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Características
generales de la entrevista psiquiátrica
Hugo Marietán 2
www.marietan.com
¿Podemos estar seguros de que vemos al
paciente tal como verdaderamente es o de que lo conocemos en su propia realidad o estamos
simplemente proyectando sobre él nuestras propias teorías?
Rollo May . " Existencia", Ed. Gredos.
Introducción
Este material, en su mayor parte, corresponde al curso dictado por el autor en el Hospital
Borda en 1990: "La Historia Clínica en Psiquiatría", para médicos que se
iniciaban en la especialidad, y desde ese nivel debe ser evaluado el artículo. Fue
anteriormente publicado en las Fichas que se editaron para apoyo bibliográfico del curso.
Se prefirió el término "entrevista" en la acepción que da el diccionario:
"encuentro concertado entre personas para tratar un asunto" porque le da una
finalidad al encuentro (para tratar un asunto) y un acuerdo previo (concertado) e indica
participación (entre personas). Todo esto entornado por el calificativo
"Psiquiátrica" que limita el tema.
Esta situación se da en la gran mayoría de los casos.
Se desechó la palabra "anamnesis: traer a la memoria" porque hace girar la
cuestión sobre el recuerdo de una de las partes y da la irreal imagen de pasividad de la
otra parte.
Tampoco se usó " Interrogatorio: acto de dirigir las preguntas" por ser parte,
en ocasiones, de la entrevista; en consecuencia, incompleto.
La entrevista psiquiátrica
¿Cuál es el concepto de la entrevista Psiquiátrica?
Es un encuentro entre personas en situación especial, donde se aplica una técnica de
investigación médica que permite la obtención de información semiológica para
sintetizar un diagnóstico presuntivo sobre un trastorno o una enfermedad mental.
¿Quiénes participan?
a) Una persona en su rol de técnico en la materia que en este caso es el Terapeuta, el
médico Psiquiatra: el entrevistador (M)
b)Y otra persona que necesita de este tipo de conocimiento, el paciente o el entrevistado
(P).
Estas personas interactúan en un tipo especial de relación interpersonal, llamada
clásicamente 'relación médico-paciente', en la que (M) aporta su personalidad y sus
conocimientos y (P) aporta su personalidad y su "problema"; ambos están ligados
biunívocamente en una interacción que influye mutuamente.
Desde ambas partes se experimenta un desnivel subjetivo:
a) En P, porque coloca a M en un nivel superior, en la ubicación del que "sabe"
y puede resolver lo que él no pudo (esto genera esperanza), pero paralelamente está
presente la duda: ¿Lo podrá resolver?. Estas dos vivencias contrarias pujan durante la
entrevista hasta que P encuentra las señales necesarias que hace prevalecer una de ellas.
b) En M, por considerar a P como una incógnita a resolver, debiendo cotejar lo observado
con sus conocimientos. Desde el momento que lo tiene enfrente se puede preguntar: ¿De
qué problema se tratará? ¿Tendré capacidad suficiente para solucionarlo?. Es decir es
una incógnita ;" es una incógnita que nos mira".
Provoca la duda: ¿Lo podré resolver?. Al producirse la duda ante lo que todavía no
conocemos (miedo a lo desconocido), deviene la ansiedad.
Es decir existen dudas por ambas partes, y "esto genera
ANSIEDAD" (S.Sullivan "La entrevista Psiquiátrica", Ed. Psique, Bs As,
1964).
La ansiedad de M va cediendo a medida que encuentra las claves semiológicas, puede ir
ubicando los signos y síntomas, y encuentra una orientación diagnóstica. Esta baja de
la ansiedad de M se transmite de alguna manera a la relación.
La ansiedad de P va cediendo a medida que capta que su problema es comprendido por M.
En realidad estamos hablando de miedo, esperanza (de parte del paciente), de confianza, de
ansiedad .¿ Y todo esto qué es? ¿Qué tipos de movimientos internos son los que se
producen?.
Son corrientes afectivas que interactúan en uno y otro. El nexo entre estas dos personas
es la afectividad, en sus múltiples formas.
A medida que se van desgranando los elementos semiológicos en el paciente, la
sintomatología que el paciente va expresando, el terapeuta va encontrando distintas
claves de acuerdo a su sapiencia.
Y a su vez el paciente va midiendo constantemente las reacciones del terapeuta. Juzga (a
veces subliminalmente) cada cosa que hacemos nosotros, cada elemento verbal que usamos, el
tono y la postura. Así como el terapeuta lo estudia a él, él está estudiando al
terapeuta .¿ Qué respuesta está obteniendo a lo que está diciendo?. ¿Qué
comprensión logra en el terapeuta?.
Existen también elementos intuitivos, que escapan al análisis, que tal vez correspondan
a vivencias tanto del paciente como del terapeuta. Una captación global, inmediata sobre
la personalidad de los dos, lo que puede determinar la aceptación o el rechazo en ambas
partes. Hay personas que sin saber por qué "no nos gustan".
El terapeuta puede ser un excelente técnico, y sin embargo no ser aceptado.
En realidad no tenemos la certeza de por qué se da este fenómeno. Existen varias
teorías al respecto y varios nombres, pero en realidad no sabemos por qué ocurre. Lo
vamos a llamar simplemente rechazo, otro elemento de la afectividad. No salimos, en la
relación entre estas dos personas, de la afectividad.
Y cuando se produce el rapport ¿Qué es en realidad?. Es una corriente de afectividad
positiva, podríamos decir para darle una frase que no dice nada. Yo diría algo más
simple: es una relación de amor. Entonces esta relación se manifiesta entre el amor y el
rechazo. Se mueven entre esta graduación de la afectividad. Cuando conseguimos un buen
rapport, ya tenemos el 50% del tratamiento ganado. El resto del porcentaje va a depender
de la terapéutica farmacológica aplicada y de las otras técnicas que usemos. Esto es
válido, me parece a mí, cualquiera sea la escuela de psicoterapia que se siga.
Dónde se realiza la entrevista? En un CONSULTORIO, ¿por qué?
Es un lugar específico y adecuado para esa tarea
Es reconocido claramente por el paciente (en la gran mayoría de los casos) Es el ámbito
habitual de trabajo del médico.
Es aceptado para estos fines por la sociedad.
De esta manera el paciente sabe donde va o es llevado (en caso contrario el médico debe
aclarárselo desde un principio).
El médico tiene un adecuado manejo del lugar (esto permite una actitud más relajada de
su parte) y además tiene importancia médico-legal ante la eventualidad de un problema o
accidente.
Existen muy pocas excepciones para las entrevistas a domicilio (solamente en un caso de
severo impedimento físico, agorafobia grave o alguna circunstancia verdaderamente severa)
y las entrevistas periciales indicadas por Juez.
¿Cuándo se realiza la entrevista?
-A una hora previamente determinada (turno).
-En el momento en que se presente el paciente (en el caso de las Guardias, por ejemplo).
¿Por qué se realiza la entrevista? (motivo)
Porque en determinados casos una persona es superada en su inclividualidad para resolver
el problema o trastorno mental por sí misma.
Esto puede ser inferido por el paciente mismo (es el caso en que éste solicite ayuda:
neuróticos, algunos casos de depresión, etc) o por otras personas (familiares, vecinos,
policía, etc) en casos de psicóticos, psicópatas, etc.
¿Cuál es la finalidad de la entrevista?
- Para P, conseguir alivio a su padecimiento o al menos clarificar su problema.
- Para M, obtener un diagnóstico que permita una terapéutica y un pronóstico a fin de
beneficiar al paciente.
¿Cuánto debe durar una entrevista?
El tiempo empleado dependerá siempre del caso, por lo general sesenta minutos.
Etapas de la entrevista.
Estas son tres:
1 . Pre - entrevista
2. Entrevista propiamente dicha, con sus tres momentos:
. Principio
. Desarrollo
. Final
3. Post - entrevista
Pre - entrevista
Para algunas escuelas, la pro, por ejemplo, la entrevista comienza cuando el paciente
llama por teléfono para solicitar la consulta. He pensado que existe una instancia
anterior y es cuando el paciente tiene "noticia" del médico o terapeuta que lo
va a atender. Y considero a esta instancia como muy importante porque es aquí donde se
crea la expectativa y una predisposición hacia el terapeuta; que va a depender de la
manera en que se entera sobre la existencia del mismo. Por ejemplo si es derivado por otro
colega, o un paciente, ex-paciente o familiar, la persona ya va bien predispuesta a la
entrevista, con cierto grado de sugestión favorable al terapeuta.
Los mal predispuestos son aquellos que son llevados a la consulta o los que por razones
laborales o judiciales deben realizarla.
Predomina la incertidumbre en aquellos que piden una entrevista por haber visto " la
chapa", consultado la lista de médicos de las obras sociales o por aviso
publicitario profesional.
Esta etapa termina cuando P decide solicitar turno.
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Principio de la entrevista
La entrevista comienza cuando se Ileva a cabo el encuentro personal.
Es importante tener en cuenta si concurre solo o acompañado, y el retraso o adelanto con
respecto a la hora acordada.
Es recomendable saludar al paciente estrechándole la mano y llamándole por su apellido.
Si no es del conocimiento del paciente, el médico debe presentarse con su nombre y
especialidad. (No es bueno comenzar una relación con una mentira)
El tono del saludo debe ser cortés, pero no efusivo ni cortante. En este primer paso ya
vamos a notar varios elementos
semiológicos:
El paciente se para ( en la sala de espera, por ej.) y ya estamos observando cómo camina,
cómo está vestido, si viene encorvado, si nos mira o no.
El dar la mano es un hecho muy significativo; la mano dada con moderada firmeza, puede
transmitir seguridad; la mano laxa "tipo pescado"; la mano "formal"
porque sí, de la indiferencia; la mano que se aferra al terapeuta, como pedido de apoyo.
El saludo "rompemano" de aquel que quiere transmitir una seguridad que no tiene;
la mano transpirada, de la ansiedad. La mano que sólo roza, para no contagiarse, de
algunos obsesivos. El que rehuye el saludo, etc.
La forma de mirar: la mirada de frente, la mirada esquiva, la mirada baja del depresivo o
tímido, la mirada de soslayo del desconfiado, la mirada desafiante.
El rostro y su gesto: el gesto de autoridad del paranoide y de los megalómanos. El gesto
de abatimiento del depresivo. El indiferente, de algunos esquizofrénicos. El gesto de
perplejidad de algunos confusos. El gesto de desesperación en las crisis de angustia. El
gesto sobreactuado del histérico.
La vestimenta: la prolijidad y el detalle en algunos paranoides, el descuido en el
depresivo grave, la ornamentación del delirante megalómano, y el descuido y la falta de
aseo en algunos esquizofrénicos, el acento seductor de ciertas histéricas, etc.
La marcha: el paso firme y arrogante de los paranoides y megalómanos, el paso lento del
melancólico, la marcha a pequeños pasos del parkinsoniano, y las propias de las
alteraciones neurológicas.
Estos y otros detalles objetivos más son de gran utilidad semiológica y luego se
integrarán al resto de la información del examen psiquiátrico para dar la
"impresión diagnóstica".
A continuación se le solicita que pase y se le indica el lugar donde debe sentarse (estos
pequeños detalles alivian la ansiedad del paciente).
Durante estos momentos y a lo largo de toda la entrevista, se produce una evaluación
mutua.
El paciente valora el grado de interés que demuestra el terapeuta, su habilidad para
crear un clima adecuado, la forma y tono que utiliza para hacer las preguntas, y a su
manera, también evalúa los conocimientos del terapeuta.
Una vez sentados, si M lo considera necesario, puede realizar una breve conversación con
el fin de aflojar tensiones.
Se anotan en la tarjeta o la historia clínica los datos de identificación.
Aclarar desde el principio que todo lo que va a decir P estará protegido por el secreto
profesional y no será divulgado.
Averiguar quien lo derivó o cómo tomó conocimiento del Terapeuta. Tener en cuenta que
el hecho de ser "recomendado" puede condicionar a M por el deseo de confirmar la
buena imagen.
Luego de estos pocos minutos se puede abordar el tema de las siguientes formas:
a) Con una pregunta que de amplitud para que el paciente desarrolle su problema, por
ejemplo:
-¿En qué le puedo ser útil, Pérez?
-¿Qué lo ha decidido a consultarme, Furlati?
-El Dr. R. me solicita que lo atienda, ¿Porqué no me dice Ud. como ve el problema?
Estas preguntas abren el panorama, son preguntas globales y dan la impresión, además,
que el terapeuta se pone al servicio del paciente, en actitud de ayuda: ¿Qué puedo hacer
por usted?
b) Tomar los datos de identificación
Esta es una manera de relajarse tanto del terapeuta como del paciente. Es apoyarse en
algo, como para distender un poco el clima. La toma de datos a su vez es útil por el
hecho de que ya lo vamos conociendo. Esto no puede prolongarse más allá de 3 o 4
minutos, de lo contrario "enfría" la relación y es contraproducente, aún más
si el paciente esta muy ansioso.
c) No utilizar una forma estandarizada, improvisar de acuerdo al paciente.
Aquí juega más lo intuitivo, da más plasticidad a la entrevista, pero a su vez necesita
de mayor experiencia de parte del terapeuta, de lo contrario se pierde mucho tiempo en
cosas banales.
La elección de estas formas de comienzo depende entre otras cosas de la personalidad del
terapeuta, de las del paciente y de la patología a tratar.
Desechar las preguntas del tipo:
¿Qué le pasa? ¿Qué le ocurre? (Precisamente para contestarse estas preguntas es por lo
que va a consultar a M )
No es conveniente usar el modo imperativo del tipo: "¡Hable!",
"¡Comience!", etc., ya que el propósito es facilitar la comunicación en un
clima ya entorpecido por la ansiedad del primer encuentro.
En todo momento el terapeuta debe mostrar su interés. Las muestras de fastidio o
cansancio son lujos que un psiquiatra no puede darse (un psiquiatra cansado nunca puede
realizar bien su trabajo, ya que gran parte de éste se basa en su atención ); en estos
casos es mejor suspender la entrevista y/o derivar.
Cuando el paciente comienza a narrar su caso, entramos en el Desarrollo de la entrevista.
Sobre el desarrollo:
La entrevista inicial, tal vez por su dinamismo, por lo irrepetible del encuentro, por lo
particular de cada participante, por las múltiples variables que intervienen, en muchos
aspectos es un arte, pero manejar un esquema básico facilita la tarea.
No se trata de seguir secuencialmente un plan, ni tampoco dejarla librada a la
improvisación. Se intenta lograr un punto intermedio que posibilite el relato libre del
paciente modulado por las intervenciones del terapeuta para extraer los datos
significativos.
En el desarrollo se realiza la presentación y análisis del problema.
El objetivo prioritario es la obtención de la información necesaria para llegar a un
diagnóstico presuntivo.
Sin este requisito la entrevista se convierte en una mera charla entre dos personas.
La atención debe estar focalizada sobre el paciente, observando gestos y actitudes,
escuchando el contenido verbal de la exposición, el tono afectivo de la misma, los
silencios, tratando de captar la personalidad del entrevistado y los síntomas y signos de
valor semiológico.
La tarea esencial es entonces, ABSTRAER los signos y síntomas significativos del conjunto
de lo expuesto y observado.
Existe una triada sintomática que se debe valorar desde un principio:
- El estado de conciencia.
- El juicio de la realidad
- El riesgo de suicidio
Tipos de pregunta
Con la forma de realizar la pregunta condicionamos de alguna manera la respuesta. Así
tenemos:
1. Preguntas que posibilitan respuestas no limitadas
Ej: ¿En qué puedo serle útil?
¿Sobre qué quiere hablar?
Este tipos de preguntas llamadas NO SUGESTIVAS por Kretschmer (Psicología Médica, Ed
Leyenda, 1945), facilitan que el paciente se explaye con libertad sobre el tema que él
considera como problema. Suele ser muy útiI en el inicio de la entrevista, pero tiene el
inconveniente (si no se canaliza con otras preguntas) que puede dar pie al divague por
detalles intrascendentes.
2. Preguntas que limitan las respuestas (alternativas)
Ej: ¿Se siente más triste a la mañana o a la tarde?
Con esta fórmula dirigimos la respuesta para conseguir la información que necesitamos
para completar una orientación diagnóstica o precisar un síntoma. Evita las
divagaciones, pero quita espontaneidad al discurso del paciente.
3. Preguntas con respuesta sugerida (Sugestiva activa)
Ej: ¿Ud. se siente triste, no es verdad?
Esta fórmula orienta la respuesta. Se puede usar para inducir (presionar) una respuesta:
Ej: ¿En este momento está escuchando voces, verdad?
¿ Ud. está pensando en suicidarse, no es cierto?
Rápidamente se comprende que este tipo de preguntas se debe realizar cuando otros
indicios hacen sospechar una respuesta afirmativa. Aquí se puede cometer el error de no
percatarse de haber realizado una pregunta sugestiva y tomar la respuesta como espontánea
y valorarla inadecuadamente. También facilita una respuesta afirmativa en aquellos
pacientes complacientes que creen que esa es la respuesta que espera el médico.
Es preferible preguntar por un síntoma a la vez, y evitar las preguntas de tipo:
Ej: ¿Alguna vez se sintió triste, desganado, irritable, por más de dos semanas?
Aquí el paciente no sólo debe buscar cada uno de estos síntomas en su memoria, sino
además combinarlos y ubicarlos temporalmente. Obliga en cierta manera a considerar a esta
triada como un bloque y contestar por sí o no, perdiéndose precisión.
Tipos de respuesta
a) Monosilábicas breves:
Ej: Sí - No - Puede ser
Los pacientes parcos requieren un mayor estímulo por parte del terapeuta y una gran dosis
de paciencia (virtud que debe poseer en abundancia el que ejerza esta especialidad).
Requerir ejemplo de cada respuesta. A veces es útil que conteste una escala de
autoevaluación, Beck, por ejemplo, y sobre esas respuestas preguntar.
b) Prolijas (minuciosas)
El paciente sobreabunda en detalles innecesarios, ideas secundarias, comentarios
insustanciales, etc.
Tomamos entonces debida nota de esto (que también es un dato semiológico, en la
epilepsia por ejemplo) y a continuación trataremos (no sin esfuerzo) de limitar la
respuesta usando preguntas del tipo alternativo (por sí o por no)
c) Confusas
No consiguen hilvanar una respuesta adecuada.
Por disgregación (esquizofrenia)
Por trastorno de conciencia (confusos)
Por debilitación (demencia) o insuficiencia mental (oligofrenia)
Por fuga de ideas (maníacos)
Por simulación, etc.
d) Fraccionada
La respuesta se inicia pero se interrumpe:
Por interceptación (esquizofrenia)
Por ausencia epiléptica
Por acercamiento al núcleo delirante (paranoicos)
Por llanto en depresivos y neuróticos
Por reticencia
Por conexión con conflictos, en neuróticos, etc.
e) Evasiva
No aborda el tema preguntando sino que hace innumerables rodeos (no confundir con
prolijidad). Verborrágicos, en neurosis, en personalidades pasivo-agresivo.
f) Para-respuesta
Contesta con un tema diferente al preguntado.
Ej: ¿Es Ud. el menor de sus hermanos?
Mi hermano es ingeniero (esquizofrenia)
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g) No responde
Esta cuestión requiere un apartado especial que lo trataremos más adelante.
El tiempo de la respuesta
Es importante medir el tiempo de la respuesta de dos maneras:
a) El tiempo de respuesta interpersonal, es decir con respecto a otras personas. Este
tiempo es lento por ejemplo en melancólicos, confusos, parkinsonianos, etc.; y acelerado
en la excitación psicomotriz.
b) El tiempo de respuesta intrapersonal, con respecto a la misma persona en el transcurso
de la entrevista. Esto ocurre con algunas preguntas de impacto en lo emocional.
Ej: En alucinados cuando preguntamos: " ¿Escucha voces?"
En depresivos con intenciones suicidas: " ¿Pensó en suicidarse?" También en
Delirantes cuando "tocamos" su núcleo delirante o neuróticos cuando abordamos
el conflicto, (no confundir con la interceptación, o la ausencia epiléptica).
El retardo que se puede producir, la reacción emocional observada (rubor, palidez,
crispación, abatimiento) son valiosos datos semiológicos.
El apoyo al discurso
Se emplea cuando el terapeuta considera necesario que el relato ya iniciado sea lo más
espontáneo posible y su intervención mínima o neutra. Se vale entonces de
interjecciones como:
" Aha... ", " Hum ", ¿Bien? ¿Y entonces...?", " Luego qué
pasó?
Otro recurso es repetir las últimas palabras del paciente. De esta manera se demuestra
atención y se estimula a continuar el discurso sin provocar sugestiones.
La actitud del paciente frente a la pregunta
La respuesta NO VERBAL que provoca escuchar una pregunta determinada se observa a través
de los gestos mínimos, los cambios de posición, la desviación de la mirada, el llanto,
la sorpresa, etc.
También se debe valorar la correspondencia entre el mensaje verbal de la respuesta y le
mensaje no verbal. Algunos esquizofrénicos relatan grandes sufrimientos mientras tienen
una actitud gestual de indiferencia o de alegría.
El paciente que no habla
Según las nociones elementales de la comunicación en todo diálogo hay un EMISOR, un
RECEPTOR, y un MENSAJE.
Cuando emitimos una idea y somos recepcionados podemos captar la respuesta al mensaje, ya
por la emisión de un mensaje verbal, o no verbal y así se establece la comunicación.
Pero ¿qué pasa si el paciente al que debemos entrevistar no habla, no responde de manera
verbal a nuestras preguntas, sin padecer, desde luego, alteración orgánica que se lo
impida (mudez, sordera, coma, alteración neurológica, etc) ?
Tenemos un objetivo que cumplir: arribar a un diagnóstico presuntivo o al menos al
síndrome o a la serie de signos y síntomas que nos oriente hacia un diagnóstico. Nos
valemos habitualmente de una vía regia: el discurso del paciente. Lo que dice, lo que no
dice, sus silencios, sus tonos, etc, nos permite indirectamente saber algo de su "
mundo privado ", de sus pensamientos, de sus vivencias. De ellos inferimos las ideas
delirantes, las fobias, las obsesiones, las ideas fijas, el respeto por las reglas
lógicas, la armonía entre lo que dice y hace, etc.. Escuchar al paciente es, sin duda,
una de nuestras principales herramientas semiológicas.
¿Qué nos queda entonces, si el paciente nos priva de su discurso? Nos queda la
observación.
Así como el ciego debe exacerbar la sensibilidad de su tacto y oído, el sordo su
visión; el terapeuta, privado del discurso del paciente debe llevar al límite su
capacidad de observación: atento a la mímica, al gesto mínimo, a la postura, al
movimiento; a la conducta.
Trataremos de entender el mensaje no verbal, el mensaje del cuerpo, la expresión
corporal.
Una pregunta para hacerse: ¿El paciente no habla porque no quiere (ejerce su voluntad) o
porque no puede (involuntario) o porque quiere pero " no lo dejan "(alucinados)?
Mutismo viene del latín 'mutus' que significa mudo. Se define como el estado de un
individuo que no articula ninguna palabra. Si se le da la acepción general, comprende al
mutismo voluntario de los alienados y de los simuladores, y al mutismo temporario de los
sordos que pueden aprender a hablar, y al mutismo por detención del desarrollo cerebral
de los oligofrénicos profundos.
Para la terminología psiquiátrica, mutismo, es la inhibición VOLUNTARIA del habla que
se observa en los enfermos psíquicos (Propedéutica Clínica Psiquiátrica, A. Vallejo
Nágera, Ed. Salvat, 1952).
El mutismo se puede presentar en la Esquizofrenia, por indiferencia, por imperativo de las
" voces " que le ordenan no hablar, en el síndrome catatónico, en delirantes
con ideas de persecución, por reticencia, en depresivos graves, con introversión
profunda, en oligofrénicos profundos, y en simuladores. También está descripto el
mutismo psicógeno, tras un impacto emocional, y el mutismo de los niños autistas.
Los esquizofrénicos escuchan y comprenden lo que se les dice, pero por sus ideas
delirantes y sus alucinaciones, no contestan, pero pueden sonreír (que a veces dan la
sensación de estar burlándose, muy propio de estos enfermos), cambiar de posición,
mover las manos, asentir o negar con la cabeza, hacer una mueca o un gesto, o permanecer
imperturbable, pero tenso. Por estos signos sabemos que somos escuchados. Si están
alucinados, pueden tener gestos de taparse los oídos, o musitar, o expresiones de
atención a un imaginario interlocutor, girar la cabeza para 'ver' si hay alguien atrás,
etc.
A veces no contestan, pero sí responden a órdenes simples como: "Levante la mano
derecha" "¡Párese!" "Escriba su nombre" (pueden tener la
'orden' de no hablar pero no de no escribir) por ejemplo.
En el Síndrome Catatónico el mutismo se acompaña de todo el cortejo de las
manifestaciones psicomotrices alteradas propias de este cuadro: flexibilidad cérea,
obediencia automática, extravagancias, negativismo (activo, es cuando hace lo contrario a
lo pedido, o pasivo cuando no hace ninguna manifestación ante una orden).
Ejemplo de negativismo activo es cuando le indicamos que se siente y el paciente se
levanta. El catatónico puede deambular de un extremo al otro del consultorio en forma
permanente, o quedarse inmóvil en un sector. No responde a nuestras preguntas pero si le
extendemos la mano en gesto de saludo, puede estrecharla tantas veces como nosotros
repitamos el gesto. Es decir también nos escucha, recibe nuestro mensaje, pero no lo
contesta, al menos de la manera convencional a que estamos acostumbrados. A veces se los
observa muy pasivos, pero hay que recordar que estos pacientes pueden tener reacciones
agresivas repentinas.
En el catatónico el diagnóstico lo hacemos por sus manifestaciones psicomotoras
alteradas.
En el depresivo grave, el melancólico o estuporoso, la mímica del rostro del que sufre
intensamente, la postura abatida, acompañan su mutismo, producto de la introversión de
su temática delirante displacentera, desesperanzada. A veces un llanto profuso, otras un
quejido persistente, sin lágrimas, acompañan el cuadro general.
Al delirante reticente lo denuncia su postura de atención exacerbada a los detalles
externos que pueden significar peligro, la mirada de soslayo del desconfiado, la rigidez
del porte y la tensión muscular generalizada frente a lo que genera inseguridad. Es un
hombre en peligro y en lucha a la vez. Y esa concepción delirante se traduce en toda su
conducta. No habla porque tal vez el que lo interroga "puede ser uno de ellos ",
esta o cualquier otra proposición delirante persecutoria puede ser la causa. Aquí es
donde se prueba la capacidad de persuasión del terapeuta. "Quebrar" el círculo
defensivo que protege al núcleo delirante, requiere tiempo, habilidad y talento.
El Simulador tiene un compromiso con su interés, por eso debe "esforzarse" por
mantener un "cuadro" psiquiátrico que imita.Esto le quita autenticidad, y tiñe
de artificioso toda su conducta.
No tiene el derrumbe vital del depresivo, la indiferencia inimitable del esquizofrénico,
ni la riqueza en alteraciones psicomotoras del catatónico, ni la convicción irreductible
del delirante.
A éstos lo sustenta lo incomprensible de lo psicótico, a aquél lo comprensible de un
motivo. No puede durar mucho entonces ante la observación sagaz del terapeuta entrenado.
Hay simuladores que son excelentes actores. Pero ningún actor puede estar en escena todo
el tiempo. La tensión que provoca ser estudiado por un "experto" genera fatiga,
olvido de detalles. Aquí nuestras armas son el tiempo, la paciencia y la repetición. En
la repetición de los mismos hechos es donde se produce la mayor constatación de los
errores.
Estos casos enumerados están basados en el supuesto que el paciente no este acompañado
por familiares o personas que pueden aportar información que el paciente se niegue a dar.
Enriquecen a los datos de la conducta la indumentaria y el aseo.
Tanto el esquizofrénico, como el depresivo grave, se presentan con una vestimenta
descuidada y falta de aseo manifiesto, que no suele observarse en el paranoico que quiere
dar la impresión de "señor" o "enviado", de personaje importante.
Final de la entrevista
Este momento consta de:
Un resumen y conclusión de la entrevista
Recomendaciones y prescripciones
Fijar la fecha de la próxima consulta
Cobro de honorarios
Despedida
El terapeuta debe realizar una rápida valoración que incluya:
-La información suministrada: su verosimilitud, su coherencia, el modo, los antecedentes,
etc.
-La personalidad (sus rasgos histriónicos, paranoides, esquizoides, pasivo-agresivos,
dependientes, obsesivos, fóbicos ,etc.), y su influencia en la patología que presenta.
-Una evaluación sobre la entrevista.
-Elaborar una hipótesis diagnóstica.
Arnold Lázarus (Terapia Multimodal, Ed. Ippem, 1983) elaboró una serie de preguntas que
debe realizarse el terapeuta al final de la primera entrevista:
1. ¿Hubo algún signo de "psicosis": trastornos del pensamiento, delirios,
incongruencia en las emociones, conductas groseramente extravagantes o inadecuadas ?
2. ¿Cuáles fueron los problemas presentes y sus principales eventos precipitantes ?
3. ¿Hubo evidencia de auto - recriminación, depresión, o de tendencia homicida o
suicida ?
4. ¿Cómo era la apariencia del paciente con respecto a las características físicas,
arreglo, manera de hablar y actitud? ¿ Hubo alguna actividad motora alterada: tics,
amaneramiento, postura rígida, agitación?
5. ¿Qué antecedentes significativos aparecieron en la biografía del paciente ?
6. ¿Quién o qué parece estar manteniendo las conductas inadaptadas del paciente?
7. ¿Cuáles son algunos de los "puntos fuertes " y atributos positivos del
paciente?
8. ¿Pude poner en práctica una relación mutuamente satisfactoria, o el paciente deberá
ser derivado a otro colega ?
9. ¿Salió el paciente con fundamentos legítimos de esperanza?
Si no se tiene aún una orientación diagnóstica, cosa frecuente en la primera
entrevista, se continúa en una segunda, pero se le dice al paciente, al menos, los
hallazgos semiológicos significativos que puedan ser de utilidad para que el paciente se
lleve la impresión que ha sido comprendido y que nosotros estamos encaminados hacia un
diagnóstico.
Desde luego, esto requiere tacto a fin de no ser alarmistas, ni generar temor, y,menos que
menos, improvisar rótulos diagnósticos (un claro acto iatrogénico).
Se debe advertir al paciente que la mayoría de las personas no conocen las propiedades de
los nuevos psicofármacos y que seguían en sus opiniones por viejos prejuicios y el temor
a lo no conocido. Por lo tanto es muy posible que un familiar o vecino tenga una opinión
desfavorable sobre la medicación y pueda generar dudas sobre la misma. Las expresiones
más frecuentes que va a escuchar son:
"¿ Tantas pastillas tenés que tomar?"
" Tomar eso tan fuerte ¿ no te hará mal ?"
" X tomó eso y quedó peor "
" Te noto mal hoy ¿ no serán las pastillas ?"
" ¡Cuidado! Tomás ahora esas pastillas y después no la podes dejar más " (el
prejuicio del adicto impuesto)
" Y cuando dejes de tomar los medicamentos ¿qué va a pasar ?
Todas estas frases son altamente sugestivas, ya que son pronunciadas por personas de
confianza del paciente, y generan primero duda y luego temor, convirtiéndose en factor
muy negativo para la terapéutica y motivo, a veces, de que el paciente no tome la
medicación o "tome menos, para probar primero " o abandone el tratamiento.
Una de las formas de amortiguar esto es "ganarles de mano" y prevenir al
paciente. Otra es reunir a la familia y explicarles los motivos de la toma de medicación,
sus beneficios y sus efectos secundarios más frecuentes. Otra es dejar un medio de
comunicación (teléfono, dirección) para que el paciente consulte ante cualquier duda.
Pero lo más importante es la buena relación médico paciente conseguida en la entrevista
y la claridad con que se explique el porqué de la medicación, y sus efectos beneficiosos
Las prescripciones de medicación deben ser fundamentadas. Cerciorarse de que fueron bien
comprendidas y anotarlas (legible) en un recetario con el nombre del paciente, fecha, y
los horarios y dosis de cada fármaco.
También el médico debe decidir si el control de los medicamentos los realizará el
paciente o un familiar.
Solicitar los estudios complementarios: Psicodiagnóstico, EEG, análisis de laboratorio,
etc.
Es de buena práctica solicitar la participación activa del paciente en el tratamiento o
recomendaciones a seguir. Todo paciente puede ayudarse en la medida de sus posibilidades;
el tratamiento es una responsabilidad compartida y cada uno debe hacer su parte.
Antes de la despedida es recomendable generar una esperanza argumentada.
No un insustancial: "No se haga problemas, todo va a salir bien", o similar,
sino remarcar los elementos positivos en la persona y/o en el tratamiento que fundamenten
un moderado optimismo.
La despedida nunca debe ser abrupta ("Ya es la hora", "aquí
terminamos", etc.), es bueno recordar que a nadie le gusta que lo echen. Debe
sugerírselo con frases como:
"Bien, finalizando..."
"Para terminar, ¿desea realizar alguna pregunta?"
"Una última indicación..."
"Este tema lo analizaremos en detalle en la próxima..."
El saludo de despedida debe ser breve pero cortés.
La post entrevista:
Esta etapa consiste en la impresión general que dejó la entrevista tanto en el médico
como en el paciente.
Este último, si se sintió comprendido, y la personalidad y el accionar del médico
psiquiatra le posibilitaron disminuir su nivel de ansiedad, valorará la entrevista como
positiva, verbalizando esto con frases como: "me siento mejor", "estoy un
poco más aliviado", etc. Si valora la entrevista como insustancial o negativa, puede
optar por realizar otra, como segunda oportunidad o abandonar.
El médico hará las anotaciones correspondientes y las consultas posteriores necesarias,
tanto bibliográficas como a otros colegas.
Esta serie de pautas enunciadas para la entrevista, fueron pensadas para aquel que recién
se inicia (a aquellos con un poco de experiencia muchos detalles habrán resultado muy
obvios). Desde luego que estas indicaciones no son válidas para todos los casos. Son solo
referencias, no para tomarlas rígidamente (lo rígido y la psiquiatría se llevan muy
mal), sino para adoptarlas cuando el caso cuadre.
Resumen
Se intenta describir las principales características de la entrevista psiquiátrica
dividiéndola en tres partes: Pre-entrevista, Desarrollo, y Post-entrevista. Además se
plantean algunas de las situaciones que se pueden presentar en la misma.
Palabra clave: Entrevista Psiquiátrica.
Notas al pie:
1 Publicado en la revista Alcmeón,
Volumen 2, Nº 2
2
Médico Psiquiatra. Hospital Borda. Docente Adscripto
de la Facultad de Medicina de la Universidad de
Buenos Aires. (hugo@marietan.com)
(www.marietan.com)
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