SEMIOLOGÍA PSIQUIÁTRICA Y PSICOPATÍA

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Las artimañas del perverso

Hugo Marietan,  23 de mayo de 2007

 

El cuestionario que leerán a continuación, corresponde a un ejemplo descarnado de lo que es el accionar de un perverso y, a su vez, psicópata.

Vamos por parte.

¿Qué es un perverso?

Un perverso es una persona que, en algunos momentos de su vida, ejerce un accionar sexual contrario a lo normal para su cultura: paidofilia (relaciones sexuales con niños), travestismo, sadismo (usar el sufrimiento y el dolor del otro para darse placer sexual), masoquismo (entregar su voluntad a otro para que lo  haga sufrir, como medio de excitación sexual), necrofilia (copular con cadáveres), etc. Como ven, por los ejemplos, las acciones perversas están relacionadas con lo sexual (por lo general explícito, aunque pueden existir conductas que lleven implícitas el goce sexual, sin ser manifestadas abiertamente —éste no es uno de esos casos—). Estas personas, desde luego, son atípicas e infrecuentes. Accionan sobre los demás usando, por lo general, un poder de seducción especial, más cercano a la fascinación animal. La “víctima” se siente atraída por el perverso como la mariposa por la luz. Y el perverso la ve girar a su alrededor y la encanta, hasta que decide usarla para sus apetencias. Por lo general, la “víctima”, entra en el juego voluntariamente, una morbosa curiosidad la impele hacía el perverso, quiere saber hasta donde va el juego. Y cae. Es por eso que coloco la palabra “víctima” entre comillas. Pasada la experiencia inicial de la relación con el perverso, pueden ocurrir dos evoluciones. Una que la “víctima” sienta saciada su curiosidad y dé por terminada la experiencia (quedando con los machucones del caso), y se aleje (muchas veces “ofendida” y sintiéndose “abusada”) del perverso. Algunas de estas “víctimas” hasta llegan a querellar en la justicia al perverso.

La otra evolución posible es que la “víctima” reincida en sus experiencias con el perverso. Y aquí, entonces, se abren dos caminos: o es una complementaria del perverso, es decir que le cabe el accionar perverso sobre ella, pero se queja de la relación de la  que “no puede salir”. El otro camino es que la “víctima” sea en realidad, OTRO PERVERSO, ya sea que sea conciente de esto y que la perversión haya estado latente. Y el perverso, en este caso, hace de príncipe que despierta, con un beso, a la Bella Perversa de su largo sueño de persona normal.  Entonces hablamos de ASOCIACIÓN PERVERSA.

La diferencia entre la complementaria del perverso, y la perversa despertada, es que esta última no solo no se queja, sino que participa CREATIVAMENTE, de más juegos perversos y, hasta contribuye ella personalmente a tener acciones perversas con otros.

Dejamos como cuarta categoría (1. Curiosa morbosa, 2. Complementaria, 3. Perversa despertada) a la VICTIMA REAL DE UN PERVERSO, que es aquella que cae en manos de un perverso ACCIDENTALMENTE y AZAROSAMENTE, es decir, una persona normal que es sometida por la fuerza a una violación, por ejemplo. O que es drogada y llevada a participar de juegos perversos; es decir, SIN QUE PARTICIPE SU VOLUNTAD, su intención, en los juegos perversos.

Por otra parte la perversión no es un hecho fortuito, un episodio único, o accidental en la vida de una persona, sino que es UNA CONDICIÓN DE VIDA. El perverso trabaja para satisfacer su perversión, usa su inteligencia y su poder para cumplimentarla.

Ahora pasemos a la otra pregunta:

¿Qué es un psicópata?

Es una personalidad atípica, infrecuente, que tiene necesidades especiales (que no están relacionadas con lo sexual), y formas atípicas de satisfacerlas (rito, sello o perfil psicopático), y que, en función de estas dos características, posee una mentalidad (una lógica) especial, que incluye la cosificación de las otras personas (el percibir a los otros como cosas para ser utilizadas quitándole la jerarquía de persona empática, y sin sentir culpa por las consecuencias de su accionar psicopático), y una libertad mental ampliada para realizar los hechos psicopáticos.

No me detengo a describir estos rasgos por estar ya explicados en otros artículos. Pero sí podemos añadir esta pregunta:

¿El psicópata, es necesariamente un perverso?

No. La necesidad especial, que es el motor de la psicopatía, puede no estar relacionada con el sexo (el poder, por ejemplo).

Puede que algunas acciones colaterales del psicópata incluyan actos perversos, en este caso tenemos a un PSICÓPATA PERVERTIDO

 

El perverso, ¿es necesariamente un psicópata?

No. Existen perversiones en donde no se requiere del otro como un objeto o una cosa (cosificación), como por ejemplo el fetichista que se masturba con el zapato o la bombacha de una mujer, a solas. O el que se viste de mujer y goza al mirarse en el espejo por ese solo hecho, por ejemplo.

Pero, cuando su perversión incluye el uso del otro, como una cosa, como un objeto para su placer (cosificación), entonces entra en el territorio de la psicopatía y podemos decir que es un PERVERSO PSICOPÁTICO.

 

Una vez hechas estas distinciones, quiero que lean detenidamente este valioso cuestionario y que ustedes saquen sus conclusiones y me las envíen a mi correo.

 

Saludos para todos.

 

 

Cuestionario de Orientación sobre Rasgos Psicopáticos (CORP)

Hugo Marietán, 2006 © Derechos Internacionales Reservados

www.marietan.com  marietanweb@gmail.com, consultas@marietan.com

Complete estos datos del presunto psicópata:

Edad:

R:  Es un hombre muy mayor

Estado civil

R:  Casado

Profesión, estudio o trabajo que realiza:

R:  Escritor

Lugar de residencia actual, ciudad, país:

R: 

Sexo:

R: Hombre

Otro dato de interés:

R: Tiene un lado femenino que es el que le gusta utilizar conmigo. En el sexo somos una pareja cambiada, no así en lo demás. Él es feliz teniendo eso, se le ve disfrutar enormemente. Yo soy heterosexual, pero ha conseguido que sólo le pueda amar haciendo yo de hombre. De hecho sólo me atrae cuando se disfraza de mujer.

 

Datos del que contesta el cuestionario (imprescindibles):

Edad:

R:  35

Lugar de residencia actual, ciudad, país:

R: 

Profesión, estudio o trabajo que realiza:

R: 

Sexo:

R:  Mujer

¿Qué relación tiene o tuvo con él?:

R:  Sentimental

¿Cuánto duró/dura la relación?:

R:  Dura desde 2003. Ya creo que ha acabado.

¿Cómo lo conoció?:

R: Fui a verle yo. Es una persona muy conocida en mi país (prefiero no dar el nombre) y a mí me encantaban sus libros desde 1992, que leí el primero de ellos. Desde entonces se convirtió en mi escritor favorito. Yo le admiraba muchísimo y era una referencia para mí. También me atraía como hombre.

Entonces fui a verle a un lugar donde estaba firmando libros y le pregunté si después de firmar quería tomar un café. Me dijo que sí y desde entonces empezó todo. Dijo que yo era un regalo que le había caído del cielo y vivimos una luna de miel preciosa hasta que cambió. Le conocí por primera vez en el año 2002, en junio.

¿Qué lo atrajo/ atrae de él?:

R: Me atraen muchas cosas. Su parte femenina, que es la parte de él menos controladora, más espontánea y más sensible. Me atrae que él sea escritor porque yo quiero ser escritora desde niña. De hecho ya he publicado cosas y sé que cuando me sienta mejor podré hacer más por lograr ese sueño. Me atrae que es muy divertido, que nunca te aburres con él. Para el sexo somos iguales y tenemos una complicidad que nunca he tenido con nadie. Su parte femenina me provoca una ternura irresistible.

Me encanta su personalidad porque es muy seguro de sí mismo y muy trabajador, tiene mucha energía vital que yo no tengo. Me cuesta hacer las cosas y él las hace, sin más. Yo eso lo admiro mucho. Me encanta lo atrevido que es y lo adelantado que ha estado siempre a todo en la vida. Me vuelve loca su espíritu joven. Tiene 70 años pero no los aparenta ni físicamente ni de espíritu. Me resulta muy familiar, como si él y yo ya hubiésemos estado juntos.

Soy una persona sensible y la verdad es que siempre he sido muy mirada con los demás. Es muy raro que yo me enfrente a alguien, cosa que estoy aprendiendo, aunque muy poco a poco, a hacer.

Además, siempre me siento responsable e incluso culpable de todo lo que sucede con los demás, pero sólo si sucede algo negativo. Me siento responsable hasta de que alguien esté de mal humor. Me creo que yo he hecho algo malo. Me angustio mucho. Eso también está cambiando, y ha cambiado mucho por no decir que lo tengo superado.

Cuando estoy con él, se me olvida ese estrés que siento en mis relaciones. De repente, los demás me parecen meros instrumentos y yo los manejo a mi antojo con él y les utilizamos para que nos hagan disfrutar. Debo aclarar que nunca he hecho nada contra la voluntad de nadie y siempre que hablo de manipulación, es con adultos que de voluntad han participado en los juegos de los dos.

Cuando estoy con él siento desprecio hacia los demás. Eso no me gusta sentirlo, pero en esos momentos me provoca un placer extraño y desconocido porque eso me hace cómplice de él. Nos une. Me siento relajada porque los demás dejan de importarme un rato. Me encanta sentir que les utilizo y no me importa si les hago daño. De hecho la idea de que esa persona sufra se me antoja muy lejana y como que no tiene que ver conmigo. De hecho creo que ni se me ocurre pensar que estoy haciendo sufrir a alguien. Es algo muy extraño que no estoy explicando bien. De repente no siento nada. Esa persona no es una persona, es un juguete y no me importa lo que sienta. Por otro lado, siento mucho vacío... Es un placer extraño.

Pero esto sólo me sucede cuando estoy con él. A veces  me ha sucedido estando yo a solas, con mi vida cotidiana, sobre todo cuando ha coincidido que he visto mucho durante un tiempo a F. (me voy a referir a él de ahora en adelante como F.) Por ejemplo, estoy hablando con una persona, un desconocido normalmente, y se cuela en mí la forma de pensar de F. No sé explicarlo mejor. De repente desnudo a la otra persona, la diseco. Sé qué espera de mí, qué busca, y me parece siempre mediocre. Pienso que es boba y que siempre será un ser igual de mediocre y triste y aburrido. Me entran ganas de reírme de esa persona, en plan burla. Me hace gracia verla con todos sus miedos y de repente sé cuáles son sus limitaciones. Esto, gracias a Dios, me dura muy poco. De repente siento mucha angustia y tristeza y en seguida cambio mi pensamiento e intento compensar a esa persona por lo que acabo de pensar de ella. La veo ya normal, como alguien igual.

¿Qué es lo que más le hacía/hace sufrir?

R:  Que no me quiera, que no me valore como persona. Me considero una mujer inteligente y con muchas inquietudes intelectuales. Él, en sus libros, siempre defiende ese tipo de personas. Desde el principio él vio que yo tenía esas inquietudes porque alguna vez hemos hablado de cosas. Él siempre ha sabido que sueño y trato de ser escritora, como él, pero nunca me ha tratado como mujer y menos inteligente.

Trabajé para él durante nueve meses (me convenció para que dejase el trabajo que yo tenía y me fuese a vivir con él). A su mujer (ella tiene un año menos que yo) y a su secretaria (que es unos años más joven que yo) siempre les daba trabajos “dignos”.

Quiero decir, que a su mujer le puso un negocio y ella era la gestora. Yo la ayudaba a ella con las ventas. Y su secretaria le llevaba todo: contactos con editoriales, con escritores, etc.... Todo lo que es su vida profesional.

Ellas no tenían estudios y yo sí. Soy licenciada en Filología alemana y sabía como me gusta escribir y lo que me gustaba la literatura porque ya no me gusta.

El trabajo que me hacía hacer consistía en ordenar habitaciones de su casa y vaciárselas de libros porque tenía muchísimos. Tenía que hacer cajas con libros y cargar con ellas escaleras abajo hasta el sótano. Siempre me tenía cargando cajas y cogiéndolas en brazos y de un lado para otro. Nunca me dejó hacer un trabajo intelectual. Sufrí mucho porque tampoco me atreví a decirle que me diese alguna oportunidad.

Por mi cuenta he publicado cosas que han tenido incluso mucho éxito, pero él nunca jamás me ha alabado ningún trabajo. Lo que le he comentado, él sólo me enviaba a hacerle recados en metro por Madrid y le cargaba cajas. Le colocaba cosas, le hacía las maletas cuando tenía que viajar... Nunca me decía que le ayudase a cosas que tuviesen que ver con el pensamiento o la creación literaria y sé que podría haberle servido de muchísima ayuda.

Me hace mucho sufrir porque no sé qué siente realmente por mí. En ocasiones he sentido que me quiere, que le provoco ternura. Él me dice, por ejemplo, que me ama, que está enamorado de mí y que no puede dejar de pensar en mí, pero al día siguiente me echa de su casa porque me dice que ha quedado con una chica que es mucho más joven que yo y que es una escritora en ciernes con mucho talento. Queda con ella y encima me llama por teléfono y hace que hablemos las dos. Entonces me creo morir y me enfado y cuando me vuelve a llamar y le reprocho lo que ha hecho, me dice que cómo es posible que me enfade con él si eso forma parte de nuestro juego cómplice y que entre nosotros no hay amor, sólo sexo. Que se siente muy mal y que le he echado un jarro de agua fría. Y entonces consigue que le pida perdón.

Le pido perdón porque me amenaza diciéndome que si yo voy a confundir sexo con amor, pues entonces tendrá que buscarse una chica que le dé menos problemas. Entonces me tiemblan las piernas y le digo que no, que no me haga caso, que he tenido un mal día y que no pensé lo que decía. Pero luego él, cuando está abrazado a mi en la cama, porque le encanta dormirse en mis brazos, me susurra al oído diciéndome que me ama, que piensa en mí más de lo que debería, que le he puesto su mundo del revés... Y me dice siempre: “Bueno, tú haz caso a tu princesa (en la intimidad le llamo así) pero no hagas caso a F., no le tomes en cuenta lo malo que te hace”

Es como si a todo el mundo le diese más valor que a mí. A mi sólo me da el valor de compañera sexual y ahí sé que me valora muchísimo. Me lo ha dicho y no creo que mienta. Siempre dice que soy la mujer con la que mejor se lo ha pasado en toda su vida.

 

Cuestionario

¿Él sigue sus propias reglas, tiene códigos propios?

R:  Siempre. Siempre porque no conoce otras reglas. Respeta las reglas sociales pero creo que lo hace porque él vive del reconocimiento social, porque la sociedad tiene algo que aportarle. Él no hace nunca nada de lo que no vaya a sacar un beneficio. Sus códigos tienen sólo que ver con lo que él se va a beneficiar.

¿Él piensa que no hay límite para sus acciones, que todo es posible?

R:  Es un hombre que lo calcula todo muchísimo, que no da un paso en falso.

No creo que crea eso, al menos con respecto a su trabajo, que es estar constantemente cara al público.

En cambio, en el sexo, que es la única parcela que me permite compartir con él, no tiene límites. Todo es posible. A veces ha intentado que haga cosas que chocaban con mi moral, por ejemplo me propuso un viaje a un país para tener sexo con niños y a mí se me revolvió el estómago. Le dije que yo eso no lo iba a hacer nunca y nunca más me insistió en ese tema. Él me cuenta que le encantaría estar en la cama con niñitas de 7 añitos. No tiene límites. Creo que lo ha hecho con niños porque me lo ha dicho. Digo creo porque también estoy segura de que me miente con muchas cosas y a veces tengo una confusión mental tan grande que no sé qué es verdad y que no lo es. No lo sé. Llevo cinco años con él y a veces creo que le conozco y a veces creo que sigue siendo un enigma. Me agota.

¿Vive el hoy sin importarle el mañana, no planifica?

R:  Planifica absolutamente todo. No da un paso sin haber calculado todos los pros y los contras. Si va a perder algo, no le importa siempre y cuando el beneficio sea mayor. Es un gran gestor.

¿Él hace lo que quiere sin importarle las consecuencias?

R:  Siempre y cuando sea en el sexo. Hace lo que quiere, siempre se sale con la suya. En lo demás, como dije antes, lo estudia todo muy bien antes de hacer cualquier acción. Es como un jugador de ajedrez privilegiado. Tiene una visión de conjunto que me impresiona. Sabe qué consecuencias tendrá cada movimiento que dé porque sabe qué movimientos puede hacer cada una de las fichas y cuáles no.

¿Ni premios ni castigos modifican su accionar?

R:  No. Siempre me ha dado la sensación de que no le importa nada lo que a los demás nos incentiva o disgusta. Cuando le dan un premio, y le han dado muchos o cuando le felicitan, que también se le felicita mucho, no percibo en él que se sienta orgulloso de si mismo ni de su trabajo si no que se siente superior a los demás y eso le provoca infinito placer. Nos ve a los demás como perritos tontos y bobitos e inconscientemente está lanzando este mensaje: “Sois unos pobres mediocres. Sólo lo mío es lo mejor, es divertido, inteligente interesante. ¿Cómo podrán vivir en esa mediocridad?”. Todo esto acompañado de infinito desprecio.

Yo estas cosas las siento. No me diga cómo, pero siempre puedo sentir lo que él siente y sé lo que está pensando, aunque esté lejos. Sé incluso cuando va a telefonearme porque siento un cosquilleo en la espalda, como si una parte de él estuviese agarrándome la columna vertebral. Siempre que siento ese cosquilleo, sé que él está pensando en mí. Si el cosquilleo es muy fuerte, entonces sé que me va a llamar. Siempre ocurre, nunca me equivoco. No sé porqué sucede y puede que le parezca de locos lo que le estoy contando, pero es verdad.

En ocasiones, cuando no he sentido ese cosquilleo, me he creído morir pensando que ya no le interesaba. Ahora llevo unos días que no lo siento, pero no me importa ya tanto. Incluso cuando lo he sentido recientemente, pego mi espalda al respaldo para no notarlo. Me provoca angustia pensar que puede telefonear.

¿Sólo cuenta él y lo que él quiere?

R:  Él conoce lo que quieres, lo que anhelas, conoce tus sueños aunque tú no se los cuentes. Sabe a la perfección qué deseas, pero parte del placer consiste en privarte de ello. Le podría poner muchos ejemplos.

Creo que todo lo que no he tenido con él en nuestra relación es justo todo lo que yo deseaba y creo o intuyo que no lo he tenido porque él sabía que yo lo deseaba. Le repito: son intuiciones mías y puede que me haya vuelto loca, ya no sé.

También he comprobado que él conocía mis anhelos mejor incluso que yo.

¿Hace girar a todos alrededor de él?

R:  Sí. De hecho todas las personas nos tiene como hechizadas. A cada uno por una razón diferente, pero todos estamos pendientes de él. Creo que nos hace desear las pocas migajas que de vez en cuando nos lanza a cada uno.

Yo a veces me recuerdo a mi misma a Mina Westenra, en la novela Drácula.

Ella es mordida por el vampiro y se empieza a debilitar.

Una cosa que noto y me inquieta mucho es que cuando estoy con él, me siento sin energía. Incluso por teléfono, cuando de alguna manera entra en contacto conmigo, con sólo saber qué he tenido un simple mensaje de él, es como si mi energía vital se perdiese. Siento que él la roba porque cuando está conmigo es como si reviviese. Se le ve más jovial y tiene una fuerza que para mí quisiera.

En Drácula, Mina es una mujer con una moral, una mujer que ama y que en esencia es buena. Pero el vampiro la muerde. Ella le deja entrar porque él la hechiza. El vampiro sólo puede entrar en tu casa sólo y exclusivamente si tú le invitas a entrar. Entonces, a pesar de que ella sabe que es la esencia del mal y que la va a conducir al abismo, ella le siente en la distancia y se siente atraída a él sin remedio.

Pues así me siento yo y no he visto mejor ejemplo comparativo en mi vida que explique mejor lo que me sucede con este ser. Lo amo, quiero estar con él aunque sé, y perdón por la frase tan mal sonante que voy a escribir, que es el mayor hijo de la gran puta que he conocido.

¿Él, usa a las personas, es manipulador?

R: En extremo. Tiene arte para eso, no he visto una cosa igual. Es inteligentísimo y un gran psicólogo. Sabe lo que cada uno necesitamos y entonces nos ofrece un caramelo para luego quitárnoslo y más adelante dárnoslo, pero no entero, un trozo que hace que desees más.

Cuando trabajé con su secretaria y su mujer (que es una chica de mi edad, muy tímida y asustadiza), nos hizo enfrentarnos con juegos sutiles. Trabajábamos bajo el mismo techo 8 horas al día pero nos llevábamos mal entre las tres y es que a mí me contaba cosas de ellas que me hacían daño y hacía igual con las otras dos. Que si una ha dicho de ti, que la otra ha dicho...

Y creo que lo hacía más con ellas porque ellas se sentían con menos autoestima aún. Él, porque lo descubrí más tarde, les hizo creer que yo había entrado allí para conseguir casarme con él y trabajar en conjunto. Es decir, les estaba diciendo o haciéndolas creer muy sutilmente que yo había llegado a desbaratar su vida. Por eso me hicieron la vida imposible las dos. Pero no las culpo, para nada.

A veces se sentaba en el sillón y nos hacía que fuésemos las tres y empezaba a mandarnos cosas. Nos regañaba con condescendencia que parecía bondad, y las tres calladas, le mirábamos atentas. Encima te hacía sentirte agradecida e importante porque estaba empleando su precioso e importante tiempo en ti. Él decía: “Bueno, no me miréis como conejillos asustados y a trabajar.” Y nos miraba disfrutando infinito de la escena. Las tres, como juguetitos, nos poníamos en marcha, contentas porque nos hubiese dedicado un rato.

Siempre dice lo que quieres oír y también lo que no quieres oír cuando a él le interesa. Según le da. A veces es encantador y te preguntas que cómo has podido juzgarlo tan duramente, pero de repente, cuanto más confiada estás, te mete una “paliza” psicológica que te hunde. Y así te tiene un tiempo. Luego vuelve a ser cariñoso y encantador, te hace creerte muy valiosa y vuelta a empezar. Mi historia con él va a picos.

¿Quiere que otros se acoplen a sus proyectos sin importarle los proyectos de los demás?

R:  Sí, claro. Él es su propia empresa y los demás, empleados. Si queremos estar en su empresa, tenemos que seguir sus instrucciones.

¿El es seductor?

R: Muy seductor. No sabe hasta qué punto lo es... Se transforma. Pone una determinada cara, unos gestos... Sabe perfectamente qué decir y cómo. No he visto una persona con más atractivo sexual que él. Él es eso, “the great pretender”.

¿Es cruel?

R: La persona más cruel que me he encontrado.

Lo que me ha hecho irme de su lado es lo que me hizo el 9 de septiembre pasado. Desde entonces no lo he visto, a pesar de que me insiste sin cesar.

Habíamos estado el verano separados, pues él se fue con su mujer de vacaciones y yo estuve en Madrid.

Estuvimos como un mes y pico sin quedar. Cuando me llamó a la vuelta del verano, me hizo mucha ilusión y le dije que sí, que quedábamos y así hicimos. Quedamos esa fatídica tarde.

Teníamos planes de ir a un local de intercambio de parejas (solemos mucho ir allí), pero al llegar vimos que estaba cerrado. Entonces lo intentamos en otros, pero sin éxito. Como era septiembre, quizá estaban todavía de vacaciones.

Así que él de repente empezó a cambiar. Creo que fue porque no podía llevar a cabo su plan de pasar la tarde en un lugar de esos. Creo que le apetecía mucho. Y como Jeckyll y Hyde... pasó de estar amable a jugar a darme celos. Empezó a decirme que había conocido a una mujer preciosa, como una princesa, que era un genio de la literatura. Que era bella e inteligente, preciosa. Yo, que le conozco, intenté que no me afectase nada de lo que me decía, pero ya no podía estar diciendo más cosas buenas de las mujeres que había conocido últimamente. Empezó a afectarme. Tanto fue lo que me dijo que cuando llegamos a un bar a tomar una copa yo ya estaba desquiciada. Sólo deseaba que volviese a ser encantador.

Pero no lo fue. Entonces, cuando ya había bebido dos copas, empezó a hacerme preguntas de cultura general sin venir a cuento y que no supe responder porque hace ya  mucho tiempo que dejé el colegio y fue horrible. Empezó a decirme que no tengo cultura general, que dónde estaba ese libro maravilloso que estaba escribiendo y que iba a cambiar el mundo.

Me dijo: “¿Ves? Ha quedado en un pluf, en nada, porque te voy a decir lo que eres en realidad. Tú eres una mediocre. A partir de ahora te voy a llamar doña mediocre. Tienes 35 años y no sabes escribir. ¿Cómo vas a escribir si no tienes ni siquiera cultura general? Cualquier chica que estoy conociendo últimamente, aparte de ser más joven y guapa que tú, delgaditas y no gordas (yo no estoy gorda, pues mido 1,67 y peso 50 kg. De hecho gusto mucho a los hombres porque me ven un cuerpo muy bonito) escribe mejor que tú. O por lo menos, escriben.

“Tú eres mediocre y sólo vales para puta, para putita. ¿Ves? La gente nos está mirando porque estoy yo (como le comenté, es un hombre muy conocido en mi país). A ti no te miran, en todo caso te miran porque les da curiosidad ver quién viene conmigo. Sólo eres eso, una puta. Vas a acabar con alzheimer, como tu madre. Mediocre, puta y mediocre. Cuando vuelva del viaje que voy a hacer con mi mujer, no voy a quedar contigo, voy a recurrir a esas chicas que son mucho más jovencitas y talentosas. Ya me he cansado de estar con una puta mediocre. Porque te está cambiando el metabolismo...” Y así siguió y siguió y siguió y siguió... Me dijo unas cosas tan horribles que todavía siento el mismo dolor que esa tarde. No se lo puede imaginar.

Y yo, callada. Anulada. Le escuchaba y creía lo que me decía. Se me caían las lágrimas, pero él seguía. Íbamos por la calle y yo iba como en un mal sueño. Él caminaba muy rápido y yo tenía que corretear para seguirle. Entonces, él se volvió y con una cara muy rara y horrible me dijo: “Vamos, ven perrito”. Y yo corrí más rápido para alcanzarlo.

Recuerdo que me entraron ganas de vomitar y tuve que parar para hacerlo. Me sentía muerta por dentro y me revolvió el estómago. Él, al darse cuenta que no le seguía, volvió donde estaba yo y en vez de preocuparse por mí, recuerdo que se le puso una sonrisa de satisfacción. Sentí que le encantaba lo que estaba sucediendo y sentí que disfrutaba muchísimo. No me preguntó qué me ocurría y no se acercó a ayudarme. Recuerdo que me preguntó, con voz despreciativa y con sorna: “¿Qué? ¿Estás enfadada?” Sólo se quedó de pie, con unos ojos horribles y un gesto frío y distante. Me despreciaba. Disfrutaba. Sentí hasta que tenía placer viéndome vomitar humillada y desquiciada. Por supuesto, le contesté que no, que no estaba enfadada.

Cuando llegamos a su calle me dijo que me fuese por la calle paralela por si acaso se asomaba su mujer y nos veía juntos. Me dijo que no quería problemas. No se despidió de mí. No me dio un beso ni nada, no me miró.

Yo me quedé que prefiero ni recordarlo. Tardé en recuperarme un mes.

Esa tarde fue la gota que colmó el vaso de humillaciones y malos tratos psicológicos durante cuatro años. Si me pongo a contar todo, este documento se convertiría en un libro.

¿Le hace creer que usted es la mujer ideal?

R:  Para el sexo me dice que soy su partenaire ideal. Que nos ajustamos como un guante. Que soy la mujer con la que más ha disfrutado en su vida y le creo. Y eso que tiene 70 años y que ha vivido lo indecible. Para el resto de los ámbitos siempre dice que “menos mal que me di cuenta que no podía seguir enamorado de ti. Eres inestable y tuve que cortar radicalmente el sentimiento porque me hubieses arruinado la vida”. Creo que me tiene anulada. Creo que no me ve como una persona.

No entiendo porqué después de tantos años y haber compartido tantas vivencias, no puede sentir el menor atisbo de cariño hacia mí. No lo puedo entender.

¿Pocas cosas le entretienen si no son intensas o de riesgo, se aburre?

R: Nada le entretiene a no ser que sea algo que le “alimente” intelectualmente o el sexo puro y duro. Todo lo que hace conmigo y que con nadie más puede hacer. Eso sí disfruta, se le ve extasiado, volado, como en otra onda. Se dulcifica bastante cuando disfruta. Es como si se relajase de verdad y dejase de controlar todo tanto. No sé, como más humano.

¿Él tuvo acusaciones de abuso o violación?

R: Que yo sepa nunca ha sido acusado de eso y  no creo que haya hecho nada. Él sí me ha contado a veces que su madre abusó de él cuando era pequeño y que un profesor de su colegio abusó de él durante años.

Cuando me lo contó, le dije que lo sentía muchísimo y que si le podía ayudar. Le pregunté que cómo se sentía. Sonrió y me dijo que le encantaba que su madre y su profesor le tocasen porque “me siento muy mariquita”. Siempre fantaseamos con esos juegos de gays y cambios de  roles.

Durante mucho tiempo pensé que él era así porque tenía mucho miedo de amar, porque de pequeño le habían hecho daño y estaba asustado y reprimido. Pensé que yo podría ayudar a cambiar eso. Pobre tonta que soy...

¿Tolera frustrarse?

R: Yo creo que nunca se ha frustrado. No permitiría jamás que eso le sucediese.

¿Repite los errores?

R: Nunca comete errores. Mete mucho la pata con personas, pero para él eso no son errores. Me consta que mujeres que han estado con él han recibido ayuda psicológica.

¿Él culpa a los otros de sus errores?

R: No recuerdo que haya cometido algún error en su trabajo. Pero si fracasa con alguien, como conmigo ahora, pues estoy segura que se siente ofendido y que pensará que soy una loca. La culpa de que no quedemos, seguro, la tengo yo que soy una “inestable emocional“, como tantas veces me dijo.

¿Usted es el soporte económico de esta persona?

R: No.

¿Usted se siente usada por él?

R: Sí. Creo que me ha manipulado porque siempre me ha llevado ventaja. Tiene 36 años más que yo y es un psicólogo genial.

¿Él es muy creíble cuando miente?

R: No es que sea creíble, no sé cómo llamarlo... Es que te hace dudar de ti. Te hace dudar de tus percepciones, de lo que ves, de lo que oyes, te hace dudar de tu capacidad de interpretar la realidad.

Con lo que le he contado antes que sucedió el 9 de septiembre, cuando se lo reproché, como sería la charla que tuvo conmigo que a punto estuve de pedirle perdón. De hecho, aún hoy, dudo a veces de que hubiese mala intención por su parte aquella tarde terrible. Hay dentro de mí una parte que sabe que fue intencionado y otra que no está tan segura.

¿Usted le perdona las mentiras?

R: Siempre se las perdono. De hecho lo que pasó en septiembre se lo perdoné. Se lo dije y es cierto, se lo he perdonado. No vuelvo con él porque me da miedo. Porque pago un precio ya muy alto por un rato de placer. Porque estoy asustada de lo mal que me siento, de la obsesión que tengo. No hay un minuto en el día que no esté él en mi cabeza. Por eso he decidido no estar más con él.

¿Él usa la actuación para manipular?

R: Sí. Siempre cambia la voz y da la sensación de ser muy bueno. Tiene mucha habilidad para dar la vuelta a la tortilla y te convence para que creas que eres tú quien le ha hecho daño a él. Muchas veces me dice, cuando ve que no logra convencerme para que nos veamos: “No Che, si al final va a resultar que soy yo quien te quiere de verdad y tú a mí no. Te crees que me quieres, pero no me quieres. Yo sí que te quiero.” Entonces baja la voz y me susurra, con una voz muy cariñosa y tierna: “Tengo muchas ganas de verte, Che. Tengo tantas ganas de que me beses y me abraces... ¿Ya no quieres estar con tu princesita? ¿Vas a dejarme solita?” Y me tiemblan entonces hasta los huesos. Es angustioso lo que siento.

¿Ha logrado que usted haga cosas que nunca hubiese hecho?

R: No.

¿Usted ha traicionado sus principios para complacerlo?

R: No.

¿Le ha pedido que lo ayude a manipular a terceros?

R:  Sí.

¿Uso violencia física, psíquica, moral o armada para dominarla?

R: Sí. Ha sido psíquica y moral. Física no, alguna vez, en la cama, me ha pegado un bofetón y me ha hecho mucho daño, pero debo entender que era el juego sexual. No sé si me pegó a posta o era el juego. Supongo que era el juego, pero no se lo puedo asegurar.

¿Tiene algún signo o señal que anticipa que hará algo negativo o dañino?

R: No, nunca sabe uno cuando va a cambiar su humor. Cambia de repente, cuando menos te lo esperas. Él suele estar siempre mal humorado. Se queja de todo y se pasa la vida llamando la atención a la gente. Cuando le ofendes, como lo que estoy haciendo con él, ya sabes que se va a vengar. Es muy soberbio.

No le puedo explicar bien... Es su actitud constante. Sabes que no es normal. Siempre está muy calmado. Nunca se altera. Jamás. No se ríe normal, no es una risa normal. Su mirada no es normal. Tiene unos ojos que no brillan. A veces me da la sensación que los gestos humanos que le salen tan forzados es porque los ha aprendido observando y los intenta repetir, pero es mal actor y se nota que no es real. Es como una máscara.

Cuando tú reaccionas ante las cosas, las personas junto a él... Te hace sentir mal. Te sientes como inferior a él porque estás mostrando emociones. Es complicado de explicar... Él te hace sentir así. Sabes que está observando la situación y las reacciones de todos y es  como que sé que le hace mucha gracia, pero mucha.

Pero su voz engaña. Mucho. Y su manejo del lenguaje y saber decir la palabra justa con la entonación adecuada, en eso es el rey.

¿Tiene tendencias perversas o raras en las relaciones sexuales?

R: Sí, con él no puedes tener sexo normal. Nunca lo he tenido. Nunca me ha amado como hombre, incluso cuando le pedía que también yo quería placer. Entonces buscaba a otros para que me lo dieran y él miraba.

Nunca ha sido una relación al uso en ese sentido, jamás. Hemos hecho cosas que van más allá de muchas cosas.

¿Se muestra culpable o responsable de su accionar nocivo sobre los demás?

R: Él no piensa que sea malo. Yo creo que se cree de verdad lo que dice y de ahí su poder de convicción y manipulación. Pero esto es sólo mi intuición. Quizá me esté equivocando. En realidad no le puedo decir. A veces creo que no se da cuenta, pero otras veces estoy segura de que lo está haciendo a posta. No sé si es que a veces no se da cuenta o a veces sí o es lo que le comentaba antes. Me confunde y me agota pensar siempre en porqué hace esto o lo otro. Pero me obliga a pensarlo porque él no se muestra nunca sincero a los demás porque no sé siquiera si tiene algo real dentro.

A veces creo que todo lo que él muestra de encantador es reflejo de la energía y brillo que los demás le regalamos encantados. Porque él no la roba. Es un Señor. Él no roba. Él coge gustoso lo que los demás estamos deseando regalarle.

Cuando le reprochas algo, se muestra sorprendidísimo y siempre dice lo mismo: “Bueno, me dejas de piedra”. Y por supuesto te jura que no lo ha hecho a posta, que no se ha dado cuenta, que es muy tonto, que los hombres son muy tontos y torpes para estar atentos a lo que quieren las mujeres... Muchas excusas.

¿Él degrada y descalifica a los demás?

R: A la gente con la que trata socialmente no. La trata muy bien. Es lo más educado, amable y simpático que pueda usted imaginar. Un encanto de hombre. Da gusto hablar con él. A todo el mundo le trata bien y sobre todo a la gente famosa o importante. Él consigue contratos y consigue muchas cosas tomando cafés o comiendo con personas relevantes con las que llega a acuerdos que a él le benefician económicamente. Es su empresa, su negocio. Es maravilloso con la gente.

Pero cuando nadie mira, cuando estamos en petit comité... Sin comentarios. Yo se lo he dicho muchas veces a él, cuando he estado enfadada o desesperada. Le digo: “F., me parece que eres Jeckyll y Hyde”. Una vez le pedí, llorando, que me ayudase a comprenderle. Que quería saber quién era, si uno u otro. Se rió. Me dijo que Hyde me amaba pero que Jeckyll sólo quería una relación laboral. En otra ocasión, en cambio, me dijo que me amaban los dos. A mi me dejó comiéndome la cabeza, para variar.

¿Sabe Usted? Me paso la vida pensando en él. Todo el tiempo. Tengo la mente viciada. Llevo cuatro años y pico intentando comprenderle. Intento entenderle y eso lleva muchas horas.

¿Usted se reprime o inhibe por esta relación con él?

R: No entiendo bien la pregunta... ¿Me reprimo o inhibo con respecto a él o a otras personas?

¿Usted, con él ha perdido autoestima?

R: Total. Ahora empiezo a recuperarla un poco. Cuando estoy con él, se me va. Dependo de él al cien por cien. No sé qué me ocurre, pero cuando él está lejos se me ocurren todas las cosas que tenía que haberle dicho, sobre todo cuando me humilla. Lo pienso y me veo fuerte. Mentalmente le digo muchas cosas. Me paso el tiempo diciéndole mentalmente todo lo que no puedo decirle porque cuando él está al lado, no sé qué me ocurre que no se lo puedo decir.

Ahora estoy trabajando en recuperar mi autoestima. Poco a poco. No sé si lo conseguiré. Por supuesto, no creo que yo pueda atraer a un hombre para que me ame de verdad. Sólo los puedo atraer para sexo. No creo que sirva para nada más. F. me lo decía siempre, que una mujer tan compleja y tan rara como yo jamás iba a encontrar a alguien. Puede que F. lleve razón.

¿Usted, sigue o vuelve con él haga lo que haga?

R: Sí, siempre ha sido así, pero desde septiembre he conseguido resistirme. Durante todo este tiempo él ha llamado como una vez al mes para insistirme. Ha coincidido que él este año ha tenido mucho trabajo y muchos compromisos de viajes y no me ha llamado más para insistir. Las veces que me ha llamado le he dicho que no quedaba pero no me atrevía a decirle que era definitiva. Me inventaba compromisos.

Hace un mes me atreví y le llamé para decirle que no. Desde mediados de abril es acoso y derribo. Me llama muchas veces y me intenta convencer por todos los medios.

El viernes 11 de mayo estuvimos hora y media al teléfono. Como sería todo lo que me dijo, que me convenció para quedar. Y cuando íbamos a organizar la salida, se le cortó el teléfono y ya no pude contactar con él a pesar que le llamé varias veces. Al día siguiente me dijo que se había quedado sin batería. A mi me dejó rota y fue el peor fin de semana que he pasado en tiempo. Malo por decirle que no. Una amiga mía, la única que me aguanta que le hable de él, me dijo que el cielo me había ayudado cortándole la comunicación porque yo ya me había rendido e íbamos a quedar.

¿Usted es temerosa o se ha vuelto temerosa por esta relación?

R: Yo ya no soy la misma persona. Tengo ataques de miedo y palpitaciones. A ratos me entran unos vacíos muy grandes, siento mucha desazón y muchas cosas me dan miedo. Hay noches que no me puedo quedar dormida. Me entran miedos. No es miedo a la oscuridad, fantasma y demás. No. Es que me entran unas sensaciones angustiosas. Me entra mucho miedo, un miedo que no puedo explicar. Tengo muchos días una sensación en la boca del estómago como si fuese a pasar algo. Tengo miedo de muchas cosas que antes ni se me ocurría que me diesen miedo.

¿Él es insensible? ¿en qué lo demuestra?

R: En todo.

Cuando me pidió razones para dejarle, le expliqué que le quería pero que sufría con él. Le dije que me sentía humillada y me encontraba mal y triste todo el tiempo. Que me lo pasaba bien en el sexo pero en lo demás él me hace sentirme mal. Le dije que él tiene la vida hecha y que tiene una pareja, hijos, etc. y que yo tengo 35 años y llevo casi cinco con él y que tengo que tener una oportunidad de ser feliz.

Le supliqué que me diese la oportunidad de no llamarme más para permitirme buscar otras cosas, buscar una paz que hace años que no siento. Le supliqué que compartiese eso conmigo, que más adelante que me llamara a preguntarme cómo me va la vida y que se lo agradecería mucho.

Me dijo: “Poca trayectoria vamos a tener tú y yo si no quedamos para jugar al sexo. Tú y yo estamos destinados y estás cometiendo el error más grave de tu vida y tú lo sabes”.

Le dije que Ok., que vale, que era un error pero que me dejase equivocarme.

Al día siguiente volvió a llamar para seguir insistiendo. Me dijo que deje que él piense por mí y que haga caso a alguien muy sabio. Me dijo que me está dando la oportunidad de ser la amante de F. cara a la historia y a la fama y que siempre pasaría a la historia como la mujer que ocupó la faceta más importante de la vida de F.

Sé que no le importo nada. Sé que no me quiere porque si de veras lo hiciese, sabría que llevo razón y que ahora estoy todavía a tiempo de conocer a otras personas. De tener otra vida.

Me quedé sin amigos y los pocos que tengo están hartos de mí. Algunos me han dejado de hablar porque no me soportan con este tema. Están quemados. Mi familia no quiere ni oír hablar. Mi padre me dice que soy tonta e imbécil y que parece mentira que alguien tan inteligente como yo se preste a estar con alguien así. Mi mejor amiga el otro día me llamó masoquista y que si yo había elegido en mi vida la oscuridad, que peor para mí y que ella se iba pues no quería ver cómo me hundo.

Ahora mismo estoy sola. Tengo una amiga que me escucha cuando le hablo de F. Los demás se han alejado de mí. Me hablan, pero si saco el tema, me cuelgan y no llaman más. Mi vida es un aburrimiento. Voy de casa al trabajo y del trabajo a casa. No salgo nunca, el fin de semana me quedo en casa y no hago nada, sólo me tumbo en el sillón y hago las obligaciones de la casa porque no me queda más remedio. Llevo años para ordenar unas cosas que tengo que ordenar y siempre estoy triste. Siempre he pensado que pereza es sinónimo de tristeza.

No tengo ganas de conocer gente. Las veces que he intentado salir, me parece todo tan insoportablemente aburrido que más de una vez me han dado ganas de coger el teléfono y llamar a F. para que venga a rescatarme... Esta mañana mismo, he pensado que me aburro y estaba sobresaltada pensando que quizá me he cerrado la puerta para siempre con F. Que tengo que llamarle. Quizá esté todavía a tiempo para que me perdone y me vuelva a aceptar. Aunque sé que se vengará de todo lo que le he dicho y de que lleve nueve meses diciéndole que no. Se vengará.

¿Desea agregar algo más?

R: Necesito ayuda y no sé a quién recurrir, por eso le escribo a usted.

Cuando ayer di por casualidad o más bien causalidad con su Web, Dr. Marietán,  y leí algunos de sus artículos, no me lo podía creer. Me ayudó a comprender, pero sobre todo a aceptar, que tengo una enfermedad y que puede haber alguna salida.

Estoy siendo muy fuerte y trato de racionalizar lo que me sucede.

Mientras le contaba a usted las cosas que me ha hecho y hace, es como que me siento más segura y convencida de lo que estoy haciendo al cortar con él. Escribir esto me ha aportado argumentos racionales y siento algo de alivio. Hay momentos, desde que he decidido no darle largas a F. y decir no, que siento mucha paz y hasta me descubrí el otro día cantando mientras preparaba la comida.

Pero hay muchos otros momentos, y son mayoría, que me siento morir. Que le echo mucho de menos, que tengo ganas de estar con él y que me pregunto si no estaré cometiendo el error más grande de mi vida y me arrepienta. A veces pienso que no voy a encontrar a alguien tan divertido y cómplice y que nunca más lo voy a pasar bien.

Tengo miedo porque no confío en mí. Le voy a contar mi paranoia de estos tres últimos días.

El sábado fue un buen día pero desde ayer me ha dado por pensar que no entiendo porqué no me llama... Me estaba llamando y ahora lleva desde el jueves pasado sin llamar. El sábado pasado dijo que me llamaría para quedar y no llamó.

Yo tampoco lo llamé porque el sábado, como le he dicho, tuve un día con mucha paz. Quedé con mi amiga y fui a comer con ella y hacía un día precioso. Me sentí muy relajada, muy en paz. Tenía ganas de hacer cosas e inconscientemente le pedí a Dios que hiciese algo para que él no me llamase.

Pero al día siguiente, cuando vi que no me había llamado y ahora veo que sigue sin hacerlo, me pregunto si no dije algo que le pudiese molestar y creo que sí porque se me escapó decirle que todas las veces que me llamó al móvil (y llamó muchas) yo le oí pero no me dio la gana cogerlo. Él me preguntó si había hecho eso de verdad y le dije que sí. Y ahora sé que he metido la pata pues estará enfadadísimo. Porque alguien tan famoso como él y tanta gente que daría dinero para que él les llamase... Y yo, que para él no soy nadie, que no le coja el teléfono, pues debe estar muy, muy enfadado.

Por otro lado, pensar que me vaya a llamar, hace que me altere y no quiero que lo haga, pero por otro lado sí. Lo más alucinante es que cambio de opinión en medio de un minuto varias veces. Sé que es irracional completamente y no lo puedo entender, pero no puedo evitar sentir pena por no estar con él y me da mucha pena pensar que él me pueda echar de menos.

Le escribo por esto. Porque no sé qué hacer para dejar de sentir duda y estar convencida de que es lo mejor, de que me tengo que alejar de un ser así.

Me puede la pena. Él me da pena. Me da pena dejarlo sólo. No sé qué me ocurre. Luego lo pienso mejor y no tiene lógica lo que siento. Lo peor... Sigo sintiéndome torturada. Y a veces pienso que estoy en un bucle del que no puedo escapar y me pregunto si la vida tendrá alguna oportunidad para mí. Me pregunto si algún día podré vivir sin que él me ronde en la cabeza y donde me sienta en paz.

Muchas gracias, Dr. Marietan,  por leer mi larguísimo cuestionario.

 

 

 



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