Psicopatía y psicópatas

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Los extravagantes: ¿Para qué sirven los psicópatas?

 Un oficio ajustado a la psicopatía: Francotirador

Siempre me preguntan el porqué de la existencia de los psicópatas dado que la mayoría de las personas se anotician de ellos cuando comenten un acto disocial grave (asesinatos, violaciones, asaltos, defraudaciones, etc.). Pero la sociedad, es decir el grupo humano, hace un uso de las cualidades especiales de los psicópatas: son los que hacen el trabajo sucio, aquel tipo de labor que los comunes no quieren o no pueden realizar. Existen muchos oficios donde los rasgos psicopáticos son altamente apreciados, incluso premiados por la sociedad, tal es el caso de este francotirador (un asesino en serie, en realidad) que, puesto un uniforme y siguiendo “órdenes” mató más de 200 personas. Pero el ornato social donde se desempeña lo convierten en un “militar destacado”: si quitamos el escenario y ubicamos las mismas acciones en un terreno civil sería calificado como “el feroz asesino serial que mata oculto en las sombras”. Fíjense como alegremente comunica sus códigos propios: “Mis balas salvaron a varios estadounidenses cuyas vidas valían claramente mucho más que la de aquella mujer de alma retorcida”. El placer de este psicópata al satisfacer SUS NECESIDADES ESPECIALES: “Me gustó lo que hice. Todavía me gusta.”. También se explica el porqué del no sentir culpa o arrepentimiento, sus acciones están armonizadas con sus códigos propios y su lógica psicopática: “Era mi deber. No me arrepiento”. Esta es la “frialdad” que muchos señalan al ver que el psicópata (por ejemplo cuando es enjuiciado en un tribunal) no se inmuta ante los cargos o al relatar las acciones psicopáticas. Es que para él lo que a hecho es LO CORRECTO, siguiendo su lógica psicopática: “Puedo enfrentarme a Dios con la conciencia tranquila en relación a mi trabajo”. De ahí que no sientan culpa ni arrepentimiento.
El error de análisis de la persona común es decir: pero el contexto donde este militar realiza las acciones es la guerra, entonces no es un psicópata sino un héroe. Pero si analizamos mejor, con distancia, vemos que este hombre “parece estar trabajando para  su patria” pero en realidad está trabajando PARA SI MISMO, el psicópata siempre trabaja para sí mismo, para satisfacer sus necesidades especiales, tal como apuntamos más arriba. Pongamos a otra persona, una común, que es obligada a entrar al ejército y a ser francotirador, y es entrenado para ello: primero sería un francotirador mediocre y luego de la guerra, cuando le sacan la red que justifica lógicamente sus asesinatos, queda traumatizado y sería uno más de los despojos socialmente inútiles que deambulan por Estados Unidos en tiempo de paz arrastrando sus culpas, traumas y pesadillas. Este militar psicópata no: “Me hubiese gustado haber matado más gente. No para presumir, sino porque creo que el mundo es un lugar mejor sin salvajes que atenten contra la vida de estadounidenses”. Quitado de la guerra, a la que volvería gustoso (mientras la mayoría de los soldados a lo único que aspiran es a volver a sus casas) realiza un trabajo donde puede satisfacer SU NECESIDAD DE PODER y de jactancia: es entrenador de nóveles francotiradores.
También podemos rescatar las dos miradas, la del que lo usa para hacer el trabajo sucio que lo califica como “francotirador más eficiente en las historia de las fuerzas de élite”, un héroe; y la mirada de los que lo padecen, los iraquíes, es al-Shaitan (el diablo).
A la pregunta que me hacen en las entrevistas: “¿este psicópata preso repetiría lo que ha hecho una vez que cumpla la condena?”, la puede contestar claramente este francotirador: “Me gustó lo que hice. Todavía me gusta. Si las circunstancias fuesen diferentes (si no estuviese preso) volvería en un abrir y cerrar de ojos (a hacer lo mismo)”. ¿Se entiende? Para el psicópata lo que ha hecho, las violaciones, las muertes, las estafas, las defraudaciones en política o empresas, están en el MARCO LÓGICO DE SU TRABAJO, es decir que para él, está bien lo que hizo, es más, está orgulloso y gozoso por su tarea, la misma tarea que el común la juzga como morbosa y macabra.

¿Este francotirador ES UN ENFERMO? No, no es ni está ni será enfermo. ES ASÍ, es SU MANERA DE SER EN EL MUNDO. ¿Puede cambiar? No, son inmodificables, para ellos no hay nada que cambiar; son refractarios a toda argumentación que contraría su accionar. ¿Por qué este ser puede hacer un trabajo así y la persona común no? Porque el psicópata no tiene el espectro emocional del común: la empatía, la sensibilidad, la solidaridad, el miedo ante situaciones de riesgo, la ternura, la consideración del otro como un igual, los valores comunitarios. El psicópata se mueve en un espectro emocional reducido: el entusiasmo, la ira,  y una voluntad puesta al servicio de sus objetivos: la persistencia, y una valoración del otro reducida a un objeto, una cosa, para ser usada para sus propósitos. Son IMPIADOSOS, inmisericordes, no porque quieran serlo sino porque en su psiquis no existe la piedad, la misericordia ni el amor: no quieren a nadie, ni a su mujer, ni a sus hijos, ni a su comunidad. Para él los otros son una raza inferior que puede albergar “un alma retorcida” que debe ser eliminada, abusada o parasitada.
Los psicópatas adoran la adrenalina que inunda su cuerpo ante situaciones de alta tensión. Es su droga. Son adictos a la adrenalina y hacen adictos a sus complementarios. Por eso los psicópatas en situaciones de paz, en su familia, en su trabajo, siempre están creando situaciones de tensión, recrean a su manera el marco de “una guerra”: disfrutan de lo imprevisto, de la estrategia, del control, de la sumisión “del enemigo” sea este un subordinado, su esposa o sus hijos. Accionan extravagancias para generar el caos emocional en el otro, porque sabe que el punto débil del común son sus emociones y se las exacerba para agotarlo y manejar mejor su cabeza, dominarlo al extremo de convertirlo en esclavo (un enemigo absolutamente rendido).
Por eso siempre les digo a las complementarias, las que conviven con psicópatas, que me consultan: los psicópatas tienen otra mentalidad, otra lógica, tienen una lógica de militares: territorio, tácticas, estrategias, uso de los recursos, del miedo, impiedad, persistencia en el objetivo, capacidad de lucha, una “mirada fría sobre los otros”, uso de las personas. Es fácil comprender que frente a semejante psiquis no se le puede oponer una “Mentalidad Civil”, siempre perdería. Tampoco puede tener éxito para salir del psicópata aquel que ha sido reducido mentalmente a ser esclavo, porque caerá una y otra vez ante la voz, la presencia, la mirada del amo.
Para terminar quedémonos con esta frase para meditar y palpar la distancia psíquica que nos separa del psicópata: dice el francotirador “Mis balas salvaron a varios estadounidenses cuyas vidas valían claramente mucho más que la de aquella mujer de alma retorcida… Odio profundamente el mal que había dentro de esa mujer. La odio hasta el día de hoy. Era mi deber. No me arrepiento. Puedo enfrentarme a Dios con la conciencia tranquila en relación a mi trabajo”.


Dr. Hugo Marietan
16 de enero de 2012, Buenos Aires, Argentina

 

"Maté a 255 personas y no me arrepiento"

Pablo Uchoa, BBC Brasil,  Domingo, 15 de enero de 2012
Fuente: http://www.bbc.co.uk/mundo/noticias/2012/01/120110_irak_francotirador_lp.shtml

"La leyenda", "el exterminador" y "el diablo de Ramadi" son sólo algunos de los apodos por los que se conoce al francotirador estadounidense Chris Kyle.
Entre 1999 y 2009, el entonces oficial del pelotón Charly, tercer grupo de la fuerza de élite estadounidense conocida como Navy SEALs, se ganó la reputación de ser el francotirador más letal en toda la historia del grupo.
"Me gustó lo que hice. Todavía me gusta. Si las circunstancias fuesen diferentes -si mi familia no me necesitase- volvería en un abrir y cerrar de ojos"
Oficialmente se le adjudican 150 víctimas, una cifra que supera el récord anterior, de 109, alcanzado por un francotirador durante la Guerra de Vietnam.
Pero Kyle afirma que el número es mayor. Sólo en su segunda batalla en Fallujah, a finales de 2004, dice haber dado muerte a 40 enemigos.
En "American Sniper", un libro publicado recientemente en EE.UU. por la editorial HarperCollins, Kyle relata con lujo de detalles el trabajo que desempeñó como combatiente en Irak.

Conciencia tranquila
La narrativa es clara, cruda, como la definió un crítico literario estadounidense, y deja ver la compleja y tensa psicología de guerra.
Kyle cuenta cómo a lo largo de su carrera dejó de dudar al enfrentarse a su víctimas y mejoró su trabajo bajo el fuego cruzado.
Su compañía, Charly, fue una de las primeras en desembarcar en la península de al-Faw, al inicio de la llamada Operación Libertad, iniciada el 20 de marzo de 2003, por el entonces presidente de EE.UU., George W. Bush.
A fines de ese mes, en un pequeño poblado de la región de Nasiriya, los oficiales de SEALs aguardaban la llegada de los infantes de marina. Kyle y otros soldados vigilaban el operativo desde lo alto de un edificio.
Todos los vecinos se encerraron en sus casas, a mirar por las ventanas. Todos menos una mujer y unos pocos niños que merodeaban por la calle.
"Mis balas salvaron a varios estadounidenses cuyas vidas valían claramente mucho más que la de aquella mujer de alma retorcida"
Cuando los infantes se acercaron, la mujer les lanzó un objeto amarillento que tenía guardado en su bolsa.
¡Es una granada! ¡Una granada china!, gritó el jefe de Kyle. ¡Dispara!
Al verlo titubear, el jefe repitió: ¡dispara!
Kyle apretó el gatillo dos veces, la "primera y única vez" que mató a una persona en Irak que no fuese un hombre ni un combatiente.
"Era mi deber. No me arrepiento", escribe. "Mis balas salvaron a varios estadounidenses cuyas vidas valían claramente mucho más que la de aquella mujer de alma retorcida".
"Puedo enfrentarme a Dios con la conciencia tranquila en relación a mi trabajo".

Odio
Kyle decidió abandonar su trabajo para salvar su matrimonio.
Este estadounidense de Texas, que aprendió a usar un arma de pequeño, se convirtió en un virtuoso cumpliendo una de las funciones más controvertidas en los conflictos armados.
En la Segunda Guerra Mundial, los francotiradores de élite eran considerados asesinos en serie. En las guerras contemporáneas, donde se valora la precisión, estos especialistas ganaron un estátus especial.
Kyle se enorgullece de haber matado a un hombre a una distancia de 2.100 metros, en Ciudad Sadr, un distrito en los suburbios de Bagdad, en 2008.
Los asesinatos a tiros cometidos por sociópatas o psicópatas -como el caso del noruego que mató a 69 jóvenes en la isla de Utoeya- refuerzan la imagen fría de estos profesionales.
Kyle, por su parte, explica el odio por "el enemigo" que se fue acrecentando durante sus viajes a Irak.
"Odio profundamente el mal que había dentro de esa mujer", dice Kyle en referencia a su primera víctima de sexo femenino. "La odio hasta el día de hoy".
Los cuatro viajes de Kyle le dieron prestigio y fama. Los insurgentes iraquíes lo bautizaron al-Shaitan (el diablo) y ofrecen una recompensa por su cabeza.
Pero el militar no le da importancia a la fama que obtuvo como el "francotirador más eficiente en las historia de las fuerzas de élite".
"El número no es importante para mí. Me hubiese gustado haber matado más gente. No para presumir, sino porque creo que el mundo es un lugar mejor sin salvajes que atenten contra la vida de estadounidenses".
Retirado de sus funciones desde 2009, Kyle vive ahora en Texas, donde dirige una empresa que entrena a francotiradores de élite de las Fuerzas Armadas Estadounidenses.

 

 

 

 

 

 

 

 

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