SEMIOLOGIA PSIQUIATRICA Y ESQUIZOFRENIA

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CURSO SOBRE ESQUIZOFRENIA

Director Hugo Marietan

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Doxografía sobre esquizofrenia

Parte dos

Hugo Marietán

Alcmeon 37, julio 2001

 

Perplejidad

En el esquizofrénico se produce un estado de tensión, de displacer, y de parate psíquico, en el sentido de que al persistir la incógnita su mente está reverberando en busca de resolver este problema.

Ese estado especial donde el paciente no puede ubicar de qué se trata la cosa, y por otro lado no puede ubicarse a sí mismo frente a la cosa, se llama ‘perplejidad’; es una doble incógnita. La repercusión afectiva es de displacer

 

Elaboración de hipótesis

Este elemento que se incorporó a su campo de conciencia, a su lugar del saber sobre las cosas, no está ‘armado’ (veremos este concepto más adelante) para ser ubicado dentro del PSC, sino que es algo que está por fuera del PSC, por fuera del ‘yo pienso’, ‘yo actúo’, ‘yo creo’.

Como la explicación no puede ser hallada en los otros, porque se quebró el patrón de confianza hacia los otros, el PSC elabora una hipótesis sobre qué es esto: como decía este chico “para mí , esa voz es la voz del Diablo, de Satanás”, entonces, él (“para mí”), elabora una hipótesis: “es la voz de Satanás”, y encuentra así, él, una explicación. Ya sabe de qué se trata: “es la voz de Satanás”. El saber de qué se trata, por un lado le da temor, porque fíjense de dónde viene semejante mensaje, pero por otro lado le da tranquilidad, porque ya sabe de qué se trata esta incógnita, encontró una hipótesis. Esta hipótesis primera tiene la propiedad de encausar esta secuencia que era caótica y reverberante, encausarla a través del PSC que le presta su discurso a esta sensación nueva y le permite decir “es la voz de Satanás”

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

 

El delirio

En general, uno comprende lo que dice el otro en tanto y en cuanto los códigos sean comunes, la temática sea semejante, lo digiere y lo hace de uno, y esto es entender al otro, se ha producido la “comun-icación”. Cuando este proceso no es ‘digerido’, no entendemos, la sensación de lo que escuchamos ‘rebota’, no encontramos códigos como para compartir eso y lo rechazamos y decimos que es un pensamiento absurdo, distinto. Está por fuera de lo que yo habitualmente pienso y de lo que piensan mis semejantes.

Veamos el siguiente ejemplo:

“Como la tierra se está recalentado hay que sacarla de su órbita actual y llevarla a un lugar más frío; para ello se le disparará con cometas o asteroides para cambiar su órbita, con esto se le agregarían seis mil millones de años de vida” (4) Al leer esto la primera conclusión que sacamos es que es un disparate, sin embargo, por ser dicho por ingenieros de la NASA (validados como que saben sobre esto, es decir, están consensuados) le otorgamos cierto crédito.

Pero cuando el terapeuta, u otra persona, es receptor de este mensaje: “me habla Satanás”-, dice “lo que está diciendo es un disparate” ¿Qué significa eso?, que el otro no puede decodificar el mensaje que le está enviando esta persona, entonces, o es algo que no entiende o es un disparate. Si se queda con el concepto de ‘disparate’, técnicamente, lo llama ‘delirio’.

Si van siguiendo la ilación de pensamientos, podrán darse cuenta que la calificación de ‘delirio’ es más una construcción del terapeuta o del otro que del esquizofrénico.

Puestos del lado del esquizofrénico, lo que está haciendo es utilizar su material cognitivo para resolver una incógnita, y ha encontrado a través de su juicio , ha llegado a la conclusión, de que “esto es la voz de Satanás”.

Desde el lugar del terapeuta, escuchar que una persona le dice que le habla Satanás es un disparate, es algo que está “por fuera del surco” de lo habitual, y ese disparate tiene el nombre técnico de delirio. Así el delirio es una conformación técnica del terapeuta que elabora a partir del discurso del  esquizofrénico; es una construcción de a dos. El esquizofrénico, puesto en una isla, solitario, jamás delira ¿quién puede constatar que él delira? Para ser tipificado como delirante, se necesita el concurso del otro. El loco existe en tanto y en cuanto existe el otro.

Lo que está haciendo el esquizofrénico es lo que nosotros hacemos habitualmente cuando tenemos una incógnita: cuando nos preguntamos qué es esto (tiza) elaboramos una hipótesis, la hipótesis es aceptada por todos (consensuada) porque todos conocen este objeto: una tiza. El proceso mental que se realiza es el mismo que realiza un esquizofrénico.

Si siguieron estos razonamientos se darán cuanta  que esto que llamamos, por ahora, delirio, no puede ser nunca “una experiencia primaria” como postulan Schneider y otros. El delirio no puede aparecer porque sí, sino que se debe dar todo el proceso que describimos. Y así el delirio es un epifenómeno del mismo, algo secundario, de menor importancia. Por eso Clérambault (5) decía que cuando aparece el delirio la psicosis ya es vieja.

 

Resumiendo podemos puntualizar:

1) Lo aparecido en el campo de la conciencia del esquizofrénico se convierte en una incógnita porque no sabe qué es eso.

2) La incógnita es vivenciada por fuera del PSC, se coloca como observador de la cosa, algo distinto a su Yo.

3) No consulta con el otro, pérdida de confianza en el consenso.

4) Hay un parate afectivo, perplejidad

5) El PSC va a elaborar una hipótesis sobre la cosa

6) Esta hipótesis sobre lo nuevo llevará códigos nuevos, distintos

7) Al trasmitirla al otro, este no los puede decodificar en los mismos términos y con los mismos significados.

8) No se produce la comun-icación

9) El otro elabora una hipótesis sobre el discurso percibido: es un absurdo, un disparate, algo no normal, por fuera de lo común

10) Un terapeuta tipificaría esto como delirio

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


 

 

Hay momentos en que el esquizofrénico puede criticar acertadamente, por lo cual es como si volviera al surco (de los pensamientos comunes) y se ubica en la misma posición del terapeuta y de los otros. No todo el tiempo delira. El esquizofrénico realiza hipótesis normales, si la materia prima es normal, formada.

Es un hecho de observación común, tanto en  el esquizofrénico como en los intoxicados con drogas que no pueden transmitir la intensidad y calidad de sus vivencias por limitación del lenguaje. De ahí que el esquizofrénico utilice neologismos, palabras que él crea  y a las que le da la relación símbolo vivencia , que, desde luego, no puede ser decodificada por el interlocutor.

Un paciente de 20 años decía, luego del tratamiento con olanzapina, “yo veía  las cosas de una manera que no podía decirlas en palabras,. yo sabía que usted no me iba a entender. Las cosas tenía una profundidad impresionante. No es que los árboles, las cosas, tuvieran una forma distinta. Sino que las plantas tenían una profundidad y un significado distinto al que tenía antes. Era asombroso, y yo me quedaba contemplando la planta”. Después decía algo que a mi me resulta de poca importancia, dado que es un epifenómeno de este hecho básico, decía que había llegado a la conclusión que si veía las cosas de esa manera, y que los otros no la podían ver así, era porque Dios le había dado esa visión especial para transmitir un mensaje al mundo, de paz, de que cuiden las plantas, etcétera, como una misión. Esto, que nosotros tipificamos rápidamente como un delirio, en la esquizofrenia es lo menos importante.

 

 



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