SEMIOLOGÍA PSIQUIÁTRICA Y PSICOPATÍA

Sitio del Dr. Hugo Marietan

www.marietan.com    marietanweb@gmail.com

 Principal ] Artículos ] Psicopatía ] Esquizofrenia ] Docencia ] Poesías y cuentos ] Otros Autores ] Curso de Psicopatía ] Semiología Psiquiátrica ] Enlaces ] Cartas comentadas ] Depresión ]

Carta

Mi hijo, el destructor

 El límite al sacro deber

 

Dr. Marietan: Soy madre de G (ahora sé que es psicópata) es hijo adoptivo, siempre pensé que tenía ese carácter por el trauma del abandono, era recién nacido, para mí fue un sol y es verdad lo que UD. define, es sol pero negro.

Lo tuve internado a los 13 años en el Hospital de Psiquiatría Infantil durante 18 meses, fue un calvario porque era yo la culpable de todos sus problemas, hice terapia durante y después de su internación por 5 años con una terapeuta reconocida y formadora de médicos .

Sufrí humillaciones, falta de respeto, de empatía, me decían que yo tenía un superyó muy estricto porque yo no le permitía los abusos que cometía contra nosotros me decían que una cosa era el chirlo y otra la paliza, han minimizado la situación diciéndonos que tenía una adolescencia conflictiva.

Nos rompió la casa entera 3 veces incluido todos los electrodomésticos, los accesorios del baño, cuando le digo todo es literalmente todo. En el hospital pretendían que yo tuviera tolerancia, a mi esposo le desgarró la oreja a mi me internaron por golpes que casi llegaron a ser fracturas de varias costillas, en fin todo lo que pueda imaginarse.

A veces me despertaba y nos estaba mirando dormir, fue en esos momentos que entendí que en cualquier momento nos mataba, abandonamos la casa con mi esposo y dejamos todo atrás, desaparecimos sin dejar rastros.

Hoy, operada de cáncer de mama, sobreviví a un alto costo a G. estamos de nuevo en nuestra casa ,vino 6 veces en 4 años ,no siempre le abrí la puerta pero la vez que lo hice robó insignificancias, así que desde ese momento no ingresa y trato de que no tenga contacto con nosotros.

Sigo en terapia porque el dolor de perderlo fue lacerante, muchas veces sentí culpa y lo extrañé, pero para él yo no valgo nada y varias veces me dijo que yo no era su mamá, entonces qué podía esperar de él, sólo que nos matara.

Esto sucedió en 1993.Ahora nos sentimos recuperados, pero la relación no tiene más retorno porque aprendí a no creerle y que siga su vida, siempre lejos nuestro.

La determinación la tomé cuando entendí que era irrecuperable y no me arrepiento, necesito vivir en sanidad y no en la locura, lamentablemente no tiene cura.

Fue muy traumático el trato que recibí en el Hospital Psiquiátrico Infantil, siempre me hicieron sentir mala madre, G tenía contención y razón .Cuando comenté que G me había golpeado y les dije que no iba haber próxima vez porque le rompería los dos brazos, lo dije yo; no mi esposo, me denunciaron al tribunal de menores.

Le hice frente  a todas las situaciones, esperé lo que marca la ley protegerlo hasta los 21 años y di por terminado el calvario.

No hay posibilidad de una vida digna de ser vivida con una personalidad de estas características, y no siento culpa de haber hecho el duelo, ya no lloro y ya dejamos de sufrir, cada cual hace una elección y ello lleva implícito dejar otras opciones en el camino, aunque esa opción sea un hijo.

Me dijeron  que hacia los 40 años se estabilizan, ¿es verdad?, ¿se puede sobrevivir a semejante locura sin quedar uno involucrado?

Dr. mis respetos ojalá hubiera sabido de Ud. en aquel momento.

Mis respetos, Gilda

 

El límite del sacro deber

 

Gilda:

La hembra humana, al igual que muchas de las otras especies, es la responsable principal de la cría y cuidado del hijo. Es, si se quiere, un imperativo de la especie, es decir que supera el rango individual. El objetivo básico es que la especie no se extermine. No cortar el continuo fluir del ADN específico en el continuo del tiempo. La evolución natural enseña que los ejemplares más aptos son los que perviven, los otros, los incapaces o inadaptados, son eliminados por los depredadores y la hostilidad del medio que supera sus defensas. Sin embargo, los humanos han sorteado esta ley básica a través de un sentido solidario que les hace cuidar aún de aquellas de sus criaturas incapacitadas. Y, en devolución de esta gracia, muchos de los incapacitados han aportado talento y genio a la cultura, como lo demuestra la historia. Pero, la mayoría, han constituido una pesada carga y hasta la anulación funcional de los ejemplares aptos encargados del cuidado de estos individuos.

Las grandes religiones han convertido al cuidado de las crías humanas en un deber sagrado que recae sobre la madre, principalmente.

Sin embargo, ¿cuál es el límite a ese sacro deber?

No lo sabemos, no está establecido.

¿Qué hace que una madre consuma todo o casi todo su tiempo al cuidado de un niño incapacitado grave, como el de una parálisis cerebral, cuyo futuro es certeramente desfavorable?

No tenemos una respuesta adecuada a esta pregunta. Sí existen innumerables alegatos preformados, que responden a repeticiones de normas morales o religiosas. Pero la respuesta a la esencia de esta pregunta nos es esquiva.

En el terreno de la burda especulación presumimos que la indefensión de la criatura puede ser uno de los factores, y la incapacidad de dañar, otra. Descartamos por supuestas las cualidades del amor.

 

¿Pero qué ocurre en el caso, como es el que se nos comenta en esta carta, en que la incapacidad se limita a la adaptación y la capacidad de daño se mantiene intacta o, aún, exacerbada? ¿Y cuando esa capacidad de daño puede estar dirigida a la propia persona responsable del cuidado del hijo?

“A veces me despertaba y nos estaba mirando dormir, fue en esos momentos que entendí que en cualquier momento nos mataba”.

¿Qué sumatoria de hechos han posibilitado que esta madre acuñe esta interpretación de la conducta de este hijo?: “en cualquier momento nos mataba”.

Por un lado nos ha participado de sus experiencias con el hijo mismo, y por otro lado la vivencia de no encontrar apoyo para el reclamo frente a los profesionales que atendían a su hijo (“Fue muy traumático el trato que recibí en el Hospital Psiquiátrico Infantil, siempre me hicieron sentir mala madre, G tenía contención y razón”): los profesionales demasiado focalizados (tal vez por defecto de formación) en la problemática del la “enfermedad” del hijo, han descuidado la incidencia de esa misma problemática en la dinámica familiar y social. Tal vez el error se debe a considerar al paciente como un individuo aislado y centrarse sólo en solucionar o mitigar “el problema específico del chico”, sin tener en cuenta la red social inmediata y mediata que sostiene a ese individuo.

Creo que un caso como el que se nos presenta, requiere la intervención de varios profesionales de distintas disciplinas: psiquiatra, psicólogo clínico y, al menos, un psicólogo sistémico, y un asistente social que constate el terreno familiar.

Atender con profusión al paciente me parece meritorio, pero dejar abandonado a su suerte a los familiares que lo sostienen, me parece, al menos, un error. Y conformarse, por parte del profesional, en hacer culpable de todos los males del paciente a sus padres, directamente es mala praxis.

Si bien todos los terapeutas hemos tenido la experiencia de padres que han incidido directamente en la patología de sus hijos, no debemos colocar a TODOS LOS PADRES en ese saco.

Preguntarnos: ¿este paciente es peligroso para sí o para terceros?

¿Cuál es la potencialidad de peligro de esta persona?

¿Quiénes pueden ser el blanco de su agresividad? ¿Hasta dónde puede llegar esa agresividad?

Muchas madres no tienen la capacidad resolutiva de ésta: “Le hice frente  a todas las situaciones, esperé lo que marca la ley, protegerlo hasta los 21 años y di por terminado el calvario”. Otras siguen llevando sobre sus hombros esta situación, impelidas por el sacro deber, otras han muerto en manos de sus hijos.

¿Cómo diferenciar un caso grave, como éste, de uno moderado, de uno leve?

Sólo prestando atención a todas las variables a nuestro alcance. Abriendo la cabeza, dejando los dogmas de lado. No desperdiciando información de las fuentes que puedan proporcionarla: familiares directos, amigos, vecinos, maestros. Y utilizando a distintos profesionales para estas tareas. Y concentrar la información en el equipo asistencial.

“No hay posibilidad de una vida digna de ser vivida con una personalidad de estas características, y no siento culpa de haber hecho el duelo. Ya no lloro. Y ya dejamos de sufrir. Cada cual hace una elección y ello lleva implícito dejar otras opciones en el camino, aunque esa opción sea un hijo”.

 

 

1) Aporte:

Para mí, este tipo de padres genera MUCHA violencia en  sus hijos. Le lo voy a contar con varios casos. Incluidas partes horrendas de  mi propia experiencia personal.

Yo misma he tenido mis épocas violentas: tirando una tijera contra el  piso. Pegándole a mi hermano, a mis 21 años. Yendo con una llave a  rayarle el auto (para lo cual he tenido que atravesar un pasillo de casi 30  m por el que se entra-sale de la casa de mis viejos). La violencia que pueden generar estos seres es extrema, porque TE HACEN ACTUAR. No solo no te  permiten formarte tu autonomía, sino que la poca que podés llegar a tener, en el preciso instante que la necesitan EXTERMINAR hacen una especie de pase  mágico o hechizo por el que se te activa inmediatamente el automatismo.  Directamente VOS SOS ACCIÓN. Es decir su acción es hacerte a vos actuar en  contra de tu integridad, dignidad, principios, identidad... El contacto con  estos seres (que para mí va desde el espectro de psicópatas a personalidades  narcisista como el que podría ser el de esta madre, y quizás el padre sea un  psicópata) es igual a un pantano de arena movediza: pusiste un pie  ahí y perdiste. No teniendo aún desarrollado tu psiquismo, tu personalidad  es muy difícil salir de allí. He llegado a retornar a mi departamento luego  de ir a Lomás de Zamora y agarrar un martillo y golpear sin parar contra la pared  de un placard de mi departamento (que por suerte estaba en reparación por un  tema de humedad). Recuerdo lo impregnada de violencia que me he sentido por  momentos...  

Sé de otra persona que ha  llegado a tirarle un ventilador por la cabeza a su madre para llegar a poner  un límite. Porque esta madre jamás escuchó cuando le decía que no  entre a su cuarto. Actualmente tiene un cuaderno Gloria con anotaciones  suyas en las que ha agujereado el margen superior y puesto un alfiler de  gancho a modo de cierre.

Otra persona me decía: “he llegado a sentir odio. Pero odio, odio por mi mamá. He llegado  a pensar que podría matarla. De verdad he llegado a pensar que la podía  llegar a matar. He deseado que en algunos de sus intentos de suicidio se  matara de una vez, que se tirara de una vez desde ese  balcón”.

Yo lo he vivido. Lo he vivido. Y cuento, y sólo un 0,01 % de lo que padecí, viví, sentí. (no hice más  que esto en cuanto a violencia de este tipo en mi caso por suerte). En esos  hogares vivís un infierno, un tormento que te puede llevar a comportamientos  como el de este chico.

Acá queda en duda si el daño contra sí mismo o  el daño contra terceros -que evidentemente provocó este chico- es por  Psicopatía o por Psicosis, o por ese estado al que no le conozco rótulo  diagnóstico que es el que activan ciertos padres a ciertos hijos (porque el  ARSENAL lo descargan sólo contra el asignado, o el que interfiere su imperio)  y este tipo de respuestas puedo asegurar que es así:

“Padre: aprieto  el botón bomba de Hiroshima. El hijo es la bomba...”.

Se sabe muy bien  lo difícil que es desprenderse de un Psicópata. Y justamente lo que hacen es que todo el tiempo te preguntes: “no, no puede ser lo que estoy  discriminando..., la cosa no es como la ven mis ojos..., la cosa es como el  Psicópata dice que son las cosas”. Y esto no sale de esta madre: ella  JAMÁS SE PREGUNTA EN QUÉ PUEDO TENER QUE VER YO CON ESTO. Ella está COMPLETA Y  ABSOLUTAMENTE no implicada. Y no fueron atendidos por un solo profesional...  Es verdad, los profesionales actualmente en general saben bastante poco de los  Psicópatas, pero...

No descarto que sea como lo relata y como se ha  interpretado.

No es para nada como inmediatamente me resonó y como lo  vi.

Yo me quedaría al menos con el  beneficio de la duda...

Cristina P., Buenos Aires

 

2) Aporte

 

Estimado Dr. Marietan:

Tuve la oportunidad de leer en su página la carta enviada por la Sra. Gilda, en la cual narra su experiencia como mamá adoptiva de G., en relación con las vicisitudes vividas como consecuencia de la personalidad extravagante de su hijo.

Imposible no percibir el dolor que aún, y siempre, va a experimentar al rememorar los sucesos ocurridos, y al responsabilizarse plenamente por la elección efectuada.

Es por ello, que llamó poderosamente mi atención la nota enviada como aporte por Cristina P., atento que, en mi sentir, invierte las características de las personalidades de los protagonistas del caso en cuestión, resaltando como resultado que  “este tipo de padres genera MUCHA violencia en sus hijos”.

Dicha interpretación, y más allá de mi absoluto respeto por el relato de sus experiencias personales, se manifiesta al referirse a la mamá de G., cuestionando que “JAMÁS SE PREGUNTA EN QUÉ PUEDO TENER QUE VER YO CON ESTO. Ella está COMPLETA Y ABSOLUTAMENTE no implicada”.

En ese sentido, Doctor, me tomo el atrevimiento de repetir una de sus enseñanzas que da adecuada respuesta: “La psicopatía es una manera de ser. No es una enfermedad. Ni algo adquirido por malos tratos infantiles, es decir, no es algo aprendido”.

Por otra parte, no puedo considerar no implicada a una mujer que recuerda a “SU HIJO” recién nacido diciendo “para mí fue un sol”, y que a pesar de la determinación en la elección realizada le pregunta a UD. aún hoy con esperanza: “Me dijeron  que hacia los 40 años se estabilizan, ¿es verdad?”.

Mariana O., Buenos Aires, octubre 2007

 

 



Si desea dar su opinión o aporte escríbame a consultashm@gmail.com o click AQUI