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Sólo para estudiantes y profesionales de la Salud

 

 Curso sobre psicopatía 1, año 2004

Director Hugo Marietán

marietanweb@gmail.com

www.marietan.com

Derechos internacionales reservados

 

 

Entrega 18: Cosificación. Neurosis y Psicopatía. Adoctrinamiento y psicopatía. Persona versus cosa. Egocentrismo. Sobrevaloración. Empatía utilitaria. Manipulación. Seducción

Cosificación

En las clases anteriores habíamos mencionado con insistencia que el rasgo “cosificación” es uno de los rasgos capitales en la psicopatía y consiste en quitarles el rango de persona al otro, descalificarlo, minimizarlo hasta vivenciarlo como una “cosa”. Entonces, la cosificación del otro, es quitarle los atributos que hacen a las personas semejantes a uno. Es una postura psíquica, profunda, de valores, sobre el otro. Podemos aventurarnos a decir que el psicópata nace con una mirada cosificadora, con un pensamiento cosificador del otro. Los demás son, para él, “cosas” a ser utilizadas para sus propósitos.

Así como para sacar un clavo, utilizamos una tenaza y una vez utilizada, la tiramos en el cajón de herramientas, así hace el psicópata con las personas, las usa y cuando no le sirven las deposita en el cajón de herramientas ya usadas. Cosifica.

 

Neurosis y Psicopatía

No hablamos aquí del “uso” de las personas que todos hacemos habitualmente: por integrar una red social, necesitamos de los otros y nos valemos de ellos. Inclusive podemos tener acciones de abuso de los demás, y aún perjudicarlos. Pero siempre, en nuestra mente, interactuaremos de persona a persona; si hacemos algo negativo hacia otro ser, por empatía, pagaremos con culpa esa acción, aunque a veces la culpa no se manifieste tan concientemente, sino a través de múltiples expresiones como la desazón, el desdén o la descarga psicosomática. Aquí, en lo psicopático, hablamos de otro tipo de uso, de una calidad distinta, de un uso con impunidad mental, sin costos afectivos. Hay neuróticos que forman sistemas altamente abusadores de los otros, donde la mentira, la manipulación, el dominio a través de la dependencia y la escenificación de la enfermedad crean un yugo aún más opresor que el psicopático, sin embargo, el neurótico paga un alto precio psíquico por esto al limitar sus grados de libertad con la sintomatología neurótica. Este constituye uno de los puntos esenciales en la diferenciación entre psicopatía y neurosis: el cosificar con impunidad afectiva (psicópata) y el de abusar con costo afectivo, con culpa (neurótico).

 

Adoctrinamiento y psicopatía

El psicópata es un cosificador nato, sin embargo, se puede adoctrinar a personas comunes y lograr que cosifiquen a otros, que le quiten los atributos de persona.

Este es el proceso cosificador que se da, por ejemplo, en toda guerra. El enemigo es una cosa a ser exterminada, para los dos bandos. Esto nos pasó en el 82 en la guerra por las Malvinas, donde, una vez declarada la guerra, a medida que pasaban los días, los ingleses iban dejando de ser personas para ser enemigos a eliminar. Hasta Richard, el vecino amigo con el que jugábamos tenis o fútbol hasta hace unas semanas, se convertía paulatinamente en un inglés peligroso.

En estos momentos de inseguridad grave que vive Argentina se da una doble cosificación: por un lado los delincuentes usan de “mercadería” a las personas en los secuestros y hasta regatean por el precio de la devolución de un ser humano y, de no conseguir sus propósitos económicos, pueden llegar a eliminarlos como en el lamentable caso de Axel Blumberg. La otra cosificación la realiza la mayoría de la población, que ve a los delincuentes no como a personas, sino como cosas peligrosas que deben ser eliminadas. Y es probable, de seguir este estado de cosas, que aparezca un líder que lleve adelante este proceso de eliminación, con una tácita aprobación de la población mayoritaria. Como ocurrió, bajo otras circunstancias, por otras razones, en los años setenta.

Con estos ejemplos quiero aclarar que el proceso mental de cosificar está presente en todo humano. Y puede ser “activado” bajo circunstancias, individuales o masivas, especiales.

Sin embargo en el psicópata este artificio mental está permanentemente activado. Además el común debe tener como incentivo un hecho externo desencadenante y perturbador. Por otro lado la cosificación es llevada delante de manera consensuada al menos por el grupo de pertenencia y buscando un objetivo común. El psicópata es un individuo que cosifica y con el único objetivo de beneficiarse a sí mismo.

La otra variación, y esto lo acentuamos en todos los rasgos, es la “calidad” de la cosificación, el arte en ejercerla por parte del psicópata.

 

 Descripción foto diario Clarín (Diario Clarín, 25/10/98)

Situación límite: El asaltante apunta con la pistola martillada en el cuello del rehén cosificado como escudo y atadas sus manos con alambre. Obsérvese el aumento de la base de sustentación del delincuente, las cejas levantadas y ojos abiertos que denotan máxima alerta; la postura obligada y de indefensión del rehén que tiene los párpados edematizados por las heridas. La actitud arriesgada del policía, sólo protegido por los centímetros de la columna en donde se apoya, está respondiendo más a pautas de adoctrinamiento que al instinto de supervivencia; véase la postura de la mano derecha, abierta y palmas arriba, de apoyo al discurso persuasivo y la pistola al cinto, no visible en ese ángulo por el delincuente, quién momentos después se entregó. Tres vidas penden de este complejísimo juego psicológico de decodificaciones donde la mínima interpretación errónea es mortal. (Tapa del diario Clarín, 6/11/98, foto: Pablo Bianchi, www.clarin.com.ar)

 

Persona versus cosa

Esa es la disyuntiva que se presenta en un hombre que abre la puerta de su casa y siente detrás de él a alguien que le dice "quedate quieto y entrá, o te mato". En ese momento la víctima no puede dimensionar en toda su magnitud que el que está detrás lo va a matar, lastimar o hacer un daño tremendo dentro de su casa. Entonces se enfrentan, por un lado alguien que tiene un claro objetivo y que está haciendo su trabajo (el delincuente), porque ese es su trabajo y eso que está frente a él (la víctima) es un estorbo, una cosa. Fíjense las distintas psicologías, el psicópata está haciendo su trabajo, y para él la cosa (la víctima) es un obstáculo que si molesta lo mata sin problema. Y, por otro lado, la persona que se siente agredida (la víctima), que mira atrás y ve a otra persona armada (el delincuente). Hay una distancia psicológica impresionante, que se da en el grueso de la población. Muy pocos son los agredidos que van armados, y menos aún los que usan las armas para enfrentarse al delincuente. Son muy pocos los que reaccionan así, tal vez otro como ellos. Pero generalmente esta distancia psicológica (persona – cosa; persona – persona) es determinante, y el delincuente lo sabe.

Yo tuve varios pacientes que eran dueños de PyMES. Generalmente son empresas familiares, que además anexan algunos empleados. Cuando se empieza a producir la crisis de recesión (que venía desde antes de De la Rua, año 2000, 2001) ellos veían que los gastos fijos de la empresa se mantenían pero que la producción iba cayendo por debajo de los costos fijos. Y entonces cuando llegaban a esa condición sabían que caían barranca abajo. A estas alturas debían tomar la decisión económicamente adecuada que es bajar los gastos fijos, y bajar los gastos fijos incluía echar a Juan González, a una persona, no una cosa. Entonces se aferraban a dos principios: no aceptaban que se les caía la empresa y segundo no querían echar a Juan González. Y ese fue el error.

Lo he visto en 5 o 6 pacientes míos. ¿Qué hacía esta gente? Cuando veían que los costos y los ingresos eran equivalentes, solicitaban un préstamo, porque la situación era tan atípica que apostaban a la esperanza. Decían "esto va a pasar", "Ahora no hay trabajo, pero...".  Cuando la situación económica empeoraba, y los ingresos eran aún menores, se encontraban sin poder pagar los gastos fijos ni el préstamo. Llegaba un momento en que el banco lo condicionaba de tal forma con los intereses que el empresario tenía que pedir la quiebra. Así esta persona venía a verme en esta situación, quebrado emocionalmente, quebrado económicamente, sin la fábrica y con todos los empleados desocupados. Y decían, “hice lo que pude para salvar la empresa y qué quiere, no me daba el corazón para echar a Juan González, trabajó veinte años conmigo, no podía hacerle eso”.

Por lo general también se resentía el sistema familiar, todos suelen ser muy apegados al trabajo, y muchas veces descuidan el tema familiar. Ellos adquieren otras compensaciones (afectiva, económica, de status) y cuando el soporte económico cae, se quiebra todo el sistema familiar porque pone al descubierto los huecos afectivos que eran llenados por la concentración en un sistema de vida holgado. Así como estos empresarios no querían echar a Juan González, tampoco se resignaban a cambiar su estilo de vida desahogado (colegio privado, autos, clubes, etcétera) por una “economía de guerra”, con lo cual todo se agravaba.

Un empresario menos sensible, y con más razón un psicópata, hubiera previsto mucho antes eso, y hubiera echado a los diez empleados antiguos y tomado mano de obra más barata. También hubiera achicado los gastos en todas las áreas y quizás sobrevivía a la feroz crisis. Pero el neurótico no lo puede hacer a eso sin un alto costo afectivo, porque trata con personas. En cambio el psicópata las usa.

 

Egocentrismo:

Todo psicópata trabaja, siempre, pero siempre, para sí mismo. Cuando da es porque está manipulando o espera recuperar esa “inversión” en el futuro. La filantropía, auténtica, no figura en su ser. Suele pasar que este accionar intensamente egoísta esté disfrazado con tanta habilidad que las otras personas no lo capten nunca o mucho tiempo después de haber sufrido el accionar psicopático. Recibo muchas consultas por correo electrónico sobre psicopatía y es reiterada la pregunta: ¿Cómo es posible que no le importe la familia, que sólo haya pensado en él, que no haya pensado en sus hijos? Los familiares quedan perplejos ante la falta de parámetros afectivos tan básicos para el común como es el amor y la entrega a los hijos, o al menos tenerlos en cuenta. Y a partir de allí se abre todo el espectro de ejemplos sobre el ejercicio del egoísmo.

Sobrevaloración

Suelen hipervalorar su potencialidad para conseguir cosas. Los hay francamente megalómanos donde el “todo es posible” se les aparece sin impedimentos. Pero hay los que sobre valoran sus aspectos pesimistas y son “la peor basura”.

Empatía utilitaria

Tienen habilidad especial para captar la necesidad del otro, esto no se puede lograr sin empatía. Pero no es la empatía de colocarse en lugar del otro de igual a igual, sino que es una mirada en el interior de “la cosa” para saber sus debilidades y obrar sobre ellas para manipular.

Manipulación

Se refiere al manejo de la otra persona, a que accione de acuerdo a la voluntad del psicópata. Aquí tenemos que hacer una división virtual en cuanto a lo que lógicamente se quiere hacer y lo que irracionalmente desea hacer. Una de las capacidades del atípico es la captación de las necesidades del otro.

La cosificación permite explicar varias de las acciones de los psicópatas. Vemos que son egocéntricos, manipuladores, utilizan a los demás para conseguir sus propios objetivos.

Sólo se puede manipular a alguien si primero se lo ha seducido, si se lo ha captado. Nadie puede manipular a alguien que no se deje manipular. Nadie puede hacerle hacer algo que el otro no quiera hacer. Aquí tendríamos que hacer una división virtual en cuanto a lo que uno lógicamente quiere hacer y lo que irracionalmente desea hacer. Desde el punto de vista de la lógica del individuo, de los parámetros de las cosas que se deben hacer, uno dice "yo no quería", "me vi obligado a hacer tal cosa". Pero desde el punto de vista irracional, tal vez no sea así. Aquí está una de las cosas nucleares de la psicopatía con relación a los otros. Yo creo que el psicópata apunta a esto, puede o tiene la facilidad de captar aquellas necesidades irracionales de los otros. En el caso de un "estafado", en realidad está trabajando con la ambición del otro, porque le ofrece una "pichincha", una cosa que en situaciones normales sería muy difícil de adquirir. O sea, el psicópata trabaja sobre esa parte de la ambición del otro y después, evidentemente, lo engaña. Recuerdo el caso de un viajante que vendía en las provincias máquinas registradoras a un precio muy por debajo del real (hecho que era comprobable para el comprador); pero al panadero le vendía una máquina específica para el almacenero y viceversa. Al tiempo el comprador lo llamaba desesperado porque la registradora no le servía y él, muy amablemente y como un favor se la cambiaba "por otro modelo" a un precio mucho más alto.

En la manipulación hay un grado de libertad del manipulado que se somete a esto, es distinto de la coerción, que es cuando se utiliza la fuerza o un mecanismo de fuerza en un sentido físico o psicológico para que el otro direccione hacia un objetivo. Aquí se usa el temor en todo su gradiente.

 

Veamos lo que comenta la “novia” de un psicópata:

Siempre obtiene lo que quiere, para él no hay cosas imposibles, contrariamente a mí que me cuesta trabajo todo. Por ejemplo, él quiere un certificado analítico de la facultad: habla con alguien de cooperadora o alumnado y lo obtiene en el día y gratis; yo necesito lo mismo y tengo que hacer una cola de 30 minutos, pagar $3 y esperar 15 días. Él decide salir a bailar: se sube a su auto, llega a la puerta del boliche, va directamente a la puerta, saluda al patovica y entra -gratis-, por supuesto, y de paso a la salida se va con una copa de champagne en la mano. Yo quiero salir a bailar: me tengo que tomar un colectivo - o un taxi - o ir caminando, hacer otra cola de 30 minutos, llegar a la puerta rogando que me dejen entrar o que no me hagan pasar el mal momento de pedirme documentos (porque parezco re pendeja), pagar los rigurosos $10 e irme cuando mis amigas quieran -para compartir el taxi. A él le llegan 10 infracciones con el auto: levanta el teléfono, habla con alguien y se las perdonan. A mi me llega una multa por no sacar a horario la basura: tengo que pagarla y punto (como corresponde, no digo que esté mal). Él tiene ganas de pasar el día al aire libre: se sube a su auto y el resto de la tarde navega con su velero mientras toma unas cervecitas bien frías y escucha buena música. Yo estoy harta de estudiar en mi departamentito diminuto: tengo que llamar a alguna de mis amigas, rogarles que quieran hacer algo, embadunarme de pantalla solar porque no soporto el sol y a ellas lo único que les gusta es eso, tomarme un colectivo con un recorrido de 1 hora, llegar a la Florida y sentarme a tomar mates en la sombra abajo de un árbol mientras ellas se calcinan al sol mientras por la orilla del río pasan navegando los veleros divinos en uno de los cuales seguramente está el.  Es decir estando con él soy parte de su mundo perfecto donde todo es accesible, sencillo y realizable”.

 

Otro ejemplo:

Mi madre ha estado jugando con todos nosotros. Porque cuando se dan esas discusiones entre hermanos, yo no entendía que mi madre no intentara poner calma, apaciguara los ánimos, saliera en defensa de todos, no, se mantenía al margen y si se la enfrentaba decía que ella en asuntos de hermanos no se metía. Ahora me sonrío al pensar que los asuntos de los hermanos estaban provocados por ella. Con qué sutileza utilizaba y utiliza aun hoy la manipulación, sobre todo entre nosotros cuatro. Veo cómo mi madre ha intentado separarnos a unos de otros, cómo para conseguir sus fines era mejor que nosotros estuviésemos separados, sin hablarnos, para así poder decir y hacer a su antojo y cuando podíamos estar juntos y yo daba mi versión de los hechos, ella ya había dado la suya y además había adelantado cuál iba a ser la mía, con lo cual, corroboraba "que ella tenía razón" y yo era una mentirosa que además no tenía mucha imaginación”.

 

Seducción

Es una relación bidireccional entre el psicópata y el otro, donde la propuesta del psicópata encuentra eco en las apetencias del otro. Es decir, el psicópata propone el contrato y el otro lo firma. Contaba un amigo que una vez caminando por la calle Sarmiento, en Buenos Aires, se le acercó un hombre de unos cuarenta años, con un bolso en la mano y un aparato reproductor de mini disc en la otra. Le dijo que vendía aparatos de rezago de la Aduana, y le ofrecía vendérselo a 100 pesos (el costo real era de 600). Le mostraba el aparato y se lo hizo escuchar, era maravilloso, pero no contaba con los 100 pesos. “Mirá, yo tengo que vender esto hoy, vos cuanto tenés”, “Tengo sólo 30 pesos en estos momentos”. “Bueno, hagamos una cosa, yo te lo doy ahora y, otro día, cuando me veas por el barrio me das los otros 70 pesos”. Acordaron así y, frente a la vidriera de un negocio le dice, “te doy uno nuevo, este lo uso para mostrar”, y le dio un paquete. “Guardalo que no te lo vean, hay que tener cuidado, a ver si te lo afanan”. Este amigo, emocionado con la compra, llegó a su casa y al abrir el paquete se encontró con medio pan de jabón. No lo tomó a mal, se rió durante más de media hora, de él mismo.

Este tipo de personalidad tiene como rara habilidad captar las necesidades del otro. Esta capacidad determina otro rasgo importante, que es la seducción, llevando así a los demás a entrar en un circuito psicopático. El psicópata les demuestra que le son necesarios, pero que él le es mucho más necesario a ustedes. Entonces se da un circuito entre el psicópata y la otra persona. Se establece un circuito mutuo para suplir las necesidades. Este concepto lo desarrollaremos en las conclusiones al referirnos a la comunicación que establece el psicópata con los patrones irracionales de su víctima.

Si agregamos a esto que son inteligentes y manipuladores, nos damos cuenta de que es muy difícil resistirse a ellos. Relacionarse con un psicópata es un viaje de ida con retorno complejo.

 



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