Dr. Hugo Marietán – Psicopatía – Descriptor de rasgos psicopáticos

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Descriptor
de rasgos psicopáticos


Introducción:

Este artículo y los que los dos siguientes,
del Dr. Mata y del Profesor Mazzuca, abordan distintos
enfoques teóricos del tema Personalidades psicopáticas. Son
resúmenes de lo expuesto en el Simposio Regional de la WPA,
organizado por la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP),
en octubre de 1999.

El concepto personalidades psicopáticas es
un tema abierto que aún no ha sido suficientemente trabajado,
y, en consecuencia, decimos que si la incógnita persiste están
abiertas todas las hipótesis. Por eso la amplitud teórica de
esta mesa. Cada uno va a hablar desde el marco conceptual en
que se maneja habitualmente.

Por mi parte lo desarrollaré desde la
clínica, haciendo mención al descriptor de rasgos psicopáticos
en el que he reagrupado los rasgos en función de tres
categorías: satisfacción de necesidades distintas,
cosificación de las otras personas y acto psicopático grave.
Estos temas los he presentado en un número anterior de la
revista Alcmeon (número 27, noviembre de 1998) al que remito
como complemento de lo expuesto aquí (puede ser consultado por
Internet en


www.alcmeon.com.ar

o


www.marietan.com.ar

). He agregado algunos
conceptos sobre el complementario del psicópata, que no han
sido expuesto en el Simposio.



El concepto de normalidad

Vamos a tomar directamente el concepto de
Schneider de normalidad basado en el criterio estadístico.
Según este autor, el parámetro más fidedigno para evaluar los
patrones conductuales de una población está, no en un patrón
ideal, que sería un criterio normativo, sino en un criterio
estadístico, es decir, como es el patrón conductual que
predomina en una comunidad. Existen individuos que responden
al patrón general, que constituyen la parte masiva, y luego
existen personalidades que tienen tipos de conductas distintas
y son considerados, sólo en este sentido, anormales.

Figura 2

Schneider rechaza, cuando conceptualiza las
personalidades psicopáticas, el tema de la enfermedad. Según
él, estas personas no son enfermas, sino que son anormales en
el sentido estadístico del término. Son aquellas que se
destacan, por su forma conductual, del resto de las personas.
Nosotros vamos a enfocarlo desde ese punto de vista.

En los extremos de la curva estadística de
Gauss, decía Schneider, pueden ubicarse personas que
conductualmente son distintas del grueso de la población.
Están los que son socialmente aceptados y se destacan por
algunas características (genios, artistas, etcétera) y no son
desde el punto de vista social “negativos”. Y otros que sí lo
son, aquellos marginados o los llamados asociales.

Para dar mayor precisión al concepto de
psicopatía y no considerar a todos los anormales como
psicópatas, él tiene aquella famosa frase que delimita: ‘son
aquellos anormales que sufren o hacen sufrir por su anomalía’.

La psicopatía no es algo que se adquiere en
el sentido de un trastorno que aparece en una etapa del
desarrollo de la persona, sino que es algo que está desde
siempre, es una manera distinta de ser en el mundo.

Por ejemplo, el psicópata depresivo es
aquella persona melancoloide, que tiene un rango de humor
debajo del rango de humor normal y que comparte con los
melancólicos algunos rasgos pero más suavizados (la falta del
sentido del placer, el sentido de proyección pesimista del
futuro, cierto rasgo de falta de alegría, etcétera).

Figura 3

Poder diferenciar lo que es una psicopatía
de tipo depresiva de una fase depresiva, o sea, de la
enfermedad depresiva, es importante por el siguiente motivo:
el psicópata es una manera de ser, es siempre así, en cambio
una persona que tiene una fase depresiva, pasada la fase (seis
u ocho meses después) vuelve al rango de humor normal.

El psicópata también puede tener una fase
depresiva. En la fase tiene todas las características
semiológicas de un cuadro depresivo común. Es importante poder
diferenciar un psicópata depresivo de una persona no psicópata
con un episodio depresivo por lo siguiente: el terapeuta
tiende a llevar al depresivo al rango de humor normal.

Figura 4

En la psicopatía, nos llega el paciente en
la fase depresiva, no conocemos la historia previa ni tenemos
referencia de sus rasgos psicopáticos. Para nosotros es un
depresivo más y nuestro intento va a ser siempre, como
parámetro de curación, llevarlo al rango de humor normal, cosa
que nunca va a ocurrir, porque para el psicópata depresivo su
rango de normalidad sigue siendo melancoloide, es decir, al
salir de la fase vuelve a su sistema anterior de rango de
humor, o sea, sigue siendo melancoloide. Ese es uno de los
elementos de utilidad en el concepto de psicopatía.

Figura 5

Descriptor de psicopatía
(Hugo Marietán, 1998, Derechos Internacionales
Reservados)

A los rasgos psicopáticos los reunimos en tres grupos, A)
Los derivados de satisfacer necesidades distintas al común, B)
Los derivados de la cosificación de las personas y C) los
actos psicopáticos graves. Los rasgos del grupo A y B deben
ser investigados a través de la biografía y evaluados. Hay
presunción de psicopatía si presentan rasgos correspondientes
a los subgrupo A1, A2, A3, A4 y al grupo B. Lógicamente, la
presencia de un hecho del punto C señala al psicópata por sí
solo.

Concepto: La personalidad psicopática se da en individuos
que deben satisfacer necesidades especiales y para ello
hacen un uso particular de su libertad, valiéndose de
códigos propios y utilizando a las otras personas como
cosas.

 



A. Satisfacción de necesidades distintas

A través de

1. Uso particular
de la libertad

Ejemplos

Intolerancia a los
impedimentos

2. Creación de
códigos propios

a) Sorteo de las
normas

b) Falta de
remordimientos y culpa para los hechos psicopáticos

c) Intolerancia a
las frustraciones – reacciones de descompensación

d) Defensa
aloplástica

3. Repetición de
patrones conductuales

a) Ritos

b) secuencia
repetitiva de los hechos psicopáticos

c) Sello
psicopático

4. Necesidad de
estímulos intensos

a) Asunción de
conductas riesgosas

b) Tendencia al
aburrimiento

c) Escasos
proyectos de vida a largo plazo

d) Uso de drogas

e) Búsqueda de
emociones intensas

f) Satisfacción
sexual perversa

B. Cosificación de otras personas

A través de

1. Egocentrismo

Ejemplos

Sobrevaloración

2. Falta dempatía

 

3. Manipulación

a) Seducción
(captación de las necesidades del otro

b) Mentiras

c) Falta de empatía

d) Actuación

4. Coerción

 

5. Parasitismo

6. Relaciones
utilitarias

7. Insensibilidad

a) Crueldad

b) Tolerancia a
situaciones de tensión

c) Desmesura

C. Acto psicopático grave

 

1. Tormenta
psicopática

Ej.

a) Homicidio
brutal

b) Masacre

c) Violaciones en
serie

d) Otros actos
asociales graves

2. Perversiones
sexuales

 

Necesidades
distintas

Vamos a tipificar a los psicópatas como
individuos que, por razones que desconocemos, tienen
necesidades especiales, distintas, que lo motivan a conductas
distintas para satisfacer esas necesidades. Tienen un uso
particular de la libertad, tienen códigos propios y utilizan a
las otras personas como cosas.

Vemos que los psicópatas se manejan, en
ciertas circunstancias, de una manera conductualmente distinta
al grueso de la población y da la impresión de que los
impedimentos normativos, que son comunes al resto y que son
inhibitorios, para estas personas son simples obstáculos a
sortear.

La psiquiatría clásica dice que el
psicópata conoce las reglas sociales y a pesar de ello las
transgrede. Aquí lo que ocurre, desde mi punto de vista, es
que el psicópata se maneja por sus propios códigos, su ley
interior. Esto de manejarse por sus propias creencias y cierto
desprecio por la normativa general va a hacer que el concepto
de deber, en el sentido comunitario del término, sea distinto
al de una persona común. Estos códigos propios van a hacer que
él tenga una conducta hacia la comunidad y tenga un conducta
hacia sí mismo. El psicópata se siente responsable y culpable
en tanto y en cuanto respete o no sus propios códigos y no
tiene en mayor cuenta los códigos de la comunidad.

Muchas veces observamos que los psicópatas
parecen buscar los riesgos o someterse a situaciones de riesgo
muy importantes que la gente común no asumiría.

Todo este grupo de rasgos tienen como
patrón común la satisfacción de necesidades distintas a las
ordinarias.

Cosificación

Hay otro rasgo que llama la atención y es
muy clarificador para entender la conducta del psicópata, que
es la cosificación de las personas. ¿Qué es cosificar a una
persona? Es quitarle el rango de igual, es quitarle a la
persona la valoración de persona en sí. Si se tiene frente a
sí a otra persona, se practica lo que se llama la empatía, es
decir, colocarse en el lugar del otro y ejercer lo que se
llama comprensión, es decir, si se está en lugar de esa
persona se puede obrar y sentir cosas semejantes. Ahora, si se
le quita esa cualidad de persona a la otra, se la convierte en
una cosa, una cosa es manejable, es manipulable, se puede
hacer con ella lo que se quiera. No se puede matar a una
persona, para matar uno debe cosificar al otro, es decir,
hacer el paso psicológico de descalificarlo como persona y
ubicarlo como cosa y ahí sí, se lo puede destruir. Y de esa
forma también, como cosa, se lo puede manipular a
satisfacción, es una herramienta que se puede utilizar para el
propio beneficio.


Seducción

La seducción, que es inducir a través de la
captación de las necesidades del otro, es muy particular y
llamativo en el concepto de estas personalidades. Tienen
facilidad o habilidad para captar las necesidades del otro, y
ahí accionar. Este tipo de captación pertenece a patrones
irracionales. Muchas veces, en el consultorio, los
complementarios, es decir, aquellas personas que conviven con
psicópatas, dicen “al final, no sé por qué, terminé haciendo
una cosa que yo no quería hacer”.

La mentira

La mentira es otro elemento. El psicópata
es mentiroso, utiliza la mentira como una herramienta más. Y
la podemos tipificar como mentira psicopática, porque es una
forma de mentir especial, relajada, convincente, totalmente
adaptada a la circunstancia y con la única finalidad de
conseguir un objetivo. Él puede mentir a través de lo verbal y
a través de lo corporal, es decir, puede actuar. Puede hacer
toda una escenificación y mantenerla el tiempo que sea
necesario hasta conseguir su objetivo.

La manipulación se ejerce desde el punto de
vista del psicópata sobre un objeto y desde el punto de vista
del complementario desde otra persona. En la manipulación hay
siempre un cierto acuerdo entre el manipulado y el
manipulador. Hay en el manipulado algún tipo de ganancia en la
acción que se va a realizar, aporta un pequeño sí a la acción,
como es en los casos de estafa. Es completamente distinto de
la coerción. En la coerción existe la presión y la falta de
opción de la otra persona.

La desmesura

Falla en encontrar la medida estándar en la ejecución de las acciones: en más o en menos pero no acierta en dar con el punto moderado en algunas de sus acciones.

Falla en la empatía

El psicópata no es empático, no puede colocarse en el lugar emocional del otro, ni prever las consecuncias negativas de sus actos en el otro, no es que no sepa que está haciendo algo negativo para el otro, sino que no puede dimencionar, por falta de empatía, el efecto emocional que causa en el otro.

 

Acto psicopático
grave

Cuando estamos frente a un acto psicopático
grave el hecho es tan brutal y tan tremendo que ya no es
necesario ningún tipo de sutileza para tipificar al psicópata.
Los últimos hechos de violencia asociales que hemos vivido nos
eximen de hablar de estos hechos.

El complementario y
su psicópata

Este tema no fue desarrollado en la mesa
del Simposio, y continúa algunos conceptos esbozados en el
artículo anterior: “¿No será este uso particular de la
libertad lo que hace seductor al psicópata cuando apela a las
libertades reprimidas del otro? Tal vez el psicópata busque
detrás de las máscaras, de la imagen, de la ‘persona’, al
‘animalito’ deseoso y encerrado que todos llevamos dentro y lo
anime a participar en un juego ambivalente de satisfacciones y
angustias” (Alcmeon 27). Estas reflexiones son fruto de la
experiencia de las consultas de personas que conviven,
generalmente parejas, con psicópatas no asociales, es decir,
no el sociópata, sino lo que podríamos denominar ‘el psicópata
cotidiano’, aquel que tienen sus ‘particularidades’ en sus
relaciones laborales o sociales, pero sin demasiadas
estridencias, y manifiesta sus rasgos más negativos en la
relación íntima. Las parejas complementarias son golpeadas,
estafadas, frustradas, violentadas física o psíquicamente, y
sin embargo continúan con el vínculo. Ningún sistema persiste
si no cubre una necesidad. La pregunta es: ¿qué obtienen los
complementarios del psicópata?

El complementario nos trae algo engañoso:
la factura, el efecto secundario del goce. El goce que
proporciona el psicópata es secreto, aún para la lógica del
complementario. Así que mal nos puede transmitir a nosotros,
terapeutas, lo que no puede decodificar lógicamente, es decir,
al hablar, al armar el discurso.

Así es que nos anoticiamos de una parte de
la cosa. La otra, la inefable, se da en el circuito íntimo del
psicópata-complementario (P-C) y pienso que se refiere a
satisfacer necesidades. El psicópata cumple la función de dar
algo al complementario, algo que el complementario necesita y
que ‘vale el precio que paga por obtenerlo’, valen las
humillaciones, las descalificaciones, los golpes, el sufrir.
El complementario paga el precio y vuelve por más, pero no más
sufrimiento (que es secundario), sino por más goce.

¿En qué consiste el goce que da el
psicópata? Me es totalmente desconocido para transmitirlo
aquí. Y el complementario lo siente, pero tampoco lo puede
transmitir. Pertenece a lo irracional, a nuestra animalidad.

Así que el animalito nos muestra el
chichón
, pero no el goce, el goce que hace que el
complementario (C) vuelva a encontrarse con el psicópata (P)
sabiendo que termina con un chichón.

Los complementarios suelen decir: “Con él
estoy mal, sin él, peor”. Entre mal y peor está el goce, la
parte que da P a C.

Algunos sobredimensionan las palabras, lo
que P les dice. Sin embargo, pienso que no es importante. Lo
importante es el contacto, es la relación P-C. Lo que
despierta P en C. Esto se puede lograr con cualquier medio, la
palabra, la mirada, un gesto o un hecho que implique que P
está en relación con C.

Hay un click que se acciona de distintas
maneras entre P y C. El psicópata impele a la acción. Y C
hace. P no es, tampoco, un estratega, un diseñador de
conductas de C, tampoco él es consciente de lo que da. Puede,
con la experiencia, conocer algo de lo que debe hacer para que
C haga.

Decía un colega que la mejor definición que
había escuchado sobre un psicópata era que el psicópata es el
auténtico ‘hijo de puta’. Esa conclusión sacan los que se
quedaron con la parte negativa del circuito P-C, con los
efectos secundarios. El psicópata (no tratamos aquí el caso
del sociópata) no es un ‘hijo de puta’ en sí (pueden tener,
como cualquiera, actos que lo hagan merecedor de ese
calificativo), es un dador, un suplidor de necesidades muy
profundas de C. C lo necesita a P, lo goza y después lo putea.
Y C a los demás les comenta lo último. De ahí la errónea
conclusión.

En la pareja el psicópata da la seguridad
de la inseguridad. Cuando uno busca algo y alcanza algo se
satisface. Y pasa a buscar otra cosa. Como a P nunca se lo
tiene, se gasta energía tratando de conseguirlo, de poseerlo.
Por eso, aunque sufra, C va por más. Es casi imposible
separarse de un psicópata.

La esposa de un psicópata dice “preferiría
que estuviera muerto, y así empezar con otra cosa; mientras
esté vivo es un desafío poder conquistarlo”.

C espera tenerlo para después sacárselo de
encima, pero como nunca lo tiene siempre queda insatisfecho.

C quiere tener una relación con el
psicópata en la que P considere a C una persona, pero éste la
considera una cosa. C no es feliz, porque nunca alcanza la
satisfacción que está buscando. C se quiere separar de P, pero
no lo puede lograr. P la considera un objeto de su necesidad y
a su disposición.

Ser el objeto preferido de P tampoco
alcanza, C quiere ser más que un objeto; la autoestima de C se
va debilitando. Llega un momento en que C se siente una
porquería descartable y se ubica en la categoría que tiene en
la relación P-C objeto.

El placer de C está en ese reto, en
modificar esa rotación, el placer está en la búsqueda de P, en
el camino, no en el fin. Es la lucha interminable por tener al
otro, la imposibilidad como placer, la ilusión de revertir la
imposibilidad, el desafío de conseguir el deseo.

C busca del otro el poseer su ser, su
esencia completa. C se siente completamente entregado al
psicópata y quiere que P se entregue totalmente, lo que es
imposible.

Con el psicópata siempre está el
imprevisto. Con una pareja normal, C sabe que sólo puede
esperar años de lo mismo y las vicisitudes están en las
circunstancias exteriores, pero no en la pareja. Una pareja
normal es previsible. Con P están los goces intensos y las
angustias intensas. Si P se va, le saca el sentido a la vida
de C, que es conseguir a P. La lucha de C es mantenerlo
siempre consigo, ya que está el peligro latente de que P se
vaya.

Estas personas complementarias se
acostumbran a estas angustias – goce y no pueden relacionarse
con “normales” que les resultan insulsos, aburridos, por eso
cuando un C deja a P es porque posiblemente esté en manos de
otro P.

Me han preguntado en muchas oportunidades
si los complementarios no son a su vez psicópatas. Tiendo a
dar una respuesta negativa a esta pregunta. En las
oportunidades que tuve de observar la formación de pareja
entre psicópatas terminaron rápida y explosivamente. Dos
narcisistas no son buena junta, necesitan ser mirados,
atendidos, y para ello, uno de los dos tiene que sacar sus
ojos de su precioso ombligo, y ninguno lo hace. Los psicópatas
tienden a asociarse persiguiendo un fin común. Por eso creo
que el neurótico tiene más chance de ser complementario del
psicópata que otro psicópata.

Otra pregunta frecuente es si el
complementario está “enamorado” del psicópata. Creo que C
tiene anclajes fuertes con P, incompresibles para nosotros,
pero no creo que sea amor. En el amor está la ternura y la
dulce angustia, en el cuidado, emociones que no he visto en C.

 

Nota al pie:


1 Conferencia presentada en el Simposio
Regional de la WPA organizada por la AAP el 22 de octubre de
1999. Mesa Redonda: “Personalidades psicopáticas: tres
enfoques”


Use este Descriptor si cree
que convive o conoce a un psicópata y envíemelo completo
a consultashm@gmail.com

No olvide de
colocar su nombre, lugar de origen, email y edad. Hágalo lo
más detallado posible.

 

Sobre el autor

Hugo Marietan

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Hugo Marietan

Nacido en Buenos Aires, en 1951

Médico, Facultad de Medicina, Universidad de Bueno Aires, 1981, MN 62757

Médico Psiquiatra, Facultad de Medicina, Universidad de Buenos Aires, 1986

Formación Docente: Egresado del Curso de Formación Docente Pedagógica en Ciencias de la Salud y Carrera Docente de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires

Docente Adscripto a la Carrera Docente Facultad de Medicina. de la Universidad de Buenos Aires desde junio de 1991 a la fecha.

Académico Titular de la Academia Internacional de Psicología de Brasil (2002)

Para ver el curriculum completo: https://marietan.com/curriculum/

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