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Creando lobos
Basamento psicológico de las doctrinas

Hugo Marietán, 1998. www.marietan.com


Para crear un nuevo sistema de creencias debe destruirse el sistema de creencias anterior.
Todos estamos sustentados mentalmente en un sistema de creencias. Creemos que las cosas son como las pensamos. Decía Ortega y Gasset, y en esto concordamos plenamente, que somos nuestras creencias. Y las creencias son la construcción de un sistema de valores y en consecuencia de jerarquización. El trasfondo es ético (el sentido de lo que se considera bueno o malo) y estético (de lo que se considera como bello o feo).

Los instintos básicos
El principio de lo que se valora como bueno a su vez deriva de un instinto básico: el de supervivencia y un subsidiario, el gregario. El instinto de supervivencia se apoya en lo estrictamente biológico y está ajustado a la naturaleza, el imperativo es el de permanecer, durar como materia viviente el mayor tiempo posible. Y el instinto gregario que es un derivado del instinto de supervivencia, consiste en la tendencia a formar grupos, ya que el grupo es contenedor y facilita la defensa del individuo.
La otra gran base que está relacionada con la supervivencia, no ya del individuo sino de la especie, consiste en el instinto de procreación, aquello que impele al individuo a aparearse con otro individuo del sexo complementario para generar nuevos individuos.

El egoísmo y sus límites
Como las apetencias individuales son absolutamente egoístas y tendientes a satisfacerse, chocan con las apetencias y deseos de los otros individuos. Para que se mantenga un grupo debe producirse la limitación a esas apetencias para facilitar la cohesión. Esta división del territorio se observa en todas las especies movientes (animales). Cualquier animal tiene un territorio de acción de donde obtiene su alimento y puede conseguir el objetivo de aparearse para tener una cría. El animal debe defender el territorio con fuerza o astucia de lo contrario otro animal se apoderaría de éste, quitándole la posibilidad de sobrevivir o procrearse.


Normativas o leyes
El humano utiliza una serie de normativas para fijar esos límites. En lugar de usar la fuerza directa para delimitar territorios, se vale de los principios o leyes. Si alguien invade el territorio de otro individuo, no es el agredido el que va a generar la acción contra agresiva directa, sino que el grupo se encarga de castigar al intruso. En consecuencia, esto hace que la fuerza de represión no esté colocada en el propio individuo que sufre el ataque, sino que esté colocada en el grupo. Este sentido de protección del grupo sobre el individuo tiene como contrapartida que este debe hacer su aporte al grupo y limitarse en su accionar. Debe frenar sus propias apetencias en función de mantener la armonía y la obediencia de las normas para que el grupo siga siendo tal.

Creer en la norma
Para conseguir que un individuo frene sus apetencias en función del grupo, debe creer que las normativas que está siguiendo son verdaderas y válidas y que corresponden en esencia al sentido ético del bien. Ese sacrificio de sus apetencias o esas limitaciones (no arrebatar cosas que no le pertenecen, no entrometerse en territorios ajenos, no violar individuos para aparearse sexualmente), se dan porque el individuo tiene un sistema de creencias, obedece a las normativas que a su vez le permiten armonizar en la comunidad. El individuo debe creer en esas normas, que llamamos genéricamente leyes; en la equidad, en lo justo de las mismas. Debe creer que esa justicia corresponde en esencia a lo bueno, en el sentido ético del término bueno, para la comunidad y a su vez, por efecto reflejo, si es bueno para la comunidad también es bueno para él, para su descendencia y su núcleo familiar. Si el individuo no cree en eso no puede respetar esas normativas y nos las obedecerá o tratará de sortearlas.

La costumbre
Por aprendizaje directo o indirecto el individuo sabe qué es lo que puede hacer y qué no en una comunidad. Existe la costumbre de no entrar a una casa a tomar por sí mismo un elemento que se quiere y llevárselo. Cuando se ejerce ese hecho que es desacostumbrado se le da un término como hurto o robo. Porque hay una norma que dice que si se entra a una casa que no le pertenece y toma un objeto y se lo lleva a la suya, eso es un robo, en consecuencia existe una penalidad para ese robo, el grupo se encarga de penar al individuo que ejerce una acción en contra de las costumbres.
Cualquiera tiene el deseo, como individuo, de obtener objetos. A ese deseo se le opone este límite que dice "eso no se puede obtener de esa manera". Pero para reprimirse, se debe creer que esa auto represión es algo bueno. Me reprimo por algo bueno, en sentido de que si yo no lo hago va a haber otras personas que no hagan esas mismas cosas sobre mí o sobre mi familia. En consecuencia se toma esa normativa y de esa manera el individuo se reprime por una "justa causa", por una normativa que va a beneficiar a la comunidad y por sentido reflejo a él. Si yo me reprimo otros se reprimen y lo dañoso no puede ocurrir sobre mí tampoco. Si llega a ocurrir algo dañoso hacia mí existe, en el grupo, una continencia en el sentido de solidaridad que me va a ayudar a contrarrestar el daño, y a solucionarlo y a castigar o penar a aquel que lo ha causado.

Creencias y moral
Esta base ética del sentido de lo bueno es una creencia, es un mero artículo de fe. Repetido constantemente en una comunidad, desde cuando se es bebé, toma cuerpo y "se hace carne" en el accionar de la gente. Por eso cuando alguien libera sus instintos y tiene acciones de acuerdo a sus apetencias sin importarle nada más que eso, nos sorprende y nos produce malestar e inseguridad. Eso lo vemos cotidianamente cuando en un noticiero aparece que un hombre asesinó a su esposa, que otro robó un banco, eso sorprende, nos resulta desentonante con nuestras creencias en el siguiente sentido: yo, puesto en el lugar de esa persona, no lo haría, por temor a ser castigado, por temor a que otros hagan lo mismo sobre mí o sobre mi familia. Este es el concepto normativo o legal del sistema gregario de contención.
El otro sistema de contención es algo más fluido en cuanto a normativa y tiene mayor relación con las características de subgrupos dentro del macrogrupo. Corresponde a la moral, que también es otra forma de establecer lo que está bien y lo que está mal pero ya con un sentido más metafísico. En la moral subyace la creencia de sentido del bien y del mal con raigambre no en la letra pura de la justicia sino en sentido individual, lo que se cree como bueno y lo que se cree como malo y que es compartido por subgrupos dentro del general.
Con más claridad lo vemos en el tema de las religiones. En una comunidad existen distintos tipos de religiones y cada una de ellas establece para su subgrupo lo que está bien y lo que está mal, cómo ejercer el bien y cómo evitar el mal. Los católicos tienen una serie de consignas, los mahometanos otras, y los judíos otras. Las religiones y las creencias teológicas o teleológicas por lo general parten de la base del ordenamiento legal y normativo, las religiones mayoritarias tienen como base primera la observancia de las leyes y de las normas (al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios) y por sobre eso agregan un plus que es una serie de indicaciones de tipo religioso de ética superlativa que se refiere a lo que está considerado como bueno o malo por sobre lo normativo o lo legislativo. Eso hace que las religiones no choquen con el orden establecido en una comunidad. Hay coexistencia entre las normas de la ley y las normas religiosas. Hay un accionar del imperativo de las leyes más el imperativo ético religioso sobre el individuo que emerge a la vida comunitaria. Para él ese sistema de creencias es lo real, lo justo y lo válido.

Distinguir lo malo de lo diferente
No le parece para nada raro lo que acontece en su comunidad en el sentido de la observancia de las leyes y sí le parece raro y malo lo que sucede en civilizaciones distintas; por ejemplo los africanos que hacen ablación de parte de los órganos genitales femeninos para que las mujeres sean más fieles. Esto parece una barbaridad y una cosa disparatada, sin embargo, en esas comunidades africanas se espera con anhelo esa extirpación de parte de los genitales porque indica para las mujeres un valor: pasar a ser una mujer adulta y un miembro en su grupo. Y para ellos que han mamado de chicos ese tipo de creencias es absolutamente válido y bueno lo que pasa con este accionar.
Una cosa es lo malo en sentido estricto y colocado en un nivel superior de observación y otra aquellas cosas que son diferentes a nuestras creencias. Hay que diferenciar lo que alguien considera como malo pero que es simplemente algo que no le conviene a él como individuo, de lo que es considerado malo porque es negativo para un grupo o algo diferente al patrón de costumbres que tiene esa comunidad.

La ética como convención
Todos estos valores éticos en el sentido de malo tienen sus bemoles ¿malo para quién y en qué circunstancias? Y ¿desde qué sistema se está mirando como malo el accionar de algún subgrupo o individuo?. Llegamos a la conclusión de que el sentido de lo malo o lo bueno es simplemente una convención, un acuerdo del macrogrupo sobre qué cosas deben hacerse y cuáles no.
Si una persona mata a otra, se dice que eso está mal. Pero si la persona que mata a otro tiene un uniforme y el muerto es aquel que ha invadido una propiedad o agredido a otra persona, eso ya dejó de ser algo malo y pasó a ser justificado y es un deber del uniformado para con su comunidad, que debe preservarlo de aquel que ha transgredido la norma. Un hecho malo para el individuo que ha sufrido la muerte, es bueno visto desde la comunidad que se libera de un transgresor, de alguien que no ha podido controlar sus apetencias en pro de la normativa de la comunidad. Entonces aquí podemos abordar el tema siguiente.

Adoctrinamiento
Partimos en tanto individuos, de un sistema de creencias. Sólo podemos generar otro si es destruido primero el de base. Comentando el caso de la joven Soledad, la anarquista ecológica argentina que ha muerto ahorcada en Italia, vemos con claridad este concepto. Soledad era una chica de clase media con un buen pasar económico totalmente ajustada a su comunidad. Era estudiante de buenos colegios secundarios y egresa con una carrera terciaria sin ningún tipo de problemáticas, lo cual indica que había seguido las normativas y las leyes del grupo de tal forma que no desentonó con las costumbres. Nunca tuvo "problemas" con los encargados de reprimir cualquier transgresión (nunca fue presa ni tuvo problemas sociales) tampoco fue transgresora de las normativas "morales" (como una prostituta). No ha desentonado en el sentido legal ni en el moral, ha tenido una vida adaptada. Como premio por haberse recibido su padre le paga un viaje a Italia, allí se enamora de un anarquista ecológico italiano, un soldado que trata de preservar a la Tierra de la contaminación y destrucción de la vida natural. ¿Cómo hacer para que una persona como Soledad, totalmente ajustada a su sociedad, se convierta de pronto en una anarquista al punto de llevar armas y colocar bombas en los sistemas de ferrocarriles, vivir en la clandestinidad y transgredir todas las normativas jurídicas y morales en las que se ha basado su vida hasta ese momento?

Las bases del adoctrinamiento
Este proceso que se llama "lavado de cerebro", "adoctrinamiento", "ideología" consiste en dos pasos básicos
a) Destruir las creencias de base.
b) Reemplazar esas creencias por otras nuevas.

El pensamiento
Para entender estos pasajes de una creencia a la otra primero debemos entender cómo funciona nuestra mente al respecto. Nos ubicamos en nuestro medio en función de una característica de nuestro cerebro que es generar pensamientos. Los pensamientos son armados neuronales que generan virtualmente una representación del ambiente y una proyección a futuro. Permite identificar las cosas, encontrarles una relación causa-efecto, y genera la intelección de finalidad. El pensamiento en sí no es más que un instrumento de los instintos primarios de los que hemos estado hablando (sentido de supervivencia como individuo o como grupo). Es un medio para conseguir la satisfacción de los instintos básicos en tanto individuo biológico, por eso necesita ubicarse e identificar el qué y el por qué de las cosas para poder entender luego la finalidad, el para qué.
Este sentido de finalidad debe tener una coherencia y esta se consigue evitando el principio de contradicción. Al generar pensamientos de acuerdo a las normativas lógicas, evitamos el principio de contradicción. La vivencia de que las cosas tienen un orden. Se cree en un sistema pero no en otro sistema contradictorio. Si es coincidente con el sistema lógico del grupo de pertenencia, el comportamiento es adaptado.

Minar el sistema de creencias
Si alguien tiene un sistema estructurado de pensamientos y el adoctrinador quiere que esa persona cambie ese sistema de creencias debe destruirlo, generando contradicciones, dudas. "Lo que has creído hasta ahora es equivocado, erróneo, perjudicial, malo". Las dudas generan inseguridad, porque éste provee un marco de referencias ajustado a la comunidad y le da al individuo tranquilidad. Eso va reafirmando sus valores éticos en sentido moral y legal.

El uso de la duda
Si el adoctrinador genera en el individuo la duda que esos patrones son erróneos y perjudiciales o peor aun, si lo convence de que eso tiene una bondad parcial, que sirve para un determinado subgrupo pero que a su vez es malo para el macrogrupo, puede ir minando esa creencia. En los '70 se decía que el estándar de vida de la clase media y alta era bueno para ese subgrupo pero era malo para el macrogrupo de la sociedad. Que eso era posible porque otros subgrupos se estaban sacrificando para que las clases media y alta pudieran disfrutar de bienes que no le correspondían. La clásica diferencia entre burgueses y asalariados.
Se tomaba una persona de clase media, por ejemplo un estudiante universitario ajustado a su sistema y se comenzaba a atacar cada una de las creencias de su sistema de vida. Una vez que se creaban las dudas se le injertaban nuevas ideas (porque el individuo es su creencia y si se le destruye su creencia básica, ésta debe ser reemplazada por otra)

Generar valores supraindividuales
Las apelaciones que utilizan los adoctrinadores siempre apuntan hacia el macrogrupo. El adoctrinador sabe que si se aferra a su principio de individuo no va a conseguir nada de él, por lo que va a apelar a la responsabilidad del individuo dentro de su grupo. "Debes dejar de estar aislado y comprometerte con esta responsabilidad que tienes para con tu grupo". Siempre el adoctrinador debe tratar que el individuo entienda que lo que está haciendo hasta ahora es algo egoísta y que no está pensando en los verdaderos valores del macrogrupo. La causa que debe llevar adelante el adoctrinador siempre es magnánima, es supraindividual, va más allá del individuo y del grupo en sí. Por ejemplo la idea de la patria grande, la idea de que todos somos iguales o como en el caso de Soledad que lo más valioso es la preservación de la Tierra. El adoctrinador debe convencer al individuo de que sus valores actuales son insignificantes, egoístas y malos en comparación con la propuesta, la cual es todo lo contrario (justa, superlativa, corresponde a un bien superior).

Denigración de los antiguos valores
El trabajo es constante y consiste en la denigración de todos los valores que el individuo sustentaba hasta ese entonces, denigración de su sistema de vida familiar, de su sistema de valores individuales, de su sentido egoísta del concepto de comunidad.
Eso se consigue a través de generar ideas contradictorias y replanteos de cada uno de los actos del individuo. En los años '70 se decía que si se había ido a una escuela privada era porque el padre había tenido dinero suficiente para eso. ¿Por qué el padre tenía ese dinero? Porque ejercía un trabajo en una empresa con el que ganaba ese dinero. ¿Por qué esa empresa podía pagarle ese dinero? Porque esa empresa hacía trabajar a muchos individuos que ganaban menos de lo que debían ganar y de esa forma había un plus de ganancia que obtenía la empresa a fuerza del sacrificio de muchos que ganaban menos de lo necesario para la subsistencia mínima y en función de eso podían pagar a sus ejecutivos un dinero que era muy superior al de un obrero. Por lo tanto el padre era uno de los cómplices de la explotación de esos individuos y ese dinero era "sucio", ergo su educación estaba pagada con dinero "sucio". Todo lo que él había sido estaba basado en el sacrificio de muchas de personas que hacia que viviera holgadamente como un "chancho burgués" mientras muchas personas luchaban para conseguir un poco de pan.

Crear conciencia
Argumentos como estos hacían que el adoctrinado pudiera reflexionar y replantearse qué había sido su vida hasta ese entonces y adquirir lo que el adoctrinador llamaba "conciencia".
En síntesis, por seguir tus apetencias egoístas estás descuidando el interés general. Adoctrinarlo consiste simplemente en sacar a la persona de su planteo individual y crearle una inquietud que no estaba presente. Esa persona estaba tranquila, tenía un plan de vida, una trayectoria a seguir, entonces se le genera una inquietud, se le quita la finalidad, se le socavan las bases doctrinarias y se le genera inquietud, intranquilidad y sentimiento de culpa: "por tu inactividad y tu no participación estás del lado de los malos. Tu inacción favorece a los malos que no pueden ser contraatacados porque no contamos con tu colaboración".

Darle nuevos valores y otro grupo de pertenencia
Después de eso viene la valorización (el reforzamiento positivo) de todo accionar que vaya en pro del mejoramiento del nuevo adoctrinamiento de la persona. Si la persona rompe ligazones con sus padres por considerarlos en la década del 70 burgueses y colaboradores de los explotadores, entonces todas esas acciones son bienvenidas y agasajadas por el grupo que lo está adoctrinando. Si el individuo se va de su casa es recibido por el grupo como una acción de concientización. Y así se van socavando todos los otros valores hasta conseguir que el individuo adopte la doctrina del grupo que lo está absorbiendo. Eso se consigue creándole una nueva identificación de las cosas, una nueva relación causa - efecto (una relación más amplia y acorde a ciertas finalidades del subgrupo) y adquiere otro por qué. Finalmente, se da una teleología, un sentido de finalidad, un para qué, que necesita de esa doctrina nueva, de ese cambio de vida. Ese para qué siempre debe estar más allá del grupo y del individuo y debe corresponder a algo superlativo, debe ser grande, magnánimo, no el objetivo mezquino de una vida con una casa, un auto, vacaciones. Eso tan burgués debe ser reemplazado por ser un soldado de la tierra, alguien que defienda a la humanidad, que esté comprometido y concientizado para lograr la preservación del medio ambiente, no solamente para el individuo sino para toda la humanidad.

La doctrina justifica las acciones
Por eso si se tiene una finalidad superlativa, que está más allá de los grupos, resulta fácil hacer que el individuo emprenda acciones que sepa que son claramente destructivas y que puedan generar la muerte de otros individuos. Si yo soy un soldado de la Tierra, si mi misión es preservar a la Tierra y salvar a toda la humanidad, no es tan importante colocar una bomba en un tren de monocarril y que mueran 300 personas, eso es un sacrificio necesario para evitar que el exceso de tecnología afecte a amplísimos sectores de la ecología terrenal. Mueren estas 300 personas pero se consigue que sobreviva el espacio ecológico que después dará bienestar no ya a esas 300 personas sino a todo el resto de la humanidad. En el caso de los '70, ese sacrificio y esas acciones se hacían por la independencia de la nación y para conseguir una patria grande, libre de los monopolios y de los imperios. El fin era patriótico: defender a nuestra tierra, a nuestra Argentina y preservarla para nosotros y nuestros hijos que vivirían con mayores derechos e igualdad. Esa argumentación superlativa hacía que un estudiante universitario de clase media pudiera tomar un fusil o armar una bomba y colocarla en un lugar sabiendo que mataría a otros de su propia comunidad, pero esa persona era un "enemigo" del ideal superlativo (la patria; la Tierra).

Morir por la idea
El pensamiento tiene capacidad de autodestrucción y puede colocar al individuo en una situación de peligro. Es instrumento de los instintos pero puede ser un elemento de autodestrucción y esto se consigue a través del adoctrinamiento. Se puede tomar a cualquier persona, destruir sus creencias, inculcarle nuevas creencias y colocarle un fusil en la mano para que dispare. Lo hace con absoluto convencimiento porque está trabajando para un nuevo bien, un nuevo orden. Aunque esa acción conlleve la posibilidad de su propia muerte (muere por la causa, por la patria, por la tierra).

Alienación e idealismo
Viéndolo desde el enfoque de una comunidad, viéndolo desde afuera, el accionar de estas personas adoctrinadas puede generar la falsa noción de que están locos o están enfermos. Nada de esto es cierto, simplemente han conseguido quebrar sus creencias. ¿Por qué la gente se inquieta y cree que es loco su accionar? Porque tiene temor que ellas puedan caer en ese tipo de acciones. "No puede ser igual que yo, deben estar locos". Al ver con claridad el tema y saber que cualquier persona puede ser adoctrinada se genera mucho temor y miedo. A su vez permite preservar al individuo, que ya está alerta de que cosas así pueden suceder con cualquiera, eso lo ha visto la humanidad a través de todos los tiempos. Se puede convencer a un subgrupo dentro del mismo país de que el otro subgrupo es malo y generar una batalla, como nos ha pasado en los '70, o en Alemania donde se consideraba "malos" a los judíos, o los malos, ahora, son los iraquíes. Entonces un muchacho joven, adaptado a la comunidad, tranquilo, generando sus apetencias de trabajo, familia, de pronto lo vemos con un arma en la mano tirando en el desierto contra los iraquíes, sin siquiera preguntarse qué hace él ahí. De cuestionárselo diría estar luchando por la libertad, contra la tiranía, para preservar a la humanidad de un salvaje como Saddam Hussein y lo hace convencido porque esa es una facultad que tiene el pensamiento de mudar de finalidades, de creencias.

Cosificar para matar
La otra cuestión es cómo hacer que una persona pueda eliminar a otra y sentir que eso es justo y que es bueno hacerlo. A cualquiera le resulta extremadamente difícil matar a otra persona en tanto y en cuanto lo consideremos como un igual. Por esto el adoctrinador debe hacer que la persona adoctrinada considere al enemigo no como otra persona, no como un igual, sino como un objeto. Debe conseguir la despersonalización del enemigo, que el otro pase de la categoría de persona, con nuestras mismas vivencias y sentires, a ser un objeto, una máquina, un autómata. Se puede matar a una cosa, es fácil hacerlo, pero es difícil matar a un igual. Todo el adoctrinamiento consiste en volcar en el enemigo elementos negativos hasta que el adoctrinado lo cosifique. El soldado que se enfrenta a nosotros no es un individuo sino que es una basura, alguien inútil para el bien, es una cosa manejada por las fuerzas negativas. Este sentimiento está arraigado en cualquiera de nosotros y lo vemos en una simple competición de fútbol. En el partido Argentina - Inglaterra, Inglaterra era una basura que debía ser eliminada, en esos momentos los ingleses eran una porquería. Se genera, a niveles mínimos, ese sentimiento de que aquel que se opone a nuestras creencias es distinto a nosotros. En el adoctrinado, ese nivel se exacerba hasta llegar a la cosificación del enemigo.

Nutrirse es agredir (ver nota 2)
Las guerras religiosas son las más paradójicas de las guerras porque todos luchan por ideales semejantes en cuanto a la estructura (la preservación del individuo, la comunidad y de la creencia de ese individuo, todos pelean por un Dios). Todo general cuando planifica una guerra o una batalla sabe que va a haber bajas en su bando y en el contrario y de gente que no está en ningún bando, los civiles. Esas bajas están también contempladas, es el mal menor dentro de la guerra, los llamados "efectos colaterals". También hay que recordar que esto corresponde al instinto de nutrición. Nutrirse es agredir y significa defender su territorio, de ahí derivan estas cuestiones.

Delincuente o policía
Otro punto es el tema del delincuente, aquel que cambia por motus propio sus creencias o bien que sus creencias no se ajustan a la creencia general y que sus valores son distintos y no corresponden a un grupo sino a satisfacer sus instintos individuales sin tener en cuenta las normativas generales. Debe hacerse la distinción de que, si los valores por los que se rige una persona son individuales y únicos, es un delincuente. Cuando comete una acción contra terceros, y esa acción está llevada a cabo siguiendo la normativa general, puede ser un agente del orden, policía o militar. No es lo mismo que alguien mate por robar, a que alguien mate al ladrón porque está defendiendo los intereses de la comunidad. La acción es la misma, pero la valoración es distinta. Por eso nos resulta repugnante que un policía sea a su vez ladrón o asesino, está quebrando doblemente la normativa, y genera un intenso sentimiento de inseguridad: el que nos debe proteger nos perjudica a sabiendas.


Notas:
1) Las doctrinas son más accesibles cuando existe una insatisfacción en el individuo que será adoctrinado. Siempre se usa la persuasión, la gratificación y el temor.
2) Nutrirse es agredir, hay necesidad de incorporar vida para seguir viviendo. La vida se alimenta de vida. Necesitamos matar para vivir, sólo matando al otro podemos vivir en el sentido que el otro es un objeto, se convierte en un alimento (vaca, cerdo, planta) que deja de tener jerarquización y valor como ser vivo para convertirse en un objeto de alimentación. Cuando comemos un bife, no estamos pensando en la vaca como ser vivo que pasta, que camina, que mira, sino que vemos una sectorización, un pedazo de carne que es un alimento. No solamente es una cosificación, sino que es una sectorización del concepto mismo del todo. No tomamos el todo, el concepto de vaca como animal, sino que lo tomamos como una parte de ese ser que es un pedazo de carne. Lo mismo ocurre con los vegetales, aunque la noción de vida es mucho más lejana para nosotros en tanto animales, el vegetal está, por lo aparentemente inanimado, muy lejano al concepto de vida que tenemos de ello. Sin embargo, en ciertas ocasiones, con las flores o plantas de nuestro jardín que cuidamos podemos interrelacionarnos y resonar afectivamente con ellas. Nos parece absolutamente cosificado y objetivizado como alimento cuando es una verdura o fruta. La vida necesita de la vida para seguir siendo vida.
En el caso de las mascotas se da el hecho de que no sólo la personalizamos, le damos una forma de ser, sino que se la humaniza, se le da un sentido humano a la mascota. El primer paso para humanizar a una mascota es darle un nombre, deja de ser un perro para convertirse en Jasmín.
El segundo elemento es rodearlo de un grado de afectividad. Nos produce una resonancia afectiva especial ese perro o gato, o cualquier mascota con la que interactuamos prolongadamente. En las zonas rurales, al criar un animal para la faena, como los cerdos, por un tiempo son convertidos en mascotas. Muchas veces se da esa dualidad de la que hablamos, el hecho de humanizar al cerdo y alimentarlo todos los días, ver como crece y generar cierto contacto afectivo. Hay un intercambio afectivo entre estos dos animales, uno hombre y otro cerdo. Es afectivamente inquietante el hecho de que se esté alimentando un ser para que después se convierta en alimento. Sin embargo, la costumbre hace que ese animal destinado al sacrificio pueda convertirse en mascota y después ser considerado parte de un jamón o un salame. A pesar de que ha adquirido las distintas jerarquías, luego se lo desjerarquiza para cosificarlo y finalmente sectorizarlo como alimento. Esto también se da en episodios de hambruna, como en la guerra de los servios, en donde, agotados los víveres, lo primero que fue utilizado como alimento fueron las mascotas. Podemos llegar al caso extremo con los uruguayos que cayeron en los Andes y tuvieron que comerse a sus propios amigos y familiares. Para hacer eso tuvieron que cosificarlos, sectorizarlos y saber que eso que estaban ingiriendo crudo no era Anita o Juan sino que era un pedazo de carne, un pedazo de vida que ayudaba a la vida.
El hecho de que la mente se adapte o ubique de acuerdo a las distintas etapas que está pasando el individuo, corresponde a los distintos niveles con que se cubren las necesidades. Si tenemos aceptablemente cubiertas nuestras necesidades vitales podemos controlar los excesos de apetito, comportarnos como "una persona adaptada". Si no tenemos cubiertas las necesidades esenciales en tanto ser vivo, los valores adquiridos en cuanto a cultura y el resto de las abstracciones van siendo menos rígidas hasta que esas necesidades son cubiertas. La mente tiene elasticidad para quitar las abstracciones y justificar los actos que llevan a satisfacer las necesidades esenciales como son el hambre, el frío o cualquier cosa que pueda poner en riesgo la permanencia, el concepto de durar del ser vivo. La mente encuentra el justificativo para realizar cualquiera de esas acciones.

3) En los años 70 se solía contar la Leyenda de Paúl X que era un docente gris de una Facultad. En ese momento estaba la Facultad bajo el control de la Juventud Universitaria Peronista, sector montonero. Hacía falta un decano que coincidiera con las ideas de la doctrina de los montoneros. Como en aquellos tiempos el que elegía al decano era el grupo montonero se decidió que el que más o menos se acercaba a estos conceptos era este hombre. Se le propuso el puesto de decano, el cual era un puesto figurativo porque el poder lo ejercían los secretarios que eran del área montonera y así fue como este hombre gris de un día para otro fue puesto en un plano de relevancia en la facultad. Por supuesto fue adoctrinado convenientemente y fue a tal el grado de "conversión" de este hombre que llegó a ser un "cuadro" montonero (una jerarquía de líder) y luego un dirigente importante de la Universidad, con el apoyo del grupo político. Eran tiempos duros, en plena guerra entre la izquierda y la derecha peronista, en la época de Isabel Perón. Ambos bandos se eliminaban entre sí con atentados y bombas.
Cuentan que una noche estaba Paúl, su esposa y su pequeño bebé en su departamento. Era de madrugada, se produce una enorme explosión en el edificio. Se corta la luz. Paúl lo primero que hace es tomar a su bebé y salir hacia la puerta, a oscuras. Con su bebé en brazos llega hasta el pasillo y tanteando busca la escalera. De pronto se da cuenta, tarde, que la bomba había destruido la puerta del ascensor y él se encontraba al borde del hueco del ascensor, tambaleándose. En ese momento se da cuenta que si no suelta a su hijo, muere. Abre los brazos para tomarse de las paredes y el chiquito cae por el hueco del ascensor. Llegó a tanto el grado de adoctrinamiento de este hombre, que la muerte de su hijo en esas circunstancias fue usada como bandera para atacar políticamente al bando contrario.
 



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