Psicopatia Dr.Hugo Marietan

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SEMIOLOGÍA PSIQUIÁTRICA Y PSICOPATÍA


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Mesa del Congreso AAP octubre 2008

La empatía en el psicópata, el perverso y el neurótico

 

 

La empatía en el
psicópata

Hugo Marietan

“Me duele que no te duela mi dolor”

 

1) “No
le interesa herir a la gente, humillarla; no siente nada.
A él le da lo mismo navidad que cumpleaños, no demuestra
nunca nada de sentimiento. Cuando quiere agradar a alguien
finge. Por ejemplo se enteró que una Sra. tenía dinero de
un negocio propio. Esta señora tiene un hijo con una
lesión cerebral y debe de estar en silla de ruedas.
Entonces, para poder estafar a la Sra., llevaba a pasear
al hijo, y le compraba helados. La Sra. estaba asombrada
porque alguien se había acercado a ella sin importar que
tuviera un hijo minusválido. Pero él andaba queriendo algo
con la Sra.  Y el niño le llama a casa pidiendo que lo
lleve a pasear, que estaba esperándolo. Y yo le decía cómo
para gastar en ellos sí tenía  y para aportar gastos aquí
en la casa no… Y él me contestaba: “tranquila yo no quiero
nada con la Sra. Sé que le puedo pedir dinero prestado
para pagar mis tarjetas de crédito. Lo que tú no sabes es
que invierto para después sacar más”. Como nunca logró
nada, cuando la dejó de ver, le dijo “Que bueno que tienes
un hijo así, Dios te castigó porque eres muy dura para
soltar la lana
”.

La empatía implica sentir “como
dentro del otro”; y “simpatía” es sentir en consonancia
con el otro. “Apatía”, en cambio, es el grado emocional
cero, no resonar afectivamente con el otro; sin pasión.
Para que la empatía sea posible es necesario que ambas
personas se consideren iguales en su valor de persona.
Deben compartir códigos comunes y experiencias afectivas
similares para  que el “comprender” se efectúe. En los
momentos de empatía hay una integración de esas dos
personas en un uno empático. Y la persona vivencia que ha
sido “comprendida” por el otro.

La empatía suele ser habitual en la
mayoría de las personas bajo la fórmula: “yo, en lugar de
él sentiría lo mismo”. Y se manifiesta desde el
anoticiarse de un hecho dramático (muy frecuentes en estos
días) hasta cuando se usa un medio artificial como un
película o una serie de televisión, donde somos empáticos
hasta con el personaje ideado por un guionista.

 

2) “Estando de viaje mis
padres fueron asaltados. Cuando hablé por teléfono, me
dijo mi mamá que a mi papá le habían dado un culatazo pero
se encontraba bien, con un pequeño tajo en la cabeza. Se
lo comenté aliviada a mi marido, y me dijo que seguramente
mi papá estaba internado o muerto pero no me habían dicho
nada para no preocuparme, a lo cual yo me puse mal, quise
que me abrazara a lo que respondió que él no estaba en
condiciones de contenerme
”.

 

La simpatía, en cambio, consiste en
conseguir un estado de agrado del otro hacía nosotros.
Desde ya que hay un algo de artificialidad, de algo
aprendido, en el acto simpático. Ya sea por repetir
conductas que agradan (muy vistas en los niños
‘graciosos’) y en las personas que descubrieron que
ciertos modismos “caen bien”. Y, desde luego, por el
ejercicio de algunas profesiones: vendedores,
diplomáticos. El simpático “trabaja” para agradar, y, en
consecuencia, puede graduar su simpatía.

El empático es, necesariamente,
espontáneo: no pude injertarse empatía. Cualquier
artificialidad constituiría una traba en “el ingreso” en
el otro. El empático comprende y es comprendido por el
otro. Al empático no le hacen falta TODAS las palabras
para comprender una manifestación afectiva que el otro le
explica. Tal vez con un gesto baste. La comprensión va de
afectividad a afectividad, sorteando la lógica.

El no empático, en cambio, necesita
de todas las explicaciones del otro, porque debe “entender
intelectualmente” la afectividad el otro. Usa su lógica
para decodificar algo afectivo en el otro. Única manera de
aproximarse a la afectividad del otro. Es como un
extranjero, puede entender los contenidos intelectuales de
un idioma pero no los matices afectivos del tono, los
sobreentendidos, ni la gestualidad que acompaña a las
frases.

Por lo tanto, el no empático se guía
por su razonamiento y la interpretación lógica de las
manifestaciones afectivas del otro. Y, lo mismo que el
extranjero, suele imitar gestos y mímicas que ven en los
otros, sin comprenderlas, sólo porque “van con esas
frases”.

Este “como sí empático”, por
aprendizaje de la mímica, es lo que confunde a muchos
complementarios, que creen ser entendidos por el
psicópata.

 

3) “He de decir que es una persona
con cierta carencia emocional. No es capaz de sentir más
allá de la alegría, la tristeza, el orgullo, etc. A veces
me ha preguntado “¿cómo se siente la tristeza?”. Nunca
creí que lo dijera en serio, pero cuando lo pienso, creo
que tiene una curiosidad real basada en su incapacidad de
sentirla como es habitual en el ser humano. Por eso, como
ella es el patrón principal y las normas las establece
ella, no se para a pensar en los sentimientos del otro.
Salvo en determinadas ocasiones en las que su víctima le
sea verdaderamente productiva e interesante, en las
cuales, ataca directamente para desgarrar los sentimientos
más humanos. Suele contar (como si fuera lo más normal de
mundo, aprovechando las charlas amistosas) que a los diez
años aprendió a hacer llorar a su hermano pequeño con la
mirada”.

 

4) “Una vez estábamos con él en el
cine mirando un dramón: yo lloraba y él me miraba. Al rato
lo veo llorando también. Asombrada, dado que es un gran
insensible, le pregunto qué lo hacía llorar. Y él me
pregunta: “¿qué, no hay que llorar en esta escena?”.

 

5) “No le importa ver llorar a sus
hijos o a mí por cosas que nos hace. Él dice que así
“aprendemos a ser fuertes”, que “así se hacen las
personas”.

Cuando los niños se han portado un
poco mal, los coge a parte a una habitación y puede llegar
a estar una hora hablándoles, le aseguro que no sé de qué.
A mi hijo de sólo 4 años también le hacía esto. Cuando yo
no aguantaba más, entraba en la habitación y el niño
estaba allí con cara de no comprender nada y con los ojos
llorosos y él con cara de desmesurado.”

 

La simpatía va, activamente, del
simpático al otro (S hacía O). Así, la participación del
otro es mínima, es como un receptor de la simpatía.

El empático, en cambio, es pasivo:
recibe del otro la emoción y activamente la resignifica
para sí y la asimila de acuerdo a sus experiencias y
sensibilidad. La empatía va del otro al empático. El otro
participa emitiendo (mostrando) sus expresiones. El
empático es el receptor.

 

El
psicópata no es empático. Puede ser simpático.

El
psicópata puede captar la vulnerabilidad del otro, la que
es utilitaria para él, y desprecia el resto.

El
empático, al nivelar de persona a persona puede causar
enormes sufrimientos a sabiendas.

El
psicópata no causa daño con la intención de dañar, el va
hacia su objetivo, y si algo lo obstruye o lo destruye, o
lo neutraliza o lo salta; siempre actúa en pos de su
objetivo, no porque pretenda dañar a un sujeto en sí.

El
empático si puede utilizar esa empatía para dañar en
profundidad al otro porque sabe qué va a sentir el otro
por el efecto de su acción porque es un igual.

El
psicópata causa daño como efecto colateral a su acción
principal -su objetivo.

El
empático sabe lo que está haciendo y lo que el otro está
sintiendo.

El
psicópata puede hacer algo dañino, torturar por ej., pero
nunca va a poder aprehender lo que el otro siente, sabe
que este punto es doloroso y ahí debe poner el torno, pero
no sabe hasta qué punto el otro está sintiendo dolor. Es
por esto que el psicópata no siente culpa por su acto,
para él es un trabajo o está en su épica – y aquí el
objetivo todo lo justifica-.

 

6)
Hace poco falleció su tío, y como mi marido está
interesado en los bienes y sobre todo por el auto, visita
a su tía para ver cómo puede apropiarse de esos bienes. Se
junto con sus otros hermanos, uno de los cuales es abogado
y policía, y me contó que están haciendo todos los papeles
ilegales para quedarse con las propiedades, sin importarle
lo que le pase a la tía que es una persona mayor.

 

El
empático, cuando hace una maldad, siente en parte lo que
siente el otro -simbólica o fantasmáticamente-, y eso
lleva a un displacer interno que es lo que se llama culpa,
lo que hace le genera culpa, sabe que ha hecho algo que no
está bien, que ha vulnerado un principio del bien común y
pagará por ello con angustia o somatizando.

El
empático es el verdadero dañino con conciencia de cómo
cala su daño en el otro; es dañino con el otro y contra sí
mismo (culpa). La maldad agota al empático.

En el
psicópata el hecho dañino no tiene ningún costo afectivo,
no hay un plus, por eso permanece tranquilo e
imperturbable, y esto antes, durante y después de la
acción psicopática.

Muchos
empáticos generan en su fantasía actos dañinos hacia
otros, pero no se animan a soportar el quantum de angustia
que le generará la acción en la realidad -‘pecan con el
pensamiento’-. Saben que van a causar daño pero el costo
de ese daño inhibe la acción dañina; otro factor de
inhibición es el costo ante la responsabilidad del daño
infringido al otro, el cómo se va a ver perjudicado al ser
descubierto por el daño causado -temor por las
consecuencias-.

El psicópata al ser no empático con
el otro no sufre con el otro ni por el otro. En ese
sentido es apático. Es más, puede sentir “extrañeza” por
la forma de reaccionar del otro frente a sus hechos
psicopáticos: al no ser empático no puede medir la
intensidad de las consecuencias negativas de sus acciones
en el otro.

 

7) En
determinado momento de la cena, el hermano comenta a J que
su hija le dijo: “Estoy desorientada en mi vida, no sé qué
hacer”. J le dijo a su hermano: “Es fácil, el hijo de X,
que tiene la misma edad tampoco sabe qué hacer, así que
por qué no te ves con X, juntan un capital, y que ellos
empiecen un negocio”. El hermano insiste: “Pero no está
diciendo eso, está diciendo que está desorientada en la
vida. Y J contesta: “¡Claro, por eso!”.

 

El
psicópata carece de la vivencia de empatía. Le está vedado
comprender al otro. Sí puede “entenderlo”, conocer sus
fisuras y, de esa manera manipularlo. El dolor  del otro,
físico o psíquico, lo entiende, y a veces, haciendo un
análisis intelectual del fenómeno. El proceso de
cosificación del otro (innato en él), lo aleja más aún de
la posibilidad de la empatía: el otro es depreciado como
persona, devenido en objeto de uso. En consecuencia, el
psicópata usa a las personas como materia prima (cosas)
para lograr sus objetivos. El psicópata avanza hacía su
objetivo impulsado por sus necesidades especiales (lograr
el poder, por ejemplo), y si en el trayecto destruye o
lastima cosas (personas) es un mero efecto secundario poco
o nada atendible para él. Su enorme grado de libertad
interior le permite (y sus códigos propios lo justifican)
emprender empresas donde el daño hacia los otros no está
contemplado. El dañado permanece perplejo ante el daño
psicopático dado que no puede comprender la naturaleza del
daño en toda su magnitud, ni la motivación que llevó a tal
acción: tan lejos está de la mente de un psicópata.

El empático, un normal
o un neurótico, resuena emocionalmente con el otro, que es
considerado una persona como él. En consecuencia es
plenamente consciente de las vivencias que desencadena su
accionar en el otro. Hace el daño y de alguna manera una
parte de ese daño se le vuelve en contra como culpa (o sus
manifestaciones psicosomáticas). Daña y se daña. Su
libertad interior acotada por los principios morales
comunes y sus inhibiciones intrínsecas, le impiden muchas
veces llevar a la realidad su plan dañino hacia el otro.
Pero cuando lo hace maneja preciosismos de daño anclados
en la historia emocional del otro que él de alguna manera
también conoce. Por eso la contundencia del daño puede ser
intensa y devastadora. El dañado, a su vez, puede entender
la naturaleza del daño y las motivaciones del dañino. Por
el mismo proceso de empatía, y la cercanía con la mente
del empático.

 

 

 


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Sobre el autor

Hugo Marietan

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Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

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