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Jeffrey Dhamer, el caníbal de Milwaukee

Hugo R. Marietan1

 

A raíz del reciente caso del caníbal alemán Armin Meiwes, quién está siendo procesado en estos días, he decido entregar dos artículos sobre caníbales modernos, el primero de Estados Unidos, J. Dahmer, del que se posee una abundante información sobre forma de operar y sus datos de vida; y el otro del referido Meiwes que aparecerá la próxima semana, en la entrega 14. Al final del caso Meiwes haremos una análisis sobre el tema, adelantamos que aquí sobresalen los conceptos enunciado en el Descriptor de psicopatías referidos a necesidades distintas y las maneras atípicas de satisfacerlas. Todo ello enmarcado en un uso particular de la libertad. La mentira, la seducción, la serenidad ante situaciones de riesgo, la manipulación, la cosificación, el aspecto lúdico, la perversión, egocentrismo, la falta de empatía, la coerción, la falta de sensibilidad, la crueldad, los ritos, el sello psicopático, el sorteo de las normas, la falta de remordimiento o culpa antes los hechos psicopáticos, se ven con nitidez en estos dos casos.

La información fue obtenida de los sitios web mencionados en la bibliografía.

 

Cuando correr no alcanza

Eran las 2 de la mañana cuando Sandra Smith llamo al 911, había un muchacho corriendo por la calle, desnudo. Se trataba de Konerak, de 14 años corría por su vida. Había tenido la suerte de volver en sí, y de recobrar las fuerzas para salir del apartamento del extraño hombre; estaba drogado, apenas podía caminar. Los oficiales de policía llegaron y le dieron una toalla para que se cubriera, se preguntaban qué había pasado. Al lado de Konerak se encontraban Sandra Smith y su prima Nichole Childress, y un hombre blanco. El hombre les dijo  a la policía que Konerak era su amante, que tenía 19 años, que había bebido mucho. Konerak, que estaba bajo el efecto de drogas no pudo contradecir la historia del hombre rubio. Los policías le pidieron una identificación al hombre; él se las dio, decía: “Jeffrey Dahmer”. Esta información no representaba nada para los oficiales por lo que dejaron ir a Konerak con Dahmer. Las mujeres trataron de intervenir ya que habían visto como Konerak se resistía a Dahmer antes de que la policía llegara. Además estaban seguras que Konerak era mucho más chico de lo que Dahmer informaba. Vieron con impotencia y enojo como Dahmer se llevaba al chico a su departamento. Los policías entraron al departamento de Dahmer; era limpio y ordenado. El apartamento olía muy mal pero estaba muy limpio. Dahmer se disculpaba por el comportamiento de Konerak y prometió que no iba a pasar otra vez. La policía le creyó; no tenían razón para no creerle, era bien parecido, hablaba bien, se veía calmado y muy inteligente, y el chico obviamente estaba alcoholizado e incoherente. Los policías se retiraron sin más del lugar, dejando al joven con Dahmer. No se metían con cosas de homosexuales.

Lo que la policía no vio fue en el cuerpo de Tony Hughes que se estaba descomponiendo en la cama de Dahmer. Ni  a Dahmer que, ni bien se fueron los oficiales, inmediatamente estrangulo a Konerak y tuvo relaciones con el cuerpo sin vida del joven asiático. Tampoco vieron las fotos que estaban tiradas en el sofá que mostraban cuerpos desmembrados y cráneos. Lo que la policía no hizo fue investigar el nombre de Jeffrey Dahmer, un hombre que aún estaba en periodo de prueba judicial por ser un abusador infantil. La historia no termina allí, las mujeres le contaron a Glenda Cleveland que inmediatamente llamó a la comisaría para informar que Konerak era un menor de edad, cosa que los policías intervinientes negaron. Días después Cleveland volvió a llamar cuando vio en el periódico una foto de Konerak Sinthasomphone,  el muchacho que había tratado de huir de Dahmer. Los policías nunca enviaron a nadie para chequear el dato. Nadie le creyó hasta el 22 Julio de 1991, fecha en la que Jeffrey Dahmer fue capturado y su nombre se hizo sinónimo de asesinato.

El 22 de Julio dos oficiales de Milwaukee recorrían la Universidad de Marquette, un área peligrosa. Cerca de la medianoche divisaron a un hombre pequeño (Tracy Edwards de 32 años), delgado y con una esposa colgando de su muñeca. Les contó con gran excitación que había escapado de un hombre loco. La policía no creyó la historia, parecía alguien que se había escapado de otro policía. Fueron a revisar el apartamento donde habían esposado a Edward Jeffrey. Dahmer les abrió la puerta, era un hombre blanco, racional y calmado; se ofreció a buscar la llave para las esposas de Edwards. Los oficiales decidieron entrar y dar un vistazo al cuarto, un oficial noto que había fotografías tiradas de cuerpos desmembrados y calaveras en el refrigerador; reunió las agallas suficientes y le gritó a su compañero que apresara a Dahmer. El oficial corrió al refrigerador mientras su compañero luchaba con Dahmer para ponerle las esposas. Al abrir el refrigerador se encontró con una cabeza humana. El pequeño departamento tenia un olor a descomposición demasiado fuerte, el bicarbonato de sodio que estaba en el refrigerador poco podía hacer para absorber los olores de la cabeza descompuesta en el refrigerador; había otros tres cráneos que estaban en bolsas de plástico, uno de ellos era el de Konerak.

 

Una infancia especial

Nació el 21 de mayo de 1960 en el hogar de un matrimonio problemático compuesto por un conocido investigador químico y una neurótica. Era un niño tímido y solitario.

Pronto se interesó por la anatomía animal. En el sótano de su casa guardaba un montón de huesos de conejos, pollos y otros animales, sintiendo gran curiosidad por verlos dentro de los animales vivos que manipulaba. Su familia cambió de vivienda seis veces antes de establecerse en 1968 en Ohio. La mayor parte de su infancia la pasó escondido en un cobertizo de madera en una colina cazando insectos en frascos y conservándolos en formol. Luego pasó a las ardillas, mapaches y otras piezas más grandes, transportando los cuerpos hasta el bosque, donde los dejaba pudrirse. Luego sumergía los restos en lejía para limpiar y blanquear sus huesos.

Su madre, tras una temporada en el hospital, tubo que guardar cama por el resto de sus días por haber ingerido enormes cantidades de tranquilizantes y otras drogas.

A los once años ya hablaba de manera monocorde. Se convirtió en un solitario, balando como una oveja en el aula de clase o comportándose como un retrasado en las tiendas para llamar la atención de sus compañeros. También comenzó a beber y a masturbarse compulsivamente utilizando revistas para homosexuales o mirando las entrañas de los animales que cazaba. A los dieciséis años solía ir borracho a clase, donde tenía un solo amigo que era proveedor de marihuana. El joven se refería al alcohol como su medicina para calmar sus momentos de angustia.

A los diecisiete años, tras observar un joven que a diario pasaba haciendo ejercicios delante de su casa, sintió un deseo desenfrenado de poseerlo. Como no se atrevía a abordarlo para entablar una conversación, optó por tomar un bate de béisbol y se dispuso a esperarlo con la idea de atacarle cuando pasara, pero afortunadamente el joven dejó de ir a correr por esa zona, salvándose de haber sido la primera víctima.

 

La primera víctima

El 18 de junio de 1977, recoge en la carretera a un autoestopista, a quién llevó a su casa y asesinó, luego metió el cuerpo en un saco de basura y lo arrojó por un barranco.

Después de esto, trata de ingresar a la Universidad, pero fue rechazado por su continuo estado de embriaguez, y en diciembre de 1978 su padre lo obliga a alistarse en el ejército, fracasando por alcohólico. Al licenciarse va a vivir con su abuela, en donde muestra una posible reinserción, pues comienza a ir a la iglesia, a leer la Biblia e incluso reduce su dosis de alcohol y encuentra trabajo en una fábrica.

 Al poco tiempo comenzó de nuevo a masturbarse insistentemente e incluso robó un maniquí de una tienda, que le hacía las veces de compañero sexual. También empezó a frecuentar las saunas de Milwaukee, en donde se daban cita algunos homosexuales para tener relaciones anónimas e impersonales, pero le resultaba difícil conseguir la erección mientras sus parejas estaban despiertas, por lo que optó por drogarlos con somníferos antes de mantener una relación sexual. Después de esto, ninguno de sus amantes cuando volvían en sí querían volver a saber más de él, por lo que creyó oportuno buscar un cadáver para satisfacer sus instintos sexuales.

Esa misma noche, tras asistir al funeral de un joven de dieciocho años, fue a desenterrarlo al cementerio, pero no lo consiguió por que el suelo estaba congelado debido a las bajas temperaturas.

 

Una seguidilla de actos psicopáticos

En septiembre de 1986 es arrestado por exhibicionismo indecente y desembocó a su primer análisis psicológico, siendo diagnosticada una personalidad peligrosa.

Un año después mataba por segunda vez. Esta vez se trataba de un joven negro al que ofreció una bebida con drogas. Dahmer se despertó al día siguiente encima de un cuerpo ensangrentado, pero afirma no recordar nada de lo que pasó aquella noche. Lo que sí revive es cómo tras levantarse mete el cadáver en el armario y sale a comprar una gran maleta para trasladar el cuerpo a casa de su abuela. Allí cuenta que lo guardó en el sótano y lo desmembró, envolviendo la cabeza en una manta y guardándola en una estantería para hervir más tarde el cráneo y blanquearlo.

 

Después de eso, Dahmer comienza a matar siempre que tenía ocasión. Seguía el mismo modus operandi: primero el flirteo ofreciendo dinero a cambio de sexo, luego les ofrecía bebida con somnífero y finalmente los estrangulaba. Después de matar a su víctima se quedaba abrazando el cadáver, pensando en cómo conservar las cabezas y formar una especie de altar en la habitación adornado con los huesos.

 

Dahmer seguía la predecible pauta de los asesinos en serie. Empezó matando cautelosamente asustado por sus crímenes. Luego el ritmo aumenta y se convirtió en una máquina de matar más efectiva. Está más que demostrado que estos asesinos con el tiempo se vuelven arrogantes y despreocupados convencidos de que no pueden ser apresados por ningún ser mortal, creyendo tener máximo poder y autoridad sobre los demás.

 

Dahmer mostraba muchas características de asesino organizado: acechaba a sus víctimas, les engañaba para llevárselos a su apartamento con la promesa de dinero y favores y después de la muerte ocultaba las pruebas de los crímenes, pero también daba muestras de ser un criminal atípico: realizaba actos sexuales con sus víctimas después de la muerte, consumía su carne y sangre, las mutilaba y conservaba algunas partes como recuerdos.

 

En una ocasión, una de sus víctimas logró marcharse antes de que las drogas surtiesen efecto, y la policía efectuó un registro de la casa, pero afirmaron no haber hallado nada...

 

El 30 de enero de 1989 fue declarado culpable de atentado contra el pudor en segundo grado, por seducir a un menor de 13 años con propósitos indecentes, y antes de comenzar a cumplir la condena de un año de cárcel, mató otro joven, guardó el cuerpo en el cuarto de baño y para su mayor satisfacción sexual lo mutiló y le pintó el cráneo con aerosol.

 

En marzo de 1990 se trasladó a vivir a un deteriorado piso, en dónde adquirió una larga mesa y dos grifos de plástico para extender los cuerpos de sus víctimas. Allí tomaba fotos de sus amantes con una cámara Polaroid una vez muertos. Luego, congelaba los órganos, comía parte de la carne y hervía el resto en una enorme olla antes de echarlos en un gran contenedor de basura preparado con ácido.

 

Normalmente, el caníbal abría los cuerpos desde el cuello hasta la ingle frotando las vísceras para procurarse un mayor placer sexual, pero llegó un momento en que este placer no era suficiente y con sus víctimas pensó en crear ´zombis´ o muertos en vida que pudiera conservar sin que se deteriorasen, agujereando los cráneos e inyectándoles un líquido ácido.

 

A veces se bañaba en compañía de los cadáveres. En la nevera guardaba los corazones, en el congelador las cabezas, en el fichero los cráneos y en la cama un cuerpo descompuesto. Así lo contaron los policías que registraron su casa horrorizados una vez que lograron arrestarlo el 23 de julio tras la denuncia de otra víctima que logró fugarse de su casa. Edward Jeffrey, atado con unas esposas, había alertado a la policía diciendo que un hombre con un cuchillo le había amenazado con arrancarle y comerle el corazón.

 

La caída

Cuando la última víctima escapó de su apartamento en medio de la agresión, el asesino aguardó tranquilamente a que llegara la policía y no hizo ningún esfuerzo por destruir u ocultar la gran cantidad de pruebas que guardaba en su domicilio: centenares de fotografías de sus víctimas tanto muertas como vivas, cráneos y partes del cuerpo en bidones, cajas y en el congelador.

 

Según su abogado, si no se había resistido es porque deseaba terminar con todo aquello. Deseaba ofrecer a la policía una declaración completa de lo que había hecho, puesto que no podía culpar a nadie salvo a él mismo.

 

Según Park Dietz, psiquiatra forense que actuó como consultor en el estudio sobre asesinos en serie del FBI, Dahmer encaja perfectamente en la subcategoría que se denomina ´marginal´: una persona propensa a la furia asesina si cree que está siendo abandonada, con una perversión capaz de realizar actos sexuales con la víctima una vez muerta. El desorden de esta personalidad marginal está marcada por el miedo al abandono y la incapacidad de tolerar el aislamiento o el aburrimiento. Una teoría habitual es que puede relacionarse con abusos en la infancia. La gente que teme el abandono puede sentirse ultrajada cuando alguien que desean que se quede va a marcharse. En este sentido, el asesino en serie normal llega a serlo por su carácter antisocial o por tener fallos de carácter y también a través de desviaciones sexuales, normalmente sádicas y necrofílicas. Muchos niños que no reciben la atención que ansían en casa, la buscan en la escuela. Dahmer lo hizo con sus extravagancias y su comportamiento muchas veces cómico, pero terminó siendo marginado. No sólo se sintió fracasado en su casa, también en la escuela, en la Universidad y en el Ejército. Era evitado y humillado, puesto de lado. Eso debió dejarle con una sensación de angustia y desamparo. Por ese motivo proyectó sus sentimientos sobre sus víctimas. Las humillaba, las descuartizaba y luego las dejaba de lado también.

 

El juicio

El juicio comenzó el 27 de enero de 1992. Dahmer se mostró tan sincero y cooperador como muchos otros asesinos en serie, sin embargo ni él mismo podía entender cómo había sido capaz de cometer todas aquellas atrocidades. Todos los presentes pudieron darse cuenta de hasta qué punto sus compulsiones y fantasías se habían apoderado de su mente, empujándole a seguir asesinato tras asesinato.

El jurado delibero por 5 horas y decidió que Jeff Dahmer, no merecía consumir el resto de su vida en un hospital, sino en una prisión por 15 cargos de asesinato. Dahmer fue declarado culpable y sano. Dahmer presento su ultima declaración de la siguiente manera. “Su señoría, todo ha terminado, nunca quise la libertad, francamente quiero la muerte para mi mismo. Lo que hice no fue por razones de odio, no odio a nadie, yo no sabía que estaba enfermo o que era maligno. Ahora sé que estaba enfermo, los doctores me han hablado acerca de mi enfermedad y ahora tengo algo de paz. Sé cuanto daño he causado.. y le doy gracias a dios que no podré hacer más daño. Creo que sólo el señor Jesucristo puede salvarme de mis pecados. No pido ninguna consideración. Me siento muy mal por lo que hice a esas pobres familia y comprendo su merecido odio. Asumo toda la culpa por lo que hice. He hecho daño a mi madre, a mi padre y a mi madrastra, pero les quiero mucho”.

 

El fin

Fue sentenciado a quince cadenas perpetuas para un total de 957 años de cárcel. Dahmer se adaptó muy bien a la penitenciaria de Colunmbia. El 3 de julio de 1994 fue atacado por un cubano que nunca había visto antes, pero salió ileso. Dahmer fue un prisionero modelo y pidió que lo dejaran tener mas contacto con los internos, y así pudo comer en las áreas comunes.

Pero, por una extraña razón, lo dejaron solo en una celda con dos internos muy peligrosos: Jesse Anderson un hombre blanco que había matado a su esposa y que le había echado la culpa a un negro y Christopher Scarver un negro esquizofrénico que creía que era el hijo de Dios y que estaba ahí por asesinato. No es difícil saber cómo Scarver veía a Dahmer que había matado a tantos hombre negros.  La mañana del 28 de noviembre de 1994, sería la ultima que Dahmer vería. El guardia dejo a los tres solos, veinte minutos después volvieron: encontraron la cabeza de Dahmer destrozada y a Anderson con graves heridas; Scarver sostenía una barra ensangrentada. Dahmer fue declarado muerto a las 9:11 de la mañana.

 

Post morten

Tras la noticia, los padres de Dahmer se pelearon por la posesión de su cerebro llegando incluso a enfrentarse ante los tribunales. La madre deseaba vendérselo a un hospital de investigación mental, mientras que el padre sólo deseaba enterrarlo lejos de todo el mundo y de su memoria.

También los parientes de sus víctimas, representados por un abogado, consiguieron hacer negocio con los utensilios utilizados por el asesino para trocear y desangrar. Su heladera se subastó públicamente, al igual que todo tipo de cuchillos, sierras, picadoras y taladros.

Un grupo de ciudadanos de Milwaukee compró el lote completo con intención de montar un “museo del horror” para la atracción de los turistas, pero al final no se atrevieron a llevar a cabo el proyecto y destruyeron el macabro legado del caníbal.

 

Bibliografía:

http://comunidades.calle22.com/comunidades/303/com303con1.asp

http://comunidades.calle22.com/comunidades/986/com986con10.asp

 

Notas al pie:

1 Médico Psiquiatra. Hospital Borda. Docente Adscripto de la Facultad de Medicina de la Universodad de Buenos Aires. E-mail: marietanweb@gmail.com Internet: www.marietan.com

 



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