Semiología Psiquiátrica y Psicopatía

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Carta

René y el Farabute

Dr. Marietan, ante todo le agradezco y felicito por su incesante labor investigativa sobre la psicopatía. He leído sus aportes bibliográficos y artículos con mucha atención y, fundamentalmente, reflexionando sobre cada afirmación expresada a la luz de mi dura experiencia con un psicópata. Conocí hace algo más de tres años a un ser que creí encantador, seductor, generoso, empático y por sobre todo convencía a toda persona sobre sus valores éticos profundos, su altruismo y sus grandes e intensas experiencias de vida. Fue así como logró entrar en mi corazón y en mi psique a través de alguna fisura afectiva que él supo detectar mediante una delicada observación de mis conductas y mis estados emocionales. Soy un profesional con una gran carrera obtenida con esfuerzo, dedicación y amor al estudio y la investigación científica, lo que promovió mi prestigio profesional no sólo en nuestro país si no también a nivel internacional. Pasados los tres meses de seducción intensiva, donde los regalos aparecían por doquier y cada vez más costosos (nunca supe cómo obtenía el dinero para gastar en ello y en un estilo de vida que ni siquiera yo mismo podía acceder a pesar de dedicarme mucho a mi trabajo), comenzaron a aparecer algunas conductas muy confusas, dobles discursos, basados en la mentira como estrategia para desestabilizarme. Y lo lograba. Cuánto sufrimiento, cuántas dudas, cuántas explicaciones buscadas y no encontradas, cuánto desprecio, desamor y humillación. Cada día iba desenrollando conductas de su pasado, haber estado internado en una clínica psiquiátrica producto del alcoholismo (nunca lo creí, sospecho que fue por el consumo de drogas y psicofármacos), aparecían episodios con el alcohol, en dos ocasiones se tomó frascos de alcohol puro mezclados con psicofármacos. Nunca pude comprender por qué lo hacía. Avisé a su madre (único familiar con la que tiene contacto) pero no quiso saber nada, mejor "guardar la basura debajo de la alfombra". Viajaba a Córdoba a ver a su madre con quien pasaba algunos días y luego regresaba a Buenos Aires. La relación con ella era verdaderamente patológica, creo que ella misma es también una psicópata. No me parece que en una relación sana entre madre e hijo, ella pueda gritarle e insultarle como yo mismo he presenciado. Yo estaba horrorizado, pero él ya había iniciado mi embalsamamiento, había inyectado en mi corazón y en mi mente el virus del desamor y la desestabilización de mis propios valores. Yo me había convertido en un mero observador de una persona que desconocía y me horrorizaba. Mientras yo dormía él llamaba a una línea hot para conseguir parejas y hablar por teléfono con otras anónimas unidas en conversaciones bizarras. También debe haber tenido encuentros con alguna de ellas. Yo seguía presenciando estas conductas ya casi atontado y casi diría que las tomaba con cierta naturalidad ya que él argumentaba que: "no te preocupes, no es nada serio con esta gente, simplemente lo hago porque cubro necesidades de mi componente oscura" Yo no lo entendía pero finalmente aceptaba la argumentación. Qué HORROR..!!!
Durante los tres años que duró la relación NUNCA cesaron los regalos, cada vez más caros, y yo cada vez más incómodo de que siguiera haciéndolo tan desprendidamente.
Nunca pudo sostener una tarea en forma continuada, inconstante, desorganizado, caótico, desordenado, su casa pegada a la mía era un verdadero reducto de basura y objetos que coleccionaba, y si Usted supiera qué coleccionaba .! MÁSCARAS AFRICANAS con expresiones demasiado demoníacas a mi gusto. También coleccionaba dagas, espadas y cuchillos, y vasijas tribales destinadas a los sacrificios humanos. Qué espanto.!! Y yo seguía en el dulce sueño de la anestesia que día a día me inyectaba.
Lo mantuve durante los tres años, no le gustaba trabajar ni comprometerse con nada ni con nadie, en realidad no está capacitado para hacerlo. Es un verdadero PARÁSITO, vivía en mi casa, comía la comida que yo compraba, no colaboraba con el mantenimiento del orden y el aseo de la casa, a duras penas a veces preparaba la comida que le insumía casi toda la mañana poder realizar un simple receta que cualquier persona normal la resuelve en pocos minutos.
Era muy torpe, rompía todo lo que levantaba con sus manos, movimientos bruscos. Para cruzar la calle ni siquiera miraba si pasaba algún auto. Muchas veces pensé que lo atropellarían.
Tiene muchas dificultades para escribir no sólo en computadora sino lo más preocupante es que la mayor dificultad estriba en la escritura manuscrita, horrores de ortografía y sintáxis, omite sílabas. Escritura sin hilación. Este aspecto siempre lo vivencié como un síntoma grave de algún trastorno de la personalidad. Cualquier tarea que iniciaba, por más simple que fuera, la dejaba inconclusa.
Cuando yo le marcaba alguna conducta inapropiada me dejaba de hablar por varios días, llegó a estar un mes sin hablarme, viviendo en el departamento pegado al mío, y trabajando en el mismo sitio. Las primeras veces yo lo iba a buscar para dialogar y saber qué le pasaba, y nunca quería darme explicación, me decía: "Hoy no tengo ganas de darte explicaciones, quizás mañana." así yo me quedaba "pagando" literalmente y lleno de dudas, echándome la culpa y la responsabilidad por su enojo. Qué enceguecido.!
Bueno, así podría escribir un libro relatando mi nefasta experiencia con este psicópata, sus mentiras permanente, su delirio de grandeza, haciéndose pasar por un intelectual en quien ya nadie confiaba. Cuando dejaba de actuar era una BESTIA. Paulatinamente fue socavando mi autoestima mi autonomía, mi independencia emocional y afectiva, mi empatía, mis valores. Me fue aislando paulatinamente de mis grandes amigos, alguno de los cuales he podido recuperar, otros aún ni siquiera lo he intentado, siento mucha vergüenza y pudor de las cosas que vivenciaron a través de este psicópata, y por supuesto también a través de mi propia persona.
La última vez que lo ví, estaba enojado y no me hablaba, a lo cual le pregunté qué le ocurría. Más le preguntaba, más callaba. Hasta que en un momento me dijo que estaba aburrido de la rutina, que se sentía ausente, que el trabajo (que yo mismo le propuse lo tomara para socializarse) no le atraía, en fin. que estaba aburrido. Faltó decir explícitamente que también estaba aburrido de mi, porque siempre le mostraba caminos saludables y esforzados para llegar a la meta, pero era evidente que él necesitaba caminos más arriesgados, vivencias más fuertes. Me resulta muy difícil comprender la lógica de estos individuos, por momentos me parecía que era un muerto en vida. Con chistes de por medio siempre trataba de asustarme con objetos de tortura y con el filo de alguna de sus dagas, pero un observador externo lo hubiese visto como una simple broma. A mi no me gustaba, pero seguía en el sueño inducido.
Después de ese último enojo, durante el cual estuvo sumamente impulsivo, lo eché de mi casa diciéndole que era un INMORAL, que me había usado suciamente durante tres años. Así es que ya hace dos meses que no tengo comunicación con él. En el trabajo estuvo desprestigiándome con mis compañeros, quienes afortunadamente después de tantos años me respetan mucho y no le creyeron. Allí robó dinero, le robó el número de tarjeta de crédito a un compañero para comprar por internet un servicio de citas y parejas. Yo mismo lo denuncié ante mis compañeros cuando descubrí lo que había hecho. Cuando se le reclamó el dinero para el pago, prometió que se lo daría, promesa que hasta ahora no ha cumplido. Él tiene 56 años, es diabético y ya tiene comprometido su sistema cardiovascular, producto de la diabetes sin control. Toma psicofármacos para dormir, sufre de insomnio, toma blísters enteros de CALMADOR (tramadol) diarios, manifiesta un absoluto desinterés en el cuidado de su salud. Ha robado objetos en negocios y supermercados sin remordimiento ni culpa alguna. Yo lo gritaba, pero siempre seguía adormecido.
A la semana de separarnos trajo un muchacho menor de 30 años, a su casa, pegada a la mía, a quien conoció en una página de internet, le dio la llave de su casa, y lo tiene de sirviente para que le limpie el departamento. Es por eso que, para salvaguardar mi salud mental, estoy buscando otra casa para mudarme, porque tal situación me hace mucho daño, ya que esta bestia lo hace a propósito para denigrarme y humillarme. Yo no le dirijo la palabra ni lo miro, las pocas veces que me lo he cruzado, evidencio una indiferencia tan feroz que ni yo mismo me reconozco, es como si viera un vidrio. Intentó acercamientos conmigo y con mis padres, pero nadie le habla ni saluda. Para mi está muerto aunque viva al lado de mi casa. Me ha costado mucho sufrimiento llegar a este estado, mi terapeuta me ha ayudado mucho y yo también he puesto lo máximo de mi fuerza de voluntad para el contacto cero. Pude levantar la pared divisorio de los balcones y he puesto rejas en mis ventanas porque los dos departamentos estaban comunicados por el balcón cuando se había proyectado una gran vivienda para ambos, que él no pudo sostener. Paralelamente a la construcción de la pared divisoria, hice el esfuerzo para elevar las paredes de mi corazón, aún sigo en ese proceso que me cuesta horrores, pero estoy convencido que lo lograré. Recibo el apoyo incondicional de mi querida familia y de algunos pocos amigos entrañables que fueron testigos de mi desdén.
No sé si yo pacté con el psicópata, si fui cómplice con él, aún no lo sé, lo que sé muy certeramente es que yo siempre deseé encontrar una persona a quien amar y a quien poder amar, le creí, lo que veía me gustaba y ciertamente escuchaba de sus labios las cosas que yo deseaba oir. Entregué todos mis afectos y recibí como respuesta la TRAICIÓN, HUMILLACIÓN, DESPRECIO, ESTAFA AFECTIVA.
Bueno, Doctor, me extendí demasiado, pero quizás mis relatos puedan servirle para profundizar sus investigaciones y continuar a tantas personas vinculadas o que han estado vinculadas con un psicópata. Me gustaría que, si es posible para Usted, me hiciera llegar sus comentarios a este breviario vivencial. Le envío saludos cordiales y le agradezco nuevamente toda su intensa labor para ayudar a personas como yo, martirizadas por un sátrapa.
Atentamente, René

Diciembre 2010

 

 

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