Dr. Hugo Marietan – Personalidades Psicopáticas

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.

 

Personalidades
Psicopáticas

(Publicado
en la revista
Alcmeón
, Volumen 7, Nº 3, Noviembre 1998
)


Resumen

En este trabajo la
personalidad psicopática es definida como una variedad de
individuos con necesidades especiales y recursos atípicos
para satisfacerlas. Luego de la historia del concepto se
describen los rasgos más frecuentes y dos escalas
evaluativas de la psicopatía


Palabras clave

Psicopatía,
Trastorno de la personalidad, Trastorno paranoide de la
personalidad, Sociopatía


Abstract

In this work the
psychopathic personality is define as a variety of
individuals with special needs and unusual recourses to
satisfy them. After the concept’s history we describe the
most frequent characteristic and two evaluative scales of
psychopathy.


Key words

Psychopathy,
Personality Disorders, Paranoid Personality Disorder,
Sociopathy


Las personalidades anormales


Historia del concepto

Este es un tema que
preocupa desde la antigüedad porque siempre hubo
personalidades anormales como parte de la población.
Personas cuyo tipo de conducta llamaba fuertemente la
atención y a las que no se las podían calificar de locos
ni de cuerdos, estaban en un campo intermedio. Son
individuos que se separan conductualmente del grueso de la
población.


Pinel


Philippe Pinel (1745-1826) en 1801 publica su Traité
médico philosófique sur l’aliénation mentale
y habla
de personas que tienen todas las características de la
manía pero que carecen del delirio (Pinel llamaba manía a
los estados de furor persistentes y psicosis florida,
distinto del concepto actual de manía
(9).
Decía “me admiré de ver muchos locos que en ningún tiempo
presentaban lesión alguna del entendimiento, y que estaban
dominados de una especie de instinto de furor, como si
únicamente estuvieran dañadas sus facultades instintivas.
La falta de educación o una educación mal dirigida o bien
un natural perverso e indómito, puede ser la causa de esta
especie de enajenación”.
(6)


Prichard

Tanto Pinel como
Prichard luchaban contra la idea, imperante en esos
tiempos, del filósofo Locke quien decía que no podía haber
manía (furor, psicosis) sin delirio (es decir sin
compromiso del intelecto). Por lo tanto los jueces no
declaraban insano a ninguna persona que no tuviera un
compromiso intelectual manifiesto (delirio). Pinel y
Prichard trataban de imponer el concepto de que existían
insanias sin compromiso intelectual, y sí afectivo y
volitivo. Es decir que las funciones mentales (intelecto,
afectividad, voluntad) se podían enfermar
independientemente.

En 1835 James Cowles
Prichard (1786-1861) en su obra Treatise on insanity
and
other disorders affecting the mind es el
que habla de “Moral insanity”.

El
historiador G. Berrios
(9)
discute la
conceptualización de la insania moral como
equivalente a nuestro concepto de psicopatía. Según este
autor Prichard crea el término para referirse a trastornos
del comportamiento cuya insania característica común era
la ausencia de delirio. Y lo hace con una finalidad
forense, para poder ubicar dentro de las insanias a
enfermedades como la maníaco depresiva sin características
psicóticas. Así describe como insanias morales típicas a
casos “donde la tendencia hacia la melancolía y la pena es
el rasgo característico. El individuo rodeado de todas las
comodidades de la existencia, se trasforma en triste y
abatido, sin esperanzas. Este estado de tristeza y
melancolía da paso a un período de condición opuesta de
excitación preternatural. En esta forma de desarreglo
moral la mente genera una necesidad de autodominio con
continua excitación, una inusual expresión de sentimientos
fuertes. Así, una mujer modesta y discreta se trasforma en
violenta y abrupta en sus maneras, locuaz, impetuosa y
gritona”. Queda claro que Prichard no está hablando de una
personalidad psicopática.

Este
documento cuneiforme pertenece a la correspondencia que
Shamshiadad (1813-1781 a.C.), poderoso gobernante de
Babilonia, le dirigía a uno de sus hijos, a cargo de un
sector del reino:

“¿Eres
un niño en vez de un hombre, no tienes barba en el mentón?
Ni siquiera ahora que has alcanzado la madurez has fundado
un hogar… ¿Quién hay que cuide tu hogar? ¿Acaso no
ocurre que si un administrador no cumple sus funciones,
aunque sólo sea durante dos o tres días, la administración
se viene abajo? Entonces, ¿por qué no has nombrado a un
hombre para ese puesto?

Mientras
tu hermano ha obtenido una gran victoria aquí, tu
permaneces ahí (en Mari), recostado entre mujeres.

En
lo que a ti se refiere ¿cuánto tiempo tendremos que seguir
guiándote? ¿cuánto tiempo serás incapaz de administrar tu
propia casa? ¿acaso no ves que tu hermano manda ejércitos
extensos?”
(14)


Morel


Morel (1857) parte de lo religioso para elaborar su teoría
de la degeneración. El hombre ha sido creado siguiendo un
tipo primitivo perfecto y toda desviación de ese tipo
perfecto es una degeneración. La esencia del tipo
primitivo y, por lo tanto, de la naturaleza humana, es la
dominación de lo moral sobre lo físico. El cuerpo no es
más que “el instrumento de la inteligencia”. La enfermedad
mental invierte esta jerarquía y convierte en bestia al
humano. Una enfermedad mental no es más que la expresión
sintomática de las relaciones anormales que se establecen
entre la inteligencia y su instrumento enfermo, el cuerpo.
La degeneración de un individuo se va trasmitiendo (y
agravando) a lo largo de las generaciones hasta llegar a
la decadencia (recordemos que Darwin da a conocer sus
investigaciones en 1854)
(10).
Valentín Magnan y sus seguidores quitarán lo religioso de
estas ideas y acentuarán los aspectos neurobiológicos.
Estos conceptos van a afirmar la ideología de la herencia
y de la predisposición en varias teorías sobre las
enfermedades mentales.


Koch y Gross

En
1888, el alemán J. Koch
(7)
habla de inferioridades psicopáticas, pero dice
inferioridades en sentido social y no moral como se
entiende erróneamente
3
.
Para Koch, entonces, las inferioridades psicopáticas eran
congénitas y permanentes y las dividía en tres formas:
disposición psicopática, tara psíquica congénita y
degeneración psicopática
. Dentro de la primera forma
se encuentran los asténicos de Schneider, dentro de
la tara incluye a “las almas impresionables, los
sentimentalistas lacrimosos, los soñadores y fantásticos,
los huraños, los apocados, los escrupulosos morales, los
delicados y susceptibles, los caprichosos, los exaltados,
los excéntricos, los justicieros, los reformadores del
estado y del mundo, los tercos y los porfiados, los
orgullosos, los indiscretos, los burlones, los vanidosos y
los presumidos, los trotacalles y los noveleros, los
inquietos, los malvados, los estrafalarios, los
coleccionistas y los inventores, los genios fracasados y
no fracasados”. Todos estos estados son causados por
inferioridades congénitas de la constitución cerebral,
pero no son consideradas enfermedades.

Otto
Gross, austríaco, opinaba que el retardo de la neurona
para estabilizarse después de la descarga eléctrica
determinaba diferencias en el carácter. Así en su libro
“Inferioridades Psicopáticas” la recuperación neuronal
rápida determinaba individuos tranquilos, y los de
estabilización neuronal más lenta (es decir mayor duración
de la estimulación), serían los excitables
(inferioridades). Esto influyó en Jung, quién llamó
introvertidos y extravertidos a estos tipos de Gross
(9).


Kraepelin


Kraepelin, cuando hace la clasificación de las
enfermedades mentales en 1904 (7º edición), usa el término
“personalidad psicopática” para referirse, precisamente, a
este tipo de personas que no son ni neuróticos, ni
psicóticos, no están en el esquema de manía – depresión,
pero que sí tienen un choque en cuanto a los parámetros
sociales imperantes. Incluye en ellos a los criminales
congénitos, la homosexualidad, los estados obsesivos, la
locura impulsiva, los inconstantes, los embusteros y
farsantes y los seudolitigantes.
(7)

Para
Kraepelin, las personalidades psicopáticas son formas
frustradas de psicosis, las define siguiendo un criterio
fundamentalmente genético y considera que sus defectos se
limitan esencialmente a la vida afectiva y a la voluntad.
(5)


Schneider

En 1923, Schneider
da un sello al problema y hace una conceptualización y
clasificación de lo que es la personalidad psicopática,
que continúa vigente.

K.
Schneider
(7)
descarta en el concepto de
personalidad
a la inteligencia, los instintos y
sentimientos corporales y la define como al “conjunto
de los sentimientos y valoraciones, de las tendencias y
voliciones
“, limitándolos al plano psíquico.

Para
K. Schneider las personalidades psicopáticas son un
subconjunto de las personalidades anormales (de acuerdo
con criterio estadístico, o sea que los tipos puros son
pocos
), con la particularidad que sufren por su
anormalidad o hacen sufrir, bajo ella, a la sociedad.

Pero no por ello pueden ser nominadas como patológicas, y
aún “la valoración de hacer sufrir a la sociedad es
relativo y subjetivo: un revolucionario es un psicópata
para algunos y un héroe para otros”
.
En consecuencia no es
válido realizar un diagnóstico al modo de las
enfermedades. A lo sumo se puede mostrar, subrayar,
destacar en ellos propiedades que los caracterizan de
manera sorprendente, sin tener con ello en nuestras manos
nada comparable a los síntomas de las enfermedades. Un
psicópata depresivo es, simplemente, un hombre así.

Hay
un determinismo en la concepción schneideriana de
psicopatía, los psicópatas “tienen que llegar, más o
menos, en toda situación vital,
bajo todo tipo de
circunstancias, a conflictos internos o externos. El
psicópata es un individuo que por sí solo, aunque no se
tengan en cuenta las circunstancias sociales,
es una
personalidad extraña, apartada del término medio”. La
psicopatía no es exógena, su esencia es
disposicional
, innata, en el sentido de
preexistente
a las vivencias. No por ello deja de
anotar que toda personalidad se desarrolla, y en
esto tiene su parte el medio ambiente. En consecuencias
las anomalías conductuales secundarias a alteraciones
corporales (por ejemplo traumatismos en la corteza
orbitaria anterior – investigadas entre otros por E. Welt,
Kleist, Outes-Goldar, Isabel Benítez
(16)-)
serían pseudopsicopatías

Es
decir, la psicopatía se manifiesta. Debe ser
observada por los otros y esa conducta particular valorada
como anómala en relación al término medio, y sufrir o
hacer sufrir solamente sobre el eje de su anomalía. Esto
no significa que el psicópata manifieste siempre su
psicopatía, tiene oscilaciones periódicas. Kahn distingue
distintos cursos, episódicos, permanentes, periódicos y
desarrollos psicopáticos
.

Aquí podemos
puntualizar que tampoco la conducta del psicópata es toda
psicopática, coexisten con ellas conductas adaptadas que
le permiten pasar desapercibido en muchas áreas de su
desempeño social. Esta integración conductual,
adaptado/psicopático
, que se constata con mayor
frecuencia en las anomalías sexuales (donde lo psicopático
se suele manifestar en la privacidad) se hace más difícil
de ver cuando lo psicopático se expresa sólo en
determinadas circunstancias o sobre determinado tipo de
personas. El psicópata busca su equilibrio en el otro
complementario
. La vivencia de no completud genera
tensión, sufrimiento al decir de Schneider, y
aunque encuentre las circunstancias, personas, cosas o
actos complementarios que hacen bajar su nivel de
tensión, siempre queda un quantum de tensión vivenciado
como insatisfacción o vacío interior. Es, entonces, el
complementario
el que debe pagar por el ajuste
incompleto. Para el psicópata su incompletud es o fue
producida por otros, por lo que le parece justo que
alguien o algo pague por ello.

 

De Cleckley al DSM IV

En 1941, el
americano H. Cleckley, escribe un libro llamado “La
máscara de la salud” y se refiere a este tipo de personas.
En 1964 da las características más frecuentes de lo que
hoy llamamos psicópata.

En 1961, Karpman
dice “dentro de los psicópatas hay dos grandes grupos,
están los depredadores y los parásitos” (haciendo la
analogía biológica). “Los depredadores toman las cosas por
la fuerza y los parásitos a través de la astucia y de la
pasividad”


Henry Ey, en su “Tratado de psiquiatría” de 1965, incluye
a las personalidades psicopáticas dentro del capítulo de
las enfermedades mentales crónicas, que considera como un
desequilibrio psíquico destacando en él las anomalías
caracterológicas de las personas y dice que las
características básicas son la antisociabilidad y su
impulsividad.
(5)
En 1966 Robins comienza con las bases para lo que se llamó
después, en el DSM, “trastornos de la personalidad”

Sintetizando, hay
controversias entre las escuelas. Todas, de alguna forma,
apuntan a tres conceptos básicos. La primera posición
(intrínseca) corresponde a la escuela constitucionalista y
es que el psicópata deviene de una constitución especial,
viene genéticamente determinado, y, en consecuencia, poco
se puede hacer.

La
segunda escuela es la social (extrínseca). Ésta dice que
la sociedad hace al psicópata, hace a sus propios
criminales por no darles los medios educativos o
económicos necesarios. Existieron dos estilos diferentes
de institutos especiales: La escuela inglesa Lyman
(cerrada en 1972), con un sistema disciplinario rígido,
autoritario, duro, y la escuela Wiltwyck (fundada en
1937), estadounidense, en donde la idea era crear un
ambiente cálido, afectuoso, propendiendo a la amistad, una
“disciplina de amor” según cita Cinta Molla
(3).
Los psicópatas constituían el 35% de la población en ambas
escuelas, y si bien Wiltwyck tuvo un marcado éxito
inicial, la tasa de reincidencia en actos antisociales,
una vez egresados de estas instituciones, al cabo de unos
años, fue semejante.

La
tercer escuela es la psicoanalista, que habla de
perversiones
sólo en relación con la sexualidad.
Cuando el trastorno implica otras pulsiones, Freud habla
de libidinización de dicha pulsión, que ha sido
“pervertida” por la sexualidad. La perversión adulta
aparece como la persistencia o reaparición de un
componente parcial de la sexualidad. La perversión sería
una regresión a una fijación anterior de la libido.
Recordemos que para Freud el paso a la plena organización
genital supone a) la superación del complejo de Edipo, b)
la asunción del complejo de castración y c) la aceptación
de la prohibición del incesto. Así la perversión llamada
fetichismo va ligada a la renegación de la castración. La
perversión sería el negativo de la Neurosis, que
hace de la perversión la manifestación en bruto, no
reprimida, de la sexualidad infantil.
(8)


La postura de Schneider

Para Schneider el
psicópata no es un enfermo; el psicópata es un anormal.
Esto, teniendo en cuenta que el criterio a emplear para
decir que algo es anormal, es el criterio estadístico.
Entonces dice “si nosotros tenemos distribuida la
población según la curva de Gauss, anormales son aquellos
que están en los extremos. El grueso de la población
ubicado en el centro sigue los parámetros conductuales
comunes, los del extremo no”.

Es importante
retener este concepto porque lo que está diciendo
Schneider es que no son frecuentes. Es más, son pocos y
están en los extremos de la curva. Hay marginales, desde
el punto de vista estadístico, que no son psicópatas.


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Según lo expuesto
anteriormente, Schneider se pregunta ¿de qué manera se
valora a un psicópata? Como respuesta dice que ” son
aquellos anormales que sufren o hacen sufrir por su
anomalía”.

Considera que no
interviene, en esto, la inteligencia.

Recuerden que hay
dos formas de valorar la normalidad, según el criterio
estadístico (la frecuencia de un item en la población) y
según el criterio normativo (es normal lo que se ajusta a
un modelo ideal, una persona debe ser comprensiva,
cariñosa, honesta, etcétera). Considerando los parámetros
y la norma puedo decir que si el individuo A cumple la
mayoría de estas normativas es “normal”, y si no, no lo
es. Schneider dijo que eso era tan subjetivo y tan poco
fiable para hacer un trabajo serio, que él decidió no
fijarse en lo que debería ser una persona, sino en lo que
es.

Si ustedes observan
el gráfico, se desprende que Schneider tiene un
pensamiento constitucionalista, no por azar estas personas
son marginales.

Dentro de las
psicopatías, Schneider diferenció distintos tipos, a
saber:

1- Hipertímicos

2- Depresivos

3- Inseguros de sí
mismos

4- Fanáticos

5- Necesitados de
estimación

6- Lábiles del
estado de ánimo

7- Explosivos

8- Desalmados

9- Abúlicos

10- Asténicos



Desalmado en la paz, héroe en la
guerra

Siguiendo a Darwin
se podría especular sobre un por qué del psicópata. Tal
vez estas personas sean un reaseguro de la especie, del
grupo. Ante una emergencia alguien debe responder con
características no habituales para hacer frente a la
situación totalmente anómala, imprevista o extraña. Así,
en un caso de guerra, aquel que es tildado de desalmado,
cruel e insensible es el héroe. Es aquel que va al frente,
que asume riesgos que el grueso no, se arriesga, y lleva
adelante acciones que la mayoría no se animaría a
realizar, es el comando de un grupo de guerra. O sea, esa
potencialidad es totalmente desfavorable en tiempo de paz,
y puede llevar a esta persona a desarrollar conductas muy
agresiva a su entorno, (delincuencia, criminalidad,
etcétera); en situaciones anómalas se ajusta perfectamente
a los requisitos de emergencia que tienen que desarrollar.
Los psicópatas serían parte de la reserva del grupo en
caso de emergencia, pero que en estados normales son
absolutamente chocantes para la sociedad.

Aquellas
personalidades anormales pueden tener cierta adaptación a
la sociedad, como el caso del psicópata insensible que
puede convertirse en un arrojado policía, un buen militar,
un torturador, un gobernante, un talentoso deportista. La
anticipación del peligro, el miedo, no los inhibe para la
acción. Y son, en consecuencia, refractarios al
condicionamiento adversivo.

Empiezan a
manifestar su psicopatía desde la adolescencia y no se van
a modificar después. El psicópata no aprende de ciertas
experiencias y menos aún de la argumentación. Hay rasgos
psicopáticos que se observan desde la infancia, crueldades
sobre los animales o los otros niños, desprecio por las
jerarquías escolares, aberraciones de conducta, que suelen
ser “amortiguadas” por los docentes y familiares so
pretexto de “problemas emocionales” o “travesuras”.


El psicópata depresivo

Es un pesimista
anhedónico, (que no disfruta del placer), quejoso y que no
encuentra un sentido, un para qué de valor a la vida. Es
una persona que se aburre. Al no encontrar una finalidad,
un para qué de su vida, se aburre, no tiene una meta, un
objetivo a seguir.

Hay un personaje en
la novela de Arlt “Los siete locos”, que se llama “el
rufián melancólico”. Es un profesor de matemáticas que
regentea algunas chicas para hacer unos pesos. El “rufián
melancólico” repite constantemente “todo, todo muy
aburrido”. Los estímulos comunes no alcanzan para generar
en él placer o gusto por la vida. Esto es desde siempre,
por eso es importante tenerlo presente para los psicópatas
depresivos a los que podríamos llamar melancoloides.


El rango de humor

Mayoritariamente
tenemos un rango estándar de humor, hay oscilaciones del
humor de acuerdo a la circunstancia, pero es un rango, no
es una línea, no es un punto. Ese rango de humor lo
captamos desde pequeños, vamos cotejando y comparando, y
asimilándolo, intoyectándolo. Sabemos que “el argentino”
tiene un tipo de rango medio “tanguero” (quejoso, todo le
viene mal y, a veces, algunas alegrías) Decimos que fulano
de tal “está bien”, porque lo comparamos con el rango de
humor general. A lo mejor, para un zulú nuestro rango de
humor es extraño. Para nosotros un napolitano puede ser un
tipo escandaloso y gritón, exagerado. Para un napolitano
esa es la forma de expresarse y de ser. Para nosotros un
alemán es frío, tanto que uno dice “estos tipos no se
divierten nunca, ¿cómo hacen alemanitos?”. Sin embargo
cada cultura tiene su rango de humor. Las distintas
circunstancias de la vida nos elevan, o nos bajan (una
pena, un duelo nos baja). Pero, dentro del grupo,
culturalmente “es comprensible lo que le pasa”. “Estando
yo en su lugar, reaccionaría de la misma manera”. Y eso
¿por qué? Porque tenemos incorporado ese patrón y ese
rango de humor.


Amargado

El psicópata
depresivo está por debajo de este rango de humor “normal”,
es “mala onda”, pesimista, cara de pocos amigos,
anhedónico, quejoso, nada le viene bien. Si se le presenta
un plan, “que te parece si hacemos tal cosa”, nos contesta
“no, si eso va a fracasar.” No hay una finalidad y todo va
a salir mal.

Un conocido mío a
cualquier proyecto siempre le encontraba “la quinta pata
del gato”. Y cuando el proyecto fracasaba, él venía y
decía “te dije, te dije que te iba a ir mal”; y claro,
había un 50% de posibilidades de acertar. Viven cavilando
sobre lo negativo, la falta de pureza, lo corrupto, lo
vacío del pasado y lo angustiante del futuro. Falta en
ellos la confianza ingenua, la chispa del optimismo, esa
fantasía de éxito que nos hace encarar un proyecto.

Todo lo toman en
serio, falta la alegría espontánea. Un paciente me decía:
“¿doctor, de qué se ríe la gente? Los veo en mi trabajo
que repiten el chiste de un programa televisivo, todos se
ríen, pero yo no le encuentro la gracia”.


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Rango de humor: oscilaciones
normales en raya gruesa, hay un “promedio” representado
por la línea recta del medio, y las oscilaciones de humor
del depresivo en la curva punteada, por debajo de la línea
promedio.

Ser anormal no es
sinónimo de ser malo. Ser psicópata en general, no quiere
decir ser mala persona, sino ser distinto.

El antisocial es
otra cosa, pero el psicópata desde el punto de vista de
Schneider, es el que sufre o hace sufrir y nada más, nadie
dice que sea un delincuente o un mal tipo. El mismo
Schneider trata de sacarle el disvalor social que lleva
impreso el término psicópata. Existen psicópatas que a su
vez son antisociales, pero no necesariamente deben
ser antisociales todos los psicópatas.

Especialmente en
este caso los psicópatas depresivos suelen tener un
excelente desempeño en el área del trabajo, son
meticulosos, muy responsables, cuidadosos, puntuales y,
por supuesto, rígidos. Ellos toman el trabajo como lo
único que los entretiene y que los hace sentir útiles. Se
quejan siempre, pero jamás faltan al trabajo y son muy
responsables, son socialmente útiles. Lo dice Schneider y
nosotros, que ya tenemos algunos años en esto, lo hemos
comprobado. Siempre protestando, rumiando amarguras y cada
cosa negativa que ocurre, él confirma su tesis inicial
“esta es una vida de mierda”.

 

La
depresión en el normal y en el psicópata melancoloide

¿Dónde está
la utilidad clínica de este concepto? Estos psicópatas
melancoloides también pueden tener fases depresivas al
igual que el “normal”.

¿Qué pasa cuando un
“normal” entra en una fase depresiva? La persona está
dentro de su rango de humor, tiene la fase depresiva y con
nuestros esfuerzos y, por supuesto, gracias a la
naturaleza, después de 6-8 meses se reincorpora a su rango
de humor anterior a la fase. Entonces se dice que tiene
una restitución ad integrum. La experiencia indica
que esto no es tan así, pero lo discutiremos en otro
artículo.


¿Qué pasa con el
psicópata melancoloide cuando tiene una fase depresiva? El
psicópata depresivo parte de su estado de humor, hace la
fase y nosotros lo vemos cuando está muy depresivo, que es
cuando lo traen los familiares o viene él; tiene las
mismas características que cualquier otra depresión mayor
(angustia, ideas suicidas, etcétera).

¿Qué ocurre? Si
nosotros desconocemos las características de esta
personalidad, cuando vuelva a su rango de humor, para
nosotros todavía está deprimido, porque sigue pesimista,
anhedónico, quejoso, sin finalidad, aburrido. Para
nosotros este hombre no salió de la fase, sigue depresivo,
mejoró algunas características de la depresión (suicidio,
etcétera), pero continúa depresivo. ¿Por qué? Porque
siempre vamos a tender a llevarlo al rango de “humor
normal”, cosa que no va a ocurrir jamás. Entonces uno debe
trabajar con estos psicópatas depresivos teniendo en
cuenta que lo melancoloide es su manera de ser. ¿Cómo lo
sabemos eso? ¿Cómo lo captamos? A través de los
familiares. En una buena anamnesis los familiares dicen
“mire doctor, él siempre fue así”; es una manera de
ser.

Para evitar la
frustración que representa intentar llevarlo vanamente al
rango de humor normal, deben tener en cuenta estos con
ceptos: recuperarse en la mayoría de las enfermedades
psiquiátricas es, simplemente, llegar al nivel de
rendimiento estándar del individuo anterior al episodio, a
eso tenemos que apuntar, no al rendimiento idealizado al
que debería llegar cualquier ser humano, de acuerdo a
nuestro criterio de lo que es estar bien. Es simplemente
recuperar el estado de salud anterior y, en el caso de
este psicópata, es seguir siendo un melancoloide.


16 criterios de
Cleckey, de 1941


Inexistencia de alucinaciones o de otras manifestaciones
de pensamiento irracional.
Ausencia de nerviosismo o de manifestaciones neuróticas.
Encanto externo y notable inteligencia.
Egocentrismo patológico e incapacidad de amar.
Gran pobreza de reacciones afectivas básicas.
Vida sexual impersonal, trivial y poco integrada.
Falta de sentimientos de culpa y de vergüenza.
Indigno de confianza.
Mentiras e insinceridad.
Pérdida específica de la intuición.
Incapacidad para seguir cualquier plan de vida.
Conducta antisocial sin aparente remordimiento.
Amenazas de suicidio raramente cumplidas.
Razonamiento insuficiente o falta de capacidad para
aprender la experiencia vivida.
Irresponsabilidad en las relaciones interpersonales.
Comportamiento fantástico y poco regulable en el consumo
de alcohol y drogas.

Cleckey


H. Cleckley, en su
libro “La máscara de la salud”, dice que un psicópata es
el que tiene estas características conductuales :

Tipificación de algunos rasgos

Un rasgo no
determina la etiqueta de psicópata, deben reunirse un
conjunto de ellos, de lo contrario pensaríamos que estamos
rodeados de psicópatas. Los rasgos deben, además, ser
persistentes y no ocasionales. No deben ser egodistónicos
sino que pertenecen a la manera de ser de la persona. La
intensidad y calidad del mismo debe ser evaluada a través
de la conducta y del efecto en su entorno.

El psicópata en su
accionar no es visiblemente 100%
psicópata. No tiene una
característica física que lo distinga, como buscaba
Lombroso. Es uno como nosotros. Puede estar tomando apunte
o dar una clase, ser un compañero de trabajo, un líder
social. Sólo cuando actúa ‘psicopáticamente’ se lo puede
reconocer. Tampoco son todos brillantes y exitosos, los
hay errabundos y marginales; otros se manifiestan en un
ámbito tan privado (perversiones) que, excepto para el
complementario, es una persona común. Estamos de acuerdo
con la creencia de que son pocos, algunas estadísticas
señalan un 3% de los varones (1.050.000 accionando o en
crecimiento, para nuestro país) y 1% de las mujeres
(350.000).

A continuación
describimos los rasgos típicos que se encuentra en la
literatura sobre el tema y algunos comentarios propios
sobre los mismos.


Encanto superficial

No todos los
psicópatas son encantadores, los hay anodinos, amargados,
hoscos y algunos francamente repulsivos, otros inspiran
temor. El grupo de los que utilizan el encanto corresponde
más a los explotadores (estafadores, vividores, parásitos)
que lo usan como un medio de captación. (véase
manipulación)


Egocentrismo

(véase Otto Kernberg)


Demuestra menor reacción afectiva.

Algunos autores
dicen que hay menor demostración de ansiedad y gran
tolerancia a la angustia en ciertas situaciones penosas
para el grueso de la población. Pero (aclaran), funcionan
a veces como ollas a presión, toleran una gran cantidad de
angustia y después por hechos banales, fuera ya de la
circunstancia de crisis, la descargan impulsivamente. A
veces el psicópata, en situaciones extremas, conserva la
calma, toma decisiones, acciona, se ajusta a las
circunstancias y puede salir bien. Contaba una vez un
profesor, por ejemplo, (hablando sobre las personalidades
de acción) que un comisario entra a su departamento y se
encuentra con un delincuente que le apunta con un arma. El
policía, sin perder la calma, lo mira fijamente, lo
paraliza, saca el revólver y le pega un tiro. Eran dos
personalidades de acción (según el criterio de D. Liberman),
pero una era más fuerte que la otra. Simplemente se limitó
a mirarlo, luego lo mató. Si lo comparamos con un normal
que entra a su casa y ve a un tipo con un revólver, la
reacción puede ser muy distinta, tal vez pida por su vida,
se arrastre por el suelo, “¿qué querés?”, “llevate todo”.
Este no.


Vida sexual impersonal.

Esto significa que
no hay un compromiso afectivo, no hay una resonancia
afectiva con algunas parejas. Esto no quiere decir que el
psicópata sea técnicamente un mal amante. Es más, muchos
psicópatas son excelentes amantes desde el punto de vista
técnico y utilizan esa habilidad para manejar a su pareja.
El psicópata es aquel que puede copular con una anciana,
de esas que uno mira y dice “no, con esa viejecita yo
jamás, ni por un millón de dólares”, y sin embargo el
psicópata es capaz de ejercer su técnica con cualquiera.
Un paciente joven, me decía “me fui a Brasil y como no
tenía plata para estar allá, iba a una calle muy conocida
en Río de Janeiro donde paraban los taxi boys, me
relacionaba con los homosexuales y les cobraba por el
servicio”. Al preguntarle si no se sentía menoscabado en
su sexualidad, por comercializar con homosexuales, él
contestaba tranquilamente que ése era el instrumento y la
forma que tenía para seguir en Brasil. A eso se refiere lo
que dice vida sexual impersonal. Pueden ser grandes
actores en el terreno afectivo y sexual. Por eso muchas
mujeres caen en manos de sujetos que las usan
económicamente (y para muchas mujeres psicópatas ese es su
medio de subsistir).


Amenaza de suicidio

Como parte de la
manipulación.


Razonamiento insuficiente

Es necesario aclarar
algo, por un lado decimos que son inteligentes y por otro
lado que tienen razonamientos insuficientes. Muchas
palabras me va a ahorrar el caso del emperador del Norte,
con su pavada de andar en el Salón Oval haciendo
razonamientos insuficientes. Es muy simpático, muy
agradable, muy inteligente, pero a veces tiene estos
razonamientos insuficientes. Creo que es mejor
conceptualizar esto como que el razonamiento es
insuficiente para frenar ciertas apetencias.


No aprenden de la experiencia.

El psicópata aprende
y mucho de la experiencia. Eso le sirve para manipular a
los otros y conseguir sus metas. Alguien que no aprende de
la experiencia queda siempre en el mismo lugar, anulado.
No aprende lo que no quiere aprender, lo que va en
contramano de sus principios y de sus necesidades. La
repetición de un accionar calificado como erróneo desde el
común responde a satisfacer necesidades profundas,
incomprensibles para el que no esté en la piel del
psicópata.


Incapacidad de amar

Creo que el
psicópata ama, pero de manera distinta, o a cosas
diferentes. Hay afectos del psicópata que son profundos,
pero en las cosas que a él le interesan. Díganme si no han
conocido a un fanático ¿ese afecto es superficial? Ese
apego intenso hacia ciertas cosas, que a veces no son
humanas o ni siquiera vivientes, un auto por ejemplo. Para
lo que él considera de valor, la afectividad es intensa,
como cualquier otra persona. Pero puede mantener contactos
utilitarios, de ahí viene el tema de
superficialidad afectiva mal descripta. Son contactos
afectivos utilitarios, para conseguir algo. Aquí tenemos
otra forma de la mentira que es la actuación. Actuar es
mentir con el cuerpo. El psicópata puede actuar
afectivamente en el sentido de hacer entrar al otro en el
circuito psicopático a través de los afectos. Una vez
utilizada la persona, se la deja a un costado. La persona
dejada a un costado dice que el psicópata tiene una
afectividad superficial, que no tiene capacidad de amar. Y
es así, pero con ella.


Mentiras

El psicópata suele
mentir, pero hay que distinguir la mentira banal de la
mentira psicopática. El psicópata utiliza la mentira como
una herramienta de trabajo más, está tan acostumbrado a
mentir que es difícil captar cuando miente; son los que
mienten mirando a los ojos y con una actitud relajada. No
es que el psicópata mienta circunstancialmente y ocasional
o esporádicamente para conseguir desligarse de alguna
situación común o estándar. Sabe que está mintiendo, pero
no le importa, no tiene la resonancia o displacer que uno
siente cuando miente. Yo no lo llamaría mentira
patológica. Nosotros le damos mucha importancia a las
palabras y si estamos frente a un mentiroso ¿cuál es el
valor de esas palabras? ¿Cuál es el grado de verdad de
esas palabras? Tiende a cero. Si utilizamos la
sobrevaloración de las palabras, caemos fácilmente en el
circuito psicopático. Por eso no sirven las escalas de
autoevaluación, ni el interrogatorio o la anamnesis. El
psicópata dice lo que conviene decir o lo que se
espera que conteste. El valor de lo que dice el
psicópata debe ser colocado entre paréntesis. Si ustedes
quieren evaluar al psicópata, lo importante es lo que
hace. Evaluamos al psicópata a través de la conducta, de
la acción. El psicópata puede mentir con la palabra o con
el cuerpo cuando actúa o simula, y adapta la actuación a
la persona que quiere captar. Así me contaba una madre que
su hijo de 15 años le pedía las cosas con lágrimas en los
ojos para enternecerla, y al padre, que se desesperaba por
conseguir el afecto del hijo, lo manejaba con enojos y
haciéndose el ofendido.


Comportamiento fantaseoso.

Los mitómanos
priorizan las fantasías sobre algunas circunstancias
reales.

El mitómano trata de
adaptar activamente la realidad a su imaginación, a su
personaje del momento, de acuerdo a la circunstancia. El
mitómano es un fabulador que actúa su fábula y su mentira
activamente en la sociedad. Puede convertirse en el
personaje que su imaginación creó y hacerlo actuar en el
medio real, generando en todos la sensación de que están
frente a un personaje verdadero. Está el famoso caso de
aquel mitómano que se hizo pasar por el hijo del
Presidente de la Organización de Estados Americanos (OEA),
Pérez de Cuellar. En una de nuestras provincias fue
agasajado por toda la sociedad y tratado durante bastante
tiempo como un personaje de alcurnia, hasta que
finalmente, la madre, que era una mujer de Buenos Aires,
encontró a su hijo y ahí se pudo revelar la verdad. Era
simplemente una persona que no estaba relacionada para
nada con Pérez de Cuellar.

El patrón de
conducta que sigue el mitómano es establecido por su
imaginación, no por la realidad y suelen mudar de
personaje, no está siempre en el mismo personaje.


Droga, alcohol

Algunos necesitan de
la sobre estimulación o el aturdimiento. Un paciente de 16
años me contaba que mezclaba distintas drogas como
cocaína, marihuana y fármacos, no para sentir placer o
estímulos, sino para aturdirse, para estar “como entre
nubes”.


Se manifiesta en la adolescencia

Estas personas
empiezan a manifestar su psicopatía desde la adolescencia.
Como otros autores hemos observados que algunas
características psicopáticas se manifiestan desde la
infancia. Así recordamos el caso de un niño de dos años
que estrellaba a sus gatos contra las paredes, logrando
matar a uno de ellos. O bien el caso de una niña de siete
años que borraba y volvía a escribir las notas de su
libreta de calificaciones.


Necesidades distintas, códigos
propios

Las acciones que
realiza son, desde el punto de vista del psicópata,
totalmente ajustadas a su escala de valores, a su
criterio, por eso es que no tienen culpa. Si han tenido la
oportunidad de estar con psicópatas, saben que si se les
dice que hicieron algo mal, que hay cosas que no deben
hacerse, les van a contestar “¿Y quién dice lo que está
bien hecho y lo que está mal hecho? ¿qué es lo normal?”.

Tienen una forma
particular de valoración. El psicópata tiene una escala de
valoración que no coincide, a veces, con la escala de
valoración general. No porque el psicópata desconozca la
valoración general, es decir las leyes, no es un negado
cognitivo, sino que antepone su escala de valores con
respecto a la de los demás. Tal vez porque tiene
necesidades distintas es que valora de diferente manera.
¿Cómo entender sino la apetencia desmesurada de poder, las
rarezas en la sexualidad, la crueldad en el delito, la
masacre innecesaria en el homicidio? ¿Y qué, si no es una
necesidad, hace repetir el mismo accionar?


Inteligencia

En su mayoría son
inteligentes.


El costo del objetivo

Tienen un objetivo y
lo tratan de conseguir. El costo no es importante, lo
importante es lograrlo pagando la menor factura.


Cosificación

La cosificación del
otro, es quitarles los atributos que hacen a las personas
semejantes a uno.

Así como para sacar
un clavo, utilizamos una tenaza y una vez utilizada, la
tiramos en el cajón de herramientas, así hace el psicópata
con las personas, las usa y cuando no le sirven las
deposita en el cajón de herramientas ya usadas. Hace una
cosificación de la persona.

Es decir, si yo
cosifico al otro, el otro no es igual a mí. Es algo
inferior, neutro, a usar. Fíjense que este concepto de
cosificar, en el sentido exacto del término, se puede
implementar como ideología. Si se les da un arma y les
ordenan matar a uno de sus compañeros, no lo van a poder
matar, “él es mi compañero, está en mi aula, es una
persona como yo”.


Sólo se pueden matar “cosas”

Ahora, si se los
adoctrina de que ese compañero es un asqueroso y
repugnante terrorista, una basura que hay que destruir
porque es un peligro para nuestras familias y a nuestra
patria, este hombre al cabo de cierto entrenamiento, puede
tomar un revólver y matar o torturar. ¿Por qué? Porque ya
dejó de ser un igual, pasó a ser una cosa peligrosa. Se
puede matar a una cosa, pero a una persona
no.

La cosificación del
otro está en forma innata en los psicópatas y como
ideología en muchos los sistemas políticos.



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Situación límite
: El asaltante apunta con la
pistola martillada en el cuello del rehén
cosificado
como escudo y atadas sus manos
con alambre. Obsérvese el aumento de la base de
sustentación del delincuente, las cejas levantadas y
ojos abiertos que denotan máxima alerta; la postura
obligada y de indefensión del rehén que tiene los
párpados edematizados por las heridas. La actitud
arriesgada del policía, sólo protegido por los
centímetros de la columna en donde se apoya, está
respondiendo más a pautas de adoctrinamiento que al
instinto de supervivencia; véase la postura de la
mano derecha, abierta y palmas arriba, de apoyo al
discurso persuasivo y la pistola al cinto, no
visible en ese ángulo por el delincuete, quién
momentos después se entregó. Tres vidas penden de
este complejísimo juego psicológico de
decodificaciones donde la mínima interpretación
errónea es mortal. (Tapa del diario Clarín, 6/11/98,
foto: Pablo Bianchi, www.clarin.com.ar)

 


Persona versus cosa

Esa es la disyuntiva que se presenta en
un hombre que abre la puerta de su casa y siente detrás de
él a alguien que le dice “quedate quieto y entrá, o te
mato”. En ese momento la víctima no puede dimensionar en
toda su magnitud que el que está detrás lo va a matar,
lastimar o hacer un daño tremendo dentro de su casa.
Entonces se enfrentan, por un lado alguien que tiene un
claro objetivo y que está haciendo su trabajo (el
delincuente), porque ese es su trabajo y eso que está
frente a él (la víctima) es un estorbo, una cosa.
Fíjense las distintas psicologías, el psicópata está
haciendo su trabajo, y para él la cosa (la víctima) es un
obstáculo que si molesta lo mata sin problema. Y, por otro
lado, la persona que se siente agredida (la víctima), que
mira atrás y ve a otra persona armada (el
delincuente). Hay una distancia psicológica impresionante,
que se da en el grueso de la población. Muy pocos son los
agredidos que van armados, y menos aún los que usan las
armas para enfrentarse al delincuente. Son muy pocos los
que reaccionan así, tal vez otro como ellos. Pero
generalmente esta distancia psicológica es determinante, y
el delincuente lo sabe.


Manipulación y coerción

La cosificación permite explicar varias
de las acciones de los psicópatas. Vemos que son
egocéntricos, manipuladores, utilizan a los demás para
conseguir sus propios objetivos.

Sólo se puede manipular a alguien si
primero se lo ha seducido, si se lo ha captado. Nadie
puede manipular a alguien que no se deje manipular. Nadie
puede hacerle hacer algo que el otro no quiera hacer. Aquí
tendríamos que hacer una división virtual en cuanto a lo
que uno lógicamente quiere hacer y lo que
irracionalmente
desea hacer. Desde el punto de vista
de la lógica del individuo, de los parámetros de las cosas
que se deben hacer, uno dice “yo no quería”, “me vi
obligado a hacer tal cosa”. Pero desde el punto de vista
irracional, tal vez no sea así. Aquí esta una de las cosas
nucleares de la psicopatía con relación a los otros. Yo
creo que el psicópata apunta a esto, puede o tiene la
facilidad de captar aquellas necesidades irracionales de
los otros. En el caso de un “estafado”, en realidad está
trabajando con la ambición del otro, porque le ofrece una
“pichincha”, una cosa que en situaciones normales sería
muy difícil de adquirir. O sea, el psicópata trabaja sobre
esa parte de la ambición del otro y después,
evidentemente, lo engaña. Recuerdo el caso de un viajante
que vendía en las provincias máquinas registradoras a un
precio muy por debajo del real (hecho que era muy
comprobable para el comprador); pero al panadero le vendía
una máquina específica para el almacenero y viceversa. Al
tiempo el comprador lo llamaba desesperado porque la
registradora no le servía y él, muy amablemente y como un
favor se la cambiaba “por otro modelo” a un precio mucho
más alto.

En la manipulación hay un grado de
libertad del manipulado que se somete a esto, es distinto
de la coerción, que es cuando se utiliza la fuerza
o un mecanismo de fuerza en un sentido físico o
psicológico para que el otro direccione hacia un objetivo.
Aquí se usa el temor en todo su gradiente.


¿Cuándo un psicópata es beneficioso para el grupo?

Un
psicópata es de utilidad general, siempre y cuando, los
intereses generales coincidan con sus objetivos. Ahí se
ve, desde afuera, al psicópata generoso, altruista,
sacrificado. Y, sin embargo, él está siguiendo, como
siempre, exclusivamente sus objetivos. Lo que ocurre es
que coincide el interés general con el interés particular
del psicópata. Cuando ese interés general deja de
coincidir, el psicópata comienza a hacer de las suyas.


Captar las necesidades del otro

Este tipo de personalidad tiene como
rara habilidad captar las necesidades del otro. Esta
capacidad determina otro rasgo importante, que es la
seducción
, llevando así a los demás a entrar en un
circuito psicopático. El psicópata les demuestra que le
son necesarios, pero que él le es mucho más necesario a
ustedes. Entonces se da un circuito entre el psicópata y
la otra persona. Se establece un circuito mutuo para
suplir las necesidades. Este concepto lo desarrollaremos
en las conclusiones al referirnos a la comunicación que
establece el psicópata con los patrones irracionales de su
víctima.

Si agregamos a esto que son
inteligentes y manipuladores, nos damos cuenta de que es
muy difícil resistirse a ellos. Relacionarse con un
psicópata es un viaje de ida con retorno complejo.

No toleran el fracaso y menos aún la frustración

Llamamos fracaso al hecho de intentar
una acción, llevarla adelante y obtener un resultado
desfavorable. Hablamos de frustración cuando nos topamos
con un obstáculo tan difícil que no podemos ni siquiera
intentar la acción para conseguir el objetivo. El fracaso
(intentar hacer algo y que salga mal) genera bronca, rabia
y culpa por no haber previsto las consecuencias de la
acción, pero deja siempre una enseñanza “Si yo lo hubiera
hecho de tal y cual manera, hubiera salido bien”. En
cambio la frustración (no poder llevar adelante la acción)
genera sensación de impotencia.

Cuando fracasamos nos ponemos a revisar
los pasos que llevaron a ese resultado desfavorable. De
eso uno aprende, se siente culpable de los errores.

Defensa aloplástica

¿Qué pasa con el
psicópata? El psicópata no hace ese razonamiento. El
psicópata hace lo que se llama la defensa aloplástica.
“Me hicieron fracasar”, sitúa la responsabilidad en los
otros. No puede hacer el insigh de decir “Yo fui
responsable por tal y tal motivo”. Todos ustedes conocen a
psicópatas que son “inocentes de todo”. Cuando no pueden
salir adelante dicen que la responsabilidad es del país,
que en Estados Unidos sería diferente, podrían progresar,
etcétera.

Hacen defensa aloplástica, no se
sienten responsables.


La culpa

Para sentir culpa uno debe sentirse
responsable de la acción, debe sentir que ha fallado.
Cuando se evalua que son los otros, el medio o las
circunstancias que lo han hecho fallar, entonces no hay
culpa.

¿Por qué un psicópata no tiene culpa?

A: Porque considera al otro como una
cosa y no como una persona.

A: Tiene distinta escala de valores.

M: ¿Por qué tiene distinta escala de
valores? ¿De donde viene? ¿Lo trajeron de Estambul? ¿Cómo
puede ser que tenga otra escala de valores si nació con
nosotros, jugó al fútbol con nosotros, estaba en nuestra
escuela y se conocían nuestros padres?

A: lo que pasa es que el egocéntrico
está más atento a su propia necesidad y no a la del grupo.

M: Hay muchos que son así y son los
egoístas. Se justifican, pero ellos saben que han cometido
algo vergonzoso. No por eso son psicópatas. Recuerden que
los psicópatas son pocos. No confundan la psicopatía con
los egoístas, con los neuróticos, con los ambiciosos, que
son otras variedades dentro de la especie. ¿Por qué no
tienen culpa los psicópatas? Los valores morales vienen de
afuera y el individuo los introyecta. El individuo está
inmerso en esos valores. ¿Por qué un individuo cumple una
norma?

A: Para evitar el castigo, por empezar.

M: Usted está hablando de que se es
bueno a la fuerza, usted está en contra de Sócrates, en
contra de Rousseau (El hombre nace bueno y la sociedad lo
hace malo). Se cumple una norma porque se cree que en el
fondo de la norma hay algo bueno para todos, para el
grupo. No hay recompensa suficiente que pueda hacer que
uno cumpla una norma, que la siga lealmente, dignamente,
sabiendo que va hacia el mal. Uno cumple la norma porque
cree, en el fondo, que esta norma es para el bien común.

Uno cumple una norma porque responde a
un bien común, y es lo dado. Como la sociedad es un
resguardo del individuo, entonces se da la
retroalimentación, yo cumplo la normativa y la sociedad me
protege a mí, a mis hijos, etcétera.

Porque cumplir las normas corresponde a
lo que se llama el bien común. Cuando el individuo comete
un acto que es transgresor, siente culpa. ¿Por qué? Porque
él transgrede la ley o la norma, pero pasando a través
de la norma, porque la tiene introyectada. Sabe
interiormente que lo que está por hacer es malo y le
genera ese displacer interno llamado culpa. Y no solamente
lo sabe, sino que lo siente. No solamente sabe la letra,
sino también tiene introyectada la melodía, la música de
la norma. Uno atraviesa la norma, la transgrede, pero como
resultado obtiene la culpa. Sabe y siente que está
haciendo algo mal.

El psicópata, como no tiene
introyectada la norma, la bordea. Para él la norma es un
obstáculo, es una piedra a saltar. No la tiene
introyectada. Conoce la letra pero no tiene la música, no
tiene la melodía, el sentimiento, no la siente. Rodea la
norma como un obstáculo. Conoce la norma, porque
cognitivamente no es un abandonado de Dios, pero no conoce
el sentimiento, no le da importancia al bien común, tal
vez no crea que exista el bien común.

Por eso la típica respuesta cuando se
le dice “¿Por qué hiciste esto, si no es bueno, no es
normal, no está bien?”. Entonces él contesta “¿quién dice
que no es normal? ¿Qué, dos o tres viejos (como decía un
paciente mío) se juntaron para decir, esto es malo y esto
es bueno?”. Uno, que lo tiene introyectado ni se lo
pregunta. La mayoría de nosotros ni se lo plantea. Lo toma
como un acto “casi religioso”, un acto de fe, sin
razonamiento, sin hacer análisis. Las cosas son así y
punto. Uno no tiene que hacer esto, no tiene que hacer lo
otro, ya se sabe que hay qué hacer y qué no. No hace falta
andar explicitando y analizando en cada momento, en cada
acción, si es buena o mala.

A: En realidad, ésta búsqueda del bien
común tiene fundamentalmente mayor peso en lo moral.

M: La moral es la forma explícita y
simplista de hablar de esto, que es mucho más profundo,
una cosa más implícita. Está introyectada y es algo que se
vivencia muy de adentro.

A: Una persona altruista ¿ puede estar
encubriendo un egocentrismo psicopático secreto?

M: el altruista es aquel que,
manifiestamente, tiende a accionar en pro de la comunidad
o de los otros. Ahora, la motivación que lo lleva a eso
puede ser muy amplia. Tal vez el altruista sea una persona
buena. Está esa posibilidad también. No pensemos que
detrás del altruista hay una sublimación en el sentido de
Nietzsche. “Cuidado con los altruistas y con los
caritativos que se están lavando a sí mismos”, decía
Nietzsche, en Genealogía de la moral. Pero existen
los altruistas que son buenos, es decir, también tenemos
que creer que existen los buenos. Es cierto que de acuerdo
a nuestra experiencia los buenos parecen pocos.

De esa manera, si no tiene
internalizado los valores, ahí sí se entiende dos cosas:

¿Por qué no existe el sentimiento de culpa, de
vergüenza? Vergüenza es la manifestación social de la
culpa o del ridículo. La culpa es de uno con uno mismo, en
cambio la vergüenza es la manifestación social de la
culpa. ¿Por qué no aprende ni con argumentación, ni con
ciertas experiencias? Porque para él lo que está haciendo
está bien. Es egosintónico con su accionar. Si se entiende
esto es fácil entender lo demás. Para él, lo que está
haciendo es correcto de acuerdo a su valoración de las
cosas, es correcto para su propio código. Entonces, si es
correcto y sale mal, el responsable no es él, sino que son
los otros. Es la defensa aloplástica. Y es así que el
psicópata vuelve a intentarlo otra vez.

Bumke decía que el psicópata vuelve a
realizar los actos como en “fotografía”. Parecen calcados.
Uno, que ha tenido la suerte, como profesional, de
trabajar con estos pocos seres, observa que una y otra vez
come ten los mismos “errores” y de la misma manera,
prácticamente, con distintos objetos (llámese objetos a
las personas que están alrededor de ellos). Varían los
objetos, pero el accionar, el patrón de acción es el
mismo. De ahí que los yanquis, que son muchos, más de 200
millones, y entonces los psicópatas son más, buscan el
patrón de conducta de un asocial. Buscan a sus famosos
asesinos seriales siguiendo su patrón de conducta,
sabiendo que repiten siempre los mismos pasos en su
accionar, como decía Bumke.

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Diario Clarín, 25/10/98


El autocastigo psicopático

El psicópata se castiga fuertemente,
con mayor dureza y crudeza con que lo harían las personas
si lo juzgaran a él. ¿Cuándo ocurre eso? ¿Cuándo un
psicópata toma medidas más extremas que las que la propia
sociedad adoptaría?

El psicópata se castiga y de forma
también psicopática, cuando se da cuenta que viola sus
propios valores, cuando quebró sus propios valores, sus
normas de conducta, entonces se autocastiga, y a veces con
muchísima crueldad, a través de castigos muy severos. Esto
lo van a ver si trabajan con psicópatas, que hacen muchas
barrabasadas con respecto a los demás, pero se sienten al
margen de la culpa. Y de pronto hacen, para ustedes, una
pavada, una tontería y se castigan con saña. Y es porque
esa tontería quebró sus propias normas. Es el caso de
algunos suicidios raros, por ejemplo. O sea, existe un
mecanismo de autocastigo muy fuerte en el psicópata.
Pero,se castiga rara vez, y siguiendo su lógica.


Desde el psicoanálisis: Otto Kernberg

Otto
Kernberg,
(4)
enfatiza en que hay que
diferenciar lo que es la conducta antisocial de la
estructura de personalidad antisocial y que es muy
importante diferenciar la conducta antisocial de la
criminalidad. La criminalidad es un concepto legal, la
conducta antisocial es un concepto clínico psiquiátrico y
critica al DSM III, porque la definición de la
personalidad antisocial lo realiza en términos de conducta
criminal.

Con respecto a la sinonimia, Kernberg
dice que el término tradicional para el tema que estamos
tratando, era de persona psicopática. Luego fue reacción
antisocial y el término contemporáneo es personalidad
antisocial.

Para este autor, la personalidad
antisocial
tiene una estructura de personalidad de
tipo narcisística. Kernberg dice que los fundamentos de
esta personalidad son: autorreferencia excesiva,
grandiosidad, tendencia a superioridad exhibicionista,
dependencia excesiva de admiración por parte de otros,
superficialidad emocional, crisis de inseguridad que
alternan con la grandiosidad usual. Luego, dentro de las
relaciones de objeto (con los otros), sería intensa
envidia consciente e inconscientemente, mecanismos contra
la envidia, especialmente tendencia de explotación,
incapacidad de depender de otros, falta de empatía con
nosotros, falta de compromiso interno en otras relaciones.
Luego habla de las formas leves de patología del SuperYo,
dentro de las estructuras narcisísticas: la incapacidad de
experimentar depresión, la tendencia a tener grandes
cambios de ánimo, una tendencia a estar regido por
vergüenza en vez de culpa, el hecho de hacer actos
antisociales. En este sentido, el temor a que lo pillen
determina ser honrado y no un sentimiento de una moral
interna. El sistema adolesce de valor ético adulto, o sea
que, para Kernberg, los valores son infantiles.

La persona narcisística quiere ser
admirada, porque es la más rica, la que tiene más objetos,
porque es la más bonita, la mejor vestida, un contraste
por querer ser estimada por los valores más adultos.

Y con respecto a la patología del Super
Yo grave, que para Kermbeg constituye el síndrome del
narcisismo maligno, las características son: conducta
antisocial, agresión egosintónica dirigida contra otros en
forma de sadismo o dirigida contra sí mismo en forma de
tendencias automutiladoras o suicidas, sin depresión y una
orientación paranoidea.

En la estructura antisocial propiamente
dicha, tenemos conducta antisocial desde la infancia
(mentir, robar, falsificar cheques, prostituirse, asalto,
robo, asesinato, robo armado), hay una ausencia auténtica
de capacidad de sentimiento de culpa y de remordimiento.
Esto es importante, porque el psicópata puede presumir de
remordimientos y una vez que lo han agarrado (no antes),
puede aparentar culpas y pueden realmente sentirse
arrepentidos o demostrar estar arrepentidas, simplemente
para conseguir una atenuación de la pena.

La otra característica es total
incapacidad de una relación afectuosa con otros. Hay
relaciones de tipo parasitarias. El paciente, por ejemplo,
dice el Dr. Kernberg, puede tener una excelente relación
con su tía, resulta que la tía es la que le da dinero todo
el tiempo, es la única persona con quien se cuida de
mantener una buena relación.

Otra característica es la incapacidad
de sufrir duelos auténticos, con tristeza y melancolía, y
en lugar de ello surge rabia e impotencia por haber sido
derrotados o descubiertos.

Estos pacientes son incapaces de
enamorarse o de mantener una relación de amor como parte
de sus relaciones sexuales. Las relaciones sexuales están
desprovistas de todo tipo de ternura.


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Diario Clarín, 25/10/98

Otra característica que se nota es la
ausencia de planear “a futuro” y muchas veces el individuo
actúa, aunque sea muy inteligente, como si no tuviera
ninguna conciencia de las consecuencias para él mismo de
su comportamiento. Hay indiferencia por su futuro a largo
plazo y también suscribe (como todo el resto de los
clásicos) que hay una falta de capacidad de aprendizaje,
no aprende de sus propios errores y hay una repetición
eterna de los mismos patrones conductuales.

 

Otro rasgo
importante es la incapacidad de identificarse con
valores morales. A veces, el antisocial es un experto
en leer las reacciones de los demás, en adivinar lo
que van a necesitar o hacer, pero no pueden captar la
dimensión ética.

Otto Kemberg
postula que el narcisismo patológico es un componente
de la psicopatía, ingresando elementos psicodinámicos
en el diagnóstico de la psicopatía. El narcisismo no
patológico es consecuencia de una buena evolución del
Yo, es la aceptación de la realidad, en tanto que la
realidad puede ser emplazada para satisfacer las
necesidades (libido) dirigidas hacia el exterior y
hacia el objeto. Los sujetos que no han podido
realizar bien esta formación, el ideal del Yo, por no
haber interiorizado suficiente amor y estimación
recibido de afuera, muestran unas defensas narcisistas
muy fuertes. No se atreven a dirigir su libido hacia
objetos exteriores y consiguientemente se encierran en
sí mismos absteniéndose de recibir, precisamente, de
lo que más les falta.

Otto Kernberg
cuenta una anécdota que es muy importante y
ejemplificadora, que le ocurrió a él mismo, dice “Yo
tenía un psiquiatra en formación que robaba y yo no lo
sabía y después de terminar su formación me pidió
cartas de recomendación. Se las di en dos
oportunidades, para dos ocasiones distintas y después
me llegó una carta donde el director de la última
institución, enfurecido, me decía que cómo una persona
como yo mandaba cartas de recomendación de alguien que
robaba en forma constante y desmesurada. Este
psiquiatra vino a verme para pedirme una tercera carta
de recomendación y entonces yo lo confronté con la
información de éstos directores”, y la reacción de él
fue “ah, claro, si yo sabía que estos me iban a
perseguir”. “O sea que le preocupó que lo
persiguieran, no tuvo ninguna preocupación por el
cambio mío en la relación con él. Y cuando yo le
pregunté que pensaba él de mi reacción frente a toda
esta situación, él me dijo “me imagino que usted está
enojado conmigo, porque yo lo he engañado, si quiere
no me dé la carta”. Es decir que no tuvo capacidad de
darse cuenta de mi reacción de tristeza por la pérdida
de la relación interna con un hombre que era muy
inteligente y como les dije, yo lo había supervisado
durante un tiempo. Ahora ustedes me pueden preguntar
¿cómo usted no hizo el diagnóstico? Es sumamente
difícil, como veremos en algunos momentos más, hacer
el diagnóstico fuera de una situación clínica
claramente definida, socialmente hacemos los errores
más garrafales con este tipo de estructura de
personalidad, por lo menos en el corto plazo”.

Otto Kernberg
hace un diagnóstico diferencial entre tres tipos de
estructuras, 1) el síndrome del narcisismo, 2) la
estructura social propiamente dicha, 3) la
personalidad narcisística con conducta antisocial.
Entonces, el síndrome del narcisismo maligno tiene
conducta antisocial, tiene una estructura narcisística
y tiene un narcisismo maligno. Pero no tiene capacidad
de relaciones no explotadoras, no tiene capacidad de
identificación con valores morales, no tiene capacidad
de compromiso con los otros y no tiene capacidad de
sentimientos de culpa.

La estructura
antisocial, propiamente tal, tiene conductas
antisociales, estructura narcisística, no tiene
narcisismo maligno, sí tienen incapacidad de
relaciones no explotadoras, tiene incapacidad de
identificación con valores morales, tiene incapacidad
de compromiso con otros, tiene incapacidad de
sentimientos de culpa. Y las personas narcisísticas
con conducta antisocial, además de una conducta
antisocial tienen una estructura narcisística, pero no
tiene narcisismo maligno, incapacidad de relaciones no
explotadoras, incapacidad de identificación con
valores morales, tampoco tienen capacidad de
compromiso con los otros, menos, incapacidad de
sentimiento de culpa.

Con respecto a
esta última personalidad (narcisismo con conducta
antisocial), como decíamos que no tenía síndrome de
narcisismo maligno y solo tiene la personalidad
narcisística con conducta antisocial, son individuos
cuya conducta antisocial es de tipo pasivo
parasitario.

Henderson había
clasificado a los psicópatas en agresivos, pasivos y
creadores. Kernberg discute esto de creadores, pero
dice que en la conducta permanentemente agresiva
(ataque armado, robo con asalto, agresión física, hay
un síndrome de narscisismo maligno. En cambio, cuando
las tendencias antisociales son pasivas, tenemos la
mentira crónica, el robo pasivo, la explotación
parasitaria en lugar de la agresión directa.

La pseudología
fantástica corresponde a un síntoma en el que el
paciente inventa episodios novelescos y los narra como
si realmente le hubiera ocurrido a él. Son concientes
del valor de la realidad que puede ser atribuida a sus
fantasías, pero a veces y por períodos de duración
variable, pueden creer en ellas y vivir así en un
mundo de irrealidad. Esto está tomado del Tratado de
Psiquiatría de E. Bleuler.

Dice Kernberg
que en todo individuo narcisista deben investigarse
las tendencias antisociales. Pone por caso a un
profesor universitario de estructura narcisista al que
le preguntó en medio de la entrevista “¿Ha tenido
problemas con la ley o el impulso de estar envuelto en
situaciones que puedan crearle problemas con la ley,
por ejemplo, deseos de robar?” Y él le contestó “¿y
cómo lo sabe usted?” Y resulta que el hombre robaba en
librerías de arte, porque su especialidad era el arte
y sentía que podía apreciar mucho mejor esos libros
que todos los demás y tenía el derecho de robar los
libros que no podía pagar.

Hablando de
casos en que existen estructuras neuróticas de
personalidad con tendencias antisociales, no
narcisísticas, cuenta el caso de un médico que robaba
en la cafetería del hospital y lo agarraron. Lo iban a
expulsar del hospital y lo mandaron al departamento de
psiquiatría. Dice que Kernberg lo examinó y tenía una
estructura de personalidad obsesiva y con tendencia
antisocial provocadora, justamente para ser pillado.
Había que ser bruto para robar en la cafetería, siendo
el médico del hospital. Robar en la cafetería del
mismo hospital era una provocación. Luego de unos años
de tratamiento, este médico no volvió a tener una
conducta antisocial semejante.


DSM IV

Nos falta tratar
el tema con respecto al DSM IV. En él funciona un
rubro que se llama trastornos de la personalidad.

Habíamos
definido a la personalidad como una manera de ser.
Decimos que el psicópata no es que tiene una
psicopatía en el sentido de que se puede tener una
tuberculosis, o algo transitorio o mutable, sino que
es un psicópata. El psicópata es una manera de
ser en el mundo, entonces la pregunta es ¿la
personalidad se puede trastornar?. Yo creo que no se
puede hablar de un trastorno de la personalidad,
siguiendo este razonamiento. Yo pienso que el término
trastornar o desordenar es inadecuado. Una persona es
estable, es una manera de ser, ¿cómo se va a
trastornar? ¿Cómo va a desordenarse? Pienso que el
término es totalmente inadecuado. Es un intento para
no hablar de psicopatías, porque el término psicopatía
también está muy vapuleado, llega a ser algo
peyorativo. Alguien comete un acto agresivo porque sí,
el cuñado de uno, por ejemplo, y pasó a ser un
psicópata; Leo Kaner ironizaba: “un psicópata es
alguién a quien no se quiere”. Pero de ahí a decir que
es un trastorno de personalidad hay un trecho. Otro
tema es el de las transformaciones de la
personalidad,
debida a noxa cerebral (traumatismo
de la corteza orbitaria anterior, tumores, etcétera).
Pero aquí la personalidad era de una manera antes de
la noxa y, después, hay un cambio muy notable de la
conducta habitual. Por eso se prefiere usar para estos
cuadros el nombre de pseudopsicopatías. En la
psicopatía hay una continuidad conductual, es así
desde siempre. En la pseudopsicopatía se pueden
distinguir un antes, la noxa y un después.


 


DSM IV:
Trastornos de la Personalidad
(13)

El
trastorno paranoide de la personalidad

es un patrón de
desconfianza y suspicacia que hace que se interpreten
maliciosamente las intenciones de los demás.

El trastorno
esquizoide de la personalidad

es un patrón de desconexión de las relaciones sociales
y de restricción de la expresión emocional.

es un patrón de desconexión de las
relaciones sociales y de restricción de la expresión
emocional.

El trastorno
esquizotípico de la personalidad

es un patrón de malestar intenso en las relaciones
personales, distorsiones cognoscitivas o perceptivas y
excentricidades del comportamiento.

es un patrón de malestar intenso en
las relaciones personales, distorsiones cognoscitivas
o perceptivas y excentricidades del comportamiento.

El trastorno
antisocial de la personalidad

es un patrón de desprecio y violación de los derechos
de los demás.
es un patrón
de desprecio y violación de los derechos de los demás.

El trastorno
límite de la personalidad

es un patrón de inestabilidad en las relaciones
interpersonales, la autoimagen y los afectos, y de una
notable impulsividad.
es un
patrón de inestabilidad en las relaciones
interpersonales, la autoimagen y los afectos, y de una
notable impulsividad.

El trastorno
histriónico de la personalidad

es un patrón de emotividad excesiva y demanda de
atención.
es un patrón de
emotividad excesiva y demanda de atención.

El trastorno
narcisista de la personalidad

es un patrón de grandiosidad, necesidad de admiración
y falta de empatía.
es un
patrón de grandiosidad, necesidad de admiración y
falta de empatía.

El trastorno de
la personalidad por evitación

es un patrón de inhibición social, sentimientos de
incompetencia e hipersensibilidad a la evaluación
negativa.
es un patrón de
inhibición social, sentimientos de incompetencia e
hipersensibilidad a la evaluación negativa.

El trastorno de
la personalidad
por
dependencia
es un patrón de comportamiento sumiso
y pegajoso relacionado con una excesiva necesidad de
ser cuidadoso.
por
dependencia
es un patrón de comportamiento sumiso
y pegajoso relacionado con una excesiva necesidad de
ser cuidadoso.

El
trastorno obsesivo-compulsivo de la personalidad

es un patrón de preocupación por el orden, el
perfeccionismo y el control

es un patrón de
preocupación por el orden, el perfeccionismo y el
control
.

Los trastornos
de la personalidad están reunidos en tres grupos que
se basan en las similitudes de sus características. El
grupo A incluye los trastornos paranoide,
esquizoide y esquizotípico de la personalidad. Los
sujetos con estos trastornos suelen parecer raros o
excéntricos. El grupo B incluye los trastornos
antisocial, límite, histriónico y narcisista de la
personalidad. Los sujetos con estos trastornos suelen
parecer dramáticos, emotivos o inestables. El grupo
C
incluye los trastornos por evitación, por
dependencia y obsesivo-compulsivo de la personalidad.
Los sujetos con estos trastornos suelen parecer
ansiosos o temerosos. Hay que señalar que este sistema
de agrupamiento, si bien es útil a efectos de
investigación o docencia, tiene importantes
limitaciones y no ha sido validado de forma
consistente. Además, es frecuente que los individuos
presenten al mismo tiempo varios rasgos de la
personalidad pertenecientes a grupos distintos.

 


Características diagnósticas

Los rasgos de
personalidad
son patrones persistentes de formas
de percibir, relacionarse y pensar sobre el entorno y
sobre uno mismo que se ponen de manifiesto en una
amplia gama de contextos sociales y personales. Los
rasgos de personalidad sólo constituyen trastornos de
la personalidad cuando son inflexibles y
desadaptativos y cuando causan un deterioro funcional
significativo o un malestar subjetivo. La
característica principal de un trastorno de la
personalidad es un patrón permanente de experiencia
interna y de comportamiento que se aparta acusadamente
de las expectativas de la cultura del sujeto y que se
manifiesta en al menos dos de las siguiente áreas:
cognoscitiva, afectiva, de la actividad interpersonal
o del control de los impulsos (Criterio A). Este
patrón persistente es inflexible y se extiende a una
amplia gama de situaciones personales y sociales
(Criterio B) y provoca malestar clínicamente
significativo o deterioro social, laboral o de otras
áreas importantes de la actividad del individuo
(Criterio C). El patrón es estable y de larga duración
y se puede descubrir que su inicio se remonta al menos
a la adolescencia o al principio de la edad adulta
(Criterio D). El patrón no es atribuible a una
manifestación o una consecuencia de otro trastorno
mental (criterio E) y no es debido a los efectos
fisiológicos directos de una sustancia (por ejemplo,
una droga, una medicación o la exposición a un tóxico)
ni a una enfermedad médica (por ejemplo, traumatismo
craneal) (Criterio F). También se proporcionan
criterios diagnósticos específicos para cada uno de
los trastornos de la personalidad incluidos en esta
sección. Los ítems en cada grupo de criterios para
cada uno de los trastornos de la personalidad
específicos son enumerados en orden de importancia
diagnóstica decreciente según los datos relevantes
sobre eficiencia diagnóstica (cuando existen).


El diagnóstico de los trastornos de la personalidad
requiere una evaluación de los patrones de actividad
del sujeto a largo plazo, y las características
particulares de la personalidad han de estar presentes
desde el principio de la edad adulta. Los rasgos de
personalidad que definen estos trastornos también
tienen que diferenciarse de las características que
surgen como respuesta a estresantes situacionales
específicos o a estados mentales más transitorios (por
ejemplo: trastornos del estado de ánimo o de ansiedad,
intoxicación por sustancias). El clínico tiene que
valorar la estabilidad de los rasgos de personalidad a
lo largo del tiempo y en situaciones diferentes. La
evaluación también puede verse complicada por el hecho
de que las características que definen un trastorno de
la personalidad en ocasiones no son consideradas
problemáticas por el sujeto (por ejemplo, los rasgos
son a menudo considerados egosintónicos). Para ayudar
a salvar esta dificultad, es útil la información
aportada por otros observadores
.

Grupo A: el
paranoide

Vamos a
hablar del paranoide
(12),
para tomar un solo ejemplo, como lo encara el DSM IV,
ustedes van a ver que la esencia del paranoide es la
desconfianza, la falta de fe. La fe es una creencia
ingenua, no analizable, de un precepto, de una
doctrina. Cuando uno usa la fe como fundamento, no se
cuestiona nada. En general usamos este patrón de fe
para movernos en la vida. Creemos que las cosas van a
salir bien o que las cosas se van a repetir tal cual
se repitieron ayer o antes de ayer y van a seguir con
una proyección semejante, que vamos a entrar a nuestra
casa y no va a haber un extraño robándonos, no vamos a
encontrar muertos a nuestros familiares, o que no va a
caer una bomba en Buenos Aires, en fin, hay toda una
serie de creencias que nos ayudan a vivir tranquilos.

En el paranoide
se produce una ruptura de esta fe, de esta confianza
básica. Dice “esto que se me presenta hay que
razonarlo”, es decir no se entrega espontáneamente a
las circunstancias, sino que utiliza una herramienta,
que es el razonamiento. Esto le produce duda, quiebra
la fe, por eso el paranoide es una persona que está
alerta, a la expectativa, en lucha ante la posibilidad
de que algo sea agresivo para él. Rápidamente nos
damos cuenta de que el paranoide es un hombre temeroso
y que en la esencia del paranoide está el miedo. ¿Por
qué uno se defiende? Uno se defiende porque tiene
miedo. Está temeroso de ser perjudicado, atacado. Es
un hombre a la defensiva. Y cuando uno está a la
defensiva, no es espontáneo, está tenso. Cuando se
está en lucha no se puede disfrutar. Recién cuando uno
se relaja puede disfrutar, sino está a la expectativa,
hiperalerta, mirando de dónde va a venir el sablazo.
El miedo subyace en todo. Una vez que entendimos esto,
rápidamente se entienden las demás cosas, lo de la
suspicacia, lo de buscar las claves “este me dijo tal
cosa, ¿qué me habrá querido decir?”. En un grupo
“aquellos dos están hablando, ¿a ver si están hablando
algo en contra mío?”. Ahí viene la autorreferencia, la
susceptibilidad, estar pensando de qué manera una leve
señal, despierte una reacción grande, esa es la
susceptibilidad. Son hiperrazonante y el tipo de
razonamiento que usan es el deductivo, es
decir, parten de un concepto general y lo adaptan a
los hechos particulares. En otras palabras, son
prejuiciosos. O sea, se manejan con un juicio previo y
tratan después de corroborarlo con lo que está
pasando. Un ejemplo rápido: parten del prejuicio “mi
pareja me es infiel” y desde ahí tratan de buscar
elementos, hechos particulares que puedan corroborar
el pensamiento inicial, el prejuicio de ser engañado
por su pareja. No es un razonamiento de tipo
inductivo
, que parte de los hechos particulares, y
por sumatoria obtiene una conclusión general. Por
ejemplo, la esposa llega tarde, la ropa está toda
arrugada, tiene pastitos en el pelo, etcétera. Y
concluye inductivamente que tal vez lo engaña. Ese es
el pensamiento inductivo.

Este exceso de
razonamiento tiene sus pro y sus contras. Le da al
paranoide cierto aire de suficiencia. Suelen ser
inteligentes, con un buen capital ideativo. Y creen
que siempre tienen razón. Son muy críticos, no están
conformes, siempre les falta algo, no están
satisfechos nunca. Es el famoso “si, pero yo lo
hubiera hecho así”. El paranoide es descalificador.

La otra
característica es el respeto por las jerarquías, es
una persona que cuando respeta a su jefe, es un muy
buen colaborador y puede llegar a ser sumiso a pesar
de que es un hipervalorado. Puede tener acciones de
esclavo, cuando su jefe le da órdenes y a su vez ser
un tirano con sus subordinados o con su la familia.
Tiene un manejo del humor bastante particular, con los
amigos puede ser alegre, compañero, y dentro de casa
es un amargado, seco.

Cuando se leen
los criterios que maneja el DSM IV, como en este caso
que describimos al paranoide, se llega a la conclusión
que uno conoce a muchos paranoides tanto en su trabajo
como entre sus familiares o incluso uno mismo. Es
decir que son muchos los que pueden ser señalados como
paranoides. Es entonces evidente el choque conceptual
con Schneider, para quien los psicópatas son pocos.
Creo que el DSM IV es más una tipología, un estudio
sobre variedades conductuales, que una
conceptualización sobre psicopatías, salvo en el
tipificado como trastorno de la personalidad
antisocial.


Hare

Basados en los
trabajos de Cleckley, en 1976, Hare, Hart y Harpur,
han propuesto diez criterios para el trastorno de la
personalidad psicopática (1991) que son los
siguientes:

1. Locuacidad y
encanto superficial;

2.
Autovaloración exageradamente alta/arrogancia;

3. Ausencia
total de remordimiento;

4. Ausencia de
empatía en las relaciones personales;

5. Manipulación
ajena con recurso frecuente de engaño;

6. Problemas de
conducta en la infancia;

7. Conducta
antisocial en la vida adulta;

8. Impulsividad;

9. Ausencia de
autocontrol;

10.
Irresponsabilidad.

Para hacer el
diagnóstico de trastorno antisocial de la
personalidad, se requiere contar con 18 años como
mínimo y presentar alteraciones de conducta antes de
los 15 años. Entre los factores más comunes de los
trastornos de conducta antes de los 15 años, se
presenta fracaso escolar, ausentismo, falsificación de
notas, expulsión de la escuela, fugas de la casa,
comportamientos violentos, actos de bandalismo,
crueldad con las personas y animales, mentiras y robos
reiterados, promiscuidad sexual precoz, contacto
temprano con el alcohol o drogas, etcétera. El
denominador común de todos estos factores es la
transgresión de las normas de conducta en el hogar y
frente a la sociedad.

El
complementario del psicópata

Cuando se está
intrincado con un psicópata ¿cómo salir y sobrevivir
en el intento? La primera pregunta que hay que hacerse
frente al paciente que está en manos de un psicópata
es cómo entró y por qué

 

Yo tenía una
paciente que era la ex esposa de un profesional
exitoso. Estaban separados, él vivía en Capital y
ella en la zona sur. Lo que se repetía en el
patrón conductual era, con algunas variaciones, lo
siguiente: a las dos de la mañana ella lo llama a
él y le dice “me tomé 6 frascos de Lexotanil y no
hay nadie en casa, así que te digo adios”.
Entonces él iba raudamente hasta la zona sur,
produciéndose una y otra vez los mismos hechos.
Este hombre subía al dormitorio (por supuesto que
ella había tomado la medicación), la agarraba de
la ropa y tomándola del pelo (vivía en un dúplex),
la arrastraba por las escaleras. Llegaban al
lavadero, le ponía el dedo en la garganta y la
hacía vomitar, todo esto a golpes. Luego la
llevaba al hospital de la zona y ahí le hacían el
lavaje de estómago. Cuando llegaba a la consulta,
venía con anteojos oscuros, apabullada, al
preguntarle por lo que había pasado, me decía:
“no, nada, tomé unas pastillitas y fulano me hizo
vomitar. Lo que pasa es que yo a veces lo
provoco”. Pero cuando se mencionaba el hecho de
violencia para ver si la paciente tenía alguna
idea de hacer una denuncia, ella lo minimizaba. Y
lejos de mostrarse llorosa o angustiada por lo que
había pasado, estaba tranquila. Cuando hablaba con
este hombre, él me decía “y ¿qué quiere que haga,
que la deje morir?, tengo que hacerla vomitar y
ella no quiere vomitar”. Yo la vi durante 6-7
meses. En 5 o 6 oportunidades repitió lo mismo. A
veces no iban al hospital, directamente lo
solucionaba él. ¿Es esta una relación normal? Ni
ella ni él podían desprenderse de éste círculo.
Estaban enganchados en este juego peligrosísimo. Y
se repetía una y otra vez. Una foto, como dice
Bumke. Y después está la regla de oro del círculo
psicopática, cuando se le dice por qué no corta
esto, entonces responden “yo, doctor, con él estoy
mal, pero sin él estoy peor”, eso hace que esto se
perpetúe. “Si no está él me angustio y quiero que
venga a cualquier precio”. Este sería un caso de
psicopatías complementarias. Hay casos en que la
persona realiza una actitud complementaria con el
psicópata y después ese vínculo se deteriora y
quiere zafar del psicópata.

Todo sistema
se mantiene si hay un acuerdo tácito entre los
miembros de ese sistema.

Psychopathy
checklist reviset (PCL-R) Hare 1991 (para
información de cómo usar esta escala y conseguir
los materiales necesarios, consultar en internet:
www.hare.org)


O sea que cuando ustedes vean
una mujer golpeada y le pregunten cuánto hace que
la golpea y diga hace 5 años, es que hay un
acuerdo tácito de violencia. Porque una persona la
puede golpear una vez a su pareja, pero no un año
seguido…

Cuando el
complementario tiene un enganche del 100% con el
psicópata, es muy poco lo que se puede hacer. Se
puede actuar cuando hay pocos anclajes. Es ahí
cuando la persona que está con un psicópata
consulta, si no, no consulta. O bien lo hace por
otras patologías. En los ajustes 100%, como se da
en algunas parafilias, nadie consulta. Se consulta
cuando hay pocos anclajes y el sufrimiento es
bastante duro de soportar (el psicópata hace
sufrir). Si una persona tiene dos anclajes (por
ejemplo sexual, que es uno de los más firmes)
consulta, ¿qué le dirían ustedes?, ¿cómo zafar de
un psicópata?

Para un
psicópata ¿qué son los complementarios? Son
objetos que le pertenecen por fuera de cualquier
otra normativa legal, social, o la que les
parezca. Todo esto de acuerdo a sus códigos
psicopáticos, no hacia las leyes. No crean que se
van a salvar porque van a un abogado, porque eso
no le importa al psicópata. Esa persona le
pertenece y se acabó. Porque él así lo considera.
Entonces el problema de separar al psicópata del
complementario es muy complejo. ¿Cómo convencer al
paciente de que ponga distancia y que no diga que
primero quiere hablar con él? En primer lugar
tenemos que aumentar el alicaído Yo de esta
persona. Porque el psicópata socava la autoestima
del otro, y al final el otro cree que gracias al
psicópata es alguien, porque si no ella es lo que
es, una basura. Lo primero que hay que hacer es
elevarle la autoestima, fortalecer a la persona
complementaria y en segundo lugar hacer pedagogía,
explicarle en qué consiste la personalidad de su
pareja. Tienen que ser creativos, fortalecerles la
autoestima como puedan. Tienen un caso muy
particular y muy especial, y tal vez las
normativas estándar de cómo implementar técnicas
psiquiátricas no sirven para nada o sirvan poco.
Como integrante del problema hay una persona con
códigos propios, no pueden implementar ustedes
técnicas que den resultados para el común y menos
aferrarse rígidamente al libro de siempre.
Fortalecerle el yo, fortalecerla, elevarle la
autoestima. Y luego sí, una vez que está logrado
este objetivo, que tenemos la docencia hecha, nos
fijamos si alguna persona del entorno familiar del
complementario nos puede ayudar, alguien que sea
una persona significativa desde siempre. Ya se van
a dar cuenta, cuando estén tratando esto, que
vamos a necesitar a un tercero que sirva de apoyo.
Luego hay que revisar la logística. La logística
consiste en saber cuáles son las factibilidades,
con qué se cuenta para que esta mujer lleve
adelante las indicaciones que se le dan. De lo
contrario se está fantaseando y generando utopías.
El psiquiatra, dice Henry Ey, es un embajador de
la realidad. Se debe pensar de qué medios
económicos se va a valer la mujer, si ha vivido
dependiendo del dinero del psicópata. A qué lugar
va a ir, con quién va a estar, quién va a cuidar a
los hijos y todas esas cosas que desde el punto de
vista clásico, uno tendría que desentenderse como
psiquiatra y sin embargo, aquí son importantes,
porque de eso dependerá el éxito de esta empresa.


Escala de Psicopatía
de Hare (PCL) (Adaptación H. Marietan)

F   2 1 0
1 Locuacidad      
1 Encanto
superficial
     
1 Sensación
grandiosa de autovalía
     
1 Mentiras
patológicas
     
1 Dirección      
1 Manipulación      
1 Falta de
remordimiento y culpabilidad
     
1 Escasa
profundidad en los afectos
     
1 Inestabilidad      
1 Falta de empatía      
1 Fracaso de
aceptar responsabilidad de las propias
acciones
     
2 Necesidad de
estimulación
2 Tendencia al
aburrimiento
     
2 Estilo de vida
parásito
     
2 Escaso control
conductual
     
2 Problemas de
conducta tempranos
     
2 Falta de metas
realistas a largo plazo
     
2 Impulsividad      
2
Irresponsabilidad
     
2 Delincuencia
juvenil y revocación de la libertad
condicional
     
  Totales      


Puntuación:

F1= Rasgos
centrales de la psicopatía.

F2= Rasgos
de inestabilidad.

Total:


Valoración:

– 2 Puntos:
cuando la conducta del sujeto es consistente y se
ajusta a la cualidad o intención del ítem.

– 1 Punto:
el ítem se ajusta en cierta medida pero no en el
grado requerido para puntuar dos. Existen dudas,
conflictos en la información que no pueden
resolverse en favor de una puntuación 2, ni
tampoco en 0.

– 0 Puntos:
el ítem no se adecua. El sujeto no muestra el
rasgo o la conducta en cuestión que propone el
ítem.


Conclusión:

0-20:
normales.
21-30: grupo medio.
31 o más: psicópata.

Una vez que
tenemos aumentada la autoestima, hecha la
pedagogía, la logística del entorno, recién ahí
podemos instrumentar el salto. O sea, imponer
distancia con el psicópata. Esto debe ser hecho,
de acuerdo a mi experiencia, con total y absoluta
dureza. Ustedes deben instruir a la paciente que
sea extremadamente dura y sin concepciones, sin
ninguna concepción de ningún tipo, porque él no la
va a tener con ella. El tipo de contacto que tiene
que tener con el psicópata desde ese momento en
adelante, es cero. No debe, ni directa o
indirectamente, relacionarse con el psicópata.
Miren de la dureza y de la postura extrema que la
que estoy hablando. ¿Por qué? Porque apenas “B”
aviste a “C”, se reinicia el circuito y ahí, todo
vuelve atrás.

Esto, a
veces, no se puede instrumentar la primera vez
porque la mujer quiere hablar, quiere explicarle,
pero apenas el psicópata la ve, tiene la
posibilidad de hablar tres o cuatro palabras con
la persona y es suficiente, esto es una cosa de
sugestión animal, la lógica queda muy atrás.

A: frente a
los hijos ¿qué se hace?

M: Algunos
psicópatas le tienen miedo a la policía. Entonces
lo primero que se le indica a la persona es que
ante cualquier acto agresivo haga la exposición a
la policía y se lo haga saber al psicópata. Esto
puede volverlo agresivo, pero va a establecer
cierto cuidado. Es ahí donde va a funcionar el
tema de los hijos. Los hijos generalmente se dejan
en la casa de la madre, el tipo los pasa a buscar,
los retira y luego los deja en la casa de la
madre, manteniendo contacto cero con el paciente.
Siempre con la amenaza de que cualquier cosa que
pase, se vuelve a hacer la denuncia. A veces hay
que hacer dos o tres veces la denuncia, y a veces
la policía llama al psicópata, por algún extraño
motivo conversan con él y lo persuaden. He tratado
casos en que venía la paciente llorando y me decía
que ella hizo la denuncia y él fue, y a los 15
minutos estaban todos riéndose con él y lo
soltaron. Y ella quedó como una idiota. A veces el
encanto es fuerte.

Esto no da
siempre buen resultado, pero se puede intentar
cuando el enganche no es muy fuerte. Hay que
utilizar antidepresivos y ansiolíticos porque la
angustia en el complementario, cuando está en este
periodo, es fuerte dado que la atracción es muy
intensa, casi animal. Sufre cuando está y se
angustia cuando no está. Uno tiene que trabajar
mucho y hacer pedagogía. El acoso del psicópata es
de mucha presión. Entonces tenemos que tener un
tercero que proteja a esta persona, que le sirva
de escudo, porque sola no puede soportar el acoso
por teléfono, personal, a cualquier hora; sale del
trabajo y está el psicópata ahí; quiere que el
objeto vuelva a su pertenencia.

La responsabilidad
legal del psicópata


Genovés
(3)
se plantea el interrogante ¿el psicópata es
responsable de sus actos? Y para ello establece
tres pruebas para estimar el grado de
responsabilidad de una persona en sus acciones
criminales:

1. No puede
ser declarado a priori insano, si no es con un
peritaje previo. La regla principal es que un
imputado está cuerdo hasta que se demuestre lo
contrario. Si nos basamos estrictamente en lo
legal, los psicópatas son responsables, ya que
conocen perfectamente las normas, al igual que
todos los demás. En cambio si nos referimos a lo
estrictamente moral, el prejuicio se vuelve más
ambiguo, porque el psicópata carece de apego
emocional y sentido de culpabilidad.

2. Impulso
irresistible. Esta regla afirma que el sujeto
puede conocer la diferencia entre el bien y el
mal, pero tener el impulso irresistible de cometer
el acto. Esto no es compartido por todos, ya que
algunos encuentran ambigüedad en la definición de
irresistible al impulso. Impulso implica
espontaneidad (incapacidad para demorar la
gratificación) y en algunos casos el psicópata
prepara cuidadosamente su crimen durante largo
tiempo antes de cometerlo.

3. Se
propone que el sujeto no es responsable
criminalmente si su acción delictiva es producto
de su enfermedad o su tara mental. En Estados
Unidos, por ejemplo, en el modelo del Código Penal
de 1962, se expone que una persona no es
responsable de una conducta criminal, si en el
momento de realizar tal conducta tiene disminuidas
sus capacidades fundamentales para ejercer la
criminalidad por la conformidad de su conducta con
la ley, como resultado de un trastorno o tara
mental.

O sea que
hay tres posibilidades en teoría que la ley ofrece
en los tribunales mundiales y son las siguientes:

a)
Responsabilidad total
: castiga a un individuo
anormal del mismo modo que al normal;

b)
Responsabilidad atenuada
: no hay solución
plausible, ya que después de una corta estancia en
prisión encuentran mejores condiciones para volver
a delinquir.

c)
Exención de responsabilidad
: equipara al
psicópata como un enajenado debiendo ingresar a un
hospital psiquiátrico. En Estados Unidos, el
Tribunal Supremo (sentencia de abril de 1988) dice
que el concepto estadístico de considerar la
psicopatía como una desviación del comportamiento,
tiende en la actualidad a ser sustituido por una
anomalía estructural de la personalidad y por ello
como auténtica enfermedad mental, tal y como la
consideraba la Organización Mundial de la Salud. Y
en su virtud reduce la pena por homicidio en dos
grados quedando rebajada a cuatro años de prisión.


En Argentina


El hecho de no ser consideradas
personas enfermas, abre una polémica dentro del
campo de la medicina legal.

La postura
actual es no considerarlos personas enfermas. En
ocasiones ciertas conductas los ponen en contacto
con el sistema judicial (robos, violaciones,
homicidios, etcétera). Pueden discernir y entender
la criminalidad de sus actos y dirigir sus
acciones, en consecuencia son responsables por lo
que hacen. No entrando en las condiciones de
inimputabilidad del artículo 34 del C. P. (no son
enfermos) siendo, por lo tanto, punibles.

El doctor
Vicente Cabello, médico legista argentino,
sustenta otra postura.Opina que ante toda
psicopatía debe investigarse exhativamente la
posibilidad de una noxa cerebral. Considera que
son personas enfermas, la conducta que tienen no
es porque sí, sino que es producto de su
enfermedad, en consecuencia, para esta escuela,
son inimputables.(16)


A modo de
conclusión



Consideraciones sobre la psicopatía


Los valores tienen su origen en
las necesidades sociales. La suma de experiencias
individuales y del grupo van formando aquellos
sedimentos de patrones de conductas deseables que
constituyen los valores. Estos valores son
transmitidos del entorno al individuo a través de
la familia, la escuela. Conceptos externos al
individuo son introyectados, asimilados y luego
pasan a ser parte del propio individuo. Pasan a
convertirse en “sus valores”. Esto le permite
tener una conducta ajustada y no discordante con
su entorno. Por supuesto que hay un rango de
ajuste, y también un rango de desajuste tolerado.
Son aquellas pequeñas desviaciones a los “valores
bases”. Es decir que en toda sociedad existe la
posibilidad de tolerancia a pequeñas desviaciones
a las normas.

La
comunidad, el hecho de pertenecer a un grupo,
significa para el individuo un resguardo, un
sistema de seguridad. En ese grupo, él va a tener
un deber, una responsabilidad y deberá seguir un
código. A cambio de eso el grupo, a su vez, lo
protege de circunstancias que pueden ser riesgosas
para un solo individuo. El deber, entonces, es la
responsabilidad del individuo frente el grupo, es
un hecho extrínseco, objetivable; se sabe si tal
individuo cumplió o no con su deber, si ha sido
responsable o no.

Luego están
los principios personales, los códigos propios de
cada individuo, eso es interno y solamente él
tiene en cuenta, para sí mismo, si ha cumplido o
no con sus principios. El código personal, los
propios principios, es absolutamente subjetivo. No
cumplir con esos códigos individuales genera
culpa. Así en ocasiones, se puede faltar al deber,
ser irresponsable desde el punto de vista objetivo
y desde el punto de vista de la mirada del grupo
hacia el individuo. Pero, para él, si ese acto o
esa acción que cometió tiene una justificación
personal, privada, coherente con su código
personal, no manifiesta para sí mismo culpa, no se
siente culpable.

Existen, por
un lado la ley, las normas, y por otro lado las
ambiciones del individuo. Las ambiciones
individuales deben encajar o seguir las reglas de
juego, los códigos de la sociedad para conseguir
un equilibro adaptativo. Hay límites a la
ambición. La sociedad tolera ciertos errores, pero
no la ostentación del error.

La sociedad
tiene una limitación y un permiso que es explícito
y corresponde a las normativas, a las leyes. Luego
hay un permiso tácito, implícito, que no está
escrito, que hace que se toleren algunas
desviaciones a la norma.

¿Por qué al
psicópata no le importa sortear las normas? Porque
sobredimensiona sus posibilidades, su ingenio o su
suerte por un optimismo ingenuo: “esta vez no me
van a agarrar”, o “esto me va a salir bien”, o por
un costo – beneficio aceptado. Es decir, por
asumir un riesgo que puede tener una consecuencia
grave, pero que el resultado de esa acción vale el
llevar adelante el riesgo. Ser optimista es
fantasear en una proyección virtual hacia el
futuro con un resultado positivo. El optimismo
está relacionado con la ensoñación. Ésta es parte
del trabajo psíquico que consiste en utilizar la
imaginación como campo de proyección de posibles
acciones a realizar.

El psicópata
no transgrede las normas. Transgredir es valorar
(conocer y sentir) las normas y a pesar de ello
sortearlas. El psicópata ve a las normas como un
obstáculo a sus ambiciones. La norma no le genera
el temor inhibitorio que a la mayoría de las
personas. La norma tiene un enunciado y un
significado por sí (explícito) y por la amenaza
(implícita) que implica su no seguimiento. Es
decir, en toda ley hay una amenaza, una apelación
a las consecuencias negativas que pueden ocurrirle
al individuo de no seguirlas. Subyace una
prohibición, un daño a futuro para aquel que no la
cumpla.

Toda ley, toda norma, genera
temor e implica la posibilidad de castigo. La ley
está hecha para domar, para doblegar y para
condicionar las conductas instintivas de los
individuos y entornarlas con el siguiente lema “Si
quieres pertenecer a este grupo, estas son las
reglas. Si se cumplen las reglas estás dentro, si
no las cumples estás fuera”. El psicópata tiene la
particularidad de estar dentro del grupo y de
sortear alguna de sus normas pero no todas, de lo
contrario sería desplazado del grupo.

¿Hasta
cuándo sucede esto? Hasta que en algún momento se
extralimita fuertemente y es “descubierto y
señalizado”. Un personaje poderoso, recientemente
fallecido, seguía un concepto sobre el poder. Él
decía “el poder es tener impunidad, es hacer sin
temer las consecuencias”.

El psicópata
es siempre otro, no hace un insight , es
decir, no hay un darse cuenta. Él no es consciente
de su propia psicopatía.

¿Es el
psicópata un inmaduro que se quedó en la etapa
adolescente de su desarrollo? A veces, algunos
psicópatas dependientes parecen contestar sí a
esta pregunta, o algún tipo de asunción de riesgo
“infantiloide” parece confirmar este punto.

Los
psicópatas son refractarios a los estímulos, tanto
a los estímulos negativos (castigos, penas, contra
argumentaciones a la acción en apelación a las
normas), como también, y esto es poco notado, son
refractarios a los estímulos positivos (cariños,
recompensas, suavización de las penas, apelaciones
a lo afectivo). El psicópata no modifica su
conducta por ninguno de los dos estímulos, ni
positivos ni negativos.

La mentira,
para el psicópata, es una herramienta de trabajo.
La mentira es desvirtuar la verdad ex profeso, con
un objetivo “en mente”, con el objeto de conseguir
algo. La mentira siempre apunta a algo. Se miente
para evitar un castigo, se miente para conseguir
una recompensa, se miente para engañar a otro.
Detrás de la mentira siempre hay un rédito y esto
lo diferencia de la fabulación, que también es una
transgresión a la verdad , pero por el mero hecho
de satisfacer el ego. Es lo que utiliza el
fanfarrón.

El psicópata
puede sortear todo tipo de normas, pero no el 100%
de las normas, sino sería rápidamente detectado y
eliminado del grupo. Puede sortear las normas, la
ley social, y convertirse en un delincuente,
estafador o un revolucionario. Puede no cumplir
las leyes éticas, en general, de la sociedad o
puede tener conductas sexuales como la
prostitución, la homosexualidad y cualquier otro
tipo de perversión.

Dentro de
las alteraciones de la ética, está su particular
relación con los otros seres humanos, que es la
cosificación del otro, que le permite utilizarlo
como una cosa, como un objeto de
intercambio o de utilidad. Esta cosificación es lo
que explica, tal vez, llegar a torturar o matar al
otro. Hay distorsión en la forma de
autoestimulación, por eso el psicópata a veces cae
en la droga y el alcohol.

Algunas
conductas psicopáticas pueden parecen ilógicas
(visto desde afuera), pero es perfectamente lógica
para el psicópata. Son lógicas distintas, son
sistemas de razonamientos distintos, códigos
distintos y valores diferentes basados en
necesidades distintas.

La conducta
psicopática puede, ser a veces, de mucha
inestabilidad frente a estímulos objetivamente
pequeños (para el normal), o al revés, el
psicópata puede permanecer con una conducta de
mucha estabilidad, a pesar de las fluctuaciones
del ambiente, es decir, puede permanecer sereno en
situaciones que desestabilizan a la mayoría.

Descriptor
de psicopatía
(15)
(Hugo Marietan, 1998, Derechos
Internacionales Reservados
)

A los
rasgos psicopáticos los reunimos en tres grupos,
A) Los derivados de satisfacer necesidades
distintas al común, B) Los derivados de la
cosificación de las personas y C) los actos
psicopáticos graves. Los rasgos del grupo A y B
deben ser investigados a través de la biografía y
evaluados. Hay presunción de psicopatía si
presentan rasgos correspondientes a los subgrupo
A1, A2, A3, A4 y al grupo B. Lógicamente, la
presencia de un hecho del punto C señala al
psicópata por sí solo.

Concepto: La personalidad
psicopática se da en individuos que deben
satisfacer necesidades especiales y para ello
hacen un uso particular de su libertad, valiéndose
de códigos propios y utilizando a las otras
personas como cosas.

 

 



A. Satisfacción de
necesidades distintas


A través de

1. Uso
particular de la libertad


Ejemplos

Intolerancia a
los impedimentos
2. Creación de
códigos propios
a) Sorteo
de las normas

b) Falta
de remordimientos y culpa
para los actos psicopáticos

c) Intolerancia a las
frustraciones – reacciones de
descompensación

d) Defensa aloplástica

3. Repetición de
patrones conductuales
a) Ritos

b) Automatismos

c) Secuencia
de acciones psicopáticas
repetitivas

d) Sello psicopático

4. Necesidad de estímulos
intensos
a)
Asunción de conductas riesgosas

b) Tendencia al
aburrimiento

c) Escasos
proyectos de vida a largo
plazo

d) Uso de drogas

e) Búsqueda de
emociones intensas

f) Satisfacción sexual
perversa



B. Cosificación de otras
personas


A través de

1. Egocentrismo


Ejemplos

Sobrevaloración
2. Falta
dempatía
 
3. Manipulación a)
Seducción (captación de las necesidades del
otro

b) Mentiras

c) Actuación

4. Coerción  
5. Parasitismo
6. Relaciones
utilitarias
7.
Insensibilidad
a) Crueldad

b)
Tolerancia a situaciones de tensión



C. Acto psicopático grave

  1. Tormenta
psicopática


Ej.

a)
Homicidio brutal

b) Masacre

c) Violaciones en
serie

d) Otros actos
asociales graves

2. Perversiones
sexuales
 


El fracaso lo
derrumba. Los momentos de crisis de los psicópatas
son producidos por frustraciones y fracasos.
Siempre coloca la responsabilidad de su fracaso o
su frustración, en lo otro, en lo externo (defensa
“aloplástica”). El éxito del psicópata en el medio
social, no asegura que se estabilice. En ocasiones
después de mucho esfuerzo, destruyen todo lo que
han hecho, por un acto banal, por un impulso. Esto
es desconcertante para el “normal” que observa
esto, que ha seguido toda la trayectoria y el
accionar de la inteligencia de éste hombre exitoso
y sin embargo, por una tontería, destruye todo
andamiaje. Los casos resonantes de personajes
internacionalmente importantes, me eximen de más
comentarios

Dentro de
los tipos de psicópatas, en su relación con el
sistema, están:

Los que
aprovechan
el sistema, para sacar beneficio
(estafadores menores, algunos políticos,
especuladores);

Los que
confrontan
con el sistema dentro del sistema
(delincuentes, estafadores graves, criminales,
políticos extremistas, tanto de derecha como de
izquierda);

Aquellos que
quieren cambiar el sistema (los que se
marginan, y desde la marginación tratan de romper
el sistema).


Cualesquiera sea la pertenencia del psicópata en
estos tres grupos, siempre están contra el orden
establecido. Hay algo en el psicópata que le
impide aceptar el orden establecido. Así lo vemos
al querellante fatigar tribunales apelando una
justicia que nunca termina de convencerlo. Y si la
“justicia” se demora o no es suficiente ¿por qué
no ser él mismo el que la ejecute?

El psicópata
pude tener tres tipos de conductas:

a)
Accionar normal
: es su parte adaptada al
patrón conductal normal. No se le “nota” la
psicopatía.

b)
Accionar psicopático:
es la manifestación de
sus conductas psicopáticas. La ejerce sobre
determinadas personas, complementarios o víctimas.

c)
Tormenta psicopática:
es la conducta
psicopática desestabilizada. De gran inestabilidad
emocional y tensión interna, que el psicópata
trata de equilibrarla a través del rito
psicopático, grupo de conductas repetitivas (el
patrón
conductual psicopático). Hay impulsos y
automatismos. Intensa descarga de la tensión
interna sobre lo externo. No puede parar sus
acciones hasta lograr reestabilizarse. La forma
que toma esta desestabilización dependerá del tipo
y grado de psicopatía. Aquí es donde se producen
los homicidios seriales o extremadamente crueles,
las violaciones, destrucciones y también los
suicidios. Es donde el psicópata de tipo asocial
deja su sello, su marca personal.


El psicópata en general, se
justifica a sí mismo en todas sus acciones. Suele
ser acusador y crítico. A la pregunta ¿por qué el
psicópata no sigue las normas? La respuesta es
simple, porque las normas no se ajustan a sus
deseos.

Este tipo de
personalidades tienen un particular sentido de la
libertad. Ser libre es poder hacer sin
impedimentos. Poder optar. Las trabas a la
expansión de la acción, pueden ser internas o
externas. Si estos seres minimizan sus trabas
internas (llámese represión, inhibición o
remordimiento) sólo les quedan las trabas
externas. Si los impedimentos externos no están
corroborados por la propia lógica ni tienen el
peso de los sentimientos, a qué seguirlos. Se
convierten en algo artificioso, armado por otros.
Un como sí lúdico. Un juego donde se
conocen las reglas, los obstáculos, pero en el
fondo es todo fantochada. Es así un jugador sin
impedimentos que conoce los impedimentos.

¿No será
este uso particular de la libertad lo que lo hace
seductor al apelar a las libertades reprimidas del
otro? Tal vez el psicópata busque detrás de las
máscaras, de la imagen, de la “persona”, al
“animalito” deseoso y encerrado que todos llevamos
dentro y lo anime a participar en un juego
ambivalente de satisfacciones y angustias.

Es campo de
estudio del biólogo la variabilidad de la especie
humana (raro – común); del sociólogo el ajuste del
individuo en el grupo (adaptado – inadaptado); del
moralista (religioso, ético) valorar lo bueno y lo
malo; del legista juzgar las responsabilidades;
del psicólogo las motivaciones de la conducta
individual. El médico debe limitarse a su estricto
campo que consiste en evaluar si una persona está
sana o enferma. Y, el psicópata, puede ser raro,
inadaptado, malvado, delincuente o tener una
conducta incomprensible, pero, no es un enfermo.


Bibliografía:




1. Bruno, Antonio;
“Personalidad perversa post traumática”, tesis
de doctorado, 1958.

2. Garrido
Genovés, Vicente; Técnicas de tratamiento
para delincuentes
, Ramón Areces, Madrid,
1993.

3. Garrido
Genovés, Vicente; Psicópata; Editorial
Tirant Lo Blanch; Valencia; 1993.

4. Otto
Kernberg, Diagnóstico Diferencial de la Conducta
Antisocial, Revista de Psiquiatría, 1988,volúmen
5, página 101 a 111, Chile

5. Bruno,
A.; Tórtora, G.; ” Las psicopatías”,
Psicología forense
, Sexología y praxis,
año 3, vol. 2, Nº 4, año 1996.

6. Pinel,
Philippe “Tratado médico filosófico de la
enajenación mental o manía”
, Ediciones
Nieva, Madrid 1988.

7.
Schneider, Kurt, “Las personalidades
psicopáticas”,
Ediciones Morata, 8º edición,
Madrid, 1980

8.
Laplanche, J., Pontalis B. “Diccionario de
psicoanálisis”
, Editorial Labor, Barcelona,
1981.

9. Berrios,
G. “Puntos de vista europeos en los trastornos
de la personalidad”, Comprehensive Psychiatry,
Nº 1, 1993.

10.
Bercherie, Paul, Los fundamentos de la
clínica,
editorial Manantial, Buenos Aires,
1986.

11.
Gregory R. L., Diccionario de la Mente,
Editorial Alianza, Madrid, 1955.

12.
Marietán, H., Semiología psiquiátrica.
Funciones básicas
. Editorial Ananké, Buenos
Aires, 1996.

13. DSM
IV
, Editorial Mason, Barcelona, 1995

14. Oates,
J., Babilonia, Ediciones Martínez Roca,
Barcelona, 1989.

15.
Marietán, H., Semiología psiquiátrica. Grupos
sintomáticos
. Editorial Ananké, Buenos
Aires, 1998.

16.
Cabello, V., Psiquiatría Forense en el
Derecho Penal.
T3, Editorial Hammurabi,
Buenos Aires, 1984.


Notas al pie:

1Este
trabajo es resultado de un resumen de tres
clases dictadas para el Curso Superior de
Especialistas en Psiquiatría, en la materia
Clínica III, de la Unidad Académica Borda (UBA)
en octubre de 1998. Desde ya solicito tolerancia
por el uso de un lenguaje coloquial y de las
redundancias propias de las clases orales.

2Médico
psiquiatra, Hospital “José T. Borda”. Docente
Adscripto de Salud Mental, Facultad de Medicina
(UBA). Buenos Aires, Argentina -mail:
hugomarietan@gmail.com

3Según
Nerio Rojas “se da el nombre de constitución
psicopática
a un desequilibrio psíquico
degenerativo, congénito, de grado leve, pero que
da un tinte anormal a la personalidad. Estas
constituciones son formas especiales de la
personalidad psíquica, con predominio de
tendencias ya anormales por su dirección y su
grado. Así se han individualizados las
constituciones asténica, emotiva, esquizoide,
paranoide, perversa, ciclotímica, y mitomaníaca.

En la constitución perversa las anomalías son
casi exclusiva de los instintos, lo que hace a
los sujetos antisociales y peligrosos. Son,
según Regis: amorales, inafectivos, inadaptados
e impulsivos. Con respecto a las perversiones
instintivas Dupré las agrupaba por el tipo de
instinto involucrado. Así los trastornos del
instinto de conservación incluían: suicidio,
suicidio ampliado, prodigalidad, avaricia,
toxicomanía,
etcétera; los del instinto de
reproducción: satiriasis, homosexualidad,
prostitución, parafilias,
etcétera; los del
instinto de sociabilidad: crueldad, egoísmo,
amoralidad, criminalidad, destructividad,
inadaptabilidad,
etcétera. La constitución
mitomaníaca según Dupré es la tendencia
patológica más o menos voluntaria y consciente a
la mentira y a la creación de fábulas, por el
sólo placer de mentir. Tiene tres formas:
vanidosa
(deseo de llamar la atención,
autoacusación, invención, fanfarronería,
simulación de lesiones y atentados al pudor);
maligna
(maliciosa, mistificación,
calumnia); perversa (estafadores,
acusaciones, difamaciones públicas). Para Cesar
Lombroso existía una psicología del delincuente
que incluía estos rasgos: insensibilidad moral,
falta de compasión, desprecio por la vida ajena
y la propia, inestabilidad y exceso en los
afectos, vanidad, crueldad, voluptuosidad,
pereza, toxicomanía, imprevisión, cinismo,
mentiras…(2).

Sobre el
concepto de antisocial, o bien como lo denominaba
Schneider “personalidad desalmada”, anotamos la
descripción hecha por el profesor Antonio Bruno en
su tesis del año 1958 (1), que siguiendo el
criterio de Regis, resume en cinco términos la
sintomatología de este cuadro. Y ellos son:

1.
Inafectividad. Desde niño se observa un desapego y
el carácter disimulado. No manifiesta inclinación
por nadie, pero no es indiferente al afecto que se
le brinda. No comprende los afectos y la frialdad
emocional es su signo.

2.
Amoralidad. Son insensibles moralmente. Falta el
juicio moral y la noción de ética. Algunos autores
como Lombroso dicen que estas personas también
tiene hipoalgesia (mucha tolerancia al dolor
físico)

3.
Impulsividad.

4.
Inadaptabilidad. Son crueles. Hay una tendencia a
lo delictivo y a no respetar las jerarquías. Se
molestan con las autoridades. No respetan los
reglamentos escolares. No respetan la jerarquía en
los trabajos.

5.
Incorregibilidad. Son incorregibles porque son
insensibles al castigo o al premio.(5)


Si cree estar relacionado con
un psicópata puede consultarme pulsando AQUI

Sea lo más
detallado posible, coloque su nombre, lugar de origen y email

Para guiarse
use el Descriptor de Psicopatía que
lo puede consultar ampliado AQUI

 

Sobre el autor

Hugo Marietan

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Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

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