Semiología Psiquiátrica y Psicopatía

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Sordos a Dios


Un perverso disfrazado de sacerdote, y ejerciendo toda su vida como tal, abusó de 200 niños sordos desde 1950 a 1974. Este pederasta confeso fue denunciado por tres obispos en distintas oportunidades, pero los hombres encargados de la “disciplina” eclesiástica prefirieron preservar el buen nombre de la Institución antes que salvar a otros niños de los abusos de este psicópata perverso suelto. En lugar de un castigo, lo enviaron a otro destino donde seguía relacionado con niños.
Los responsables del saneamiento de los sacerdotes, los encargados de la “justicia” en la Iglesia, parecen tener valores distintos a los de la población común, que pide una condena justa para estos depravados. La población común está compuesta por muchos católicos y varios fueron padres de esos chicos abusados por el perverso, que aprovechaba el momento de “la confesión” para disfrutar de ellos.
Las voces que protestaban no fueron escuchadas, las denuncias de los propios colegas religiosos no fueron oídas, el sufrimiento de por vida de los niños sordos rebotaba contra el muro de silencio. Los que debían administrar justicia eran sordos a las denuncias, sordos a su doctrina, sordos a Dios.
Y lo dejaron seguir, hasta que el perverso, viejo y amparado por la oscura sotana de la Institución, murió.
Ni tampoco así se abrió el expediente para investigar la vida de semejante psicópata. Se cometió una injusticia, se creó una mancha en la milenaria institución, que junto a las otras manchas roen la credulidad en la Iglesia.
¿Pueden aquellos 200 niños sordos, ahora adultos, por fin hacerse escuchar por el anquilosado oído de los que no los quieren escuchar?
¿Puede la acción de un psicópata y la complicidad del justiciero de la iglesia prevalecer por sobre las secuelas de esos 200 abusados  y continuar con el injusto código de silencio?
¿Puede el fuero civil en el futuro, ante la ineptitud del fuero eclesiástico, rasgar la sotana protectora de perversos y someterlo a la justicia ordinaria sin más miramientos que el de procesar a un pedófilo?
Es bueno para la Iglesia depurarse de aquellos que distorsionan la doctrina y empañan la beatitud de los principios religiosos. Piénsese que no se condena a un sacerdote, sino a un perverso psicópata que se ha disfrazado de sacerdote para libar en los feligreses más pequeños, aquellos que puramente se entregan a las manos de un ministro de la fe, sus más oscuras y pervertidas necesidades especiales. La Iglesia, y cualquier otra Institución, debe arrancar la cercanía de estas manos degeneradas de los cuerpos infantiles; de las personitas que comienzan a adquirir valores y se ilusionan creyendo que ese adulto, al cuidado del cual los dejaron sus padres, le brindará la caricia espiritual que los ayude a abrigarse de la hostilidad del mundo, y ni se imaginan chocarse con unas manos deseosas de encontrar en sus genitales la calma que le impele sus pervertidos instintos. Ellos, los abusados, jamás superarán esta experiencia y la mácula los acompañará de por vida, obstaculizando sus relaciones íntimas con sus parejas. Los psicópatas, los perversos en este caso, seguirán siendo lo que son, inconmovibles, invariables, estén donde estén y los castiguen como los castiguen.
Y debo recalcar, una y otra vez, que no somos iguales, que debemos aprender a reconocer las diferencias, y a distinguir a los psicópatas. Por inercia solemos decir “un sacerdote abusó de un niño…”,  “un profesor violó a una alumna…”, “un médico descubierto como pedófilo…”,  “un policía…”; generando la falsa idea de que la profesión o la institución crea a estos degenerados, con el agravante de que al mencionar la profesión o la institución se mancha y se genera con ello una sospecha sobre todos los que ejercen esa profesión (“Si es profesor de gimnasia puede ser un pedófilo”, “Si es sacerdote el celibato lo puede llevar a ser perverso”, etc.) y no es así. Evidentemente no es así. De los miles de profesores a cargo de chicos, de los miles de sacerdotes que educan, de los miles de médicos pediatras que asisten niños…, la enorme mayoría son profesionales muy alejados de la perversión. Sólo una minoría (el 3 %) escondidos detrás de un título, de una sotana, de un guardapolvo, usa su profesión como coto de caza para satisfacer su perversión. No es entonces un médico, un sacerdote o un profesor, es un psicópata perverso disfrazado.
Los medios de difusión deberían hacerse cargo de educar sobre esta diferencia evitando los titulares que anteponen el diploma o profesión a la palabra pedófilo (“Un sacerdote pedófilo”) y titular adecuadamente “Un pedófilo que ejercía como sacerdote…”. Eso ayudaría bastante a informar a la población de que estos perversos existen, que deambulan donde hay niños, que hay que estar alertas, y que ni el diploma, ni la profesión genera a estos psicópatas.
No somos iguales. Distinguir no es discriminar, es conocer, como lo decía Anaxágoras, seiscientos años antes de Cristo.
Dr. Hugo Marietan, 27 de marzo de 2010

 

Nueva denuncia contra el Papa por proteger a otro cura pedófilo
27/3/2010:|El diario "The New York Times" esta vez acusó a Ratzinger de haber aceptado años atrás en su diócesis de Munich a un religioso alemán que había violado a varios niños y que volvió a abusar en su nuevo destino. El Vaticano negó la acusación. Por: Julio Algañaraz
Fuente: http://www.clarin.com/diario/2010/03/27/um/m-02168385.htm
Apenas al otro día de haber denunciado al Papa por encubrir a un cura pederasta norteamericano en 1996, cuando Joseph Ratzinger era el responsable de la defensa de la doctrina y la disciplina en la Iglesia de Juan Pablo II, el diario "New York Times" volvió a la carga. En su edición de ayer acusó a Benedicto XVI de haber aceptado en su arquidiócesis de Munich, Alemania, al sacerdote Peter Hullermann, que cuya transferencia le había pedido la diócesis de Essen después que "el padre H", como era llamado con discreción, había violado a varios chicos. El Vaticano respondió indignado que "el Papa no sabía" que Hullermann había sido reincorporado a la actividad parroquial, que aprovechó para cometer nuevos abusos sexuales porque había sido aceptado por Ratzinger solo para que recibiera un tratamiento psicológico contra sus tendencias pedófilas.
El padre Hullermann fue condenado en 1986 a 18 meses de cárcel con prisión condicional tras violar a dos chicos. Su último asalto sexual a un menor fue en 1998.
Según The New York Times, que realizó una investigación en Munich, la capital de Baviera (tierra natal de Benedicto XVI), el 15 de enero de 1980 se realizó una reunión en la sede del arzobispo, cardenal Joseph Ratzinger, que menos de dos años después fue llamado a Roma por el Papa Juan Pablo II para promoverlo a prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el ex Santo Oficio, como guardián de la ortodoxia católica y de la disciplina eclesiástica.
En esa reunión, afirma el Times, se aprobó el traslado del sacerdote pedófilo Hullermann de Essex a la arquidiócesis de Munich Freising. Según el Vaticano, el cardenal Ratzinger dispuso que el cura abusador recibiera un tratamiento psiquiátrico y no realizara actividad pastoral. Pero poco después su adjunto, monseñor Gehard Gruber, le permitió incorporarse a una parroquia. Gruber se asumió "toda la responsabilidad de ese error".
The New York Times sostiene que el arzobispo Ratzinger sabía que Hullermann había vuelto a sus actividades clericales. Ayer, el vocero del Vaticano, padre Federico Lombardi, afirmó que el actual Papa "no sabía de la decisión de hacer volver al sacerdote H en la actividad pastoral parroquial. Cualquier otra versión es pura especulación", agregó el padre Lombardi. El diario norteamericano cita a dos sacerdotes para afirmar que Joseph Ratzinger fue informado del permiso a Hullermann a volver a su condición parroquial, entre chicos de los cuales algunos fueron sus futuras víctimas. Afirma que Ratzinger leyó y aprobó una nota firmada por monseñor Gruber. Cita al reverendo Friedrich Fahr y al reverendo Lorenzo Wolf. Pero ninguno de los dos afirma categóricamente que Ratzinger sabía.
La Iglesia comenzó ayer a movilizarse en defensa del Papa. Lo hicieron primero los obispos franceses en una carta a Benedicto XVI en la que afirman que "probamos vergüenza y amargura frente a los hechos abominables perpetrados por algunos sacerdotes y religiosos" Los obispos galos lamentaron "las faltas y errores pasados" respecto a los casos de pederastía. Aplaudieron la intención del Papa de "adoptar medidas estrictas para evitar que se reproduzcan abominaciones similares". También denunciaron "una campaña de denigración y de calumnias organizadas para manchar la figura del Papa", por lo que le envía "un mensaje de solidaridad".
En Italia, la Iglesia, el gobierno y los grandes medios de comunicación católicos condenaron "la campaña denigratoria" contra el Papa. A su vez, el arzobispo de Westminster, Vincent Nichols, escribió en el diario Times de Londres que "me avergüenza lo ocurrido y comprendo la ira que han producido esos casos". Señaló que Benedicto XVI ha llevado a cabo acciones para luchar y denunciar los abusos sexuales cuando era prefecto de la Doctrina de la Fe, durante el pontificado de Juan Pablo II. "No es un mero observador. Sus acciones hablan tanto como sus palabras", elogió el arzobispo.
The New York Times acusó en su edición del jueves al entonces cardenal Ratzinger de haber encubierto al sacerdote pederasta Lawrence Murphy en 1996, que entre 1950 y 1974 fue responsable de abusos sexuales contra 200 niños sordomudos en un instituto católico de Milwaukee. El Vaticano negó las responsabilidades del actual pontífice en el "caso trágico" y dijo que el Vaticano se enteró veinte años después de los hechos.

Larga lista
Por: Silvina Heguy
Más de doscientos chicos sordos abusados por un solo cura en EE.UU. Otros cientos sometidos en Irlanda por curas católicos. Más de 300 adultos alemanes víctimas de sacerdotes en su infancia. 4.392 curas estadounidenses condenados por haber llevado al calvario sexual a más de 10 mil menores entre 1950 y 2002. Las víctimas mexicanas del fundador de la poderosa orden Los Legionarios de Cristo -con dos familias ocultas y que, además de aprovecharse de los más débiles, utilizó su poder para tapar sus atrocidades-. La lista escalofriante sigue y no alcanza para poder aproximarse a lo vivido por cada una de las víctimas. Vidas destruidas que cargaron con el dolor del abuso más la impotencia de la denuncia tapada. Crímenes protegidos. Que hoy los protectores pidan perdón suena a tarde y darlo queda en el terreno personal. Es su pasado que los condena. Faltará que les llegue la Justicia de los hombres.

 

 

 

 

 

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