Carta:
La
Belleza y sus dramas
Como es habitual en mi,
esta madrugada me he vuelto a despertar. No se cuanto
tiempo paso cada noche en vela pensando, pero suele ser
grande, para luego, volver a coger el sueño y amanecer
temprano. Ese tiempo de vigilia, lo ocupa un hecho, a
veces irrelevante, a veces inquietante, a veces desconcertante.
Del tema depende que sea más o menos largo. Bien, pues
el de esta madrugada ha sido el encuentro que tuve con
una amiga en el supermercado. Iba de compras, cuando la
vi, abstraída, en otro mundo, tuve que llamarla desde
bien cerca para que reaccionara. Como siempre, se puso
contenta y me saludó cariñosa. Estaba con mi hija, así
que la breve charla fue en clave de medias palabras, para
contestar a mi pregunta: ¿te encuentras bien? Se te ve
cansada, ¿qué te pasa? Era obvio que había llorado, los
ojos hinchados y los surcos que habían dejado las lágrimas
en su cara, estaban frescos. Sin decir mucho me dijo:
"Ya te contaré, estoy a punto de explotar. No te sorprendas
si te enteras que he cambiado radicalmente de vida". Me
asombré, e insistí: ¿pero qué te pasa? Solo acertó a contestarme,
"los padres de mis hijas me van a volver loca". Ya no
insistí más, no era momento ni lugar, le di un beso y
cada una siguió a lo suyo. Y mi desvelo contestaba a una
pregunta: ¡Qué gran drama es ser tan guapa¡ Mi amiga,
posiblemente haya sido una de las mujeres más guapa que
ha habido en la Zona en estos últimos sesenta años. Alta,
de ojos verdes, piel trigueña, monumental. Odiada por
casi todas las mujeres y deseada por casi todos los hombres,
no ha sabido, no ha podido, no ha querido, sacar provecho
a su ventaja. La mujer guapa, normalmente sorprende a
las demás mujeres porque es dulce, no es alguien que entra
de forma brusca, todo lo contrario. Y supongo que tiene
su razón en la falta de defensas, su belleza, hace que
los demás bajen la guardia, no hay recelos, está habituada
a ser centro de atención, no tiene que esforzarse, su
sola presencia ya le abre las puertas. Esto que a priori
pudiera ser una ventaja, se convierte con los años en
una trampa mortal. En un porcentaje altísimo, son elegidas
por narcisistas, qué, disfrutan viendo como algo de "su
propiedad" es tan deseado. Gracias a eso, ellos "se la
encuentran" (lenguaje vulgar) y se sienten hombres. Esta
personalidad, no toma en cuenta la valía de esa persona,
sino su belleza, el envoltorio. Ellas a su vez, también
narcisas, no se esfuerzan, cargan todas las tintas en
algo efímero, que de momento las beneficia, y luego las
pierde. ¿Alguien se plantea el drama que supone para estas
mujeres el paso del tiempo? No pueden asimilarlo. Estética,
botox, cirugía, gimnasia… todo es inútil, siempre pierden
y con ello, su personalidad se ve afectada hasta límites
insospechados. Suelen ser buenas madres y malas esposas.
Antes o después eligen a otro hombre de las mismas características
o peores, para llegar al mismo sentimiento de vacío. "Yo
lo he dado todo, me enfrenté a la sociedad para darle
una hija", me explicaba un día mi amiga. Es incapaz de
comprender, por más que se lo explico, que le está dando
a alguien que tiene un boquete por abajo y es incapaz
de retener y apreciar lo que le ofrece. Esos hombres no
quieren nada de ellas, salvo el prestigio que su belleza
les otorga cara a la sociedad. Son ellos, los "grandes
machos, que se la tiran". Dramático. Casi todas, acaban
liadas y reiladas cada vez con hombres más pencos, a más
edad, menos posibilidades. Pierden la capacidad de comprender
que lo único que las ayudaría, sería dejar de necesitar
un admirador continuo. El precio que pagan es altísimo.
En el caso de mi amiga, la cosa se agrava con dos hijas,
competidoras de por sí con la madre, e imposible de ganarles.
La convivencia es difícil. No recuerdo un solo momento
en mi vida, en que haya deseado ser guapa. Siempre me
ha gustado como soy y he agradecido a mi cuerpo su fortaleza.
Nunca he comprendido la esclavitud de la belleza y sigo
sin comprender que una mujer deje de ser feliz porque
no es lo suficientemente guapa, pesa más de la cuenta
o no la miran todos los hombres.
Pero yo soy muy rara…
Paloma