Psicopatía, psicópatas y complementarios

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Carta

Mi hija, la sinfónica

Complete datos de la persona que se presume como psicópata:

Edad: 20

Estado civil: soltera

Profesión, estudio o trabajo que realiza: Profesora

Lugar de residencia actual, ciudad y país: Argentina

Sexo: femenino

Otro dato de interés: los refiero al final, en la pregunta ¿Desea agregar algo más?

 

Datos de quien contesta el cuestionario (imprescindibles):

Edad: 49

Lugar de residencia actual, ciudad y país: Argentina

Profesión, estudio o trabajo que realiza:  Profesora

Sexo: femenino

¿Qué relación tiene o tuvo con esta persona?: madre

¿Cuánto duró/dura la relación?: -

¿Cómo la conoció?: -

¿Qué le atrajo/ atrae de esta persona?: -

¿Qué es lo que más le hacía/hace sufrir?: su falta de empatía, de afectividad.

 

 

A. Satisfacción de necesidades distintas

 

A1. Uso particular de la libertad

¿Cree que todo es posible? Sí. Continuamente direcciona su vida en función de distintos proyectos alocados. Por ejemplo, en una oportunidad, se le ocurrió estudiar medicina, cuando no tenía condiciones objetivas ni subjetivas para tal carrera. Otro día, se apareció con la idea de ir a Suiza a perfeccionarse en el violín, cuando bastaba con un mínimo análisis económico-racional para advertir que no era posible.

Impedimentos: ¿Tolera las frustraciones y los fracasos? No. En la oportunidad de un concierto  (a los 16 años) se puso frenética porque no le salía un pasaje musical, y arrojó con violencia contra el piso el arco del violín que era carísimo. En otra ocasión, salió segunda en una audición para entrar en una Orquesta Sinfónica de  y responsabilizó al presidente del jurado (su profesor) por haber favorecido a alguien que “no sabía tocar como ella”.

 

A2. Creación de códigos propios

¿Respeta la ley y las normas comunes? No. En tercer año de la escuela media, lideraba revueltas en el curso contra los profesores, y se “encubría” en el anonimato del grupo. Asimismo, nunca le importó ni ejerció el deber cívico de ir a votar en las elecciones.

¿Sigue su propia ley y sus propios códigos? Sí. A los 16 años, cuando se fue a vivir a Cba. capital con su hermana que estudiaba en la Universidad, había pactado con ella estudiar violín durante la mañana, mientras su hermana cursaba, y además preparar el almuerzo. Nada de esto cumplió y dijo que “ella no había pactado eso y que si su hermana quería estudiar en silencio, que fuera a una biblioteca pública” (durante las tardes, invitaba a amigos y amigas de la Orquesta a tomar el té y a jaranear en el departamento). Además, en el mismo período, dormía de día y permanecía hasta altas horas de la madrugada escuchando música y tomando mate en el balcón, o haciendo baños de inmersión en la bañera porque decía que tenía stress y que de sólo tocarse sentía dolor en la piel.

¿Carece de remordimientos o de culpa? Sí. En la misma época, comenzó a fumar a escondidas, y cuando sus padres nos enteramos a través de la hermana mayor, lloró pero no por haber ocultado o mentido, sino porque la amenazamos con traerla de vuelta a nuestra ciudad . Otro episodio: en enero del 2009, habiendo ya pasado “mucho agua debajo del puente”, vino  con una actitud muy “compradora”, y cuando su hermana mayor le recriminó que su madre (o sea, yo) había sufrido mucho por un episodio que se suscitó en diciembre de 2007[1], ella dijo con sorpresa y displicencia: “¿En serio? ¡Pero no era para tanto!”.

¿Le echa la culpa a los demás de sus errores? Sí. En febrero de 2009, recibimos en nuestra casa llamados anónimos que la trataban de “mala persona”, “usadora” y “lesbiana” (y que, además, le estaba haciendo “mal a J.”). Para nosotros fue una confirmación demoledora porque pensábamos que vivía con cuatro chicas en otra dirección (ella nunca permitió, durante 2008, que fuéramos a su casa). Ante esto, le enviamos un mail (no sabemos cuál es su dirección ni cuál es el número de su nuevo teléfono, y además es imposible mantener una comunicación telefónica adulta). La respuesta de su mail fue: “Porqué no le preguntás a tu prestigioso psicólogo amigo porqué soy lesbiana? Gracias a dios me alegro de no haber nacido de un repollo. Así como yo hago terapia estaría buenísimo que uds. también piensen en hacerla”. A los pocos minutos, llegó otro mensaje con el asunto “última cosita…” que decía: “Espero que ahora dejen de gastar tanto tiempo en preocuparse por mi y empiecen a observar el núcleo familiar. Mis problemas, mis tacs, mis tpi, los trato con mi analista[2]... enfrenten de una vez por todas las verdades y dejen de ocultarlas o negarlas. Nadie es perfecto. No me como más ese verso.”.

Además del ejemplo referido, puedo citar: *echó la culpa de que se iba  a ver a su profesor de violín; *se peleó con su profesor de anterior porque no la había hecho entrar a ella a la Orquesta Sinfónica; *se peleó con el director de la escuelita de música donde actualmente trabaja porque le dieron el Auditorio por 2 hs. para que hiciera un concierto, y ella se tomó casi 3 (una vez más, la culpa la tenía el director por no promover los buenos conciertos); *se peleó con un integrante de la Orquesta Sinfónica y lo trató de “puto reprimido” (el motivo que ella arguyó fue que, sin querer, le había tocado la cola a este violinista con la punta de su pie desde el atril de atrás. Ante esto, el afectado presentó una carta al Director de la Orquesta para que la sancionaran); etc.

También, le echó la culpa a su ortodoncista de que le había dejado la mordida torcida, cuando era ella la que no iba a los turnos, y encima le dejó debiendo dinero que yo tuve que ir a pagar luego ($80).

¿Repite errores? Sí. Desde febrero de 2006 hasta julio de 2007, estuvo viviendo con esa amiga J., hasta que, por motivos que desconocemos, la echó de su casa (ella dijo que era porque el hermano de J., que hacía pocos días se había ido a vivir con ellas, “le había llenado la cabeza” a su hermana, y porque la hacía limpiar como un burro de carga y él se arrogaba su tarea). Ante esa circunstancia (julio de 2007) fuimos con mi marido en su auxilio y le alquilamos un hermoso departamento. Pero sucedió que en marzo de 2008, empezó con la idea de que iba a dejar el departamento por motivos económicos. Nosotros le dijimos que le daríamos más dinero (la mensualidad en aquel momento era de $1.200), pero se empecinó y se fue a vivir (eso fue lo que dijo) con cuatro supuestas chicas. Para nuestra sorpresa, en realidad, se había vuelto a “amigar” con J. y se habían alquilado un departamento juntas (a esto lo supimos por los llamados anónimos).

 

A3. Repetición de patrones conductuales

¿Repite de la misma manera las acciones negativas? Sí. Tiene una gran dependencia del alcohol y, sabiendo que es dañino para su salud (es raro porque es bastante hipocondríaca), toma a la ligera esta dependencia y sigue consumiendo en demasía. Baste mencionar que es una “experta” en tragos con bebidas blancas.

¿Tiene algún signo que anticipe sus conductas negativas? Sí, pero más que sus conductas negativas, hay elementos que hacen sospechar que va a comunicar un hecho negativo ya consumado. El elemento de anticipo habitual es “mover la cola”, esto es, comportarse lisonjeramente (diciendo lo que uno quiere escuchar), traer regalos de poca monta, magnificar algún tipo de conquista, plegarse a los valores del núcleo familiar (por ejemplo, los diálogos en la mesa), etc.

La última vez que vino a nuestra casa (enero de 2009) trajo alfajores, remeras para su hermanas (cuando es bastante tacaña para con la familia), se comportó cordialmente con su padre (que últimamente, ni la hora le daba), dialogaba en la mesa y “compartía” opiniones y puntos de vista con algunos de nosotros, cuando siempre se caracterizó por contradecirnos y no dialogar. Nosotros nos ilusionamos pensando que había cambiado y madurado. A los pocos días, recibimos los llamados anónimos en los que referían su maldad, su uso de las personas y su lesbianismo. Esto hecho marcó una profunda quiebra para toda la familia: ¡fue como si nos hubiera arrasado un tsunami!

 

A4. Necesidad de estímulos intensos

¿Tiene conductas de riesgo? Sí. Consume mucho alcohol y vive mucho de noche. Igualmente, por fotos que ha subido a su Space (tiene también Facebook, pero le dijo a sus hermanas que no aceptaba amigos, cuando éstas comprobaron que no era así), se ve rodeada de círculos lésbicos con mujeres que son muy mayores y que aparentan ser bastante “heavy”.

¿Se aburre con facilidad? Sí. Cada vez que viene a nuestra casa, nos empieza a organizar nuestra vida en función de sus tours: ir a visitar la ruta pesada (una zona de prostitución en la ciudad a la que siempre nos negamos a ir); ir a dar vueltas por el centro y la costanera; ir a pescar; ir a comprar helado; ir a manejar ella el auto en la quinta; etc. Asimismo, pasa gran parte del día tirada en la cama boca arriba (antes tenía un equipo de música, así que ponía música de Sabina a alto volumen, sin importarle el vecino que se ha venido a quejar porque sufre de los nervios), y cuando dice que está “re aburrida” le dice a su hermana menor: “Divertime”.

En otras oportunidades, cuando la situación en los almuerzos y cenas era muy tirante, ella decía con violencia: “¡Acá falta el muerto!”, como diciendo “Esto es un velorio.”

También, manifestó que últimamente la Orquesta Sinfónica (en la cual estaba como contratada), la aburría y hacía mímica en los ensayos (ella está en los primeros violines). Incluso, dijo también que se aburría dando clases a los “pendejos”, por lo cual empezó a comprarse juegos didácticos que supuestamente eran para hacer las clases más divertidas para sus alumnos.

En general, es abúlica y “comodona”. Para la Navidad de 2007, por ejemplo, vino un día antes y cuando todos estábamos trabajando denodadamente y a contra reloj, ella estaba en una reposera, tomando cerveza y tocando la guitarra (decía que le ponía “el elemento artístico” a la tarea).

¿Tiene proyectos de vida a largo plazo? No. Cuando su padre le preguntaba qué pensaba hacer durante el año, ella le respondía: “¡Uh! ¡Falta tanto para que empiece el año!”. Asimismo, cada seis meses tiene un nuevo “proyecto”. Primero fue ir a vivir a un lugar; luego, ir a vivir a otro lugar. En una localidad, se cambió de lugar, tres veces. Dejó la Orquesta Juvenil y fue a tocar a un pub, los viernes y los sábados. Empezó la Licenciatura de Composición Musical en una Universidad Nacional d, y dejó al mes. Empezó francés, y dejó al año (con italiano había pasado lo mismo). Quiso empezar Medicina, pero dijo que “llegó tarde al cursillo de ingreso”, y eso la puso triste. Hace poco tiempo, conoció a una violinista de jazz, y quiere ir a tomar clases con ella a Bs. As. Igualmente, le envió a los músicos de Sabina un demo porque quiere ir a tocar con ellos (últimamente, tiene la idea fija de “ser famosa”). Está tomando también clases de canto, y dice que ella puede dar una nota sobreaguda que es excepcional. Ha abandonado el violín, y toca la guitarra, y quiere empezar en una escuela de composición y música popular  (porque dice que escribe muy bien y que quizá puede llegar a ser una compositora famosa).

¿Abusa de drogas o alcohol? No sabemos de las drogas, pero sí del alcohol en exceso.

¿Tiene conductas raras o perversas en lo sexual? Considero que el lesbianismo en ella se presenta como una conducta desviada. Desconocemos si ha habido engaños o ha tenido parejas paralelas a esta relación con J., pero sospechamos que sí. Igualmente, tiene la idea fija del sexo, y consume muchos programas televisivos relativos a la temática (The L Word; Sexo al Desnudo con el Dr. Drew; Alessandra tu sexóloga; programas de Utilísima relativos a cómo encarar el sexo con tu pareja, etc.).

En el perfil de su Facebook (cuando había aceptado a sus hermanas), escribió que le gustaban las películas de monjas lesbianas y depravadas, y contó lo mismo en una cena en casa (no dijo nunca el nombre de la película).

¿Tolera situaciones de mucha tensión? Sí. Siempre nos llamó la atención que pudiera dormir a oscuras y sola sin sentir miedo alguno. También, cuando le comunicamos que la acusaban en llamados anónimos de lesbiana, no se inmutó y dijo que le gustaría sentarse con la persona que la acusaba en una mesa de bar, para preguntarle por qué la envidiaba tanto e inventaba esas cosas.

Hace poco, cuando le expresamos que en octubre de 2009 íbamos a dejar de pasarle la mensualidad porque iba a ser mayor de edad, respondió por mail: “yo no me llamo "1000 pesos por mes" ni sostengo el vínculo familiar a través del dinero. Así que voy a ser buena: les dono ese dinero para invertir en lo que quieran. Yo estoy muy bien con mi sueldo, con mis amigos y en el amor...”. A los pocos días, volvió a mandar un mail, inventando la necesidad urgente de una nueva ortodoncia para lo cual necesitaba $6.000 y que con cuánto la podíamos ayudar… Se le respondió también por mail: “Respecto del dinero, contás con lo que se te va a depositar mensualmente, más el pago de la afip y el abono de teléfono, hasta el mes de octubre de 2009, inclusive, tal como nosotros lo hemos decidido y te lo hemos comunicado en su oportunidad.”. Su respuesta final, la última que hemos recibido y después de que nos ha insultado y denigrado, fue: “Bueno genial, muchas gracias. Besos”.

 

B. Cosificación de otras personas

¿Es egoísta? Sí. Hubo un episodio muy impactante en febrero de 2008. Ella estaba en nuestra casa y su papá se ofreció a llevarla en auto hasta la casa de ella (en aquel entonces, vivía sola en el departamento que le habíamos alquilado). Ella accedió inmediatamente porque no le gustaba viajar en colectivo. Salimos temprano, fuimos al supermercado para hacerle una compra importante, fuimos a almorzar y, una vez en el departamento, su padre le hizo algunos arreglos. Nos pidió entonces que nos fuéramos porque ella tenía que salir a la tarde con sus amigos y tenía que prepararse tranquila. Yo le dije que no sea tan desconsiderada y que, por lo menos, necesitaba recostarme una hora en la cama. Tras esto, tuvimos que volvernos con una tormenta terrible en la ruta. Ella no se conmiseró en lo más mínimo.

Otro hecho llamativo: en un almuerzo, aquí en casa, me dijo que ella jamás optaría por formar una familia como yo porque “los pibes te enquilomban todo y te cagan la vida”. Su padre le dijo: “Si tu madre hubiera pensado de la misma manera, vos no estarías hoy aquí”. Ella se encogió de hombros y no hizo mayores comentarios.

Por último, recuerdo que para el último cumpleaños de su padre, dijo que no iba a venir porque tenía que volverse al día siguiente y eso le daba dolor de columna.

¿Se cree superior a los demás? Sí. Otra vez, vino con la historia de que se había raspado la pierna con un clavo. Como es hipocondríaca, quería ponerse la vacuna contra el tétanos. Eran las 11 de la noche, y tuvimos que hacer un rally para conseguir la vacuna por toda nuestra ciudad y la ciudad vecina. Además, había que ver quién se la iba a colocar. Logramos encontrar una dependencia municipal  que lo hizo. Su comentario fue: “¿Acá me voy a poner la vacuna, con estos negros vacuneros de cuarta?”.

Otro episodio fue en un hipermercado . Estaban en un bar con su hermana menor, y ésta le preguntaba a la moza especificaciones sobre un submarino. Cuando la moza se fue, ella le dijo a su hermana: “No le preguntés tanto, no seas idiota. ¿No te das cuenta de que es una resentida que ni debe haber terminado el secundario? [3].

Siempre, además, trató de menos a su hermana menor (de 15 años). La última vez que vino a nuestra casa, en un almuerzo, hubo una discusión acerca de las pautas sociales y la naturalización de ciertas conductas en determinadas culturas (v. g., el abuso de menores). Su hermana más chica dijo que el abuso a menores era algo que a los niños los violentaba y les hacía daño. Ella dijo, con violencia y desprecio: “¡¡¡ESO ES LO QUE A VOS TE ENSEÑARON!!!”.

¿Todos deben girar a su alrededor según sus deseos? Sí. Por ejemplo, cada vez que venía a casa, se venía con lo puesto (sin cepillo de dientes, sin desodorante ni ropa de dormir, ropa interior, peine, etc.). Inmediatamente, había que salir a comprarle todo lo necesario o se los sacaba a sus hermanas. También, como ya he contado, había que disponerse todo el día para sus deseos de diversión (ir a pescar, salir a dar vueltas en auto, comprar helado, jugar a la pelota, etc.).

¿Hace lo que quiere sin importarle las consecuencias? Sí. Cuando en julio de 2007 su amiga J. la echó de su casa, tuvimos que alquilarle un nuevo departamento con el ingente gasto que eso significó para la familia. Pero a los 11 meses, sin mediar reflexión, rescindió el contrato, tiró por la borda las garantías conseguidas y le dijo a la dueña que no le alquilaba más porque se había ganado una beca para Suiza (nosotros nos enteramos de esto porque llamó a casa el esposo de la dueña diciendo que no la podía ubicar, que tenía que pagar unas boletas de teléfono). Ahí ella nos pidió que la ayudáramos con $1.500 para la rescisión del contrato de alquiler. Esa fue la primera vez que le dijimos que no.

Por la misma época, ella era Concertino de la Orquesta Sinfónica Juvenil . Como había empezado a salir demasiado de noche, y tenía ensayos los sábados por la mañana, esto era algo que le molestaba. Así que decidió dejar la Orquesta sin más ni más, a pesar de que nosotros le dijimos que estar ahí era un importante trampolín para la Orquesta Sinfónica Municipal que es rentada. Reaccionó con ira diciendo: “¡No hablen al pedo si no saben cómo funcionan las cosas!”.

Empatía: ¿Le importa los sentimientos del otro? No. Desde el año 2005 hasta el 2008 inclusive, todas las noches yo la llamaba desde un teléfono fijo, desde un celular o le mandaba un mensaje de texto. Ella sólo contestaba. Jamás tomó la iniciativa de llamar o escribir ella, excepto cuando necesitaba dinero (ej.: “Tenés idea de cuándo me podés depositar la plata? Gracias. Besos a todos.”). Yo siempre le decía que me preocupaba por su vida y por lo que le pudiera pasar, pero a ella nunca le importaba. Todas las noches yo me iba a dormir con el celular debajo de la almohada esperando su llamado de regreso (habíamos quedado en que, cada vez que saliera, me iba a avisar cuando llegara). Una mañana eran las 9 hs. y no había recibido el llamado. Me desesperé y empecé a llamar desde nuestro teléfono fijo más de 50 veces a su celular y al teléfono fijo que tenía en el departamento. Ya pensábamos con mi marido dar parte a la policía. Cuando por fin atendió dijo que se había “colgado” en un bar con J., porque se habían amigado… después del episodio que la había echado de su casa.

En diciembre de 2006, por otra parte, cuando todavía estudiaba algo de música clásica, la entusiasmamos para que participara en una selección de jóvenes músicos para participar en una Orquesta en Alemania. Fuimos yo, ella y un pianista acompañante a Bs. As. Pocos días antes, había sucedido el episodio que refiero en la cita a pie de página N° 1. Familiarmente, tuvimos un gasto tremendo (pasajes, hotel, comida, honorarios del pianista, inscripción, etc.). Tocó “sin alma”, un desastre. Además, durante los dos días, me trató como una piltrafa, negándose a dialogar (se daba vuelta y se dormía), caminaba seis pasos adelante mío sin esperarme cuando salíamos a pasear, etc. Cuando llegamos a casa, en lugar de volver conmigo , tomó el primer colectivo a su casa  y tuve que quedarme esperando 5 hs. sola. En ese viaje yo le pregunté: “¿A vos te parece que tus padres vamos a querer tu mal?”. Me respondió, dándome la espalda: “Y… no sé”.

¿Manipula? Sí. Una vez fue a participar de otro concurso (mediados de 2006). La llamé a la noche para saber cómo le había ido, y me respondió lacónicamente: “Estoy en un bar. En este momento no te puedo atender porque el mozo me está tomando el pedido”. Cuando volví a llamar le agarró un ataque de locura y me dijo a los gritos que ella no iba a seguir tocando más con ese “arco de mierda” que tenía, y que tenía que comprar otro urgente que salía $ 5.000. Yo tuve que convencerlo inmediatamente a mi marido para distraer dinero de una casa que estamos construyendo, para que le compráramos el arco.

También, cada vez que venía a casa, empezaba a revisar, entre otras cosas, el placard de su hermana más chica y decía que “la pendeja” tenía mucha ropa y que a ella no le compraban nada. Insistía todo el día en ese tema, hasta que al otro día yo salía a comprarle algo o la “gratificaba” con una cartera o un perfume mío o de sus hermanas.

¿Seduce? Sí. Cuando quiere, es encantadora. En una oportunidad, a los 15 años, se había empecinado en ser amiga de dos mellizas, hijas de la profesora de inglés de su colegio. Las mellizas eran mucho más grandes que ella (le llevaban más de 5 años). Para lograr su cometido, empezó a acercarse a ellas en donde las encontraba, se invitaba a la casa a tomar mate, llevaba facturas, y hacía todo esto con la mejor de sus sonrisas y un excelente buen humor (es muy graciosa, cuando quiere). Después, se olvidó al poco tiempo de las chicas, y no les habló nunca más. Hasta el día de hoy, las chicas me siguen preguntando por ella.

Otro episodio: cuando estaba viviendo  con su hermana, invitaba a almorzar a un violinista que le decíamos “el bastón” (porque era petizo). Le preparaba unos almuerzos espectaculares, pero con la comida “especial” reservada para su hermana (todas las semanas, yo les daba una comida más rica para que la comieran el día que ellas eligieran). Esto mismo, hizo la primera vez que su padre visitó el departamento. Le preparó pollo con champignones… pero después, nunca más le ofreció ni un vaso de agua.

¿Miente? Sí. Las mentiras más sofisticadas hasta ahora han sido: que vivía en un departamento con cuatro chicas, mientras que lo hacía con J. (nos creímos esta mentira casi 8 meses); que no gastaba tanto crédito del celular que le pagábamos, porque ya no era tan dependiente de éste (nos enteramos que tiene otro teléfono con cámara, y otro número que no sabemos); que no vivía con perro alguno, cuando vive con J. y una perrita caniche blanca (nos enteramos por unas fotos que olvidó de borrar de una cámara que se compró, y tampoco nunca nos contó).

En otra oportunidad, en febrero de 2006, nos llegó una cuenta de $350 de teléfono. Mi marido reclamó a Telecom y pidió que le enviaran la lista sábana. Primeramente, le preguntamos si ella no había hecho los llamados. Lo negó. Insistimos, y aceptó que había llamado, pero no más de media hora. Cuando llegó la lista sábana, comprobamos que habían sido 5 hs. que había estado hablando con J. (en dos o tres llamadas interurbanas), y ella dijo que “se había colgado” sin darse cuenta. En esa oportunidad le hicimos pagar la diferencia con sus propios ahorros.

¿Actúa para conseguir lo que quiere? Sí. Cuando decidió irse a su departamento a principios del 2006, montó toda una historia de desavenencias con el profesor de música que no la estimulaba, que no tenía posibilidades de trabajo, que era imposible convivir con su hermana mayor, que había conseguido un excelente profesor  y que le cobraba menos la clase, etc. Así, empezó a viajar, pero al poco tiempo, dijo que su columna no lo soportaba, y que J., “que era como su madre”, le había ofrecido quedarse a vivir en su casa. Así, con un “tráfico hormiga”, fue llevándose todas sus pertenencias a su departamento.

Más adelante, cuando decidió irse del departamento en el que vivía sola, y ante nuestra negativa de ayudarla, pagó sola la multa, hizo el traslado sola, dio sola de baja a los servicios, dijo que iba a ahorrar más dinero, que iba a estar menos sola, etc.

Coerción: ¿Usa la agresión física para conseguir sus objetivos? No.

¿Usa la agresión psíquica para conseguir sus objetivos? Sí. Uno de los modos para conseguir dinero, por ejemplo, es decir que a su hermana mayor la mantienen con casa y comida, y que a ella le deben dar el equivalente. En una oportunidad, y refiriéndose con violencia a este tema, dijo: “Si Uds. no me dan la plata, no me ven más el pelo”.

También, en una discusión muy fuerte que hubo le dijo a mi marido que él era un dictador, que yo era un títere, que la hermana mayor reproducía al padre y que su hermana más chica era un pelele. En esta discusión, la pregunta había sido si J. era lesbiana… pregunta que nunca respondió.

Parasitismo: ¿Vive del esfuerzo de otro? Sí y no, a medias. Si bien trabaja, durante estos últimos cuatro años, ha recibido $1000 en efectivo más $200 que representan el pago de la AFIP (es monotributista para lo cual tuvimos que empanciparla) y el celular (además de ropa, regalos, pago de pasajes, peluquería, etc.). Todo los meses, y como única excepción, escribe un mensaje a principios de mes para saber cuándo le van a depositar el dinero.

¿Usa a las personas? Sí. A su padre siempre lo usó para que le pagara, le hiciera las mudanzas, le instalara los artefactos eléctricos, le hiciera los arreglos, etc. Después, lo despachaba de un plumazo.

A su abuela la hizo viajar  porque era una de las garantías para el alquiler del departamento (julio de 2007). Cuando ella murió, cuatro meses después de este hecho, solamente me mandó un mensaje de texto que decía: “Vos sabés que yo no tenía onda con la abuela, pero lo siento por vos”. De esa misma abuela decía: “Cuando  nos asomemos por el balcón y veamos una bola de grasa, ya sabemos que no tenemos que abrir”.

¿Logra distorsionar los valores y principios de los demás? Sí. La última vez que vimos, su hermana mayor estaba preparando las últimas materias para recibirse. Su hermana estudiaba en su pieza, en enero, mientras todos estaban en la pileta. Cada vez que pasaba frente a su habitación le decía: “Me das pena” y le insistía para que dejara de estudiar y fuera a tomar sol.

Cuando recibimos el primer llamado anónimo el 3 de febrero de 2009 al mediodía, tanto su padre como yo le hablamos inmediatamente. Cuando yo le pregunté si estaba haciendo cosas malas, espetó: “¿Qué es lo malo para vos?”.

Sirve también de ejemplo, la respuesta que le dio a su hermana menor cuando se discutía sobre el abuso de menores (“¡¡¡ESO ES LO QUE A VOS TE ENSEÑARON!!!”).

También, a los 15 años, se mostraba marcadamente abúlica en misa. Dijo que no quería ir más, y se la respetó. Pero más tarde empezó a inducir a su hermana menor para que no fuera también ella.

¿Es insensible? Sí. A fines de 2005, dio un concierto en el Conservatorio. Todos estábamos muy emocionados cuando terminó de tocar, sobre todo su abuela y su hermana mayor, y ella les dio una palmadita en el hombro y les dijo “Bueno, ya está, no es para tanto”.

Otra vez, pasó varios días sin dar señales de vida a través de los mensajes de texto. Cuando yo le dije que no sea tan insensible, que pensara que yo estaba sin poder dormir por lo que le pudiera pasar, y que se pusiera en mi lugar, ella respondió: “Bueno, está, está…”.

¿Es cruel? Sí. La última vez que vino, durante un almuerzo, me dijo que ella jamás seguiría mi camino, porque está bien querer formar una familia y tener hijos, pero que ella no iba a resignar su vida y sus sueños más grandes.

También, la última vez, se acostaba en un sillón del living a dormir la siesta (a donde sabe que no tiene que acostarse), y el perro iba a lamerla. En dos oportunidades, y montada en cólera, lo agarró al perro del cuello y le gritaba: “¡¡¡TE ODIO!!! ¡¡¡TE ODIO CUANDO HACÉS ESO!!!”.

¿Humilla y desvaloriza? Sí. Yo bajé 12 kg. t, y ella jamás me dijo nada. Su padre le preguntaba: “¿No la vez más delgada a mamá?”. Ella contestaba sin entusiasmo: “Sí, puede ser”.

Respecto de la humillación, en la Navidad de 2007, le hizo burla a una de sus primas que estaba sentada frente a ella en la mesa. Ella repetía las mismas frases que su prima decía, en tono burlón, imitándole la tonada (es italiana), y después emulaba a un niño con Síndrome de Down, mientras seguía burlándose de ella. Fue un episodio terrible y muy shockeante, a punto tal que prohibí que repitiera algo semejante en la última Navidad.

¿Extraña, echa de menos? No. Ella no pone nada de sí para mantener la relación, y en muchas oportunidades nos ha dicho “Eso es lo que les toca”. Han pasado hasta 5 meses sin que viniera a visitarnos, y cuando venía, no estaba más de 2 días. Con sus compañeros del secundario y de la Orquesta, por otra parte, no se habla más. Desconocemos la relación que tiene con sus actuales círculos de amistades.

¿Crea tensión y agotamiento en la relación con otras personas? Sí. Cada vez que venía, no hacía nada, dormía todo el día, se levantaba a las 2 de la tarde para almorzar, estaba engestada en la mesa, no dialogaba (y si se intentaba dialogar con ella, era para pelear), etc. Sus hermanas me han confesado que sentían hastío y fastidio cada vez que yo les decía que iba a venir. Decían: “Ahí viene la pequeña emperadora… ¡Ya van a tenderle la alfombra roja para que entre!” A su padre, por su parte, cada vez que escuchaba que estaba proyectando un nuevo plan, se le ponían los pelos de punta. Yo iba de desilusión en desilusión, engañándome y tratando de convencer a los otros de que ella había cambiado. Sin embargo, cada vez era peor, y eso lo sentía en mi fuero íntimo.

Por otra parte, tenía un amigo cercano, al que le hacía TODO tipo de desplantes. Él, por el contrario, siempre preguntaba por ella, la invitaba a sus cumpleaños, la buscaba  (el chico estudia allá). Ella respondía faltando a sus cumpleaños, no atendía el teléfono cuando sabía que era él, se escondía cuando se lo cruzaba en la calle, etc. El amigo se terminó agotando y nunca más la llamó.

¿Crea relaciones adictivas, dependientes? No lo sabemos. Sabemos, sí, que se caracteriza por mantener relaciones pendulares con amigos, que empiezan con un gran encanto, y que terminan cuando ella ya está aburrida y no les habla más. Eso sucedió con: los compañeros del secundario; los compañeros de la Orquesta; los compañeros de italiano; las mellizas que ya mencioné; sus profesores de violín; etc. De sus actuales relaciones, no sabemos nada, excepto pocos datos aislados.

¿Desea agregar algo más?

1. En la familia de mi marido, hay dos antecedentes de comportamientos similares al de mi hija. Uno es la tía de mi marido (por línea materna) –E. –, y otro es su hermana –P.–.

E. es alcohólica, tiene comportamientos altamente agresivos y estuvo internada en varios neuropsiquiátricos de Buenos Aires (capital y provincia). La familia desconoce el diagnóstico, pero mi marido cuenta que le hacían sesiones de hipnosis y en ellas decía que quería matar a sus sobrinos (o sea, mi marido y P.). P., por su parte, fue muy conflictiva desde chica, y su madre la llamaba “E.” (haciendo referencia a la “tía loca”). Cuando nosotros analizábamos el comportamiento de nuestra hija, siempre decíamos “a esto ya lo vivimos”. Nos referíamos a la frialdad emocional de mi cuñada; al hecho de que fuera encantadora por momentos; una tremenda manipulación; es compradora compulsiva; es fuertemente narcisista; sufre depresiones; es altanera y arrogante; creaba climas de convivencia insostenibles (por eso, hace más de 10 años que nos apartamos definitivamente de ella); es muy mentirosa; se ha peleado con los vecinos; padece anorexia nerviosa (bulimia en una época); es parasitaria (lo “vivió” al padre hasta que murió –ahora “vive” a su marido–); hizo pelear a toda la familia; enloqueció a sus dos hijos; etc. Cabe destacar que cuando nosotros la visitábamos en Bs. As., mi hija, incluso siendo muy chica (12 años), tenía una fuerte identificación con su tía, y hasta llegaba a burlarse como si fuera una persona mayor de sus hermanas y primos (esto es recurrente: sus núcleos de amistades, incluso su “pareja” y la gente que la rodea, siempre ha sido mucho más grande que ella).

 

2. Hemos advertido que padece de dolores de cabeza recurrentes, elemento que no estaba presente en ella. Asimismo, hemos constatado aumento de peso (a los 15 años, había comenzado una dieta en la que bajó más de 15 ks. Tomaba té todas las noches y salía a caminar a diario al polideportivo de nuestra ciudad. A partir de los 16, abandonó la dieta porque decía que había sido “anoréxica” y últimamente, ha engordado bastante); poco aseo (no se depila, no se corta las uñas, no se cepilla los dientes, se baña cada 2 o 3 días, etc.); abandono personal; déficit de atención, proceso de deterioro intelectual, en el lenguaje y en los modales. Ejemplo: respecto del deterioro intelectual, la última vez que la vimos, su hermana mayor habló del concepto de “propiedad privada”, y ella no entendía de qué se trataba, aun cuando se le explicó varias veces de diferentes maneras. Respecto del lenguaje, emplea palabras groseras, expresiones soeces que apuntan a lo sexual, etc. Respecto de los modales, la última vez que vino no controlaba los eructos y las flatulencias, incluso estando en la mesa.

 

3. Recuerdo que desde chica, su padre le decía que “estaba dominada por la hybris” (era muy pasional y desmesurada) y yo siempre decía que tenía una personalidad “problemática”: nunca quería ponerse la ropa que tenía; siempre estaba “entruchada”; era muy sensible y por todo se enojaba; siempre algo le dolía; faltaba a la escuela porque decía que estaba cansada, y resulta que faltaba porque no había estudiado para las pruebas (en 4° grado, las maestras me llamaron la atención, además, porque conversaba mucho con una compañera de banco); en jardín de infantes, decía que no encontraba las zapatillas y que por eso no podía ir a clases, pero en realidad las escondía, etc.

 

4. Antes de cumplir 20 años en octubre de 2008, manifestó que le deprimía cumplir 20 años, y luego contó que ese día (ya que no vino a festejar), se emborrachó y se fue a dormir deprimida. También, ha dicho lo mismo en la última Navidad (que las fiestas la deprimían), y al pie de una foto de su Space en la que está con un chico, escribe (textualmente): “Y terminamos lo dos solitos... borrachos... incomprendidos... solos en un bar... hablando de la existencia, delirando y finalemente deprimidos... jajajajaja...”.

 

5. En su última “visita”, apareció con un tatuaje en la parte detrás de la pierna izquierda. Era una “S” con las 4 líneas del pentagrama, y 7 figuras musicales, porque dijo que en la numerología el 7 era un número perfecto. Como todos nos sorprendimos, dio: “¡Ah! ¡Pero si yo les dije que me lo había hecho!... ¿Qué? ¿No les dije?”. Respecto de la numerología, hemos advertido un pensamiento “bastante mágico”. Por ejemplo: dijo que mi marido, por tener tetillas marcadas, tenía abundancia de hormonas femeninas, y que por eso no podía tener hijos varones; también dijo que si uno usaba corpiño con arco más de 12 hs., eso causaba cáncer de mamas (será por eso, que se presentaba sin corpiño a la mesa, y dormía desnuda con la puerta abierta de su cuarto); se había comprado unos caracoles para leer el futuro, que dijo que eran de una religión de Brasil o algo por el estilo; se hizo la carta natal, y dijo que su número de su vida era el 3, y que era un número de la perfección igual que el 7.

 

6. Es muy gastadora. Nosotros le aconsejamos que empezara a ahorrar dinero para comprarse algo importante. En julio de 2008, la persuadimos que hiciera un plazo fijo en un banco, a nombre suyo y mío (si bien desconfiaba de mí), por $5000. En agosto, a los 30 días, pidió que se lo remitiéramos, y se lo gastó compulsivamente en un anillo de oro blanco con zafiros; una cámara digital; un teléfono celular con cámara; etc.

 

7. Cada vez que viene, revisa todos los placares de sus hermanas; los archivos y las fotos de la computadora; el lugar donde guarda los ahorros su hermana menor (sospechosamente, le faltaron $50 y US$10); el bolso de su hermana mayor (que tenía armado para viajar); mi teléfono celular (del cual modificó un número que yo tenía agendado de una supuesta compañera de Orquesta. Un día que quise ubicarla de urgencia, pero ese número no existía); cajones y repisas; libretas de anotaciones mías con los gastos de la casa; etc.

 

8. La última vez que vino, dijo que quizá iba a tocar con los músicos de Sabina pronto. Le dijo esto a un peluquero, y éste miró con sorna a su compañero de trabajo, y se rieron. Ella se dio cuenta, y se enojó mucho. Más tarde, nos lo comentó a nosotros, y como nadie dijo nada, también se enojó diciendo: “¡Es re importante! ¡¿No me dicen nada?!”.

 

9. Dr. Marietán: deseo contarle, por último, cómo es nuestra familia. Somos 5 integrantes, y tenemos firmes valores religiosos, cívicos y morales. Somos unos padres muy comprometidos con la educación de nuestras hijas, y las hemos criado en un ámbito de respeto, diálogo, mucho humor y sobre todo libertad. Tenemos estudios universitarios (mi marido, yo y mi hija mayor), y pertenecemos socio-culturalmente a una clase media-acomodada.

Mis otras dos hijas, la mayor y la menor, siempre han sido elegidas mejores compañeras, son muy sociables y respetuosas con sus pares y las autoridades, y son muy competentes en sus tareas. Debido al contraste, nos preguntábamos una y otra vez, qué habíamos hecho mal al educarla a ella, pero hemos llegado a la conclusión que el error no ha sido nuestro, hay algo que nos trasciende. Hemos pasado, y estamos pasando, momentos de mucha angustia. Siempre confiamos en nuestras hijas. Por eso, cuando recibimos los llamados telefónicos anónimos, sentimos literalmente que se nos derrumbaba el mundo.

Así, tratando de comprender qué era lo que pasaba (y no me refiero al lesbianismo, sino a toda la situación de humillación que habíamos vivido a lo largo de los últimos 4 años), busqué en Internet “impiedad filial”, que era lo más fuertemente me afectaba. No encontré nada. Otro día, busqué a partir del narcisismo, y ahí con un link relacionado, llegué al trastorno de la personalidad En ese momento sentí que todas las piezas sueltas, se enhebraban en una patología. Se lo mostré a mi hija mayor, y ella no salía de su asombro: dijo que le parecía estar viendo una radiografía de su hermana. Mi marido, aunque con un poco de pesar, también adhirió. Así pues, seguimos buscando y leyendo papers científicos, y a los pocos días, mi hija mayor dio con su sitio web.

Con todos estos datos, le escribimos a ella diciéndole que creíamos que tenía este trastorno (en un mail, porque por teléfono es imposible hablar), a lo que respondió con tres mails. En el primero, dijo que “estaba triste y humillada”, que su vida era privada, pero que se veía obligada a decirnos que “era gay”, y que de haber dicho esto antes, probablemente, le hubiera evitado ser analizada con “psicología barata”. Seguidamente, dijo que tenía muchos y buenos amigos, que es una persona feliz, y que nos quiere mucho. En los otros dos mails que siguieron (a los pocos minutos), sin embargo, nos trató con una furia que nos desmoralizó.

Entendemos que esto puede serle muy útil para sus investigaciones.

Espero disculpe la extensión de la respuesta a este cuestionario, pero ha sido realmente una catarsis. Quedo a la espera de su amable respuesta, y me reitero para todo lo que Ud. considere necesario.

 

Con respeto,  Estela

 

 

 

P.D.: lo felicito por la labor que está haciendo, porque en todos los papers había leído anteriormente, no podía encontrar consejos para la familia o las personas que rodean a gente así.


 


[1] En diciembre de 2005, abandonó nuestra cas y se fue a vivir a un departamento con una chica de 28 años (ella tenía 16 y medio), que supuestamente era su alumna de violín. Dijo que iba a  para tomar clases con un nuevo profesor, porque el que tenía en  ya no la motivaba. Cuando sus padres fuimos a visitarla a la casa de esta amiga, en octubre del año siguiente (2006), tuvimos la fuerte impresión de estar frente a un caso de lesbianismo. Cuando su padre le preguntó, en diciembre de ese año, si J. (la amiga de 28 años) era lesbiana, ella reaccionó con ira, y el 1º de enero de 2007 –ella había venido a pasar las fiestas con su familia–, se volvió intempestivamente a su departamento.

[2] En su antepenúltimo mail, expresó que hacía 2 años que iba a una psicóloga. No podemos confirmarlo.

[3] Esto es curioso considerando que ella dejó de cursar el secundario cuando completó el CBU (los tres primeros años, de seis que son), y rindió libre en un bachillerato a distancia las restantes. La idea era que tuviera más tiempo para dedicarse al violín. En los parciales de dicho secundario, reiteradamente fue a rendir con machetes que descubrieron sus hermanas en una cartuchera.

 

 

 

 



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