Psicopatía y psicópatas

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Robledo Puch

Un psicópata solitario, 40 años después

 

 

Recordatorio: http://www.marietan.com/material_psicopatia/robledo.htm

 

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Robledo Puch: El mayor asesino de la historia cumple 40 años de cárcel
POR ROLANDO BARBANO
Lo detuvieron el 4 de febrero de 1972, a los 20 años. Mató a 11 personas y violó a 2.

 

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Fuente: http://www.clarin.com/policiales/mayor-asesino-historia-cumple-carcel_0_640736061.html

“El Angel de la Muerte”. La Policía traslada en 1972 a un Carlos Eduardo Robledo Puch de 20 años.
05/02/12
Se despertó con la resaca única que produce la sangre ajena derramada por la propia mano . La noche anterior se había quedado con dos vidas más, la décima y la undécima de su carrera. Contó la plata, escondió una parte en una caja de zapatillas y la otra en el piano Steiner de su abuela, ese que tocaba con la misma habilidad con la que empuñaba un 32 corto. Chequeó que las armas estuvieran en el cielorraso del baño y salió a la calle, tocó el timbre de su vecino Guillermo –un pibe de 20 años, como él– y lo invitó a hacer la segunda cosa que más le gustaba en el mundo , después de robar: andar en moto.
Cerca de las 15.30 de aquel 4 de febrero de 1972, volvió a la casa de su abuela, adonde lo esperaban policías de la Bonaerense. Quizás al verlos reparó en el error que los había llevado hasta él: había desfigurado con alcohol y fuego el rostro de su último cómplice, Héctor Somoza (18), pero le había dejado la cédula de identidad en un bolsillo . Carlos Eduardo Robledo Puch se entregó manso, sin que sus ojos celestes ni sus rulos rojos permitieran adivinar que en pocos días sus palabras horrorizarían al país .
Detenido en principio por dos asesinatos, Robledo Puch terminó confesando 11 –luego diría que fue bajo tortura , algo muy posible en aquella Argentina de dictadura–, más 17 robos y 2 violaciones. Dio detalles sobre víctimas, botines y cómplices, al punto que llevó a la Policía a lo de Somoza a buscar un revólver Ruby calibre 32 y 93 balas que habían escondido en un combinado Phillips . La prensa pronto lo llamó “El Angel de la Muerte”.
Cuarenta años después, hoy Robledo Puch (60) sigue preso . Está en el penal de Sierra Chica, como una prueba viva del fracaso absoluto del sistema penitenciario argentino para resociabilizar a alguien.
“Carlitos”, como lo conocen en prisión, nació un 22 de enero en Olivos, hijo de un mecánico de la General Motors que vivía de viaje y de una descendiente de alemanes. Rebelde desde la cuna, lo echaron de cuatro escuelas, pasó un año en un instituto de menores por andar en una Siambretta robada y dejó su casa a los 16, para irse a vivir con su abuela. La vieja sólo le exigía que hablara alemán e inglés y que la acompañara a misa .
Robledo Puch entró a las ligas mayores a fines de 1970, cuando conoció a un pibe que se robaba hasta las limosnas de las iglesias. Se llamaba Jorge Ibañez y fue quien le puso en las manos su primer arma y en la cabeza la idea de que podían conseguir botines que les permitieran comprar cuantas cupés Dodge quisieran.
La única condición era no dejar testigos .

 

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El 18 de marzo de 1971 mataron por primera vez. Entraron a una boite de Olivos y mataron al sereno y al encargado mientras dormían. En mayo ejecutaron al guardia nocturno de una casa de repuestos y luego al de un supermercado de Boulogne, sobre cuyo cuerpo brindaron con whisky. Se movían en autos de acelerador fácil y estaban cebados. En dos noches levantaron a dos chicas, las violaron y mataron a una. La prensa y la Policía hablaban de “un sindicato del crimen que asola la zona norte” .
En agosto, Robledo se cansó de Ibañez. Lo pasó a buscar con su auto, chocó contra una obra y lo mató . Enseguida lo reemplazó por Somoza, junto a quien mató al sereno de un supermercado y a los de dos concesionarias de autos, siempre para robar. En la noche del 3 de febrero del 72, entraron a una ferretería de Tigre, asesinaron al guardia y se pelearon. “Carlitos” acribilló a su amigo y huyó en un camión Desoto.
Fue el final .
Lo juzgaron en 1980, cuando ya había pedido su traslado al pabellón de homosexuales de Sierra Chica. Lo condenaron a reclusión perpetua con la accesoria de reclusión por tiempo indeterminado por 36 delitos.
“Algún día voy a salir y los voy a matar a todos” , les gritó a los jueces.
Aún no lo logró . La última vez que pidió su libertad fue en 2011, ya envuelto en raptos de irrealidad. La Justicia se la negó porque entiende que sigue siendo “peligroso” , que “no superó el proceso de resociabilización” , no tuvo “actividad educativa” y que carece de “contención” fuera de prisión.
“Cuando quise dinero, fui y lo tomé. Hice muchísimo, pero nunca tuve nada”, le dijo a Clarín en una entrevista de 2006.
“Y, ¿sabe una cosa? Los mejores momentos de mi vida los disfruté solo”.

Solo en su celda
Carlos Eduardo Robledo Puch podrá ser el asesino más famoso de la historia criminal argentina pero en el penal de Sierra Chica -donde vive desde 1973- es simplemente “Carlitos”. Así lo llaman todos, los que conocen su violentísimo pasado y los que apenas ven en él a un tipo raro , a veces medio ido y, por sobre todas las cosas, solitario
Sin amigos, sin familia que vaya a visitarlo y sin “rancho” (grupo de presos con los que se convive en prisión), Robledo Puch pasa sus días leyendo todo libro que cae en sus manos y estudiando y repasando la vida de Juan Domingo Perón, una de sus grandes obsesiones .
Aunque se levanta temprano (siempre está despierto antes del recuento de presos de las 6.30 de la mañana), no hace gran cosa durante el día. A veces se dedica a las manualidades, encuadernando libros, o dibuja, o redacta alguna nota a las autoridades penitenciarias en la máquina de escribir que tiene en su celda . Le gusta hablar con los guardias, sobre todo de historia y de política, aunque sus charlas suelen ser erráticas.
Fanático de River, nazi confeso, “Carlitos” es dueño desde hace décadas de la celda 712 del pabellón 10 de Sierra Chica (unidad que tiene una población de 1.400 internos). Es el único preso de ese sector que no comparte calabozo .
Gran parte de su vida transcurre en esa pequeño hogar que él mismo pintó de amarillo clarito . Nunca, o casi nunca, sale al patio.
Durante el motín de Sierra Chica –en el que fueron descuartizados e incinerados 7 presos, durante la Semana Santa de 1996–, Robledo Puch optó por refugiarse en la capilla del penal .

 

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Para el Servicio Penitenciario Bonaerense tiene conducta 10. En la cárcel sólo recuerdan un episodio fuera de lo común: una mañana, a fines del 2001, se puso una capa, unas antiparras de soldador y una capa penitenciaria y, gritando que era Batman , comenzó a correr, en un brote psicótico. Tardaron un buen rato en agarrarlo.


 

 

 

 

 

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