SEMIOLOGÍA PSIQUIÁTRICA Y PSICOPATÍA

Sitio del Dr. Hugo Marietan

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Carta

Hija de un perverso y una psicópata

 

Hola Dr. Marietan: Hace un par de años que sigo atentamente su página, soy argentina. Leerle me ha ayudado a comprender muchas cosas de mis padres.

Desde siempre mi padre ha golpeado duramente a mi madre, y cuando niños a mi y a mis hermanos por cualquier situación,  por esta causa siempre había considerado a mi madre como una víctima más de mi padre, la veía como a una santa, una mujer sufrida, que vivía para sus hijos y su esposo pese a las diversas situaciones tormentosas que debíamos afrontar cuando mi padre reaccionaba violentamente, física o verbalmente. Más, cuando fui madurando mi visión de las cosas cambió y pude considerar de otro modo, un modo que no podía contemplar de niña.

A mis 13 años mi padre comenzó simplemente a abusar de mi, sin penetración, pero yo odiaba que me hiciera esto y luego de manosearme, sacaba el cinto de su pantalón y me lo mostrara doblado diciendo que si yo hablaba con alguien mas acerca de lo acontecido el me ahorcaría con aquel cinto luego de molerme a palos. No tenía a quien recurrir, mi madre se la pasaba contándole a sus amigas y vecinas la vida que mi padre le daba a ella. Me hostigaba diciéndome que mi padre era cruel y déspota, que ella era una mujer sufrida, que le odiaba y demás cosas, para luego, al llegar mi padre de trabajar ella se arrojara a sus brazos a los besos y abrazos, y todo parecía tan normal, una pareja sana, un ideal de matrimonio ante el mundo. Más se daba vuelta mi padre y ella comenzaba a manifestar su victimismo, su manipulación, haciéndonos culpables a mis hermanos y a mi sobre su fiereza contra ella, para al minuto siguiente cambiar toda la historia con la vecina y relatarle lo que a ella le convenía.

De este modo mi madre conseguía realizar sus caprichos, tener de su entorno toda la atención que necesitaba, si alguien se oponía y le enfrentaba no dudaba en mostrarse de igual modo que mi padre, golpeadora, desbastante, un lobo en la piel de un cordero. Su agresión carecía de límites si uno no realizaba las cosas como ella deseaba, sin respetar gustos, ni ideas diferentes a los que concebía.

Este antagonismo parecía, por momentos que me haría enloquecer, era como tener una madre dividida en dos, una llena de dolor, victima de un esposo violento, enfermo de ira y nerviosismo constantes, que no dudaba en castigar por travesuras sin importancia a niños indefensos de tres, cinco y siete años con lo que tuviera en la mano hasta dejarles casi desmayados en el piso de los golpes. Para luego hacer de cuenta que nada había pasado, ellos seguían adelante con su amor loco, haciendo demostraciones de afecto delante de todo el mundo vendiendo la imagen de una familia perfecta. Y otra madre mala, histerica, déspota, intolerante, impaciente, terriblemente exigente, alguien que no respondía a razones que no fueran las propias.

Intente recurrir a una monja psicóloga, rectora del Colegio Sagrado Corazón de Jesús, más de nada sirvió, ella naturalmente, cito a mi padre, le dijo cada palabra que yo le había relatado, acerca de lo que acontecía en mi hogar, alegando que yo estaba enferma y necesitaba ayuda psicológica urgente. Seguidamente mi padre llego a mi casa, espero que todos se marcharan, me dio una paliza que casi acabo con mi vida, y luego simplemente me cambio de colegio y me prohibió hablar de lo acontecido o el sabría como proceder de allí en mas conmigo.

Yo solo tenía 15 años y por aquel entonces era imposible conseguir apoyo. Mi padre es militar, en esos años los militares tenían el poder del gobierno en sus manos.

Cierta noche tocaron la puerta de casa y atendió mi madre, yo estaba a su lado y detrás, en la oscuridad, se encontraba de pie mi padre. Era la madre de una vecina de mi edad, le expreso a mi madre lo que su hija le había contado que mi padre le hacia, lo mismo que me hacía a mi, mas mi madre lo negó rotundamente, alegando que todo aquello era una mentira de la chica y que mi padre era incapaz de semejante cosa, pude ver a mi padre dar un paso hacia tras y enajenarse por completo de aquella realidad. Mi madre no expreso nada, hizo de cuenta que nada había pasado, pero al día siguiente nos prohibió hablar con esa chica y si alguien preguntaba debíamos negar todo para resguardar a mi padre.

Luego de aquello, supongo que mi padre reacciono o tuvo temor, no lo se, dejo de molestarme y yo simplemente olvide todo aquello con el pasar del tiempo, como intentando dejar atrás una etapa de terror y seguí como me fue posible con mi vida.

Mi madre me hacia responsable de cosas que yo simplemente por mi edad no podía asumir dicha responsabilidad. Por ejemplo se enajenaba de la realidad, caía en sus depresiones, o simplemente se iba a casa de alguna amiga a llorar sus penas, a dar lastima, usando para esto algo totalmente curioso, aun lo es para mi esta conducta. Ella en casa vivía con cara de mala, increíblemente intolerante, no tenía paciencia ni en las mínimas cosas, por todo gritaba como una loca desquiciada, repitiendo siempre las mismas frases, siquiera respetando mi condición de niña, de una persona en formación, cerraba sus manos, formando un puño amenazante, o tomaba cualquier objeto que tuviera a su alcance para golpearnos, fuese una manguera de goma, una cadena, un cinto o una madera. Parecía el mismo demonio que se expresaba, abriendo sus ojos de par en par, de tal modo que parecía se saldrían de sus orbitas, su voz era de mando y no aceptaba ninguna injerencia de nadie, y menos aun que alguien la enfrentara, sacaba el arma de mi padre y apuntaba a quien fuera asustándole para que le dejara de molestar.

Pero cuando debía manipular a alguien se convertía en algo parecida a un angel de ensueños, su tono de voz era dulce y encantador, daba los mejores consejos, comprendía las problemáticas de todos, justificaba el actuar de las personas resaltando sus valores, justificando sus actos y la gente simplemente se enamoraba de ella y se condolía de la crueldad de mi padre para con ella. Estaba presta a ayudar a quien se lo pidiera y a cualquier hora del día o de la noche, era enfermera, así que la gente la buscaba a toda hora y ella respondía inmediatamente con esa calidez que eran tan antagónica a como se manejaba en casa, mas nos dominaba con una sola miraba antes de salir, estuviera con quien estuviera, daba vuelta su cabeza y nos miraba como para comernos crudos, y debíamos sonreír y actuar como si todo fuera un encanto en aquella casa.

Cierta vez mi hermanito menor había enfermado gravemente, la medica no supo responder que le había sucedido, que habría comido, el bebe tenía un año y medio y yo once años, ella se había marchado a casa de una amiga y me había dejado a cargo de la casa, del negocio y de todos mis hermanos, sin preocuparse ni pensar si eso no era demasiado para mi como responsabilidad. Al regreso encontró al bebe enfermo y no dudo en pasarme la responsabilidad a mi y atormentarme durante años por ello. Me culpó de que el nene había comido sandía y eso le había envenenado, me amenazaba con matarme si algo mas le sucedía al bebe. Yo simplemente no sabía como actuar, que estaba bien o que estaba mal, no sabía de que modo realizar las cosas sin sentir un pánico morboso cuando llegaba a mi casa, solo pensaba de que manera podía escaparme de aquel infierno, pero no podía abandonar a mis hermanitos, así que llegaba una y otra vez a la conclusión que no tenía solución todo aquello, mis hermanitos no tenían la culpa y yo no tenía la veracidad para convencer a otros sobre esta realidad, mis tías creían ciegamente en mi madre, muchísimas veces habían enfrentado el carácter  bestial de mi padre así que no dudaban en su palabra, mi madre les mentía a todos acerca de mi persona, recuerdo que las vecinas y mis tías siempre me retaban por maltratar a mi madre, yo intentaba hacerme comprender, pero parecía que nadie estaba dispuesto a querer ver aquella realidad oculta y enferma donde me toco crecer.

Tenía problemas para estudiar, me costaba demasiado concentrarme, vivía cansada y con sueño, con un agotamiento increíble, recibía a diario palizas por dormirme sentada adonde fuera y no prestar atención a mis hermanitos. Temprano aprendí a cambiar pañales, preparar mamaderas, y atender a mis hermanos mas chiquitos, con solo 9 años me tenía que hacer cargo de las responsabilidades de mi madre, ella nos encerraba bajo llave y se iba a vagabundear por allí. Solía llegar la empleada domestica y no podía ingresar a la casa, así que llamaba a mi padre a su trabajo y el venía rápidamente a casa, la hacía entrar y se marchaba, ya sabía yo que sucedería luego. Por la noche, cuando el regresaba de su trabajo escondía a mi madre a trompadas bajo la mesa por habernos dejados solos. En mi corta edad, tenia por entonces 6 años y mi hermanito 4, vivíamos con mucho temor, antes de irse mi madre nos asustaba con "la solapa", un personaje ficticio que supuestamente robaba a los chicos que se escapaban a la siesta de su casa. Mi padre dejaba un arma calibre 45 automática en el cajón de la mesita de luz, jugábamos con dicha arma, nos apuntábamos uno al otro, luego sacábamos el cargador y una a una sacábamos las balas y las tirábamos jugando. Cuando el veía eso, al llegar a casa, automáticamente nos apaleaba con lo que tenía en la mano vociferando como un demonio y tirando a golpes y patadas todo lo que encontraba en el camino. Por esta causa no permito armas en mi casa, tampoco que mis hijos se acerquen de modo alguno con las mismas.

Los años iban sucediéndose uno tras el otro y las cosas se iban agravando, amén que iban naciendo mas hermanitos y mi padre intentaba que mi madre abortara y no tenía problemas en armar semejantes escándalos en nuestra presencia. Yo sentía panicos terribles, respirar dolía, temía que si daba un paso, algún golpe caería sobre mi y me mataría. Temía que mi madre muriera bajo los golpes de mi padre, o que mi padre muriera envenenado por mi madre, o peor aún, que mi madre me envenenara cuando parecía enloquecer cuando yo no podía cumplir con sus caprichos.

La forma mas fácil de sacarse el problema de encima fue llevarme con una psicóloga, esto sirvió para que encontrasen otro motivo más para culparse uno al otro y siguieran apaleándose uno al otro y golpeándonos a nosotros.

 Tuve mi primer novio a los 17 años, armaron semejante problema con eso que me prohibieron salir hasta la esquina a ver quien venía, me llevaba un soldado y me traía del colegio en auto, no podía ver a mis a amigas ni asistir a ningún lugar que no fuera el colegio. Vivía molesta y enojada, me sentía totalmente frustrada, diferente a otras chicas, yo simplemente quería tener una vida normal como todos, pero eso parecía tan imposible por aquel tiempo y lo peor, no tenía a quien recurrir, nadie quería oír problemas ni hacerse cargo.

Como es de suponer enferme a los 19 años, debí comenzar a visitar psicólogos, neurólogos, médicos clínicos, yo tenía pánico de expresarme, y nadie daba con un diagnostico preciso que pudiera darles una idea mas concreta de cómo ayudarme. Solo seguía pensando el modo de escaparme de mi casa y no regresar jamás, pero aun mis hermanos eran chicos y no podía abandonarles. Sufría de sueños terribles, psicomatizaba todo, sufría bajas de presión formidables, con lipotimias, mi cuerpo simplemente dejaba de responderme aunque podía escuchar, pero mi cuerpo no me respondía. Una médica tuvo la teoría que eso correspondía a un tumor en la cabeza, los síntomas correspondían y que probablemente podía eclosionar en cualquier momento. La inteligencia de mi padre y su reacción me sorprendió una vez más. Simplemente optó por echarme de casa, así que agarre mis cosas y me fui con mi abuela a otra provincia. No sabía defenderme en la calle, tenía vergüenza de mi misma, tenía la sensación que la gente hablaba de mi a mis espaldas y me criticaba, me sentía totalmente perdida y asustada, creía que estaba volviéndome loca y aún ahí no podía olvidar la suerte y el peligro que corrían mis hermanitos. Igualmente me fui a vivir con unos tíos, estuve ausente dos años y regrese, totalmente renovada, con nuevas ideas, sintiéndome libre, con recuerdos de un pasado amorfo y terrorífico pero con la fuerza para desencadenar lo que fuera para acabar con aquel infierno.

Al llegar desconocí todo, mis hermanos más grandes se habían marchado a estudiar a otra provincia, los menores dominaban a mis padres, les respondían violentamente, no tenían problemas de enfrentarles y criticarles cada cosa.

Algo había cambiado... conocí a quien hoy es mi esposo y por todos los medios intentaron imponerse mis padres para evitar que me casara con el, pero yo ya había cambiado, ya había perdido mi pánico, les enfrentaba abiertamente, contestándoles como se me antojaba. Me casé y me fui a vivir a la que hoy es mi casa. Obviamente mis padres comenzaron a desencadenar nuevamente todo su infierno personal a diario en mi casa, habían trasladado todo aquello a mi hogar, actuando cuando mi esposo estaba ausente, en las horas en que trabajaba, ahora el campo de batalla, entre ambos, era en el comedor de mi casa, se agredian verbalmente y a veces debía ponerme en medio para evitar que las trompadas de mi padre alcanzaran a mi madre quien no dudaba en ponerse a llorar como loca mientras seguía hiriendolo cruda y cruelmente con sus palabras, les pedía que se fueran y no regresaran, pero siempre regresaban, cuando me negaba a abrirles la puerta se ofendían, olvidaban sus diferencias y se unian para pelearme a mi.

De lo contrario me visitaban de uno, llegaba mi padre, contandome lo yegua que era mi madre y el sufrimiento que le daba a el, pobre angel del Señor, luego de expresarse se iba, no pasaba media hora y llegaba mi madre a contarme con llantos de diversas magnitudes y cuanta cara de victima le saliera, la araña peluda que era mi padre con ella. Ellos me relataban las cosas como si yo nunca las hubiera vivido, como si no les conociera a ellos, se colocaban en el papel de víctima y hasta lograban por momentos convencerme de su inocencia! hasta mirada de niños indefenzos solian colocarme... luego de todo aquello se marchaban, si por alguna razón yo salía al centro, les veía abrazados como novios, felices, a los besos en la calle, me habían dejado la roña en casa, robandome mis fuerzas y ya estaban listos para seguir como dos niños que se pelean por un juguete y luego olvidan todo para seguir jugando. 

Cuando se encontraba en casa mi esposo, eran dos angelitos, no discutían y se mostraban atentos, eran los abuelos perfectos de una nietita soñada. Mientras tanto, cuando mi padre se encontraba en el patio, debia vigilar de cerca a mi madre para que no moliera alguna pastilla y le metiera en el cafe a mi padre, de lo contrario debía lavar la taza y volver a colocar cafe, sin que mi padre se diera cuenta o volvian los golpes y las brutales peleas. Pero esta vez no permitía que semejantes espectáculos se dieran frente a mis hijos. Cuando ellos comenzaban a aparecer en casa, yo de una corridita dejaba mis hijos con la vecina y regresaba a mi casa, es que simplemente no podía evitar todo aquello, pero debía cuidar la psicología de mis hijos de algún modo.

A veces acompañaba al médico a mi madre, sobre todo cuando se le acababan sus "caramelos" (se automedicaba, conseguía que una farmaceutica amiga le vendiera los medicamentos que ella creia necesitaba) de camino a ver al médico hablaba maravillas de él, relataba cosas de ensueño y hasta parecía una mujer normal y dulce, más era suficiente que el médico se negara a recetarle los medicamentos, que ella en su opinión necesitaba para, al salir del consultorio, comenzara con un rosario de insultos y descalificacions contra el médico que momentos antes lo había tenido sobre un pedestal! Aún se sigue automedicando, alguien se descuida y toma cuanta pastilla encuentra, y si no la consigue por que no tiene dinero, toma el teléfono y manipula a mis hermanos con toda clase de mentiras hasta conseguir que le depositen dinero y poder comprar lo que ella desea.

Mis hermanos comenzaron a casarse y mi madre retomo su papel de loba racista.

Dejó de martirizarme para comenzar a martirizar y hacerles la vida imposible a mis cuñadas, por su condición social, por su color de piel, cualquier motivo era suficiente y causa fundamentada, para atacar y golpear psicológicamente, lastimándolas terriblemente. Mis cuñadas recurrían a mi, me contaban la misma historia de terror que yo había vivido desde siempre, mis padres iban a visitarles y armaban menudas escaramuzas por tonterías. Más  el lobo esta vez, terrorífico, era mi madre. Mis cuñadas me mostraban las cartas que encontraban en los bolsillos de mis hermanos, cartas de mi madre, descalificando duramente a mis cuñadas, tratándolas de poca cosa, de la peor forma en que puede tratarse a una persona. Yo enfrentaba a mi madre con esas cartas, era su letra, su firma y ella negaba todo aun teniendo las pruebas frente a ella, aseguraba que ella no había escrito eso, y que seguramente había sido yo misma, falsificando su letra y su firma, lloraba, se golpeaba la cabeza contra la pared y luego, acto seguido, comenzaba a decir que le dolía el pecho, que se sentía mal que la llevara al médico y mil cosas más. Aún no lo reconoce, aún niega haber escrito esas cartas, pero no se da por vencida, luego de 20 años sigue llamando y escribiendo a mis hermanos para que abandonen a  mis cuñadas, aun me traen las cartas ellas, pero ya ni me molesto en mostrarselas, no vale mi esfuerzo. Siempre instando a mis hermanos a abandonarles a mis cuñadas, sin importarle siquiera mis sobrinos, diciendo cosas como:- yo no crié un hijo con tanto esfuerzo para que se case con la primera chirusa ignorante que se le cruzo en la calle, sos un profesional, deberías buscar una chica de tu misma condición, etc etc.. Luego hablaba a mis otros hermanos,  les decía:- hagan de cuenta que su hermano esta preso, no le hablen, no le llamen, evitenló, si necesita algo que venga a pedirmelo a mi casa! el no puede estar con semejante mujercita!.. lograba así dividir a toda la familia, mas yo siempre le enfrentaba y hacia todo lo contrario a sus órdenes, incluso logró que nadie asistiera al casamiento de uno de mis hermanos menores por que se casaba con una chica de piel muy oscura, mis esfuerzos por evitar aquello fracasaron, de todos modos pude convencer a uno de mis hermanos y juntos viajamos a aquel casamiento, siendo los únicos familiares presentes.

Mi padre por su lado, en tantos años de convivencia con mi madre se había vuelto racista, olvidando su color de piel, trigueño, menospreciando a mis cuñadas por ser trigueñas, supongo que el se cree Blanca Nieves, de lo contrario no podría ser tan hipócrita de descalificar a alguien de su misma condición en el color de la piel. Cuando yo le hacía notar a mi madre sobre el color de piel de mi padre y de mis hermanos mayores, ella decia:- tu padre es blanco leche, esta quemado por el sol, deberías saber eso vos.

Mi madre llego al punto de no querer levantar en brazos a mi sobrinita, por ser del mismo color de piel que mi cuñada, la trataba de monita fea y repugnante a la bebe. Mi hermano un día de visita en casa de mis padres, yo me encontraba allí, me dejo la bebe un rato. Yo tenía en brazos la bebe de solo 3 meses mientras mi madre la miraba como a un insecto, y le criticaba por ser de otro color de piel. Esto me enfureció hasta la locura, me saco de mis cabales. – Mama, me siento mal, agarrame la bebe que me caigo, por favor ayudame!

-         Ay hija, dejala sobre el sofá, yo te alcanzo una silla.

-         No mama, me caigo agarrame la bebe!

Cuando la tomo en brazos, me sentí como una pantera negra, no podía contenerme y comencé a retarle con furia, descalificándola duramente.

- Esta bebe, es tu nieta, la hija de tu hijo, es una personita, alguien en formación y vos la vas a querer como la abuela que sos, la vas a respetar como persona y la vas a cuidar...

Aun sigue tratando como a insectos a mis sobrinas, haciendo diferencias tremendas con mis hijos, mostrandoles a mis hijos que son diferentes por ser blancos, al menos mis hijos la ubican y se rien de sus limitaciones....siempre metiendose a crear y generar toda clase de peleas entre los hermanos y entre las cuñadas.

Siempre me he sentido sola en esta lucha, mis hermanos simplemente se iban a vivir lejos de mis padres, pero cuando yo les pedía que me ayudaran para hacerles tratar con un psiquiatra, ellos solo me decían que yo estaba exagerando, que les dejara en paz, que ellos eran asi y no iban a cambiar. Pero quien cargaba con todo era yo! siempre fue fácil para ellos opinar, mientras estuvieran seguros lejos de las peleas de mis padres... Una de mis cuñadas siempre oía los reclamos desventurados de mi madre y me llamaba para decirme que dejara de maltratarla, siempre le respondía, :-no hay como tratarla en la convivencia para conocerla... por esas cosas de la vida, a mi hermano le salió el pase  a Córdoba y mi madre se fue a  instalar un mes en casa de mi hermano, bueno duro solo una semana por que mi cuñada no soportó más y le echó como a un perro. Nunca más me reclamo, ni me dijo nada, comprendió que no había como convivir con ella para conocerla y entender.

Todos estos años les he cuidado, he soportado como he podido y como me fue posible este infierno que parece nunca acabar. Intente muchas veces convencerles de concurrir con un psiquiatra, al menos con un psicólogo, algún profesional que pudiera ayudarles, no hubo caso, así que iba yo, me hacía tratar yo, por que de algún modo debía tener una vida normal, yo solo he buscado ser felíz toda mi vida y tener un hogar felíz, donde los domingos poder reunir a toda la familia y disfrutar de una buena comida entre charlas y algarabías. Pero no fue posible con mis padres y mis hermanos viven lejos, pero cada día tengo a mi esposo y mis hijos que son la luz de mi vida.

Un día me canse de tanta mentira y tanta hipocresía de parte de mi madre y que mi padre le apoyara y le cubriera. Una de mis cuñadas me relato algo inocentemente, sin saber ella que habia vivido yo en mis primeros años, me lo conto como un chisme más  creyendo que eran mentiras de mi madre y se abrió una cruda realidad que acabo con mi paciencia y mi tolerancia. Mi madre en uno de sus arranques de culpa o no se que, le contó acerca de que varias vecinas, en mi adolescencia, le habían reclamado acerca de que mi padre abusaba de sus hijas, y que ella sabía todo aquello, que sabía que también me lo hacía a mi, pero como no podía hacer nada miraba  a otro lado y hacía de cuenta que no sucedía. Esto caló muy profundo en mi, al punto de enojarme sobremanera, ella sabía y permitió que creciera con pánico, sin importarle mi bienestar, mi psicología, ellos debían protegerme y no lo hicieron, por ende al comprender esto mi indignación creció aún más. En silencio  tome distancia y no quise volver a verles, ni atenderles, ni llamarles, pero no pude obligar a mis hijos a no verles, a no visitarles.

Mis hijos son diferentes, ellos no atravezaron las cosas que yo viví, se dan cuenta claramente por sí mismos de que mis padres no son normales, pero por algún motivo ellos no se dejan manipular, no hacen caso a las cosas que dice mi madre, al contrario, hacen bromas con cada cosa que dice y ella debe ubicarse para no hacer el ridiculo ante estos adolescentes. Mi madre ha quedado sola, y no quiero verla, solo mi padre parece soportarla, solo el parece tener la fuerza para contenerla y canalizarle. Mis hermanos simplemente no se meten, pero siempre me recuerdan que soy la que vive cerca y debo cuidar de ellos. No quiero mas, mis hermanos llegan de vacaciones, estan tres días y comienzan a ausentarse por que no los soportan pero pretenden que yo me haga cargo de ambos.

 

Sentía mucha culpa por haberme alejado de ellos, hasta que comence a leer su página doctor, y pude comprender muchas cosas. Sentí que alguien podía entenderme, que yo no soy una mala persona, que me toco vivir esto, pero no es un castigo o algo similar, le pasa a muchos, y eso ya es un consuelo, poder encontrar casos similares, aplacan la culpa que una carga encima, una culpa que se genera y no puedo deternerla, y suele aún latir en silencio.

Esta Navidad y Año Nuevo, invite a mi padre a casa, mi madre esta de viaje y el debería pasar solo, así que le llamé y vino, lo encontre tan cambiado, hablamos mucho, me conto cosas de su infancia y su vida que nunca me había contado,  pero si me las había contado mi tío, su hermano mayor cuando aún vivía y por eso comprendí su dolor y su rabia internas hace mucho tiempo y toleraba ciertas cosas dejando atras los hechos del pasado, abusaron de el cuando tenía apenas cinco años durante bastante tiempo y nunca buscó ayuda profesional... ya tengo 44 años, una hija en la facultad de psicología y dos hijos terminando el colegio secundario. Comprendí que mi padre cambió durante mi ausencia, durante mi silencio.

No se por que me tocó vivir todo esto, pero es como haber atravesado un gran tornado y haber sobrevivido para contarlo. Mi padre expreso: -por fin tu madre se fue, es que ya no la aguanto hija, de solo pensar que regresara comienzo a temblar, me vuelve loco cuando habla, tiene un poder que no se como actua, pero me desquicia y me pone sumamente violento. Nunca pude hacerla callar.... no le respondí, que puedo responderle? pese a todo no he podido dejar de quererles, pero me hace daño estar cerca.

A veces pienso que pasara si papa fallece, quien se hara cargo de ella?, por que mis hermanos no quieren hacerlo y menos aun mis cuñadas. Y yo tampoco quiero volver a tener el infierno en mi casa. Mi padre en tal caso, cuando mi madre no esta, se ocupa de su quinta y no molesta a nadie, pasa las horas tranquilo entre sus cosas o conversando con algun amigo o vecino.

En estos 4 años descanse, viví sin tormentos ni peleas, pude dormir cada noche tranquila, aunque en este momento estoy saliendo de una depresión, la misma no se compara en lo más mínimo a lo que he vivido durante el resto de mi vida. F.

 

 

 



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