte a un individuo que conoció por Internet.

 


 



BERLIN.-

Armin Meiwes, quien confesó haberse comido en parte a un
hombre al que conoció por Internet, declaró hoy en la
primera sesión del juicio que se le sigue por asesinato
que su interés por el canibalismo se remonta a su
pubertad, cuando fantaseaba con comerse a compañeros de
colegio.


Meiwes, un técnico informático de 42 años al que la prensa
alemana bautizó como “el caníbal de Roteburgo”, se mostró
tranquilo y lúcido al describir ante la Audiencia
Provincial de Kassel (centro del país) el origen de sus
fantasías caníbales.


En su declaración, explicó que cuando tenía entre 8 y 12
años fantaseaba con descuartizar y comerse a compañeros de
escuela que le gustaban, y mencionó como origen de esas
fantasías el deseo frustrado de tener un hermano pequeño.


Mientras la acusación plantea un delito de asesinato con
motivación sexual y perturbación del descanso de los
muertos, la defensa habla de “homicidio por deseo” y apoya
su argumentación en el testamento de la víctima, en el que
declaró que se sometió voluntariamente al ritual caníbal.


La víctima, un ingeniero de 43 años que residía en Berlín,
respondió a un anuncio del acusado en el que éste buscaba
a hombres dispuestos a ser devorados, y viajó al domicilio
de Meiwes, en la pequeña localidad de Roteburgo del Fulda.


 



Internet aportó pistas


Las autoridades dieron con la pista del supuesto caníbal
gracias a la advertencia de un estudiante de la ciudad
austríaca de Innsbruck quien, tras descubrir en Internet
un anuncio en el que Meiwes buscaba a nuevas víctimas,
avisó a la central de la Oficina Federal de lo Criminal (BKA),
la policía criminal alemana.


En diciembre del pasado año, la policía registró el
domicilio de Meiwes, un caserón del siglo XVIII donde
vivía solo, ocupando unas pocas habitaciones tras la
muerte de su madre, y encontraron cuatro bolsas de
plástico con restos humanos en el congelador y varios
huesos y un cráneo humano enterrados en el jardín.


Meiwes se entregó a la policía y confesó haber matado y
descuartizado a su víctima, así como haber grabado todo el
ritual con una cámara de video que se presentará como
prueba en el juicio, que concluirá previsiblemente a
finales del próximo mes de enero.


Las autoridades se incautaron en el citado caserón de
dieciséis ordenadores personales, 221 discos duros y 307
videos de contenido relacionado con prácticas caníbales.


 



Una obsesión de su pubertad


Durante su pubertad vivió solo con su madre y se sentía
abandonado, y para “crear” a ese hermano imaginario
desarrolló ese tipo de fantasías, que le excitaban
sexualmente, señaló.


“Rubio y delgado, ése hubiera sido el tipo”, precisó al
describir la clase de chico de sus fantasías.


El acusado agregó que películas de zombis e imágenes de
mataderos de animales avivaron sus fantasías caníbales, y
manifestó que “la idea la tenía, y así es como terminé
haciéndolo”.


La fiscalía considera el proceso como el primero de estas
características en la historia penal internacional, pues
presenta la particularidad de que el canibalismo no está
tipificado específicamente como delito.


A pesar de que expertos judiciales estiman bastante
elevado el riesgo de que Meiwes vuelva a cometer un crimen
semejante, en caso de que se le condene será difícil que
se le someta a un internamiento de seguridad, porque no
tiene precedentes penales.


Además, un informe psiquiátrico certifica que Meiwes
domina plenamente sus facultades mentales, por lo que no
podría aplicársele una condena de muchos años como las que
cumplen en centros penitenciarios especiales los enfermos
psíquicos.


 


 



BERLIN
.-
Escalofriantes detalles de un caso de canibalismo que
conmociona a Alemania y que representa un desafío legal
sin precedente en el país fueron revelados ayer, cuando
Armin Meiwes contó de qué forma mató, descuartizó y se
comió los restos de un hombre al que citó por Internet.


“Mi idea era que él se convirtiera en parte de mi cuerpo”,
dijo Meiwes, un especialista en computación de 42 años, al
explicar ante un tribunal de Kassel qué lo impulsó a matar
a Bernd Juergen Brandes. La víctima era un ingeniero
berlinés un año mayor que él, que en marzo de 2001
respondió a un aviso en Internet que convocaba a “hombres
jóvenes y robustos, de entre 18 y 30 años, para ser
devorados”.


Meiwes, bautizado por la prensa “el caníbal de Rotenburgo”,
insistió en que no hizo nada “en contra de la voluntad” de
Brandes, cuyo pene habrían comido juntos.


El caso representa un enorme desafío legal, precisamente
porque la víctima parece haber consentido el acto -lo que
habría quedado demostrado en un video filmado por Meiwes,
que será presentado como prueba el próximo lunes-, porque
se certificó que domina plenamente sus facultades mentales
y porque el canibalismo no está tipificado como delito en
la jurisprudencia alemana.


La fiscalía acusa a Meiwes de “asesinato por placer” y de
“perturbación de la paz de los muertos”, por lo que podría
ser condenado a una pena máxima de 15 años de prisión.
Pero la defensa alega que se trató de un “homicidio a
pedido”, una forma de eutanasia que se castiga con penas
de entre seis meses y cinco años. (imágenes del video)


 


.

 

 



“Era como comulgar”


Según la declaración de Meiwes, Brandes murió el 10 de
marzo de 2001 en la buhardilla de la casa del acusado, en
Rotenburgo, un pueblo ubicado a unos 40 kilómetros de
Kassel. Antes de fallecer, la víctima ingirió 20 tabletas
de somníferos y media botella de aguardiente. Luego,
Meiwes le cortó el pene, que comieron juntos.


Meiwes agregó que degolló y descuartizó el cadáver del
ingeniero 10 horas más tarde, cuando éste se desmayó por
la abundante pérdida de sangre. Luego congeló unos 30
kilos de su carne -20 de los cuales comió durante las
siguientes semanas- y enterró en el jardín sus huesos y su
cráneo.


“Lo recordaba (a Brandes) en cada pedazo de carne que me
comía. Era como comulgar”, dijo Meiwes, y confesó que el
descuartizamiento del cuerpo le causó “placer”. Sin
embargo, aseguró que “el momento de la muerte fue
terrible”. “Durante el acto sentí odio, rabia y felicidad
a la vez -agregó-. Toda mi vida había deseado esto.”


Meiwes reveló que su interés por el canibalismo surgió
cuando tenía entre 8 y 12 años y fantaseaba con comerse a
compañeros de colegio. Recordó que entonces vivía solo con
su madre y se sentía abandonado, y que la idea de tener un
hermano pequeño lo obsesionaba -“alguien que fuera parte
de mí”, explicó-. Así, llegó a crear uno imaginario, al
que llamaba Frank.


Por otra parte, Meiwes dijo que la idea de cortar un
cuerpo humano lo excitaba sexualmente, y que para
estimular sus fantasías miraba películas de zombis y de
matanzas.


Meiwes dijo que comenzó a poner anuncios en Internet en
busca de un hombre a quien matar a mediados de 2000, un
año después de la muerte de su madre. Aseguró que recibió
430 respuestas y que hay “cientos, miles” de personas
intentando satisfacer sus deseos de comer carne humana o
de ser comidos.


Después de concretar su deseo, Meiwes se encontró con
otros cinco hombres que habían respondido a sus anuncios
en Internet. Según él, tres de ellos sólo querían
participar en un “juego de rol”, en los que se interpreta
a víctimas y a victimarios. Otro quería ser decapitado,
pero a Meiwes le parecía demasiado gordo y no le cayó
simpático. Y el quinto desistió después de que el autor
del aviso le advirtió que, si visitaba su casa, “ésa sería
la última vez”.


La policía arrestó a Meiwes en diciembre de 2002, luego de
registrar su casa, a la que se dirigió cuando un
estudiante de la ciudad austríaca de Innsbruck advirtió
sobre el siniestro anuncio en Internet. Allí, en un
caserón del siglo XVIII donde Meiwes vivía solo, se
encontraron cuatro bolsas de plástico con restos humanos
en el congelador y varios huesos y un cráneo enterrados en
el jardín.


También fueron incautados videocassettes en los que se
veía a Meiwes cortándole el pene a su víctima o comiendo
su carne con papas, verduras y vino tinto chileno.


 



BERLIN
.-
En la segunda audiencia del proceso contra el denominado
“caníbal de Rotenburgo”, en Alemania, el imputado admitió
la ferocidad e inmoralidad de su acto, pero rechazó las
acusaciones de homicidio pues, desde su punto de vista,
fue un caso de eutanasia, informaron hoy fuentes locales.


En la apertura del proceso, el 3 de diciembre de 2003,
Armin Meiweis, de 42 años, había confesado, ante el
tribunal regional de Kassel, que mató, cortó en pedazos y
en parte devoró a un ingeniero de Berlín, de 43 años.


Pero, desde el punto de vista del acusado, no se trató de
un homicidio, sino de un caso de eutanasia: “Yo consideré
la muerte como socorro, como ayuda a morir, como ayuda al
suicidio”, dijo hoy Meiwes.


“Este es un tabú, por eso me debo justificar ante Dios y
al mundo entero”, agregó y admitió de inmediato: “Si
hubiese ido hace un par de años al psicólogo, no hubiera
llegado a tanto”.


El acusado reiteró que la víctima esperaba morir de esa
manera.


Cuando fue arrestado hace un año, Meiwes ya estaba
buscando nuevas víctimas a través de Internet.


“Espero encontrar rápidamente otra víctima, la carne se
está acabando”, escribió en un e-mail a un amigo.


Los investigadores descubrieron que Meiwes cortó a su
víctima en pedazos y los guardó en bolsas de plástico, y
los fue comiendo uno tras otro. En total, calculan que
consumió unos 20 kilos de carne humana.


 


 


Martes, 2 diciembre 2003


Fuente: IBLNEWS, AGENCIAS http://iblnews.com/noticias/12/93789.html


 

 

 


El profesor Andreas Marneros, director de la Clínica Halle
de Psiquiatría y Psicoterapia, dijo al respecto: “Esto es
canibalismo como perversión sexual, es un fenómeno
conocido a través de los siglos. He tratado a cuatro de
estas personas”.


La fiscalía de la ciudad de Kassel dijo que un examen
psiquiátrico reveló que Meiwes no está demente, pero que
su víctima sí pudo haber sido incapaz de pensar
racionalmente. Aunque la fiscalía concuerda en que la
víctima expresó su deseo de morir, está buscando la cadena
perpetua para este caso de asesinato motivado por deseos
sexuales.


Sin embargo Ermel, el abogado de Meiwes quiere que lo
condenen por “homicidio a petición”, una forma de
eutanasia ilegal que se castiga con una sentencia de seis
meses a cinco años.


El problema, según expertos, es que la víctima de Meiwes
quiso ser ingerida. Esto podría dificultar una condena por
asesinato. El cargo por homicidio, un delito de menor
grado, conlleva una sentencia de 15 años o menos. Tras
este período, Meiwes quedaría en libertad.


El profesor Arthur Kreuzer, del Instituto de Criminología
de la Universidad de Giessen, señaló que este caso podría
marcar un hito en los anales judiciales. “Esto es un
asesinato convenido por el asesino y la víctima, y no
puede considerarse como el peor caso de asesinato
premeditado”, indicó. “Sin embargo, no creo que sea un
homicidio a petición, porque no fue algo altruista sino un
hecho egoísta”, añadió.


El abogado de Meiwes reveló que su cliente tuvo a otros
cuatro huéspedes en su casa, pero que los dejó marcharse.
“Había un maestro, un cocinero, un empleado de hotel y un
estudiante. Los tenía colgados del techo por los pies y no
podían librarse por sí mismos. Uno se sintió indispuesto,
otro no quiso continuar y entonces los dejó ir a todos”,
explicó.


Ermel dijo que Meiwes había conversado sobre canibalismo
con al menos 280 personas en Internet que compartían sus
puntos de vista. Alrededor de 200 personas en Alemania se
ofrecieron para ser víctimas de un sacrificio. Había 30
individuos dispuestos a matar a otros, mientras que entre
10 y 15 deseaban participar como espectadores, según Ermel.

 



Epílogo: La sentencia (30/01/04)


KASSEL, Alemania.- El alemán Armin Meiwes, apodado el
“caníbal de Rotenburgo” luego de que confesó que mató,
descuartizó y se comió partes del cuerpo de otro hombre,
fue condenado ayer a ocho años y seis meses de cárcel por
homicidio no premeditado.


.El juez Volker Muetze, presidente del tribunal de Kassel
que juzgó este caso sin precedente en la historia judicial
y criminal de Alemania, consideró que el delito no fue un
asesinato porque se realizó de mutuo acuerdo entre dos
personas “profundamente perturbadas psicológicamente”.
Además, aclaró que la intención de Meiwes no era cometer
una maldad, “sino satisfacer una fantasía”.


La condena de 8 años y medio, que según las primeras
reacciones fue calificada de leve, se podría reducir si
Meiwes muestra buen comportamiento en la prisión, por lo
que el condenado podría quedar libre a mediados de 2008.


Meiwes, de 42 años, especialista en computación, había
contactado a su víctima -el ingeniero berlinés Bernd-Juergen
Brandes, un año mayor que él- a través de un aviso en
Internet que convocaba a hombres que estuvieran dispuestos
a ser sacrificados y devorados.


Brandes se presentó en marzo de 2001 en la casa de Meiwes,
en Rotenburgo (centro de Alemania), donde éste le cortó el
pene -que comieron juntos-, lo degolló, descuartizó el
cadáver y congeló su carne, la mayor parte de la cual
comió durante las siguientes semanas.


Así lo confesó el propio Meiwes cuando se inició el
juicio, el 3 de diciembre último, y quedó demostrado en un
video grabado por el acusado. Durante el proceso, el
“caníbal de Rotenburgo” también aseguró que su deseo de
comerse a otro hombre comenzó en la pubertad, cuando
fantaseaba con comerse a compañeros de colegio.


La fiscalía, que apelará la sentencia, exigía que Meiwes
fuera condenado a cadena perpetua por asesinato con móvil
sexual, debido a que en Alemania el canibalismo no está
tipificado como delito.


Por su parte, la defensa sostuvo que el crimen debía ser
declarado “homicidio a pedido”, una forma de eutanasia
ilegal que supone una condena de seis meses a cinco años,
porque la víctima se ofreció de manera voluntaria a ser
asesinada y comida.


En busca de “protección”


El tribunal de Kassel consideró que Meiwes no mató a su
víctima para satisfacer sus impulsos sexuales, sino que
buscaba establecer un vínculo permanente con una persona
al comer su cuerpo y sentir de esa manera “seguridad y
protección”.


Por otra parte, la Justicia determinó que tampoco se puede
afirmar que hubo homicidio a pedido de la víctima, porque
ésta no exigió su muerte explícita y seriamente, sino que
más bien quiso ser castrada para vivir “la emoción más
fuerte de su vida”.


Meiwes no podrá cumplir su pena en un psiquiátrico, ya
que, según informes de dos expertos, es plenamente
responsable de sus actos, pese a que padece una anomalía
psíquica grave.


Luego de que se leyó la sentencia, Meiwes pareció
satisfecho. Estrechó la mano de su abogado y saludó a las
cámaras que había en la sala, atestada de periodistas de
todo el mundo.


El caso puso al descubierto una red de canibalismo y
sadomasoquismo internacional que estaría integrada por
miles de personas. Según Meiwes, a su anuncio respondieron
más de 200 víctimas potenciales. Algunas querían ser
torturadas, y la mayoría, asesinadas y descuartizadas.


.


Agencias AFP, AP y DPA 


 http://www.lanacion.com.ar/04/01/31/dg_568888.asp?origen=premium

 

Epílogo 2

10 de mayo de 2006

JUICIO AL “CANIBAL DE
ROTEMBURGO”

Alemania: perpetua para un hombre que asesinó a otro para
comérselo

Estará en la cárcel al menos 15 años. Dijo que va a
escribir un libro sobre su caso.

 

Araceli Viceconte BERLIN CORRESPONSAL

www.clarin.com

 

Siguió el juicio atentamente, vestido con traje oscuro. Y
dijo que va a dedicarse a escribir un libro para evitar
que otros hagan lo mismo que él. Armin Meiwes, conocido
como “el caníbal de Rotemburgo”, fue condenado ayer a
prisión perpetua por homicidio.

El tribunal regional de Francfort consideró probado que el
experto alemán en computación mató por motivos sexuales a
un hombre cuyo cadáver luego devoró. Así cerró, al menos
provisionalmente, un caso sin precedentes que conmovió a
la opinión pública alemana e internacional.

El 10 de marzo de 2001, Armin Meiwes, de 44 años, citó en
su casa de Rotemburgo (oeste de Alemania) al ingeniero
berlinés Bernd Brandes, de 43 años. Ambos se habían
conocido en un chat en Internet y acordado encontrarse
para una macabra ceremonia que Meiwes filmó de principio a
fin.

Después de mantener relaciones sexuales, Meiwes cortó el
pene de Brandes y juntos intentaron comérselo asado, sin
éxito, con un vaso de vino. Cuando su amigo ya estaba
inconsciente, debido a una fuerte hemorragia y al efecto
de los medicamentos y el alcohol, Meiwes le clavó un
cuchillo en el cuello besándolo y diciéndole: “Ahora te
libero de tus tormentos.” Luego colgó el cadáver en un
gancho de carnicero, lo descuartizó, congeló las partes y
se las fue comiendo poco a poco, durante meses. La piel y
los huesos quedaron enterrados en el jardín de su casa.

En diciembre de 2002, la policía detuvo a Meiwes gracias a
las pistas que fue dejando en Internet, buscando a otro
hombre que quisiera ser asesinado y comido.

Dos años más tarde, un tribunal de Kassel (centro de
Alemania) condenó al “caníbal de Rotemburgo” a sólo ocho
años y medio de prisión por considerar que no se trataba
de un homicidio sino de una suerte de “muerte asistida”.
La sentencia fue apelada por la fiscalía, que consiguió
que la Corte Federal de Justicia ordenara en 2005 un nuevo
juicio, entendiendo que en el primero no se habían tenido
en cuenta varios agravantes.

Esta vez, el tribunal de Francfort consideró que Meiwes
mató por motivos sexuales, no por voluntad del otro, y que
cometió un segundo delito al comerse un cadáver,
perturbando la paz de los muertos.

El juez Klaus Drescher citó en la sentencia las frases que
Meiwes iba diciendo mientras descuartizaba el cadáver de
su amigo, afirmando por ejemplo que “el próximo tendrá que
ser más joven y más delgado”. Y consideró que no se trató
de una muerte asistida, como en una eutanasia, porque el
deseo de la víctima no fue el único móvil del hecho.

“Meiwes mató a Brandes para descuartizarlo y comérselo”,
dijo el juez, quien además destacó que el acusado, aunque
sufra graves perturbaciones mentales, sabía perfectamente
que estaba haciendo algo prohibido.

Según el juez Drescher, además, es falso afirmar que el
canibalismo no esté reglamentado en el código penal alemán
(como había sostenido el tribunal de Kassel). El
magistrado consideró que el hecho de comerse un cadáver
constituye otro delito tipificado en Alemania: el de
violación de la paz de los muertos.

La condena a cadena perpetua podría traducirse no obstante
en una prisión efectiva de 15 años luego conmutable a
libertad condicional. La defensa, de todas formas, quiere
apelar la sentencia con dos argumentos que ya utilizó en
los anteriores juicios: que Meiwes está psíquicamente
enfermo y que su víctima acudió por voluntad propia a la
cita con la muerte.

 

 


 


 



Especulación sobre este caso

 


El siguiente análisis está basado en la información
periodística, a la que, en común acuerdo con el lector,
daremos como cierta. Si luego se demuestra que han sido
datos falsos, ya por fabulación, ya por inducción de la
estrategia del abogado defensor, o cualquier otro motivo,
al menos nos quedaremos con la satisfacción del ejercicio
intelectual que, si bien erróneo en este caso particular,
puede ser de utilidad en otros casos similares.


 


Ingerir carne como alimento es un hecho cotidiano en el
grueso de la población animal.
La vida necesita eliminar otra vida para sobrevivir.
Es la ley biológica. Comer de su propia especie es
un tabú,
es también de base biológica, natural, de la
natural que los humanos compartimos con otros muchos
animales cuando la caza de especies distintas es abundante
o, al menos, suficiente. Cuando la existencia de alimentos
es dramáticamente insuficiente, ese tabú es sorteado. Es
decir, no comer carne humana, para un humano, no es un
hecho biológico, sino cultural


La posibilidad de la antropofagia está latente en el
humano, y se expresa en hechos especialísimos como lo fue
el de los estudiantes uruguayos cuyo avión cayó en
Los Andes y
sobrevivieron comiendo los cadáveres de sus compañeros, o
en casos de aislamiento sin posibilidad de otros
alimentos: por naufragios, guerras, accidentes u otras
circunstancias.


Distinto es el canibalismo (esta
palabra es anotada por los conquistadores españoles
a los que indígenas les hablaban de ciertos nativos
antropófagos de las Antillas cuyo nombre a los oídos
europeos sonaba como caníbal, pero tal vez sea deformación
de la palabra caribe) como parte de la cultura de una
población como es el caso de algunas tribus distribuidas
en distintas partes del planeta, donde la carne del
congénere es parte de la dieta o se la utiliza con fines
rituales, tal como  lo narran múltiples testimonios a  lo
largo de la historia y en la actualidad. Dicen que el
conquistador español Solís fue comido junto con sus
hombres por los habitantes originales de las costas del
“Mar dulce” (hoy Río de la Plata), y que otros
conquistadores corrieron la misma suerte en varios puntos
de la luego llamada América.


Ya aquí podemos diferenciar la antropofagia obligada,
limitada a una situación, del hábito antropófago, propio
del caníbal.


Otra punto es la expresión de la antropofagia que realiza
el caníbal urbano, que rodeado de la abundancia de otros
alimentos, prefiere el humano. Así es que en la inmensa
mayoría de los casos sale a “cazar” su presa, usando
distintas metodologías como vimos, por ejemplo, en el caso
de Jeffrey Dhamer, el caníbal de Milwaukee.


El plus de sorpresa que agrega el caníbal alemán Armin
Meiwes, es el consentimiento y la instigación del
devorado, y en eso nos concentraremos.


 


Necesidades distintas


Habíamos establecido como concepto de
psicopatía a
las personalidades atípicas con necesidades
distintas y maneras especiales de
satisfacerlas. La
apetencia de carne humana es un
ejemplo radical
del rasgo que llamamos “necesidades
distintas”.


Hay que superar muchas inhibiciones para eliminar a otro
humano, pero adquirir el grado de libertad interna como
para ingerirlo es un paso superlativo. Es también un
ejemplo extremo del rasgo capital que llamamos
“cosificación”, por el cual se priva al otro de los
atributos que lo hacen persona y se lo degrada al concepto
de cosa. Con esta maniobra psíquica el psicópata tiene una
mayor libertad de acción sobre el cosificado, lo puede
manipular y ejercer su accionar psicopático sin tener en
cuenta la resonancia afectiva que provoca en el afectado y
liberándose, a su vez, del displacer interno que llamamos
culpa. El otro se convierte en una cosa a usar para
conseguir sus fines y luego desechar. Pero usar al otro
como alimento creo que es uno de los límites de la
cosificación.


 



Un psicópata devorador


No nos es difícil en el caso de Armin Meiwes llegar a
describirlo como psicópata y no diagnosticarlo como
psicótico. Fuera de los hechos de su biografía que lo
preanuncian, si nos atenemos a este hecho, vemos que actuó
con plena conciencia y a sabiendas de cada uno de los
pasos que lo llevaron a devorar al  Ingeniero. Comprendía
lo que hacía y dirigió lúcidamente sus acciones destinadas
a un fin premeditado largamente. Ocultó las pruebas que lo
podían incriminar en un  intento de zafar de las
consecuencias de sus actos. Y
tomó prevenciones
para el caso de que algo saliera
mal: realizó un video (dejó un testimonio para ser visto
“por otros”), hizo dejar constancia de la voluntad del
Ingeniero para este hecho, publicó su aviso en Internet
con la suficiente claridad como para que
no queden dudas de sus
intenciones.


En ningún momento se mencionan alteraciones
sensoperceptivas, ni ideas delirantes de influencia,
mandato o misión. Tampoco su conducta periférica, como es
habitual en muchos psicópatas, salía del rango de lo
normal, al decir de sus vecinos.


Luego del hecho no se atormentó con la culpa (autocastigo
muy propio del neurótico), al contrario disfrutó de
ingerir la carne frisada, a la que preparó en distintas
variantes de comida y acompañó con un buen vino. Al
ingerirla lo hacía con tal bienestar que lo asemejaba a
una comunión (cuando se “come” simbólicamente la carne de
Jesús, y se bebe el vino, que simboliza su sangre); lo
incorporaba a su cuerpo, y recordaba a Bernd Juergen
Brandes con cierta afectividad.


También disfrutó como lo hacen los asesinos natos al
matar: “Durante el acto sentí odio, rabia y felicidad a la
vez. Toda mi vida había deseado
esto.”


El placer sexual estuvo presente al momento de introducir
el pene de Bernd a su boca y compartirlo, como en una
relación sexual extrema con su partener. También en el
hecho de “poseerlo” in extremis o en el de generar dolor
para placer del otro (es Bernd el que le pide que le corte
el pene, y luego que le taje el cuerpo, en un largo rito
que duró diez horas y que concretó
un viejo deseo de Armin: “la idea de cortar un cuerpo
humano me excitaba sexualmente”). Y todo esto con el
agregado del “consentimiento” y la participación de su
fuente de placer, lo cual lo diferencia de una violación,
a pesar de la extrema violencia ejercida. (“Me dijo que
desde niño deseaba de ser descuartizado e ingerido”).


Luego está el aspecto lúdico, el jugar; primero al colocar
el aviso en Internet, que literalmente no tenía equívocos,
pero que daba lugar a la fantasía, a la metáfora
homosexual al convocar a “hombres jóvenes y robustos, de
entre 18 y 30 años, para ser devorados”. Pero a su vez era
un aviso a la sociedad (al hacerlo público) de lo que iba
a hacer (esto puede ser leído como una audacia, una
asunción de riesgo, un desafío lúdico o un pedido a la
sociedad para que lo detenga). También se nota lo lúdico
en la selección del participante del juego, elige a uno de
varios postulantes. Y toda la ceremonia de la muerte es un
juego macabro entre dos. Tiempo después vuelve a apostar,
coloca de nuevo su aviso en Internet, pero es decodificado
correctamente y, esta vez, pierde y es atrapado. Fin de
esta parte del juego, ahora
comienza la
otra parte, apostar a obtener la mínima
condena, mientras tanto disfrutar de ser el centro de la
atención mundial.


La serenidad con que afronta el juicio, el reproche de los
otros por sus actos, indica que, de acuerdo a sus códigos,
él no tiene nada que reprocharse, es más, que ha hecho un
bien infrecuente: “Yo consideré la muerte como socorro,
como ayuda a morir, como ayuda al suicidio”. Más allá del
consejo y estrategia del abogado defensor con respecto a
mostrarse arrepentido, a difundir que aquellos que tengan
sus tendencias vayan a un psicólogo y otras chanzas,
queda, como hito, lo irreversible del hecho. Al ser humano
le cuesta aceptar su raíz animal y la amplitud de sus
oscuridades.


 


 



Bernd, el devorado

 

 


Este hombre de 43 años, Ingeniero, del que no sabemos casi
nada, al que solo podemos imaginarlo y hacernos preguntas,
lee el aviso de Armin en Internet donde pedía “hombres
jóvenes y robustos, de entre 18 y 30 años, para ser
devorados”. ¿Qué le hace interpretar literalmente ‘para
ser devorados’? Solamente una afinidad, un punto en común,
el deseo resultado de una necesidad distinta.


Para mí lo de Bernd está encuadrado en el concepto
de suicidio. El medio
que utiliza para suicidarse es otro hombre. Su idea de
trascendencia es incorporarse al cuerpo de otro.
Disparando nuestra furibunda tendencia a especular
podríamos decir que hace que Armin se haga cargo, de
alguna manera, de su vida ingiriendo su cuerpo.


No veo a Bernd con un ser pasivo o una víctima. Lo veo
manejando activamente los últimos tramos de su destino.
Deja en orden sus papeles, saca pasaje sólo de ida a
Roteburgo, va al encuentro de su instrumento de muerte.


Lo veo forzando a Armin a sortear una de las reglas del
juego, pedía hombres hasta 30 años,
él se impone con sus 43.
Lo seduce para que sea el elegido entre otros cuatro. Le
impone secuencias en el rito de muerte. Lo impele a
cortarle el pene (un transexual lo comprendería). Ve como
su pene penetra la boca de Armin en un acto sexual
excelso. Le exige que le provoque dolor cortándole el
cuerpo. El lento desangrarse dura diez horas, tiempo
suficiente, al menos en las primeras horas, para dar
marcha atrás, para parar, para evitar la muerte. No lo
hace. Su determinación es inquebrantable. Borges tiene una
frase paradigma de la histeria: “Yo, que quise ser otro”.
Bernd concretiza este deseo, se imaginó día a día, bocado
a bocado, siendo otro


¿Estaba psicótico Bernd? No lo sabemos, el necesario
recorrido biográfico puede darnos algunas pistas, pero no
lo conocemos. Su acto inusual, execrable, da lugar a la
sospecha, pero no es suficiente. Lo describen haciendo un
viaje, dejando las cosas en orden, yendo voluntariamente a
la casa de Armin, dirigiendo sus actos, comprendiendo la
naturaleza de sus acciones; se  lo infiere lúcido.


¿Era un depresivo, un melancólico más bien, que
despreciaba su vida, su subjetividad, a tal punto de
desear ser una cosa, un alimento? ¿Qué necesitaba purgar
para darse una muerte tan lenta y dolorosa? No hay datos
para contestar. El suicidio está muy emparentado con la
depresión. Sin embargo ejecutar su propia muerte es
culminación de muchos cuadros psiquiátricos, a veces
consecuencia de posturas
filosóficas.


¿Era un psicópata Bernd? Códigos propios, necesidades
distintas, maneras atípicas de satisfacerlas, perversión,
seducción, autocastigo extraordinario, manipulación,
cosificación del otro al usarlo como instrumento de muerte
y de trascendencia, autocosificación. ¡Cuántos rasgos
psicopáticos…! Si tuviéramos más datos, tal vez
hablaríamos de psicopatía, de asociación de psicópatas
para concretar este juego macabro, de juego entre
psicópatas.

 

 

 

 


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Sobre el autor

Hugo Marietan

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Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

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