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Neurobiología del psicópata1

Eduardo A. Mata2

El enorme interés que ha despertado el psicópata en la Psiquiatría contemporánea tiene mucho que ver pricipalmente con dos factores. En primer lugar, el desarrollo que ha tomado la personología y, dentro de ella, sus bases neurobiológicas, las cuales, ha su vez, están vinculadas con el creciente conocimiento que tenemos del cerebro.

El segundo aspecto tiene que ver con la potencial y actual destructividad que caracteriza la conducta de algunos psicópatas. La destructividad humana es un fenómeno apasionante y cuya comprensión y profundización se hace tanto más necesaria cuanto mayores son los recursos que las Ciencias del Hombre van poniendo a nuestra disposición. En especial, interesa tratar de establecer ciertos puntos en común entre las grandes manifestaciones de destructividad (guerras, genocidios, torturas, terrorismo ) algunas de los cuales podrían apoyarse en la Sociología, en la Antropología Filosófica y, tal vez, en la Historia; y, por otra parte, las manifestaciones individuales de destructividad humana, basadas en la Psicopatología, la Psicología y las Neurociencias. Tal recorrido tal vez nos permita hacer un repaso integrativo de tal modo que, guiándonos por la línea de la destructividad como comportamiento, nos deje entrever el nexo que vincula, en el hombre, el plano profundo de sus bases biológicas más elementales, hasta los más elevados y complejos de sus organizaciones sociales y de su axiología. Debido al alcance de este trabajo, sólo tomaremos algunas de las características clínicas y neurobiológicas de un tipo particular de personalidad vinculada a la destructividad: el psicópata.

Lorenz y los etólogos consideran la agresividad organizada como una adquisición evolutiva que se habría producido hace unos 40.000 años. Sería un ejemplo de "fusión" primitiva, en un sentido social, ya que para aumentar la eficacia de la agresión como arma de supervivencia, había que unirse y organizarse. Este vínculo parece tener relación con el "entusiasmo militante", forma especializada de agresión comunitaria, un entusiasmo que comparte el grupo contra un enemigo común. Su máxima expresión sería la "esquizofrenia de guerra", descrita por Kahler, y que necesita -en principio- considerar que el enemigo no es un semejante. Hay una especie de continuo en este modelo que va desde la agresión organizada en ejércitos regulares regidos por convenciones internacionales -cerebro límbico- a la crueldad y brutalidad inútil de las torturas y vejaciones de los campos de concentración y los genocidios -cerebro reptílico.

Como una de las corrientes de ideas más importantes en la comprensión del funcionamiento del cerebro en relación con la personalidad, mencionaremos la concepción de McLean.(37,38,39)

Un modelo de cerebro organizado jerárquicamente ya había sido propuesto por Hughlings Jackson. Para este famoso neurólogo inglés habría centros "superiores", "medios" e "inferiores", siendo estos últimos re-representados por los medios, y ambos re-representados por los superiores.

Contra esta posición surgió la de los antilocalizacionistas, que querían ver al cerebro como "una masa homogénea, como cualquier glándula, por ejemplo el hígado, con funciones homogéneamente distribuidas".

Head pensaba que las lesiones cerebrales interrumpían una serie de eventos que estaban secuenciados entre sí y que conducían a un resultado. Ahora se sabe que cada acto mental es consecuencia también de múltiples procesos paralelos y no solamente de una sola línea secuencial.

La visión actual de estos procesos es que existen tanto jerárquicos como paralelos. Las "últimas" estaciones reciben "inputs" tanto de las "intermedias" como de las "iniciales" confundiendo los esquema simplemente jerárquicos.

De este modo, el cerebro funciona como un sistema modular(40). A estos sistemas no lineales se les llama heterarquías. Éstas, aunque tienen muchos elementos de las jerarquías, son mucho más complejas. Desde que sus diferentes unidades pueden ser relativamente independientes, pueden interaccionar entre todas ellas, sin considerarse sus niveles de complejidad. Dada la inseparabilidad entre estructura y función, se puede pensar que el comportamiento funciona de la misma manera.

Recordaremos aquí, nuevamente, las ideas de McLean. De acuerdo a su teoría, el cerebro humano resulta de la superposición e integración de funciones de tres cerebros distintos, con diferentes características estructurales y neurofisiológicas, y también especiales performances comportamentales.

Representan la herencia de nuestros antepasados: los reptiles, los mamíferos y los primeros primates. Consiste en un conjunto de estructuras nerviosas, que en el hombre ocupan los llamados ganglios basales y el complejo estrío palidal. Es la parte más primitiva en el cerebro humano, y además de lo mencionado comprende la médula espinal, el bulbo y la protuberancia, que forman parte del cerebro posterior; y el cerebro medio o mesencéfalo. McLean llama "armazón neural" al conjunto integrado por la médula, el cerebro posterior y el cerebro medio. Alberga los mecanismos neurales básicos de la reproducción y de la autoconservación, lo que incluye el ritmo cardíaco, circulación sanguínea y respiración. En un pez o un anfibio, éste es casi todo el cerebro que existe. Entre los elementos comunes al hombre y a los reptiles, que suponemos provenientes del componente R (cerebro reptílico) figuran la selección del hogar, la territorialidad, el involucramiento en la caza, apareamiento, crianza y, de acuerdo a McLean, también intervienen en la formación de jerarquías sociales y selección de líderes. Tiene participación en los comportamientos ritualistas.

Salvo algunas excepciones, pareciera que estos comportamientos forman parte de las conductas burocráticas y políticas del hombre actual. Se dice que "mató a sangre fría" y la metáfora alude al componente R y a la "sangre fría" de los reptiles.

Rodeando al complejo R se encuentra el sistema límbico. Lo tienen rudimentariamente los reptiles y, por supuesto, los mamíferos. El comportamiento de los mamíferos, desde las clases más inferiores hasta las más desarrolladas, incluyendo a los humanos, difiere de los reptiles no sólo en la gama mucho más vasta de comportamientos posibles, sino porque en ellos aparece la emoción. Algo muy importante es que este sistema no sufrió grandes cambios desde las especies menos avanzadas hasta las más desarrolladas. Esto se advierte en las expresiones de furia de un gato o un perro, notablemente similares a las de un humano en la misma situación. No es nada comparable con la impasibilidad de la expresión de los reptiles.

Es llamativo que la casi totalidad de los psicofármacos actúen en el sistema límbico. Los sistemas neuroendocrino, neuroinmune, neurovegetativo, los ritmos circadianos, todos ellos fuertemente influenciados por las emociones, tienen allí su sede.

La amígdala, parte importante en esta región, tiene un papel trascendente en la agresividad. Recordemos que, actuando armónicamente con el circuito septal, constituirían la sede neuroanatómica y neurofisiológica de los instintos de vida y de muerte de Freud. Existen motivos para creer que la base del comportamiento altruísta se encuentra en el cerebro límbico. El amor (instinto de vida) parece ser una adquisición de este cerebro. Muchas investigaciones documentan que las emociones son patrimonio de los mamíferos y, en algunos casos, de las aves. Precisamente las especies que, fuera de los insectos sociales, cuidan de sus crías.

Los sitios más primitivos de agresión, la agresión depredadora, han sido ampliamente estudiados, y numerosas estructuras filogenéticamente muy antiguas han sido implicadas, incluyendo el hipotálamo, el tálamo, el mesencéfalo, el hipocampo y, como ya se dijo, el núcleo amigdalino. La amígdala y el hipotálamo trabajan en estrecha armonía, y el comportamiento de ataque puede ser acelerado o retardado según sea la interacción entre estas dos estructuras. Por lo tanto, vemos que la inhibición de la agresión puede ocurrir entre dos elementos neuroanatómicos, que son ellos mismos primitivos, y que no es tan simple decir que se trata del control de estructuras "superiores" sobre otras "inferiores".

Por último, aparece el neocórtex, que ya se presenta en estado rudimentario en los mamíferos inferiores, sufre un desarrollo impresionante en los primates y este proceso se vuelve explosivo en la línea de los homínidos y en los grandes mamíferos acuáticos. La velocidad, volumen y trascendencia de este desarrollo parece haber incidido para que la integración a los dos primitivos cerebros que le precedieron -y que ellos lograron entre sí- no se cumpliera completamente. Tal vez esta discrepancia permita explicar la disparidad entre la curva de crecimiento de los logros científicos por una parte y la falta de mejoría apreciable en el control de las emociones y la primacía de la conducta ética por otra.

La agresión y su subproducto perverso, la destructividad, requieren el compromiso de estas antiguas estructuras. Sin ellas no habría verdadera agresión, ya que ésta ni es una abstracción ni es definida por sus consecuencias. La verdadera fuerza de la agresión radica en un conjunto de "redes neurales" o "armazón neural" (como respectivamente la llaman Grisgby y Schneider, por un lado, y McLean por el otro) y en la emoción provista por el límbico (un modelo de integración de redes neurales de diferentes niveles).

De esta manera, el cerebro humano transporta consigo la historia de la evolución(39) en su anatomía. Comenzó en el agua cuando el pez desarrolló un tubo para transportar los nervios desde partes distantes de su anatomía a un lugar central de control. En primer lugar aparece un abultamiento en lo alto de la espina, después los nervios comienzan a especializarse. Algunos de ellos se vuelven sensibles a moléculas y forman nuestro cerebro olfatorio. Otros se especializan en percibir la luz y forman los ojos. Estas estructuras se conectan a una especie de bosquecito que controla los movimientos: el cerebelo. Este conjunto forma el cerebro reptílico, mecánico e inconsciente. Sus partes básicas continúan intactas y forman parte del más bajo nivel del sistema de tres partes que se ha desarrollado desde entonces (cerebro trino).

Encima de éste, se desarrollan luego más módulos: el tálamo, que permite que la vista, el olfato y el oído puedan ser usados conjuntamente; la amígdala y el hipocampo, creando un sistema de memoria primitivo; y el hipotálamo, haciendo posible que el organismo reaccione a mayor cantidad de estímulos. Este es el cerebro mamífero, el cerebro límbico. Las emociones se generan aquí, pero todavía no puede ser experimentadas como conscientes.

Durante la evolución de los mamíferos los módulos sensoriales dispararon la creación de una delgada capa de células, cuya forma permitía que se formaran muchas conexiones entre ellas, con muy poco crecimiento en volumen. Esta "piel" se volvió la corteza y es donde emergió la consciencia.

Los mamíferos que iban rumbo a convertirse en humanos desarrollaron un mayor córtex, desplazando al cerebelo atrás, a la posición que ahora ocupa. El "Australopithecus Africanus" tenía un cerebro muy cercano al actual hace unos 300 millones de años atrás, pero era un tercio de tamaño del actual. Un millón y medio de años atrás el cerebro homínido experimentó una evolución explosiva, como ya se señaló. Tan súbito fue este desarrollo que los huesos del cráneo debieron modificarse, para crear la alta y plana frente que nos distingue de los primates.

La personalidad -y los comportamientos que generalmente incluyen cognición y percepción- representan la operación compleja de varios sistemas funcionales, cuya actividad es mediada por un repertorio relativamente estable de redes neurales intrincadas. Uno puede estudiar las funciones de la personalidad como módulos pertenecientes a un sistema mayor, comprendidos ellos mismos por múltiples subsistemas. Aunque hasta ahora no hay pruebas claras del funcionamiento modular de la personalidad, sería verdaderamente extraño que otros aspectos del funcionamiento perceptual sean modulares, y la personalidad no. La supervivencia requiere de un funcionamiento adecuado, y muchas veces automático e inconsciente, de una cantidad de sistemas (módulos) que median muchos factores: motivación, exacta percepción del ambiente, obtención de lo que se necesita para sobrevivir, regulación de los impulsos agresivos y sexuales, formación de las relaciones con otros individuos, iniciación y completamiento de comportamientos intencionales, y la inhibición de los inapropiados.

En general, la gente se experimenta a sí misma como una unidad, coherente y estable, en abierta contradicción con el hecho de que el substrato neural de su funcionamiento psicológico está basado en muchos componentes modulares diferentes. Este sentido de totalidad es consecuencia de la notable (y no siempre bien comprendida) capacidad de síntesis o de autoorganización que el organismo posee. Esta organización refleja un proceso no linear, cuyo curso no se puede predecir a partir de fenómenos químicos o físicos. Las propiedades funcionales que emergen de estas complejas redes neuronales poseen un alto grado de organización. El deterioro de un aspecto dado de tales redes puede asociarse a un cambio específico de funcionamiento, haciendo que la mayor parte del tiempo el comportamiento observado permanezca organizado, aunque tenga deficiencias.

Una fuente de la auto-organización puede encontrarse en la "re-entrada de señales", lo cual ocurre en todos los niveles de la heterarquía neural.

Hay muchas ventajas en la adopción de una perspectiva modular y funcional. Además de su valor explicativo, puede servir para cambiar el énfasis puesto hasta ahora en los rasgos y desplazarlo hacia las funciones y sistemas funcionales (autocontrol, regulación del afecto, juicio, destructividad). Además, una teoría modular podría añadir fundamentos a la conceptualización cognitiva de los esquemas (asumciones básicas). Por lo tanto, este self podría estar compuesto por un gran número de autorepresentaciones, cada una de ellas sustentadas por diferentes pero superpuestas redes neurales, las que incluyen las encargadas de regular los afectos. Trastornos tales como los casos de personalidad múltiple, personalidad borderline y estados disociativos podrían entonces ser considerados en parte como perturbaciones de diferentes sectores de las redes neurales. Esta perturbación sobre el sistema cerebro/mente podría tener causas biológicas y/o determinadas por la experiencia. La variabilidad menos caótica y la coherencia observada en las personas normales podría ser el resultado de una mejor integración de estos sistemas modulares.

Los datos clínicos para esta hipótesis son abundantes. Uno de ellos es la creciente habilidad de los niños y los adolescentes en rumbo hacia la adultez para regular su conducta, a medida que el cerebro madura. Esta maduración parece ser consecuencia no sólo de la experiencia, sino también de la mielinización de las áreas prefrontales (con los cambios consecuentes en las redes neurales), un proceso que continua hasta la tercera o cuarta década de la vida.

Este modelo es también consistente con las investigaciones hechas en relación a la congruencia del humor con la memoria. Tiene que ver con el hecho de que cuando uno tiene determinados estados de humor, tiende a tener recuerdos específicos. Una red específica parece haber sido activada, y al hacerlo, bloquea el acceso a otras representaciones. Cuando uno está deprimido, tiende a tener cierto tipo de recuerdos y de fantasías.

Es posible que la operación de redes neuronales relativamente independientes estén sustentando la consistencia observada en varios estados emocionales. Si estas redes son perturbadas es posible observar ciertas incongruencias afectivas, lo que depende de la naturaleza de la perturbación. Un afecto inapropiado puede verse en la esquizofrenia, pero también puede verse en la "esquizofrenia de guerra" de Kahler, o en los genocidios(41). En estos últimos casos serán factores contextuales, tal vez operando a través de sistemas neuroquímicos (como los que sugerirían los hallazgos en los monos vervet) los que producirían tales disociaciones.

Aunque el cerebro está comprendido por un número grande de módulos relativamente independientes, posee una notable capacidad de síntesis. La actividad del organismo humano es, por lo tanto, coherente, a pesar de la enorme variabilidad en el funcionamiento de sus componentes modulares. Diversas capacidades funcionales psicológicas y físicas surgen de la estructura heterárquica de las redes neuronales del cerebro. Los circuitos neuronales están organizados en una forma modular distribuida, y desde que sus "propiedades funcionales son envueltas en propiedades estructurales" se ha argumentado que el mismo funcionamiento debía estar organizado de manera similar. Toda actividad humana, por lo tanto, refleja una compleja síntesis de muchos factores actuando concertadamente para producir un resultado específico mediante incontables y variados métodos(40). Estos son realmente sistemas funcionales.

La extensión de estas ideas, como se dijo más arriba, al terreno de la personalidad, es la etapa siguiente que la lógica indica.

King(20) se refiere a la historia de las teorías neurobiológicas de la personalidad, señalando que ya en el siglo IV antes de Cristo, Hipócrates había precisado la existencia de cuatro estilos diferentes de personalidad basado en los humores. Durante más de veinte siglos después de él, aún no se ha podido desarrollar una teoría neurobiológica coherente. No obstante, en los últimos diez años (la llamada "década del cerebro") se han producido avances significativos en las neurociencias, en particular en la neuroquímica. La taxonomía en este terreno ha registrado también progresos a través de Eysenck, Zuckerman, Siever y Cloninger.

Se podrían dividir los enfoques referidos a la biología de la personalidad en dos subcategorías: las macroteorías y las microteorías.

Las macroteorías intentan explicar las múltiples variaciones de la personalidad en relación a sistemas neurobiológicos, y las microteorías son modelos que tienden a explicar los comportamientos más específicos en relación con la actividad de sistemas singulares de neurotransmisión.

A esta complejidad cabe agregarle los criterios dimensionales y categoriales para analizar los trastornos de la personalidad. Los dimensionales se centran en los rasgos, y por lo común son curvilineales. Los categoriales son taxonómicos, y responden a los agrupamientos de los "clusters" A, B y C del DSM-IV.

Las alteraciones de la personalidad, desde el lado neurobiológico, requieren tener en cuenta estos antecedentes. Ahora nos abocaremos a intentar proveer algunos elementos concernientes a la personalidad psicopática.

Ha habido, en general, bastante controversia en relación al concepto de personalidad psicopática/personalidad antisocial, y también e los rasgos que lo componen. R. C. Howard(24) llega a la conclusión de que, más que ser una entidad clínica unitaria hay una familia de conceptos de psicopatía parcialmente superpuestos, que pueden dividirse en tres. 1) Un tipo Norteamericano ("sociópata") caracterizado por una conducta antisocial crónica que comienza en la infancia o la adolescencia temprana; 2) Un tipo secundario por el rasgo del alto nivel de impulsividad, aislamiento social, y perturbaciones emocionales; y 3) un tipo primario caracterizado por la impulsividad sumado a una falta de aislamiento social y de perturbaciones emocionales. Esto no implica que estos tres tipos sean mutuamente excluyentes; es más, la "sociopatía" es vista como un concepto amplio que abarca tanto la psicopatía primaria como la secundaria, así como una alta proporción de criminales comunes.

De todos modos, para cualquier agrupación diagnóstica que parta de una concepción psicobiológica se hace necesario formular tres cuestiones:

1-¿Cómo? (esto es, ¿cuáles son los mecanismos que median las conductas?)

2-¿Cuándo? (o sea ¿cuáles son los disparadores amnientales que precipitan el comportamiento?)

3-¿Por qué? (esto es, ¿cuáles son los factores que predisponen al individuo a desarrollar tales conductas)

Hay tres fuentes principales de datos, que se corresponden con cada uno de los tres niveles precedentemente señalados: el epidemiológico, cuyo propósito es la descripción de las relaciones sociológicas, donde su foco son las poblaciones y su método es el estadístico; el clínico, que describe el cuadro clínico y sus correlatos, su foco es el individuo, y su método es el estudio de casos, y, por último, el experimental, cuyo objeto es desarrollar una teoría que explique el fenómeno clínico, su foco son los mecanismos, y su método es el análisis experimental de las conductas análogas.

Surge de esto una conclusión: una explicación completa de la conducta requiere de estos tres niveles. Se advierte la interrelación de estos tres niveles en el Esquema 1. En un nivel intraorgánico, se debe establecer una distinción entre los mecanismos que median los efectos de los eventos iniciadores y de las influencias predisponentes, de las expresiones cognitivas, afectivas y motóricas de la salida (output) de tales mecanismos mediadores. Por lo tanto los rasgos de personalidad, que pueden definirse como características y persistentes maneras de pensar, sentir y actuar hacia sí mismo y hacia el ambiente, son expresiones de mecanismos subyacentes, los que pueden ser descritos como "sistemas funcionales" neuropsicológicos. Una importante característica que se advierte en el esquema 1 es que las salidas afectivas, cognitivas y motóricas, retroalimentan a los eventos disparadores (las consecuencias de nuestros actos pueden convertirse en estressores), y a las influencias predisponentes (comportamientos característicos y habituales o "estilos de vida"); pudiendo, por lo tanto en influencias predisponentes a perturbaciones psicofisiológicos (enfermedad coronaria) tanto como a trastornos psiquiátricos. (Howard)

Esquema 1

Veamos, en este contexto, el análisis de las teorías que hace Howard(24). Las teorías serán examinadas, principalmente en la extensión en que responden a las tres grandes cuestiones (¿Cómo? ¿Porqué? ¿Cuándo?), y, en segundo término, en que medida estas respuestas son aplicables a las tres clases de psicopatía descritas por Howard, y permiten identificarlas como un género. Las iremos viendo a medida que surjan los temas relacionados a las mismas.

En este trabajo, me concentraré especialmente en aspectos neurobiológicos del trastorno de personalidad antisocial al cual, como veremos, es más adecuado denoninar "psicópata". Analizaremos, a lo largo del mismo, cómo se entrelazan las micro con las macroteorías, y los aspectos dimensionales con los categoriales. Hacer una disección de los mismos ni parece práctico ni resulta posible sin afectar la idea de integración de los elementos que componen un trastorno de la personalidad.

No es necesario subrayar la importancia de este tipo de alteración de la personalidad, teniendo en cuenta su asociación con las actividades delictivas, la violencia, las dificultades en el control de impulsos, la sexualidad riesgosa y desordenada, y el consumo indebido de substancias.

Siever (18) ha señalado recientemente (1998) la poca bibliografía existente en lo concerniente a la neurobiología del psicópata, e inclusive, la controversia respecto del concepto mismo de psicopatía. Mientras en los Estados Unidos se ha prestado considerable atención a los aspectos antisociales y criminales de este trastorno, poco se ha estudiado su falta de empatía y su locuacidad.

Chekley ha sido probablemente quien más ha aportado en los últimos tiempos al concepto de psicopatía, subrayando la desviación social, el encanto superficial, la falta de remordimientos, la incapacidad para amar, y el estilo vincular irresponsable e impersonal.

Hare, especialmente en la última versión de su Psychopathy Checklist (PCL-R), permite hacer la distinción entre dos estructuras.

La primera de ellas (Factor 1), se caracteriza por la locuacidad, falta de remordimientos o culpa, afectos superficiales, callosidad, falta de empatía, y renuencia a aceptar responsabilidades. Esta variante no necesariamente debe ser antisocial.

La segunda (Factor 2) consiste en los rasgos verdaderamente antisociales, en la agresividad y falta de control de impulsos.

El Factor 1 es el "núcleo" de la psicopatía, y puede o no estar asociado a lo antisocial; pero esto último siempre está vinculado al Factor 1. Por esto es necesario distinguir la psicopatía de la antisocialidad. En la práctica, no es nada fácil separar uno de otro factor, y distinguir las múltiples variantes fenomenológicas que pueden exhibir los psicópatas.

Otro aporte importante para penetrar en la taxonomía del psicópata ha sido el de Lewis(4) quien cita, entre otros, las tipologías de Blackburn. Este autor subraya que, mientras la psiquiatría norteamericana define la conducta antisocial en términos comportamentales, otras definciones lo han hecho en relación con las emociones. Así, se pueden distinguir dos grupos. Uno de ellos está formado por individuos que tienen muy poca culpa con respecto a su conducta anormal, y poca empatía hacia sus pares (factor 1 de Hare). El otro grupo está formado por individuos que tienen "tendencias neuróticas": estos últimos presentan emocionalidad excesiva y quejas de "conflicto interno... culpa, ansiedad, depresión, remordimientos, paranoia, y otros síntomas psiconeuróticos". La primera ha sido llamada "psicopatía primaria" y a la segunda "psicopatía secundaria". En el modelo del "nuevo paradigma" de Esterly y Neely la "psicopatía secundaria" se corresponde con el tipo de alta ansiedad que son dependientes de drogas, y con el Tipo I de alcoholismo de Cloninger.

Este último, que es bajo en Búsqueda de Sensaciones, es improbable que tenga comportamientos impulsivos, pero, cuando existen, tienen la finalidad de reducir la ansiedad (por ejemplo, trastornos alimentarios, exceso de ejercicios, adicción al trabajo, y exceso de compras y despilfarro). Coincide con exceso de las monoaminas (MA, DA, alta MAO).

Mientras tanto, el Tipo II de alcoholismo de Cloninger es más probable que tenga comportamientos impulsivos, y cuando los tienen, son dirigidos a la búsqueda de sensaciones y de riesgo (por ejemplo, aventuras sexuales, juego patológico y robo). Habría baja ST y baja MAO.

Lewis propone hipótesis respecto de las bases biológicas que subyacen a ambos tipos de psicopatía. Sostiene que el comportamiento antisocial persistente tiene importantes correlatos emocionales: ya sea una notable falta de las mismas en "psicópata primario" (miedo, ansiedad, culpa, calidez, empatía) o su exceso, también importante (enojo, depresión, ansiedad, culpa), en "psicópata secundario". La ST está protagónicamente detrás de la sintomatología de ambos grupos. Como se verá más adelante, hay un defecto en el aprendizaje de la evitación, que depende en buena medida de la ST. La afectividad excesiva e inapropiada, con conductas impulsivas y comportamientos desviados, coinciden con bajos niveles de 5-HIAA en LCR. La disfunción ST ha sido implicada también en el trastorno bipolar, y tanto la agresión como esta última se tratan con carbonato de litio(4).

Para iniciar el estudio de las bases neurobiológicas de las personalidades antisociales, convendría analizar los aportes de algunos de los principales personólogos que, desde esta perspectiva, han incorporado conceptos básicos (Zuckerman, Gray, Cloninger, Siever, etc.). Nos referiremos a ellos en general, para luego detenernos en el factor 2, tratando de ver el componente de agresividad, violencia y destructividad y al de control de impulsos. Se ha sugerido que el primero de estos componentes es parte del segundo, que tiene otras formas de expresión no agresivas(18) ni antisociales, como ocurre con los trastornos alimentarios. Cuando hablemos del control de impulsos nos referiremos específicamente a este factor.

La idea de Zuckerman (1, 2), del superrasgo P-Impuss (Psicoticismo-Impulsividad-Búsqueda de Sensaciones-No socializado) es uno de esos aportes. No está sólo presente en este tipo de desorden de personalidad, sino también en las personalidades borderlines, y en personalidades relativamente adaptadas.

Se ha conjeturado que el rasgo P-ImpUSS y la psicopatía, son una combinación de una fuerte tendencia a la aproximación unida a una débil inhibición y a los mecanismos de alerta. La primera de ellas es equivalente a la búsqueda de sensaciones de Zuckerman y de novedades de Cloninger. Los mecanismos de alerta están relacionados con el factor de "evitación del daño" de este último autor y con el aprendizaje de la evitación pasiva. (Fig.1).

Raine y Col.(17) afirman que el patrón antisocial se caracteriza por: a) una desinhibición comportamental, baja responsividad fisiológica (vinculada al bajo alerta), y disfunción prefrontal; y, b) disfunción del hemisferio izquierdo o, alternativamente, una lateralización reducida para las funciones lingüísticas.

a) La desinhibición comportamental

Todas las alteraciones incluidas en a) tendrían elementos comunes. Por empezar, la desinhibición comportamental se vincula con conceptualizaciones de Gray en relación con el sistema de activación comportamental (SAC), como opuesto al sistema de inhibición comportamental (SIC). El SAC se activa en respuesta a incentivos gratificantes o placenteros; en tanto, el SIC los hace frente a la posibilidad de castigo o frustración, y se piensa que es el substrato de la ansiedad.

Se ha sugerido que habría una hiperrespuesta del SAC, con baja reactividad del SIC. Esto ha sido demostrado por medio de pruebas.

Otra prueba a favor del bajo SIC es la baja conductancia de la piel cuando anticipan un estímulo aversivo. Volveremos más adelante sobre los aspectos fisiológicos.

b) La inhibición comportamental

Gray demostró los mecanismos mediante los cuales los agentes farmacológicamente sedantes (BDZ, barbitúricos y etanol) reducen el aprendizaje de la evitación pasiva; en otras palabras, reduce la eficacia de los mecanismos del SNC que median la inhibición comportamental al enfrentarse al castigo o a la frustración no gratificante. Es por esto que se sospecha la participación GABA en los mecanismos de evitación pasiva.

Numerosas investigaciones han analizado la neuroquímica del SIC. El protagonista parece ser la ST. La disrupción de su transmisión deteriora el aprendizaje de la evitación pasiva, de la habituación a los comportamientos exploratorios, dispara hiperactividad, distraibilidad, respuestas de espanto, agresión y comportamientos sexuales. Estas acciones eran específicas y no podían ser atribuíidas a efectos generalizados sobre el alerta o el comportamiento. Se supone que el efecto gabaérgico consiste en la inhibición que ejerce sobre la ST. Sin embargo, Soubrie afirmó que aunque muchos estudios demuestran el disparo de comportamientos punibles después de la reducción central de ST debido a la administración de BDZ, esto no prueba que la reducción de ST sea necesariamente ansiolítica. Señala que desde datos humanos existen individuos con ST normal o alta que pueden ser impulsivos y ansiosos. Estas diferencias pueden deberse a las acciones antagónicas de los receptores 5-HT2 y los 5-HT1c y de las vías que parten desde diferentes zonas del rafe, en lo referente a la ansiogénesis y a la ansiolisis.

Para Soubrie, sin embargo, la reducción de la actividad ST y de las BDZ no necesariamente coinciden en el mismo mecanismo. La ST no actuaría a través de sus efectos ansiolíticos sino mediando la supresión de conductas.

Esto es esencial para la adaptación. A veces, el comportamiento de aproximación puede ser selectivamente inhibido por la presencia de claves o anticipación de castigo o de refuerzo negativo. La falla primaria del psicópata es que carece de inhibición en situaciones en donde tanto la recompensa como el castigo son posibles y, como demostraron Newman y Kosson, cuando esto ocurre, los psicópatas parecen enfocar sobre las posibilidades de recompensa e ignorar las de castigo. Esto podría vincularse con la ausencia de culpa o remordimientos.

Consecuentemente, exhiben más errores en la acción (esto es, respondiendo cuando no deben hacerlo), lo que demuestra una deficiencia en el aprendizaje de la evitación pasiva. Se debe pensar, entonces, que la búsqueda impulsiva de sensaciones como un rasgo de la personalidad y la psicopatía como un rasgo diagnóstico, están relacionados a un déficit del aprendizaje pasivo de la evitación. Por consiguiente, son insensibles a claves de castigo -posiblemente debido a este fracaso en aprender la evitación pasiva- y no es improbable que tengan algún tipo de comportamiento antisocial bajo la mirada de un policía; está debilitada la anticipación del castigo a largo plazo. En 1973, Trasler conjeturó que esta dificultad en el aprendizaje de la evitación pasiva y en el condicionamiento del miedo anticipatorio -con conservación del aprendizaje de la recompensa- eran la base de la dificultad para inhibir comportamientos socialmente inaceptables.

Las tareas de la evitación pasiva son aquellas en las que el sujeto debe inhibir una respuesta para evitar una estimulación aversiva. En un estudio de Lykken con laberintos mentales (uno de cada tres errores era castigado con un shock) los psicópatas mostraron menor evitación de los errores que los no-psicópatas (más adelante veremos que Howard sostiene que esto es más bien evitación activa). No obstante, Hare, en 1978, demostró que los psicópatas podían aprender la evitación pasiva cuando se trataba de dinero. Detrás de esto podría estar la "psicopatía primaria" de Blackburn, que dicho sea de paso, para Fowles son los que tendrían la "falta de miedo" en su teoría. Conviene aclarar aquí que evitación activa es cuando el animal o el sujeto inhiben un comportamiento a punto de expresarse, y evitación activa es cuando se realiza un comportamiento con la finalidad de evitar algo.

Para Gray, una falta del alerta autonómico podría explicar el déficit en el aprendizaje de la evitación pasiva en psicópatas que puntúan alto en la dimensión ImpUSS debido a que el arousal puede inhibir la respuesta en las personas más ansiosas. Los psicópatas tienden a exhibir menos alertabilidad de acuerdo a las mediciones de resistencia eléctrica de la piel, pero muestran alta respuesta cardíaca a los estímulos que han sido condicionados al castigo; ocurriendo a la inversa cuando tal condicionamiento no existe. La respuesta de la piel ha sido interpretada como una activación del SIC, mientras que la respuesta cardíaca ha sido descrita por Fowles como indicando la activación del SAC. Ambas reacciones son también indicaciones de la activación de un sistema de alerta no específico. No resulta claro cómo diferenciar los componentes del alerta en relación a la aproximación y la evitación si se miden solamente estos dos indicadores. Por otra parte, una aceleración puede ser indicadora de un reflejo defensivo. Estas débiles respuestas de la piel ante estímulos asociados al castigo pueden ser también indicadores de bajos niveles de ansiedad, más que una función de los rasgos ImpUSS en la misma psicopatía.

Figura 2

El castigo en sí, tal como es vehiculizado por el feedback, parece elicitar menos alerta (explicitado por la reacción cardíaca y de la piel), en los psicópatas que en los no psicópatas, lo cual probablemente indique menos procesamiento de los estímulos feedback en los psicópatas. Este fracaso en procesar los estímulos feedback podría explicar sus dificultades para aprender del castigo.

Esto conduce a la teoría de la "falta de miedo" mencionada por Howard(24). Hare había dicho que los psicópatas muestran una falta del "miedo condicionado", vinculado con lo que se cita en otras partes de este trabajo, la falta de actividad electrodérmica anticipatoria en el condicionamiento aversivo clásico, además de la conducta de evitación deficitaria. Esta dificultad del aprendizaje de la evitación pasiva es una "variable interviniente" en el esquema de Howard, y no un "mecanismo mediador", por lo tanto no responde a la pregunta ¿cómo? en relación a la psicopatía. La teoría de Hare es criticada por la falta de especificidad, ya que la escasa reacción electrodérmica anticipatoria también se vería en los esquizofrénicos.

La versión de Fowles (1980) de la "falta de miedo" coincide con una falla del SIC de Gray (véase más arriba) aunque es más específica, ya que predice un déficit en la evitación pasiva, no en la activa. Fowles argumenta que esta característica podría explicar lo nuclear del psicópata, con excepción de su incapacidad para desarrollar relaciones estrechas. Hay mucha discusión, no obstante, en torno al defecto del SIC en los psicópatas. Por ejemplo, el "laberinto mental" de Lykken, mencionado más arriba, es más bien evitación activa, que pasiva, ya que los sujetos aplican una presión sobre una palanca para evitar el castigo. Se ha informado una disminución de la evitación activa en los psicópatas. Por lo tanto los resultados de Lykken encajan mejor en la evitación activa y no en la pasiva. La teoría de Fowles de la "falta de miedo" sería aplicable a los "psicópatas primarios", o sea, aquellos que carecen de ansiedad, ya que ésta está asociada al SIC. Y a pesar de que Lyyken consideró que los psicópatas, ya sea con alto o bajo puntaje en ansiedad, mostraban déficits en la evitación en el "laberinto mental", hay que considerar que una deficiente evitación se expresa además en fallas del control de impulsos, y ésta suele correlacionar con alta ansiedad. La teoría de Fowles tiene la ventaja de que especifica muy precisamente los disparadores ambientales que explican porqué los inputs adecuados al SIC no provocan reacciones, incluyen una disminución de la reacción a los "estímulos innatos de miedo" a los estímulos novedosos. Sin embargo, señala Howard, no hay ninguna evidencia de que los psicópatas sean menos susceptibles a las fobias que la población general, y existe evidencia que prestan menos atención a la novedad (lo que habría que correlacionar con los estudios de potenciales evocados que cita Raine), aún cuando sus puntajes de búsqueda de sensaciones sean elevados. Verdaderamente, la necesidad de los psicópatas de búsqueda de estimulación, necesita tener en cuenta una teoría general de la psicopatía.

Resumiendo, para Howard, la teoría de Fowles no parecen tener en cuenta, desde un punto de vista clínico-comportamental, no solamente la falta de capacidad de vínculos del psicópata, sino también el grado de impulsividad, un punto cardinal clínico y una característica psicodiagnóstica.

Sería posible, sin embargo, superar esta dificultad si se resuelve la hipotética relación entre el SIC de Gray y los rasgos de personalidad. Es importante tener en cuenta que la hipótesis de Gray descansa en la afirmación de que "...una descripción de los procesos psicológicos que son alterados por las drogas ansiolíticas equivale a una descripción de la patología de la ansiedad". Se puede cuestionar esta afirmación en dos terrenos, el conceptual y el empírico. Conceptualmente, desde el momento que se afirma que el SIC detecta la discrepancia entre los resultados obtenidos y los esperados (incluyendo la gratificación), uno puede suponer que la discrepancia dependería, entre otras cosas, de la expectativa respecto de la recompensa y el no-castigo. Esto último estaría relacionado, según Gray, con la impulsividad, y no con la ansiedad. Por otra parte, se podría pensar que los comportamientos mediados por el SIC, especialmente la evitación pasiva, estarían relacionados no solamente con la ansiedad, sino también con la impulsividad, desde que implicarían "vacilaciones y dudas", las cuales, según sostiene Gray, están mediados por el sistema septo-hipocámpico, el substrato neural del SIC.

Empíricamente, hay por lo menos cuatro argumentos que podrían llevar a cuestionar esa afirmación. En primer lugar, las drogas que se supone que afectan al SIC (alcohol, tranquilizantes menores, barbitúricos) no sólo tienen un efecto sedante, sino que tienen, además, un efecto desinhibidor. Por ejemplo, el alcohol puede desinhibir comportamientos agresivos. En segundo lugar, los barbitúricos pueden mimetizar los efectos del rasgo impulsividad aumentándoles, o lentificar los cambios cerebrales potenciales en tareas de discriminación "lo hago/no lo hago".

En tercer lugar, hay investigadores que describen la acción de los sedantes como capaces de producir una "oscilación" en los niveles de ansiedad, más que su reducción. Algunos autores, estudiando los efectos comportamentales de una BDZ (clordiazepóxido) encontraron efectos diferenciales que dependían de la tarea: había una interacción entre el clorodiazepóxido y las drogas Gabaérgicas en una situación de supresión inducida por el castigo, pero no en tareas de discriminación (donde el clordiazepóxido sólo interfería con el rendimiento). Esto implica que un efecto diferente del sedante, en esta droga, estaba operando para inteferir con los rendimientos en una tarea de discriminación, lo cual, se sostuvo, operaba sobre el substrato neural del rasgo de impulsividad.

Se encontró que los altos buscadores de novedades (o de sensaciones = BdS) mostraban reacciones más fuertes de la piel a estímulos auditivos y visuales novedosos, que los que mostraban los bajos buscadores de novedades, pero no encontraron diferencias en respuesta a la estimulación repetida. Aunque estudios adicionales mostraron que los BdS altos mostraban diferencias en los estímulos significativos, no lo hacían con los neutrales. En otro estudio varios autores encontraron que los altos buscadores de sensaciones mostraron respuestas dérmicas a palabras con contenido sexual o de agresión, respuestas consistentes con el interés que muestran estas personas por estos temas en los medios de comunicación.

En contraste con la respuesta dérmica, la cardíaca es bifásica: puede mostrar tanto aceleración como desaceleración en respuesta a los estímulos. La aceleración es vista como una respuesta orientada que demuestra interés o apertura hacia los estímulos, en tanto que la desaceleración parece estar vinculada o a un reflejo defensivo o a uno de arranque, que depende del estímulo y de las características de la respuesta.

Algunos autores encontraron que los altos buscadores de sensaciones, especialmente aquellos que puntúan alto en desinhibición, tienden a mostrar baja desaceleración cardíaca a los tonos de moderada intensidad, en tanto que los bajos buscadores de sensaciones responden a la inversa. Estos resultados sugieren que los altos buscadores atienden más a los estímulos novedosos, aún si ésto carecen de significado desde el punto de vista de la recompensa o el castigo. El reflejo defensivo parece representar una inhibición de la atención a los estímulos novedosos o quizás un retiro, más que un acercamiento cognitivo (búsqueda de información) respecto de tales estímulos.

En un estudio de Horvath y Zuckerman(12), estos autores afirman que, en su búsqueda de sensaciones y experiencias intensas, los buscadores de sensaciones asumen diversos tipos de riesgos, por ejemplo, trabajos o deportes peligrosos. Se exponen a situaciones ilegales conduciendo demasiado rápida y descuidadmente, e incluso intoxicados. Suelen ser voluntarios para experimentos considerados peligrosos, así como en misiones voluntarias de riesgo en la guerra. Tienden a beber pesadamente, tomando todos los riesgos sociales de su conducta desinhibida; fuman, aceptando los riesgos para la salud, así como se arriesgan no sólo de esta manera, sino también con la ley, al consumir drogas ilegales. Suelen ser ludópatas, asociado esto a un incremento en el alerta. En experimentos simulados, tienden a tomar también mayores riesgos financieros. Tienen tendencia a involucrarse en relaciones sexuales pasajeras y múltiples, que los exponen a contagios venéreos y, en especial, al SIDA.

¿Por qué los altos buscadores de sensaciones toman tales riesgos y los de bajo puntaje no lo hacen? Puede ser porque aprecian más que éstos las recompensas esperadas de tales actividades, tales como la sensación de caída libre del paracaidista, el "rush" de la heroína, o el "high" de la cocaína, el viento en la cara de un motociclista lanzado a toda velocidad, el corazón latiendo rápido en el pecho del ludópata, a la espera de la apertura de cartas, la excitación del sexo, todos ellos proveen formas de alerta que son más valiosos para los altos buscadores de sensaciones que para los bajos. La intensa gratificación que esto les provee supera los riesgos que estas actividades puedan contener.

Una hipótesis, aunque no necesariamente contradictoria, sostiene que los altos buscadores de sensaciones tienen un "sesgo optimista", que hace que se vean en realidad menos expuestos a los riesgos. Zuckerman llamó Ss al rasgo de toma de riesgo para indicar cuantas veces el sujeto se expone a una variedad de situaciones riesgosas. Esta actitud contiene un rasgo de impulsividad.

Otra razón por la que los psicópatas podrían no ser alertados por señales de castigo en un conflicto de gratificación-castigo es que, o no atienden a las señales de castigo, o le prestan demasiada atención a las de recompensa. Harpur, en 1993, postuló que la sobresensibilidad de los psicópatas a la gratificación los conduce a un conjunto dominante de respuestas que supera su capacidad de modular su conducta en respuesta a estímulos competitivos de castigo. Sin embargo, Ball y Zuckerman encontraron que los altos buscadores de sensaciones mostraban una atención mejor enfocada a todos los estímulos en una tarea de enlistado dicotómico independientemente de si los estímulos eran palabras neutrales o de interés especial para ellos.

Los estímulos novedosos pueden ser intrínsecamente gratificantes o provocadores de miedo. El efecto parece depender de los niveles del factor de búsqueda de sensaciones, que tenga el individuo.

La teoría del bajo alerta, lo cual tendría que ver con la frialdad afectiva, se apoya en que los psicópatas tiene baja responsividad fisiológica, evidenciado por el bajo gasto cardíaco, evidenciable desde muy temprana edad, exceso de ondas lentas en el EEG y baja conductividad eléctrica de la piel. (Figs. 5, 6 y 7). En un sentido directo, esta baja responsividad puede hacer al individuo menos sensible a claves sutiles requeridas para el aprendizaje de claves prosociales -lo que lo vincula a la callosidad- y puede deteriorar el condicionamiento clásico de respuestas emocionales que se cree son importantes para la formación consciente del aprendizaje de la evitación. La predicción clave para esta teoría es que las personas antisociales tendrán baja responsividad eléctrica de la piel, bajo rendimiento cardíaco, y más actividad de ondas lentas en el EEG, en reposo, comparados con controles normales. Esto se relaciona con la baja respuesta a los eventos aversivos o estresantes. Muchas conductas antisociales implican alto riesgo, del cual parecen no darse cuenta.

Howard (24) subraya que el bajo alerta puede ser cortical y autonómico. Ambos conformarían un modelo de "sistema de alerta". Su concepto es que la teoría del bajo alerta se concentra en la pregunta ¿cómo? y descuida las cuestiones ¿cuándo? y ¿porqué? Para este autor, las características de bajo alerta cortical (exceso de actividad theta y delta) caracterizan más bien al psicópata secundario que no al primario.

La disfunción prefrontal, a la que volveremos a referirnos cuando hablemos de la impulsividad y de la agresión, tendría que ver con cambios en la flexibilidad intelectual y formación de habilidades comportamentales y pobre atención sostenida, concentración y capacidad de razonamiento.

Por consiguiente, un análisis de sus procesos de aprendizaje puede resultar de utilidad. Aunque los psicópatas no son usualmente menos inteligentes que otros criminales, parecen tener problemas en aprender que no deben repetir comportamientos que les trajeron problemas con anterioridad. Los psicópatas pasan más tiempo en prisión por reincidencias que otros criminales. Estas reincidencias pueden ser explicadas por su necesidad de excitación (búsqueda de sensaciones) o su impulsividad en respuesta a perspectivas de recompensa. Otra posibilidad radica en su insensibilidad al castigo. Pero, como se ha visto, participa de este comportamiento la dificultad ya vista en sus procesos de aprendizaje de la evitación pasiva.

Los psicópatas representan un tipo extremo de personalidad sobre la dimensión P-ImpUSS. Algunas de estas características pueden ser vistas en los rasgos que componen la dimensión P: impulsividad, falta de reflexión, búsqueda de sensaciones (especialmente desinhibición) y falta de socialización.

Figura 1

Eysenck interpretó, en los '70, que la dimensión P era una amplia tendencia latente hacia el psicoticismo. Este término era usado en el sentido de un espectro que incluía la esquizofrenia, los trastornos afectivos mayores, la personalidad antisocial (TPA) y la criminalidad en general, y también involucraba al pensamiento creativo pero desviado dentro de la población no psicótica. Zuckerman cuestionó la amplitud de este concepto y sugirió que era mejor usar la palabra psicopatía (tendencias antisociales) para esta dimensión. Los delincuentes y los prisioneros adultos puntúan alto en la dimensión P, pero los esquizofrénicos lo hacen sólo ligeramente por arriba de la población general, y los depresivos endógenos lo hacen como esta última.

Los criminales con personalidades antisociales puntúan más alto en la dimensión P que los que no lo son. Probablemente si se estudiara la población general aparecerían puntajes más altos en gente que puede convertirse en criminales bajo determinadas circunstancias.

La forma más extrema de búsqueda de sensaciones puede verse en la manía. Los hipomaníacos son caricaturas de buscadores de sensaciones impulsivos, y comparten muchas de sus características biológicas, incluyendo un aumento de la dimensión EP (extraversión-psicoticismo) y bajos niveles de MAO plaquetaria.

Por lo tanto no es sorprendente que los sujetos con este trastorno puntúen alto en estos rasgos, y lo hacen aún cuando estén en fase normal, e inclusive en fase depresiva, lo que demuestra que la relación no es estado-dependiente. Los hijos de pacientes con esta dimensión también puntúan alto en búsqueda de sensaciones, especialmente en desinhibición, lo cual sugiere que el rasgo de personalidad puede ser parte de una disposición transmisible genéticamente del desorden.

En contraste, los individuos con depresiones unipolares puntúan bajo en este rasgo, aún inmediatamente después de su recuperación. Los esquizofrénicos, especialmente los solitarios e inactivos, tienden a ser bajos buscadores de sensaciones. Estos hallazgos son un desafío para las afirmaciones de Eysenck, que tiende a ver a toda clase de psicosis ubicado en lo alto de su dimensión P.

El modelo neuronal sugiere que un sistema feedback positivo similar al comportamental se puede ver en el trastorno maníaco, en el que la estimulación impulsa al paciente a buscar más estimulación. El darle a un paciente bipolar IMAOs en la fase depresiva dispara a menudo la fase maníaca, caracterizada por desinhibición comportamental, humor eufórico, actividad incrementada, altos niveles de NA en el LCR, y posiblemente un incremento de DA en áreas del cerebro específicamente involucradas en la actividad y en la recompensa. Todos estos efectos pueden ser debidos a una desregulación del sistema de las catecolaminas (CA). Si este estado de hiperactividad se prolonga, las CA podrían ser vaciadas con los consiguientes cambios comportamentales, tales como una caída desde las alturas de la manía a las profundidades de la depresión. Esta curvilinealidad del rendimiento catecolaminérgico está descrita en la figura 5, modificada de Zuckerman.

Figura 5

De acuerdo a este modelo, el sistema CA juega un papel en el humor, la actividad, la interacción social, y en ciertos desórdenes clínicos. Más específicamente, la actividad DA estriada puede influir en el la actividad física, y la DA en el N. accumbens y en las proyecciones prosencefálicas sobre los sentimientos positivos. La actividad social también puede estar influenciada por vías DA específicas. El alerta NA puede ser más importante en el alerta de sentimientos negativos tales como la depresión o la ansiedad, pero la NA y la DA pueden tener efectos sinérgicos en estados tales como los maníacos caracterizados por la euforia y la hostilidad. Variaciones normales en estos rasgos asociados con la personalidad pueden moverse entre los rangos B a C; y estarán basados en los niveles tónicos de la actividad o reactividad CA. Estados asociados con extremas variaciones de las CA cerebrales van desde la depresión producida por la depleción de NA a la ansiedad y los ataques de pánico producidos por su exceso. De la misma manera, un déficit de DA puede producir anhedonia y retraimiento social, también característicos de la depresión, y un ligero exceso produce euforia, hiperactividad, e hipersociabilidad; pero en un exceso de dosis o en su hiperactividad crónica (como ocurre bajo la acción de drogas estimulantes), los efectos óptimos cambiarían a una actividad limitada y estereotipada, alejamiento social, y hostilidad y agresión que alimentarán la paranoia. Tales efectos curvilineares de la actividad CA han sido demostrados repetidamente en la literatura sobre experiencias en humanos y animales. Por ejemplo, la actividad motora en las ratas aumenta con la administración de anfetamina, pero decrece a medida que se aumenta la dosis. Su comportamiento social experimenta idénticos cambios. Tales relaciones curvilineares explicarían algunas diferencias en dirección a las relaciones entre metabolitos de las catecolaminas y humor o comportamiento en normales y en pacientes, debido a que las dos poblaciones podrían ocupar dos diferentes rangos en el nivel de actividad CA, una en la rama ascendente y otra en la descendente de la curva.

En el esquema de Zuckerman (Fig.6) se observa que, en un nivel más bajo de análisis, la modulación cortical de la estimulación intensa, como se muestra en el paradigma de aumento-reducción en los potenciales evocados, parece representar una expresión neural directa de la propensión de la inhibición-desinhibición comportamental. De la misma manera que una persona con una tolerancia fisiológica al alcohol está en mayor riesgo de volverse alcohólico, el individuo con mayor tolerancia a la estimulación o excitación cortical está en un riesgo aumentado de transformarse en un buscador desinhibido de sensaciones. El buscador elevado de sensaciones es activado por altos niveles de estimulación mientras que las bajas tienden a "desintonizarlo", como si se dispararan mecanismos de inhibición cortical. Hay ventajas y desventajas adaptativas en ambos extremos. Un aumentador-desinhibidor parece tener un SNC "fuerte" que continúa funcionando bien aún bajo las condiciones de sobreestimulación más estresantes, tales como una batalla. Un reducidor tiende a perder alerta cortical y atención en tales condiciones y por lo tanto pierde eficacia. Sin embargo, el feedback positivo del aumentador puede constituirse en una vulnerabilidad. La tendencia a buscar altos niveles de estimulación puede impulsarlo a conductas antisociales, como ocurre en el psicópata. Vemos que en los niveles bioquímicos más bajos del rasgo involucrado en la dimensión P, encontramos déficits de hormonas, NT y enzimas, que juegan un papel fundamental en la inhibición comportamental, incluyendo déficits de cortisol, serotonina, NA y MAO, y dopamina-beta-hidroxilasa (DBH).

En un nivel más bajo de análisis, la modulación cortical de la estimulación intensa, como se muestra en el paradigma de aumento-reducción en los potenciales evocados, parece representar una expresión neural directa de la propensión de la inhibición-desinhibición comportamental. De la misma manera que una persona con una tolerancia fisiológica al alcohol está en mayor riesgo de volverse alcohólico, el individuo con mayor tolerancia a la estimulación o excitación cortical está en un riesgo aumentado de transformarse en un buscador desinhibido de sensaciones. El buscador elevado de sensaciones es activado por altos niveles de estimulación mientras que las bajas tienden a "desintonizarlo", como si se dispararan mecanismos de inhibición cortical. Hay ventajas y desventajas adaptativas en ambos extremos. Un aumentador-desinhibidor parece tener un SNC "fuerte" que continúa funcionando bien aún bajo las condiciones de sobreestimulación más estresantes, tales como una batalla. Un reducidor tiende a perder alerta cortical y atención en tales condiciones y por lo tanto pierde eficacia. Sin embargo, el feedback positivo del aumentador puede constituirse en una vulnerabilidad. La tendencia a buscar altos niveles de estimulación puede impulsarlo a conductas antisociales, como ocurre en el psicópata.

Por consiguiente, a través del procesamiento de la intensidad de los estímulos, se ha podido distinguir entre aumentadores y reducidores de los potenciales evocados (PE) corticales. La reacción cortical a estímulos breves, tales como un destello de luz o un ruido brusco, puede ser evaluado repitiendo el estímulo muchas veces, registrando las reacciones corticales por medio de EEG, y promediando la respuesta por medio de una computadora. Esta operación traza una curva de respuesta punto por punto. Las complejas formas de ondas visibles en humanos son altamente hereditarias; las curvas para muchos gemelos idénticos puede ser muy aproximadamente superpuestas, y se parecen a las que se obtienen en un individuo determinado a través de mediciones múltiples(16).

Significativamente, niveles bajos del metabolito de la ST, el 5-HIAA y de las enzimas MAO y DBH se encuentran también, típicamente, en los aumentadores visuales en potenciales evocados. Por el momento no se sabe si los NT o neurorreguladores inhiben directamente el alerta cortical debido a que los datos humanos son linearmente correlacionables. Los bajos niveles de MAO se vinculan consistentemente con los buscadores de sensaciones y son bajos en los desórdenes desinhibitorios. La MAO baja puede ser un signo de falta de actividad ST o excesiva actividad DA. La baja DBH, un correlato algo menos consistente de los buscadores de sensaciones, resulta en una baja actividad NA en las áreas límbicas que sirven al alerta y a la inhibición.

En lo que hace al vínculo entre los potenciales evocados y los buscadores de sensaciones han habido por lo menos 21 estudios llevados a cabo en poblaciones de antisociales. Pueden dividirse en los de latencia rápida, mediana y tardía (Fig. 4). En los estudios de respuesta rápida se ha advertido una prolongación del tiempo de latencia de tronco cerebral, lo que puede interpretarse como indicando un alerta reducido y un filtrado excesivamente alto de los estímulos ambientales. Las consecuencias comportamentales de estos hallazgos será en la deprivación de estímulos y bajos niveles crónicos del alerta.

Los hallazgos en los PE de latencia media, fueron mucho más equívocos, pero se ha especulado que los psicópatas parecen mostrar crecientes amplitudes a los PE a estímulos de creciente intensidad (aumentadores córtico-visuales), un fenómeno que ha sido vinculado a la búsqueda de sensaciones.

Los resultados de la latencia tardía de los PE, fueron mucho más consistentes, y ellos indican, sorprendentemente, que los psicópatas muestran amplitudes P300 aumentadas, indicando un incremento de la atención a los estímulos que les interesan.

Se ha sostenido que las consecuencias comportamentales de estos tres niveles de potenciales evocados (la deprivación de estímulos, la búsquedad de sensaciones, y la atención a eventos estimuladores) están causalmente vinculados. Esto es, que los individuos con bajos niveles, crónicamente, de alerta (posiblemente causados por excesivo filtrado de estímulos) buscarían estimularse para llevar los niveles de alerta a una performance óptima. Esta búsqueda de estimulación puede explicar parcialmente la atención incrementada hacia los sucesos de interés, reflejada en el aumento del P300 a estímulos blancos en un paradigma de atención selectiva. Las situaciones potencialmente peligrosas y riesgosas, en las que los actos criminales y delictivos encuentran facilidades para ser llevados a cabo, son muy atractivas para los psicópatas.

Como muchas teorías de la violencia basadas en la biología, este modelo tomado de los PE es sólo una explicación parcial del comportamiento violento. Por otra parte, aunque muchos psicópatas son violentos, no todos lo son; y hay violentos que no son psicópatas. Por lo tanto, se debe tener prudencia al extrapolar los datos a partir de una teoría de la tendencia a la violencia de los psicópatas. Una característica inusual de este modelo es que los psicópatas están en condiciones de aumentar su atención. Este hallazgo contradice creencias de base biológica sobre el comportamiento criminal, que casi universalmente enfatizan sobre los déficits sobre tales poblaciones.

Si la propuesta de que hay una predisposición biológica a la violencia conduce a la personalidad antisocial y al crimen, hay que tener en cuenta que tales conductas dependen fuertemente de las circunstancias ambientales en las que se encuentra el individuo. Por ejemplo, con un CI apropiado, buenos cuidados parentales, y crianza en una familia de alto status socioeconómico, la toma de riesgos y la búsqueda de estimulación puede traducirse en un audaz y creativo hombre de negocios o en un piloto de jets militares o de fórmula 1, y no en el crimen y la violencia.

Tales interacciones pueden tener implicaciones para las intervenciones. Como ejemplo, se cita que se han visto psicópatas que muestran tanto elevados P300 sobre zona parietal, como registros elevados en pruebas neuropsicológicas que registran el funcionamiento del lóbulo parietal. Estos hallazgos, relativamente específicos, muestran que no hay diferencias ya sea en PE registrados en lóbulos temporales, o en los rendimientos verbales o de CI. Estos estudios demuestran que los psicópatas criminales pueden estar capacitados para tareas y ocupaciones que implican habilidades manipuloespaciales, tales como artes plásticas, manejo de vehículos y mecánica. Si un psicópata violento puede ser identificado en la adolescencia, puede ser factible ayudarlo a desarrollar sus habilidades latentes que poseen claramente y alejarlos así de la violencia y el crimen. El trabajo y otras situaciones similares pueden ser interesantes, en donde los jóvenes psicópatas pueden ser identificados, ya que pueden "competir" en situaciones en donde es más probable que elicite comportamientos más violentos y criminales.

Buschsbaum y Silverman desarrollaron una técnica para comparar los componentes de potenciales evocados tempranos. Este componente PE representa la reacción cortical temprana que ocurre entre 100 y 140 ms después del estímulo. Los individuos que muestran una amplitud marcadamente incrementada de los PE como función de un estímulo crecientemente incrementado (curva positiva), son llamados aumentadores, en tanto que aquellos que muestran poco incremento o aún disminución en la amplitud de los PE a las intensidades más altas (curvas negativas) son llamados reducidores. Aunque esta terminología sugiere una dicotomía, la distribución de las curvas de intesidad entre estímulos y PE es continua y normal.

La reducción puede representar una función protectora cortical. El aumento puede ser considerado como un fracaso de la inhibición cortical o un marcador para un sistema nervioso fuerte en el sentido pavloviano de resistencia a una inhibición transmarginal a partir de una estimulación intensa.

Como ocurre con las respuestas cardíacas-respuestas reflejas defensivas, los aumentadores o reducidores en los PE están más claramente relacionados a los puntajes de la Escala de Desinhibición (DIS), la cual es una subescala de la Escala de Búsqueda de Sensaciones. El DIS mide la búsqueda de novedades y de sensaciones a través de otra gente como ocurre en reuniones desinhibidas y las experiencias sexuales variadas.

El PE aumentador es característico de individuos con trastorno bipolar (aun cuando no está bajo estado maníaco), alcohólicos, y delincuentes masculinos. Los reducidores son característicos de los esquizofrénicos crónicos o en agudos con pobre pronóstico. Las diferencias de género son inconsistentes, pero los aumentadores tienden a cambiar a reducidores con la edad.

Se han estudiado estas características en modelos animales. Los gatos "aumentadores" tienden a ser más exploratorios, activos, y muestran reacciones de lucha o aproximación ante estímulos novedosos, en tanto que los "reducidores" tienden a estar tensos y emotivos y alejarse como respuesta a estímulos novedosos.

Usando paradigmas condicionados, Saxton y col. encontraron que los gatos aumentadores eran más reactivos en un esquema de intervalos fijos, en el cual la gratificación es simplemente una función de presión sobre una palanca, pero los gatos reducidores rendían mejor en un esquema que les requiere mantener una baja tasa de respuesta para obtener gratificación. La última clase de esquema castiga a los respondedores impulsivos y requiere una capacidad para inhibir la respuesta y evitar el castigo (pérdida de gratificación). Los gatos aumentadores, por lo tanto, recuerdan a los buscadores impulsivos de sensaciones y a los psicópatas en su deficiencia en el aprendizaje de la evitación.

Siegel y otros extendieron el paradigma reducidores-aumentadores a las ratas, usando linajes Romanos de alta evitación (RHA) y de baja evitación (RLA). Estos dos linajes fueron criados a partir de un stock original Wistar para rendimiento en adquisición de tareas de dos vías de evitación activa. Las ratas RHA aprendieron rápidamente a evitar el shock, en tanto que las ratas RLAS tienden a congelarse más que correr y por lo tanto les toma mucho más tiempo aprender la evitación.

Casi todas las ratas RLA y Wistar eran, reducidores o aumentadores débiles, en tanto que la mayor parte de las ratas RHA estaban entre los moderados y fuertes aumentadores. Hay poca superposición en los potenciales evocados entre los grupos RLA y RHA en lo que hace al paradigma aumentadores-reducidores.

Debido a que todos los miembros de un linaje son como gemelos idénticos que comparten casi todos sus genes, se pueden hacer generalizaciones a partir de diferencias en los linajes encontrados en otros estudios. Además de las diferencias en la evitación activa, las ratas reducidoras son menos activas y más temerosas en las pruebas a campo abierto, menos agresivas cuando son shockeadas, muestran poca tolerancia a los barbitúricos y poco gusto por el alcohol, son más maternales con sus crías, y muestran menos respuesta hipotálamo adrenal al stress a través del disparo de serotonina, CRH, y ACTH. En respuesta a la estimulación de las áreas hipotalámicas laterales mediante la gratificación intrínseca ("placer") en el cerebro, las ratas de baja evitación son más sensibles a bajas intensidades, pero tienden a más escape cuando son estimuladas con altas intensidades. Las ratas de alta evitación, por lo contrario, un modelo conveniente para el buscador de sensaciones impulsivo, tanto normal como psicopático: activo, explorador de nuevos ambientes, agresivo, más susceptible de abuso de substancias, menos protectores de los más jóvenes, una necesidad de intensa estimulación como gratificación e insensibilidad a gratificaciones más débiles, y menor respuesta del eje adrenal al stress. Sin embargo, las ratas de alta evitación muestran un incremento en el disparo de dopamina en el córtex prefrontal en respuesta al stress. Las drogas opiáceas y estimulantes que son usadas por los buscadores impulsivos de sensaciones incrementan la actividad dopaminérgica.

Kumar y col. han hecho una excelente revisión de los trabajos que vinculan a los buscadores de sensaciones con el uso de drogas y, en cierta medida de alcohol, además de actividades, creencias y experiencias paranormales(3). Los resultados de sus trabajos muestran diferencias entre hombres y mujeres, dando puntajes más altos para los hombres, en especial para el uso de substancias. Los usadores de drogas tenían más altos niveles de creencias en fenómenos paranormales que los no-usadores, e informaron un número más alto de experiencias en tal sentido, tendiendo también a ser más introspectivos. En este último sentido no había diferencias entre hombres y mujeres.

Estos resultados sugieren que ambos tipos de comportamientos (drogas y experiencias paranormales) comparten algo en común: la búsqueda de aventuras y de experiencias variadas y excitantes. Mientras que la tendencia al aburrimiento y a la desinhibición parece ser más significativo en los usadores de drogas, no lo es tanto en los buscadores de experiencias paranormales. Es posible que la combinación de ambas conductas tenga que ver con motivaciones de introspección, más que por presión de los pares o razones culturales.

El comportamiento social de los altos buscadores de sensaciones observable en el laboratorio muestra altos niveles de expresión de afectos sociales positivos a través de miradas, sonrisas, risas, autoconfidencias y charlas. Las mujeres se involucran con los hombres en conversaciones privadas más que las que puntúan bajo. Las relaciones amorosas tienden a ser múltiples y superficiales.

Las variables demográficas de este rasgo están asociadas a la edad y al sexo. Van declinando consistentemente desde la adolescencia hacia los 60 años, siendo los puntajes de los hombres significativamente más altos que en las mujeres. El trastorno por personalidad antisocial es 4 a 7 veces más prevalente en varones que en mujeres y declina con la edad después de un pico a los 20 años. La socialización puede explicar algunas diferencias vinculadas al sexo, y la experiencia adquirida las que tienen que ver con la edad, pero también puede haber diferencias determinadas por cambios en los NT, enzimas y hormonas gonadales.

Las hormonas gonadales, en particular la testosterona, han sido asociadas con la sexualidad, la dominancia social y la agresividad en animales. Estos hallazgos han sido algunas veces extendidos a los humanos sin suficientes estudios comparativos. Altos niveles de testosterona en prisioneros han sido relacionados con historias de agresiones especialmente malignas, pero tanto en prisioneros como en normales la testosterona parece estar relacionada con la dominancia social, la búsqueda de sensaciones (desinhibición) y experiencias héterosexuales. La testosterona parece estar relacionada tanto con las dimensiones P como E, pero hay alguna evidencia de que hay menos de ella en los tipos introvertidos y ansiosos de hombres. Hay que tomar con prudencia estos datos porque el stress puede disminuirla y la estimulación sexual puede aumentarla en los hombres. Las relaciones entre testosterona y personalidad son recursivas, (Fig.6).

Para algunos autores, sin embargo, las hormonas gonadales, tanto la testosterona como los estrógenos, están directamente relacionadas con los buscadores de sensaciones varones, especialmente en los de tipo desinhibido. Estas hormonas estarían también negativamente relacionadas con la socialización y el autocontrol -otros dos marcadores para la dimensión ImpUSS- y a la variedad de experiencias heterosexuales y cantidad de parejas heterosexuales. Por otra parte, el estradiol en el hombre está relacionado con altos puntajes en el MMPI para esquizofrenia, hipomanía, y psicopatía. La testosterona en delincuentes presos está relacionada con la alta dominancia y extrema violencia. El cortisol y la NA en el LCR están inversamente relacionados a rasgos que constituyen la dimensión P-ImpUSS. El cortisol está producido por la activación de la vía del stress del eje adrenal, en tanto que la NA en el LCR puede ser parcialmente una función de la actividad en el LC y en las vías descendentes dentro de la médula. Cuando se enfrenta con un stress natural, tal como esperar sentencia por un hecho criminal, los prisioneros no psicópatas muestran alerta en sus mediciones periféricas y de NA y A, pero los tipos psicopáticos muestran poco cambio en el alerta adrenérgico.

La enzima MAO (Mono-amino-oxidasa) está contenida en las mitocondrias de las neuronas monoaminérgicas y regula el nivel de los NT disponibles en las células a través de degradación catabólica por los NT después de la recaptación. La MAO en los humanos es evaluada usualmente a través de las plaquetas. La MAO plaquetaria es usualmente de tipo B, la que está primariamente asociada con la regulación de las neuronas DA en el cerebro humano.

Bajos niveles de MAO plaquetaria han sido asociados con altos niveles del rasgo de búsqueda de sensaciones, y también con niveles altos de actividad social, criminalidad, tabaco, alcohol y drogas ilegales. Los alcohólicos, individuos con trastorno bipolar, y con trastorno borderline de la personalidad tienden a tener bajos niveles de MAO. Los niveles altos han sido vinculados con niveles bajos de búsqueda de sensaciones.

Los bebés que tienen alta MAO son menos activos y coordinados que los que la tienen baja, en los tres primeros días después del nacimiento, lo cual sugiere una influencia genética en las relaciones entre MAO y rasgos comportamentales entre los adultos. De hecho, los niveles de MAO parecen estar casi enteramente determinados genéticamente por un gen principal con numerosos alelos.

Las diferencias individuales en la MAO plaquetaria son altamente confiables y resistentes a cambios temporarios. Los aumentadores corticales de potenciales evocados tienden a tener baja MAO plaquetaria, en tanto que los reducidores muestran lo opuesto, lo cual provee otra relación entre los dos niveles del fenómeno. La demografía de la MAO es consistente con los puntajes de P, buscadores de sensaciones, y psicopatía: los hombres tienen menos MAO que las mujeres, y la MAO aumenta con la edad tanto en el cerebro como en las plaquetas sanguíneas.

Los hallazgos comparativos usando monos que viven en una colonia natural también proveen apoyo para las relaciones entre ImpUSS en humanos (y sociabilidad, también) con los niveles de MAO. Los monos de baja MAO se veían como más activos, socialmente dominantes, juguetones, sexuales y agresivos. Los monos con alta MAO tendían a ser inactivos, aislados socialmente, y bajos en la jerarquía de dominancia, y tendían a mostrar poca actividad sexual o agresiva.

Como se deduce de esto, la MAO plaquetaria ha sido relacionada con rasgos de personalidad y con el comportamiento tanto en humanos como en monos. Pero hay sutiles diferenciaciones entre los subcomponentes de este superrasgo. En un trabajo de Klinteberg y col.(5) realizado con pilotos militares de jets, se encontró que los perfiles de personalidad y sus características neuropsicológicas coincidían con la elección de una carrera que implicaba toma de riesgos, altos requerimientos profesionales de habilidades perceptuales y motoras. En ellos se midió la actividad de la MAO plaquetaria y los niveles séricos de un metabolito adrenal androgénico, el sulfato de dihidroepiandrosterona (DHEA-S), y se los comparó con un grupo de conscriptos. Contrariamente a lo que se podría esperar, no había diferencias en la MAO plaquetaria de ambos grupos, cuando se sabe que está descendida en otros tipos de tomadores de riesgos, como los escaladores de montaña y varias clases de deportistas con alta toma de riesgos. Que los pilotos no tuviesen baja MAO tiene que ver con el hecho de que este marcador está vinculado a la desinhibición motora en las tareas neuropsicológicas, en donde los pilotos obtenían, por lo contrario, altos puntajes. Los perfiles de personalidad de los pilotos diferían de los de los conscriptos en la dimensión esperada. Los primeros mostraban altos puntajes en la búsqueda de sensaciones, extraversión (E) y no-conformismo, y una tendencia a tener bajos puntajes en relación con la ansiedad.

Ambos grupos diferían en una de las dos escalas de impulsividad administradas. Se piensa, teóricamente, que la impulsividad está relacionada con una vulnerabilidad a los trastornos psicosociales "desinhibitorios", mientras que los rasgos de búsqueda de novedades parecen estar más bien vinculados a los comportamientos de toma de riesgos. La impulsividad que mostraba similitudes en ambos grupos tenía que ver con un subtipo "estrecho" de la misma, más bien relacionada con la tendencia a actuar bajo la presión de estímulos momentáneos.

Los pilotos tenían más altos niveles de DHEA-S, la cual, según estudios de Fava y col. (6, 7), correlaciona también inversamente con el tipo "A" de personalidad (que, se sabe, tiene un riesgo coronario mayor que la población normal). Diversos estudios han confirmado que la DHEA-S está vinculada a la búsqueda de sensaciones, la evitación de la monotonía, las escalas de asertividad, y la habilidad espacial, pero disminuye bajo la acción del stress crónico. En estas condiciones, sus niveles basales resultan bajos en relación con los de cortisol, sugiriendo un cambio en el metabolismo de la pregnenolona adrenal que va desde los andrógenos adrenales hasta los glucocorticoides. Se especuló que estos cambios córticoadrenales, que afectan a las tres clases de sus esteroides (mineralo, glucocorticoides y andrógenos adrenales) podrían maximizar la producción de cortisol necesaria para la supervivencia y minimizar el uso de la pregnenolona por síntesis de mineralocorticoides y andrógenos, no tan necesarios para la supervivencia en condiciones de stress severo.

La testosterona ha sido asociada con la agresión verbal y una preferencia por los deportes. No obstante, las relaciones entre andrógenos gonadales y adrenales no está todavía suficientemente clara. En conclusión, las características bioquímicas de los pilotos militares podría ser asociada a una personalidad impulsiva sin signos de desinhibición motora en las tareas neuropsicológicas. Por lo tanto, se puede aceptar que solamente algunos aspectos de la impulsividad son críticos cuando se asocian a baja actividad MAO. La actividad MAO plaquetaria y las hormonas andrógenas pueden estar también vinculadas a estos aspectos diferenciales de la impulsividad, y pueden interactuar también diferencialmente con la actividad frontal inhibitoria, más alta en las pruebas en los pilotos que en los conscriptos.

Otro trabajo de la misma autora y su equipo(8) permitió comprobar la existencia de una activación relativamente más alta del hemisferio derecho en las personas con baja MAO plaquetaria, la cual, a su vez, se asociaba con un acortamiento del tiempo empleado en la verificación y chequeo de las pruebas.

Pacientes con altos niveles de MAO plaquetaria tenían una habilidad pareja en las pruebas con ambas manos, situación que, con niveles menores de rendimiento, se ha encontrado también en pacientes con esquizofrenia de alta incidencia genética, en los cuales se encuentra también altos niveles de 5-HIAA. En este trabajo, el resultado más interesante fue la relación negativa encontrada entre la actividad MAO plaquetaria y la cantidad de fracasos en las inhibiciones en el tiempo de reacción ante tareas que tenían señales auditivas para la inhibición de la respuesta. Esto puede interpretarse como una preferencia por la velocidad en relación con la exactitud. También puede ser visto como un índice de la desinhibición motora, comparable al paradigma de la evitación pasiva en investigaciones animales, en la que la depleción serotoninérgica está asociada con una capacidad reducida de refrenar respuestas que han sido previamente castigadas. En investigaciones anteriores efectuadas sobre seres humanos se ha visto que la impulsividad y la psicopatía han estado relacionadas con resultados parecidos en tareas similares. Como ya ha sido señalado, el aprendizaje de la evitación pasiva está deteriorado en los psicópatas y en los extravertidos, quienes tienen, por supuesto, baja actividad MAO. Esto lo vincula con una baja actividad frontal inhibitoria, lo cual apoya la hipótesis que la actividad plaquetaria MAO puede ser un marcador de la actividad ST central. Parecidos déficits de rendimiento se pueden observar en animales con depleción de ST, lo cual vincularía la baja MAO plaquetaria con baja actividad ST central.

Los humanos con baja MAO suelen involucrarse en comportamientos antisociales y consumo de drogas. La MAO parece ser un factor importante tanto en la dimensión E como en la P, cosa que también ocurre con la testosterona. Aunque hay poca evidencia que relacione la MAO con la dimensión N, hay alguna evidencia de una relación positiva con la ansiedad en los pacientes. La alta heredabilidad de la enzima, y sus correlaciones comportamentales en los primeros días de vida sugieren su importancia en la psicobiología de la personalidad. La razón de su importancia en por lo menos dos dimensiones de la personalidad no está clara. Como se señaló más arriba, algunos investigadores sugieren que la MAO es un indicador positivo de la actividad ST. Otros han puntualizado que su importancia alcanza a los tres principales sistemas de NT, aunque la MAO B parece estar involucrada en el sistema DA. Los bajos niveles de MAO no necesariamente aumentan o disminuyen la actividad de cualquiera de esos sistemas, aunque los desregularía. Si uno de los sistemas monoaminérgicos (MA) está ya activado, y si hay baja MAO para degradarlo, y si hay hiperrespuesta en los receptores, entonces es probable que todo el sistema hiperresponda.

Veamos el papel de la enzima dopamina-b-hidroxilasa (DBH). En la neurona DA, la conversión bioquímica de tirosina a L-dopa a dopamina se detiene con la producción de esta última. Pero en la neurona noradrenérgica, la enzima DBH convierte la DA en NA, en el interior de la vesícula sináptica. Las concentraciones de DBH en el plasma y en LCR correlacionan fuertemente, lo que sugiere que ya sea la DBH plaquetaria como la del LCR tienen una fuente común -como la DBH cerebral- o, más probablemente, que los sistemas NA periféricos y centrales están coordinados. En los procesos neuronales, la DBH ha sido utilizada como un marcador inmunohistoquímico en las neuronas noradrenérgicas de la corteza adrenal y en el hipotálamo de monos rhesus. La DBH sérica tiene propiedades que la hacen un posible marcador biológico de los efectos sobre el sistema noradrenérgico del abuso o maltrato infantil temprano (54b). En primer lugar, la actividad de la DBH sérica aumenta especialmente en los dos o tres primeros años de la vida, con un descenso de ese incremento después de los seis años. En segundo lugar, los estudios en animales de experimentación y en humanos, han mostrado disociación entre la DBH plasmática y los cambios catecolaminérgicos. Por lo tanto, mientras parece no ser útil como índice de la respuesta simpática a estressores agudos, sí puede serlo a los que actúan a lo largo de lapsos prolongados. En tercer lugar, considerando que tanto los sistemas noradrenérgicos como de los glucocorticoides son respondientes al stress, su interacción parece involucrar alteraciones en la actividad DBH.

Galvin y col. habían propuesto que el maltrato infantil en etapas evolutivas críticas ponía al sistema NA en condiciones iniciales de sobreestimulación, posiblemente con una elevación inicial de su enzima limitante, seguida después por represión de la misma actividad enzimática reflejada periféricamente por un descenso de la actividad DBH.

Estudios ya antiguos encontraron correlaciones negativas significativas entre la búsqueda de sensaciones y la DBH plasmática, aunque estudios recientes no han apoyado estos hallazgos. Bajos niveles de DBH deberían conducir a la predicción de bajos niveles de NA, y Ballenger y col. encontraron una correlación negativa substancial entre la NA en el LCR y la búsqueda de sensaciones.

A pesar de las inciertas relaciones entre DBH y búsqueda de sensaciones, se han encontrado bajos niveles de DBH con alteraciones en la inhibición de impulsos, por ejemplo, alcohólicos y niños con conducta no socializada y en los pacientes borderlines.

Varios trabajos de Matthew Galvin y col.(9,10,11) han asociado el maltrato temprano infantil con varias secuelas ulteriores (cogniciones sociales, regulación afectiva, apego, los sistemas del self, y las relaciones con los pares), habiendo sido también implicado en la patogenia de los trastornos severos de conducta. Se dice de estos niños que "no tienen conciencia", pero la conciencia en todo caso es un complejo constructo enraizado en la psicobiología.

Se sabe que la conciencia del sentido de pertenencia o la necesidad moral derivada del interjuego entre las diferencias biológicas individuales y las experiencias evolutivas tienen que ver con el apego, las cogniciones, las emociones y la autonomía. La conceptualización de la conciencia mide el grado de inclusividad y abstracción que una persona utiliza cuando provee una definción personal de la conciencia. Investigaciones llevadas a cabo con niños y adolescentes normales de edades entre los 5 y los 17 años, han permitido identificar cinco etapas en este proceso de conceptualización, a las que se ha denominado de acuerdo a sus características más salientes: la conciencia externa (que va desde el nacimiento hasta los 6 años); la conciencia cerebral o del corazón (desde los 7 a los 11), la conciencia personificada (entre los 12 y 13 años), la conciencia confusa (entre 14 y 15) y la conciencia integrada (entre los 16 y 17). Hay etapas de transición en otros terrenos que están también vinculadas a la conceptualización de la conciencia. La moralización del apego mide las transiciones evolutivas de las respuestas de los más jóvenes a las demandas y prohibiciones parentales basadas en cómo éstos vinculan los sentimientos de seguridad, empatía y pertenencia a las relaciones del hijo con el padre o con otras figuras de autoridad. La responsividad moral-emocional mide las transiciones evolutivas de la manera en que el niño usa: a) la ansiedad y el humor para regular la conducta moral; y b) los procesos de reparación y de manejo de situaciones de errores y equivocaciones para recuperar los estados fisiológicos que se experimentan normalmente cuando uno se siente una buena persona. La evaluación moral mide los cambios evolutivos en la manera como un niño justifica la adhesión o no a reglas de conciencia basadas tanto en el razonamiento como en las defensas psicológicas. Este último campo se subdivide en tres sectores, centrado en las formas en que el niño clasifica las reglas de conciencia según estén fundamentadas en derivadas de la autoridad, derivadas de sí mismo, o derivadas de los pares.

Por último, el campo de la volición moral actualmente bajo análisis, mide las transiciones evolutivas de las maneras como el niño usa su sentido de autonomía al responder y al redefinir reglas de conciencia.

Se supone que la NA juega un papel importante en la modulación del comportamiento y en la internalización de valores. Por lo tanto, los marcadores biológicos de alteraciones en un sistema noradrenérgico en desarrollo pueden resultar de interés, desde el momento que los niños maltratados persistentemente en edades tempranas pueden resultar afectados en las raíces psicobiológicas de la conciencia. Existen estudios respecto de las interacciones de los dos sistemas principales de respuesta al stress, como son los glucocorticoides y la NA, que han correlacionado la DBH sérica baja-recordemos que es la enzima involucrada en el paso de DA a NA-con el trastorno de conducta disocial y con el maltrato persistente en edades tempranas.

En uno de los estudios de Galvin y col.(11), ellos conjeturaron que:

a) los pacientes que habían sido maltratados antes de los 36 meses de edad tendrían menos suficiencia (más retraso evolutivo) y más interferencias psicopatológicas que aquellos que no habían sufrido experiencias de maltrato, o que de haberles ocurrido, fueron más tardías.

b) cuando se los clasificara de acuerdo a su actividad enzimática, los pacientes con menor actividad DBH tendrán menos suficiencia y más interferencias psicopatológicas que los que tenían actividad DBH más elevada.

c) en relación con los campos de conciencia considerados más arriba, los pacientes que tenían más interferencias psicopatológicas en la valoración de la autoridad y de los pares (esto es, menor respeto por los derechos de los demás en función de normas y valores apropiados a la edad) tendrán que tener más abuso, maltrato o negligencia tempranas, así como menor actividad DBH.

Los resultados demostraron que aquellos que habían sido maltratados antes de los 36 meses de edad tenían un retraso significativo en el desarrollo de la conciencia de acuerdo a las etapas evolutivas descriptas anteriormente, en comparación con los que no lo habían tenido, o lo habían experimentado sólo más tarde. El primer grupo resultaba notoriamente menos eficiente en conceptualizar su conciencia personal y en informar sobre reglas derivadas de sí mismo y de los pares, que el grupo de comparación. No eran tampoco capaces de utilizar sentimientos de ansiedad para inhibir comportamientos antisociales, ni eran capaces de hacer algún movimiento, por consiguiente, para restaurar un equilibrio interior perdido a causa de su mala conducta. No podían percibir a las figuras de apego como motivación para obtener un cambio en sus actitudes morales; tampoco se sentían motivados a obtener protección de las mismas a través de los cambios que pudieran producir para volverse personas responsables ni en ese momento ni en el futuro.

Cuando se analizaron las interferencias psicopatológicas combinadas con la evaluación de pares y autoridades, el grupo con mayores interferencias tenía también menor actividad DBH y mayor frecuencia y cantidad de abuso temprano que los que no tenían interferencias. Por otra parte, el primer grupo tenía un retraso considerable en el desarrollo de la suficiencia moral, con un estrecha relación con trastornos de conducta. Estos retrasos de desarrollo, interferencias psicopatológicas, falta de reconocimiento de los valores de la autoridad y de los pares, requieren un sistema de inhibición comportamental que es mediado por la NA.

Sin embargo, es necesario subrayar que el funcionamiento de la conciencia no depende enteramente de la inhibición comportamental. La responsividad emocional y moral requieren acción comportamental y compromiso en el proceso de reparación y de manejo de estas cuestiones, tanto como el comportamiento prosocial. Los campos de la evaluación del self y de la volición moral están relacionados con el mantenimiento de la autoestima y el desarrollo desde la autonomía hacia la acción moral. Probablemente se encontrará que estas funciones de la conciencia dependen de neuromodulaciones diferentes de aquellas que están involucradas en la inhibición comportamental. Por ejemplo, la amígdala, a la que se considera importante en aspectos del desarrollo prosocial relacionados con la responsividad empática, puede compartir con el hipocampo y otras estructuras cerebrales la vulnerabilidad a los efectos mediados por respuestas al stress intensas y prolongadas. De todas formas, sería sorprendente si las complejidades de la conciencia no fueran comparables con la de sus basamentos neurobiológicos.

Lo que Galvin y col.(10) llamaron trastorno de conducta agresivo solitario (TCAS) fue encontrado relacionado, por estos investigadores, con la actividad DBH y el maltrato infantil, aunque estas relaciones distan de ser simples. La baja DBH correlacionaba más fuertemente con la presencia del TCAS que con el maltrato infantil, y aparecía el dato interesante de que los TCAS con antecedentes de maltrato (Tipo II) tenían valores más altos de DBH que los que no habían sido maltratados. Los individuos pertenecientes a este Tipo II mostraron menor actividad DBH que los que fueron maltratados pero que no presentaban TCAS y mucho menor aún que aquellos que no tenían TCAS y no fueron maltratados. En otro estudio de Galvin (11) quedó claro que si no se especificaba la fecha del maltrato, no había correlaciones significativas entre la baja DBH y la aparición ulterior de personalidades antisociales y borderline. Pero, cuando se tenían en cuenta, se observaba la correlación si el maltrato había ocurrido antes de los 36 meses de edad. La especificación de descuido era más confiable que la del abuso.

Es presumible que el 5-10 % de los chicos normales tengan baja DBH. A pesar de ésto, las cifras muy baja de DBH en los chicos severamente perturbados pueden reflejar una influencia genética, ya que se ha observado que los padres de chicos con trastornos severos de conducta y baja DBH, también tienen bajas las cifras de la enzima. Esto ha sido vinculado, por algunos investigadores, a la predisposición de estos padres a maltratar o descuidar a sus hijos.

Si la actividad de la DBH es afectada por la experiencia y no únicamente determinada por la genética, es posible que la asociación entre su actividad y el desarrollo del TCAS refleje dos subtipos de niños que desarrollan este último trastorno; aquellos cuya baja actividad DBH es el resultado de una falla genética primaria, y los que este descenso de la actividad enzimática es condicionada por el stress del maltrato. También es posible que algunas otras influencias más poderosas que el maltrato operen para bajar la DBH en aquellos niños que desarrollan TCAS sin que haya mediado maltrato previo. Es obvio que el TCAS se corresponde con la personalidad antisocial y las características generales del ImPUss.

En este marco cabe inscribir otra de las teorías mencionadas por Howard(24), la de los "modelos de aprendizaje cognitivo-sociales". Esta línea ha sido seguida por Blackburn (1982), Marshall y Barbaree (1984) y también la encontramos en los trabajos precursores de Gough (1948) con su "teoría de la socialización". Estos aportes responden a la cuestión ¿porqué?, y ven a la psicopatía como un trastorno del pensamiento. Por lo tanto Blackburn ve a la psicopatía primaria y a la secundaria compartiendo un sesgo cognitivo común hacia las intenciones malevolentes de los otros. Marshall y Barbaree han señalado que los padres de psicópatas los han castigado duro y erráticamente, y han sido fríos y distantes tanto para sus chicos como para terceros. Por lo tanto, se constituyen en modelos para el agocentrismo calloso y el distanciamente de los otros.

Para el modelo que luego presentaremos de la psicopatía, según Howard(24), esta teoría puede ser útil en la medida en que da una respuesta al ¿porqué?, aunque no contesta ni el ¿cómo? ni el ¿cuándo? Como se ha señalado en el esquema 1, las expresiones cognitivas de los mecanismos mediadores, no deberían confundirse con estos últimos. En un enfoque cognitivo, la psicopatía puede verse en términos descriptivos pero, desde un modelo psicobiológico se necesita explicar (nivel explicativo) los mecanismos mediadores.

Sobre la base de estudios animales se ha conjeturado que una seria disrupción del apego en períodos evolutivos críticos resulta en una regulación menos eficaz del sistema NA bajo condiciones de stress.

Estudios recientes indican que hay una superposición considerable en la disfunción emocional de los trastornos de conducta en los jóvenes y los informes han demostrado que los jóvenes delincuentes padecen mayores niveles de depresión y que, por otra parte, los jóvenes depresivos tienen mayores tasas de delincuencia. Estos últimos pertenecerían a la "psicopatía secundaria" de Blackburn(4). Habría una estrecha relación entre sintomatología afectiva y conducta delincuente en chicos.

¿Cuáles son los elementos comunes de la búsqueda de riesgos y de los comportamientos acordes a lo largo de distintas situaciones? ¿Hay una tendencia a evaluar situaciones como de bajo o alto riesgo, o la tendencia se da de la misma manera cualquiera sea la cuantía del mismo?

Horvath y Zuckerman buscaron, en el estudio mencionado, determinar las siguientes hipótesis:

1- Los buscadores de sensaciones deberían estar relacionados negativamente a la evaluación del riesgo y positivamente relacionados a las conductas temerarias en todas las áreas de toma de riesgos.

2- Similarmente, la impulsividad debería estar negativamente relacionada a la evaluación del riesgo y positivamente relacionada con las conductas temerarias en todas las áreas.

3- La evaluación del riesgo debería estar inversamente relacionada a la conducta temeraria y,

4- La apreciación del riesgo debería mediar las relaciones entre búsqueda de sensaciones e impulsividad y comportamientos riesgosos.

Los estudios efectuados por estos autores llevaron a la conclusión de que los comportamientos criminales y las violaciones menores a la seguridad (que representan tipos de comportamiento antisocial) tenían más en común una con otra que las que tenían con los riesgos deportivos y financieros. Los ludópatas, al menos aquellos que buscaban tratamiento, tenían bajos niveles de búsqueda de sensaciones. Algo parecido pasa con quienes toman riesgos financieros.

La criminalidad crónica a menudo es la expresión de una personalidad antisocial y por lo tanto, puede representar el grado extremo del rasgo P-ImpUSS. Los resultados de estudios hechos con gemelos adoptados en Scandinavia muestran que hay una fuerte influencia genética a partir de los padres, y que hay una débil influencia del ambiente compartido provisto por los padres adoptivos. Sin embargo, estímulos ambientales específicos, como la influencia de los pares, o el status socioeconómico de los padres adoptivos, puede también jugar un rol en el comportamiento criminal, tanto como un rasgo P-ImpUSS anormal.

Figura 6

La figura 6 resume las bases biológicas del rasgo de P-ImpUSS a través del análisis de los elementos aportados hasta ahora. Como se sabe, el rasgo P-ImpUSS incluye una variedad de comportamientos que pueden ser resumidos por el término desinhibición: criminalidad, búsqueda de variedad sexual, uso y abuso de substancias, así como toma de riesgos tanto en actividades financieras como deportivas. Los individuos con personalidades antisociales y bipolares en fase maníaca ilustran la desinhibición en sus formas comportamentales más vívidas. Estos trastornos representan los extremos anormales de una dimensión normal de la personalidad. En el nivel siguiente encontramos un déficit en una clase específica de condicionamiento. Los tipos ImpUSS, especialmente en sus extremos psicopáticos, tienen problemas en el aprendizaje de la evitación pasiva. Para situaciones en donde tanto la recompensa como el castigo son dos evoluciones posibles, parecen ignorar las segundas y enfocar sólo sobre las primeras. Tienen una fuerte capacidad para enfocar sobre los estímulos salientes e ignorar los que distraen, como serían las señales de castigo. En el nivel psicofisiológico, los desinhibidores muestran esta atención enfocada al exhibir fuertes reflejos que orientan la atención hacia estímulos novedosos que pueden elicitar reflejos defensivos en los bajos buscadores de sensaciones. Los desinhibidores también muestran aumento de la reacción cortical a los estímulos intensos que elicitan la inhibición cortical en los bajos desinhibidores. Esta capacidad para responder a estímulos intensos y novedosos es resumida bajo el término "accesibilidad cortical".

Debajo del nivel fisiológico están los sistemas bioquímicos que influyen sobre los amplios mecanismos comportamentales y las reacciones psicofisiológicas: el sistema DA (acercamiento), serotoninérgico (inhibición), y noradrenérgico (alerta y atención enfocada). Enzimas como la MAO y la DBH que regulan estos NT, y hormonas tales como la testosterona y el cortisol, están también involucradas en el rasgo. Una persona con alto P-ImpUSS probablemente tenga tendencias de aproximación y desinhibición fuertes y que sean débiles las de alerta e inhibitorias. La implicación es que tienen un sistema DA activo y reactivo, y que son inactivos o poco reactivos los ST y NA. La inversa sería válida para los que puntúan bajo en este rasgo: débil aproximación y fuerte inhibición o restricción con fuerte alerta o alertabilidad por señales de castigo.

Sitios neurológicos para la personalidad sugieren una nueva forma de frenología. Pero esta nueva frenología está basada en relaciones entre el comportamiento y vías y núcleos cerebrales bien definidos de neurotransmisión y no en la forma del cráneo, como la antigua. La restricción o inhibición de la conducta puede originarse en la corteza frontoorbitaria, donde el daño puede traducirse en desinhibición comportamental. Las influencias excitatorias a partir de fuentes corticales descienden al sistema comparador septohipocámpico (descrito por Gray, en 1982 en relación al rasgo de ansiedad) donde la ansiedad puede ser adicionalmente potenciada. El núcleo central de la amígdala es también una fuente de inhibición comportamental y de alerta autonómico. Cada uno de estos describe niveles de inhibición desde el más deliberado (corteza) hasta el más reflejo y menos conciente (amígdala).

El mecanismo de aproximación se origina en el sistema mesolímbico DA ascendente, que comienza en el área tegmental ventral y atraviesa el fascículo prosencefálico medial, al hipotálamo lateral y el n. accumbens y finalmente al córtex prefrontal medial y lateral. Otro sistema, que es mediado por NA y afecta el alerta, se origina en el LC y asciende a las estructuras límbicas que incluyen la amígdala, el septum, el hipocampo y, finalmente, todas las partes del neocortex. Un sistema serotoninérgico inhibitorio se origina en los núcleos del rafe y asciende a la amígdala, hipocampo, hipotálamo, septum, striatum, y todas las áreas del neocórtex.

Ultimamente, las diferencias individuales en la estructura y fisiología de estos sistemas depende del fenotipo. El ImpUSS tiene una fuerte heredabilidad, la cual está al tope de lo que es típico para los rasgos de personalidad. A diferencia de otros rasgos amplios de personalidad, sin embargo, los buscadores de sensaciones muestran substancial agrupamiento ordenado, lo cual sugiere alguna ventaja evolutiva en el rasgo. Un alto nivel de búsqueda de sensaciones debe haber estado asociado a la cacería, la búsqueda de nuevos territorios, de compañeros, y de actividad sexual con una variedad de parejas, por lo tanto aumentando la adquisición de recursos esenciales a la supervivencia y al éxito reproductivo. Pero también los altos niveles de toma de riesgos habrían sido maladaptativos, de tal modo que la selección pudo haber estado en un nivel óptimo en un punto intermedio del rasgo.

Los orígenes evolutivos son altamente especulativos. El significado actual de un rasgo y sus correlatos biológicos son más demostrables.

Haremos algunas referencias aquí al factor 2, el más vinculado con la violencia y la criminalidad. Un temperamento desinhibido puede ser un predictor temprano predisponente para el comportamiento agresivo o violento.

Figura 4

 

Impulsividad y Agresividad

La impulsividad involucra a una gran variedad de rasgos. Cuando se generan las condiciones para la aparición de un rasgo impulsivo, el sujeto está dispuesto actuar sin mayor reflexión ni planificación previa; piensa sobre sus acciones después de haberlas cometido, si es que lo hace. La ausencia de cogniciones previas al acto impulsivo significa que las consecuencias experimentadas previamente por acciones similares no son tenidas en cuenta.

Hay muchas clases de impulsividad. La tendencia a actuar rápidamente sin reflexión previa ha sido llamada impulsividad estrecha para distinguirla de un rasgo más amplio que implica a otros factores tales como vivacidad y temeridad. La impulsividad y la búsqueda de sensaciones están moderadamente relacionadas y en conjunto, comprenden uno de los tres factores que componen el ImpUSS. El Psicoticimo (P) de Eysenck se constituye en un excelente marcador para esta dimensión.

Dadas las relaciones entre impulsividad y búsqueda de sensaciones, se podría esperar que ambas sean predictoras eficientes del gusto por la toma de riesgos y del comportamiento emergente, pero uno de ellos podría ser primario y el otro secundario en estas predicciones.

Alternativamente, se ha sugerido que por lo menos algunas formas de violencia y de comportamiento antisocial pueden ser vistos como una búsqueda patológica de estimulación, lo cual se cree está vinculado con la baja respuesta fisiológica y la necesidad de incrementar el alerta a un nivel óptimo.

King(20) propone, para explicar la impulsividad y la agresividad, la "teoría del incentivo motivacional" que puede ser definido como "un objeto externo que tiene un valor positivo o hedónico para el organismo". Ejemplos de incentivos serían la comida para un roedor o un objeto de apego social para un primate. En los humanos, las conexiones asociativas pueden transformar objetos neutrales complejos en incentivos. Esto está en la base de la propaganda comercial. Un producto (estímulo neutral) es asociado con claves que provocan sentimientos cálidos y de excitación, que impulsan luego a su compra.

La "motivación" puede ser definida como "la activación motora de un organismo debido a la presencia o ausencia de un incentivo esperado". Por ejemplo, antes de que la comida esté disponible, los roedores exhiben una actividad motora incrementada como consecuencia de estar en presencia de la fuente de alimentos.

La teoría del incentivo emocional relaciona la noción de incentivo como un activador externo de la excitación "motivacional". El incentivo presentado a un animal desencadena una serie de comportamientos "preparatorios" destinados a la consumación del incentivo.

King subraya el papel de la DA en este mecanismo, cosa que también han sostenido Gray, Cloninger y Zuckerman. Su principal hipótesis descansa en el hecho de que el sistema DA mesolímbico debe ser distinguido del no-lómbico. Se ha demostrado recientemente que las regiones neoestriadas del cerebro forman un componente límbico que está densamente inervado por neuronas DA provenientes del área tegmental ventral mesencefálica y de las porciones mediales de la substantia nigra pars compacta. Estas regiones límbicas neoestriadas incluyen el núcleo accumbens, el tubérculo olfatorio, y la porción más ventral y medial del estriado. El estriado límbico es una central de procesamiento de información, que recibe información proveniente de regiones paleocorticales y límbicas tales como el cingulado, el orbitario, el insular y el neocórtex temporal. Además, hay proyecciones desde áreas tales como la amígdala basolateral y el subículum del hipocampo (Fig. 8).

Figura 8

Los inputs DA al sistema estriado límbico parecen aumentar las respuestas motrices hacia una multitud de incentivos. Esto diferencia la acción DA sobre el estriado no límbico, que responde a demandas ambientales que no contienen incentivos.

La DA se activa ante la novedad, la recompensa y la seguridad. Los agonistas DA tales como la apomorfina o las anfetaminas, aumentan la locomoción en un campo abierto novedoso. Además promueven conductas irritables y agresivas.

El sistema DA mesolímbico aumenta selectivamente la respuesta a los reforzadores condicionados; y las lesiones de este sistema anulan las respuestas a tales reforzadores.

La mayor parte de las conclusiones derivadas de experiencias animales conducen a pensar que existen diferencias hereditarias en la tendencia a tener comportamientos exploratorios en presencia de incentivos. El sistema DA mesolímbico parece ser un mediador fundamental en esta tendencia. Las respuestas emocionales agresivas parecen ser un componente central en estas diferencias individuales. Desde que los incentivos sociales componenen una parte fundamental de los reguladores externos del comportamiento humano, King ha propuesto que los rasgos impulsivos de personalidad en los humanos son derivados de una actividad DA mesolímbica incrementada.

King y colaboradores han demostrado que los niveles de DA en LCR están correlacionados positivamente con los rasgos de extraversión y que la actividad motriz promedio está vinculada positivamente con el cluster B. Estos datos apoyan la hipótesis que una actividad DA aumentada en estas áreas tiene que ver con la impulsividad incrementada.

Se podría esperar, entonces, que medicamentos que reduzcan el disparo DA deberían actuar sobre los comportamientos impulsivos(20).

Lewis ha señalado para el "psicópata secundario" de Blackburn, la existencia de alteraciones afectivas, un comportamiento hostil e irritable, agresivo y demandante, y explosiones de cólera. Hawett y Martin (1980) informaron que "un estilo de vida caracterizado por comportamientos antisociales y abuso de alcohol y drogas está íntimamente asociado con la aparición temprana de estados de ánimo depresivos que difieren de la depresión clásica".

La disfunción prefrontal sería un factor contribuyente, combinado con la impulsividad, debido a: 1) la pérdida del control sobre estructuras subcorticales que facilitan la agresión; 2) cambios comportamentales, los que incluyen explosiones emocionales y agresivas y comportamiento querulante.

Hare y Forth(13) han vinculado la disfunción del hemisferio izquierdo, reflejada en la preferencia por la mano, el pie y el ojo del mismo lado, con ulteriores comportamientos delincuenciales y violentos. En sus investigaciones sobre presos, las preferencias de lateralidad estuvieron relacionadas con el tipo y severidad de las actividades criminales, o con comportamientos agresivos y violentos. Los mismos autores admiten que estos resultados no son concluyentes.

Tal vez convenga aquí hacer algunas consideraciones generales sobre la destructividad en general para otorgarle un cierto contexto a los conceptos puntuales de esta característica en los psicópatas.

Neuroquímica

Sobre la base de experiencias animales, han sido implicados numerosos NT centrales en la modulación del comportamiento agresivo. Los más importantes son la DA, la NA y la ST.

Noradrenalina

Para Raine, los estudios que vinculan la NA dan resultados paradójicos e inconsistentes. Hay alguna evidencia de que la NA tiene alguna participación en la agresión afectiva (defensiva, impulsiva). La administración de IMAOs que elevan los niveles de la NA central, aumenta la lucha inducida por shock. De manera similar, drogas que vacían de NA al cerebro, anulan la furia inducida en gatos. Evidencias contradictorias, sin embargo, han indicado que la inyección de NA colocada intraventricularmente no produce agresión afectiva.

Paradójicamente, la NA parece tener un papel inhibitorio de la agresión predadora (ofensiva, impulsada por motivaciones), como se demuestra por la reducción de la actividad asesina de la rata hacia el ratón, en ratas cuya NA central había sido aumentada por la administración de tricíclicos. En general, los resultados a partir de estudios animales sugieren que la NA puede facilitar la agresión afectiva, en tanto que inhibe la predadora, aunque hay mucha inconsistencia en los hallazgos a través de las especies.

Una manera de explicar esta aparente contradicción es analizar las diferencias entre agresión defensiva y predadora. Aunque hay una cantidad de razones para relacionar las nociones etiológicas de subalerta y desinhibición, estos estudios neuroquímicos indicarían que estos dos constructos no siempre van juntos al producirse el comportamiento agresivo. Por ejemplo, un incremento en la NA puede conducir a un incremento en el alerta general, el cual disminuiría el umbral para la agresión reactiva. Tal proceso sería similar a una forma de desinhibición, en donde, al mismo tiempo, el incremento en el alerta inhibe los mecanismos más complejos de la conducta predatoria. La agresión afectiva puede ser vista entonces como una desinhibición, a consecuencia del hiperalerta, mientras que la agresión predatoria derivaría de una desinhibición debida a un bajo alerta. Sin embargo, para evaluar esta hipótesis, se necesitan estudios neurofisiológicos en humanos para llegar a una más completa definición de la agresión y criminalidad.

Dopamina

El papel de la DA en la agresión animal ha sido menos extensivamente estudiada que algunos otros NT, pero existen investigaciones que sugieren que la DA facilita la agresión afectiva. Drogas tales como la L-Dopa y la apomorfina, la cual eleva los niveles de DA, se ha encontrado que induce la lucha espontánea en roedores, poe el contrario los neurolépticos que bloquean los receptores DA, suprimen la agresión espontánea en ratas. Además, el incremento de la síntesis de DA ha sido encontrado después de comportamiento agresivo en lauchas.

Se ha encontrado también que las drogas que aumentan los niveles de DA inhiben la agresión depredadora. Por lo tanto, de manera similar a la NA, la DA puede inhibir la agresión depredadora y estimular la defensiva, o afectiva. No se ha demostrado consistentemente esta proposición.

Serotonina

Funcionalmente, este NT está asociado a muchos y diferentes efectos. Sus numerosas familias y subfamilias de receptores cumplen en esta variedad un papel muy importante.

Aunque inicialmente fue conocido su papel en la digestión, es en realidad un NT que, en el cerebro, representa un papel inhibitorio para la descarga de impulsos. Por lo tanto, podría esperarse que los individuos con bajos niveles de serotonina (ST) tengan problemas en el control de los mismos. Las pruebas de su acción en humanos, incluyen(28):

a) Estudios del catabolito (5-HIAA) en LCR.

b) Estudios del contenido de triptofano en plasma y de la recaptación de ST en las plaquetas.

c) Desafíos neuroendocrinos de sus receptores centrales.

Los niveles del principal catabolito de la ST, el 5-HIAA, fueron medidos simultáneamente de la corteza y el LCR de 48 personas, y estaban correlacionados. Se cree que refleja la actividad ST presináptica, por lo que su reducción significaría una reducción de su actividad central.

Se descubrieron bajos niveles de 5-HIAA en pacientes depresivos que tenían antecedentes de intentos violentos de suicidio (no de los no violentos). Los vínculos psicológicos entre la agresión auto y héterodirigida han sido reconocidos desde Freud. Mann(29) también sostiene que hay una relación entre la agresión dirigida interna o externamente, basándose parcialmente en una asociación estadísticamente significativa de ambos tipos de agresión en el mismo individuo. Sostiene, por lo tanto, que la violencia dirigida externamente no debe ser discutida en forma independiente de la que se dirige hacia sí mismo. Las vinculaciones biológicas fueron descubiertas por el NIMH quienes informaron que la agresividad vinculada a la personalidad estaba inversamente relacionada con los niveles de 5-HIAA en el LCR.

Esta relación trivariada entre bajos niveles de 5-HIAA en LCR, conducta suicida y agresividad, ha sido confirmada en una muestra de prisioneros fineses que tenían una historia de abuso de alcohol y que habían sido encarcelados por asesinato o intento de asesinato. Estos delincuentes mostraban una crueldad inusual hacia sus víctimas. Los asesinos que fueron considerados "impulsivos" tenían menores niveles de 5-HIAA que los otros. Tomados en conjunto, pareciera que la impulsividad fuese el factor común.

Estos sujetos que cometían agresiones impulsivas fueron diagnosticados como trastornos explosivos intermitentes o personalidad antisocial, mientras que otros delincuentes recibían el diagnóstico de trastorno de personalidad paranoide o pasivo-agresivo. Es posible que otras dimensiones de la personalidad diferentes de la impulsividad contribuyan a las diferencias informadas sobre el 5-HIAA en el LCR.

En otro estudio se comparaba 16 asesinos convictos, 22 que intentaron suicidio y 39 sujetos de control. 15 de los 16 asesinos fueron considerados impulsivos. Los niveles de 5-HIAA de los suicidas eran menores, los de los asesinos parecidos a los controles, salvo los que habían asesinado a sus parejas. Es posible que éstos hayan cometido el asesinato en extrema emoción violenta, pero las muestras fueron extraídas 40 días después. Este grupo podría haber sido considerado más impulsivo (como rasgo) que los demás.

Por más de una década se ha acumulado evidencia de la relación significativa entre los índices de funcionamiento del sistema ST central y la conducta impulsivo agresiva. En primer lugar, hay correlaciones inversas entre el 5-HIAA en LCR y la historia de comportamientos agresivos en individuos con trastornos de personalidad y alcoholismo.

En segundo término, menores concentraciones de 5-HIAA en LCR fueron encontrados en delincuentes violentos, comparados con los no violentos.

En tercer lugar, se han encontrado correlaciones negativas de la respuesta de prolactina a la estimulación con agonistas ST, y automediciones de agresión, irritabilidad y hostilidad. Además de estos hallazgos en humanos, se han encontrado relaciones inversas similares ya sea en los niveles de 5-HIAA en LCR como en la respuesta a fenfluramina y la expresión de agresión abierta en primates no humanos(21). (platon)

Las mediciones ST efectuadas en los estudios biológicos de la agresión en humanos adultos sólo reflejan la actividad ST central de un modo indirecto. Es distinto cuando se estudia a la conducta suicida, en donde tanto los receptores pre y postsinápticos cerebrales postmortem, y las plaquetas premortem han sido examinados. Mientras los primeros son difíciles de llevar a cabo por su complejidad, los estudios plaquetarios premortem de individuos agresivos y no agresivos son fáciles de realizar.

Estas mediciones plaquetarias se efectúan a través del binding a receptores relacionados a la ST, como el receptor 5-HT2a y el binding de inhibidores presinápticos de recaptación de ST, tales como hidrocloride de imipramina tritiada y paroxetina tritiada. Aunque las plaquetas constituyen un sitio periférico y no comparten el mismo microambiente como las neuronas ST centrales, se ha informado que los sitios transportadores de ST plaquetarios son estructuralmente idénticos a los sitios correspondientes de las neuronas ST en el cerebro.

Los resultados de los estudios de Coccaro(21) conducen a la conclusión de que una historia de actos agresivos y la tendencia a responder a las provocaciones con violencia, covarían con el número, pero no con la afinidad, de los sitios plaquetarios de recaptación de ST evaluados usando paroxetina tritiada. Notablemente, la correlación entre los valores Bmax para la ligadura de la paroxetina tritiada y la historia vital de agresión eran independientes del funcionamiento global, del estado de la depresión, o de los trastornos afectivos, alcoholismo, o abuso de drogas, actuales o del pasado. Por lo tanto, es improbable que esta relación simplemente represente un epifenómeno de otras condiciones psicopatológicas entre los pacientes en esta muestra.

La ausencia de correlaciones similares inversas puede ser explicada por el limitado puntaje en las mediciones de agresión a lo largo de su biografía, y/o por el pequeño tamaño de este grupo de sujetos. La ausencia de una diferencia significativa entre los transportadores plaquetarios ST en los sujetos sanos y los que padecían trastornos de personalidad, sugieren que no hay anormalidades en los transportadores de los sujetos con trastornos de personalidad como grupo. Más aún, estos datos sugieren que hay una relación entre una dimensión de la agresión y variables relativas al sitio del transportador plaquetario ST. Esto es consistente con otros datos relacionados a variables biológicas y de personalidad en individuos con trastornos de personalidad. Casi todos los estudios de ligadura del sitio de recaptación plaquetaria ST han sido llevados a cabo con imipramina tritiada, principalmente en sujetos depresivos. Sobre todo estos estudios han arrojado alguna evidencia de la existencia de una anormalidad en el sitio de ligadura en la depresión y en la suicidalidad. Esto puede deberse a que la ligadura de la imipramina tritiada no refleja la totalidad de la población transportadora ST. La ablación de los terminales ST elimina solamente el 50 % de la unión de la imipramina tritiada en el cerebro de la rata. Por otra parte, la imipramina tritiada tiene una menor afinidad que la paroxetina tritiada por el sitio de recaptación plaquetaria. Y, además, la imipramina tritiada tiene menor afinidad que la paroxetina tritiada por los sitios de unión plaquetarios, por lo que puede ser confundido por drogas residuales o alguna otra variable. Por consiguiente, la imipramina tritiada no parece ser un marcador tan sensitivo o selectivo para la ST como se creyó en un principio. En contraste, la paroxetina tritiada es 100 veces más vida que la imipramina por los sitios de recaptación. Su distribución en el cerebro del ratón sigue estrechamente las de la ST. Además, la anulación química de las vías ST reduce la unión de la paroxetina tritiada entre el 60 y el 90%. Por consiguiente, la paroxetina tritiada parece ser un radiomarcador más selectivo para la recaptación de la ST en el cerebro y plaquetas que la imipramina.

Los efectos fisiológicos de la reducción de la cantidad de sitios transportadores presinápticos para ST en las neuronas ST centrales es desconocido. Se ha sugerido que podría estar asociado a una disminución de la recaptación, lo cual puede tener numerosas consecuencias. Para empezar, la disminución de la cantidad de ST que reingresa al citosol podría reducir su catabolismo a 5-HIAA por la MAO. Esto podría explicar parcialmente la reducción del catabolito en el cerebro de los suicidas, y en el LCR de los depresivos, intentos de suicidio, y en individuos con comportamientos agresivo-impulsivos. En segundo lugar, la disminución de recaptación haría que exista mayor biodisponibilidad de ST en la sinapsis. Esto podría conducir a una disminución de la sensibilidad de los autoreceptores terminales de ST, a un mayor diparo de ST por impulso neuronal y, por último, a una disminución de la sensibilidad de varios receptores ST postsinápticos. Dependiendo del grado en que todas estas alteraciones ocurran, la reducción de los sitios de recaptación del transportador podría asociarse a un descenso neto de la actividad ST en el cerebro, lo que está asociado a la depresión y a los comportamientos agresivo-impulsivos.

Los hallazgos de Coccaro coinciden con otros previos que mostraban una reducción de los valores Bmax para imipramina tritiada en poblaciones de "discapacitados mentales" agresivos internados, de adolescentes con trastornos de conducta, y en niños con problemas de impulsividad y agresión, comparados con voluntarios sanos sin una historia personal o familiar de trastornos psiquiátricos. Es posible que las mediciones de agresión correlacionen inversamente con el número de transportadores plaquetarios, tanto a lo largo del ciclo de vida como en sujetos con trastornos mentales distintos de los de personalidad.

La capacidad limitada de los datos provenientes de las plaquetas deriva del hecho de que no son neuronas, ni están incluidas en redes. Sin embargo, estudios recientes muestran que la secuencia de aminoácidos de las proteínas transportadoras de ST que se expresan en plaquetas y neuronas son idénticas. Por lo tanto, es posible que algunas anormalidades relacionadas con las proteínas transportadoras y su nivel de expresión ocurran en plaquetas tanto como en neuronas.

Sobre la base de estudios de lesionados cerebrales y pruebas farmacológicas, se cree que la ST inhibe tanto la conducta predatoria como la defensiva. La administración de P-CPA (paraclorofenilalanina), una droga que disminuye la producción de ST inhibiendo la enzima que convierte el triptofano en ST, por ejemplo, aumenta la pelea inducida por shock en ratas. Similarmente, la destrucción de los núcleos del rafe dorsal, en donde se originan las vías ST, aumenta la lucha y el asesinato en ratas. En contraste, la administración del precursos ST, 5-hidroxitriptofano, el cual incrementa los niveles de ST, se ha demostrado que disminuye la lucha inducida por shock y la conducta asesina hacia ratones, en ratas.

Hay fuerte evidencia del rol inhibitorio de la ST sobre la agresión que parte de los estudios farmacológicos efectuados sobre la conducta asesina de las ratas. En contraste con esta evidencia, hay una cantidad de estudios que probarían que el deterioro del sistema ST puede suprimir el comportamiento de ataque en ratones. Por otra parte, se ha encontrado que los niveles de ST aumentan después de un comportamiento agresivo en animales. En general, sin embargo, los resultados de los estudios en animales indican que los procedimientos que elevan la disponibilidad de ST cerebral, inhiben los comportamientos agresivos, y lo contrario los aumentan.

En otro trabajo(22), Coccaro subraya la relación inversa del 5-HIAA con la gravedad de la depresión, historia de serios intentos de suicidio y o suicidios violentos, lo cual también fue señalado por Linnoila(26). La relación con la depresión no siempre ha sido replicada, pero sí con los serios intentos de suicidio, los cuales se han visto también en otros grupos psicopatológicos tales como esquizofrenia y alcoholismo, además de los trastornos de personalidad.

La relación diagnóstica cruzada entre la baja concentración de 5-HIAA en LCR y suicidio sugiere que la disfunción ST está relacionada con un agrupamiento específico de conductas. Lo mismo ocurre con la agresión, ya que parece estar más relacionada con la agresión impulsiva, que con la premeditada. Esta reducción de 5-HIAA en LCR y de la ligadura de imipramina en la corteza frontal y tronco cerebral de los suicidas, sugiere fuertemente una reducción de la función presináptica ST, de la misma manera que la elevación de la ligadura de los receptores corticales 5-HT2 hacen pensar que la función 5-HT postsináptica está incrementada, probablemente por up-regulation compensatoria de estos receptores. Por otra parte, el efecto neto de esta sumatoria es desconocido, y puede reducirse, aumentarse o permanecer sin cambios dependiendo de la magnitud de esta compensación.

Experimentos con animales demuestran que la "hipersensibilidad" es el núcleo temperamental del rasgo de la impulsividad-agresividad, en respuesta a los estímulos frustrantes o adversos, y una capacidad disminuida para controlar estas reacciones. La diferencia primaria entre el comportamiento suicida y agresivo es el lugar donde la agresión es colocada: hacia sí mismo en el suicida y hacia afuera en los comportamientos agresivos. En muchas ocasiones ambas conductas se dan simultáneamente (suicidios ampliados).

En tanto que algunos efectos de la ST tienen que ver con sus efectos basales (lo que puede ser en alguna medida hereditario), otros están más vinculados a la "reprogramación" emergente de situaciones especiales. Esto es lo que puede ocurrir con el cambio de status social y los niveles de ST observado en los monos vervet.

Los efectos basales podrían estar vinculados con lo que llamamos "personalidad" (es decir, disposiciones relativamente estables a responder al ambiente social y natural de modos diferentes pero predecibles). La "reprogramación" a corto plazo de estos efectos basales (por ejemplo, a un cambio de status social) tiene características diferentes, comparables a lo que se podría llamar un "cambio comportamental" o "cambio de actitud".

La definición científica de personalidad ha estado sometida a una considerable controversia. Recientemente, Cloninger (1986, 1987), y después McDonald (1988) han propuesto una teoría de la personalidad basada en tres factores que, a su vez, derivan de los tres principales sistemas de neurotransmisión límbica: los controlados por la dopamina (DA), la serotonina (ST) y la noradrenalina (NA).

En este marco, se ha sugerido que la ST estaría vinculada a la "evitación del daño" (la tendencia a evitar o tomar riesgos). La NA se asocia con la "dependencia a la gratificación" (la tendencia a buscar la aceptación y recompensa social como motivador del comportamiento), mientras que la DA estaría ligada a la "búsqueda de estímulos" (la tendencia a buscar estímulos novedosos).

Desde el momento que cada uno de estos sistemas influye en los otros, las necesidades y comportamiento de cada individuo necesitarían el análisis del estado de estos tres niveles.

De acuerdo con la teoría de Cloninger, el sistema ST está asociado con la evitación del daño y la toma de riesgos; los niveles bajos de ST están asociados con la tendencia a evitarlos y los altos a tomarlos.

Es muy llamativa la similitud de esta tipología en relación con el riesgo, con la descripta por Rof, hace más de treinta años, basada en la división entre "ocnófilos" (no tomadores de riesgo) y "filóbatas" (tomadores de riesgo)(30) y, también, con el concepto de "personalidad autoritaria" (31,32) y "personalidad de Tipo A"(33), conceptos que han sido tratados en otra parte. En principio, sólo enunciaremos aquí que las concepciones de Fromm y Adorno respecto del "carácter revolucionario"(34,32), como opuestos en un continuo, ha sido descrita por mí en un trabajo anterior(31), y las bases narcisistas del Tipo A, por consiguiente del mismo autoritarismo y posiblemente de los "no tomadores de riesgo", están bien fundamentados en un trabajo de Condon(35).

Resulta pues, de muy alto interés, considerar cómo ciertos sistemas de NT como el ST pueden influir en las disposiciones comportamentales y rasgos de carácter estables que han sido descritas como "personalidad". Pero además, diferentes niveles de un NT pueden tener efectos ampliamente específicos en la modificación de la sensibilidad o amplitud de respuesta a diferentes claves sociales o simbólicas de amenaza, reaseguramiento, atractividad sexual, etc. Esto implica la esfera cognitiva, si lo queremos ver desde el punto de vista cognitivo-comportamental, y suponen el fundamento de los "esquemas" o "creencias básicas" en este enfoque(36). De acuerdo a la teoría modular de la personalidad, sobre la que nos explayamos más arriba, serían sustentadas por redes neurales tanto más estables y rígidas, cuanto más precozmente hayan sido establecidas, tanto más intensos los vehículos emocionales con los que fueron impresas, y tanto más significativas las relaciones con los emisores de los mensajes estructurantes de tales redes.

Por ejemplo, dado el efecto inhibitorio de la ST, los individuos con bajos niveles de la misma pueden ver amenazas en señales ambiguas que son ignoradas por aquellos con altos niveles de este NT. Como consecuencia, las diferencias basales de ST podrían estar en los fundamentos de aquellos esquemas o creencias básicas que, a su vez, pueden ser importantes elementos modulares en la constitución de nuestra personalidad.

Consideremos la tendencia de algunos individuos a ser agresivos, manipuladores y socialmente tortuosos. Las mediciones psicológicas de este rasgo son similares a lo que los anglosajones llaman "machiavellianism". Esta escala parece estar vinculada a la "dependencia a la gratificación" y "evitación del daño" de Cloninger: cuanto más alto califican para el maquiavelismo, menores son sus puntajes en gratificación social y evitación del riesgo. Desde que la agresividad está a veces asociada con ciertas formas de dominancia, los rasgos de la personalidad involucrados en la manipulatividad social se vincularían por lo tanto con disposiciones comportamentales determinadas por los niveles basales de la actividad del NT.

Nótese que en estos casos hay que presumir la existencia del involucramiento de dos sistemas distintos de NT: el ST y el NA. Cada uno de estos sistemas, por otra parte, depende de cierto número de procesos neuroquímicos, y cada uno es sensible de ser "reprogramado" por la experiencia. Por lo tanto, la medición de un sólo NT nos diría poco o nada acerca de un individuo específico. Éste sería el caso de cotejar, desde el punto de vista de la personalidad, lo que ocurre con el "maquiavelismo", el "autoritarismo", el "carácter revolucionario" y el "narcisismo", todas ellas variables independientes difíciles de fusionar para crear compartimientos del tipo "todo o nada". Inclusive la respuesta a claves sociales, como por ejemplo los cambios de actitudes y de respuestas emocionales a la aparición televisiva de líderes políticos, los niveles de actividad basales de los NT pueden ser poderosas razones para establecer las diferencias de percepción, sensibilidad y comportamientos ulteriores.

En lo concerniente a la ST, los descubrimientos recientes apuntan a dos áreas de importancia en la psiquiatría social y forense, como son los comportamientos desviados y criminales, y el suicidio. Debido a que la ST está vinculada a la inhibición de la respuesta, sus bajos niveles pueden tener que ver con la incapacidad para reprimir impulsos, como ya se expresó más arriba. Dependiendo de la interacción con otros sistemas de NT, sus alteraciones pueden tomar la forma de violencia impulsiva (tal como homicidios), autodestructividad (suicidio), depresión (incapacidad para inhibir pensamientos negativos o amenazantes), adicciones (al juego, a la comida, etc.)

Un metaanálisis de los estudios que examinan la relación de NA, DA, y ST con el comportamiento antisocial en humanos sugiere que la reducción simultánea de ST y NA pueden potenciar la agresión humana. Este metaanálisis encontró que en los estudios en los que los sujetos antisociales tenían un trastorno afectivo o alcoholismo, la NA central estaba significativamente disminuida. Los niveles de ST, sin embargo, estaban igualmente reducidos, independientemente de que tengan o no problemas psiquiátricos. Los niveles reducidos de ST y NA en los antisociales pueden estar relacionados con esta disminución de la inhibición comportamental. La relación de los niveles de NA con esta desinhibición, sin embargo, sí parece secundaria a las enfermedades psiquiátricas. Coccaro(22), ha señalado que en un estudio las función ST estaba asociada con la agresión autodirigida (solamente intentos de suicidio) en las depresiones mayores primarias, y la heteroagresión en los desórdenes primarios de personalidad. Tal vez este hallazgo refleje algunas diferencias en sus respectivas neurobiologías, basada en la regulación del comportamiento inhibido (mediado por ST) y el alerta (mediado por catecolaminas). Se ha informado extensamente sobre una hiporrespuesta en los receptores NA en la depresión mayor (DM). La observación de que la mediación del comportamiento agresivo por parte de la ST es atenuado por la disminución de NA, y otros que demuestran que las funciones fisiológicas de la ST pueden deteriorarse cuando hay fallas en el sistema NA, apoyan esta posibilidad.

Las pruebas realizadas con desafíos farmacológicos parecen indicar que la disfunción ST estaría al nivel o por encima del nivel del hipotálamo.

La hipótesis de Linnoila(26) es que, de dos grupos igualmente violentos, los ofensores impulsivos podrían tener menores niveles de 5-HIAA en el LCR en relación con los no impulsivos, que habían premeditado sus actos. Por lo tanto, un bajo 5-HIAA es más bien un marcador de impulsividad que de violencia. Puede señalar baja producción de ST, o ser indicador de un alto transporte fuera del LCR, lo cual es un fenómeno de membrana. Los autores sugieren que el temprano consumo de alcohol asociado a bajos niveles de 5-HIAA pueden desembocar en cuadros de psicopatía violenta, por lo que sería conveniente suministrar preventivamente serotoninérgicos.

Se comprobó, en un estudio finlandés, que los incendiarios y ofensores violentos tenían baja tasa de 5-HIAA en LCR. Los incendiarios en este grupo fueron elegidos por tratarse de comportamientos impulsivos de baja agresividad, y eventualmente con agresividad dirigida hacia objetos inanimados más que hacia objetos vivientes. Fueron excluidos los incendiarios que registraban antecedentes de intentos de suicidio violentos. Las concentraciones de 5-HIAA o MOPHEG no correlacionaban con el comportamiento incendiario repetido, pero sí lo hacían con el nadir glucémico en el test de tolerancia a la glucosa (TSG), el cual es una medición de la tendencia a la hipoglucemia.

Esto apoya la hipótesis de que un pobre control de impulsos está vinculado a bajos niveles de metabolitos de las monoaminas y con una tendencia a la hipoglucemia en ofensores criminales. Hay varias explicaciones para el mecanismo de esta asociación. En primer lugar, puede estar asociado con una forma particular de depresión, caracterizada por intentos violentos de suicidio. En segundo lugar, con descontrol de la agresión por un impulso incrementado hacia ella. Y, en tercer lugar, por deficiencia en el control de los impulsos y, como consecuencia de esto, descontrol de la agresión, inter e intrapersonal.

El triptofano (Tf) y el Litio (Li) reducen los actos violentos, aparentemente porque retrasan la descarga, y ayudan a mantener el control (El Li facilita la actividad ST, inhibe su recaptación, down regula la cantidad de receptores ST en el cerebro de la rata).

El ST, la glucosa y el metabolismo de la insulina, se demostró que están asociados unos con otros en el metabolismo de los incendiarios y en los ofensores habitualmente violentos e impulsivos. Linnoila no encontró correlación entre catabolitos de las monoaminas, y bajo nadir de glucosa en el TTG, pero pueden coexistir en muchos incendiarios. Lo que más correlaciona es esta última. La tendencia severa a la hipoglucemia es un fuerte predictor a las recaídas en los incendiarios.

La falta de correlación entre el nadir de glucosa y los bajos niveles de 5-HIAA en el LCR no es sorprendente. Esto se debe a que la concentración de glucosa está determinada multifactorialmente, y la responsividad de uno solo de ellos (insulina, glucagon, GH, adrenalina) podrían vincularse a la ST central.

La última asociación estudiada por los fineses fue con el alcohol. Formularon la siguiente hipótesis: un bajo 5-HIAA en LCR está asociado a bajo control de impulsos, disforia e insomnio intermitente. El alcohol, que tiene un efecto similar a la reserpina sobre el sistema ST, puede remedar agudamente algunos de estos síntomas, disparando ST, pero a largo plazo empeorando por vaciamiento de la misma. Por lo tanto, el abuso de alcohol puede, en estos individuos, con un control deficiente de impulsos, representar un intento de automedicarse, aunque solamente empeora la situación, disminuyendo el control de impulsos y probablemente agravando la hipoglucemia. Tal asociación podría explicar por qué tantos de estos sujetos estaban bebidos cuando cometieron sus crímenes. En apoyo de esta hipótesis, Branckey y col. han encontrado evidencia de que en estos alcohólicos con una historia, tanto de depresión como de agresión, la relación Tf/LNAA puede ser baja.

Se ha encontrado un paralelismo entre concentraciones de HVA y 5-HIAA en LCR. Cuando ambas están bajas son un poderoso predictor de riesgo suicida. Los predictores más fuertes son el nadir de glucosa en el TSG y los niveles de 5-HIAA en LCR. Estas variables psicobiológicas como tales o asociadas a las comportamentales tienen más valor que las comportamentales solas. Los individuos propensos a las ofensas son más fácilmente identificables usando estas combinaciones. Las drogas serotoninérgicas pueden mejorar esta situación, reduciendo el consumo de alcohol y mejorando los perfiles metabólicos(26).

Coccaro(42) señaló que estudios animales muestran que la arginina-vasopresina (AVP) juega un rol facilitador de la conducta agresiva, en especial contra personas, en particular en individuos con trastornos de la personalidad. Niveles altos de AVP en LCR se correlacionaron con biografías cargadas de agresión, lo cual es mucho más fuerte en hombres que en mujeres. Ésto no parece estar vinculado a la impulsividad, desde que las concentraciones de AVP en agresores violentos, incendiarios, y controles normales, eran similares. Puede ser significativo que la concentración AVP en depresivos sea baja, y que sea alta en estados maníacos. Hay que tener en cuenta que el "pool" de AVP periférica y central son diferentes, tienen vías distintas y cumplen funciones no relacionadas entre sí.

Parece haber una relación funcional y recíproca entre la AVP y la ST. Los inhibidores de recaptación de ST (IRSS), como la fluoxetina, reducen dramáticamente los niveles de AVP y de la agresión defensiva. La relación entre ST y AVP puede ser sólo unidireccional, como por ejemplo, disminución de AVP por aumento de la ST.

Se han hecho observaciones en los monos vervet(27). Hay varios hechos interesantes en relación con la dominancia. Las monas dominantes tienen ciclos menstruales más regulares y predecibles, con lo que aumenta la posibilidad de embarazo. En algunas especies la ovulación en las hembras subordinadas puede ser suprimida, quizás debido a alteraciones por el stress, que produce supresión de LH. En los machos dominantes hay diferencias en la testosterona y en la ST. La ST en la sangre de los monos vervet dominantes es el doble de la que tienen los subordinados. Estos cambios bioquímicos parecen estar relacionados con las diferencias de status. Entre los vervet y otros monos, los factores sociales no afectan solamente las hormonas, sino también las concentraciones y el funcionamiento de la ST cerebral. Cuanto más alto es el nivel de ST, más capacidad tienen para las actitudes prosociales y menor destructividad (¿el "carácter revolucionario" de los monos?). La ST modula e inhibe la agresión destructiva. Los sistemas serotoninérgicos parecen ejercer mucho de su impacto inhibitorio sobre la agresión disminuyendo la actividad de otros sistemas neuronales que la facilitan.

Se ha visto que los monos dominantes y los subordinados no presentan diferencias morfológicas significativas, pero sí comportamentales. En relación con las hembras subordinadas, es menos probable que las dominantes inicien la agresión, y es más probable que inicien una reconciliación después de una pelea, así como también, son más capaces de conseguir aliados en una lucha, y es más probable que actúen defendiendo al grupo contra la intrusión de un animal potencialmente agresivo. Se ha visto en los machos, un patrón de diferencias vinculadas con el rango similar, al de las hembras. Estos datos sugieren que los animales dominantes difieren de los subordinados en su capacidad de establecer vínculos sociales, en evitar comportarse con agresión inapropiada y por inhibir ataques inadecuados o no provocados.

Combinados con observaciones hechas en otras especies, estos hallazgos apoyan la idea de que la dominancia y la agresión son conceptos distintos.

Neurofisiológicos

Desde hace tiempo se ha argumentado que la baja respuesta cortical puede ser una causa determinante de comportamiento criminal. Aunque estas teorías no han estado inicialmente dirigidas a explicar la violencia, una variedad de fuentes indican que los ofensores violentos, en particular, pueden ser corticalmente bajoalertables. El alerta reducido se lo supone vinculado con la búsqueda de sensaciones; como consecuencia, a esta teoría se la analiza conjuntamente con la teoría del alerta, de la que nos ocupamos más arriba. Esta última ha sido más frecuentemente verificada midiendo las respuestas fisiológicas, especialmente el EEG y los potenciales evocados pero, como se ha visto ya, el alerta autonómico ha sido visto también en el marco de la teoría del arousal. Ya hemos revisado más arriba las opiniones de Howard(24) al respecto.

Hay muchos estudios que han evaluado el alerta en delincuentes y criminales, pero una dificultad importante para obtener conclusiones reside en que esos estudios provienen únicamente de tres fuentes: las respuestas fisiológicas electrodérmicas, cardiovasculares y corticales. Además, estos estudios no son prospectivos, y fueron llevados a cabo en poblaciones institucionalizadas.

Un estudio prospectivo reciente demuestra que la baja alertabilidad puede ser crítica en el desarrollo del comportamiento antisocial y criminal. La conductancia eléctrica de la piel en reposo, el rendimiento cardíaco y la actividad EEG fueron determinadas en 101 chicos de 15 años, y vueltas a determinar 9 años después, cuando tenían 24. Los hallazgos se han mostrado en las figs. 5, 6 y 7. Se encontró que los criminales tenían significativamente menor gasto cardíaco, reducida conductancia en la piel y más frecuencia theta en el EEG que los no criminales. Estas tres mediciones clasificaron correctamente al 74% como criminales. Estas relaciones no parecen estar condicionadas por clase social, habilidades académicas, o área de residencia.

Figura 3

Este estudio sugiere que si estas comprobaciones fueran llevadas a cabo en poblaciones no institucionalizadas y no seleccionadas, se pueden encontrar evidencias aún más fuertes sobre las relaciones entre los aspectos biológicos y la criminalidad. La baja alertabilidad fisiológica es un constructo muy utilizado pero extremadamente complejo, dado que las tres mediciones mencionadas no suelen estar correlacionadas en la población general. El hecho de que las tres coincidan para predecir crimen en una misma muestra puede ser visto como concediendo algún grado de replicación de las vinculaciones del alerta con el crimen.

Aunque estos hallazgos tienen un significado potencial, hay dos problemas importantes que necesariamente tienen que resolverse: 1) El primero es si estos hallazgos pueden ser replicados. Si esto es así, eso demostraría que la baja responsividad al alerta puede tener un papel importante en el desarrollo de la personalidad antisocial, y puede ser una vía mediante la cual las influencias genéticas en la aparición del comportamiento antisocial ejerzan su influencia.

El segundo tema tiene que ver con la evolución de las variables evolutivas. Debido a que el crimen sólo puede determinarse si el individuo fue atrapado y condenado, los resultados están limitados a los criminales "fracasados". El análisis funcional discriminante califica a muchos sujetos bajorrespondientes como no criminales, pero puede que éstos lo sean, y no han sido detectados. La disponibilidad de extensos autoinformes sobre comportamiento antisocial, agregados a los grupos de criminales oficialmente reconocidos como tales, aumenta la fuerza de los efectos conjeturales.

Ya hemos mencionado que un gran número de estudios han implicado alteraciones EEG en los criminales. Algunos autores las encontraron en un 50%. Estos hallazgos han sido confirmados por otros sobre asesinos y ofensores violentos. Una de las alteraciones más comunes observadas en el EEG es la excesiva actividad theta, la cual es consistente con la baja respuesta al alerta. Estudios diseñados más rigurosamente, como el mapeo cerebral, puede profundizar en este tema.

Una teoría sostiene que como la actividad theta excesiva caracteriza el EEG de los niños, su presencia en el adulto criminal podría significar una cierta "inmadurez cortical". Numerosos estudios prospectivos han demostrado que una excesiva actividad theta en niños y adolescentes predice actividad antisocial en la adultez, pero no hay estudios prospectivos en relación a la violencia. Se necesitan también estudios para explorar la posibilidad de que las alteraciones EEG, específicamente la baja alertabilidad, puedan subyacer a los déficits cognitivos y fracaso escolar, la cual puede relacionarse ulteriormente con la violencia.

Howrad(24), al hacer una revisión de las teorías más importantes, también señala la del "retraso madurativo", relacionándolo con una actividad lenta de la región temporal posterior, tal como ocurre normalmente en niños y adolescentes. Insiste que aquí también, estas observaciones responden al ¿Cómo?, pero no al ¿porqué? (que podría vincularse a un ambiente pobre de estimulación en sus etapas tempranas); por ésto la considera insuficiente, ya que tampoco responde al ¿cuándo?

La teoría tradicional de la disfunción del hemisferio izquierdo en las bases de la violencia argumenta a favor de un daño estructural en ese hemisferio, a través de test neuropsicológicos, comparándolo con otros de daño cerebral. Una teoría más reciente, sutil -y potencialmente más plausible- de la violencia, tiene que ver con que estos individuos tienen procesos de discurso menos lateralizados.

Las motivaciones reducidas para llevar a cabo tareas de activación no puede ser fácilmente explicada por la reducción del metabolismo de la glucosa debido a que no hay diferencias de rendimiento en los criminales. Tampoco parece haber ninguna relación entre estos niveles metabólicos bajos de glucosa en los criminales con los subrupos que de estos puedan formarse en base a relaciones con la víctima, actos impulsivos vs. planeados, agresión instrumental opuesta a la afectiva, implicaciones sexuales o no, edad y sexo de la víctima.

No obstante, después de una serie de análisis de la literatura previa Nachsohn que la disfunción del hemisferio izquierdo está vinculada a la conducta criminal. La teorización de Nachshon difiere de la de otros en dos puntos importantes: a) en contraste con las teorías frontales y frontotemporales límbicas, argumenta que hay una disrupción generalizada funcional en lugar de una disrupción estructural específica; y b), basa la evidencia para esta afirmación, no en el EEG o los tests neuropsicológicos tradicionales, sino en estudios de preferencia de lateralidad, asimetrías de la conductancia eléctrica de la piel, estudios de campo visual, dividido, y estudios de escucha dicótica. Nachsohn argumenta que la disfunción del hemisferio izquierdo predispone a la conducta criminal al disrumpir el control normal que el hemisferio izquierdo ejerce sobre los comportamientos impulsivos.

Una cantidad de problemas plantea esta teoría de la violencia. En primer lugar, los mecanismos de la conductancia eléctrica diferenciada en cada mano están confusas debido a que las conexiones cerebrales para estas funciones no están claramente establecidas. Por este motivo, es difícil sacar conclusiones sobre la lateralidad hemisférica en este sentido. En segundo lugar, aunque Nachsohn atribuye el concepto de impulsividad como un mediador entre la disfunción del hemisferio izquierdo y la violencia, ninguno de estos estudios ha verificado esta noción usando mediciones de impulsividad. En tercer lugar, los datos provenientes de la escucha dicótica, es usada para fundamentar un déficit global del hemisferio izquierdo, pero esto no es fácil de interpretar. Por ejemplo, Nachsohn argumenta que el oído izquierdo aventaja sobre tareas de tono dicótico en los agresivos violentos, mientras otros investigadores verían esto como una función normal para el material no verbal. En cuarto lugar, esta teoría debería predecir alteraciones EEG y de los PE lateralizadas, y tales cosas no han sido demostradas.

A pesar de estas críticas, la noción de una disfunción hemisférica global aún queda como una teoría factible de la violencia, pero necesita más investigación. Verificaciones futuras de estas teoría deberían usar indicadores más directos de la función cerebral, tales como PET y SPECT, más que indicadores indirectos como es la conductancia de la piel o la audición dicótica. El estudio por PET de Raine y col. muestra un consumo de glucosa disminuido en el lóbulo prefrontal izquierdo, aunque no pudo demostrar una clara asimetría. No obstante, otros estudios con diagnóstico por imágenes pueden proveer más bases para esta hipótesis.

En relación con el daño frontotemporal-límbico izquierdo, Yeudall sostiene que la violencia está en parte determinada por el daño en las zonas izquierdas frontales, córtex temporal anterior, y las zonas amigdalares hipocámpicas del mismo lado. La evidencia empírica para esta hipótesis está basada en un gran número de estudios neuropsicológicos en sujetos habitualmente violentos y agresivos. Los estudios efectuados muestran un 76% de este tipo de disfunciones en criminales, localizadas en las regiones frontales y temporales del cerebro. De estos, el 79% mostraban anormalidades frontotemporales lateralizados a izquierda. Localizaciones similares de actividad dominante de lóbulo temporal izquierdo se encontró en los adolescentes violentos y agresivos.

Hemos mencionado, varias veces en este trabajo, a Howard (24). Este autor presenta por último un "modelo psicobiológico" de la psicopatía, en la que pretende integrar las tres diferentes clases de psicópatas que se describieron al principio (sociópata, secundario y primario). Howard se pregunta si en el nivel descriptivo hay uno o varios rasgos que sean comunes a los tres tipos de psicópatas. Se pueden hacer tres clases de interrogantes: ¿Cuáles son los mecanismos mediadores? ¿Cuáles las influencias predisponentes? ¿Y cuáles los eventos desencadenantes? (Esquema 1).

Blackburn sostiene que hay un factor (psicopatía = PP) definida por una alta carga de impulsividad y agresión, y en menor medida por Escalas de Hostilidad, desviaciones psicopáticas y extraversión; que comparten los tres tipos de psicópatas. Debería subrayarse que Blackburn define a la psicopatía en términos de impulsividad.

Resultados de investigaciones recientes no confirman plenamente esta afirmación. En primer lugar, se ha vuelto progresivamente claro que la impulsividad no es un rasgo unitario. Barratt discrimina tres tipos de impulsividad: motora, cognitiva y falta de planificación. Eysenck distingue varios subrasgos de la impulsividad (toma de riesgos, improvisación, vivacidad e impulsividad estrecha). Varios autores dividieron también la dimensión de la impulsividad en tres subrasgos: reflexión vs. frivolidad; planificación vs. improvisación, y evitación del alerta vs. búsqueda de alerta. La cuestión es sobre qué substrato se asienta la impulsividad en el sentido que le da Blackburn, aunque se sabe que este modelo correlaciona fuertemente con los rasgos de ansiedad y hostilidad. Podría considerarse que aquí la impulsividad está vinculando una dimensión que refleja una di-menensión de intencionalidad (intencional vs. inintencional) hacia una meta y un afecto (positivo vs. negativo), tal como se indica en el Esquema 2.

Esquema 2

En lo que hace a los mecanismos mediadores (esquema 1), Howard subraya que los bajos potenciales evocados hablan de un correlato potencial con la impulsividad, el cual se ha informado tanto en criminales anormales como normales, de tal manera que se observa que los sujetos impulsivos muestran escasa diferenciación en el paradigma "Lo hago/no lo hago" en la evitación. Hasta ahora no se sabe con qué aspectos del rasgo de la impulsividad correlaciona esta escasa diferenciación cortical. Sin embargo, cuando se considera el esquema 2, parece reflejar la interacción de las dimensiones "intencionales" y las afectivas. Esto determina que los individuos colocados en el cuadrante superior derecho del esquema 2, mostrarían especialmente baja diferenciación cortical.

Ya se ha indicado que la actividad EEG lenta parece estar vinculada a la psicopatía secundaria, más que a la psicopatía como género. Sin ambargo, otra anomalía electrofisiológica, la actividad temporal posterior lenta, parece caracterizar a los psicópatas de Checkley cuando se usaba la Escala de Hare (RASP_Research Assessment Scale of Psychopathy), ya que estos mostraban una prominente lentificación temporal posterior en sus EEG de reposo.

Dentro de estos mecanismos mediadores hay que considerar la disfunción de los lóbulos frontales, ya mencionada, que conduce a una disminución del tono frontal. Esto se puede traducir en un déficit en tareas de apreciación primaria, tales como el peligro.

Cuando analizamos los eventos iniciadores, vemos que éstos tienen que ver con el stress y la adaptación en los psicópatas.

La siguiente pregunta que se plantea Howard es el ¿cuándo?, o sea cuáles son los stressores ambientales que desencadenan la conducta psicopática. Con relación a los psicópatas secundarios, se ha postulado que son especialmente sensibles a las claves que significan castigo o no gratificación, debido a su aislamiento social. Ésto estaría de acuerdo con las hipótesis de Gray, quien sostiene que las personalidades ansiosas, están vinculadas a la dimensión de la sociabilidad. Llevado ésto a términos cognitivos, significa que muestra una "apreciación errónea", o sea, que tienden a sobredimensionar las amenazas del ambiente.

En lo que hace a los psicópatas primarios, se ha sugerido que ellos pueden estar colocados en una forma extrema y patológica de los que se llamaría "inintencionalidad" (esquema 2) quienes experimentan poco alerta sentido como aversivo (y además luchan para no tenerlo). En otras palabras, se considera que los psicópatas primarios son altamente susceptibles al stress por aburrimiento. Creo que aquí conviene tener en cuenta las diferencias en potenciales evocados descritos por Raine (Fig.7)

Figura 7

Tanto los psicópatas primarios como los secundarios comparten la falta de adaptación. Adaptación o no adaptación se dice que reflejan la apreciación primaria y secundaria. Sin embargo, en los psicópatas secundarios se podría decir que la falta de adaptación proviene de una defectuosa apreciación primaria (apreciación exagerada del peligro) mientras que en los psicópatas primarios la falta de adaptación proviene principalmente de una falla en la apreciación secundaria (control percibido como bajo). Estas asociaciones entre impulsividad y adaptación están implicadas en el resultado de estudios recientes de las diferenciaciones electrocorticales de la personalidad. En estos estudios se confirmó la relación entre diferenciación cortical e impulsividad, ya que aquélla correlaciona con los aspectos afectivos de la impulsividad: hostilidad, ansiedad y depresión. También se encontró una alta correlación entre impulsividad y el grado de aumento en el stress subjetivo en situaciones "Lo hago/no lo hago". En otros estudios se ha encontrado que el grado de pérdida de control sobre estímulos aversivos ("desamparo") lleva a una reducción temporaria de la diferenciación cortical, o lo que es lo mismo, mimetiza los efectos de la impulsividad. Por lo tanto, una dimensión descrita como estática (rasgos) vinculada a la Impulsividad de Blackburn puede corresponder, en términos dinámicos (estado) a una dimensión de adaptación-no adaptación (Esquema 2), con polos opuestos en la dimensión de no adaptación, con un punto intermedio de buena adaptación.

Las influencias predisponentes tienen que ver con algo ya mencionado antes, esto es, las relaciones entre la antisocialidad adulta y la deprivación afectiva durante la infancia, además de la dura incoherencia normativa. A pesar de esto, y de lo que se ha señalado más arriba acerca de las consecuencias biológicas del maltrato, abuso y descuido, hay factores biológicos en juego que no se pueden descuidar. Hay descenso de ciertas actividades cognitivas, en los psicópatas, que son demostrables desde temprana edad, y que tienen cierto valor pronóstico, en especial para los delincuentes reincidentes. También los chicos hiperactivos, con anormalidades EEG, entran en este grupo (platon).

Psicogenética de la psicopatía

Cuando se habla de genética comportamental debe entenderse que se está hablando de una teoría de la personalidad. Esta teoría atribuye variaciones de la personalidad, al menos parcialmente, a la variación de la estructura y funcionamiento de sistemas fisiológicos. Los genes contienen la información que codifica para varias proteínas estructurales y regulatorias (incluyendo al ARNm) que conducen a diferentes vías de ese desarrollo. Aunque las diferencias individuales se pueden expresar en cualquier sistema fisiológico, los que se establecen en el cerebro y en otras partes del sistema nervioso son probablemente más importantes para los rasgos comportamentales

A pesar de haberse encontrado que la influencia de los pares era lo más fuerte en lo que hace a la violación de reglas y conducta criminal, en estudios correlacionales tales como el mencionado(12) no se puede distinguir entre los efectos genotipo-ambiente causales directos, y los correlacionales e interaccionales. El comportamiento de los pares puede correlacionar con el comportamiento propio debido a que la gente aprende de sus pares y que estas personas seleccionan pares que coinciden con ellos mismos. Coincidencias significativas en las asociaciones de gemelos idénticos separados sugiere que el genotipo puede influir sobre asociaciones e intereses sobre el fenotipo. Similaridades genéticas en la búsqueda de sensaciones pueden explicar parte de su evolución, pero que la especificidad de la expresión encontrada en el rasgo debe ser debida a alguna clase de correlación activa genotipo-ambiente, a la que los investigadores llaman emergenesis.

En lo que hace a la genética del rasgo ImPUSS, se puede decir que las diferencias individuales en los sistemas bioquímicos y neurológicos que subyacen a los mecanismos básicos tienen sus orígenes en variaciones en este campo. Las diferencias observadas en linajes animales en relación con la exploración, el temor, la agresión, la actividad y la inhibición sugiere un control genético de estos rasgos. Los resultados de crianzas selectivas han confirmado la influencia genética, y estudios de crianza cruzados han provisto controles para los posibles efectos de un ambiente compartido.

Como en otros casos, los estudios biométricos genéticos en humanos utilizan gemelos y adoptados para estimar la heredabilidad. El estudio de Minnesota de gemelos separados provee datos para ambos tipos. El principal test de personalidad usado en este estudio fue el Multidimensional Personality Questionnaire de Tellegen, el cual puntúa tres factores que recuerdan los de Eysenck. El principal de ellos es llamado "restricción". Este factor consiste en tres subescalas: Control, Evitación del Daño, y Tradicionalismo, los que groseramente son el reverso de Impulsividad, Búsqueda de Sensaciones, y tendencias No Socializadas en el modelo de cinco factores alternativo.

Las correlaciones entre gemelos idénticos que fueron criados en forma separada dan una estimación directa de la heredabilidad de estos rasgos. La estimación de la heredabilidad del factor de constricción y el componente de búsqueda de sensaciones están cerca del final superior de la heredabilidad evaluada por este método. Hay pocas diferencias entre las correlaciones para mellizos idénticos que fueron criados aparte y los que fueron criados conjuntamente, lo que indica que el ambiente compartido es de poca importancia para estos rasgos. Esta conclusión va en contra de la creencia común de que el ambiente familiar es el principal responsable de la socialización del niño y que las similitudes mayores observadas en los idénticos se deben a que son tratados de manera más parecida que los fraternos. El ambiente específico parece jugar un papel más importante en estos rasgos. Esta clase de influencia es provista por diferentes pares u otras presiones que afectan a un miembro pero no a otros.

Se ha sugerido(24) que hay una predisposición genética al retraimiento social, y que esto está relacionado con las anormalidades electrofisiológicas vistas en algunos psicópatas. Esto quiere decir que los niños que están predispuestos biológicamente a ser psicópatas están genéticamente predispuestos al aislamiento social, estarían también en riesgo debido a su hipersensibilidad a amenazas de castigo (en los que están sobrevalorando el peligro). Esto no significaría negar que, si la deprivación y maltrato infantil fueran lo suficientemente intensos, estos chicos necesitarían menos predisposición biológica para expresar su estructura psicopática.

Resumiendo, la hipótesis planteada por Howard es que hay una clase de individuos (llamados por los norteamericanos "sociópatas") que muestran un comportamiento antisocial muy temprano, crónico, y cuya condición es fundamentalmente evolutiva, manifestándose en la adultez como un déficit madurativo, tanto comportamental como electrofisiológico. Al crecer, estas características disminuyen. En un nivel de rasgos, algunos de estos individuos (especialmente los que mostrarán un auténtico trastorno de personalidad) se caracterizan por un subrasgo patológico de impulsividad. Como consecuencia de esto hay falta de adaptación, que es la resultante de déficits de la apreciación tanto primaria como secundaria. Esta última puede ser la consecuencia de la exposición a maltratos infantiles, disminuyendo la sensibilidad a claves de recompensa o seguridad, lo que impide relacionarse empáticamente con otras personas. Por otra parte, si los otros no son percibidos como fuentes de gratificación, no hay razones para modificar nuestra propia conducta para satisfacer las expectativas sociales, ni para verse a sí mismo como un objeto social.

Dentro de la categoría arriba señalada (no-adaptativos) habrá algunos (psicópatas secundarios y algunos esquizofrénicos) que muestran déficits neuropsicológicos y de rendimiento, además de algunas anormalidades electrofisiológicas, que se suponen innatas. En este grupo hay subgrupos que perciben amenazas exageradas, lo que es un déficit en la "apreciación primaria".

También dentro de la clase de los no-adaptativos hay otros (psicópatas primarios) que no tienen retraimiento social ni demasiados signos orgánicos como en la psicopatía secundaria, pero debido a que su conducta es inintencional muestran un déficit en la apreciación secundaria. Los psicópatas primarios, a diferencia de los secundarios, son extremadamente sensibles al stress del aburrimiento, y para eludir ésto se implican en conductas patológicas de búsqueda de sensaciones

Por último hay un conjunto de individuos que integran la amplia clase de los "sociópatas" que no son psicópatas ni primarios ni secundarios. Estos individuos no serán especialmente sensibles al stress ni desde la amenaza ni desde el aburrimiento (los de alta ansiedad de Esterly- Neely y los altos buscadores de sensaciones(18)). Sus episodios de comportamientos psicopáticos no se desencadenan fácilmente. Por lo tanto, aunque sean criminales reincidentes, son plenamente imputables, y su lugar más adecuado es la cárcel más que una institución para enfermos mentales.

Sociobiología

Para completar esta breve reseña de los aspectos neurobiológicos de las psicopatías, quisiera agregar‚ algunas consideraciones provenientes del campo de la sociobiología.

MacMillan y Kofoed(14) hacen notar que una de las características más salientes del psicópata es que sus rasgos principales se dan en la interacción social, lo que hace cuestionarse como se comportaría un antisocial totalmente aislado de sus semejantes (isla desierta). La naturaleza de los criterios diagnósticos hacen pensar que la "patología" es más interactiva y social, que interna. Las explicaciones internas han estado basadas en:

1- Teoría del Aprendizaje: se han basado en la evidente incapacidad del psicópata de aprender de la experiencia.

2- Formulaciones psicodinámicas: pueden reflejar los procesos mentales del paciente, pero no demuestran convincentemente cómo experiencias tempranas tan variadas pueden conducir a un trastorno altamente estereotipado.

3- Teoría de los mecanismos de defensa: Vaillant ha descrito el uso de mecanismos de defensa maladaptativos para controlar la ansiedad y la depresión, enfocando sobre los aspectos evolutivos más que en los genéticos.

4- Las neurobiológicas.

Cualquiera sea la validez de estas explicaciones, para un neurobiólogo que se hace preguntas sobre la filogenia, las cuestiones claves quedan sin respuesta; es decir, si este comportamiento está influido genéticamente y, si es así, cuáles son los procesos que mantienen esta condición en la población general. Un enfoque de este tipo tiene que preguntarse cuáles son las ventajas adaptativas de esta conducta; y esto nos conduciría a un enfoque sociobiológico de la cuestión. En éste, en lugar de ver a este tipo de personalidad como maladaptativo, se lo ve como el final de un continuo de estrategias adaptativas para maximizar el éxito reproductivo. Se supone una influencia genética para la predisposición a ciertas conducta. Se ha analizado las manera como los genes pueden influir los contenidos mentales(15). Lumsden y Wilson ven las influencias genéticas como coacciones observables en numerosos niveles del funcionamiento neuropsicológico. Los mecanismos sensoriales, con su sensitividad variable a diferentes estímulos (por ejemplo, detección de movimientos versus detección de límites a los mismos) fueron desarrollados a través de un proceso de selección, que apuntaba a la supervivencia dentro de ambientes competitivos. Estudios efectuados sobre la adquisición del lenguaje y la discriminación visual temprana indican que, mientras que el proceso cognitivo tiene un gran monto de plasticidad, opera dentro de límites neurofisiológicos preprogramados. Estos límites parecen ser tendencias a actuar ciertos comportamientos.

Al estudiar las predisposiciones genéticas para las conductas, el sociobiólogo ve al gen, más que a los individuos o a las especies, como la unidad de la selección natural. El individuo mejor adaptado es el que transporta la mayor parte de sus genes exitosos a la próxima generación.

Las estrategias generales de supervivencia giran en torno a dos temas:

a) Aumentando las probabilidades de supervivencia de crías y parientes invirtiendo energía en conseguir alimento, abrigo y protección, y por lo tanto disminuyendo la dedicada al cortejo y copulación y de este modo, limitando el número de crías y por consiguiente, de parientes.

b) Aumentando el número de crías (y de parientes) al dedicar mayor tiempo al cortejo y la copulación con parejas múltiples, y disminuyendo por consiguiente el tiempo y energía destinado a la protección y cuidado de las crías y de los parientes, limitando así su supervivencia.

MacMillan y Kofoed sostienen que el antisocial se inclina -por razones genéticas- a la estrategia (B) y lo fundamentan de esta manera. En primer lugar, citan los trabajos de W.D. Hamilton sobre el comportamiento altruista de las aves, el cual denomina "adaptación inclusiva" para definir su función evolutiva. Esto incluye no sólo el material genético individual, sino también el que cada animal tiene con sus congéneres. Visto de esta manera, un ave puede actuar altruísticamente sin incurrir en un error evolutivo. Dicho de otra manera, un individuo puede tener más chance de transmitir sus genes a la siguiente generación si corre riesgos para salvar la vida de un semejante. Por ejemplo, si dos hermanos comparten el 50% del material genético, salvar al hermano salva ese 50%. La adaptación inclusiva aumenta, a pesar de su costo, la supervivencia y esta conducta, por consiguiente, es seleccionada. Si un ave emite graznidos de advertencia ante un peligro, aumenta ligeramente su riesgo, pero aumenta considerablemente la seguridad de muchos otros con los que tiene genes en común. Las familias pueden ser vistas como entramados de ligaduras de adaptación inclusiva que se vuelven más débiles cuanto más se adelgazan sus lazos.

Dentro de esta trama de ligaduras de adaptación inclusiva, hay diferencias sustanciales entre machos y hembras en la manera como distribuyen sus energías. Las hembras la dedican mayoritariamente a la gestación y crianza, intentando además inducir a los machos a hacerlo, como una extensión de su propia estrategia. La elección de las hembras a través de rituales de seducción ha sido vista como una forma de verificar la probabilidad de que éstas consigan ese último objetivo de sus machos.

Estos, a su vez, tienen poca dedicación a las crías, salvo en el momento de la concepción. Pierden poco abandonando a las hembras y sus crías. Aunque este abandono puede disminuir las posibilidades de supervivencia de las crías, el macho puede equilibrar esto dedicando su energía a reproducirse más aún con otras hembras. Esta falta de adherencia a las crías después de la concepción abre la puerta a múltiples estrategias. Pueden invertir tiempo y energía en la siguiente generación, criando a sus hijos y apoyando otras familias extensas, a través de la adaptación inclusiva si esto es conveniente. Sin embargo, pueden hacer lo opuesto, como se dijo más arriba. Esta última estrategia no está disponible de la misma manera para las hembras, y hacer pareja con machos de este último tipo puede ser desventajoso para ellas.

Dentro de los sistemas donde los machos pueden aparear a muchas hembras, se desarrollan jerarquías de dominancia para controlar el acceso a las mismas. La energía invertida en los conflictos resultantes no está disponible para copular ni criar. En tales situaciones, los machos tienen varias estrategias reproductivas determinadas por tres factores:

a) Capacidad para competir en el establecimiento de las jerarquías.

b) Capacidad para elegir a la hembra.

c) Habilidad para "estafar".

La elección de la hembra es el punto de control en todo el sistema reproductivo. La hembra tiene la posibilidad de evaluar a través de los rituales de cortejo las posibilidades del macho para seguir cuidando a las crías, así como su poder a través de su lugar en la jerarquía. Estas condiciones pueden ser simuladas por el macho, quien adopta aquí la actitud de "estafa".

Goodwin y Guze, al caracterizar a la personalidad antisocial, describen "una manera seductora con falta de culpa y remordimiento", "experiencias sexuales más tempranas", "más probabilidad de ser promiscuo", tanto como "matrimonios precoces... marcados por la infidelidad y el divorcio". Esto parecería ser muy exacta descripción de las acciones y autopresentaciones de los individuos que simulan un status.

Si el trastorno de hecho describe un punto de un continuo de estrategias reproductivas (continuo en el que muchos machos exhiben estrategias combinadas), entonces uno podría esperar encontrar un espectro gradual de estrategias comportamentales que incluye a personas que manifiestan formas menos severas de personalidad antisocial. Algunos no entran en los criterios del DSM-IV, pero tienen no obstante problemas sociales, legales o de abuso de substancias similares.

La teoría sociobiológica predice que el comportamiento "estafador", y por lo tanto los síntomas sociopáticos, deberían ocurrir en el período reproductivo (por lo tanto desvalorizando las crías nuevas y valorando las futuras), y disminuir con la edad avanzada (cuando la capacidad para competir es baja).

Devore demostró que, en una sociedad animal jerárquica, los baboones savanah comienzan a menudo su carrera reproductiva mediante cópulas tramposas, montados sobre el lomo de los machos dominantes. Robins encontró que el 82% de los chicos diagnosticados como antisociales desarrollaron sus síntomas antes de cumplir los 14 años, y Yochelson y Samedow describieron criminales en sus poblaciones como "profundamente involucrados en actividades sexuales a una edad muy temprana". Inversamente, a medida que aumenta la edad el interés por las crías actuales debería incrementarse, convirtiéndose de "estafador" en "criador". La disminución de la severidad de los síntomas psicopáticos con la edad ha sido demostrada en el 39% de ellos (Robins). Aun en los casos en que no remite, la frecuencia y variedad de las transgresiones legales cambian con la edad, con una disminución de los asaltos, homicidios y prostitución. La mayor parte de los psicópatas mayores son arrestados por ebriedad. La edad media de esta mejoría está en los 35 años, pero muchos mejoran después de los 46. Esta disminución de la gravedad con la edad ha sido mal comprendida clínicamente, explicándola como "maduración" o "temor". Los datos empíricos son pues consistentes con la predicción de aparición temprana y disminución con la edad.

Estas asumciones teóricas sugieren que la personalidad antisocial debería ser un trastorno predominantemente masculino, debido a las limitaciones biológicas que caen sobre la mujer por el embarazo. Estrategias sutilmente estafadoras son posibles entre mujeres, pero los datos actuales dan diversas mayorías a los hombres.

Una conclusión adicional sería que las mujeres deberían tener una predisposición genetica mayor que los hombres, para que se pueda expresar en síntomas, debido a que sus ventajas a través de la conducta "estafadora" son menores, por el involucramiento innato mayor con las crías. Cloninger y col. demostraron que las mujeres antisociales tienen más parientes con el mismo trastorno que su homólogos masculinos. Un estudio reciente sobre la criminalidad, que MacMillan y Kofoed suponen un epifenómeno del comportamiento "estafador", antes descrito, en la lucha por la dominancia de jerarquías en las sociedades altamente estructuradas separan los factores ambientales y genéticos para tal conducta. Este estudio encontró que la "predisposición (genética) de una mujer debe ser mayor que la de un hombre para manifestar... personalidad antisocial o criminalidad en la adultez". Y además, los "antecedentes congénitos de criminalidad leve son cualitativamente los mismos independientemente del sexo", pero "la mujer criminal tiene más padres biológicos con criminalidad menor que sus contrapartidas masculinas". Parece que verdaderamente las mujeres requieren mayor carga genética para poder manifestar los síntomas de este trastorno.

Si la personalidad antisocial es la manifestación de una estrategia reproductiva "estafadora", los individuos con este trastorno deberían tener menos relaciones heterosexuales permanentes y una mayor tendencia a la promiscuidad que los controles y otros pacientes psiquiátricos. Los estudios muestran que las personas con personalidad antisocial tienen un 56% de promiscuidad contra el 27% que no la tienen, y el 12% de los controles. Más probablemente se divorcian (78,5 contra el 49% y 20% de los controles), han sido poco confiables y financieramente irresponsables, y han vivido con una pareja por períodos más breves que otros pacientes o los controles, lo que apoya estas predicciones.

Se esperaría que los individuos con personalidad antisocial tuviesen un nivel de adaptación reproductiva comparable a los controles si la predisposición a este trastorno estuviese en equilibrio genético en la población. Debido a que este trastorno representa el extremo de un continuo de estrategias reproductivas y debido a que el control genético de la conducta es impreciso, uno podría predecir que dentro de las muestras de antisociales se podría encontrar un espectro entre un "estafador extremo" con pocos ejemplares, y muchos individuos con formas leves o sutiles de "estafa". Las mediciones de éxito reproductivo son complicadas. Deberían incluir no sólo la cantidad de crías sino también mediciones de la capacidad de adaptación de la cría. De éstas, las que no producen nuevos descendientes, contribuyen poco a la adaptación inclusiva. La falta del cuidado parental puede tanto disminuir el número de crías sobrevivientes o disminuir su adaptación debido a la falta de cuidados en su desarrollo. El equilibrio de estos factores se ilustra en la fig. 1. Este gráfico muestra la interacción de la cantidad y adaptación a la crianza, que conduce a una red de éxito reproductivo, y predice un continuo de comportamiento antisocial que va desde "estafadores" exitosos sutiles con muchas crías a estafadores obviamente fracasados con pocos hijos. Los datos empíricos sobre el éxito reproductivo de los antisociales son escasos. Sin embargo, los datos disponibles apoyan este modelo. Robins encontró que el 34% de los varones seriamente antisociales eran personas que no criaban hijos, cuando se los comparaba con el 21 por ciento de los controles. Inversamente, un 21% tenían más de cuatro hijos cuando se los comparaba con el 12% de los controles. Muchos hijos de antisociales pueden estar no informados debido a que su acentuada promiscuidad puede conducirlos a tener hijos no conocidos por el padre. Estos datos apoyan la predicción de que puede haber una gran cantidad de hijos producidos por padres antisociales.

Estas hipótesis sugieren también algunas predicciones en relación con el status socioeconómico de los antisociales. Un componente básico de las estrategias "estafadoras" es no competir en la jerarquía de dominancia social; por esto parece haber más antisociales en las clases bajas.

M. Stone aporta a este tema controversial(16) sus comentarios sobre el modelo de Dawkins de la "batalla de los sexos", fundada en el interjuego entre estrategias cooperativas y competitivas que se dan, ya desde Freud, en dos campos fundamentales: el trabajo y el amor. Dawkins, quien parte desde un punto de vista etológico neo-darwiniano, tiene muchos puntos de contacto con los sociobiólogos mencionados más arriba. El principal de ellos es la lucha de los genes para poder replicarse. La lucha está planteada entre el altruismo y el egoísmo, y el ser humano lucharía para encontrar un equilibrio entre ambas fuerzas. En un extremo egoísta del continuo, se encontraría los narcisistas y los antisociales.

Habría estrategias diferenciadas entre hombres y mujeres para asegurarse la continuidad de sus genes ("programas comportamentales inconscientes"). En los humanos, como en muchos animales, las hembras no sólo deben gastar más tiempo y energía en la crianza de sus hijos, sino que además, sólo tienen unas 350 oportunidades de embarazarse a lo largo de su vida fértil. El hombre, en cambio, puede disponer de más tiempo y energía y embarazar a muchos miles de mujeres.

Debido a estas circunstancias, se ha apuntado -basándose en la teoría de los juegos- que la mujer se inclina hacia una estrategia "tímida y reservada" (coy), que implica un largo cortejo antes de permitir el sexo. El hombre que se implica en este juego tiene mejores posibilidades de permanecer al lado de la hembra y cuidar las crías: ha adoptado una estrategia de "constancia y fidelidad" (faithful). En la vida real, la curva de Gauss muestra que hay un cierto número de hombres que pierden la paciencia ante la estrategia "coy" y abandonan el cortejo.

Si sólo hubiese mujeres "coy", los hombres "galanteadores" (philanderers) tendrían que, o aprender a tenerpaciencia, o quedarse sin mujer y por consiguiente, sin posibilidades de reproducción. Algunas mujeres, sin embargo, tienen una estrategia "ligera" (fast), y no ofrecen tanta resistencia. Esto les permite a los hombres, cualquiera sea su estrategia, facilitar que los genes "fast" pasen a la siguiente generación. Dada la facilidad de las "fast" para acomodarse a los "philanderers" hay que suponer que sus genes se encontrarían más ampliamente distribuidos que los provenientes de las otras dos estrategias (coy y faithful).

Pero bajo estas circunstancias, un gran número de mujeres "fast" se verían abandonadas por sus parejas "philanderers", cargadas de hijos a criar. En tal panorama, un compañero "faithful" sería muy deseable, a fin de compartir las cargas de la crianza, y sus genes vendrán a reemplazar a los "philanderers"; la estrategia coy parecería más aceptable que la fast y el equilibrio se restablece.

Si el problema fuera sólo éste, podríamos esperar ver oscilaciones salvajes dentro de una sociedad dada, por ejemplo, desde el predominio en una generación de estrategias coy/faithfulness, con el de fast/philanderes en la siguiente. Lo que se encuentra en realidad es un equilibrio, un "estado evolutivo estable", en el que todas las estrategias están presentes, pero en un eqilibrio númerico que hace que las cosas no cambien demasiado entre generaciones. Dawkins afirma que desde el punto de vista económico, la estrategias coy cubrirían 5/6 de las mujeres y las faithful 5/8 de los hombres.

Las proporciones específicas en una sociedad dada dependen de muchos factores, inclusive climáticos. En sociedades cálidas, donde la comida abunda haciendo menos necesario el cuidado de las crías, hay una proporción menor de estrategias "faithful". En climas más fríos, con comida escasa, los cuidados parentales pueden ser más necesarios, por lo que la supervivencia necesitaría de un mayor número de hombres con esta estrategia. Habría una especie de "feedback" evolutivamente condicionado.

Desde el punto de vista de Dawkins hay implicaciones para la personalidad, así como en los de MacMillan y Kofoe. Desde la óptica cultural, las estrategias coy/faithful son mejor vistas que las fast/philanderes. Dawkins coincide con los autores mencionados anteriormente, en el sentido de que debe haber mayor proporción de antisociales en la estrategias "philanderers" (estafadores). Puede haber una correlación, tal vez débil, entre las personalidades borderlines y las estrategias "fast", aunque sea porque muchas borderlines han recibido estimulación sexual temprana vía abuso e incesto, conduciéndolas a un estilo "fast" en su vida adulta.

La búsqueda de sensaciones -como se advierte en los integrantes del Cluster "B" y en las personas hipomaníacas- se podría asociar con las estrategias fast/philanderers; mientras que los integrantes del cluster "C" podrían vincularse con los estilos coy/faithful.

Resulta claro que el concepto de "estafadores" es asimilable al de fast/philanderers, en las dos conceptualizaciones analizadas.

Lista de abreviaturas utilizadas

MAO: Monoaminooxidasa

SNC: Sistema Nervioso Central

TPA: Trastorno de personalidad antisocial

EEG: electroencáfalograma

IMAOs: Inhibidores de la Monoaminooxidasa

NA: Noradrenalina

DA: Dopamina

CA: Catecolaminas

NT: Neurotransmisores

DBH: Dopamina-b-hidroxilasa

ST: Serotonina

5-HIAA: Acído 5-Hidroxi-indol-acético

LC: Locus coeruleus

Dimensión E: Extraversión

Dimensión P: Psicoticismo

ARNm: Acido ribosonucleico mensajero

LCR: Líquido céfalorraquideo

BDZ: Benzodiacepinas

HVA: Ácido homovanílico

TSG: Test de sobrecarga de glucosa

NIMH: National Institute of Mental Health (USA)

MOPHEG:3-4-Metoxi-fenil-etil-glicol

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Notas al pie:

 1 Conferencia presentada en el Simposio Regional de la WPA organizada por la AAP el 22 de octubre de 1999. Mesa Redonda: "Personalidades psicopáticas: tres enfoques"

2 Jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Municipal de Bahía Blanca. Magister en Psiconeuroinmunoendocrinología (Fundación Favaloro). Profesor Adjunto de la Maestría de Neuropsicofarmacología (Fundación Barceló). Profesor de "Psicología de la Personalidad" en el Instituto Juan XXIII, de Bahía Blanca. Director de la Comunidad Terapéutica "Nuestra Señora de la Esperanza" perteneciente al Arzobispado de Bahía Blanca.

 

 



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