Semiología Psiquiátrica y Psicopatía

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Congreso AAP, Buenos Aires, 29 de septiembre de 2010 Sheraton Hotel Salón Retiro A, 17.45


Mesa: Psicopatía:
¿Qué hace complementaria a la complementaria?
Dr. Hugo Marietan

 

Me centraré en la ecuación “complementaria- psicópata”, dado que en la práctica, el porcentaje de mujeres que se relacionan con psicópatas es muy superior al de varones relacionados con mujeres psicópatas.
Intentaré contestar algunas cuestiones que surgen inevitablemente al investigar sobre estos circuitos relacionales, por ejemplo, preguntarnos cuáles son las condiciones o características que tiene la complementaria como para tolerar las alternancias de la conducta del psicópata; la especial y selectiva negación de la realidad psicopática que está viviendo; el adormecimiento de la complementaria para ubicarse en la condición de “cosa” en que la ha colocado el psicópata y, finalmente, los indicios del despertar de este extraño y complejo sueño.
Acerca del primer punto, las características de la complementaria, puedo decir que estas mujeres tienen factores comunes entre sí y, a su vez, características distintivas que las separan de la mujer común. Una de estas características distintivas es el aburrimiento, o al menos, una actitud neutra frente a la relación con un hombre común. La complementaria, antes del encuentro con el psicópata, parece esperar que le sucediera algo extraordinario en su vida. De adolescentes, en medio de la tormenta hormonal, tratan de buscar varones que se destaquen en alguna actividad. Son selectivas y exigen del varón que éste complete un protocolo con puntos sobresalientes como para acercarse a él. Sin embargo, esta característica selectiva hacia los varones comunes no es totalmente captada por la propia complementaria; es más, ellas se consideran a sí mismas como mujeres sencillas, pero como resultado de un interrogatorio fino y atento, sobresale que no se conforman con lo dado y que siempre están buscando más de lo que una relación común les puede dar. Muchas de ellas se refugian en carreras universitarias, empresariales o comerciales como un soporte que les permite dilatar el conformar una familia con un hombre común y, cuando una vez recibidas conforman una familia, la relación es sólo formal y con un tibio contenido afectivo. El analista se da cuenta de esto porque el acento está puesto, ya sea en la continuidad de la carrera profesional o comercial, en el marcado desdén por las tareas del hogar y la atención de los chicos, o bien, por una exagerada atención hacia los hijos y hacia los aspectos formales de las relaciones sociales de una pareja, es decir, máscaras del aburrimiento.
En su historia vital se observan fisuras afectivas, producto de relaciones familiares anómalas, maltratos, o directamente descalificaciones por parte de algún familiar, que no necesariamente es la madre o el padre, sino otro familiar significativo , o en el peor de los casos, tienen un familiar psicópata que las condicionará en el futuro a la relación con psicópatas. A pesar de esto, muchas de ellas han sido líderes en su adolescencia; de hecho, ya adultas, y como consultantes como complementarias, se observa que la enorme mayoría son profesionales destacadas, empresarias, o tienen alguna característica social sobresaliente. Otras, aparecen en el consultorio, apagadas y grises después de una relación de diez o quince años con un psicópata, pero si se inquiere sobre las características de su adolescencia y su adultez joven, se ve que cumplen con los requisitos que mencioné anteriormente. He tenido varios casos de complementarias que nunca han ejercido su profesión  por mandato del psicópata, y han sido reducidas por ellos a cumplir sólo con su rol de amas de casa.
Este esperar de la joven complementaria de que le suceda algo extraordinario en su vida, lamentablemente a veces se cumple de la mano del psicópata, y es justamente este factor el que explica el deslumbramiento casi inmediato que siente ante el psicópata, a quien ella capta como ese ser distinto, que  de hecho lo es, que por fin ha llegado a su vida para darle el tan esperado cauce a una larga postergación.
Tal vez esto dé cuenta el porqué la complementaria hace caso omiso a las evidentes alarmas ante las conductas extravagantes del psicópata en el inicio de la relación. Estas extravagancias y rarezas conductuales son justamente las señales que la complementaria necesita para determinar que está ante un ser muy alejado del común, que genera, por un lado, temor, y por otro lado, una gozosa expectativa. Digámoslo de una buena vez, el psicópata es cualquier cosa menos aburrido. La complementaria se encuentra en una relación donde el varón la hace sentir la mujer más especial, más interesante y la única que puede estar con él. Estas grandilocuencias verbales del psicópata, lejos de provocar el rechazo inmediato ante la desmesura, incrementan la fascinación de la complementaria. En este caso el psicópata sabe cómo estimular el ego de la complementaria, aunque  las mismas palabras y halagos emitidos por un varón común provocarían la burla de la complementaria. El otro elemento que la mayoría refiere es sentir una integración inmediata con ese ser extraño, de manera que el tiempo habitual requerido en una pareja común para lograr armar un “nosotros” imperfecto se convierte en un “flash”, en una inmediatez absolutamente inusual. Ellas dicen: “lo vi, nos miramos, hablamos, y sentí que los dos éramos una sola persona”. A tanto llega esta integración inmediata que no le resulta extraño a la complementaria que el psicópata le proponga matrimonio a los pocos días de conocerlo, o que en el primer encuentro  le confiese que está total y absolutamente enamorado de ella, situación que, lejos de provocar la normal inquietud o descreimiento ante tan abrupta e impropia declaración, provoca una asonancia y armonía en la cual  la complementaria está totalmente de acuerdo.
El psicópata, en los primeros pasos de la relación, se comporta como un maestro de la palabra, pero en realidad, si bien tiene un manejo de la manipulación oral de larga data, es la complementaria la que colabora activamente para darle el sentido especial al con tenido del discurso del psicópata. Es decir, desde el inicio de la relación hay una cooperación de la complementaria para que la relación llegue a buen término, y esto no necesariamente implica inexperiencia por parte de la complementaria, ya que un buen porcentaje de ellas han tenido relaciones con hombres comunes antes del encuentro con el psicópata. No les son ajenas las burdas artimañas masculinas para seducirlas, por lo que no podemos decir aquí que esta relación se va a conformar entre un “vivillo y una ingenua”, más bien diríamos que los dos participan activamente para que el nexo se solidifique a pesar de las rarezas de la relación. Son precisamente estas rarezas las que son observadas por los amigos, familiares y conocidos de la complementaria, quienes notan un cambio temprano en la conducta de ella en referencia a su patrón habitual de comportamiento. La adaptación abrupta de la complementaria al psicópata genera variaciones cualitativas en su comportamiento habitual y la consecuente alarma de sus allegados. Paradójicamente, esto no es vivenciado en absoluto por la complementaria como un hecho inhabitual, sino como una experiencia especial, y cree que los señalamientos de sus familiares y amigos son producto de los celos o de la envidia, tesis que es abundantemente abonada por el psicópata en su maniobra para aislar a la complementaria de cualquier persona influyente que pueda oponerse a la relación.
Estas primeras experiencias no son recordadas con nitidez por la complementaria luego de que ha pasado mucho tiempo de convivencia con el psicópata, y es fácil de entender el porqué de estos olvidos o esta falta de precisión en las alarmas iniciales, dado que las tensiones y sobresaltos a los que la somete el psicópata son tan nutridos y variados que estas primeras experiencias parecen nimiedades en transcendencia, comparados con el ajetreo emocional que vive durante años.
¿Qué es lo que atrae al psicópata de la complementaria? Mejor expresado, ¿qué es lo que hace la complementaria para atraer al psicópata? El psicópata es un depredador, es un ser que siempre está buscando una presa, algo que le pueda ser útil para conseguir  sus objetivos, y rara vez elige a una mujer común  dado que, en primer lugar, la mujer común huye del psicópata porque las rarezas y anormalidades en las conductas le provocan el suficiente terror como para desligarse de él, y en segundo lugar, el nivel de tolerancia no es el suficiente como para someterse a los grados de sumisión que exige el psicópata. Lo que la complementaria le muestra al psicópata es su hambre de novedad y su hastío, que él puede visualizar detrás del ropaje formal que presenta la complementaria. Este ropaje formal de la complementaria es el que la asimila al resto de las mujeres, de tal forma que sus amigas y sus familiares dicen de la complementaria “que era una chica común hasta que cayó en manos del psicópata”, pero el psicópata logra ver detrás del disfraz de la complementaria y captar este aburrimiento y hambre de novedad. Ocurre que el psicópata es una persona básica; para él todo el ropaje, el disfraz de las costumbres culturales, no son más que eso, y va a la animalidad de las personas, terreno donde él se mueve a la perfección. La mujer común está muy apegada a los usos y costumbres, de tal forma que la observación de esos usos y costumbres son tan importantes como sus necesidades vitales; así es que muchas de ellas abandonan las relaciones con varones que se ajustan perfectamente a sus necesidades vitales, pero que no cumplen los requisitos formales de los usos y costumbres. La complementaria, en ese sentido, es distinta, y es justamente eso lo que capta el psicópata, pero más que nada, es la complementaria la que se da cuenta de que ese ser distinto está mirándola en sus esencias básicas, y con desprecio de los elementos formales. Es una especie de juego clandestino, ya que ambos conservan hacia los demás los usos y costumbres comunes, pero para sí se relacionan con estos factores básicos en la relación varón-mujer. Por lo que vemos es una doble captación; por un lado, el depredador que olfatea a su presa, y por otro lado, la presa, que emana los aromas necesarios para atraer al depredador.
En el discurso de la complementaria estas distinciones están adornadas de elementos aparentemente comunes, por ejemplo: dicen que la atrajo tal o cual cualidad del psicópata, por lo general se refieren a su inteligencia, a veces a su humor, o a ciertos rasgos de audacia que presenta el psicópata. Algunas, aun, dicen: “me parecía un muchacho común”, pero si se las lleva con paciencia por interrogatorios hacia los primeros pasos de la relación se descubren estos elementos que estoy mencionando.
Algo que oscurece aún más esta dinámica es que cuando la complementaria se presenta a la consulta es un ser desgastado, apabullado, y se esfuerza en su papel de víctima de la relación. Hay tanto resentimiento, deseos de venganza, odio y complejas atracciones, y por sobre todas las cosas, decepciones, que hacen que la complementaria desdeñe estas sutilezas iniciales.

Desentrañar todas las características de la complementaria llevará su tiempo, pero al menos comencé trazando un bosquejo general de estas primeras investigaciones. Pienso que al descubrimiento que realicé hace algunos años sobre la existencia de esta relación psicópata-complementaria, ahora se le añade esta otra luz sobre uno de sus componentes. Del psicópata se sabe bastante a través de los distintos autores que trataron el tema; del psicópata cotidiano se sabe menos, porque es un concepto que tiene muy pocos años y que he compartido con ustedes a lo largo de los anteriores congresos. Nos encontramos, hoy, frente al primer paso en el camino a transitar para lograr entender a la complementaria,  y cuento con la colaboración de ustedes para darle a este hallazgo la precisión adecuada para terminar de conformarlo.

Muchas gracias.

 

 

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