Psicopatia Dr.Hugo Marietan

P


SEMIOLOGÍA PSIQUIÁTRICA Y PSICOPATÍA


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Las artimañas del
perverso

Hugo Marietan,  23 de mayo
de 2007

 

El cuestionario que leerán a
continuación, corresponde a un ejemplo descarnado de lo que
es el accionar de un perverso y, a su vez, psicópata.

Vamos por parte.

¿Qué es un perverso?

Un perverso es una persona
que, en algunos momentos de su vida, ejerce un accionar
sexual contrario a lo normal para su cultura: paidofilia
(relaciones sexuales con niños), travestismo, sadismo (usar
el sufrimiento y el dolor del otro para darse placer
sexual), masoquismo (entregar su voluntad a otro para que
lo  haga sufrir, como medio de excitación sexual),
necrofilia (copular con cadáveres), etc. Como ven, por los
ejemplos, las acciones perversas están relacionadas con lo
sexual (por lo general explícito, aunque pueden existir
conductas que lleven implícitas el goce sexual, sin ser
manifestadas abiertamente —éste no es uno de esos casos—).
Estas personas, desde luego, son atípicas e infrecuentes.
Accionan sobre los demás usando, por lo general, un poder de
seducción especial, más cercano a la fascinación animal. La
“víctima” se siente atraída por el perverso como la mariposa
por la luz. Y el perverso la ve girar a su alrededor y la
encanta, hasta que decide usarla para sus apetencias. Por lo
general, la “víctima”, entra en el juego voluntariamente,
una morbosa curiosidad la impele hacía el perverso, quiere
saber hasta donde va el juego. Y cae. Es por eso que coloco
la palabra “víctima” entre comillas. Pasada la experiencia
inicial de la relación con el perverso, pueden ocurrir dos
evoluciones. Una que la “víctima” sienta saciada su
curiosidad y dé por terminada la experiencia (quedando con
los machucones del caso), y se aleje (muchas veces
“ofendida” y sintiéndose “abusada”) del perverso. Algunas de
estas “víctimas” hasta llegan a querellar en la justicia al
perverso.

La otra evolución posible es
que la “víctima” reincida en sus experiencias con el
perverso. Y aquí, entonces, se abren dos caminos: o es una
complementaria del perverso,
es decir que le cabe el accionar perverso sobre ella, pero
se queja de la relación de la 
que “no puede salir”
. El otro camino es que la
“víctima” sea en realidad, OTRO
PERVERSO
, ya sea que sea conciente de esto y que
la perversión haya estado latente. Y el perverso, en este
caso, hace de príncipe que despierta, con un beso, a la
Bella Perversa de su largo sueño de persona normal.
 Entonces hablamos de ASOCIACIÓN
PERVERSA
.

La diferencia entre la
complementaria del perverso, y la perversa despertada, es
que esta última no solo no se queja, sino que participa
CREATIVAMENTE
, de más
juegos perversos y, hasta contribuye ella personalmente a
tener acciones perversas con otros.

Dejamos como cuarta
categoría (1. Curiosa morbosa, 2. Complementaria, 3.
Perversa despertada) a la
VICTIMA REAL DE UN PERVERSO
, que es aquella que
cae en manos de un perverso ACCIDENTALMENTE y AZAROSAMENTE,
es decir, una persona normal que es sometida por la fuerza a
una violación, por ejemplo. O que es drogada y llevada a
participar de juegos perversos; es decir, SIN QUE PARTICIPE
SU VOLUNTAD, su intención, en los juegos perversos.

Por otra parte la perversión
no es un hecho fortuito, un episodio único, o accidental en
la vida de una persona, sino que es UNA CONDICIÓN DE VIDA.
El perverso trabaja para satisfacer su perversión, usa su
inteligencia y su poder para cumplimentarla.

Ahora pasemos a la otra
pregunta:

¿Qué es un psicópata?

Es una personalidad atípica,
infrecuente, que tiene necesidades especiales (que no están
relacionadas con lo sexual), y formas atípicas de
satisfacerlas (rito, sello o perfil psicopático), y que, en
función de estas dos características, posee una mentalidad
(una lógica) especial, que incluye la cosificación de las
otras personas (el percibir a los otros como cosas para ser
utilizadas quitándole la jerarquía de persona empática, y
sin sentir culpa por las consecuencias de su accionar
psicopático), y una libertad mental ampliada para realizar
los hechos psicopáticos.

No me detengo a describir
estos rasgos por estar ya explicados en otros artículos.
Pero sí podemos añadir esta pregunta:

¿El psicópata, es
necesariamente un perverso?

No. La necesidad especial,
que es el motor de la psicopatía, puede no estar relacionada
con el sexo (el poder, por ejemplo).

Puede que algunas acciones
colaterales del psicópata incluyan actos perversos, en este
caso tenemos a un PSICÓPATA
PERVERTIDO

 

El perverso, ¿es
necesariamente un psicópata?

No. Existen perversiones en
donde no se requiere del otro como un objeto o una cosa
(cosificación), como por ejemplo el fetichista que se
masturba con el zapato o la bombacha de una mujer, a solas.
O el que se viste de mujer y goza al mirarse en el espejo
por ese solo hecho, por ejemplo.

Pero, cuando su perversión
incluye el uso del otro, como una cosa, como un objeto para
su placer (cosificación), entonces entra en el territorio de
la psicopatía y podemos decir que es un
PERVERSO PSICOPÁTICO
.

 

Una vez hechas estas
distinciones, quiero que lean detenidamente este valioso
cuestionario y que ustedes saquen sus conclusiones y me las
envíen a mi correo.

 

Saludos para todos.

 

 

Cuestionario de
Orientación sobre Rasgos Psicopáticos (CORP)

Hugo Marietán, 2006 ©
Derechos Internacionales Reservados



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marietanweb@gmail.com
,

consultas@marietan.com

Complete
estos datos del presunto psicópata
:

Edad:

R:  Es un
hombre muy mayor

Estado civil

R:  Casado

Profesión,
estudio o trabajo que realiza:

R:  Escritor

Lugar de
residencia actual, ciudad, país:

R: 

Sexo:

R: Hombre

Otro dato de
interés:

R: Tiene un lado femenino
que es el que le gusta utilizar conmigo. En el sexo somos
una pareja cambiada, no así en lo demás. Él es feliz
teniendo eso, se le ve disfrutar enormemente. Yo soy
heterosexual, pero ha conseguido que sólo le pueda amar
haciendo yo de hombre. De hecho sólo me atrae cuando se
disfraza de mujer.

 

Datos del
que contesta el cuestionario (imprescindibles)
:

Edad:

R:  35

Lugar de
residencia actual, ciudad, país:

R: 

Profesión,
estudio o trabajo que realiza:

R: 

Sexo:

R:  Mujer

¿Qué relación
tiene o tuvo con él?:

R: 
Sentimental

¿Cuánto
duró/dura la relación?:

R:  Dura desde 2003. Ya creo
que ha acabado.

¿Cómo lo
conoció?:

R: Fui a verle yo. Es una
persona muy conocida en mi país (prefiero no dar el nombre)
y a mí me encantaban sus libros desde 1992, que leí el
primero de ellos. Desde entonces se convirtió en mi escritor
favorito. Yo le admiraba muchísimo y era una referencia para
mí. También me atraía como hombre.

Entonces fui a verle a un
lugar donde estaba firmando libros y le pregunté si después
de firmar quería tomar un café. Me dijo que sí y desde
entonces empezó todo. Dijo que yo era un regalo que le había
caído del cielo y vivimos una luna de miel preciosa hasta
que cambió. Le conocí por primera vez en el año 2002, en
junio.

¿Qué lo atrajo/
atrae de él?:

R: Me atraen muchas cosas.
Su parte femenina, que es la parte de él menos controladora,
más espontánea y más sensible. Me atrae que él sea escritor
porque yo quiero ser escritora desde niña. De hecho ya he
publicado cosas y sé que cuando me sienta mejor podré hacer
más por lograr ese sueño. Me atrae que es muy divertido, que
nunca te aburres con él. Para el sexo somos iguales y
tenemos una complicidad que nunca he tenido con nadie. Su
parte femenina me provoca una ternura irresistible.

Me encanta su personalidad
porque es muy seguro de sí mismo y muy trabajador, tiene
mucha energía vital que yo no tengo. Me cuesta hacer las
cosas y él las hace, sin más. Yo eso lo admiro mucho. Me
encanta lo atrevido que es y lo adelantado que ha estado
siempre a todo en la vida. Me vuelve loca su espíritu joven.
Tiene 70 años pero no los aparenta ni físicamente ni de
espíritu. Me resulta muy familiar, como si él y yo ya
hubiésemos estado juntos.

Soy una persona sensible y
la verdad es que siempre he sido muy mirada con los demás.
Es muy raro que yo me enfrente a alguien, cosa que estoy
aprendiendo, aunque muy poco a poco, a hacer.

Además, siempre me siento
responsable e incluso culpable de todo lo que sucede con los
demás, pero sólo si sucede algo negativo. Me siento
responsable hasta de que alguien esté de mal humor. Me creo
que yo he hecho algo malo. Me angustio mucho. Eso también
está cambiando, y ha cambiado mucho por no decir que lo
tengo superado.

Cuando estoy con él, se me
olvida ese estrés que siento en mis relaciones. De repente,
los demás me parecen meros instrumentos y yo los manejo a mi
antojo con él y les utilizamos para que nos hagan disfrutar.
Debo aclarar que nunca he hecho nada contra la voluntad de
nadie y siempre que hablo de manipulación, es con adultos
que de voluntad han participado en los juegos de los dos.

Cuando estoy con él siento
desprecio hacia los demás. Eso no me gusta sentirlo, pero en
esos momentos me provoca un placer extraño y desconocido
porque eso me hace cómplice de él. Nos une. Me siento
relajada porque los demás dejan de importarme un rato. Me
encanta sentir que les utilizo y no me importa si les hago
daño. De hecho la idea de que esa persona sufra se me antoja
muy lejana y como que no tiene que ver conmigo. De hecho
creo que ni se me ocurre pensar que estoy haciendo sufrir a
alguien. Es algo muy extraño que no estoy explicando bien.
De repente no siento nada. Esa persona no es una persona, es
un juguete y no me importa lo que sienta. Por otro lado,
siento mucho vacío… Es un placer extraño.

Pero esto sólo me sucede
cuando estoy con él. A veces  me ha sucedido estando yo a
solas, con mi vida cotidiana, sobre todo cuando ha
coincidido que he visto mucho durante un tiempo a F. (me voy
a referir a él de ahora en adelante como F.) Por ejemplo,
estoy hablando con una persona, un desconocido normalmente,
y se cuela en mí la forma de pensar de F. No sé explicarlo
mejor. De repente desnudo a la otra persona, la diseco. Sé
qué espera de mí, qué busca, y me parece siempre mediocre.
Pienso que es boba y que siempre será un ser igual de
mediocre y triste y aburrido. Me entran ganas de reírme de
esa persona, en plan burla. Me hace gracia verla con todos
sus miedos y de repente sé cuáles son sus limitaciones.
Esto, gracias a Dios, me dura muy poco. De repente siento
mucha angustia y tristeza y en seguida cambio mi pensamiento
e intento compensar a esa persona por lo que acabo de pensar
de ella. La veo ya normal, como alguien igual.

¿Qué es lo que
más le hacía/hace sufrir?

R:  Que no me quiera, que no
me valore como persona. Me considero una mujer inteligente y
con muchas inquietudes intelectuales. Él, en sus libros,
siempre defiende ese tipo de personas. Desde el principio él
vio que yo tenía esas inquietudes porque alguna vez hemos
hablado de cosas. Él siempre ha sabido que sueño y trato de
ser escritora, como él, pero nunca me ha tratado como mujer
y menos inteligente.

Trabajé para él durante
nueve meses (me convenció para que dejase el trabajo que yo
tenía y me fuese a vivir con él). A su mujer (ella tiene un
año menos que yo) y a su secretaria (que es unos años más
joven que yo) siempre les daba trabajos “dignos”.

Quiero decir, que a su mujer
le puso un negocio y ella era la gestora. Yo la ayudaba a
ella con las ventas. Y su secretaria le llevaba todo:
contactos con editoriales, con escritores, etc…. Todo lo
que es su vida profesional.

Ellas no tenían estudios y
yo sí. Soy licenciada en Filología alemana y sabía como me
gusta escribir y lo que me gustaba la literatura porque ya
no me gusta.

El trabajo que me hacía
hacer consistía en ordenar habitaciones de su casa y
vaciárselas de libros porque tenía muchísimos. Tenía que
hacer cajas con libros y cargar con ellas escaleras abajo
hasta el sótano. Siempre me tenía cargando cajas y
cogiéndolas en brazos y de un lado para otro. Nunca me dejó
hacer un trabajo intelectual. Sufrí mucho porque tampoco me
atreví a decirle que me diese alguna oportunidad.

Por mi cuenta he publicado
cosas que han tenido incluso mucho éxito, pero él nunca
jamás me ha alabado ningún trabajo. Lo que le he comentado,
él sólo me enviaba a hacerle recados en metro por Madrid y
le cargaba cajas. Le colocaba cosas, le hacía las maletas
cuando tenía que viajar… Nunca me decía que le ayudase a
cosas que tuviesen que ver con el pensamiento o la creación
literaria y sé que podría haberle servido de muchísima
ayuda.

Me hace mucho
sufrir porque no sé qué siente realmente por mí. En
ocasiones he sentido que me quiere, que le provoco ternura.
Él me dice, por ejemplo, que me ama, que está enamorado de
mí y que no puede dejar de pensar en mí, pero al día
siguiente me echa de su casa porque me dice que ha quedado
con una chica que es mucho más joven que yo y que es una
escritora en ciernes con mucho talento. Queda con ella y
encima me llama por teléfono y hace que hablemos las dos.
Entonces me creo morir y me enfado y cuando me vuelve a
llamar y le reprocho lo que ha hecho, me dice que cómo es
posible que me enfade con él si eso forma parte de nuestro
juego cómplice y que entre nosotros no hay amor, sólo sexo.
Que se siente muy mal y que le he echado un jarro de agua
fría. Y entonces consigue que le pida perdón.

Le pido perdón
porque me amenaza diciéndome que si yo voy a confundir sexo
con amor, pues entonces tendrá que buscarse una chica que le
dé menos problemas. Entonces me tiemblan las piernas y le
digo que no, que no me haga caso, que he tenido un mal día y
que no pensé lo que decía. Pero luego él, cuando está
abrazado a mi en la cama, porque le encanta dormirse en mis
brazos, me susurra al oído diciéndome que me ama, que piensa
en mí más de lo que debería, que le he puesto su mundo del
revés… Y me dice siempre: “Bueno, tú haz caso a tu
princesa (en la intimidad le llamo así) pero no hagas caso a
F., no le tomes en cuenta lo malo que te hace”

Es como si a
todo el mundo le diese más valor que a mí. A mi sólo me da
el valor de compañera sexual y ahí sé que me valora
muchísimo. Me lo ha dicho y no creo que mienta. Siempre dice
que soy la mujer con la que mejor se lo ha pasado en toda su
vida.

 


Cuestionario

¿Él sigue sus
propias reglas, tiene códigos propios?

R:  Siempre. Siempre porque
no conoce otras reglas. Respeta las reglas sociales pero
creo que lo hace porque él vive del reconocimiento social,
porque la sociedad tiene algo que aportarle. Él no hace
nunca nada de lo que no vaya a sacar un beneficio. Sus
códigos tienen sólo que ver con lo que él se va a
beneficiar.

¿Él piensa que
no hay límite para sus acciones, que todo es posible?

R:  Es un hombre que lo
calcula todo muchísimo, que no da un paso en falso.

No creo que crea eso, al
menos con respecto a su trabajo, que es estar constantemente
cara al público.

En cambio, en el sexo, que
es la única parcela que me permite compartir con él, no
tiene límites. Todo es posible. A veces ha intentado que
haga cosas que chocaban con mi moral, por ejemplo me propuso
un viaje a un país para tener sexo con niños y a mí se me
revolvió el estómago. Le dije que yo eso no lo iba a hacer
nunca y nunca más me insistió en ese tema. Él me cuenta que
le encantaría estar en la cama con niñitas de 7 añitos. No
tiene límites. Creo que lo ha hecho con niños porque me lo
ha dicho. Digo creo porque también estoy segura de que me
miente con muchas cosas y a veces tengo una confusión mental
tan grande que no sé qué es verdad y que no lo es. No lo sé.
Llevo cinco años con él y a veces creo que le conozco y a
veces creo que sigue siendo un enigma. Me agota.

¿Vive el hoy sin
importarle el mañana, no planifica?

R:  Planifica absolutamente
todo. No da un paso sin haber calculado todos los pros y los
contras. Si va a perder algo, no le importa siempre y cuando
el beneficio sea mayor. Es un gran gestor.

¿Él hace lo que
quiere sin importarle las consecuencias?

R:  Siempre y cuando sea en
el sexo. Hace lo que quiere, siempre se sale con la suya. En
lo demás, como dije antes, lo estudia todo muy bien antes de
hacer cualquier acción. Es como un jugador de ajedrez
privilegiado. Tiene una visión de conjunto que me
impresiona. Sabe qué consecuencias tendrá cada movimiento
que dé porque sabe qué movimientos puede hacer cada una de
las fichas y cuáles no.

¿Ni premios ni
castigos modifican su accionar?

R:  No. Siempre me ha dado
la sensación de que no le importa nada lo que a los demás
nos incentiva o disgusta. Cuando le dan un premio, y le han
dado muchos o cuando le felicitan, que también se le
felicita mucho, no percibo en él que se sienta orgulloso de
si mismo ni de su trabajo si no que se siente superior a los
demás y eso le provoca infinito placer. Nos ve a los demás
como perritos tontos y bobitos e inconscientemente está
lanzando este mensaje: “Sois unos pobres mediocres. Sólo lo
mío es lo mejor, es divertido, inteligente interesante.
¿Cómo podrán vivir en esa mediocridad?”. Todo esto
acompañado de infinito desprecio.

Yo estas cosas
las siento. No me diga cómo, pero siempre puedo sentir lo
que él siente y sé lo que está pensando, aunque esté lejos.
Sé incluso cuando va a telefonearme porque siento un
cosquilleo en la espalda, como si una parte de él estuviese
agarrándome la columna vertebral. Siempre que siento ese
cosquilleo, sé que él está pensando en mí. Si el cosquilleo
es muy fuerte, entonces sé que me va a llamar. Siempre
ocurre, nunca me equivoco. No sé porqué sucede y puede que
le parezca de locos lo que le estoy contando, pero es
verdad.

En ocasiones,
cuando no he sentido ese cosquilleo, me he creído morir
pensando que ya no le interesaba. Ahora llevo unos días que
no lo siento, pero no me importa ya tanto. Incluso cuando lo
he sentido recientemente, pego mi espalda al respaldo para
no notarlo. Me provoca angustia pensar que puede telefonear.

¿Sólo cuenta él
y lo que él quiere?

R:  Él conoce lo que
quieres, lo que anhelas, conoce tus sueños aunque tú no se
los cuentes. Sabe a la perfección qué deseas, pero parte del
placer consiste en privarte de ello. Le podría poner muchos
ejemplos.

Creo que todo
lo que no he tenido con él en nuestra relación es justo todo
lo que yo deseaba y creo o intuyo que no lo he tenido porque
él sabía que yo lo deseaba. Le repito: son intuiciones mías
y puede que me haya vuelto loca, ya no sé.

También he
comprobado que él conocía mis anhelos mejor incluso que yo.

¿Hace girar a
todos alrededor de él?

R:  Sí. De hecho todas las
personas nos tiene como hechizadas. A cada uno por una razón
diferente, pero todos estamos pendientes de él. Creo que nos
hace desear las pocas migajas que de vez en cuando nos lanza
a cada uno.

Yo a veces me recuerdo a mi
misma a Mina Westenra, en la novela Drácula.

Ella es mordida por el
vampiro y se empieza a debilitar.

Una cosa que noto y me
inquieta mucho es que cuando estoy con él, me siento sin
energía. Incluso por teléfono, cuando de alguna manera entra
en contacto conmigo, con sólo saber qué he tenido un simple
mensaje de él, es como si mi energía vital se perdiese.
Siento que él la roba porque cuando está conmigo es como si
reviviese. Se le ve más jovial y tiene una fuerza que para
mí quisiera.

En Drácula, Mina es una
mujer con una moral, una mujer que ama y que en esencia es
buena. Pero el vampiro la muerde. Ella le deja entrar porque
él la hechiza. El vampiro sólo puede entrar en tu casa sólo
y exclusivamente si tú le invitas a entrar. Entonces, a
pesar de que ella sabe que es la esencia del mal y que la va
a conducir al abismo, ella le siente en la distancia y se
siente atraída a él sin remedio.

Pues así me siento yo y no
he visto mejor ejemplo comparativo en mi vida que explique
mejor lo que me sucede con este ser. Lo amo, quiero estar
con él aunque sé, y perdón por la frase tan mal sonante que
voy a escribir, que es el mayor hijo de la gran puta que he
conocido.

¿Él, usa a las
personas, es manipulador?

R: En extremo. Tiene arte
para eso, no he visto una cosa igual. Es inteligentísimo y
un gran psicólogo. Sabe lo que cada uno necesitamos y
entonces nos ofrece un caramelo para luego quitárnoslo y más
adelante dárnoslo, pero no entero, un trozo que hace que
desees más.

Cuando trabajé
con su secretaria y su mujer (que es una chica de mi edad,
muy tímida y asustadiza), nos hizo enfrentarnos con juegos
sutiles. Trabajábamos bajo el mismo techo 8 horas al día
pero nos llevábamos mal entre las tres y es que a mí me
contaba cosas de ellas que me hacían daño y hacía igual con
las otras dos. Que si una ha dicho de ti, que la otra ha
dicho…

Y creo que lo
hacía más con ellas porque ellas se sentían con menos
autoestima aún. Él, porque lo descubrí más tarde, les hizo
creer que yo había entrado allí para conseguir casarme con
él y trabajar en conjunto. Es decir, les estaba diciendo o
haciéndolas creer muy sutilmente que yo había llegado a
desbaratar su vida. Por eso me hicieron la vida imposible
las dos. Pero no las culpo, para nada.

A veces se
sentaba en el sillón y nos hacía que fuésemos las tres y
empezaba a mandarnos cosas. Nos regañaba con condescendencia
que parecía bondad, y las tres calladas, le mirábamos
atentas. Encima te hacía sentirte agradecida e importante
porque estaba empleando su precioso e importante tiempo en
ti. Él decía: “Bueno, no me miréis como conejillos asustados
y a trabajar.” Y nos miraba disfrutando infinito de la
escena. Las tres, como juguetitos, nos poníamos en marcha,
contentas porque nos hubiese dedicado un rato.

Siempre dice
lo que quieres oír y también lo que no quieres oír cuando a
él le interesa. Según le da. A veces es encantador y te
preguntas que cómo has podido juzgarlo tan duramente, pero
de repente, cuanto más confiada estás, te mete una “paliza”
psicológica que te hunde. Y así te tiene un tiempo. Luego
vuelve a ser cariñoso y encantador, te hace creerte muy
valiosa y vuelta a empezar. Mi historia con él va a picos.

¿Quiere que
otros se acoplen a sus proyectos sin importarle los
proyectos de los demás?

R:  Sí, claro.
Él es su propia empresa y los demás, empleados. Si queremos
estar en su empresa, tenemos que seguir sus instrucciones.

¿El es seductor?

R: Muy seductor. No sabe
hasta qué punto lo es… Se transforma. Pone una determinada
cara, unos gestos… Sabe perfectamente qué decir y cómo. No
he visto una persona con más atractivo sexual que él. Él es
eso, “the great pretender”.

¿Es cruel?

R: La persona
más cruel que me he encontrado.

Lo que me ha hecho irme de
su lado es lo que me hizo el 9 de septiembre pasado. Desde
entonces no lo he visto, a pesar de que me insiste sin
cesar.

Habíamos
estado el verano separados, pues él se fue con su mujer de
vacaciones y yo estuve en Madrid.

Estuvimos como
un mes y pico sin quedar. Cuando me llamó a la vuelta del
verano, me hizo mucha ilusión y le dije que sí, que
quedábamos y así hicimos. Quedamos esa fatídica tarde.

Teníamos
planes de ir a un local de intercambio de parejas (solemos
mucho ir allí), pero al llegar vimos que estaba cerrado.
Entonces lo intentamos en otros, pero sin éxito. Como era
septiembre, quizá estaban todavía de vacaciones.

Así que él de
repente empezó a cambiar. Creo que fue porque no podía
llevar a cabo su plan de pasar la tarde en un lugar de esos.
Creo que le apetecía mucho. Y como Jeckyll y Hyde… pasó de
estar amable a jugar a darme celos. Empezó a decirme que
había conocido a una mujer preciosa, como una princesa, que
era un genio de la literatura. Que era bella e inteligente,
preciosa. Yo, que le conozco, intenté que no me afectase
nada de lo que me decía, pero ya no podía estar diciendo más
cosas buenas de las mujeres que había conocido últimamente.
Empezó a afectarme. Tanto fue lo que me dijo que cuando
llegamos a un bar a tomar una copa yo ya estaba desquiciada.
Sólo deseaba que volviese a ser encantador.

Pero no lo
fue. Entonces, cuando ya había bebido dos copas, empezó a
hacerme preguntas de cultura general sin venir a cuento y
que no supe responder porque hace ya  mucho tiempo que dejé
el colegio y fue horrible. Empezó a decirme que no tengo
cultura general, que dónde estaba ese libro maravilloso que
estaba escribiendo y que iba a cambiar el mundo.

Me dijo:
“¿Ves? Ha quedado en un pluf, en nada, porque te voy a decir
lo que eres en realidad. Tú eres una mediocre. A partir de
ahora te voy a llamar doña mediocre. Tienes 35 años y no
sabes escribir. ¿Cómo vas a escribir si no tienes ni
siquiera cultura general? Cualquier chica que estoy
conociendo últimamente, aparte de ser más joven y guapa que
tú, delgaditas y no gordas (yo no estoy gorda, pues mido
1,67 y peso 50 kg. De hecho gusto mucho a los hombres porque
me ven un cuerpo muy bonito) escribe mejor que tú. O por lo
menos, escriben.

“Tú eres
mediocre y sólo vales para puta, para putita. ¿Ves? La gente
nos está mirando porque estoy yo (como le comenté, es un
hombre muy conocido en mi país). A ti no te miran, en todo
caso te miran porque les da curiosidad ver quién viene
conmigo. Sólo eres eso, una puta. Vas a acabar con
alzheimer, como tu madre. Mediocre, puta y mediocre. Cuando
vuelva del viaje que voy a hacer con mi mujer, no voy a
quedar contigo, voy a recurrir a esas chicas que son mucho
más jovencitas y talentosas. Ya me he cansado de estar con
una puta mediocre. Porque te está cambiando el
metabolismo…” Y así siguió y siguió y siguió y siguió…
Me dijo unas cosas tan horribles que todavía siento el mismo
dolor que esa tarde. No se lo puede imaginar.

Y yo, callada.
Anulada. Le escuchaba y creía lo que me decía. Se me caían
las lágrimas, pero él seguía. Íbamos por la calle y yo iba
como en un mal sueño. Él caminaba muy rápido y yo tenía que
corretear para seguirle. Entonces, él se volvió y con una
cara muy rara y horrible me dijo: “Vamos, ven perrito”. Y yo
corrí más rápido para alcanzarlo.

Recuerdo que
me entraron ganas de vomitar y tuve que parar para hacerlo.
Me sentía muerta por dentro y me revolvió el estómago. Él,
al darse cuenta que no le seguía, volvió donde estaba yo y
en vez de preocuparse por mí, recuerdo que se le puso una
sonrisa de satisfacción. Sentí que le encantaba lo que
estaba sucediendo y sentí que disfrutaba muchísimo. No me
preguntó qué me ocurría y no se acercó a ayudarme. Recuerdo
que me preguntó, con voz despreciativa y con sorna: “¿Qué?
¿Estás enfadada?” Sólo se quedó de pie, con unos ojos
horribles y un gesto frío y distante. Me despreciaba.
Disfrutaba. Sentí hasta que tenía placer viéndome vomitar
humillada y desquiciada. Por supuesto, le contesté que no,
que no estaba enfadada.

Cuando
llegamos a su calle me dijo que me fuese por la calle
paralela por si acaso se asomaba su mujer y nos veía juntos.
Me dijo que no quería problemas. No se despidió de mí. No me
dio un beso ni nada, no me miró.

Yo me quedé
que prefiero ni recordarlo. Tardé en recuperarme un mes.

Esa tarde fue
la gota que colmó el vaso de humillaciones y malos tratos
psicológicos durante cuatro años. Si me pongo a contar todo,
este documento se convertiría en un libro.

¿Le hace creer
que usted es la mujer ideal?

R:  Para el sexo me dice que
soy su partenaire ideal. Que nos ajustamos como un guante.
Que soy la mujer con la que más ha disfrutado en su vida y
le creo. Y eso que tiene 70 años y que ha vivido lo
indecible. Para el resto de los ámbitos siempre dice que
“menos mal que me di cuenta que no podía seguir enamorado de
ti. Eres inestable y tuve que cortar radicalmente el
sentimiento porque me hubieses arruinado la vida”. Creo que
me tiene anulada. Creo que no me ve como una persona.

No entiendo porqué después
de tantos años y haber compartido tantas vivencias, no puede
sentir el menor atisbo de cariño hacia mí. No lo puedo
entender.

¿Pocas cosas le
entretienen si no son intensas o de riesgo, se aburre?

R: Nada le entretiene a no
ser que sea algo que le “alimente” intelectualmente o el
sexo puro y duro. Todo lo que hace conmigo y que con nadie
más puede hacer. Eso sí disfruta, se le ve extasiado,
volado, como en otra onda. Se dulcifica bastante cuando
disfruta. Es como si se relajase de verdad y dejase de
controlar todo tanto. No sé, como más humano.

¿Él tuvo
acusaciones de abuso o violación?

R: Que yo sepa nunca ha sido
acusado de eso y  no creo que haya hecho nada. Él sí me ha
contado a veces que su madre abusó de él cuando era pequeño
y que un profesor de su colegio abusó de él durante años.

Cuando me lo
contó, le dije que lo sentía muchísimo y que si le podía
ayudar. Le pregunté que cómo se sentía. Sonrió y me dijo que
le encantaba que su madre y su profesor le tocasen porque
“me siento muy mariquita”. Siempre fantaseamos con esos
juegos de gays y cambios de  roles.

Durante mucho
tiempo pensé que él era así porque tenía mucho miedo de
amar, porque de pequeño le habían hecho daño y estaba
asustado y reprimido. Pensé que yo podría ayudar a cambiar
eso. Pobre tonta que soy…

¿Tolera
frustrarse?

R: Yo creo que nunca se ha
frustrado. No permitiría jamás que eso le sucediese.

¿Repite los
errores?

R: Nunca comete errores.
Mete mucho la pata con personas, pero para él eso no son
errores. Me consta que mujeres que han estado con él han
recibido ayuda psicológica.

¿Él culpa a los
otros de sus errores?

R: No recuerdo que haya
cometido algún error en su trabajo. Pero si fracasa con
alguien, como conmigo ahora, pues estoy segura que se siente
ofendido y que pensará que soy una loca. La culpa de que no
quedemos, seguro, la tengo yo que soy una “inestable
emocional“, como tantas veces me dijo.

¿Usted es el
soporte económico de esta persona?

R: No.

¿Usted se siente
usada por él?

R: Sí. Creo que me ha
manipulado porque siempre me ha llevado ventaja. Tiene 36
años más que yo y es un psicólogo genial.

¿Él es muy
creíble cuando miente?

R: No es que
sea creíble, no sé cómo llamarlo… Es que te hace dudar de
ti. Te hace dudar de tus percepciones, de lo que ves, de lo
que oyes, te hace dudar de tu capacidad de interpretar la
realidad.

Con lo que le he contado
antes que sucedió el 9 de septiembre, cuando se lo reproché,
como sería la charla que tuvo conmigo que a punto estuve de
pedirle perdón. De hecho, aún hoy, dudo a veces de que
hubiese mala intención por su parte aquella tarde terrible.
Hay dentro de mí una parte que sabe que fue intencionado y
otra que no está tan segura.

¿Usted le
perdona las mentiras?

R: Siempre se las perdono.
De hecho lo que pasó en septiembre se lo perdoné. Se lo dije
y es cierto, se lo he perdonado. No vuelvo con él porque me
da miedo. Porque pago un precio ya muy alto por un rato de
placer. Porque estoy asustada de lo mal que me siento, de la
obsesión que tengo. No hay un minuto en el día que no esté
él en mi cabeza. Por eso he decidido no estar más con él.

¿Él usa la
actuación para manipular?

R: Sí. Siempre cambia la voz
y da la sensación de ser muy bueno. Tiene mucha habilidad
para dar la vuelta a la tortilla y te convence para que
creas que eres tú quien le ha hecho daño a él. Muchas veces
me dice, cuando ve que no logra convencerme para que nos
veamos: “No Che, si al final va a resultar que soy yo quien
te quiere de verdad y tú a mí no. Te crees que me quieres,
pero no me quieres. Yo sí que te quiero.” Entonces baja la
voz y me susurra, con una voz muy cariñosa y tierna: “Tengo
muchas ganas de verte, Che. Tengo tantas ganas de que me
beses y me abraces… ¿Ya no quieres estar con tu
princesita? ¿Vas a dejarme solita?” Y me tiemblan entonces
hasta los huesos. Es angustioso lo que siento.

¿Ha logrado que
usted haga cosas que nunca hubiese hecho?

R: No.

¿Usted ha
traicionado sus principios para complacerlo?

R: No.

¿Le ha pedido
que lo ayude a manipular a terceros?

R:  Sí.

¿Uso violencia
física, psíquica, moral o armada para dominarla?

R: Sí. Ha sido psíquica y
moral. Física no, alguna vez, en la cama, me ha pegado un
bofetón y me ha hecho mucho daño, pero debo entender que era
el juego sexual. No sé si me pegó a posta o era el juego.
Supongo que era el juego, pero no se lo puedo asegurar.

¿Tiene algún
signo o señal que anticipa que hará algo negativo o dañino?

R: No, nunca sabe uno cuando
va a cambiar su humor. Cambia de repente, cuando menos te lo
esperas. Él suele estar siempre mal humorado. Se queja de
todo y se pasa la vida llamando la atención a la gente.
Cuando le ofendes, como lo que estoy haciendo con él, ya
sabes que se va a vengar. Es muy soberbio.

No le puedo explicar bien…
Es su actitud constante. Sabes que no es normal. Siempre
está muy calmado. Nunca se altera. Jamás. No se ríe normal,
no es una risa normal. Su mirada no es normal. Tiene unos
ojos que no brillan. A veces me da la sensación que los
gestos humanos que le salen tan forzados es porque los ha
aprendido observando y los intenta repetir, pero es mal
actor y se nota que no es real. Es como una máscara.

Cuando tú reaccionas ante
las cosas, las personas junto a él… Te hace sentir mal. Te
sientes como inferior a él porque estás mostrando emociones.
Es complicado de explicar… Él te hace sentir así. Sabes
que está observando la situación y las reacciones de todos y
es  como que sé que le hace mucha gracia, pero mucha.

Pero su voz engaña. Mucho. Y
su manejo del lenguaje y saber decir la palabra justa con la
entonación adecuada, en eso es el rey.

¿Tiene
tendencias perversas o raras en las relaciones sexuales?

R: Sí, con él no puedes
tener sexo normal. Nunca lo he tenido. Nunca me ha amado
como hombre, incluso cuando le pedía que también yo quería
placer. Entonces buscaba a otros para que me lo dieran y él
miraba.

Nunca ha sido
una relación al uso en ese sentido, jamás. Hemos hecho cosas
que van más allá de muchas cosas.

¿Se muestra
culpable o responsable de su accionar nocivo sobre los
demás?

R: Él no piensa que sea
malo. Yo creo que se cree de verdad lo que dice y de ahí su
poder de convicción y manipulación. Pero esto es sólo mi
intuición. Quizá me esté equivocando. En realidad no le
puedo decir. A veces creo que no se da cuenta, pero otras
veces estoy segura de que lo está haciendo a posta. No sé si
es que a veces no se da cuenta o a veces sí o es lo que le
comentaba antes. Me confunde y me agota pensar siempre en
porqué hace esto o lo otro. Pero me obliga a pensarlo porque
él no se muestra nunca sincero a los demás porque no sé
siquiera si tiene algo real dentro.

A veces creo que todo lo que
él muestra de encantador es reflejo de la energía y brillo
que los demás le regalamos encantados. Porque él no la roba.
Es un Señor. Él no roba. Él coge gustoso lo que los demás
estamos deseando regalarle.

Cuando le
reprochas algo, se muestra sorprendidísimo y siempre dice lo
mismo: “Bueno, me dejas de piedra”. Y por supuesto te jura
que no lo ha hecho a posta, que no se ha dado cuenta, que es
muy tonto, que los hombres son muy tontos y torpes para
estar atentos a lo que quieren las mujeres… Muchas
excusas.

¿Él degrada y
descalifica a los demás?

R: A la gente con la que
trata socialmente no. La trata muy bien. Es lo más educado,
amable y simpático que pueda usted imaginar. Un encanto de
hombre. Da gusto hablar con él. A todo el mundo le trata
bien y sobre todo a la gente famosa o importante. Él
consigue contratos y consigue muchas cosas tomando cafés o
comiendo con personas relevantes con las que llega a
acuerdos que a él le benefician económicamente. Es su
empresa, su negocio. Es maravilloso con la gente.

Pero cuando
nadie mira, cuando estamos en petit comité… Sin
comentarios. Yo se lo he dicho muchas veces a él, cuando he
estado enfadada o desesperada. Le digo: “F., me parece que
eres Jeckyll y Hyde”. Una vez le pedí, llorando, que me
ayudase a comprenderle. Que quería saber quién era, si uno u
otro. Se rió. Me dijo que Hyde me amaba pero que Jeckyll
sólo quería una relación laboral. En otra ocasión, en
cambio, me dijo que me amaban los dos. A mi me dejó
comiéndome la cabeza, para variar.

¿Sabe Usted?
Me paso la vida pensando en él. Todo el tiempo. Tengo la
mente viciada. Llevo cuatro años y pico intentando
comprenderle. Intento entenderle y eso lleva muchas horas.

¿Usted se
reprime o inhibe por esta relación con él?

R: No entiendo bien la
pregunta… ¿Me reprimo o inhibo con respecto a él o a otras
personas?

¿Usted, con él
ha perdido autoestima?

R: Total. Ahora empiezo a
recuperarla un poco. Cuando estoy con él, se me va. Dependo
de él al cien por cien. No sé qué me ocurre, pero cuando él
está lejos se me ocurren todas las cosas que tenía que
haberle dicho, sobre todo cuando me humilla. Lo pienso y me
veo fuerte. Mentalmente le digo muchas cosas. Me paso el
tiempo diciéndole mentalmente todo lo que no puedo decirle
porque cuando él está al lado, no sé qué me ocurre que no se
lo puedo decir.

Ahora estoy trabajando en
recuperar mi autoestima. Poco a poco. No sé si lo
conseguiré. Por supuesto, no creo que yo pueda atraer a un
hombre para que me ame de verdad. Sólo los puedo atraer para
sexo. No creo que sirva para nada más. F. me lo decía
siempre, que una mujer tan compleja y tan rara como yo jamás
iba a encontrar a alguien. Puede que F. lleve razón.

¿Usted, sigue o
vuelve con él haga lo que haga?

R: Sí, siempre
ha sido así, pero desde septiembre he conseguido resistirme.
Durante todo este tiempo él ha llamado como una vez al mes
para insistirme. Ha coincidido que él este año ha tenido
mucho trabajo y muchos compromisos de viajes y no me ha
llamado más para insistir. Las veces que me ha llamado le he
dicho que no quedaba pero no me atrevía a decirle que era
definitiva. Me inventaba compromisos.

Hace un mes me atreví y le
llamé para decirle que no. Desde mediados de abril es acoso
y derribo. Me llama muchas veces y me intenta convencer por
todos los medios.

El viernes 11 de mayo
estuvimos hora y media al teléfono. Como sería todo lo que
me dijo, que me convenció para quedar. Y cuando íbamos a
organizar la salida, se le cortó el teléfono y ya no pude
contactar con él a pesar que le llamé varias veces. Al día
siguiente me dijo que se había quedado sin batería. A mi me
dejó rota y fue el peor fin de semana que he pasado en
tiempo. Malo por decirle que no. Una amiga mía, la única que
me aguanta que le hable de él, me dijo que el cielo me había
ayudado cortándole la comunicación porque yo ya me había
rendido e íbamos a quedar.

¿Usted es
temerosa o se ha vuelto temerosa por esta relación?

R: Yo ya no soy la misma
persona. Tengo ataques de miedo y palpitaciones. A ratos me
entran unos vacíos muy grandes, siento mucha desazón y
muchas cosas me dan miedo. Hay noches que no me puedo quedar
dormida. Me entran miedos. No es miedo a la oscuridad,
fantasma y demás. No. Es que me entran unas sensaciones
angustiosas. Me entra mucho miedo, un miedo que no puedo
explicar. Tengo muchos días una sensación en la boca del
estómago como si fuese a pasar algo. Tengo miedo de muchas
cosas que antes ni se me ocurría que me diesen miedo.

¿Él es
insensible? ¿en qué lo demuestra?

R: En todo.

Cuando me pidió razones para
dejarle, le expliqué que le quería pero que sufría con él.
Le dije que me sentía humillada y me encontraba mal y triste
todo el tiempo. Que me lo pasaba bien en el sexo pero en lo
demás él me hace sentirme mal. Le dije que él tiene la vida
hecha y que tiene una pareja, hijos, etc. y que yo tengo 35
años y llevo casi cinco con él y que tengo que tener una
oportunidad de ser feliz.

Le supliqué
que me diese la oportunidad de no llamarme más para
permitirme buscar otras cosas, buscar una paz que hace años
que no siento. Le supliqué que compartiese eso conmigo, que
más adelante que me llamara a preguntarme cómo me va la vida
y que se lo agradecería mucho.

Me dijo: “Poca
trayectoria vamos a tener tú y yo si no quedamos para jugar
al sexo. Tú y yo estamos destinados y estás cometiendo el
error más grave de tu vida y tú lo sabes”.

Le dije que Ok.,
que vale, que era un error pero que me dejase equivocarme.

Al día siguiente volvió a
llamar para seguir insistiendo. Me dijo que deje que él
piense por mí y que haga caso a alguien muy sabio. Me dijo
que me está dando la oportunidad de ser la amante de F. cara
a la historia y a la fama y que siempre pasaría a la
historia como la mujer que ocupó la faceta más importante de
la vida de F.

Sé que no le
importo nada. Sé que no me quiere porque si de veras lo
hiciese, sabría que llevo razón y que ahora estoy todavía a
tiempo de conocer a otras personas. De tener otra vida.

Me quedé sin
amigos y los pocos que tengo están hartos de mí. Algunos me
han dejado de hablar porque no me soportan con este tema.
Están quemados. Mi familia no quiere ni oír hablar. Mi padre
me dice que soy tonta e imbécil y que parece mentira que
alguien tan inteligente como yo se preste a estar con
alguien así. Mi mejor amiga el otro día me llamó masoquista
y que si yo había elegido en mi vida la oscuridad, que peor
para mí y que ella se iba pues no quería ver cómo me hundo.

Ahora mismo
estoy sola. Tengo una amiga que me escucha cuando le hablo
de F. Los demás se han alejado de mí. Me hablan, pero si
saco el tema, me cuelgan y no llaman más. Mi vida es un
aburrimiento. Voy de casa al trabajo y del trabajo a casa.
No salgo nunca, el fin de semana me quedo en casa y no hago
nada, sólo me tumbo en el sillón y hago las obligaciones de
la casa porque no me queda más remedio. Llevo años para
ordenar unas cosas que tengo que ordenar y siempre estoy
triste. Siempre he pensado que pereza es sinónimo de
tristeza.

No tengo ganas
de conocer gente. Las veces que he intentado salir, me
parece todo tan insoportablemente aburrido que más de una
vez me han dado ganas de coger el teléfono y llamar a F.
para que venga a rescatarme… Esta mañana mismo, he pensado
que me aburro y estaba sobresaltada pensando que quizá me he
cerrado la puerta para siempre con F. Que tengo que
llamarle. Quizá esté todavía a tiempo para que me perdone y
me vuelva a aceptar. Aunque sé que se vengará de todo lo que
le he dicho y de que lleve nueve meses diciéndole que no. Se
vengará.

¿Desea agregar
algo más?

R: Necesito
ayuda y no sé a quién recurrir, por eso le escribo a usted.

Cuando ayer di
por casualidad o más bien causalidad con su Web, Dr.
Marietán,  y leí algunos de sus artículos, no me lo podía
creer. Me ayudó a comprender, pero sobre todo a aceptar, que
tengo una enfermedad y que puede haber alguna salida.

Estoy siendo
muy fuerte y trato de racionalizar lo que me sucede.

Mientras le contaba a usted
las cosas que me ha hecho y hace, es como que me siento más
segura y convencida de lo que estoy haciendo al cortar con
él. Escribir esto me ha aportado argumentos racionales y
siento algo de alivio. Hay momentos, desde que he decidido
no darle largas a F. y decir no, que siento mucha paz y
hasta me descubrí el otro día cantando mientras preparaba la
comida.

Pero hay muchos otros
momentos, y son mayoría, que me siento morir. Que le echo
mucho de menos, que tengo ganas de estar con él y que me
pregunto si no estaré cometiendo el error más grande de mi
vida y me arrepienta. A veces pienso que no voy a encontrar
a alguien tan divertido y cómplice y que nunca más lo voy a
pasar bien.

Tengo miedo porque no confío
en mí. Le voy a contar mi paranoia de estos tres últimos
días.

El sábado fue un buen día
pero desde ayer me ha dado por pensar que no entiendo porqué
no me llama… Me estaba llamando y ahora lleva desde el
jueves pasado sin llamar. El sábado pasado dijo que me
llamaría para quedar y no llamó.

Yo tampoco lo llamé porque
el sábado, como le he dicho, tuve un día con mucha paz.
Quedé con mi amiga y fui a comer con ella y hacía un día
precioso. Me sentí muy relajada, muy en paz. Tenía ganas de
hacer cosas e inconscientemente le pedí a Dios que hiciese
algo para que él no me llamase.

Pero al día siguiente,
cuando vi que no me había llamado y ahora veo que sigue sin
hacerlo, me pregunto si no dije algo que le pudiese molestar
y creo que sí porque se me escapó decirle que todas las
veces que me llamó al móvil (y llamó muchas) yo le oí pero
no me dio la gana cogerlo. Él me preguntó si había hecho eso
de verdad y le dije que sí. Y ahora sé que he metido la pata
pues estará enfadadísimo. Porque alguien tan famoso como él
y tanta gente que daría dinero para que él les llamase… Y
yo, que para él no soy nadie, que no le coja el teléfono,
pues debe estar muy, muy enfadado.

Por otro lado, pensar que me
vaya a llamar, hace que me altere y no quiero que lo haga,
pero por otro lado sí. Lo más alucinante es que cambio de
opinión en medio de un minuto varias veces. Sé que es
irracional completamente y no lo puedo entender, pero no
puedo evitar sentir pena por no estar con él y me da mucha
pena pensar que él me pueda echar de menos.

Le escribo por esto. Porque
no sé qué hacer para dejar de sentir duda y estar convencida
de que es lo mejor, de que me tengo que alejar de un ser
así.

Me puede la pena. Él me da
pena. Me da pena dejarlo sólo. No sé qué me ocurre. Luego lo
pienso mejor y no tiene lógica lo que siento. Lo peor…
Sigo sintiéndome torturada. Y a veces pienso que estoy en un
bucle del que no puedo escapar y me pregunto si la vida
tendrá alguna oportunidad para mí. Me pregunto si algún día
podré vivir sin que él me ronde en la cabeza y donde me
sienta en paz.

Muchas gracias, Dr.
Marietan,  por leer mi larguísimo cuestionario.

 

 

 


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Sobre el autor

Hugo Marietan

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Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

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