|
Nietzsche
y la mala conciencia
Dr.
Hugo Marietán2 www.marietan.com
Biografía
En Röcken bei Lützen
(Sajonia), nació Federico Guillermo Nietzsche el 15 de octubre de 1844. Su
padre, Karl Ludwig Nietzsche, era pastor protestante y párroco en aquella
villa; debía esta gracia al rey de Prusia Federico Guillermo IV, a quien
conocía a través de cierta familia principal cuyas hijas había tenido a su
cargo como preceptor. La madre se llamaba Francisca y era también hija de
pastor protestante.
La familia Nietzsche podría,
según los biógrafos, emparentar con antiguas familias aristócratas
polacas. Su ambiente familiar era pues de rigor religioso llevado a la
práctica con exigencias intelectuales y piadosas. Sus padres tuvieron,
además, otros hijos: Elisabeth (que tendría una intervención continua en
la vida del futuro filósofo) nació en 1846; otro hijo varón nació en 1848,
le pusieron de nombre José y murió en 1850. Esta muerte impresionó
vivamente a Nietzsche. El año anterior había muerto su padre a
consecuencia de una caída cuando bajaba por la escalera de la iglesia.
La familia se traslada, luego
de la muerte del padre, a Naumburg, y el niño de 5 años vive entonces en
un ambiente dominado por mujeres, pues, además de la madre y la hermana,
convivían con ellos la abuela, una tía y una criada de la madre, que cuidó
a Nietzsche en los últimos momentos. Tanto Federico como Elisabeth
sufrían, como herencia de su padre, de una miopía acentuada y eran
propensos a fuertes dolores de cabeza.
Después de los estudios
primarios ingresa en la escuela local como becario a los 14 años, en la
célebre institución de Pforta; este centro contaba con prestigiosos
alumnos y se caracterizaba por una formación humanística rigurosa sobre
las lenguas clásicas y una disciplina dura y exigente dando un peculiar
estilo a la personalidad de sus escolares. Federico extrema el rigor y las
exigencias escolares para consigo mismo, en el cumplimiento de la
disciplina y en la dureza de la vida. Por ese tiempo comienzan sus ensayos
en composición musical, afición que había heredado de su padre; funda con
algunos amigos la Unión Musical de Germania, comprometiéndose cada uno a
presentar, por mes, un trabajo artístico, literario, musical,
arquitectónico o de cualquier arte, que los demás criticarían pensando
estimular y mantener así sus afanes de formación.
A los 20 años pasa la
Universidad de Bonn con el fin de estudiar teología en atención a la
tradición familiar, y filología por el interés que le despertaron los
clásicos en Pforta. Allí se vincula a un profesor de filología griega,
Friedrich Ritschl, quién influirá mucho en su vocación y profesión. Este
paso a la Universidad en Bonn fue totalmente opuesto a la rigidez y
austeridad del colegio secundario; Nietzsche no quedó satisfecho. Para el
curso siguiente se trasladó a la Universidad de Leipzig. Crece su
entusiasmo por la música y se decepciona cada vez más de la teología.
Incrementa sus composiciones musicales, y a pesar de su familia, abandona
definitivamente la teología y funda la Unión Filológica por indicación de
Ritschl. Sus preferencias eran por una filología filosófica.
A esta altura de su vida
existen dos vetas que nutren su interés: la filosofía y la música.
En diciembre de 1865,
revisando libros en una librería de viejo, encontró El mundo como voluntad
y representación, del filósofo Arthur Schopenhauer. Lo hojeó y lo llevó a
su casa, leyéndolo con entusiasmo. El aspecto voluntarista y el pesimismo
schopenhauerianos le impresionaron y prevalecieron durante toda su obra.
Este fue un despertar filosófico que se grabó fuertemente y al que
Nietzsche agregó sus reflexiones; durante toda su obra enriqueció estos
conceptos.
Por esta época, a los 21
años, lee también Las Historias del materialismo, de Lange, y se interesa
cada día más por las ciencias de la naturaleza, hasta el punto de pensar
en estudiar ciencias químicas de no haber surgido la propuesta de una
cátedra de filología en Basilea.
También Federico tiene sus
experiencias en el campo militar. En 1867, en función de una guerra que
libraba su país, es incorporado a un regimiento de artillería, pero cae
del caballo y se fractura una costilla, por lo que es dado de baja. En ese
tiempo escribe algunos ensayos y también colaboraciones para importantes
revistas de Berlín, trabajos de índole histórica.
En 1868 Federico contacta con
otra de las figuras que van a marcar decididamente su vida: Ricardo Wagner.
Escucha una interpretación de "Los Maestros Cantores de Nüremberg", y
queda muy impresionado por la música. Wagner no es sólo su músico
preferido, sino que también será su amigo, maestro, y durante largo tiempo
lo considerará instaurador de una auténtica cultura. Wagner, su música, su
mundo, permanecerán siempre íntimamente compenetrados en la vida de
Nietzsche. Entre sus temporadas más dichosas contarán los días que pudo
pasar con el matrimonio Wagner.
Ritschl propuso a Nietzsche
como profesor de filología griega en la Universidad de Basilea, en 1869,
cuando Nietzsche contaba con sólo 25 años y no poseía aún el título de
doctor. El grado de doctor le fue conferido por la Facultad de Leipzig,
sin exigirle examen alguno, y permaneció en esa cátedra durante 10 años;
cuando se retiró definitivamente por enfermedad, siguió percibiendo una
pensión.
Para ser aceptado como
profesor, Nietzsche debió renunciar a su nacionalidad alemana: Basilea y
Suiza serán su nueva patria, lo que dará lugar a una mentalidad europea
abierta, a relacionarse con personalidades muy diversas en intereses
intelectuales y modos de vida. Este ambiente posibilitará su personalidad
y su obra tan problemática y proyectiva, "para todos y para ninguno".
Escribe El espíritu de la
música, origen de la tragedia, que más tarde llamaría El origen de la
tragedia o helenismo y pesimismo, que se conoce con el nombre de El origen
de la Tragedia. Este libro, que apareció en 1872, resultó duramente
polémico por el modo de interpretar el mundo griego; Nietzsche acusa en él
a Sócrates de ser el destructor del arte de la tragedia en Grecia.
En 1870 se declara la Guerra
Francoprusiana, y en agosto Nietzsche solicita y obtiene de las
autoridades suizas el permiso para servir a las ambulancias del ejército
alemán. Durante su campaña en ese cuerpo contrae disentería y difteria,
por lo cual es nuevamente dado de baja.
En 1873 termina el ensayo
sobre La verdad y la mentira en un sentido extramoral, considerado como
una verdadera joya filosófica. También comienza el primer fragmento de
Consideraciones intempestivas y un Llamamiento a los alemanes escrito por
sugerencia de Wagner y que no recibe el menor eco. Al año siguiente
compone el segundo fragmento de Consideraciones intempestivas, que
denominó La enfermedad histórica; se trata de un ataque contra la
historia, que tampoco tuvo repercusiones.
En 1875 sufre una crisis
por agotamiento nervioso y pasa una temporada en los Alpes italianos para
reponerse. Al año siguiente termina el cuarto fragmento de sus
Consideraciones intempestivas, al que da el título de Ricardo Wagner, sus
amigos y sus enemigos, verdadera apología de la obra del maestro como
poeta y como músico, pero absteniéndose de comentarlo como filósofo y
educador.
En 1878 escribe y publica la
primera parte de Humano, demasiado humano, que dedica a la memoria de
Voltaire y que es criticado en forma dura y hasta con bromas de mal gusto.
Al año siguiente publica Miscelánea de opiniones y sentencias, que será la
continuación de Humano, demasiado humano, donde en varias partes y en un
capítulo en especial titulado "Pensamiento sobre Ricardo Wagner", trata la
obra del compositor con crueldad; esta segunda parte del libro fue
recibida con escándalo y ya se comenzaron a ver muestras de su
excitabilidad, de tal manera que la gente que lo apreciaba y muchos otros
evitaron frecuentarlo. En este año también presenta y le es aceptada su
renuncia como profesor de la Universidad de Basilea, recibiendo una
pensión de por vida. También este año publica El viajero y su sombra.
En el año siguiente, 1880,
escribe Una ojeada sobre el presente y el porvenir de los pueblos, que es
un pequeño tratado contra el socialismo Demuestra en ese escrito el
aristocraticismo de su ideal. Estos escritos fueron conocidos después de
su muerte, dado que Nietzsche los guardó celosamente.
En 1881 termina Aurora, que
subtitula "Reflexiones sobre los prejuicios morales". Pensó denominar esta
obra "La reja del arado" y la consideró como el ejercicio de un
convaleciente que se divierte con los deseos y las ideas. Y con este libro
comienza su ataque contra la moral corrompida de los pseudomoralistas.
También redacta Tratados filosóficos, libro contemporáneo de "Aurora" y
que completó en 1882, en la época en que escribía La gaya ciencia. En
agosto prepara El eterno retorno y piensa por primera vez en su Zaratustra.
Al año siguiente, en 1882,
comienza La gaya ciencia, que denominó en un principio Sanctus Januarius,
y que consideró el preludio de Zaratustra.
Por sus continuas depresiones
y su estado de salud marcha a Roma para reunirse con sus amigos, donde le
presentan a Lou Salomé, una joven rusa de 20 años que será el capítulo
sentimental de su vida. Lou había leído la obra de Nietzsche y se sintió
atraída por él. Nietzsche se enamoró de ella desde el primer momento, pero
Lou no se dejó seducir fácilmente.
También conoce en Roma a Paul
Rée, quién será su amigo y competidor por el amor de Lou Salomé.
La joven rusa, como la
llamaban, se casa con el doctor Andreas: de ahí que adopta el nombre de
Lou Andreas Salomé. Esta joven de atractivo inigualable y de ingenio
agudísimo llegó a entusiasmar a Rilke, y fue discípula apasionada de Freud.
En 1882, a fines de
diciembre, Nietzsche comienza su poema Así habló Zaratustra, y en diez día
termina la primera parte de este libro, cumbre de su obra. Al completarlo
lo denominó "Un libro para todos y para ninguno".
Esta obra da forma a su idea
de superhombre: en ella predice para el hombre un gran porvenir como
recompensa de un gran trabajo. Nietzsche tiene entonces 38 años y es
cuando verdaderamente se encuentra a sí mismo. Delinea a este ser de
excepción como hubiese deseado ser él.
El 13 de febrero de 1883
muere Ricardo Wagner en Venecia, y el 14 de febrero se edita la primera
parte de Así habló Zaratustra. Viaja a
Roma y en junio escribe, también en diez días, la segunda parte de ese
libro.
Luego, en Niza, ya en
1884, completa en otros diez días la tercera parte. La cuarta parte la
redacta en Nenton a fines de 1884 y principios de 1885. Ya completo, y al
no encontrar editor, hace una tirada de 40 ejemplares con su propio
dinero. En 1885 termina Más allá del bien y el mal, que había iniciado en
junio de 1885 y que subtituló "Preludio de una filosofía del porvenir". Al
año siguiente comienza a escribir "La voluntad de dominio".
En junio de 1887 escribe, en
15 días, Para una genealogía de la moral, que completa y esclarece su Más
allá del bien y del mal.
En 1888 escribe un libro que
titula El caso Wagner, y más tarde otro que titula Nietzsche contra Wagner,
al que subtituló "Documentos de un psicólogo". En ellos se vuelve
despiadadamente contra Wagner, al que humilla y difama. El 7 de diciembre
de 1888 envía el manuscrito El crepúsculo de los ídolos o la filosofía del
martillo, al que primitivamente había titulado Ocios de un psicólogo, y
que fue publicado en 1889. Entre el 3 y el 30 de septiembre escribe El
Anticristo; al mismo tiempo compone un pequeño volumen de poemas titulado
Poemas dionisíacos, que también llamó "Ditirambos dionisíacos", y un
ensayo que titula Arte y artistas. En noviembre de este año escribe la que
será su última obra, a la que pone el título de Ecce homo (palabras
pronunciadas por Pilato ante Jesús; significan "He aquí al hombre"), y es
su autobiografía, un libro en el que aparece Nietzsche como un Cristo
sacrificado ante su ideal.
En 1889 la locura se
manifiesta en toda su intensidad y es internado en un sanatorio en
Basilea. La madre lo lleva con ella y durante 11 años vivió en las
tinieblas de su cerebro enfermo, hasta que en 1900 muere en Weimar, el 25
de agosto. |
Nietzsche y la enfermedad
De su padre Karl Ludwig
Nietzsche, Federico heredará una Biblia traducida por Lutero, el
sentimiento religioso, el deber, y una pasión desmedida por la música.
También recibirá un sistema nervioso sumamente excitable expuesto a
sucesivos estados eufóricos y depresivos, una intensa jaqueca que lo
perseguirá desde la adolescencia hasta la muerte, y una miopía acentuada.
Su padre muere en 1849 por un
reblandecimiento cerebral, producto al parecer de una caída sufrida el año
anterior al golpear la cabeza en un escalón de piedras del templo donde
era pastor.
Las cefaleas se iniciaron en
el verano de 1862 con intensos dolores.
Durante la guerra de 1867
sufre una fractura de costilla por una caída del caballo, y en 1870
contrae disentería y difteria. Estas enfermedades se prolongan por
bastante tiempo y le producen grandes neuralgias, insomnios, trastornos y
debilidad de la vista, dolores de estómago y finalmente se declara una
ictericia.
En 1873, sus biógrafos anotan
que se agravan sus males del estómago, por lo que debe tomar unas
vacaciones. Algunos consideran que en 1869 contrae sífilis, que años más
tarde tendrá como secuela la parálisis general progresiva que lo llevará a
la demencia.
A los 31 años, en abril de
1875, sufre una crisis por agotamiento nervioso, y para reponerse pasa una
temporada en la soledad de las montañas y de los bosques de los Alpes
italianos, donde es cuidado por su hermana Elisabeth. En julio de ese año
se retira a una pequeña estación termal que su médico le recomienda, y
durante esa temporada se convence de que su mal es cerebral. Tiene
entonces unas patéticas reflexiones en las cuales se promete concebir su
más bello libro, pero antes quiere llamarse a silencio por un tiempo para
meditar esa obra. A fines de
1875 vuelve a caer enfermo, y no se levanta hasta marzo de 1876.
Ya en 1879 están consignados
períodos de gran excitabilidad que lo vuelven insociable e irascible. Y
también sus continuos episodios de fatiga hacen que presente la renuncia
como profesor de filología. A fines de 1879 se reagrava, y es cuando
muestra toda la entereza de su carácter, pues no deja en sus escritos una
sola queja.
En 1880 aún continúan sus
dolores, que no le dan tregua, y llega a creer que su fin estaba próximo.
Parte para Venecia, comienza una nueva etapa en su vida, ya que su crisis
ha pasado y entra en convalescencia.
Pero en septiembre de 1881
vuelve a entrar en una depresión, y ese mes y en octubre se ve tentado en
tres oportunidades por la idea del suicidio, pero se repone y se traslada
a Génova.
En 1885, en Italia, uno de
sus amigos anota: "Que el cuerpo aparecía postrado y con las facciones
alteradas, pero el hombre seguía siendo el mismo; por amarga que fuese su
vida continuaba tan afectuoso e ingenuo como antes, dado tan pronto a la
risa como un niño".
Ya en 1888 Nietzsche está
enfermo: vive en estado de euforia, todo lo divierte, nada lo contraría.
En noviembre de ese año escribe su última obra Ecce homo.
En 1889 es visitado por un
amigo, al que Nietzsche le muestra una carta en la cual se declara un
asesino, y otro amigo suyo recibe otra carta firmada como "El
crucificado". Cuando un amigo fue a buscarlo a Turín, lo encontró en la
casa donde vivía vigilado por sus huéspedes, machacando un piano con los
codos y cantando a toda voz, y lo conduce a un sanatorio en Basilea. Luego
la madre lo lleva con ella, y durante 11 años padeció la demencia derivada
de una parálisis general progresiva, hasta que muere en 1900.
Jaspers dice que antes de
1888 no estuvo mentalmente enfermo.
Un discurso, dice Jaspers, no
hay por qué juzgarlo mejor o peor por el hecho de saber que el orador
acostumbra a beber una botella de vino antes de hablar al público, para
darse ánimos.
Lange, en cambio, afirma que
nunca hubiera llegado Nietzsche a ser famoso si no fuera por su parálisis,
ya que la debilidad cerebral pudo actuar como desinhibidora y permitir en
las expresiones del filósofo la audacia y la concreción que tal vez
hubieran sido imposibles con una reflexión muy lúcida y un ejercicio
continuo de todas sus facultades.
De todos modos es
imprescindible tener muy presente que importa poco que la obra filosófica
de Nietzsche se deba en parte a su parálisis progresiva, puesto que para
dar el desarrollo del pensamiento vale lo que ofrece en sus escritos, que
influyen sobre los lectores y pensadores que crean, de algún modo, bajo su
influencia.
El empeño de Nietzsche por
hacer viva su filosofía del estímulo vital, impulso de la idealización del
hombre, pues escribe "no es la vida, sino Nietzsche mismo el que siempre
ha de superarse de nuevo, el que ha dado a la vida en conjunto la
significación de voluntad de poder... mis escritos hablan solamente de mis
superaciones".
La vida de este filósofo, con
tantas vicisitudes dolorosas, impregna todo su pensamiento filosófico,
plasmado con sangre y fuego y que mantiene una fuerza vibrante en su
comunicación.
Nietzsche descubre en la
salud, en la voluntad de la salud, su tensión filosófica: "Un ser
típicamente enfermizo no puede llegar a estar sano, y menos aun sanarse a
sí mismo. En cambio, estar enfermo para alguien típicamente sano, puede
ser hasta un enérgico estimulante de la vida, de más vida. Así me parece
efectivamente a mí ahora aquella larga temporada de enfermedad: descubrí
la vida nuevamente, en cierto modo, incluyéndome a mí mismo. Gustaba de
todas las cosas buenas, hasta las pequeñas, como
no pueden gustarlas fácilmente otros. Yo hice de mi voluntad de salud de
vida mi filosofía".
También dice de Ecce homo:
"Cuando yo estaba casi al fin, y precisamente por eso, porque estaba casi
al fin, pasé reflexivamente por encima de esta sin razón fundamental de mi
vida: el idealismo. La enfermedad fue la que me trajo la razón".
En su trabajo Nietzsche
contra Wagner, anota: "Enfermedad es, en todo caso, la respuesta, cuando
comenzamos a descargarnos de algo en algún sentido, sorprendente y
horrible a la vez, nuestras facilidades cuando resultan de abandonar algo,
es lo que más duramente debemos expiar, y si queremos volver a
encontrarnos sanos, no nos queda más remedio que aceptar más peso que el
que soportábamos antes". Sin duda que esta reflexión está cargada de
sentido psicológico y puede ser desmembrada para su estudio y como
precedente de otros pensadores en psicología.
Nietzsche hablará de una
diferencia puramente gradual entre enfermo y sano, con respecto al estado
de actividad de los seres vivos, por esto anota: "Hay que estar precavidos
ante la consideración de salud y enfermedad. Se toman como medidas el
florecimiento del cuerpo, la elasticidad y el buen humor del espíritu.
Pero naturalmente también hasta qué grado de enfermedad es capaz de
soportar y superarlo, puede hacerlo sano, esto según lo cual perecerían
los hombres blandos pertenece a los medios estimulantes de la gran salud".
Para Nietzsche cada hombre
necesita como exigencia primordial comprenderse a sí mismo superando
situaciones anecdóticas de dolor o bienestar particularizados; salud es el
vigor total de un ser vivo en todos los aspectos, aun parcialmente
enfermo. Enfermedad es la incapacidad para realizar su vida creadora venga
esa deficiencia de donde viniere, porque para Nietzsche "el hombre es una
cuerda anudada entre el animal y el superhombre una cuerda sobre el
abismo, un peligroso salto hacia arriba, un peligroso estar sobre el
camino, un peligroso mirar hacia atrás, un peligroso temblar y estar en
pie".
El secreto del devenir vital
es la superación continua de sí mismo: "Los hombres grandes son los que
más sufren durante su vida, pero tienen a la vez las más grandes
compensaciones. El orgulloso que sufre es por el momento el tipo humano
superior. El hecho de que la naturaleza del hombre sea mala es mi
consuelo, esto garantiza su fuerza".
Creemos que la enfermedad ha
marcado en Nietzsche el rumbo de su filosofía a través de los conceptos de
voluntad y de superación, e incluso en el concepto mismo de superhombre.
De todos modos, un cerebro que ha secretado pensamientos como: "Si el
devenir es un vasto círculo, todo es igualmente precioso, eterno,
necesario", que se oponen al sentido lineal del tiempo y revalorizan el
presente; que ha podido captar intuitivamente el encadenamiento de las
cosas, traducida en frases que dicen: "Le has dicho sí a alguna alegría.
¡Ay! amigo mío, entonces le has dicho sí a todas las tristezas", pertenece
al patrimonio intelectual de la humanidad, independientemente de su
patología.
Referencias a Nietzsche en
la biografía de Freud por Ernest Jones
En la amplia biografía de
Ernest Jones sobre la vida y la obra de Freud, el autor menciona en varios
párrafos las ideas de Nietzsche, algunos aforismos, e incluso señala
influencias (aun en contra de la opinión del propio Freud). Es de marcar
también la estrecha relación de Freud con Lou Andreas Salomé, que había
sido amiga y admiradora de Nietzsche, y que además escribió una biografía
del filósofo.
A continuación transcribimos
los fragmentos que se relacionan con Nietzsche.
Con referencia al
inconsciente:
...había encontrado algo que
había permanecido oculto aun para él mismo hasta ese momento. Estaba
comenzando a comprender la verdad de la máxima de Nietzsche: "El propio
ser es algo que a uno mismo se le oculta. De todos los tesoros ocultos, el
de sí mismo es el último en ser desenterrado" (t. I, pág. 334).
Durante nuestra estada en
Weimar, Sachs y yo (E. Jones) aprovechamos para visitar a la hermana y
biógrafa de Nietzsche, Frau Elizabeth Nietzsche de Förster. Sachs le habló
del Congreso y de la semejanza entre las ideas de Freud y las de su famoso
hermano (t. II, pág. 97).
Refiriéndose a la teoría de
Adler, Jones dice:
Bien pronto Adler se fue al
extremo opuesto al que sustentaba antes, e interpretó todo en función de
la "voluntad de poder" nietzscheana. El acto sexual mismo tendría como
fuente más bien un impulso puramente agresivo que un deseo sexual (t. II,
pág. 144).
...Pero cuando Ferenczi
protestó ante esa idea, Freud le replicó: cuando terminé de leer su carta
no pude menos que contemplar su optimismo con una sonrisa. Usted parece
creer en "el eterno retorno de las cosas" y querer pasar por alto la
inconfundible dirección en que marcha el destino (t. II, pág. 209).
El 1º de abril y el 28 de
octubre de 1908 la Sociedad de Viena dedicó sendas sesiones a ocuparse de
las obras de Nietzsche. En la primera de ellas Hitschmann leyó un
fragmento de "La genealogía de la moral" de Nietzsche y propuso varias
cuestiones para la discusión. Freud, por su parte, contó, como lo hizo en
otras ocasiones, cómo el carácter abstracto de la filosofía en general le
había chocado a tal punto que había renunciado a estudiarla. Nietzsche no
había influido para nada en sus propias ideas. Había tratado de leerlo,
pero su pensamiento le había resultado tan exuberante que había renunciado
a la tentativa. En la segunda sesión Freud se explayó más acerca de la
sorprendente personalidad de Nietzsche. Aquí hizo una serie de
interesantísimas sugestiones que no quiero anticipar en este momento, pero
más de una vez afirmó que el conocimiento que Nietzsche tenía de sí mismo
era tan penetrante que superaba al de todo otro ser viviente conocido y
acaso por conocer. Para provenir del primer explorador del inconsciente,
es éste un hermoso cumplido (t. II, pág. 362).
Acerca de un artículo de "Los
delincuentes por sentimiento de culpa":
...Se trata de personas que
sufren de un sentimiento de culpa profunda, habitualmente desconocido y
buscan alivio en la comisión de algún acto prohibido. Amplios anticipos de
este mecanismo hay en Así habló Zaratustra (t. II, pág. 392).
Ante un pedido de información
sobre Nietzsche, dice Freud:
Usted sobreestima mis
conocimientos acerca de Nietzsche, y en realidad no estoy en condiciones
de decirle nada que sea útil a su propósito. Dos cosas hay que hace
difícil mi aproximación al problema de Nietzsche: en primer lugar no se
puede ahondar en una persona si no se conoce algo de su constitución
sexual; y en el caso de Nietzsche nos hallamos frente a esto en un
verdadero enigma. Circulaba, incluso, una leyenda según la cual habría
sido un homosexual pasivo y su sífilis la habría adquirido en un burdel de
hombres en Italia. Esto será cierto o no, ¿quién sabe? En segundo lugar
padecía de una enfermedad grave y luego de una serie de síntomas
premonitorios terminó por manifestarse en una parálisis general
progresiva. Cada uno tiene sus conflictos; donde aparece una parálisis
general los conflictos se atenúan y subsumen en el fondo de la etiología.
Si los escritos tienen libertad de modificar los hechos mas gruesos de la
patología, es cosa que yo ignoro; por lo común no son gente muy dúctil (t.
III, pág. 209).
...Luego ocurrió la muerte de
Lou Andreas Salomé; Freud la había admirado mucho y le tuvo gran afecto;
cosa curiosa: sin ningún "vestigio de atracción sexual". La describía como
único lazo real entre Nietzsche y él" (1937) (t. III, pág. 232).
...La instancia que llamamos
"conciencia moral" es un derivado del Superyo como lo es el ideal del Yo.
Aun cuando Freud no lo propuso así, sería conveniente reservar este último
término a nuestros ideales conscientes en su sentido positivo, mientras
que el Superyo, al menos su parte inconsciente, se referiría más a su
función negativa o condenatoria. Desde este punto de vista sería más
correcto decir que el hombre es a la vez más moral y menos moral (impulsos
reprimidos) de lo que él mismo se da cuenta. Tal apreciación quitaría al
inconsciente el mal nombre del que ha gozado tanto tiempo. La conciencia
misma según Freud es una función de la tensión existente entre el Yo y el
Superyo, y su sensibilidad es una medida del grado de esa tensión (t. III,
pág. 302).
Aquí vale la pena llamar la
atención sobre una correspondencia realmente notable entre el concepto de
Superyo y la exposición de Nietzsche sobre el origen de la "mala
conciencia". Dice Nietzsche:
Todos los instintos que no
encuentran un desahogo son un "volverse hacia adentro". Eso es lo que yo
llamo una creciente "internalización" del hombre: de ahí surgió en el
hombre el primer brote de lo que se llamó su alma. Todo el mundo interior
del hombre se partió en dos cuando la descarga externa quedó obstruida.
Estas terribles barreras de contención, con las que la organización social
se protegió contra los viejos instintos de libertad los castigos
pertenecen a esa barrera de contención trajo como resultado que todos esos
instintos del hombre salvaje, libre, aventurero, se volvieran contra "el
hombre mismo". La enemistad, la crueldad, el placer en la persecución, en
las sorpresas, el cambio, la destrucción, el volverse estos instintos
contra sus propios poseedores: esto fue el origen de la "mala conciencia".
Fue el hombre quien faltándole enemigos y obstáculos externos, y
aprisionado como estaba en la estrechez opresiva y la monotonía de la
costumbre, en su propia impaciencia, lacerado, perseguido, corroído,
perseguido y maltratado; fue este animal en manos de su domador que se
golpeó contra los barrotes de su propia jaula; fue este ser quien
languideciente, consumiéndose de nostalgia por esa vida de que había sido
privado, se vio impulsado a crear desde las profundidades de su propio ser
una aventura, una cámara de tortura, un azaroso y peligroso desierto; fue
este loco, este prisionero lleno de nostalgia y desesperación quien
inventó "la mala conciencia". Pero por este camino introdujo esta
gravísima y siniestra enfermedad de la que la humanidad no se ha
recuperado aún, el sufrimiento del hombre por culpa de la enfermedad
llamada "hombre", como resultado de una violenta ruptura con su pasado
animal, el resultado, por decirlo así, de zambullirse espasmódicamente en
un nuevo ambiente y nuevas condiciones de existencia, el resultado de una
declaración de guerra contra los viejos instintos, que hasta ese momento
habían sido el sello de su poder, su alegría, su formidable grandeza" (La
genealogía de la moral).
Nietzsche describe así el
proceso en unos términos filogenéticos que Freud hubiera suscrito y que
vislumbró en Tótem y tabú, pero en el libro al que nos referimos, Freud se
ocupó de este concepto en un nivel profundamente ontogénico, señalando
cómo la comunidad de la forzada vida social está representada en la
temprana infancia por el ejemplo de los padres. Freud hubiera sostenido la
continuidad de las dos fuentes: la heredada y la adquirida, que por su
natu
raleza siguen un curso parejo. Hitschmann había leído un trabajo de este
libro de Nietzsche en octubre de 1908, en la Sociedad de Viena, que dedicó
a su discusión dos noches. Es improbable que esto no haya dejado ninguna
impresión en la mente de Freud, si bien pasaron muchos años antes de que
tal impresión diera algún fruto. |
Lo apolíneo y lo dionisíaco según Jung
En su libro Tipos
psicológicos, C.G. Jung cita las ideas desarrolladas por Nietzsche en El
nacimiento de la tragedia, como introducción a su clasificación tipológica.
En la obra citada, Nietzsche
describe los impulsos antagónicos que se hallan presentes en el alma
humana y denomina apolíneo-dionisíaco a su fundamental doble contrapuesto.
Nietzsche utiliza las
deidades del arte griego para describir la naturaleza de estos impulsos,
explicando a través de las figuras de Apolo y Dionysos, que los mismos son
distintos, contrapuestos, encontrándose casi siempre en abierta discordia.
Una obra de arte —la tragedia
ática— sería el resultado del apareamiento de estos dos impulsos, a partir
de lo que Nietzsche denomina "un portentoso acto metafísico de la voluntad
helénica".
Para dar una idea más acabada
de estos instintos, Nietzsche los compara con los estados del sueño y la
embriaguez.
El impulso apolíneo origina
un estado psicológico comparable al sueño, considerándose a éste como
"íntima visión", "instrospección", "contemplación hacia adentro". Apolo es
considerado como la delimitación y dominio de todo lo salvaje e insumiso,
la imagen del principio de individuación.
El impulso dionisíaco es la
libertad del instinto que no reconoce límites, el estallido sin freno de
la naturaleza animal.
Representa la violación del principio de individuación, como ocurre en el
estado de embriaguez, donde lo individual se disuelve en los instintos y
contenidos colectivos.
Jung interpreta que Nietzsche
considera así al ser natural como obra de arte, donde la libido se expresa
a través del individuo. Disiente con esta opinión, sosteniendo que
Nietzsche tiende un engañoso velo estético sobre el problema.
Según Nietzsche, la
conciliación entre Apolo y Dionysos sería sólo una apariencia, nacida de
la "necesidad sentida por la mitad civilizada del griego, en lucha con su
lado bárbaro".
Jung observa que se advierte
en Nietzsche una tendencia a adjudicar al arte el papel mediador y
redentor, provocando que el problema se inmovilice en lo estético, cuando
en verdad la lucha entre Apolo y Dionysos y su reconciliación final era
para los griegos una cuestión religiosa y no un problema estético.
Sin embargo, reconoce que más
allá de la concepción estética se hallaba en Nietzsche la idea de la
verdadera solución del problema, ya que al afirmar que el contraste entre
los impulsos antagónicos no se allanó por arte, sino por un "portentoso
acto metafísico de la voluntad helénica", está admitiendo que se trató de
un acto irracional e inconsciente, sin intervención del designio
deliberado.
A partir de aquí Jung hace
hincapié en las cualidades psicológicas de los conceptos apolíneo-dionisíaco,
tratando de relacionarlos con su descripción del par
introversión-extroversión.
Primeramente establece una
analogía entre lo dionisíaco y la extroversión, donde la percepción
participa en la máxima medida y se caracterizaría por el despliegue, la
expansión, el fluir de los afectos que surgen instintivamente.
Luego relaciona lo apolíneo
con la introversión, explicando que tienen en común la introspección, la
contemplación hacia adentro, la imagen de la medida y de los sentimientos
controlados.
Agrega Jung, sin embargo, que
el estado de introversión debería originar una diferenciación de las
relaciones con el mundo de las ideas, y la extroversión una diferenciación
en las relaciones de objeto, lo que no coincidiría con las ideas expuestas
por Nietzsche sobre lo apolíneo y lo dionisíaco.
El sentimiento dionisíaco
tiene el carácter de la percepción afectiva, sin lograr la pura
abstracción de lo instintivo, que permitiría al individuo extrovertido
obedecer las indicaciones de la razón. Por su parte, lo apolíneo es una
intuición del mundo de las ideas, sin llegar a una pura y diferenciada
relación de éstas, lo que facilitaría al individuo introvertido la
constitución de formas abstractas y puras.
De acuerdo con esto, en un
sujeto preponderantemente reflexivo, del estado apolíneo de la intuición
de imágenes íntimas nacerían las ideas.
En un individuo
preponderantemente sentimental, las imágenes serían penetradas por los
sentimientos, originando la idea sentimental.
Jung analiza luego este
desarrollo bajo el punto de vista estético y dice que la introversión se
detiene en la intuición de las ideas y la extroversión en la percepción,
por lo que pensar y sentir son meros derivados de la intuición interna o
de la percepción sensible.
A partir de los conceptos de
Nietzsche, Jung agrega a los tipos "racionales" (reflexivo y sentimental),
un tercer y cuarto tipo, que denomina "estético", e incluiría el tipo
"intuitivo" y el "sensible o perceptivo".
El "intuitivo" se adapta al
mundo obedeciendo directivas inconscientes, ya que en él la percepción
inconsciente se eleva a la categoría de función diferenciada.
El "perceptivo", a la
inversa, se basa exclusivamente en elementos de la percepción sensible y
en el estímulo real.
Opina Jung que no es casual
que Nietzsche haga hincapié en la función psicológica de la intuición y de
la percepción por una parte y del
instinto por otra, ya que esto se relaciona íntimamente con la psicología
personal del filósofo, al que incluye dentro del tipo intuitivo, con
tendencia al aspecto introvertido.
Se basa en el modo
intuitivo-artístico de su producción, sobre todo respecto de algunas obras
(por ejemplo El nacimiento de la tragedia). El aspecto
introvertido-intelectual es característico de sus escritos aforísticos.
Según Jung, la disposición
intuitiva de Nietzsche facilita el logro de la profunda videncia de las
cualidades dionisíacas de su inconsciente. |
Nietzsche y el inconsciente
Algunos autores como P.
Lersch o K. Jaspers señalan que Nietzsche tuvo el mérito de descubrir las
conexiones motivacionales inconscientes, la importancia de los sueños, los
conceptos luego conocidos como arquetipos, la sublimación, la conversión,
la transformación, un estudio profundo sobre los instintos, y además la
importancia de la comunicación en la terapéutica. Y que todo ello ha sido
fuente inspiradora de los psicólogos posteriores.
Transcribimos a continuación
algunos fragmentos:
Realmente la mayoría de los
cultos practicados por los fieles de las religiones oficiales de occidente
caen dentro de las manifestaciones de tipo apolíneo, es decir, racionales,
armoniosas y no dentro de las de tipo orgiástico, irracionales y con
signos de éxtasis. Esta dicotomía fue introducida por Nietzsche en El
origen de la tragedia, en 1872. Desde la perspectiva actual, las
manifestaciones apolíneas pueden atribuirse al campo del consciente,
mientras que las dionisíacas pertenecen al inconsciente. (Freedman y
Kaplan, pág. 24).
"Esto lo he hecho, dice mi
memoria, esto no lo pude haber hecho, dice mi orgullo. Finalmente cede mi
memoria" (represión psicológica). Esto luego fue expresado por Freud en
Psicopatología de la vida cotidiana con sus olvidos, lapsus y otros actos
fallidos. (Alonso Fernández).
La tesis de que las
relaciones anímicas en su surgir y producirse unas de otras son
aprehendidas
desde el interior y en forma inmediata, no queda limitada en su vigencia
por el hecho de que en ocasiones la relación motivacional no aparezca en
modo alguno en la conciencia, en la que no obstante es efectivamente
operante. Corresponde a Nietzsche el extraordinario mérito de haber
descubierto estas conexiones motivacionales inconscientes, lo cual dio
lugar a que se aplicara a su investigación psicológica el calificativo
poco feliz de "psicología desenmascarante". (P. Lersch, pág. 70).
Lo que experimentamos en los
sueños pertenece muchas veces al patrimonio de nuestra vida tanto como lo
realmente vivido; gracias a ellos somos más pobres o más ricos, tenemos
mayores o menores necesidades. Somos dirigidos incluso en el día claro y
brillante y en los más alegres momentos de nuestra vida vigil por los
hábitos procedentes de ellos. (Nietzsche, citado por Lersch, pág. 506).
"En los sueños repetimos el
pensamiento de la primitiva humanidad". Esta idea de Nietzsche reaparece
metamorfoseada en la teoría de los arquetipos de Jung. (Lersch, pág. 512).
Desde que Descartes resumió
la fórmula del hombre en la frase "cogito, ergo sum", nos inclinamos por
admitir que el mundo que nos rodea y lo que somos nosotros mismos se
reduce a aquello que vemos reflejado en el espejo de nuestra conciencia,
contra lo que se alzó antes que nadie Nietzsche. Sobre la verdad y la
mentira en sentido extramoral:
"¿Qué es lo que sabe
propiamente el hombre de sí mismo? ¡La naturaleza le oculta la mayor parte
de las cosas, incluso de su propio cuerpo, para mantenerlo desterrado y
encarcelado en una conciencia orgullosa y malabarista, insensible a las
sinuosidades viscerales, al rápido flujo de la corriente sanguínea, y a
los complicados estremecimientos de las fibras!...
Y ¡ay! del nuevo deseo, que
pudo asomarse por un resquicio fuera de la morada de la conciencia y pudo
presentir que sobre lo despiadado, lo codicioso, lo insaciable o lo
criminal, el hombre descansa en la indiferencia de su ignorancia, y como
si se encontrara abandonado a sus sueños sobre el lomo de un tigre!". (Lersch,
pág. 561).
Enteramente únicos y los más
grandes de todos los psicólogos comprensivos son Kierkegaard y Nietzsche.
(K. Jaspers, pág. 368).
Como fenómeno histórico
cultural, el psicoanálisis es psicología popular. Lo que en las alturas de
la verdadera historia del espíritu hicieron Kierkegaard y Nietzsche, es
vuelto aquí más tosco en los puntos más bajos y desviado nuevamente,
correspondiendo al bajo nivel de la mediocridad y de la civilización de
las grandes ciudades. Frente a la verdadera psicología es un fenómeno de
masas, en consecuencia se ofrece en una literatura de masas.
Cuando se dice que Freud "ha
introducido la comprensividad de los extravíos psíquicos primera y
decididamente en la terapéutica frente a una psicología y a una
psiquiatría que se había vuelto sin alma", esto es equivocado.
Primeramente esa comprensión existía ya antes, si bien hacia 1900 quedó en
el fondo; en segundo lugar fue explotada por el psicoanálisis de una
manera errónea, y finalmente ha imposibilitado la repercusión inmediata en
psicopatología de lo propiamente grande (Kierkegaard y Nietzsche) y es
culpable de la reducción del nivel intelectual de toda la psicopatología.
(Jaspers, pág. 419).
...Un ejemplo son las
observaciones de Nietzsche sobre tales mecanismos:
"Los instintos se
manifiestan, cuando es posible, simplemente, sin resistencia. Si a esta
manifestación se oponen «resistencias»", todos los instintos que no se
descargan hacia afuera, se vuelven hacia adentro... Todo el mundo
interior, originariamente tendido tenuemente entre dos membranas, se ha
desarrollado y ha prosperado, ha adquirido profundidad, amplitud, altura,
y se ha desenvuelto, así que la descarga hacia afuera fue inhibida. Tal
inhibición viene de la situación real o por represión activa. En ambos
casos se expresan los instintos inhibidos en forma alterada, por ejemplo:
1) Por la búsqueda de un
contenido inadecuado, en todo caso distinto, por la satisfacción de
«disfraces y símbolos».
"La mayoría de los instintos
—con excepción del hambre— se dan por contentos con materiales soñados".
2) Por la "descarga" de
tensiones de mal humor por vías inadecuadas. También el alma debe tener
sus cloacas determinadas por donde deje fluir sus suciedades: para ello
sirven personas, relaciones, puestos o la patria o el mundo, "las
maledicencias de los otros sobre nosotros no se aplican a menudo
propiamente a nosotros, sino que son manifestaciones de una cólera, de un
mal humor por motivos muy distintos". "El que está descontento consigo
mismo está constantemente dispuesto a vengarse de ello; nosotros seremos
su víctima". "Una manera especial de la descarga es la confesión: el
hombre que se comunica, se libera de sí mismo; y el que ha confesado,
olvida".
3) No hay en términos
estrictos, una acción no egoísta, ni una contemplación plenamente
desinteresada: ambas son sublimaciones, en las que el elemento fundamental
aparece volatilizado y sólo se muestra existente todavía para la
observación más sutil.
Nietzsche habla de "personas
de sexualidad sublimada". "Algunos instintos, por ejemplo el instinto
sexual, son capaces de gran refinamiento por el intelecto (amor al
prójimo, adoración de María y los santos, entusiasmo artístico; Platón
sostiene que el amor al conocimiento y a la filosofía es un instinto
sexual sublimado). Pero junto a eso queda en pie su viejo afecto directo".
"El grado y la naturaleza de
la sexualidad de una persona alcanza hasta la última cima de su espíritu".
Freud ha vuelto más toscos
esos pensamientos y los hizo populares. La expresión "sublimación" la ha
tomado para la transposición de la energía sexual instintiva en actuación
en favor de rendimientos en los dominios artísticos, científicos,
caricativos y otros. Denomina "conversión" a la aparición de
manifestaciones corporales debidas a causas psíquicas, y denomina
"transformación" a la aparición de fenómenos psíquicos de otra especie,
por ejemplo la angustia ante el instinto sexual. (Jaspers, Pág. 424). |
Concepto de la mala conciencia
Para abordar el tema de la
mala conciencia es necesario primero referirse al concepto que tiene
Nietzsche de los instintos.
Así, en un trabajo de 1869,
Homero y la filosofía clásica, Nietzsche presenta una primera definición
de instinto: "La filosofía está representando aquí como una mezcla o
agregado heterogéneo de instintos científicos y estéticos totalmente
inconexos, posteriormente reunidos en una determinación común, que crea
una especie de monarquía aparente". De aquí se desprenden unas ideas
claves que Nietzsche utiliza para el concepto de instinto. Como por
ejemplo: que los instintos se presentan en haces y lo que domina en ellos
es la diversidad activa, y también que existe un instinto por actividad
humana. Hay un instinto específico presente en la ciencia, en la ética y
en el arte. Los instintos se presentan como otros tantos pequeños demonios
que animan la actividad humana.
Cuadro 1
Toda
actividad supuestamente unitaria resulta ser un hervidero de instintos
mantenidos juntos. La realidad se atribuye a esa diversidad conflictiva de
instintos, reduciendo la unidad al rango de apariencia.
El instinto se define como
fuerza inconsciente formadora de formas, que se trasluce en la creación
artística. Mejor aun: "Las formas visibles son los órganos de que se vale
el instinto", que crea para dejarse ver como sufrimiento permanente. El
instinto como poder se manifiesta materialmente.
Con el instinto no se
adelanta un solo paso para explicar la conformidad a los fines. Esos
instintos ya son el resultado de procesos perseguidos hace un tiempo
infinitamente largo; así, el carácter ordinario del instinto es en cierto
modo una ilusión, efecto de una analogía ingenua entre el pensamiento
tardío del hombre y las fuerzas originarias. Por el contrario, hay que
concebir el instinto como un producto de procesos más bien que como un
principio inmediato. Correlativamente, no basta con pronunciar la palabra
mágica de instinto para explicar la naturaleza de las fuerzas en acción:
hay que mostrar en acción los procesos que lo llevan a cabo.
La característica esencial de
los instintos es que son inconscientes, infalibles y reguladores, por lo
tanto fáciles, necesarios, libres.
Los instintos en el hombre
primitivo eran exteriorizados y eran su fuente de fuerza, placer y
fecundidad. Estos instintos lo adaptaban, ajustadamente, a su medio: a la
selva, a la guerra, al vagabundaje, a la aventura. Detrás de estos
instintos que el hombre salvaje exteriorizaba (la crueldad, el placer de
persecución, la agresión, el cambio, la destrucción, sexo, etcétera),
existía un instinto "madre" llamado "instinto de libertad", un instinto de
expansión que Nietzsche denomina "voluntad de poder" y que en esencia es
el instinto de vida.
Nietzsche compara el mundo
interior del hombre primitivo con dos membranas sólo separadas por un
espacio virtual, ya que no lo necesitaba (véase Cuadro
1).
En un momento de la evolución
del hombre se produce una modificación, la más radical de todas las que ha
experimentado. La modificación ocurrida cuando el hombre se encontró
definitivamente encerrado en el sortilegio de la sociedad y la paz.
Este cambio fue abrupto, y de
golpe todos sus instintos quedaron desvalorizados y "en suspenso"; a
partir de ese momento los hombres
debieron caminar sobre los pies y "llevarse a cuestas a sí mismos".
Esta adaptación abrupta a la
sociedad los obliga a un cambio drástico: "Se sentían ineptos para las
funciones más simples", no tenían para este mundo nuevo y desconocido sus
viejos guías, los instintos reguladores e inconscientemente infalibles.
Debían de pronto inhibir sus instintos naturales, y en el proceso de
adaptación debieron crear un órgano nuevo: la "conciencia". "¡Estaban
reducidos estos infelices a pensar, a razonar, a calcular, a combinar
causas y efectos, y a su conciencia, su órgano más miserable y más
expuesto a equivocarse!".
El proceso de adaptación no
lo hace el hombre primitivo por su gusto, sino que le es impuesto por el
Estado, por la sociedad, y esta imposición no es gradual ni pacífica, sino
que se realiza con actos violentos y con tal crueldad, que debe quedar en
la memoria de estos "semianimales", para que después realicen sus propias
inhibiciones.
La sociedad impone penas y
castigos como precio para la protección y la paz. Pero "aquellos viejos
instintos no habían dejado, de golpe, de reclamar sus exigencias, sólo que
resultaba difícil y pocas veces posible darles satisfacción: en lo
principal hubo que buscar apaciguamientos nuevos, por así decirlo,
subterráneos. Todos los instintos que no se desahogan hacia afuera se
vuelven hacia adentro, esto es lo que yo llamo la interiorización del
hombre: únicamente con esto se desarrolla en el lo que más tarde se
denomina su alma" (véase el
Cuadro 2).
Cuadro 2
"Todo el mundo interior,
originariamente delgado, como encerrado entre dos pieles, fue separándose
y creciendo, fue adquiriendo profundidad, anchura, altura, en la medida en
que el desahogo del hombre hacia afuera fue quedando inhibido".
Aquellos terribles bastiones
con que la organización estatal se protegía contra los viejos instintos de
la libertad hicieron que todos los ins
tintos del hombre salvaje, libre, vagabundo, diesen vuelta atrás y se
volvieran contra él.
La enemistad, la crueldad, el
placer de la persecución, de la agresión, del cambio, de la destrucción,
todo esto vuelto contra el poseedor de tales instintos: ése es el origen
de la "mala conciencia".
A estos instintos naturales,
que no pueden exteriorizarse, que son inhibidos y que "se almacenan" en el
mundo interior del hombre, Nietzsche los compara al hombre salvaje, a un
animal enjaulado dentro del hombre mismo, pero que no está pasivamente
enjaulado, sino que se golpea furioso contra los barrotes de su jaula.
Éste es un ser, según Nietzsche, al que le falta algo, que está devorado
por la nostalgia del desierto, que tuvo que crearse en base a sí mismo una
aventura, una cámara de suplicio, una selva insegura y peligrosa, este
loco, este prisionero añorante y desesperado fue el inventor de la mala
conciencia.
Por esto se ha producido una
dolencia, la más grande, la más siniestra, una dolencia de la que la
humanidad no se ha curado hasta hoy: el sufrimiento del hombre por el
hombre, por sí mismo, resultado de una separación violenta de su pasado
animal, de un salto y una caída, por así decirlo, en nuevas situaciones y
en nuevas condiciones de existencia, de una declaración de guerra contra
los viejos instintos, en los que hasta ese momento reposaban sus fuerzas,
su placer y su fecundidad (véase el Cuadro 3).
Cuadro3
Esta
lucha, "esta secreta autoviolentación", esta crueldad de artista, este
placer de darse forma a sí mismo como a una materia dura, resistente y
paciente, de marcar a fuego en ella una voluntad, una crítica, una
contradicción, un desprecio, un no; este siniestro, horrendo y voluptuoso
trabajo de un alma voluntariamente escindida de sí misma, que se hace
sufrir por el placer de hacer sufrir, toda esta activa "mala conciencia"
ha acabado por producir también
una profusión de belleza y de afirmaciones nuevas y sorprendentes.
La procedencia de lo
"no-egoísta" en cuanto al valor moral, a la delimitación del terreno que
este valor ha brotado, es sólo consecuencia de la mala conciencia; sólo la
voluntad de maltratarse a sí mismo proporciona el presupuesto para el
valor de lo no-egoísta.
La mala conciencia en el
hombre se ha apoderado del presupuesto religioso para llevar su propio
automartirio hasta su más horrible dureza y actitud. Una deuda con Dios:
este pensamiento se convierte para el hombre en pensa
miento de tortura. Capta en "Dios" las últimas antítesis, que es capaz de
encontrar para sus auténticos e insuprimibles instintos de animal,
reinterpreta esos mismos instintos animales como deuda con Dios (como
enemistad, rebelión, insurrección contra el "Señor", el padre, el
progenitor, el comienzo del mundo), se tensa en la contradicción "Dios y
Demonio", y todo no que se dice a sí mismo, a la naturaleza, a la
naturalidad, a la realidad de su ser, lo proyecta fuera de sí como un sí,
como algo existente, corpóreo, real, como Dios, como santidad de Dios,
como Dios juez, como Dios verdugo, como más allá,
como eternidad, como tormento sin fin, como infierno, como
inconmensurabilidad de pena y culpa.
Es necesario establecer aquí
el concepto que tiene Nietzsche sobre la sublimación. Nietzsche toma el
término "sublimación" de la química,
ya que se designa así a la transformación directa de un sólido en gas, sin
pasar por el estado líquido (el ejemplo más común es la naftalina). Así
por ejemplo, con "sublimación" Nietzsche expresa la misma metáfora de
evaporación del instinto. Por ejemplo dice: la conducta no-egoísta
y la contemplación desinteresada, son llamadas "sublimación", en las que
el elemento fundamental aparece casi volatilizado y sólo revela su
presencia por la observación más fina. Entonces la sublimación se presenta
como un proceso ético, esencial que consiste en ocultar sutilmente los
instintos.
A partir de este principio
toda la crítica de la moralidad radica en un análisis de las tácticas de
sublimación cuyo fin es volver a obtener el instinto. Esto equivale a
invertir el proceso de sublimación, reobteniendo el sólido a partir del
vapor. Desde este punto de vista, desde Aurora hasta La genealogía de la
moral, Nietzsche no hace más que deshacer los procedimientos de
sublimación (véase el Cuadro 4).
Cuadro 4
Para Nietzsche, el hombre es
un ser enfermo y la enfermedad que padece se llama moralidad, cuya forma
histórica es el nihilismo. El remedio, por lo tanto, no puede ser más que
un hombre sobrehumano: así, Nietzsche, al nombrar al superhombre, no hace
más que enunciar el hiato entre la enfermedad y la cura. Asimismo, se
puede caracterizar al superhombre como la figura de la cura o como el más
allá de la enfermedad, por lo tanto de la moralidad.
El superhombre es aquel que
puede armonizar sus instintos naturales, es la encarnación de la voluntad
de poder, de la voluntad de vida y "puede soportar la verdad más desnuda y
más dura, la del eterno retorno, según la cual todo regresará y regresará
en el mismo orden, siguiendo la misma implacable sucesión, de tal modo que
el eterno reloj de arena de la vida será volteado sin cesar.
El superhombre sería aquel
que ama la vida hasta tal punto, que "no desea otra cosa más que esa
suprema y eterna confirmación".
"¡Quién no busca el deseo! es
más sediento, cordial, hambriento, terrible, siniestro que todo dolor, se
quiere a él, se muerde en él, en él lucha el anillo de la voluntad,
quiere amor, quiere odio, es rico en demasía, regala, despilfarra,
ruega que alguien lo tome, da las gracias a quien lo hace, le gusta ser
odiado,
tan rico es el deseo, que está sediento de dolor, de infierno, de
odio, de oprobio, del tullido, de mundo..." (Así habló Zaratustra). |
Bibliografía
Ernest Jones, Vida y Obra de Sigmund Freud, Buenos
Aires, Paidós, 1979.
K. Jaspers, Psicopatología general, Buenos Aires, Beta,
1963.
K. Jasper, Nietzsche, Munich, 1936.
F. Alonso Fernández, Fundamentos de la psiquiatría
actual, Madrid, Paz Montalvo, 1989.
W. Ross, Nietzsche, Barcelona, Paidós, 1994.
F. Nietzsche, La genealogía de la moral, Madrid,
Alianza, 1986.
Ivo, Frenzel, Nietzsche, Barcelona, Salvat, 1985.
F. Nietzsche, Crepúsculo de los ídolos, Madrid,
Alianza, 1982.
F. Nietzsche, Así habló Zaratustra, Barcelona, Círculo
de lectores, 1980.
F. Nietzsche, Ecce Homo, Buenos Aires, Siglo XX, 1987.
Paul Laurent Assoun, Freud y Nietzsche, México, Fondo
de Cultura Económica, 1984.
Luis Jiménez Moreno, Nietzsche, Barcelona, Labor, 1972.
F. Nietzsche, Más allá del bien y del mal, Madrid,
Alianza, 1983.
F. Nietzsche, El nacimiento de la tragedia, Madrid,
Alianza, 1984.
Freedman y Kaplan, Tratado de psiquiatría, Barcelona,
Salvat, 1984.
P. Lersch, La estructura de la personalidad, Barcelona,
Scientia, 1971.
C. Jung, Tipos psicológicos, Buenos Aires,
Sudamericana, 1976.
Notas al pie:
1
Publicado
en la revista Dinámica,
Volumen 1, Nº 4.
2
Médico psiquiatra, docente de la Facultad de Medicina,
Universidad de Buenos Aires. hugo@marietan.com
|
|