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SEMIOLOGIA PSIQUIATRICA Y PSICOPATIA


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El Sol negro: un psicópata en la
familia

Hugo Marietán

Publicado en Alcmeon,
48, noviembre 2005

 


Introducción

La familia
básicamente es un sistema. Y todo sistema que permanece es
porque de alguna manera beneficia a sus miembros.

Por suerte,
la mayoría de los psicópatas demuestra su psicopatía por
fuera de la familia. A tal punto que muchas veces la
familia ni se entera de las actividades psicopáticas del
individuo. Tienen familia pero no descargan la psicopatía
en ella. Un porcentaje escaso lo hace dentro de la
familia.

Hace poco
consultó una señora que había estado casada 25 años y
hacía 2 años que estaba separada. Quería saber que pasó
con ella  que en 27 años no se enteró que estaba con un
psicópata. Lo descubrió por azar. En un momento revisó
algunas cosas de la casa que compartió con este hombre y
encontró una caja llena de fotografías de mujeres
adolescentes en actitudes eróticas con él. Él siempre
andaba con una cámara fotográfica, pero ella tomó esto
como un hobby inocente. De vez en cuando él salía a cazar
con unos amigos. Investigó a estos amigos y se dio cuenta
que todos participan de la misma perversa afición. Dice
que con ella un par de veces él intentó tomar fotografías
en posturas especiales, y por eso las reconoció cuando vio
las fotos, eran las mismas posturas. Se preguntaba cómo no
pudo detectar la psicopatía. Fuera de esto, era hombre
trabajador, buen padre, etcétera.

 


El efecto Sol
negro

Yo llamé a la acción del psicópata en
la familia el efecto ‘Sol negro’, porque
hace que todo el sistema familiar gire alrededor de él,
como si fueran planetas alrededor de un Sol. A diferencia
del Sol que da luz, da energía, da vida y permite el
desarrollo de los individuos, el psicópata, toma la
energía de todos, opaca a la gente, impide el desarrollo
de los miembros de la familia, ejerce un poder intenso.
Son como‘vampiros energéticos’,
desvitalizan.

Hace unos
meses viene a consultar una mujer que se dedica a la
creación de guiones teatrales. Hasta un mes antes estaba
casada y era parte de un circuito psicopático en el que
estuvo durante cuatro años. Esta guionista parecía
anémica, en el sentido médico del término. Por la falta de
fuerza física y el atolladero mental en que se encontraba:
parecía totalmente chupada energéticamente.

Me dijo que
perdió todos sus amigos, (los psicópatas, en su afán de
poder, separan de todas las personas que son
significativas, los va sacando para concentrar el poder
sobre él), y se quedó sin relaciones de tipo sociales, sin
contactos. Contó que su ex marido hasta le sacó su parte
creativa, la opacó. Toda su energía estaba puesta en el
modo de poder satisfacerlo, tarea bastante imposible,
siempre había un pero, siempre faltaba algo

 


El emergente.

Cuando en un
sistema familiar hay un psicópata, ¿qué es lo que primero
aparece en nuestro consultorio? Aparece el emergente,
aquel que es signado como “enfermo”.

Una vez llegó
a la consulta una chica, acompañada por su madre y su
padre, tenía todas las características de un síndrome
esquizofreniforme. Tenía alucinaciones auditivas,
visuales, percepciones delirantes, ideación de ser
perseguida, premoniciones. Con esto, es fácil dejarse
llevar y colocar el rótulo de esquizofrenia. Por suerte
con la práctica se aprende que en la esquizofrenia hay que
esperar para hacer el diagnóstico.

Más adelante
me entero que el hermano de esta joven de 28 años estaba
internado en una granja de recuperación de adictos graves.
Una segunda hermana se casó muy joven: se marginó del
sistema. El padre era una persona muy ansiosa, irradiaba
tensión.

En contraste
con todo esto, la madre soportaba estoicamente la carga de
esta familia tan pesada y de difícil convivencia. Una
madre abnegada que llevaba su cruz.

 


Las tres
instancias

Por lo
general en las familias donde hay un psicópata en
primera instancia
se ve el emergente, en segunda
se ve que hay otros miembros de la familia que están
con problemas psicológicos o psicopatológicos, y recién en
tercera instancia, con mucha investigación y la
mentalidad abierta, se ve al psicópata, se ve al Sol
negro.

Así, he
concluido que cuando en una familia hay varios miembros
con descompensaciones psicopatológicas hay que buscar al
psicópata, en algún lado está.

En este caso
la psicópata era esta madre, que además padecía una
ludopatía grave. Tenía acciones francas de cosificación;
por ejemplo su madre, una anciana de pocos recursos, vivía
de una pensión. Ella tenía el poder para cobrar esa
pensión y sacaba el dinero y lo jugaba. Pedía préstamos a
la empresa en la que trabajaba el marido, a cuenta; bueno,
hacía toda una serie de cosas que no vienen al caso ahora
que la tipificaban como psicópata. Sin embargo, si uno la
toma en una primera instancia, parecía una madre sufrida y
victimizada.

 


Los rasgos
neuróticos del psicópata

Algunas veces
el psicópata presenta rasgos neuróticos. Esta es una
observación que yo investigo desde hace tiempo, la
presencia de rasgos neuróticos en los psicópatas. Esto es
importante de destacar porque nuestra formación nos lleva
a canalizar los diagnósticos a través de las psicosis o de
las neurosis, y cuando observamos rasgos neuróticos vamos
por una vía muy directa a pensar el cuadro como neurosis,
dejando de lado otras posibilidades, y ahí nos perdemos.

 


Lo emocional
impide el análisis

El otro error
que podemos cometer al momento de detectar a un psicópata
es dejarnos invadir por lo emocional o lo ético ante las
acciones psicopáticas. Lo afectivo anula el posterior
seguimiento intelectual del caso; nos quedamos con el
impacto y paramos de razonar.

 


La acción
invisible de la psicopatía

Sabemos que
hay otros soles oscuros, que si hay un depresivo, uno o
más miembros de la familia giran alrededor de él, sabemos
que se da en otros estados también, como en la psicosis.
Un neurótico grave también puede hacer girar a la familia
alrededor de él, pero en todos los casos la familia puede
detectar la enfermedad, es un depresivo, es un neurótico.
La psicopatía no se nota, la psicopatía permanece
invisible
y solo nosotros la captamos a través de los
efectos que producen en la familia.

 


La atmósfera
psicopática

Después
tienen que pensar en lo siguiente, los miembros de esas
familias, sobre todo los chicos de estas familias, están
en esa atmósfera, han crecido en esa atmósfera
psicopática, entonces para ellos es indistinguible qué es
un psicópata y qué no es un psicópata, qué es lo que está
bien y qué es lo que está mal, ellos han crecido así. En
la adolescencia los chicos se abren más a la comunidad e
intentan afirmar su personalidad, y encuentran en la
psicopatía un escollo.

 


Las
reacciones a la psicopatía

Entonces
pueden reaccionar de distintas maneras:

a) ignorar el
tema, negarlo

b) someterse

c) rebelarse:
la rebeldía es faltar a la obediencia, es ser indócil,
oponerse con tenacidad, pero dentro del sistema; desde el
sistema se critica el sistema.

d)
revolucionar: es atacar el sistema desde afuera o desde la
marginalidad, clandestinamente.

e) radiarse:
es alejarse del sistema, como hizo la chica mayor de este
caso que conté, que a los 17 o 18 años se casó y se fue.
Es girar a una órbita mucho más amplia

f) enfermar

 


Los efectos
de la psicopatía

Si bien la
psicopatía no es visible, en el sentido de no ser
detectada como una depresión o una neurosis, se ve a
través de los efectos.

Para algunos
miembros hay algo que no cierra, que no está bien. Y a
medida que van creciendo más se nota esto. En los niños
suelen notarlo las maestras, los compañeros, hay algo en
ese pequeño que no está funcionando bien, no se sabe qué
es,  pero se nota que está englobado en una situación que
no es la normal.

 


El no darse
cuenta activo

La esposa del
psicópata por supuesto es una complementaria. La
complementaria tiene un modo de no darse cuenta especial.
Las cosas anómalas acontecen y la familia o los amigos le
dicen que lo que está viviendo es un desastre, todos se lo
señalan, pero la complementaria no ve, hay un no darse
cuenta activo
, trabaja para no darse cuenta.

 


Cuatro puntos
para destacar

Me gustaría
insistir en cuatro puntos. Primero, que cuando ustedes
sospechen una psicopatía, traten de controlar su sistema
emocional, el psicópata puede suscitar repugnancia y
reacciones afectivas negativas una vez conocida la acción
psicopática: un incesto, una perversión, produce un choque
emocional importante y así no se puede analizar nada.
Tenemos que “enfriarnos” y estudiar el caso, para ayudar,
si lo solicitan, a la gente que está alrededor del
psicópata. Segundo, en aquellas familias que presenten
varios miembros con alteraciones psicopatológicas, busquen
al psicópata, es muy probable que lo encuentren. Tercero,
no se dejen confundir por los rasgos neuróticos, el
psicópata puede presentar rasgos neuróticos. Cuarto, el
psicópata es un gran absorvedor de energía y ejerce un
poder especial sobre la familia.

 

Descripción y análisis de un caso:

 

Carlitos, el mentiroso

Una mujer, por teléfono, pide una
consulta. Dice que su cuñado es un mitómano y genera
problemas en la familia. Su esposo (34 años), hermano del
susodicho, la acompaña a la consulta. Ella tiene 30 años,
Carlitos, el mitómano, 27.

Carlitos, el
mentiroso, vive con sus padres. Terminó con dificultad el
secundario. Realizó una carrera terciaria pero nunca
ejerció. No trabaja ni tuvo empleo fijo, lo mantiene el
padre. No manifiesta proyectos de futuro. Es muy
inteligente y seductor.

Dicen que
Carlitos tiene dos facetas, una dentro de casa, parca, y
otra afuera donde es activo y seductor. Es bifronte.

El hermano,
esposo de la consultante, recuerda que Carlitos siempre
fue mentiroso. Esto de ‘siempre’ hay que tenerlo
presente porque implica una continuidad, un rasgo
incorporado a “la manera de ser”. Una cosa es
mentir en determinada situación, mentir siempre ya es una
acción sistemática. Mentía con las notas del colegio, le
mentía a los compañeros; miente constantemente ahora.
Cuando es confrontado con la verdad, con las pruebas que
demuestran que las cosas no son como él dice, mira
fríamente y dice “no es así”. O sea, más allá de las
evidencias, sigue sosteniendo que no es así. Estas
personas suelen hacer esto, defender hasta último momento
el tema de la mentira, aún con las pruebas en la mano.
Demasiado presionado por la evidencia puede decir “me
equivoqué” con la misma frialdad. En este tema de la
mentira hay una actitud especial, no es una mentira común.

Dicen, “en
realidad venimos acá porque nos preocupa algo, que es más
serio que mentir, Carlitos empezó a robar”. A sacar cosas
de la casa, de valor económico y afectivo, y lo vende por
dos pesos en la calle.

Cuentan la
siguiente anécdota: le dicen a Carlitos que saben que está
sacando cosas de la casa, le preguntan a quién se las
vende porque son cosas que les interesa conservar y
quieren recuperarlas. Carlitos niega hasta más no poder y
al final lo dice, vende a un reducidor, a una persona que
compra objetos robados. Van al negocio del reducidor y le
dicen que quieren determinadas cosas y el reducidor, para
sorpresa de los dos, le dice “Ah… esto lo trajo
Carlitos!”. Y comienza a hablar de Carlitos con cariño,
pregunta por qué le están haciendo eso, dice que Carlitos
habrá tenido alguna necesidad; habla tan bien de él que
quedan impactados ¿Cómo puede ser que un truhán hable así
de Carlitos? Incluso llegó a darles consejos sobre cómo
hacer para que Carlitos no se sienta mal al ver las cosas
devuelta (a esto llega la seducción de este muchacho).

Cuando
vuelven con las cosas le muestran que robó más que lo que
había confesado, Carlitos niega, el mismo mecanismo, están
las cosas ahí y lo niega hasta que al final sin problema
dice “bueno, si”. Sin remordimientos, sin gestos, sin
disculpas

Haciendo
memoria, el hermano recuerda que Carlitos robaba desde
chico, les robaba a los compañeritos de colegio, robaba
los vueltos.

El hermano y
el padre de Carlitos son profesionales. Lo instan a
trabajar y aparte le consiguen todo, hacen las conexiones
de trabajo, pautan las entrevistas. Carlitos va pero o
hace un desempeño horrible en las entrevistas con lo cual
no lo toman, o bien lo toman y a los 2 ó 3 días lo
despiden, o no va pero dice que va.

Carlitos
trabajó unos meses en un emprendimiento que realizó un
amigo de él, hacían turnos rotativos, un día atendía él y
otro el amigo, hasta que de pronto se quedó sin trabajo y
sin amigo. Es fácil concluir lo que pasó.

Parasitismo.
Inteligencia. Actitud bifronte. Seducción. Mentira.
Manipulación. Ausencia de proyecto futuro. Cosificación.
Uso particular de la libertad. Robo. Falta de empatía. Sin
remordimientos por las acciones atípicas. Vamos sumando.

Luego dice el
hermano “en realidad tenemos dos problemas, porque esto
está afectando mucho a mis padres”. La madre tiene 63
años, el padre 65. Les preocupa porque desde hace unos
años ellos están opacados, girando alrededor de todo lo
que sucede con Carlitos. Es el concepto de Sol negro,
hace girar a las personas alrededor de él y les quita
energía.

Los padres de
Carlitos eran personas dinámicas, activas, tenían amigos,
frecuentes reuniones, algunos fines de semana iban a
Claromecó donde tenían una casa. Hace algunos años que eso
ya no es parte de su vida, están ahí, girando alrededor de
Carlos. Y como los padres, esta pareja también, ellos
hacen una consulta por Carlitos, están preocupados por
Carlitos, porque no trabaja, porque no tiene proyectos,
porque no saben que va a ser de él cuando sus padres ya no
estén. Todo gira en torno de Carlitos.

Carlitos es
un Sol negro que hace girar a todos a su alrededor y les
va quitando vitalidad. Esta pareja ve como ha cambiado la
calidad de vida de los padres, como se han aislado. Esta
es otra acción de estas personas, aíslan para manejar
mejor la situación. Ellos ven cómo fue disminuyendo todo
lo relacionado con la distracción y el placer, cómo se va
opacando la vida, por eso decimos, usando otra metáfora,
que estas personas son vampiros energéticos,
desvitalizan.

Presionado
por la familia Carlitos consulta a una psicóloga. Suelen
acceder a consultas. Duró tres meses. Al principio iba una
vez y otra faltaba (se quedaba con el dinero de la
consulta, ¡por eso también le convenía consultar!). Al mes
la familia llama a la psicóloga para una entrevista para
ver cómo estaba. Pero la psicóloga responde que dado que
Carlitos tiene más de 21 años no accede a ningún tipo de
consulta con un familiar. Descubren las maniobras de
Carlitos en relación al dinero y las faltas a sesión y
cambian de psicóloga. Al cabo de un tiempo piden
entrevista y se encuentran con que la nueva psicóloga
estaba fascinada con Carlitos. Es así. Estos tipos son muy
seductores y trabajan a niveles que no están relacionados
con la lógica. Los familiares llegan a la conclusión que
esa vía no daba resultados con Carlitos.

Carlitos no
se angustia. Sus familiares lo ven como a una persona que
no siente culpa y es muy fría.

Carlitos no
se droga. No consume alcohol. No fuma.

El hermano
vive en el Conurbano y Carlitos en Capital. Una vez pide
al portero de su edificio que llame a su hermano y le
avise que está por matarse, tenía un cuchillo en la mano,
le pide que le diga que se va a cortar las venas. El
portero lo llama. La cuñada y el hermano dejan todo lo que
están  haciendo y parten raudos a Capital, hay que salvar
a Carlitos. Cuando llegan sólo se había hecho unas escaras
con el cuchillo. Falsa alarma.

Carlitos tuvo
una pareja. En un momento el padre, libera un departamento
para que Carlitos se vaya a vivir en él. Ahí Carlitos
forma una pareja. La cuñada comenta que las relaciones de
Carlitos son temporarias y que depende de la actitud de la
mujer, la mujer es la que va a buscarlo y hace todo el
trabajo, Carlitos se deja. Vivió con una chica que fue la
que mantuvo activamente la pareja, hasta que se cansó y se
fue.

¿Qué hace
Carlitos con el producto de sus robos? No tiene
necesidades económicas. Aparece con una remera nueva,
invita a cenar a sus amigos o familiares, gasta el dinero
en banalidades.

Esta pareja
que consulta está preocupada: Carlitos roba. Los padres
están muy mal ¿Qué va a pasar con Carlitos cuando los
padres mueran?

 


Cómo
coordinar un caso así

Una vez
descartados los diagnósticos de psicosis y neurosis, y
establecida la correspondencia entre los rasgos descriptos
por los familiares y el Descriptor de Psicopatía, podemos
presumir la psicopatía.

Puesto en esa
posición se diagrama un esquema de asesoramiento para la
familia:

 

1)
Asesoramiento a la pareja consultante: dado que ellos
presentaron el problema, son los que reciben la primera
información acerca de qué es un psicópata. Es decir el
planteo inicial es docente. No es tarea fácil ya que el
tema no es conocido y resulta de difícil comprensión. Les
sería más digerible pensarlo como un enfermo al estilo de
un neurótico o un psicótico. Pero la psicopatía es otra
cosa: no es una enfermedad sino una manera
de ser, una variante de tipo humano. En este caso que
Carlitos pase a ser Carlos, alguien que conoce la
diferencia entre lo bueno y lo malo y puede dirigir sus
acciones y comprender sus actos. Que deje de ser Carlitos
en enfermito, para ubicarlo en su justo rol: Carlos el
psicópata.

 

2) Intentar
que los padres realicen una consulta. Aquí la docencia es
aún más dificultosa. Por lo general los padres, por
catatimia, tienden a minimizar los problemas de sus hijos.
Y si existen a buscar en qué fallaron ellos para que el
hijo sea así; se culpan. También suelen luchar
denodadamente para revertir la situación, es decir para
que se produzca un cambio en el hijo. Algunos padres toman
el señalamiento del problema como una agresión o una
incapacidad del terapeuta y suelen cambiar de profesional
hasta encontrar alguien que les diga lo que quieren
escuchar: que existe un pronóstico benigno para su hijo.
Es decir, les cuesta poner distancia psicológica para ver
con mayor frialdad el problema. Otros, rendidos ante la
evidencia, consultan ellos, lo que hace más liviano el
asesoramiento. En este caso, que el hijo tiene 27 años, la
serie de repeticiones de los rasgos, la frustración y el
agotamiento, pueden facilitar el accionar del terapeuta.

 

3) Una vez
que están informados acerca de qué es un psicópata yo
suelo trabajar acentuando la imposibilidad del
cambio
. En un principio esto puede parecer
pesimista o directamente nihilista, incluso anti
terapéutico. Pero la experiencia me ha demostrado que los
familiares suelen desgastarse en pos de la posibilidad del
cambio, deambulan de consultorio en consultorio, de
frustración en frustración y lo único que consiguen es
desgastarse en la ilusión y darle más firmeza al sistema
psicopático. En consecuencia suelo explicarles con detalle
el concepto: “una manera de ser”. Que son así. Que
no van a cambiar. Que hay que aceptarlos con esas
diferencias. Para lograr esto suelo usar el mismo material
informativo que ellos me proporcionan y marcarles cómo se
repiten los rasgos, las actitudes, las
experiencias desde los indicios en la infancia, la
acentuación en la adolescencia y la plenitud de las
manifestaciones en la adultez. El hacerles recordar
facilita mayor información y se van convenciendo; contar
la historia del hijo, esta vez con la referencia de los
rasgos. En este caso que comentamos el rasgo mentira
es de fácil seguimiento, la acción robo también:
“siempre mintió, siempre robó”, dice el hermano. El rasgo
parasitismo es muy demostrable y así se procede con
los demás.

La aceptación
del “no cambio”, una vez superada la decepción,
produce el siguiente efecto: no se pierden energías sobre
ese tema y se orientan los esfuerzos en redimensionar el
problema y los roles de los miembros frente a la
psicopatía. La actitud de los miembros del sistema ante el
psicópata cambia.

 

4) Trabajar
sobre la culpa de los padres. Como dijimos
esto es un escollo ya que los padres se sienten
responsables de la formación de su hijo. Y esto puede ser
válido para algunas patologías, pero para la psicopatía no
existe un fundamento de peso que lo sostenga. No está
demostrado que una psicopatía pueda ser adquirida o debida
a errores en la crianza de los hijos o derivada de
conflictos  en la infancia. Pero la mochila de la culpa
hace que los padres apañen las acciones psicopáticas de
sus hijos. Y los psicópatas aprovechan muy bien esta
debilidad para manipularlos y exacerbar el sentimiento de
culpa para conseguir sus objetivos.

 

5) Recién
después de esto se puede pasar a trabajar sobre la
distancia psicológica
frente al psicópata. Esto
consiste en ver al psicópata como distinto y evita el paso
psicológico de la empatía es decir el razonamiento:
“yo en lugar de él haría…”. Esto que puede dar resultado
ante un igual, fracasa estrepitosamente ante el psicópata.
El psicópata piensa, siente y hace de otra manera.
Y una mente normal nunca puede llegar a comprender cómo
funciona ese cerebro. El intento de comprender puede ser
otro camino falaz en que se embarquen los familiares. Aquí
se debe ser tajante: no se puede comprender la mente de un
psicópata. Los expertos apenas si pueden llegar a entender
algo.

La distancia
psicológica, entonces, es poder diferenciarse del
psicópata y comenzar a ver sus acciones y los efectos de
esas acciones sobre sí mismo y sobre el resto de los
miembros de la familia. Es decir comenzar a preservarse
frente al psicópata. Hay que aclararles que estas
modificaciones deben ser realizadas paulatinamente a fin
de evitar las reacciones agresivas y descompensatorias del
psicópata que pueden ser, en ocasiones, de gravedad.

 

6) La
distancia física
, el alejamiento del área de
acción del psicópata es lo ideal, es lo que enuncie en
1998 como Contacto Cero, ningún tipo de
comunicación, de relación, de avistamiento. Esto puede
lograrse en casos de complementarias agotadas, hermanos,
hijos adultos y, raramente, en padres

Es difícil, a
veces imposible, que los padres puedan mantener lejos a su
hijo psicópata. Sólo en caso de marcados asociales puede
lograrse esto. Pero en los casos de parasitismo la
relación con los “huéspedes” puede ser muy
prolongada y solamente podemos darnos por satisfechos si
conseguimos la distancia psicológica, el entendimiento del
problema. Es importante que todos los miembros de la
familia estén al tanto del problema y reciban la educación
adecuada: los rasgos de seducción, coerción y manipulación
suelen ser muy acentuados y es necesario apoyarse unos a
otros.

 

7) El
traslado del problema
: si una familia se saca un
psicópata de encima lo recibe otro grupo social. En el
caso del parasitismo deja de parasitar a la familia, pero
pasa a parasitar a otra persona o grupo, hay un
desplazamiento de parasitismo. El psicópata no cambia. Por
eso cuando esta pareja preguntaba qué iba a pasar con
Carlitos cuando se mueran los padres la respuesta es
fácil: va a parasitar a otros y, seguramente ellos (esta
pareja) estaban en la mira del psicópata. Tema que
seguramente esta pareja sospechaba y habrá motivado,
también, la consulta. Entonces la “solución” a la
problemática de esta familia consiste en un “traslado”:
puede zafar ella del psicópata, pero el psicópata ejercerá
la psicopatía en otro nicho social.

 

8) La
actitud del terapeuta
en este proceso: tenemos que
acompañar el proceso, no estar delante del proceso. Si
bien se puede tener claro qué se debe hacer, qué debe
hacer la persona, qué debe hacer la pareja, qué debe hacer
la familia, no se puede avanzar por delante de la familia.
Se debe acompañar, coordinar el proceso, no dirigirlo.
Estar un tramo adelante, pero no demasiado. Es la familia
la que debe ir asimilando las modificaciones, absorbiendo
los cambios, madurando la problemática. Esto hará que los
resultados sean duraderos y no meros seguimientos de
órdenes.

 

9)
Avanzar paso a paso
. Por ejemplo: antes de tocar
el tema de la distancia es necesario que las personas
estén convencidas de lo que van a hacer, que no tengan
ideas difusas ni vagas, que tengan claro de qué se trata
la cosa.

 

10)
Estar preparados para los altibajos
. El resultado
de nuestro trabajo de asesoramiento familiar no es parejo.
Suelen haber marchas y contra marchas. Avances y
retrocesos. Recuerden que el psicópata es un hábil
manipulador, que capta las necesidades del otro, que
seduce, que ejerce un poder irracional. No desalentarse
ante los resultados magros o los retrocesos. Mientras la
familia solicite el asesoramiento, allí estaremos.

 

11)
¿Debemos entrevistarnos con el psicópata?
No es
necesario. Sé que esta respuesta provocará más de un
escozor, de una polémica. Pero después de tener a tantos
mentirosos, manipuladores, seductores, amenazadores del
otro lado del escritorio he llegado a esa conclusión.
Desde luego que los colegas tienen todo el derecho de no
privarse de esas experiencias.

 


Soles
oscuros y Sol negro


 

Tener un
enfermo mental en una familia es muy desgastante. La
familia comienza a girar sobre el enfermo. No se ve nada,
no hay herida,  una lesión, algo concreto. Y el paciente
tiene esa sintomatología, la angustia, ese extraño dolor y
el familiar contempla. No entiende. Sabe que algo no está
bien y que él muy poco puede hacer.

 


En la
depresión

Cualquiera
de ustedes que haya tenido en su familia un depresivo
grave, no un melancólico, ni un pesimista, ni una persona
con un amor no correspondido con la vida, ni un
Melancoloide, sino un depresivo “mayor”, sabrá cuanta
energía nos lleva. Ver la angustia, la soledad de esa
persona, ese encerrarse a oscuras, no tolerar ruidos,  el
llanto permanente, la queja , la ideación suicida. Tanto
desgaste. Tanta impotencia. Llega un momento en que el
familiar se agota tanto que, a veces, se alía a la
ideación de suicidio como solución que tiene el paciente.
Por eso ustedes, en algún momento  de su práctica, se van
a sorprender por insólitos descuidos que posibilitaron el
suicidio del depresivo grave.

Recuerdo el
caso de una familia muy adinerada, cuya madre era una
depresiva grave crónica. Varias internaciones. Varios
conatos de suicidio. En una de las interfases y con motivo
de una fiesta religiosa, la albergan en la casa de uno de
los hijos. Un dúplex en el noveno piso. Tenían práctica en
cuidar que no esté en contacto con elementos peligrosos,
cuchillos, hojas de afeitar, etcétera. Las ventanas
estaban enrejadas por la presencia de hijos pequeños del
dueño de casa, lo que la hacía más segura para albergar a
la paciente. Y la vigilancia permanente.

En un
momento la paciente queda en el piso de arriba y ellas se
reúnen en el piso de abajo para brindar. Fue poco tiempo.
Pero el suficiente para que la paciente fuera al baño,
abriera la claraboya y se arrojara al vacío. Un descuido
inexplicable, no conciente, no deseado. Pero muchas veces
el agotamiento hace trampas, y facilita lo no deseado.

He
escuchado a familiares de depresivos llorar por la culpa
que sentían de pensar que la muerte era la solución.
Sentían que la vida de ellos también le pertenecía a la
depresión, que también ellos habían perdido gran parte de
su calidad de vida, y que nada se podía hacer para aliviar
la crueldad de la angustia depresiva.

Ellos
también giraban alrededor del depresivo, no todos. Siempre
era uno, más raramente dos, el que se pega al sistema de
la enfermedad. Los otros, a su manera, acompañaban, o se
radiaban del problema.

Sin embargo
la depresión despierta la pena y el deseo de ayuda por
parte del familiar. Luego, con el cansancio, viene la
agresión. Pero el familiar tiene plena conciencia, pasado
un tiempo de la fase, que está frente a un enfermo. Le
puede hacer muchos reproches: falta de voluntad, no
apreciar lo que tiene, etcétera, pero sabe que es un
enfermo.

 


En las
neurosis

En el caso
de los neuróticos puede pasar algo similar, con otra
forma, otra figura que se dibuja en las relaciones
familiares. El neurótico es demandante, manipulador,
agresivo a su manera, quejoso, caracúlico en ocasiones. Y
si es una neurosis grave, también la familia gira
alrededor de ellos.  En algún artículo escribí una
experiencia: en plena noche tocan el timbre de mi casa y
se me presenta un cuadro altamente dramático. Una familia
acompaña a una chica de 18 años que yace como desmayada
aupada en brazos de su padre. La madre, el padre, los
hermanos, el novio, un vecino. Recuerdo esas caras de
angustia, de desasosiego y los rasgos desfallecientes de
la joven. La escena era digna de un cuadro de Goya o
Velásquez, de la música de Wagner. Toda la familia había
dejado todo para socorrerla. Era una histeria. Pero era en
esos momentos en que la histérica generaba estos síntomas
tan convocantes, y la familia corría detrás de ellos. Son
manipuladores, pero hay sosiego, etapas de silencio
sintomático, de latencia, en que cada uno puede hacer su
vida. Después de mucho tiempo la familia encuentra 
molesto el accionar del neurótico y puede reaccionar
agresivamente. Hay un dejo, en el neurótico, de cosa
artificial que el familiar capta. El familiar hace su vida
y paga su cuota por convivir con un neurótico.

Hay
neuróticos muy graves y toda la familia está pendiente de
ellos, giran a su alrededor, pero está presente el
concepto de enfermedad.

 


En las
psicosis

En los
casos de psicosis, de la esquizofrenia por ejemplo, un
familiar debe ceder su parte de vida para dedicarse a la
misma. Nosotros desde la psiquiatría protestamos cuando
observamos en los hospitales que muchos pacientes crónicos
están “depositados” en los pabellones porque los
familiares los han abandonado. Como psiquiatras
protestamos: ¿cómo van a dejar una persona depositada en
un hospital? El director del Hospital Moyano, en un
congreso reciente, reconocía que la mitad de las pacientes
internadas se podían ir a sus casas. Y todos los que
trabajamos en pabellones de crónicos sabemos que el
ochenta por ciento o más, no deberían estar internados,
que bien podrían estar en sus hogares o al menos en
sistemas de hogares públicos menos estrictos que una
internación psiquiátrica. Pero, desde el punto de vista de
la familia, tener una persona con esquizofrenia, es
hipotecar parte de su vida en aras de la enfermedad: no se
lo puede dejar solo, la conducta es imprevisible. Y muchas
veces el familiar se plantea la disyuntiva o él o yo, y
apuestan por su calidad de vida y lo dejan depositado, que
el estado se haga cargo. El agotamiento que produce la
persona esquizofrénica es intenso. Pero la enfermedad es
patente, casi se palpa, no hay dudas que se está frente a
una enfermedad grave.

 


En la
psicopatía

En el caso
de la psicopatía he observado que se cumple lo que me ha
dicho una vez un familiar de un psicópata. Hace muchos
años ya que he dejado de buscar las claves de esta
profesión en libros de idioma inglés, francés o alemán
para dedicarme a escuchar que me dice el paciente, qué me
dicen los familiares. No qué me debe decir el paciente, de
acuerdo a lo que leí o traduje, sino qué me dice, qué
hace, qué me quiere decir este paciente. Decía, entonces,
que un día un padre de un psicópata me dijo: doctor, este
muchacho me roba la vida. Observen qué profundo es ese
sentimiento y cuánta verdad lleva. Él se daba cuenta que
lo absorbía tanto, que la conducta era tan anormal, tan
demandante que el tenía que invertir su vida en el hijo.
Lo que no podía hacer era discriminar, como lo estoy
haciendo yo que sintetizo tantos casos semejantes, que el
estaba girando alrededor de un Sol negro. Que él estaba
corriendo como un bombero detrás de un piromaniaco que
siempre estaba un paso adelante, que llevaba la
iniciativa. Chocaba los autos (un clásico entre los
marihuaneros), robos de poca monta, drogas, alcohol,
manipulaciones, mentiras, falta de disciplina y constancia
en los proyectos, cuando los tenía o se los imponían. El
padre siempre tratando de solucionar los problemas en que
se metía el hijo, de ver cómo se podía solucionar el
problema, ilusionándose con un cambio que nunca se
producía. Apostando a que era una etapa alocada de la
juventud de su hijo, que ya iba a “madurar”.

“Doctor,
este muchacho, me roba la vida
”.


Era un Sol negro.

 


Si ha pasado una situación similar
o quiere hacer un aporte, escríbame a marietanweb@gmail.com

 

Sobre el autor

Hugo Marietan

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Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

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