Psicopatía, psicópatas y complementarios

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Carta

El semi despertar de la complementaria 

Dr. Marietan:

Su página me parece muy necesaria y a partir de su lectura  me vi reflejada y comprendí muchas cosas que no podía entender antes.

Después leí su libro “El complementario y su psicópata” y, al hacerlo, no podía parar de llorar. Era un llanto diferente a cualquier llanto anterior que tuve en mi vida, sanador o liberador por así decirlo. Era ver por escrito lo que yo sentía, como si me estuviera describiendo a mí, a mi pareja, a mi situación. Y, al mismo tiempo, como si con esa lectura terminaran de caer las últimas hilachas de las vendas que tanto me había costado quitar.

Pero fue más que eso.  Fue descubrir, comprender,  que mis parejas anteriores eran muy parecidas y me provocaban la misma adicción, aunque tuviesen otras características.

Yo no sé con certeza si mi última pareja es un psicópata. Le mando el cuestionario para que usted lo analice, aunque preferiría  que no lo publique en forma completa por muchos detalles que menciono. No quiero provocar nuevamente su ira. Es decir, me parece bien que lo publique, pero borre los detalles de identidad.

 Empecé a hacer terapia psicoanalítica hace tres años, la hice durante poco tiempo, empecé con la terapia porque quería saber por qué peleábamos tanto, si era yo la culpable, tal como él decía o era él como a mí me parecía.  Al poco tiempo la abandoné diciéndole a mi psicóloga, que había muchas cosas que me molestaban, pero que yo lo quería.

Cuando empezamos nuestra relación yo veía cosas que no me gustaban, que no encajaban, por ejemplo que él se quedara tomando vino todas las noches hasta las cuatro o cinco de la mañana, muchas veces se quedaba dormido en la silla, se levantaba tardísimo, no se organizaba con su trabajo, estaba lleno de deudas, tenía un desorden terrible en el departamento que alquilaba, la madre le lavaba la ropa, los amigos o parientes le prestaban dinero.

Yo pensaba que estaba atravesando un mal momento, pero sentía que era un hombre muy amoroso, muy inteligente, muy lector, le gustaba el cine, valoraba mis actividades, se interesaba por ello, era atento, caballero, y sobre todo, quería tener una pareja en serio, de tiempo completo, de amor hasta llegar a viejitos juntos.

No ocultó nada de su pasado, además yo lo sabía por una amiga. Él había vivido una situación de bigamia durante diez años y había tenido un hijo con su amante y una hija con su esposa.

Lo contó con dolor, y me dijo que quería cambiar. Según él había sufrido mucho en esa situación de mentiras, y quería otra cosa para su vida, empezar de nuevo, modificar las cosas, no deber más dinero, ordenarse.

Yo venía de dos separaciones y pensaba que ya no había hombres dispuestos a formar  una pareja en serio. Y que encima él reunía ciertas condiciones que a mí me atraían, era muy afectuoso, muy atento,  inteligente, culto, lector, romántico, le gustaba la naturaleza igual que a mí, parecía muy sensible.

Y por si fuera poco, era un profesional que se dedicaba a la prevención de la violencia. Para él, la mujer era lo más sublime, lo que había que preservar.

Supongo que también me atrajo  el desafío de que él quisiera cambiar, y sobre todo porque creía que era por mí, por el efecto de mi amor. Mi primer marido, el padre de mis hijos no había cambiado en todos los años que estuvimos juntos, y ahora, era como la posibilidad de revertir aquella historia:  que alguien, con mi ayuda, pudiera modificar conductas destructivas y autodestructivas. Y además él tenía tantas cualidades loables que valía la pena el intento.

Veía lo bueno de él, pero también veía lo otro. Y en el fondo, también, a la hora de admitir verdades, era como si al tener una pareja con defectos, me asegurara que se quedaría a mi lado eternamente. Esto era a nivel inconciente en ese momento. Recién lo puedo analizar así ahora.

Al poco tiempo de estar juntos, de novios antes de la convivencia, él empezó con  enojos sin motivo aparente. Se enojaba en forma desmedida y no podía contenerse. A mí me parecía estar frente a otra persona, y buscaba infructuosamente al anterior. Entonces empezaba a calmarlo de cualquier manera posible, con mimos, con explicaciones, con argumentaciones, con súplicas, con llantos, etc.

A veces el enojo se le pasaba a las pocas horas, a veces después de dos días. No me hablaba o me dirigía la palabra como si apenas me conociera, tenía cara hosca, se encerraba en sí mismo.

Cuando a él le pasaba el enojo y yo le explicaba lo mal que me hacía ese rencor, él me aclaraba que conmigo, era con la primera mujer con la que el enojo se le pasaba tan rápido, que en sus relaciones anteriores le duraba semanas. Llegó a enojarse el día de nuestra boda y a no hablarme en la fiesta, también se enojó y me insultó el día en que cumplimos seis meses de novios, porque yo saqué la botella de vino de la mesa, a las seis de la mañana para que dejara de tomar (era la cuarta botella).

Él es una persona muy lógica, muy inteligente. Su lógica es irrebatible, menos cuando se enoja, que parece otra persona. Defiende argumentos indefendibles, sostiene ideas contradictorias, se ciega y se cierra de tal manera que realmente  parece otra persona. Me provocaba un rechazo enorme en esos momentos. Pero cuando volvía a ser el “bueno”, con su carga de ternura, con sus atenciones, lograba confundirme y muchas veces pensé que yo lo debía provocar de alguna manera, sin querer, y que tenía que buscar en mí las causas de eso. Cuando se enojaba por cosas claramente tontas, sin sentido, que no tenían nada que ver con algún comportamiento mío, me daba cuenta que algo no estaba bien y comenzaba una lucha dual dentro de mí, mezcla de amor y de odio. De hecho muchas veces le he dicho que en él habitan dos, el malo y el bueno. Siempre le dije  “yo no quiero al malo,  estoy solamente enamorada del bueno”. Él sonríe y  no dice nada.

A medida que pasó el tiempo, él se aprovechó de mí de muchas maneras, en lo laboral, haciendo que la mayor parte del trabajo recayera sobre mí, y también, y sobre todo,  en las cuestiones económicas. Por ejemplo, al poco tiempo de estar juntos cuando yo cobré  una suma importante, él me dijo que tenía que cobrar  una cifra cuatro veces superior a la que yo cobraba, pero que por el momento se demoraba ese cobro, así que me pedía que yo pusiera ese dinero para los dos  y que él repondría luego esa cifra. De hecho nunca cobró ese dinero. Cuando esto empezó a repetirse, yo empecé a defenderme y a argumentar que el dinero que yo cobraba era mío,  entonces  él empezó con un latiguillo que usó mucho a lo largo de los años, diciéndome que yo no tenía idea de lo que era una pareja, que yo era una egoísta, que sólo pensaba en mí, que vivir de a dos era apoyarse mutuamente, etc etc. Yo entonces pensaba que tal vez era así, que tenía razón, que tenía que aprender a no medir tanto lo que daba, etc. Y por supuesto, con esta manipulación, él lograba lo que quería.

Sin embargo, pese a caer en su trampa, yo veía, intuía que algo no estaba bien. Sentí siempre a lo largo de los siete años que compartimos, que él era un gran simulador, que todo era una gran puesta en escena, las flores que me regalaba, las atenciones para con mis hijos o amigos, las consideraciones para conmigo, todo parecía hermoso, pero en algunos momentos se le corría la máscara y yo veía. Yo sabía. O simplemente intuía. Era un sentimiento ambiguo y no estaba presente todo el tiempo, sólo a veces.

Y aún viéndolo cada vez más a lo largo de siete años, tapaba y tapaba la verdad, lo disculpaba o bastaba,  como se menciona en el libro de El complementario y su psicópata, que él me abrazara, o me dijera lo que me amaba, o que me pusiera una cara tierna, para que yo tapara todo y me dijese, tampoco es tan terrible como me parece.

Durante años viví en un torbellino, de peleas sin sentido, de discusiones estériles y prolongadas, de llantos, de perder la alegría, pero lo fui naturalizando, sobre todo  porque mis parejas anteriores eran parecidas en lo malo, pero sin lo bueno, sin lo que me atraía tanto de él.

Así que además de suponer que era natural que dos personas discutieran tanto, estaba contenta por tener a ese hombre tan inteligente, que me amaba y me consideraba lo primero en su vida, discursivamente. En los hechos era otra cosa. Pero el discurso era tan fuerte en ese momento que lograba imponerse. Y así fue durante mucho tiempo. Yo no entendía bien lo que pasaba, pero era un cóctel tan fuerte, de alegría y sufrimiento, de ternura y pasión mezcladas con demandas exageradas y con reproches, con enojos sin motivo, con ira desmedida, con amor y con rencores que yo masticaba en silencio.

Él era tan perceptivo que adivinaba lo que me pasaba. Si yo cuando él se levantaba le reprochaba que no había hecho tal cosa o tal otra y que a mí me tocaba la peor parte en el trabajo que compartíamos, él –de inmediato- me decía, estuviste masticando rencores, no sabés amar, medís todo, no te entregás a la pareja, no me considerás, etc. Me manejaba y lograba confundirme a tal punto que terminaba pidiendo disculpas y nunca sabía bien por qué. Era una cosa totalmente demencial, porque la discusión empezaba porque él no tenía ganas de trabajar y terminaba yo pidiendo disculpas por haberle hecho un reproche, y prometiendo que nunca más lo haría, y peor aún, creyéndome culpable por ser tan terrenal y querer exigirle que trabaje si él no tenía ganas, cuando él estaba dispuesto a amarme, a decirme palabras tiernas, a comprarme rosas (muchas veces con el dinero que me pedía  y no devolvía, etc.)

Seguramente mi trabajo para mí fue un cable a tierra para desconectarme, y los trabajos de otro tipo que hice en estos años. Eso ayudaba a tapar lo obvio. Además el enganche era muy fuerte, y me costó mucho tiempo salir de ese círculo y asumir la realidad de lo que pasaba.

Unos meses atrás retomé la terapia, y hace pocos días tuve acceso a su página y a su libro y se me clarificaron muchas cosas. Ayer le comenté a mi terapeuta su libro y su página, y le planteé  la posibilidad de que yo sea la complementaria de un psicópata. Ella me dice que no es cuestión de rotular, que es difícil saberlo si no lo ve a él, que lo importante es trabajar sobre mí.

Ahora bien, yo completé la ficha para saber, porque necesito saber si él es psicópata o no, no  para rotular, no por él, sino para entenderme a mí y al anclaje que tuve y tengo todavía.

Tal vez sus actos no sean tan graves como los que aparecen en el libro, no hay perversiones sexuales, ni mentiras tan enmarañadas, ni actitudes tan terribles, pero la ira, el enojo, el destrato, el maltrato psicológico, el parasitismo, todo eso está ahí. Y sobre todo, está lo que me ocurre a mí.

Tal vez él no sea un psicópata total, no sé si esto es posible, tal vez él tenga actitudes psicopáticas, o tal vez tenga sólo trastornos en su personalidad sin llegar ser un psicópata. ¿Es esto posible? Es decir, si él sólo tuviera trastornos de personalidad (he leído sobre esto también, y lo encuadraría en una personalidad histriónica, narcisista y límite), ¿produciría en mí un anclaje tan parecido al que produce un psicópata?

Yo siento un síndrome de abstinencia al no estar con él, hace meses que cortamos, pero no confío en mí si vuelvo a verlo, sentí durante mucho tiempo una adicción a él.

Todas las personas que me quieren, mis hijos, mi familia, mis amigos, me dicen que no lo vea, que no vuelva, que va a lograr envolverme otra vez. Y yo siento que es muy probable.

Me cuesta sacármelo de la mente, está todo el tiempo ahí, aunque más no sea como un mal recuerdo.

Lo que más me duele es sentir que él no me extraña y que no actuó como un ser humano común, analizando la situación, tratando de arreglar las cosas, buscando el acuerdo.

 Al leer su libro comprendí lo inútil que es entender la mente de un psicópata, y esto es otro elemento que tengo para sospechar que él lo es.

Él decidió alejarse, según sus propias palabras de este círculo enfermo, porque yo le propuse algo antinatural. Lo que le propuse fueron cambios de conducta, y él los había aceptado:  Se fue de casa e intentamos una pareja de fines de semana. El prometió tomar menos,  calmar su ansiedad y manejar su ira, iniciar una terapia, y lo hizo o lo intentó hacer.

Por primera vez me pidió disculpas por todos lo que había hecho antes y por todas las veces que no me había pedido disculpas.

Yo creí en su cambio al principio, pero a medida que los meses pasaron no toleró la presión. Por ej, el insistía en tomar un poco más y yo le ponía límites, insistía en quedarse solo leyendo y yo no lo aceptaba, si me presionaba con algo, que hiciera tal cosa o tal otra y yo no aceptaba y ponía límites, él se enojaba.

Yo había entrado en su correo electrónico al principio de nuestra relación porque desconfiaba de él y había comprobado que se mandaba mails amorosos con su ex mujer, volví a entrar en su correo unos pocos meses atrás y leí otra vez un mail que le mandaba a su ex mujer acordando un encuentro.

Esto me dio mucha bronca y se lo dije. Entonces aprovechó para decirme que yo estaba enferma porque hurgaba en su intimidad, y que él se iba de este círculo. Aclaro que nunca sentí celos exagerados ni desconfianza extrema, pero con él, en esos momentos, necesitaba pruebas, necesitaba saber y confirmar mis sospechas.

Ahora que él ya no está en mi vida lo extraño mucho, siento angustia tanto por la soledad como por la falta de su presencia. Otros momentos tengo mucha paz, recobro poco a poco la alegría. Siento que he avanzado algo. Tal vez ayude el hecho que después de siete años hay velos que caen, máscaras que se corren, y el anclaje se afloja.

Tal vez también a uno le cuesta ver porque aparecen todas las cosas lindas, los ardides que usó el otro, la hipnosis o seducción, el enrosque y ahora aparece todo eso como los buenos recuerdos. Yo siempre fui muy independiente, sin embargo, ahora me doy cuenta en cuantas cosas llegué a depender de él.

Quiero salir de esta situación, por más que el sentimiento que muchas veces aparece en mí, se asemeja al amor, hay una parte racional que grita que me aleje, que no caiga de nuevo en sus redes.

Practico el contacto cero, en la medida de lo posible, no nos hablamos ni nos vemos, pero tenemos que mantener contacto por mail para arreglar las  cuestiones del divorcio.

Lo que más me angustia es sentir que todavía, con los años que tengo, 51, no conocí el amor verdadero. Y ahora siento que hay una parte de mí muerta, desierta, llena de prevenciones, con temores.  Quisiera saber si la terapia psicoanalítica me servirá realmente para cortar con este anclaje y sobre todo para reparar lo que siento dañado en mí. O cuáles serían las técnicas y estrategias que debo poner en práctica para lograrlo y sanarme.

Muchas gracias. A

 

 

Complete datos de la persona que se presume como psicópata:

Edad: 52

Estado civil: separado, a punto de concretar el divorcio

Profesión, estudio o trabajo que realiza: profesional, no ejerce

Lugar de residencia actual, ciudad y país:   Argentina

Sexo: masculino

Otro dato de interés: se ha especializado en prevención de la violencia familiar, sobre todo contra la mujer. Es muy lector. Todas las noches se queda levantado tomando dos botellas de buen vino o más y leyendo o mirando películas. También toma medicamentos de todo tipo, entre ellos mio-relajantes o somníferos y más de una vez se queda dormido en la silla hasta las seis de la mañana. Al día siguiente se levanta tarde y de mal humor, y le cuesta mucho organizar su vida.

 

Datos de quien contesta el cuestionario (imprescindibles):

Edad: 51

Lugar de residencia actual, ciudad y país:   Argentina

Profesión, estudio o trabajo que realiza: artes

Sexo: femenino

¿Qué relación tiene o tuvo con esta persona?: esposa, nos estamos divorciando

¿Cuánto duró/dura la relación?:  siete años

¿Cómo la conoció?: él había sido el amante de una amiga con la cual yo estaba distanciada por otros motivos que no tenían que ver con él. El me llamó por teléfono usando como una excusa datos a los cuales tuvo acceso a través de mi amiga y me invitó a cenar contándome que se acababa de divorciar de su esposa. De su amante, según lo que yo sabía, se había distanciado hacía más de dos años. Después me enteré que no era así.

 

¿Qué le atrajo/ atrae de esta persona?: es un gran seductor, lo que más me atrajo fue que me hizo sentir siempre como “la más amada”, me escribía poemas,  me decía lo que toda mujer sueña escuchar de un hombre,  acompañado esto de algunas acciones románticas: obsequio de flores, bombones, o pequeñas cosas que sabía me gustaban y siempre se anticipaba a traerlas. Era como si adivinara mis gustos, lo que siempre me gustó que un hombre hiciera y dijera. Esto lo siguió haciendo durante todos estos años. Otra de las cosas que me atrajo, fue su intención de tener una relación en serio, argumentando estar asqueado según sus propias palabras, de los “amores líquidos”. Siempre afirmó que tiene la certeza de que el amor, si uno sabía cuidarlo, mantenerlo, y sentirlo en profundidad, es para toda la vida.

¿Qué es lo que más le hacía/hace sufrir? Su ira, su destrato, sus humillaciones, sus cambios de humor totalmente impredecibles, su abuso en el aspecto económico, su explotación en muchos aspectos para vivir a costillas de los demás, sus padres, sus amigos, mía, siempre que podía. Sus amenazas de separación durante los últimos tres años, los días que permanecía sin hablarme, tratándome con odio, por una simple discusión, la necesidad imperiosa de que siempre se hiciera lo que él quería y hasta que se pensara igual que él. Cualquier diferencia de opinión era tomada como una afrenta personal, como un ataque hacia su persona.

 

A. Satisfacción de necesidades distintas

A1. Uso particular de la libertad

¿Cree que todo es posible? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, él cree que todo es posible, pero generalmente los proyectos en los que se embarca son tan utópicos, que después de un tiempo debe abandonarlos.

Impedimentos: ¿Tolera las frustraciones y los fracasos? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

 No tolera las frustraciones ni el fracaso. Es más,  verbaliza continuamente que él no tiene tolerancia al sufrimiento, al dolor ni a las dificultades. Si fracasa siempre le echa la culpa a otro. Ahora, que nuestra pareja fracasó, la responsable absoluta soy yo. Y lo cuenta a amigos y parientes de esa manera. No dice para nada que él es alcohólico, que es inestable emocionalmente, que tiene serias dificultades económicas y que me destrata o me maltrata.

A2. Creación de códigos propios

¿Respeta la ley y las normas comunes? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Él dice respetarlas, y se jacta de ello todo el tiempo. Siempre decía que las  normas están para ser respetadas y no para saltárselas. Pero después, en la práctica, pasa semáforos en rojo, o él, defensor de las mujeres contra la violencia, me grita, me insulta, me agrede verbal y psicológicamente. También en su trabajo llegó a quedarse con dinero de un cliente.

¿Sigue su propia ley y sus propios códigos? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Un día en que teníamos una cena en casa, se enojó con una de mis amigas porque dio una opinión política diferente a la suya y me dijo que si mi amiga no se disculpaba no podría venir nunca más a su casa (que en realidad es mía)

Ley propia, código propio: los demás no podemos expresar opiniones que difieran con la de él. Y si esto ocurre, él dictamina el castigo, aunque todos pensemos distinto de él.

¿Carece de remordimientos o de culpa? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Absolutamente. Carece de culpa o de remordimientos. Nunca, en estos siente años, me pidió disculpas por maltrato o acciones injustas. Y siempre se jactó de eso, él repetía yo no sé lo que es la culpa.

¿Le echa la culpa a los demás de sus errores? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Siempre o casi siempre. Cierta vez nos íbamos de viaje al exterior y yo le pedí que nos levantáramos temprano, más temprano de lo que él proponía porque mi padre nos llevaría al aeropuerto a tomar el avión hasta Buenos Aires para tomar luego el vuelo internacional. Me dijo que sí, pero se enojó tanto por tener que levantarse digamos que media hora antes de lo que él quería, que se olvidó el maletín con los pasajes y no pudimos tomar el avión de cabotaje. El maletín era su responsabilidad, porque no permitía que yo me hiciera cargo aduciendo que yo era muy despistada. Yo confiaba plenamente en su memoria y en su responsabilidad y no controlé para saber si estaban o no los pasajes. Tuvimos que tomar un remise que nos llevó a toda carrera para llegar a tiempo a Ezeiza. No habló durante todo el viaje. Cuando finalmente llegamos a destino, le dijo a una amiga común, que yo era la responsable de lo que había pasado por “joderlo” para que se levantara más temprano.

¿Repite errores? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Algunas cosas no las repitió, aprendió a organizarse, por ej, hizo los aportes atrasados que tenía de su jubilación, volvió a pagar las cuotas de alimentos a sus hijos.  Pero otras las sigue repitiendo. Apenas comenzamos a salir, él tenía muchas deudas, y esperaba con ansias que una prima sacara un préstamo para dárselo a él y así poder solucionar algunos problemas. Él estaba inhibido y no podía gestionarlo. Yo le ofrecí que podía sacar un préstamo pequeño, y me dijo que no, porque no quería volver a arrastrar a nadie en algo así, que ya lo había hecho con su mujer. Yo insistí. Entonces, tímidamente al principio y con ferocidad después, además del préstamo usó mis tarjetas de crédito para compras.  Me agradeció y prometió que nunca más le pasaría eso, que se ordenaría con el dinero y con los gastos, que generaría mayores ingresos, etc.  Al poco tiempo nos fuimos a vivir a otro sitio y, el crédito de su prima lo pagó su padre. El que yo había gestionado, y el monto de las  tarjetas de crédito, los pagué yo vendiendo mi coche. Siete años después, sigue igual. A su primera mujer le siguen embargando el sueldo por las deudas de él, a mí nunca me devolvió el dinero del préstamo, peor aún, logró engancharme con un dinero que no pude retirar de la sociedad comercial que tuvimos y actualmente está lleno de deudas y con muy pocos ingresos.

A3. Repetición de patrones conductuales

¿Repite de la misma manera las acciones negativas? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, el ejemplo anterior del dinero es claro. Pero hubo otros en relación al trabajo que emprendimos juntos. Él hacía la parte más liviana y siempre ponía excusas, y cuando yo le hacía reclamos, él se enfurecía y me gritaba enloquecido. Lo que a mí siempre me extrañaba era que un hombre con tanta inteligencia y tanta lógica, discutiera a muerte algo tan obvio como si tuviera razón. Y eso me mantuvo muy confusa durante muchísimo tiempo. Porque si él lo repetía con tanta convicción, ¿no sería acaso que yo estaba equivocada? Eso ya lo tengo absolutamente claro, pero me costó años asumirlo.

¿Tiene algún signo que anticipe sus conductas negativas? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Cuando está demasiado eufórico, es signo evidente de que al poco rato se va enojar con una ira desmedida. Esa euforia lo acelera, habla histriónicamente, a los gritos, está cargado de ansiedad y de prisa. Quiere todo para antes de ayer. Y generalmente, cuando se enoja en forma desmedida, durante varios días va encadenando los enojos, con cualquier otra cosa, por nimia que sea. Hasta llegar a límites insospechados. Después, cuando vuelve la calma, durante una semana más o menos, no vuelve a enojarse. El límite récord que mantuvo sin enojos, fue un mes. Pero solamente ocurrió una vez en siete años.

A4. Necesidad de estímulos intensos

¿Tiene conductas de riesgo? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

No que recuerde. Solamente tomar la cantidad que toma.

¿Se aburre con facilidad? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Necesita armar proyectos todo el tiempo. Armar reuniones, cenas, paseos, siempre con cosas que lo distraigan y que sean amenas. No le gusta hacer ningún tipo de trabajo,, ni cortar el césped, ni regar las plantas, ni pintar una pared, ni clavar un clavo. No se aburre, pero demanda para ello todo el tiempo a las personas que tenga a su alcance, a mí, a sus hijos o a los míos, para jugar a las cartas, para mirar una película o para conversar. Conversar es una manera de decir, en realidad, le gusta hablar y que lo escuchen, de lo que sea, hablar y que lo escuchen. Pero hablar inflando la realidad, para despertar admiración en el otro.

 

¿Tiene proyectos de vida a largo plazo? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Siempre dice que va a morir joven, que no durará mucho tiempo y que como la vida es hoy, hay que vivirla intensamente.

¿Abusa de drogas o alcohol? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí. Ya describí lo del alcohol. Con el tiempo fui descubriendo que si llega la hora señalada y por algún motivo no puede comenzar a tomar, se enloquece. Se pone ansioso, furioso. En cuanto a drogas, ingiere medicamentos de todo tipo.

¿Tiene conductas raras o perversas en lo sexual? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

 Al principio era muy raro lo que hacía. Para estimularse, o para estimularme, nunca lo entendí bien, me decía que me acordara de dos perros haciendo el amor. Y lo repetía. A mí me sacaba tanto de situación que me reía, o le decía que no podía hacer eso, entonces dejó de hacerlo. No hubo cosas perversas. Pero hace como una puesta en escena todas las veces que tenemos sexo, una puesta en escena de la consagración del amor. Y repite muchas veces, quién va a hacer lo que yo te hago, quién te va a amar como yo te amo, etc. Tanto lo dijo que en algún momento me lo creí.

¿Tolera situaciones de mucha tensión? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, en momentos críticos, él siempre está entero. No se viene abajo.

 

B. Cosificación de otras personas

¿Es egoísta? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Es absolutamente egoísta, y lo manifiesta no solo conmigo, sino también con su padre, con sus hijos, con sus amigos. Pero él se disfraza de muy generoso y confunde. Por ejemplo, todas las semanas me compraba flores y golosinas, o le obsequiaba flores a mi madre, o golosinas a mi hija, o libros, o lo que fuere, pero después, si tenía que devolver un dinero que me había pedido no lo hacía porque no tenía, y no tenía porque se lo gastaba entre otras cosas en tantos regalos.

¿Se cree superior a los demás? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, Siempre. Él es el más inteligente, el que mejor sabe vivir, el que goza realmente de la vida, el que más ama, el que más se consagra en el amor. Etc.

¿Todos deben girar a su alrededor según sus deseos? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Absolutamente. Por ejemplo, los fines de semana en que venían nuestros hijos (dos de él y dos míos) a veces con sus parejas, él digitaba todo. Quién ponía la mesa, qué se comía, si se miraba tele o no, quien hacía la ensalada, quien lavaba los platos, el programa completo, sin saber ni preguntar qué quería hacer cada uno. Entre nosotros lo mismo. Él proponía y decidía, cuándo salíamos, cuándo recibíamos gente,  a quiénes, etc. Sin importarle nunca lo que yo decía. Es más, si yo decía esto no hoy, o aquello, había una gresca descomunal. Así que después de unos años, aprendí a callar y a decir a todo que sí, pero aún así, se seguía enojando-

¿Hace lo que quiere sin importarle las consecuencias? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, desde el año 2005 comenzó con las amenazas de separación y como vio que yo me ponía muy mal, abusó del recurso. Con gritos, con escenas, diciendo me voy a casa de mi padre y no me ves nunca más, etc- Cuando escuchó que yo le dije, bueno, andate, ahí tenés la puerta, empezó a decir que lo había pensado mejor, que nos ibamos a separar, pero dentro de la misma casa porque no tenía adónde ir y que viviríamos en cuartos separados, y que no nos dirigiríamos la palabra- Eso lo hacía sobre todo porque a mí me ponía muy mal que no nos habláramos o que siguiéramos enojados después de una discusión. Lo que sí no midió las consecuencias. Un día me cansé y tuvo que irse. Como es tan omnipotente, creyó que ese día nunca llegaría.

Empatía: ¿Le importa los sentimientos del otro? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

No, para nada. Él podía verme llorando, destruida y le daba igual. Tomaba el auto y salía o si lo llamaban por teléfono hablaba como si nada, se reía, estaba todo igual que siempre. Pero hubo cosas más graves vistas hoy, por ejemplo, el mismo día de nuestro casamiento, en la fiesta, él no me hablaba, reía con todos y a mí no me hablaba o me contestaba de muy mala manera, yo no sabía ni supe nunca por qué se enojó, pero claro, estábamos en la fiesta de nuestra boda, era demasiado fuerte para mí. Sobre todo tener que disimular ante mis hijos, mis amigos, mi familia, que todo estaba bien.

¿Manipula? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

De mil manera distintas. En todas nuestras discusiones, yo terminaba pidiéndole perdón, después de que él había hecho los agravios. Para que se le fuera el enojo, yo terminaba diciendo cosas que no eran, pedía perdón diciendo que la culpa era mía porque no lo consideraba como él necesitaba, que él tenía razón, que  yo me enojaba o me fastidiaba fácilmente, etc etc. Y entonces él se salía con la suya, de lo que fuera, de usar un dinero de los dos para él bajo promesa de que lo devolvía en pocos días (a veces devolvió y otras no) o comprar cosas que no necesitábamos pero que eran su capricho, etc-

¿Seduce? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, muy bien.  Él seduce actuando, histriónicamente. Adelantándose a lo que uno desea, diciendo las palabras hermosas que uno espera. Con galanterías, etc. Pero hay cosas que no se creen, porque el desplegó conmigo la seducción cuando él tuvo ganas, después se empezó  a mostrar. Por ejemplo, yo cargaba las cosas pesadas porque él tenía la espalda destruida, por el mismo motivo no lavaba un plato en algunas épocas, etc. Y ahora, en este último tiempo en que se fue de casa pero todavía tenía esperanzas de que todo volviera a ser lo que era, no me dejaba levantar nada, se adelantaba a mí, etc. Es decir, sabía lo que era correcto, lo que era una atención, pero la ponía en práctica especulativamente, ahora que tenía miedo de perder lo que tenía.

¿Miente? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Yo me decía: no dice mentiras. Hasta que me puse a pensar y me dije claro que miente. Todo el tiempo. Miente cuando promete cosas que no cumple, cuando  me dice que se va a poner las pilas y va a trabajar mucho y no lo hace, cuando pide dinero prometiendo devolverlo en tal fecha y no lo hace. Miente con los actos.

¿Actúa para conseguir lo que quiere? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Se enoja, no me habla, o me destrata, o me hace sentir culpable. Hasta que logra su objetivo.

Coerción: ¿Usa la agresión física para conseguir sus objetivos? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

No. Física no.

¿Usa la agresión psíquica para conseguir sus objetivos? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Muchas veces. Generalmente cuando había otros en la casa, sus hijos y los míos o amigos, él se sentía desplazado en la atención, y entonces se enojaba por cualquier cosa y dejaba de hablarme o me contestaba de mala manera. El sabía lo que provocaba esto en mí, me sentía muy mal delante de todos, no podíamos hablar ni aclarar lo que ocurría, y él parecía regodearse en eso. Disfrutarlo. Hasta ocultaba una sonrisa si me veía llorar, o ponerme tensa.

Parasitismo: ¿Vive del esfuerzo de otro? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí. Se recuesta en quien puede. Usa la obra social de su primera mujer, por ej aunque están divorciados porque ella no lo dio de baja. Le pidió mil veces dinero al padre y nunca lo devolvió. A su ex esposa le embargan el sueldo por préstamos de él que nunca pagó. Ahora él le está devolviendo el embargo. A mí me debe mucho dinero que supuestamente me irá pagando cuando pueda.

¿Usa a las personas? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, las usa sin diplomacia siquiera. No tiene amigos con quienes comparta cosas en serio. El arma planes de cenas o encuentros, pero a la hora de conversar de verdad, de compartir cosas, está solo. Recurre a la gente cuando quiere algo, la adula, tiene un estilo, sobre todo para pedir plata, si él está muy necesitado, no va a decir como diría yo, mirá estoy en un apuro, o no tengo un peso, no, él dice que tiene que cobrar un caso (de mucho monto) y que se demoraron en el cheque y que va a perder un negocio importante. Si le dicen que no, arremete con otro. Si le dicen que sí no da ni las gracias.

¿Logra distorsionar los valores y principios de los demás? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, a mí logró convencerme durante un tiempo que yo era una anormal, porque me acostaba temprano y no tomaba nada de alcohol.

¿Es insensible? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Aparenta ser muy sensible, se emociona con películas hasta las lágrimas, de hecho hemos llorado juntos varias veces ante una película buena-

¿Es cruel? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

A veces sentí su crueldad en una mirada, en un gesto, en palabras ofensivas. No lo he visto realizar actos de crueldad de otro tipo.

¿Humilla y desvaloriza? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, llegó a decirme los insultos más bajos, él, que supuestamente es un defensor de la mujer frente a la violencia de género. Me humillaba, me descalificaba. Yo siempre le digo que él es dos personas, el bueno y el malo. Cuando predomina el •”bueno” cariñoso,  elogia las cosas que hago, me halaba, cuando se enoja, desmerece todo y me dice que lo único que me importa son mis cosas y que no sé amar, que no me entrego, que soy una egoísta.

¿Extraña, echa de menos? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Supongo que no. Llegué a ver cómo se peleaba con parientes y al otro día los borraba de su vida como si no hubiesen existido. 

¿Crea tensión y agotamiento en la relación con otras personas? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, es muy verborrágico, siempre quiere ser centro, llamar la atención y agobia a mucha gente, hasta a su propia hija.

¿Crea relaciones adictivas, dependientes? Dé un ejemplo o cuente una anécdota.

Sí, conmigo. Yo tuve una adicción fuerte con él. Lo amé y lo odié, lo necesité. Sentí muchas veces que no era el hombre adecuado, o que me quería separar de él que ya no soportaba, y a los pocos minutos, mientras estaba pensando eso, había un sentimiento fuerte, fuertísimo, que desbarataba mi intención y me decía que no podía vivir sin él. Antes de leer su página y leer su libro, un día –después de separarnos-. le dije a un amigo, “con él estoy mal, pero sin él estoy mucho peor. Tiene cosas malas, pero quién no las tiene, siento que sin él me muero”. Sin embargo, pudo más una voz interior que me decía que no aflojara, que era el único camino, separarme de él, no verlo.

¿Desea agregar algo más?

Lo hice al comienzo,


 

 

 

 



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