Psicopatía y psicópatas

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Carta comentada

Convivir la esquizofrenia

La esquizofrenia es una psicosis (locura) crónica, que suele iniciarse en la juventud temprana y que se prolonga por toda la vida, evoluciona negativamente por crisis (brotes) que van empeorando la situación mental del afectado. Hasta la fecha no tiene cura y sólo se pueden mitigar los síntomas mediante medicación especial que debe ser tomada durante el resto de la vida. El esquizofrénico tiene una visión distorsionada de la vida y del mundo generada por su delirio. Suele estar aturdido por voces internas y pensamientos de persecución y de influencias que él cree provenientes del afuera. Todo lo externo es resignificado por el filtro del delirio (percepción delirante, interpretación anómala de lo percibido – IAP). Dado que su mente no está controlada, en la crisis, por su Yo, es imprevisible, e incluso puede ser peligroso para sí mismo (el 10 % de ellos se suicidan) o para terceros (pueden dañar seriamente a otros, incluso matarlos), es por eso que en los brotes se los interna por algunas semanas o meses, según cómo evolucione. Con cada brote, crisis, el esquizofrénico va perdiendo adaptación pragmática a la vida cotidiana, es cada vez más incapaz. Cada brote semeja un escalón de una escalera que lleva al sótano de la locura más incapacitante. Por eso es muy importante que estos pacientes estén SIEMPRE controlados por un psiquiatra y SIEMPRE medicados, medicados las crisis son más leves y algunas se neutralizan. JAMÁS DEBEN VIVIR SOLOS, requieren un cuidado permanente. Junto a un esquizofrénico hay una persona sana que consume su vida cuidándolo. El esquizofrénico en la familia es un factor distorsionante para todas las personas que conviven con él. De a poco la esquizofrenia va deteriorando a todas las personas que están en rededor. Las conductas extrañas, los discursos disparatados, las ideas de persecución o de peligro emanadas por el psicótico termina contaminando a todos. Algunos miembros de la familia, a fin de zafar de esto, se alejan definitivamente del núcleo familiar. Otros se empeñan tercamente en que el esquizofrénico mejore, sobre todo en los primeros años, cuando es muy joven, y van cambiando de psiquiatra en psiquiatra buscando los imposible y siempre culpando a la ineficacia del psiquiatra que, en su mayoría, con el falso concepto de no “estigmatizar” al esquizofrénico, no le dice al familiar que éste padece una esquizofrenia sino que es un “bipolar II”, tremenda estupidez que causa más daño que alivio al no saber el familiar a qué se enfrenta en realidad. Otros, en su afán de no ser “chocante” minimizan o dan falsas esperanzas. Como verán, soy siempre partidario de decir la verdad, por más cruda que sea, primero porque es mi deber como profesional, y después porque el familiar que nos consulta debe saber a qué atenerse y qué evolución puede esperar a fin de que se prepare y se organice, por ejemplo con el uso de los hospitales de día, donde el esquizofrénico puede hacer laborterapia (de excelentes resultados para mantener activas lo sano del cerebro) y son varias horas que el esquizofrénico no incide sobre la familia.  A esta altura de la lectura a muchos les parecerá cruel lo que está leyendo, pero a lo largo de mis 30 años como psiquiatra he visto tantas madres o hermanos, sanos y vitales en un principio, consumir lo mejor de sus vidas cuidando a un esquizofrénico que lejos de mejorar con los años, por efecto de la enfermedad, empeoraban ellos y secaban la vida de los que los protegían. Es por eso que aconsejo armarse de valor y distribuir el cuidado del esquizofrénico entre las instituciones especializadas y la familia, a fin de que el peso no perjudique tanto al resto de los familiares.
En un porcentaje pequeño la esquizofrenia se inicia entre los 18 y 25 años, la mayoría se produce entre los 14 y 15 años donde sufren en primer brote que suele pasar desapercibido, esto tanto en el varón como en la mujer. En el caso que se tenga la suerte que el primer brote se inicie después de los 18 años, la enfermedad se topa con un cerebro más desarrollado e instruido que si lo toma a los 14 años (o antes), en estos casos tardíos la evolución de la esquizofrenia, tomada a tiempo y medicada adecuadamente, tiene una evolución más benigna que las muy juveniles.
Llamativamente muchos casos se inician alrededor de los 14 o 15 años, cuando el joven está cursando el tercer año del secundario, y comienza con dificultades para atender las responsabilidades de su estudio y concentrarse para estudiar y tener conductas extrañas como el aislamiento y hablar solo, o reírse sin causa aparente, o expresar ideas raras o volcarse extrañamente a lo religioso, suele alejarse de sus amigos. Esto puede ser fácilmente confundido por la familia por las famosas crisis de adolescencia, y el brote pasa sin ser tratado por el psiquiatra. También es importante, ante un cuadro así, descartar el inicio en las drogas, pero el drogadicto no deja a sus amigos, o bien se hace amigos nuevos que son adictos como él. El esquizofrénico se aísla de todos. Como el primer brote, o crisis, suele pasar sin que sea atendido por la familia, cuando aparece el segundo brote, dos o tres años después, es erróneamente tomado como el primer brote confundiéndose y confundiendo a un psiquiatra poco avezado.
Por lo general se toma que el 1 % de la población padece esquizofrenia, sin importar el sexo, la condición social, la incidencia de la familia o el lugar geográfico.
El que convive con el esquizofrénico suele desarrollar él también conductas extrañas o sufrir el deterioro de su afectividad hacía los demás, deteriorando sus vínculos afectivos y haciendo el núcleo de su existencia el cuidado del esquizofrénico.
Hoy reproducimos una carta en la que se ven los efectos de la esquizofrenia en una familia, contada por una de las afectadas.
Dr. Marietan, 19 de octubre de 2011

Carta
Hola Dr. Marietan. Descubrí vuestra página hace poco. Más o menos cuando por fin supe que mi madre era un "sol negro". Me gustaría contar mi historia para aquellos que estén en una situación parecida pues he visto que no hay mucha información al respecto.

Desde pequeña (soy hija única) siempre noté que algo no era normal en mi casa pero cuando no conoces otra cosa no puedes comparar. Además, del evidente problema de mi madre, mi padre también sufría una enfermedad mental: era esquizofrénico. Murió cuando yo era adolescente. De pequeña recuerdo que mi vida era más normal (o yo no me daba cuenta) pero a partir de los 12 años noté que las cosas empezaban a truncarse. Mi padre se vio muy afectado por la muerte de sus padres y desde entonces tenía etapas de lucidez con otras en las que tenía ideas extrañas. Mi madre y yo sufrimos esto hasta su muerte, una preocupación constante, miedo a que pasara algo. De vez en cuando lo internaban en el hospital pero luego volvía, supuestamente mejor aunque muchas veces empeoraba apenas unos días después. En aquellos momentos yo sentía que no podíamos vivir así, que teníamos que empezar una nueva vida, lejos de esa pesadilla pero mi madre nunca hacía nada, en el fondo se agarraba a él. Parecía que le gustaba poder ir luego a llorarle a su madre, le encantaba hablar de ello pero sólo con la gente de la familia más de una vez me advirtió que no se me ocurriera contarle a nadie lo que pasaba en casa. Yo por aquel entonces tenía problemas de autoestima (y los sigo teniendo), mucha inseguridad, miedo a no gustar a la gente, apenas salía de casa y es que no me sentía identificada con la gente de mi edad, me costaba confiar en los demás y empecé a desarrollar un hábito que luego descubrí que era trocotilomanía (arrancarse el propio pelo). Aunque nunca llegó a notarse porque yo me intentaba reprimir. En aquel momento ni siquiera sabía lo que era ni a qué se debía. Lo hacía cuando estaba nerviosa o estresada y así conseguía aliviarme aunque sólo fuera durante unos minutos. Una vez mi madre pareció darse cuenta de esto y en vez de ayudarme o llevarme a un psicólogo, me dijo que me iba a quedar calva como hiciera eso y un día que salió un breve reportaje en la TV dijo un comentario que nunca se me olvidará "mira, como tú". Lo peor fue la forma en que lo dijo, fría y como si le diera lo mismo. Desde entonces nunca más me dijo nada, se hacía la loca. Recuerdo una vez que me alteré muchísimo por una de las escenas de mi padre, me senté en el suelo, sin poder hablar,  me costaba respirar y no podía para de llorar. Mi madre se me acercó y me dijo que me levantara que parecía que estaba loca. Y situaciones como esa, millones. Yo sentía que no tenía ningún apoyo. Siempre había pelea en casa. Si mi padre decía algo, mi madre se ponía de su lado y a veces eran situaciones absurdas pero hacían un mundo de eso. Ante todo quiero decir que mi padre era muy buena persona pero cuando estaba enfermo era completamente distinto. Sin embargo, siempre le dio la razón a mi madre en todo. Tiempo después, cuando yo empecé a conocer el mundo real me di cuenta de que muchas cosas que yo tenía como verdades absolutas (porque para mis padres siempre había sido así) no lo eran. De pequeña nunca celebré un cumpleaños donde hubiera más de 3 niños, si quería una Barbie me decían que era cara, no tenía la tarta que yo quería en mi cumpleaños (puede parecer una tontería pero cuando eres adulto y te das cuenta de lo cruel que es no darle esas cosas a tus hijos). Además yo sentía que había cosas que deberían haberme enseñado como padres y no lo hicieron: no me enseñaron a montar en bici por mucho que se lo pedí, a nadar aprendí yo sola ni siquiera me enseñaron a atarme los cordones de los zapatos. Si íbamos a comer a un restaurante, mi madre insistía en pedir lo más barato, si le cobraban el pan y sobraba se lo metía en el bolso y no paraba de decir que para eso podíamos haber comido en casa (y no es que nos faltase dinero). Nunca disfrutábamos de los placeres de la vida. Además mi madre es la persona más miedosa que existe: nunca fuimos a un parte de atracciones, le da miedo hasta bajar una cuesta algo empinada con el coche. Siempre me decía que yo no sabría cocinar, que conduciría mal, que no servía para esto y lo otro. Todos estos comentarios han atacado mis defensas y llegó un punto en que yo misma lo creía. Cuando le decía algo que no quería oír me decía que estaba hablando muy alto (cosa que no era verdad) para así cambiar de tema y empezar a quejarse ella, o decía que estaba muy cansada (cosa que dice absolutamente todos los días y si puede varias veces), empezaba a compadecerse de sí misma y así ponía fin a la conversación. Todo esto fue a peor cuando mi padre murió. No importaba cuántos años hubieran pasado, lo primero que siempre decía era que era viuda, que había sido muy desgraciada toda su vida, que su madre se había muerto pronto (la perdió con más de 30 años, el doble que yo a mi padre pero eso parecía darle lo mismo, ella era más desgraciada)… Justo cuando murió mi padre mi relación con mi madre empeoró aún más porque ya no podía delegar las cosas y mandar sobre mi padre así que intentaba hacerlo sobre mí. Decía que tenía que ayudarla, que si no iba a perder su trabajo y que parecía que a mí no me importaba ella. Así conseguía que yo me sintiera mal y le hiciera a ordenador escritos que tenía que hacer ella para el trabajo (de muchas páginas y de cosas que yo ni entendía). Claro que hubo un momento que me harté y cuando vio que no podía convencerme, fue con la misma táctica a otra gente. Esta situación se repetía con todo tipo de cosas: con la excusa de que tenía que ayudarla que ella no podía me delegaba todas las tareas que ella no quería hacer. Todos los días nos peleábamos, incluso cuando yo intentaba no hacerlo, ella no desistía hasta que algo pasaba. Ha habido peleas en las que me ha llamado cosas que me han herido más por la forma de decirlas, por el desprecio que por la palabra en sí. Cuando un novio que tuve y yo cortamos me dijo que algo habría hecho yo, que él se habría hartado de soportarme. Ella sacaba lo peor de mí, me provocaba, algo que no me pasaba nada más que yo ella. Ahora por fin entiendo por qué se lleva mal con casi todo el mundo. Siempre pensé que ella era un buena persona de la que la gente se aprovechaba pero ahora entiendo que ella era la que exprimía a la gente y que esa gente tarde o temprano estallaba y no volvía a hablarle (hablo de familia, amigos, vecinos…). Finalmente me independicé (bastante joven) pero ella siempre encontraba la manera de seguir molestándome. Siempre que me llamaba era para darme malas noticias, lo que más odio de ella es la lentitud que tiene para contar hasta la cosa más absurda que ya te pone nerviosa, sus asuntos son siempre más importantes que los míos. Yo intentaba no hablar con ella, no verla pero seguía habiendo lazos (económicos sobre todo y ella me ofrecía dinero gustosa pero porque sabía que luego podía intentar utilizarme basándose en eso). Lo que más pena me daba es que luego le iba con el cuento a la gente de que yo me había ido y que no la quería. Lo que si bien es cierto, me ponía a mí como la mala de la película. Toda esta tensión le provocó a mi novio un problema de ansiedad que aún no ha superado del todo. Nos hemos gastado mucho dinero en psicólogos y ahora miro cada cosa que hace fríamente y me doy cuenta de la verdad. Además cuando estoy en casa de mis suegros puedo ver cómo es una familia normal y no la que yo tenía. Y lo único que quiero es alejarme de esa mujer para poder vivir mi vida y ser feliz. Me sigue costando y a veces más que cuando vivía con ella porque ya sé lo que es llevar una vida normal. Ante todo, no puedes cambiar a esta gente, tienes que alejarte de ellos.

Mariela, octubre 2011

 

 

 

 

 

 

 

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