SEMIOLOGÍA PSIQUIÁTRICA Y PSICOPATÍA

Sitio del Dr. Hugo Marietan

www.marietan.com    marietanweb@gmail.com

 Principal ] Artículos ] Psicopatía ] Esquizofrenia ] Docencia ] Poesías y cuentos ] Otros Autores ] Curso de Psicopatía ] Semiología Psiquiátrica ] Enlaces ] Cartas comentadas ] Depresión ]

 

 

Cartas comentadas

Lucas, el parásito

 Mi nombre es María, tengo 28 años. Estuve de novia durante dos años con un hombre que, hoy, veo es un psicópata. Aún así, no me arrepiento de haberlo descubierto - lo que se dice - tarde, porque a partir de este descubrimiento y mi libertad es que puedo ayudar a otros.

Conocí a Lucas en un momento feo de mi vida. Había estado por más de un año con un hombre que idolatraba, un escritor, un colega, que me había dado toda esa adrenalina en la vida, esa pizca bohemia que mi vida universitaria y laboralmente responsable necesitaba. Yo soy escritora, pero también tenía mi carrera y mi trabajo, por lo cual ese hombre me maravillaba la vida. Pero jamás me amó, y no podía comprender cómo teníamos momentos maravillosos, de poesía, libros, sexo, música y él no se enamoraba de mí. Finalmente corté la relación, y fue ahí cuando conocí a Lucas. Él me llenaba de alabanzas, leía todos mis escritos y los comentaba en detalle, discutíamos sobre la notable influencia quirogiana en mis cuentos y demás. A veces me visitaba vistiendo traje y corbata, ya que trabajaba (él me dijo que era socio) en un estudio jurídico con su hermano abogado. Él se desempeñaba como gestor. Ahí fue que me dijo que era Licenciado en Gestión, más bien Gestión Jurídica, por un curso jurídico que daba más valor a sus estudios universitarios. Yo misma visité el estudio, por demás bonito.

Me dijo también que era músico: Yo estudié 15 años de música, pero lo que él tenía era mucha intuición y sabía mucho de historia de las bandas. Me sorprendió que fuese tan admirador de U2 como yo, y que conociera en detalle toda su obra. Coincidíamos en muchas cosas, especialmente los gustos en música y literatura. Yo no me enamoré de él perdidamente cuando lo conocí, ni aún de novia, pero su forma de tratarme, de alabar mis logros, de comentar mi obra y hacerme sentir una mujer amada me obligó, de algún modo, a permanecer junto a él.

Como soy traductora, no quería hablar mucho inglés conmigo, pero decía que lo había aprendido muy bien estando en los Estados Unidos. Me comentó que había ido por trabajo y que había estado más de tres meses en Ohio. Yo conozco Estados Unidos pero jamás visité esa zona. Me comentó inclusive que, recién llegado a Ohio, lo había parado la policía por haberse detenido en la banquina de una ruta a mirar un mapa, y que como su inglés no era tan bueno en ese entonces y estaba nervioso, le había costado horrores hacerse entender con el policía. También comentó que lo había ayudado un cubano, que pasaba por allí, a evitar una multa. También habló de haber comenzado a trabajar como limpiapisos en una empresa multinacional en Buenos Aires, y que había ascendido hasta dueño de reparto con mucho esfuerzo. Me hablaba de la innumerable cantidad de veces que había tenido que estudiar para exámenes finales de la facultad arriba de la camioneta mientras hacía los repartos. Me nombró inclusive a profesores, según él inolvidables por su calidad intelectual.

 

En un momento comencé a ver baches en su discurso. Vi que en su casa no había ninguna prueba de haber estado fuera del país, ni su título universitario, ni apuntes, ni nada. En una oportunidad le comenté que me parecía extraño que no guardara nada de los viajes ni los estudios en su casa, y entonces se violentó conmigo. Me dijo que quién me creía que era para cuestionarle las cosas a él, y comenzó a hablar de mis inseguridades y mis miedos.

Un buen día deja el trabajo en el estudio porque le habían ofrecido un trabajo en un Hotel muy importante de la Capital. Acepta. Era un trabajo simple pero de muchas horas, horarios rotativos, pero un salario aceptable. Duró menos de un mes. Según él, como nuestros horarios no coincidían no nos veríamos casi nada y él no soportaba no verme. Después me dijo que le daba mucha bronca que con un currículum como el de él estuviera trabajando diez horas diarias en esas condiciones. Después de eso estuvo seis meses sin trabajo. Lo mantenían sus padres, y como él no tenía acceso a internet me mandaba a buscarle trabajo y mandarle currículums desde mi casa. Allí me dio la contraseña de su casilla de e-mail. Recuerdo que me decía que pusiera un salario pretendido de $ 1.500 y un puesto estable. Caso contrario, que ni me molestara en enviar nada. En seis meses no salió ni un solo trabajo. Entonces su padre compró un auto modelo 1980 y le consiguió trabajo en una agencia de remis. Allí también duró un mes. Decía que era culpa del país, que no podía ser que un profesional universitario estuviera manejando un remis como alguien que no tiene estudios. Dos meses después apareció en mi casa. Yo vivo en una cuidad a 50 kilómetros, y me había terminado un departamento hacía unos meses. Se vino a vivir conmigo. Lo mantuve durante cuatro meses, en los que él me decía que salía a buscar trabajo de mañana. Al tiempo un amigo mío le ofreció un trabajo en una pizzería y allí comenzó a trabajar.

La relación empeoraba, ya que su situación empeoraba. Yo creía en mi puesto de trabajo mientras él no. Debía pedirme dinero para cigarrillos o cualquier cosa que quisiera y eso parecía molestarle. Ni hablar de cuando yo se lo negaba. En fin, como yo vengo de una familia de clase media (él no) y mis padres me han ayudado mucho financiando mis estudios y mis viajes al exterior para estudiar, siempre tomaba eso como una forma de hacerme sentir mal por reprocharle cosas (como que mientras no trabajaba no hacía nada en la casa, no me ayudaba). Entonces me decía que yo no entendía nada de la vida, que a él todo le había costado muchísimo, que había ido a rendir exámenes sin dormir en la universidad porque tenía que trabajar para comer, que se había comprado sus autos (le gustaba restaurar autos viejos) con mucho esfuerzo y trabajo, pero que yo había tenido todo servido en bandeja y que me gustaba alardear frente a él.  Él siempre decía que yo hacía eso para disminuirlo. Una vez se enojó tanto que aceleró a 140 Km/h en una avenida céntrica. Yo pensé que nos matábamos. Llegamos a su casa y me tomó del cuello, me pegó una piña en el estómago y una bofetada muy fuerte. Yo le devolví la bofetada, y ahí vi en sus ojos una furia que jamás había visto en mi vida. Me volvió a tomar del cuello y me puse a llorar. Pensé que me mataba. Me culpó por todas las cosas malas que le habían pasado desde que estaba conmigo.

 

Comenzó a trabajar. Duró tres meses. En esos tres meses, sólo trajo el dinero de un solo sueldo. Decía que mi amigo no le pagaba el salario entero. Y volvía pasada la una de la mañana, diciéndome que mi amigo lo hacía cocinar pizzas, lavar platos, limpiar pisos. A mi amigo le decía que yo no quería ir más a la pizzería porque no me gustaba el olor que había, o que sentía frío porque no tenían calefacción. Así nos enemistó, por lo cual ninguna de las dos partes sabía la verdad. En ese entonces, tenía franco sólo los lunes. Esos días, tomaba el colectivo a la mañana y me decía que iba a visitar a su familia. Después de unos meses, entrando a su casilla para enviarle un CV, me entero de que hacía tiempo salía con otra mujer. Me entero también de que le había dicho que vivía solo, en un departamento, y que era socio de un restaurante.

Dejé sus cosas en la calle y cuando volvió ese día lo eché.

Luego me entero de que jamás había salido del país, de que había terminado el secundario en un colegio de adultos nocturno a los 21 años, que jamás había trabajado en ningún lado y que todo lo que me contaba de sus empleos eran en realidad empleos que habían tenido su padre y su hermano mayor. Me enteré de que no era músico, que jamás había tocado los instrumentos que decía ni en las bandas que nombraba. En fin, me enteré de que TODO lo que me había contado era mentira. También supe que había dicho a otras que había estudiado la Licenciatura en Ciencia Política y Relaciones Internacionales (que es la carrera que yo estudié), y que había dado detalles de mi vida como si fuesen propios de él.

 

Hoy estoy de novia, con otro, y muy feliz, sigo en contacto con varias de sus víctimas porque nos hace bien estar unidas. Él me mandó a decir por su madre que se estaba tratando psicológicamente pero he descubierto que no es cierto, y que sigue reinventándose a sí mismo y lastimando gente.

 

 

María

Este hombre busca un huésped y lo parasita. Aborrece el trabajo, es decir el esfuerzo tras una meta, los obstáculos. La herramienta que usa es la mentira y la fabulación. Fabula alrededor de un tema: él y sus logros virtuales. Tiene encanto, en el sentido de que sus mentiras tienen cierta gracia que sugestionan, que las hacen creíbles. Debe esto estar acompañado de una habilidad para la actuación y, además, un público muy necesitado de halago: es una cuestión del tipo llave: cerradura. Aquí importa tanto el parásito como el parasitado.

Sin embargo este sus representaciones son de vuelo corto. Hay una falla en su oficio de fabular que hace que sea descubierto (una grosera: te dio la clave de su mail). Es decir, si bien es habilidoso, no tiene el arte. Juega bien, pero no lo suficiente como para estar en primera A. No llega a chapucero, desde luego, pero está muy lejos de Maradona.

Falla en los trabajos (dura un mes), falla en los estudios (termina el secundario a las cansadas), falla con las mujeres (vos lo encontraste suelto y lo largaste), falla en su ambición (pide unos míseros 1.500 pesos de sueldo, míseros para un artista del chamuyo, para un parásito de ley). Falla en la ayuda hacía el huésped (una de los ganchos de los parásitos: no trabajan, pero ayudan y “son tan buenos”). Falla en el control agresividad: pega al huésped (“me tomó del cuello, me pegó una piña en el estómago y una bofetada muy fuerte”), esta es una ley inquebrantable en todo buen parásito: parasitar y no agredir, para no ser echado.

Resumiendo: es un parásito, pero un parásito mediocre.

Y da para chamuyero, pero ni ahí para psicópata: el psicópata es un artísta, y éste es un obrero especializado.

 

Saludos cordiales,

Dr. Marietan

 

 



Si desea dar su opinión o aporte escríbame a consultashm@gmail.com o click AQUI