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HISTERIA E HISTÉRICOS

Entrevista exclusiva a  Hugo Marietán

 Médico Psiquiatra: www.marietan.com  marietanweb@gmail.com

Institución: Hospital Borda. Buenos Aires. Argentina 

 

" La histeria ha sido un tema mal comprendido a lo largo de toda la medicina. Los médicos encontraron la manifestación externa (síntomas) de lo histérico pero no han atisbado ni siquiera la patogénesis de este fenómeno."

 

La Sociedad Iberoamericana de Información Científica (SIIC) tuvo el agrado de entrevistar al 

Dr. Hugo Marietán, en referencia al artículo “Psicopatía e histeria” editado en Alcmeon: Revista Argentina de Clínica Neuropsiquiátrica, 42[11], 139-146, 2004

  

Preguntas formuladas por los médicos que integran la agencia Sistema de Noticias Científicas (aSNC), brazo periodístico de SIIC.

  

2005, Buenos Aires, Argentina (especial para SIIC):

 

 ¿Podría explicar el subtítulo de su artículo: “¡La histeria es un problema... tanto para el médico como para la histérica! ¡Realmente!”?

La histeria ha sido un tema mal comprendido a lo largo de toda la medicina. Los médicos encontraron la manifestación externa (síntomas) de lo histérico pero no han atisbado ni siquiera la patogénesis de este fenómeno. Como todo hecho incomprensible, generó las más variadas posturas teóricas pero ninguna de ellas lo ha entendido. Este desconcierto que se produce en el profesional es compartido por la persona que padece la histeria.

 

 ¿Por qué cree usted que la histeria ha estado tradicionalmente relacionada con lo genital?

Tradicionalmente se consideró a la histeria como patrimonio de lo femenino; recién con Charcot, a fines del siglo XIX, se hace un estudio serio sobre la histeria en el varón, que luego será difundido por Freud. De esto se desprende que la relación entre histeria y genitales es muy estrecha. Ya que la palabra remite al útero fácil es seguir el razonamiento por el cual si es un “problema genital”, la solución es también genital. De ahí el barbarismo terapéutico de buscarle soluciones sexuales. Obviamente, lo histérico está intrincado en la personalidad de quien lo padece, a tal punto que muchos autores creen que es una estructura o forma de personalidad; desde este punto de vista no habría tratamiento posible.

 

 ¿Por qué considera que las “soluciones a la histeria” han sido tradicionalmente “agresivas”?

Todo fenómeno que no tiene una explicación satisfactoria desde lo científico, origina creencias. Estos dos artificios, las explicaciones y las creencias, nos dan un marco argumental donde orientar nuestras acciones. Si no contamos con ninguno de estos marcos caemos en la incertidumbre, esto básicamente genera temor, y con él, la paralización o la agresividad. Los reiterados fracasos de las explicaciones y creencias acerca de lo histérico, la permanente frustración, pueden generar en el terapeuta conductas agresivas por impotencia, de ahí que a muchas de las prácticas clínicas de principios de siglo las consideremos crueles, como el uso del dolor como instrumento terapéutico.

 

 Desde la óptica del médico general, ¿cree usted que cambió la manera de encarar este tipo de cuadros?

Creo que la difusión masiva de los conceptos psicoanalíticos posibilitó que las personas en general, y los médicos en particular, tuvieran una actitud más tolerante con las personas que padecen histeria. Sin embargo, el fenómeno les resulta tal inasible como siempre. Por lo general, el médico clínico deriva estos casos al psiquiatra.

 

 ¿Opina usted que se evalúa correctamente el aspecto clínico en un cuadro compatible con histeria? ¿Por qué?

La histeria, desde lo clínico, puede aparentar síndromes clínicos orgánicos por su capacidad de imitación. Pero estas apariencias nunca son completas y luego de varios tratamientos y derivaciones fallidas, o bien con una semiología fina, se puede llegar al diagnóstico de histeria. Esto marca la dificultad inicial de hacer un diagnóstico adecuado y que no hay pautas o criterios sólidos de signos y síntomas que permitan realizar un diagnóstico inicial. Esto se debe más a la versatilidad de lo histérico que a la incapacidad nosográfica. Pero una vez que el estímulo sintomático genera la idea de estar ante una histeria, allí las conductas terapéuticas se hacen más claras.

 

 ¿Cómo se relacionan la psicopatía y la histeria?

El psicópata nunca no es un ser opaco, es un ser que genera una luz especial, independientemente de la valoración ética que hagamos de esa energía. Es una forma de ser en el mundo con necesidades especiales y formas atípicas de satisfacerlas. Esto, junto a la cosificación, es lo nuclear en la psicopatía. El psicópata es un ser que trabaja para sí mismo. Puede tener rasgos de la histeria pero se diferencia netamente del neurótico histérico en la calidad de su accionar, el rédito obtenido, y en la performance del concepto de culpa. El neurótico paga siempre un precio por la manipulación y sus beneficios secundarios; el psicópata –como está satisfaciendo sus necesidades especiales– no siente ese displacer interno que llamamos culpa en su accionar psicopático. Es un error muy difundido creer que el psicópata carece de la capacidad de sentir culpa. El psicópata siente culpa como cualquier otro ser humano cuando transgrede sus propios códigos, pero no cuando sus acciones están armonizadas con sus códigos internos, aunque el hecho sea considerado aberrante por los demás.

 

 ¿Qué tipologías pueden destacarse dentro de dicha relación?

En el terreno de las psicopatías es posible plantear diferentes “tipos” que presentan rasgos histéricos. La clínica clásica los diferenció en fantasiosos puros, seudólogos fantásticos y farsantes. El fantasioso puro es aquel que tiene exacerbada su fantasía pero no la traduce en actos, se mantiene en ese terreno o sólo la verbaliza, “vive en un mundo de sueños”, puede estar ausente, distraído. El seudólogo pone su imaginación al servicio de sus objetivos, miente sistemáticamente y con una finalidad, siente placer por fabular y aparentar más de lo que es, obtiene beneficios materiales pero como un efecto colateral a su necesidad de estima. Esto lo diferencia netamente del farsante, donde el beneficio material es lo importante; por lo general es amable y seductor, y también un actor nato; el farsante utiliza la mentira y la fabulación para manipular hacia objetivos materiales, es estafador.

 

 ¿Podría mencionar algún ejemplo de cada tipo?

Un ejemplo de seudología fantástica tuvo lugar en los ’70, cuando Pérez de Cuellar era secretario general de la OEA. Se presenta en Buenos Aires un joven de apellido Pérez de Cuellar en misión de representar a su padre. Contacta con gente de una provincia del litoral. Como hijo de Pérez de Cuellar y por tal misión fue invitado por el gobernador de una de estas provincias a visitarla, dándosele hospedaje en el mejor hotel. Llamaron la atención los finos modales del joven, su acento extranjero, su amabilidad, su buen porte, su don de gente y su simpatía. Así, fue agasajado durante algunas semanas con todo lujo y tratado como el mejor. Un día se presenta en el hotel una señora y pide por su hijo. “¿Quién es su hijo?”, le preguntan. “Mi hijo es Pablo Pérez”, responde. “Acá no hay ningún Pablo Pérez”, le responden. A lo que ella dice: “Es quien ustedes conocen como el hijo de Pérez de Cuellar”. Gran revuelo. Posteriormente la señora cuenta que su hijo se había ido de su casa y, para su sorpresa, lo ve luego por tevé rodeado por el gobernador y otros personajes importantes. Pide a su hijo volver a Buenos Aires. Pablo, al momento de descubrirse su chanza reconoce todo, que es lo característico del mitómano, y parte con su madre después de semejante actuación.

El ejemplo del farsante tiene como protagonista al hombre que vendió dos veces la torre Eiffel. El conde Víctor Lustig, como se hacía llamar. Por 1925 un señor muy elegante que residía en el mejor hotel de París se entera de que se realizarán algunas refacciones en la torre Eiffel, a partir de lo cual se le ocurre la idea de vender la torre como chatarra. Manda hacer papelería muy semejante a la oficial e invita a todos los chatarreros franceses a participar en una licitación de compra del material de chatarra. Se presentan varias personas a las que plantea que el gobierno francés decidió deshacerse de la torre, dado el enorme costo que conlleva su mantenimiento, por lo que se ofrecen en venta alrededor de siete mil toneladas de hierro. La condición que pone es el absoluto silencio al respecto dado que si el pueblo francés se entera de esta decisión, por el carácter simbólico que la torre posee, armaría un gran revuelo –cosa que el gobierno no quiere que suceda–. Se presentan las ofertas y el conde no elige a la persona que ofrece la cotización más alta sino a la persona más vulnerable. Le informa que lo ha elegido para ganar la licitación, siendo que había mejores postores, y que él sólo cobraría su sueldo por tamaño trabajo... ¡le pide una coima! Toma la importante suma de dinero producto de la coima y huye hacia Austria. Cuatro meses después vuelve a París, hace la misma operación con otros chatarreros, pero esta vez es descubierto y debe huir a Estados Unidos.

 

 

 ¿Cómo es la visión actual del DSM-IV sobre el tema? ¿Ha variado?

El concepto de histeria como unidad clínica se dispersa en el DSM-IV a través de las nuevas nominaciones de trastornos somatoformes, facticios y disociativos. Sin embargo, este acto quirúrgico no agrega absolutamente nada al conocimiento de la histeria ni ha mellado el cuerpo fenoménico del cuadro. La histeria es como un elefante muy grande que no se deja cubrir con sábanas falaces ni se deja diseccionar.

 

http://www.siicsalud.com/dato/dat043/05606021.htm

 

Columnista Experta de SIIC Hugo Marietán

Fecha de aprobación: 12 de Noviembre, 2004
Primera edición en siicsalud: 8 de Junio, 2005

Sección Artículos originales, subsección Expertos del Mundo,
página http://www.siicsalud.com/des/des043/05606021.htm

Especialidad principal:

Psiquiatría.
Especialidades relacionadas:

Clínica Médica.

 

 

 

 



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