SEMIOLOGÍA PSIQUIÁTRICA Y PSICOPATÍA

Sitio del Dr. Hugo Marietan

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INCESTO

 

Mi nombre es Inés, tengo 47 años, soy divorciada desde hace 12 años. Vivo en L., Provincia de Buenos Aires.

Mi matrimonio duró poco tiempo, mi ex marido era navegante, por lo cual estábamos más tiempo separados que en pareja. Mi hija menor tenía 4 años al separarme, jamás supo lo que es vivir en familia. Cuando el llegaba de viaje, se dedicaba a visitar amigos, salir en su bicicleta, en fin... se dedicaba a él. No me importaba demasiado esta cuestión, ya que era más feliz cuando no estaba. Era un tipo, y disculpe la expresión pero no encuentro otra que lo explique de mejor forma, un "terrible hincha pelotas insoportable, obsesivo con el orden en que debían ir los especieros, por ejemplo, etc.".

Mi ex esposo abuso de mi hija menor desde sus 13 años hasta los 15. Se hizo la denuncia penal, sin ningún éxito. El expediente fue archivado a los 15 días.

Debido a la ineptitud del sistema judicial, sobretodo en la Provincia de Buenos Aires y luego de oír a la fiscal, quien me dijo textualmente: "estos casos de abuso sexual simple, son muy comunes y difíciles de probar, por lo que no se puede hacer nada porque estamos atados de pies y manos, según el código procesal con el que debemos manejarnos... etc.". Hablé con mi hija, quien fue la que insistió en realizar la denuncia y la convencí para que dejara las cosas como estaban. Le comente algo de lo que había leído en "Crimen y Castigo", y me consolé pensando que debía vivir 120 años, para que su conciencia fuera su castigo, pero ahora  me encuentro con que esta gente no siente culpa. Eso quisiera sentir yo, para pegarle un tiro en las bolas y otro en la cabeza. Pero no puedo, es el padre de mis hijos. Por otro lado imagínese lo que pasaría con ellos al enterarse que la madre mató al padre.

Mi hija empezó a hacer terapia en el Hospital G., la atiende la Dra. V. de Psicopatología de Adolescentes, mucho antes de saber de esta situación. Intentó un para suicidio, ese fue el motivo por la que consulté a una psiquiatra especialista en adolescentes.

Actualmente no tiene ningún contacto con el padre. Pero también perdió a su abuela y abuelo paterno. A su tía paterna, en realidad a toda la familia paterna.

Ellos llaman a lo sucedido... "ese incidente"....

Los perdió, porque la acosaban llamándola por teléfono para tratar de convencerla que todo fue un mal entendido.

El padre solo le hacía caricias. Así llaman  ellos al hecho de que un padre manosee el busto de su hija que apenas empezó a desarrollar.

"El la acaricia porque la quiere", sin embargo, cuando se encontraban le decía... "Hola hija... hija de puta.. jajajaja, es un chiste".

Hablé muchas veces con él. No sólo por ese motivo, sino porque la llevaba en su moto después de haber bebido alcohol y sin casco.

Esas charlas eran estériles, volvía a repetirlo. Es la razón por la cual mi hija insistió en hacer la denuncia. Me dijo: "mamá nada de lo que vos le digas o hagas va a solucionar esto".

Tampoco la denuncia fue efectiva. Vivimos relativamente cerca, por lo que es común que mi hija lo encontrara al estar caminando por la calle. La actitud del padre era subirse con la moto a la vereda y cortarle el paso. Por lo cual, le compré un celular y la asesoré para que cuando esto ocurriera, entrara a un negocio y llamara  a la policía y a mi.

Doctor, este hombre no le tiene miedo a nada. Hay una denuncia penal. La policía puede arrestarlo. Sin embargo el se siente todo poderoso.

Mi pregunta es la siguiente: ¿qué me pasó a mi, para no darme cuenta de lo que estaba sucediendo?

¿Cómo es que no pude evitarlo? Muchas veces le pregunté a mi hija si sentía algún resentimiento hacia mí, por no haberla protegido. Le dije que sería un sentimiento normal, después de todo, soy su madre, la responsable de su bienestar.

En este momento, ella está muy bien. La doctora V., la está ayudando mucho. Aprendió a defenderse del padre.

La aconsejé que cuando se le apareciera lo ignorara. No sintiera miedo, ni se atemorizara, que no le demostrara ningún sentimiento. Dado que eso podía estimular sus persecuciones y dio resultado.

Mi última pregunta: ¿Qué es lo que le sucede a un padre para que tenga estas actitudes repugnantes hacia una hija? ¿Por qué la familia actúa como un clan, una especie de mafia que lo defiende, sin cuestionarse absolutamente nada? No son ignorantes. Mi ex suegra es directora de escuela y su marido ex tesorero de la Municipalidad. Su tía es diseñadora industrial y su marido arquitecto.

Muchas gracias por recibir mi mail.

 

Atentamente, Inés

 

Pd: Autorizo la publicación del mail, reservando la identidad de todas las personas nombradas en él. Mi hija es menor de edad, actualmente tiene 16 años.

 

Respuesta del Dr. Marietán

 

Es triste tener que reconocer que el abuso sexual en la infancia no es un hecho infrecuente en ninguna parte del mundo. De los niños abusados el 83 % son niñas y 17 % son varones. El abusador, en un enorme porcentaje es un familiar adulto del infante. padrastro, abuelo, tío, primo, y, lamentablemente, el padre. Luego están los vecinos y otros adultos que visitan la casa y, un porcentaje menor, un hecho circunstancial fuera de los aledaños de la casa y de los familiares.

Llama la atención varios puntos en estos abusos: por lo general la niña no es creída cuando cuenta que ha sido abusada. No existe una explicación fehaciente de porqué sucede esto. Una explicación simple sería porque la niña, en esa etapa, es fabuladora y creen que es otra fantasía. Sin embargo no podemos quedarnos que esto. Porque lo que denuncia la pequeña es un hecho grave. Debe impactar en la mente del adulto que recibe la información ¿Por qué, algunos, recurren a la negación? Seré cruel en esta respuesta. por conveniencia. La adulta que escucha por lo general es conciente de la catástrofe familiar que le sigue a asumir la denuncia de la niña. Entonces se esfuerza en conseguir una duda que la pericicle del problema. Por ejemplo no entra en el esquema mental del adulto que un padre o un abuelo pueda tener deseos sexuales sobre su hija o nieta, que se excite con ese cuerpito apenas enunciado sexualmente. Entonces suelen escaparse pro la tangente de “te habrá parecido”, “estás exagerando”, “no hables así de tu abuelo que te quiere tanto” y lo pero de todo: “no mientas”. Fíjense que con esta última opción la nena se queda sola, sin respaldo de su madre (el ser protector por antonomasia), en manos del perverso. La nena siente que la madre la entrega al perverso. No tienes más chance que seguir la situación incestuosa hasta que sus fuerzas y madurez (por lo general en la adolescencia) pongan límite al perverso.

Una situación distinta se produce en caso del padrastro, en que la mujer, en un porcentaje mayor del esperado, entrega directamente a su hija al perverso como prenda para evitar que la deje. Ejerciendo un no darse cuenta activo permite la perversión. Muchos colegas que están leyendo estas palabras tendrán un caso que confirme esta cruel manera de mantener una pareja.

La madre sufre un extraño “adormecimiento” frente a la situación de incesto ¿No lo ve? ¿No lo quiere ver? ¿No lo puede creer? ¿Lo ve pero prioriza sus intereses ante los intereses vitales de su hija? ¿Cree que, en un resquicio de primitivismo, es un hecho “natural”, un derecho del “padre”?

El otro dato a tener en cuenta es que estos casos no ocurren solamente en gente poco instruida o con recursos económicos y culturales escasos. Se da en el corte total de la sociedad. Lo que lleva a pensar en factores más profundos aún, que los mencionados.

El incesto está mencionado en todas las culturas y en todas las épocas, aún en la Biblia.

 

El caso de Inés es el de una madre que cree a su hija y lucha para reparar el daño del perverso y pregunta:

 

¿Qué me pasó a mi, para no darme cuenta de lo que estaba sucediendo?

La familia, aunque se esté separado del esposo, funciona bajo el presupuesto del cuidado de los hijos. No está en la cabeza de nadie pensar, a priori, que pueda existir la intención de daño por parte del padre. A partir de ahora no usaré la palabra “padre”, porque el rol del padre es preservar a sus hijos de los daños del medio, educarlos para que enfrenten la vida lo más sanamente posible. En el caso de que abuse sexualmente de su hija ya no tiene ese rol de “padre” sino de un Perverso que ha inseminado a la madre de su hija. Es decir, este es un perverso. ¿Cómo prevenirse de un perverso si no tiene antecedentes? Es muy difícil.

 

¿Cómo es que no pude evitarlo?

La chance de evitar esta situación está relacionada con el grado de comunicación que exista entre la madre y la hija. El grado de apertura mental de la madre y de la sensación de confianza por parte de la hija. La presunción de parte de la hija de que “no será sancionada” si cuenta tamaña experiencia. Que será creía y amparada. Es decir que no es un hecho puntual, sino toda la relación histórica entre madre e hija.

 

¿Qué es lo que le sucede a un padre para que tenga estas actitudes repugnantes hacia una hija?

No es un “padre” es un perverso, como lo dije antes

 

¿Por qué la familia actúa como un clan, una especie de mafia que lo defiende, sin cuestionarse absolutamente nada?

Porque en realidad, no le creen a la nena. Creen que es una exageración y el hecho de que estén separados los puede hacer pensar que es una maniobra de la cónyuge despechada. Tampoco ellos pueden creer que su familiar haga una cosa así. Es esconder la cabeza para no ver el problema. Caerán en la cuenta cuando ocurra otro caso.

Su hija debe hacer psicoterapia para evitar un mayor daño psicológico y que pueda asimilar este trauma grave.

 

En Argentina existe una ley que ampara, fragmento, (Para ver el texto completo click AQUI)

CODIGO PENAL  Ley 25.087 Sancionada: Abril 14 de 1999. Promulgada: Mayo 7 de 1999.

El Senado y Cámara de Diputados de la Nación Argentina reunidos en Congreso, etc., sancionan con fuerza de Ley:

ARTICULO 1º -

1. - Sustitúyese la rúbrica del Título III del Libro Segundo del Código Penal "Delitos contra la honestidad" por el de "Delitos contra la integridad sexual".

2. - Deróganse las rúbricas de los capítulos II, III, IV y V del Título III del Libro Segundo del Código Penal.

ARTICULO 2º - Sustitúyese el artículo 119 del Código Penal, por el siguiente texto:

"Será reprimido con reclusión o prisión de seis meses a cuatro años el que abusare sexualmente de persona de uno u otro sexo cuando, ésta fuera menor de trece años o cuando mediare violencia, amenaza, abuso coactivo o intimidatorio de una relación de dependencia, de autoridad, o de poder, o aprovechándose de que la víctima por cualquier causa no haya podido consentir libremente la acción.

La pena será de cuatro a diez años de reclusión o prisión cuando el abuso por su duración o circunstancias de su realización, hubiere configurado un sometimiento sexual gravemente ultrajante para la víctima.

La pena será de seis a quince años de reclusión o prisión cuando mediando las circunstancias del primer párrafo hubiere acceso carnal por cualquier vía.

En los supuestos de los dos párrafos anteriores, la pena será de ocho a veinte años de reclusión o prisión si:

a) Resultare un grave daño en la salud física o mental de la víctima;

b) El hecho fuere cometido por ascendiente, descendiente, afín en línea recta, hermano, tutor, curador, ministro de algún culto reconocido o no, encargado de la educación o de la guarda;

c) El autor tuviere conocimiento de ser portador de una enfermedad de transmisión sexual grave, y hubiere existido peligro de contagio;

d) El hecho fuere cometido por dos o más personas, o con armas;

e) El hecho fuere cometido por personal perteneciente a las fuerzas policiales o de seguridad, en ocasión de sus funciones;

f) El hecho fuere cometido contra un menor de dieciocho años, aprovechando la situación de convivencia preexistente con el mismo.

En el supuesto del primer párrafo, la pena será de tres a diez años de reclusión o prisión si concurren las circunstancias de los incisos a), b), d), e) o f)."

 

ARTICULO 3º - Sustitúyese el artículo 120 del Código Penal, por el siguiente texto:

"Será reprimido con prisión o reclusión de tres a seis años el que realizare algunas de las acciones previstas en el segundo o en el tercer párrafo del artículo 119 con una persona menor de dieciséis años, aprovechándose de su inmadurez sexual, en razón de la mayoría de edad del autor, su relación de preeminencia respecto de la víctima, u otra circunstancia equivalente, siempre que no resultare un delito más severamente penado.

La pena será de prisión o reclusión de seis a diez años si mediare alguna de las circunstancias previstas en los incisos a), b), c), e) o f) del cuarto párrafo del artículo 119."

 

 

 

Comentario 1 (1/5/06)

El tema  del incesto me confunde. No recuerdo nada en mi niñez ni en la de mi entorno que pueda recordar algún hecho de ese estilo, sin embargo, si viví en la adolescencia un caso con una amiga y su tío. Ella tenía 14 años y yo 16. Fue en S..  Nunca dijo nada a sus padres, se hubiera formado un drama, el padre era policía y para colmo trabajaba en menores, lo habría matado sin dudar. Lo pasamos mal, sobre todo ella, pero supo zafarse de la situación y no llegó a más. Ahora de mayor, si me he enterado de varios casos que con mucha timidez me han contado algunas amigas y uno de ellos realmente asombroso. ¿Qué le pasa a una madre que viola a su hija de cinco años penetrándola con algo por el culo? Cuando oyes a toda una señora mayor contarte esto llorando como la niña que lo sufrió y sigue sintiendo vergüenza, te quedas paralizada, al menos yo.

 

Alicia

 

 

Comentario 2 (De Inés 2/5/06)

Doctor Marietan:

Quiero hacer algunas aclaraciones:

Mi hija, iba a la casa del perverso, y volvía de mal humor, y siempre me decía que era por problemas con la hermana.

Lo mismo sucedía, cuando iba a la casa de los abuelos paternos. Porque, allí, también ocurría el abuso. Pero, al preguntarle que pasaba, porqué estaba tan mal, (me contestaba mal, golpeaba las puertas, etc.....(entonces yo le proponía ir a comprar galletitas y tomar mate, y charlar.... lo hacíamos), ella contaba situaciones relacionadas a cuestiones de celos entre la hermana y ella. O directamente problemas que tenía con su tía paterna. Cuando empezó la terapia, hubo algunos indicios, que me hicieron empezar a pensar en el abuso.... Los lunes, era el día que comía en la casa del perverso... Antes de ir, le bajaba la presión (hipotensión), o trataba de buscarse alguna actividad para no hacerlo. Cuando tenía síntomas orgánicos, yo, insistía para que se quedara. Si se armaba otro proyecto con las amigas, la estimulaba para que vaya. Pero... (y esto me cuesta explicarlo), era como una necesidad de ir... un no poder despegarse de esa ¿obligación?, ¿ritual?. Iban los hermanos y ella no podía dejar de ir. Comento además, que mis hijos mayores puede decirse que han tenido “padre”, pero mi hija abusada no. El perverso nunca la quiso. Esto se dio desde que nació y ella lo sintió. Nunca se lo dije. Nunca le comenté nada, no hizo falta. Pero cuando un padre no te quiere, se nota, no hace falta que te lo diga con palabras, te lo hace sentir en el alma, en la sangre, en cada partícula de tu mente y tu cuerpo.

Luego de dos meses de iniciada la terapia... un día estábamos hablando (había vuelto de la casa de los abuelos, donde se reune la "familia”, y comenta un suceso que en sí no tiene mayor importancia, pero con un odio que iba más allá de todo. Mi otra hija, la mayor, fue la que más odió al perverso, por su abandono total y absoluto durante cuatro años, y sin embargo nunca me había llegado con tanta intensidad su bronca, su odio como el que sentí que le tenía al abusador. Esto era diferente. Me senté a su lado y le dije: \"Hija, yo siento que tu odio va más allá del que se puede sentir por un padre que te abandona, o según vos, no te quiere... Mirá, yo te prometo, que no voy a hablar con él, si no querés... No voy a realizar ninguna denuncia... No voy a matar a nadie... Hija... ¿está pasando alguna cosa que tenga que ver con lo sexual?...¿papá hizo algo que a vos te molestara y que tenga alguna relación con lo sexual?. A lo mejor, estabas en el baño y él entró... o pudo haber pasado algo que te cuesta mucho decirme....

Mi hija largó terrible carcajada: "no mamá, ¿cómo se te ocurre?"

Ese día me confirmó que algo pasaba... llamé a su psiquiatra y empezó a investigar el tema... al mes mi hija habló.

Luego, la psiquiatra y yo, comenzamos a manejar el tema. Á pesar de todo, ¡ella seguía sintiendo necesidad de ir a la casa del padre!

Es que, si ella no iba, la persecuciones telefónicas y personales del perverso, eran terribles.

Hasta me hizo un Juicio por negarle el paradero de mi hija. Juicio que duró muy poco, y por suerte el expediente estaba radicado en un juzgado, cuyo juez me conocía de algunos años antes, debido a mi trabajo, y las asistentes de incapaces, son dos abogadas que saben perfectamente donde están paradas.

Mi hija no habló antes, porque es padre la tenía AMENAZADA. Creo que en este caso, no entra la cuestión de relación madre-hija.

En la denuncia penal, ella, explica con detalle como el perverso, la amenazaba sutilmente, de una manera que solo ellos saben hacerlo, por eso no contaba nada. ´

Me dijo que la primera vez que lo hizo, se quedó petrificada, no entendía lo que pasaba, y le pareció normal. Cuando se repitió una y otra vez, le molestaba, pero no podía contarlo, le daba vergüenza y no quería perder a sus abuelos y padrinos (la hermana de él y su esposo). Además estaba segura que todos la tildarían de mentirosa. Y eso fue lo que pasó. Para todos es una mentirosa. Solo mi familia, su hermano y yo, le creemos. Nadie más.

Inés

 

 

 

 

 



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